31/01/08

Ay, amor.


Ay, amor, me ocurre contigo un grave y preocupante disturbio, es tal ternura que me produces que apenas puedo contener mis deseos de ir a buscarte, subir las escaleras, tomarte entre mis brazos y llevarte corriendo por las calles, indiferente a las miradas de los desocupados, de los curiosos, llevarte hasta el acantilado y ahí, frente al mar, acariciarte la frente mientras te musito dulzuras, beso tus cabellos lisos y te canto bajito eso de sin ti mi cama es ancha…pero tus clientes te esperan y tú, nerviosa, quieres volver a ordenar sus cuerpos desordenados, a sacar con las pinzas de tu conocimiento las espinas de sus males negros, los guijarros de congoja que obstruyen sus arterias, las palabras grises, premonitorias, que dirán aunque ellos no lo saben, y te vas, y yo detrás, llamándote, y el viento alborota la llamarada de tu pelo rojo, y te veo delgada y ágil, resuelta, con tu cabeza en otro lado, no tengo tiempo, no tengo tiempo, conejo blanco de Carroll viviendo en un reloj de bolsillo, creciendo y disminuyendo cuando comes la galleta de sentirte amada, o abandonada, o volviendo atrás, un año, otro año, hasta llegar ¿dónde? ¿a qué mirada perdida?¿ a qué silencio?¿ a qué ausencia? y te vas a Lima, a París, al fin del mundo te irías por saberte, por tener la llave, la que abre, la que cierra, y aún así sabes que nunca firmarás la paz, porque ya no podrán pedirte perdón, porque no podrán abrazarte diciendo me equivoqué, lo siento, estaba ocupado buscándome, estaba perdido, lo siento, lo siento y ahí me clavas el anzuelo de quererte y me baño de ternura, extranjero recién llegado a tus playas limpias, saltando entre las olas que nos llevan en la resaca de amarnos, tocándonos como ciegos, oliéndonos como animales que se reconocen iguales, palpándonos en una fiebre nueva que estaba ahí desde siempre, desde antes, desde una carta no contestada, desde una mirada que temía ese algo más, misterioso, inquietante, que me llenaba de miedo a saber y hacemos una vida dentro de otra vida y las paredes nos oprimen y las manos tendidas que nos exigen hacer lo correcto y ¿qué es lo correcto?¿qué es este deseo que arrasa?¿qué es este buscarnos con furia, con ansia, con dolor?, jamás, amor, jamás he sentido por ninguna mujer la pasión que me has hecho sentir, en mi memoria no está grabada una atracción tan intensa que me haga perder la razón, que me nuble la vista y solo pueda penetrarte con voces que salen desde detrás de mí mismo, desde otro que me habita y se encarama sobre tu cuerpo fibroso, que tiembla, que me recibe como si hubiera estado esperándolo desde el principio de los tiempos y, amor, tantas cosas me has dado que seré tu esclavo para siempre, desnudo y moreno, con mi culo blanco, postrado a tus pies y tejiendo el pañuelo que te adorne, que cambie tu mirada, el rojo te sienta bien, el rojo de la sangre abultando la vena de tu sien, justo donde se producen tus alteraciones cíclicas en las que pides más, sin saber si más es menos o si sí, o si no, sabiendo que tus brazos abiertos necesitan contener realidades, no vientos, no brisas cuando baja el sol, no céfiros que apenas ondulen el borde de tu vestido, ese que levanto con cuidado para buscar tu piel de nácar, mano subiendo por tus muslos, mano bajando por tu cadera, mano acariciando tus nalgas bajo unas bragas moradas, mano entre tus piernas, mano bailando una danza antigua y nuestros corazones alterándose y yo, te lo repito, sintiendo esta ternura que me inspiras, esta ternura que me arrasa de dolor cuando te vuelves bicho bola y me dejas fuera de tu mundo, de ese mundo al que quiero pertenecer aunque sea como el que sube el agua, como el que corta las malas hierbas en tu jardín, como el que te lleva el pan y el periódico, como este escritor que ha perdido el hilo de tanto pensar en ti y que te garantiza el cien por cien de su dolor, gramo a gramo, en estos tus días de encerramiento en las celdas del miedo, y ahí, sabiendo, iluminando ese pavor antiguo es donde me salta la ternura y aparto a manotazos a tus clientes, pobres, qué culpa tendrán, y te rapto y te llevo sobre el caballo de mi imaginación, perseguidos los dos por ejércitos de hombres y mujeres con gabardina, con boinas negras, con gestos de incomprensión y envidia, con antorchas en su noche fría y ya empieza a amanecer y el despertador me avisa que debo trabajar en febrero para llevar el pan a mis hijos.

Allí donde toques la memoria duele.

(Yorgos Seferis)

Andrew Bird


30/01/08

Ausencia del amante / La arpista ciega.

Ausencia del amante.

He vuelto por el camino sin hierba.
Voy al río en busca de mi sombra.
Qué soledad sellada de luna fría.
Qué soledad de agua sin sirenas rojas.
Qué soledad de pinos ácidos errantes...
Voy a recoger mis ojos
abandonados en la orilla.


Carmen Conde (1907 - 1996)


Intento escribir un cuento sobre una arpista ciega. En realidad me engaño, lo que de verdad quiero escribir es un cuento sobre ella, siempre quiero escribir sobre ella. Es igual que aquel día rompiera todos los puentes, que al dejar los regalos en su puerta cerrara cualquier posibilidad de reencuentro, que me quedara para siempre en la casilla del doctor. Los días pasan y sigo con este bicho en la cabeza, nadie lo ve pero está ahí arriba, con los tentáculos aprisionándome, succionándome, controlando mis emociones, mi humor, mi tristeza, mi mirada, mi dolor. El débil sol de invierno apenas ilumina los árboles y sigo en una mezcla de carpintero y orfebre dando forma a los sagrarios que debo entregar por encargo del bicho.

J`aimerais trouver les mots. / Les mots justes, les mots qu´il faut. / Mais tous les mots sont demodés. / Tu sais.

El círculo empieza hace muchos años cuando ella no quería saber nada, cuando ya de niña era diferente a sus amigas, no se involucraba demasiado en aquellos ingenuos juegos detrás de una pelota, con gritos y risas. La recuerdo seria, tímida, como mirando desde un lugar lejano. Me atraía y a la vez me daba miedo su diferencia, la mujer que intuía. Dejé sus cartas sin contestar. Después nos encontramos a la mitad del camino de la vida -en una selva oscura me encontraba- en un inmenso campo verde donde no había espectadores, ni aplausos, tampoco gritos de ánimo y comenzamos a jugar sin saberlo, volvimos a lanzar la pelota ahora en un deporte emocionante, complicado, peligroso, sin más reglas que amarnos como si fuera la primera vez, como si hubiéramos inventado el amor, como si en ese mismo momento amaneciera el mundo y todo era nuevo, diferente, sencillo, complejo, cambiante. La amé con tanta intensidad que mi corazón no pudo resistir una droga tan pura y un día llegaron los topos, llenaron el campo de agujeros, de obsesiones, se escaparon por ahí las estrellas, una se clavó en mi frente y ya no había juego, solo lágrimas, caímos en un río como en aquellas películas mudas y siguió la fuga silenciosa hasta el mar que se pierde al final de la tierra, del tiempo, los dos lo sabíamos pero ella lo sabía mejor, más, ella sabía, sabe todo, solo no se sabe a sí misma, pero está en ello, ella se mira los pliegues, va, viene, Paris es un barrio y ¿qué pasa? rompo el piano en astillas, total son solo palabras, rompo la pared a cabezazos y esto es una mierda, estoy aburrido de ponerme disfraces en un antiestético ejercicio de suplantación de personalidad que solo quiero, solo quiero, solo quiero verla de nuevo, a ella.

¡Eh! alto, te has metido en el fango y ahora, ahí, ridículo, mojado, sucio, debes definir (te) ¿quién es ella?

¿...?

Vale, no lo recuerdas ¿no? pues haber empezado por ahí. Seriedad, hombre, seriedad. Me copiarás mil veces: “Debo cumplir las promesas”. O te callas, so bobo.


Nada ocupa tanto el corazón de los supervivientes como el amor. Pero no como se acostumbra a entenderlo. No como lo entienden los filósofos. No como un recuerdo. En modo alguno como una añoranza. De ningún modo como imágenes. En absoluto una nostalgia. Sino ella, la propia amada, la que ha desaparecido y no desaparece, la que sigue siendo aquella a quién hablamos, para quién vivimos. La que ha dejado nuestro mundo y sigue clavada en el alma. La que ha dejado en el estado de oriente. La orientación ha persistido más allá de la desaparición del objeto. El otro lado de la pared. El otro lado de la oración. (Vida secreta-Pascal Quignard)

Serrat & Noa


29/01/08

Ahnung.




Labra mis campos, ara, conduce el agua

y que la hierba crezca;
mira como me mata la sequía
a que tu ausencia me somete.

(
Clara Janés)



(Ensimismado, pensaba)
Ella dormía entre mis brazos, / su cuerpo mojado y plácido, / mi vigilia gozosa aunque inquieta, / temerosa del acaso / de la silueta detrás del cristal. / Ella dormía con la música / de mi pecho incrédulo, / del cansancio después el amor, / mis ojos cerrados al camino de regreso. / Ay, tiempo cercano y muerto, / hondo silencio en los rincones del desierto, / tiempo sin retorno, negro. / Ella dormía entre mis brazos / y nos sorprendió el crepúsculo. / Nos amábamos, sabedlo.

(En el portal)
-Sí, pase, perdone no le había visto.

(En el ascensor)
-¿A qué piso va?

(Veía)
La navaja en mi cuello, su mano tranquila buscándome la cartera, su cara de chaval normal.

(Sentía)
Humedad en los pantalones, miedo, mucho miedo, ganas de gritar, que aquello no podía estar pasándome.

(Después)
Él bajó tranquilamente por la escalera. Oí cerrarse la puerta, abajo, en el portal. Mi rabia, la humillación, el temblor en las piernas, en las manos, nerviosismo, ganas de vomitar.

(Al entrar a casa)
Hola, cariño ¿has tenido un buen día?”...pero ¿qué te ha pasado?

Etc.

Marianne Faithfull


28/01/08

Espesura.


¡Oh padre Zeus!
¡De cuántos males
no librarías a los hombres
si tan sólo les hicieras
ver a qué demonio obedecen!

(Pitágoras)


Nieva fuera, o dentro, no recuerdo, no llegan cartas, las que llegan se atoran en el tornillo del buzón y se rompen en regulares tiras de papel, matemáticos pedazos que me impiden leer, empiezo por mi querido Pedro y ahí se corta, sigo con no me llames, me aburro y hago zapping por las cadenas de televisión de mañana, incluso de pasado mañana.
Nieva fuera y alrededor todo está blanco como un cuaderno donde anoto que nieva, aunque me lo invento en este enero que sube y baja y he perdido el pulso del enfermo, seguro que se muere y lo inmortalizan subido en un caballo de bronce con una antorcha en el brazo extendido, metáfora de la muerte, o de la libertad, o de la libertad muerta, demasiado complicado y me siento bajo el olmo a leer a Lorca.

Arden los campos de cereales fuera o dentro, no recuerdo, llegan cartas como lluvia aunque no llueve y aprendo a leer con las letras borrosas, sintaxis extraña, tinta diluyéndose en papel portugués, saudades de invierno, nostalgias de otros veranos, una pena borboteando en el jarro bajo la fuente de la plaza, lugareños con sombreros de paja mirando a las lagartijas que suben por la pared del cementerio, el cura vociferando en el púlpito y el río se ha parado en cangrejos y verde.

Escribo esto y –te lo juro- lo que quisiera es compartirlo contigo delante de un taza con chocolate, churros y un vaso de agua fría con limón y menta, quedarnos en silencio mirándonos a los ojos y escuchar el zumbido del mundo mientras da estas absurdas vueltas y vueltas aunque -qué cosa más curiosa- no nos caemos. Las palabras no sirven para expresar el vacío y aquí andamos entre lo que pensamos, lo que sí, lo que no y esta espesura de sentimientos que nos desconcierta, un maltraer de emociones, un atisbo de otra realidad.

¿Lo quieres con azúcar?

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas,
debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.
debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.
debo fingir que hay otros. Es mentira.
sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.

(Borges)




Eartha Kitt



27/01/08

¡Ejem! (Trazos de bromo en la memoria)

¡Si me llamaras, sí,
si me llamaras!

Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:

los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!

Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el propio prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
-¡si me llamaras, si, si me llamaras!-
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.


Nunca desde los labios que te beso,
nunca
desde la voz que dice:" No te vayas".

(Pedro Salinas)



He muerto muchas veces, por muchas mujeres. Creí que esta vez, ayer, - ¿o fue mañana?- también iba a morir. Pero no. Jamás he amado a nadie como a ella. Y no muero. Algo ocurre ¿Qué es esta desmemoria? Me he asomado al abismo y no estaba. Yo no estaba.
Eso que la disecea no me impide, aún, escuchar el latido puntual del deseo. A veces como un torrente, a veces como un zumbido en mis oídos torpes, cansados pero atentos.

Por eso desde ahora, desde hoy, las once de la mañana, quiero ser intrascendente, soportarme, absolverme, darme la paz, mirarme. Defenderme la miseria, comprar mentiras en el mercado negro, vestir de blanco. Cerrar los ojos, perderme en lo nimio, aliarme con el sol, borrar el aguacero. Soplar los fragmentos solitarios del recuerdo, representar la vida, su certeza. Escoger una ruta, equivocarme, salir de noche, como un prófugo, fugitivo de mi mismo. Ahondar en el misterio del azar, masticar el error, mirarme de frente, sonreír Llegar al límite tardío, involuntario, inmóvil, como un pez no solidario. Someter el dolor de la añoranza, su consistente aroma oscuro, olerlo. Entrar al laberinto de ese lunes, seguir hasta el final del pasillo del martes, hasta el cuerpo desnudo tendido en el lado luminoso del amor del jueves. Soltar al miserable maniatado que solloza en la isla. Acumular innominadas reivindicaciones, gestos huecos y una mirada de perro tras los cristales.

Trato de sobornarme los sentidos con luz, con música, con palabras pero no basta.
Materia entre los dedos, quema al mediodía, mañana arrasada, noches tan largas, un funámbulo hace gritar a los mirones, un hombre escucha voces, esa mujer vive en la melancolía, ese otro dibuja con sus dedos el vacío del mundo, el hueco entre tanto y nada. Y el resto ahí, tan pacienzudo, esperando.

Me voy a pasear por el filo de olvidarla.

(Entre tú y yo, creía que todo había terminado. Fíjate que ya son años. Pero no. Sigue la rueda. Y rueda. Me arrastra, me arrolla, me lleva colgando del carro de la basura. Joder, como duele el corazón, como duele. Quién lo diría al verme así, sacando pecho, sonriendo, inventando frases, pavoneándome como si nada. Pero no. ¿Y si esta vez me he muerto de veras?)

Richard Hawley


26/01/08

Esquina al Sur.


“Si doy comida un pobre, ellos me llaman santo; si pregunto por qué los pobres no tiene comida me llaman comunista” (Helder Cámara).


Hoy tengo el corazón en carne viva. Menos una esquina. Al sur.
Desde hace tiempo sé ¿puedes entender lo que es eso?
Las ideas van y vienen en remolino, un rumor las agita, las desordena, las sube, las baja, algunas se pierden en el bosque de lo absurdo, quedan prendidas entre las ramas de los abedules junto a blancas bolsas de plástico y calandrias bisexuales.

Un día quisiera emborracharos -como un amigo malo- tenderme a vuestro lado para escuchar los susurros que circulan por la cabeza, ordenarlos como a piezas de un juego infantil- amarillas con amarillas, grandes con pequeñas- y luego soplar, pufff. Volver a empezar.
Otro día quisiera emborracharme yo y no ser dueño de mis actos, olvidarme, saltar sobre los convencionalismos, vestirme de nada y reír a la luz de la luna.
Un viernes por la noche, un sábado, me sacaré los pulmones, el esófago, la laringe, los intestinos y los dejaré sobre la mesa. Creo que es lo único que me falta por enseñar. Maldita necesidad de contar.

“Disminución de la superficie de contacto con la realidad” eso dicen que es la locura.”

Ah, esa mujer de cabellos mudables, los sentimientos flotan sobre el aceite de lo cotidiano, están ahí, con sus gordas tripas de gastrónomos satisfechos, lustrosos, no influenciados por tormentas de chocolate y almendras, por postres de vinagre y colmadas copas de pacharán. (Y sigue ahí, la muy bruja)

Tengo la voz ronca, los deseos se me quedan en la garganta, me arrastran escaleras abajo, me golpean contra las paredes húmedas de pasadizos angostos me raspan la cara, arañan mis brazos, no veo, todo está oscuro, apenas puedo respirar, es un gozoso ahogo.

Es inútil tocar la puerta si ni siquiera hay puerta.
Es absurdo gritar en el desierto. Además soy mudo.
Todo tiene su tiempo.
Cada cosa que escribo tiene menos sentido.
¿Tú crees?


“Aunque nunca consigamos formar parte de un mundo que nos rechaza y por más que hayamos navegado de naufragio en naufragio, en el balance final nos queda la tranquilidad de haber hecho hasta lo impensable por tener buena letra con la mano izquierda, en un mundo donde las diferencias no se aceptan, en donde lo distinto es el lugar a donde van a parar todos los odios.” (Javier Ponce Gambirazio)

Ne me quitte pas


25/01/08

Cumpleaños.



El yo es un movimiento en el gentío (
Henry Michaux)




Hoy, 25 de enero es mi cumpleaños.
Qué cosas.

He comenzado esta fecha feliz en la rutina del desayuno. El café estaba delicioso, una camarera rubia me ha abrazado, el jefe de barra me ha invitado a un pincho de tortilla paisana, Miguel me ha mirado, el limpiabotas me ha vendido dos décimos de lotería. En el repaso a las necrológicas de los diarios hoy tampoco me he encontrado. He interrumpido la ingestión del bollo de mantequilla para aplaudir esta ausencia gozosa mientras el personal de cocina ha hecho la ola. Un día más me he llenado de alborozo, detrás de la cristalera un transeúnte ha lanzado vivas a la madre que me parió, varios repartidores de butano se han apiñado en la puerta de la cafetería preguntándose unos a otros por la situación de la bolsa en Getafe y preguntándome dónde invertir sus ahorros en estos momentos inciertos y sin embargo sugestivos, es este un gremio de filósofos. Como veis, una fiesta en el inicio de un delicioso viernes con un amanecer rojo, por un lado, y la luna llena, por otro, aún sin desaparecer del cielo. Cielo.

Que cumples años y por una parte te agrada, aunque por otra… pues no.
Que sí, que la experiencia y la madurez y ver las cosas diferentes y el cariño de los que te rodean y el sabor agridulce de las cosas bienintencionadas, aquellos, aquello que amas, lo que eres, lo que aún no eres -lo que aún no-, lo que ha pasado, lo que sin duda pasará, la esperanza, el optimismo, las noches de insomnio, las noches de amor, los espejos desasosegados, todo lo bueno, los hábitos adquiridos en estos tiempos marcados desde el nacimiento –lejano- hasta ahora mismo, que te veo, estamos vivos y esto es lo que hay.
Sé que lees y te alegras –gracias-. Sé que incluso no te importaría abrazarme y que nos tomemos un vaso de zarzaparrilla –estás invitada/o-. Y es que al final en este día a día nos tomamos cariño. Mira, una vez tuve un jilguero, en una jaula y, antes del episodio del aceite, le tome tanto aprecio que hablábamos todas las mañanas, fue una bonita amistad, era un pájaro muy guapo. O lo del mono –un devoto de Faulkner-, que tanto me enseñó sobre los humanos. No me olvido del idilio con R, que me fui hasta Londres –andando- sólo para verla. Esto fue especialmente importante en mi vida, sobre todo por el paso del estrecho, la vida está llena de estrechos. Y de idilios. Incluso de buena gente. En porcentaje. Conozco muchas más buenas personas que malas –personas-. Esto es relativo, quizás solo conozco su faceta buena. Además ¿quién marca el límite del bien? Jose Mari es el párroco en la iglesia cerca de mi casa, un hombre de Dios (que se dice); pues bien, un agnóstico como yo le tiene aprecio, ayer le saludé “muy bueno lo que has enviado en el sobre amarillo”, “¿quién eres, majo?” –me dijo- . Y es que, claro, no me conoce, hay sitios que no piso. Leer sí, leo de todo. Y música, que me gustan casi todos los géneros. Con los seres –humanos- estoy en conflicto, me gustan algunos, claro, no conozco a todos, por ejemplo, asiáticos, pues conozco pocos, en Mali no tengo ni un amigo, ni en Nepal, en Uruguay, en cambio, conozco a Mayra y esa mujer ilumina todo el continente –un saludo-.
Etcétera.
Vamos, que empiezo celebrando mi cumpleaños –he olvidado cuantos años tengo- y termino contando la primera comunión, la esperanza de la resurrección y el imperio contraataca. Ya.

Solo añadir que a las celebraciones habituales, guirnaldas, gozosas concentraciones delante de los ayuntamientos, ofrendas florales, entrega de presentes en las plazas públicas, desfile de carrozas ornamentales, rosarios ante las vírgenes de ermitas recónditas, degustación de vinos con denominación de origen variado, ágapes en mesas de piedra y otros actos conmemorativos, os solicito el regalo – voluntario, claro- de quince segundos de besos con la punta de los dedos y una breve reflexión sobre la fugacidad del verano.

Que soportéis este rincón os hace merecedores de todo mi agradecimiento.
Pues bien, hoy es mi cumpleaños.
Que lo sepáis.
Preciosas/os.

Charles Lloyd


24/01/08

Diálogos con la literatura







El martes asistí en la Biblioteca de Bidebarrieta, en Bilbao, al estreno de un ciclo llamado “Diálogos con la literatura”, que reunirá a dos escritores de renombre en un cara a cara sobre sus experiencias en el oficio o arte de escribir.

Los de ayer eran Ramiro Pinilla (84 años) y Harkaitz Cano (32). El primero escribe en castellano y el segundo en euskera (aunque muchos de sus poemas y novelas están traducidas).

Ambos conferenciantes nos contaron sus inicios en el oficio de escribir, opiniones, anécdotas curiosas, su visión sobre la noble actividad de la escritura, reflexiones, algunas experiencias frustrantes o positivas con diferentes editores. Uno decía que para escribir hay que leer; el otro que no todos piensan así, que hay quién cuando escribe no lee para no “contaminarse”. Ramiro defendía que «la novela es un género de experiencia», Harkaitz decía que “escribir es una forma de que el paso del tiempo tenga un sentido”. Los dos escritores indicaban que buscaban reconocimiento de los otros en aquello que dominaban. Ramiro anteponía la imaginación sobre la experiencia personal. Harkaitz contagiaba una grata frescura, fuerza.

El ritmo pausado de Pinilla contrastaba con el entusiasmo de Cano, la diferencia de edad, también de carácter, era determinante. Fue interesante aunque adoleció de falta de dinamismo. Ambos, en cierta manera, desde su diferencia de edad y experiencias se respetan, aunque no se pasaron en elogios hacia el otro.

Saqué bastantes conclusiones. Primero, que vivir (bien) sólo de la escritura es harto complicado. Después que escribir bien (o mucho) no significa comunicar bien hablando, ser un buen orador. Las otras –conclusiones (hay que ver)- no tengo tiempo de desarrollarlas ahora (además ¿qué contaría aquí mañana?¿o pasado?) (sé que me entendéis)

En el turno de ruegos y preguntas, los asistentes rogaban y lanzaban preguntas certeras, complicadas, larguísimas, parecía que se preguntaban a sí mismos. La estatua de Unamuno nos miraba desde el balcón. El aburrimiento empezó a caer del techo, aplaudimos y nos fuimos a nuestras casas. En la calle, las gentes seguían hablando de esto y aquello.

El 19 de febrero, Ana Mª Moix y Luisa Etxenike. Os lo contaré (si voy).















La poesía es ficción (y un cuerno)

No me considero una persona demasiado atormentada.
Pero a veces la resignación se apodera de mí.
Qué le vamos a hacer, todo cambia.
Un antiguo compañero de clase está a punto de casarse
con una chica del opus dei;
otro lleva más de nueve meses en la mar
pescando ilegalmente;
nueve meses, todo un embarazo,
quizás se haya hecho persona en el vientre de la mar
ya que no lo hizo en el de su madre.
A veces una tremenda resignación se apodera de mí
porque cuando tu soledad choca con la mía
me hace daño.
Este sentimiento se parece, cómo decirlo,
a descubrir que cuando cumplimos veintiún años
las chicas que tenían nueve cuando nosotros teníamos trece
tienen ahora diecisiete.
Descubrir al final de una noche, violenta y repentinamente,
que ese amanecer culpable y aquellos tiernos pechos
que nunca osamos imaginar que llegaran a serlo
ya no serán nuestros.
No sé si se entiende dicho así.
Que nos damos cuenta de esto y de aquello,
que hemos apurado ya todos los vasos de nuestra ingenuidad.
Que perdemos la mayor felicidad por el más mínimo error:
por eso, los errores diminutos son los más dolorosos.
Los grandes errores, no tanto.
Podemos acurrucarnos y vivir dentro de ellos,
o dar vueltas alrededor.
¿Qué hacer, sin embargo,
con un error que no es sino el ala de un insecto?
La risa es la única terapia
para ciertos asuntos que nos preocuparon.
Pero ni siquiera eso es suficiente.
Como tampoco lo es cubrir espejos con sábanas
para ser invisibles. Sobre todo, eso.
Y que todo lo que perdemos en la vida,
lo hemos perdido por no ejecutar a tiempo,
hace ya mucho, un adagio, un saludo
o un gesto
de complicidad.

De: Interpretación de los temblores, (Atenea, 2004)
Harkaitz Cano

Dee Dee Bridgewater



23/01/08

Escríbeme claro.

Dos no es el doble sino el contrario de uno, de su soledad. Dos es alianza, doble hilo que no se puede romper.(Erri De Luca)

Escribí lo de “se nos llenó la habitación de peces y cangrejos” -te digo-.
¿Era para mí? – preguntas-. Quiero que escribas solo para mí.

¿Te gustó lo del “rumor de llanto del que no llora”.? -añado-
No lo siento –me dices-, no sé qué es eso de paisajes circulares, de rumor de verdolaga, del margen de error. Dilo claro, no te entiendo.
Es poesía, mi bien, hay que sentirlo, hay que dejar volar las mariposas. Leo a Gamoneda, escucha.

Quizá soy transparente y ya estoy
solo sin saberlo. En cualquier caso,
ya, la única sabiduría es
el olvido.

Sabes que no me gusta la poesía, en cualquier caso prefiero a Valente.
Bien, te leo a Valente.

Descender por el tacto a la raíz
de ti, memoria
húmeda de mi transito.


Me gusta, pero dímelo solo a mí.
Te quiero.
Repítemelo. Ahora en voz baja.
Te quiero.
¿Ves? eso sí entiendo.






Soulsavers


22/01/08

La euforia del músico gris.

Fravecammo´a casa all´ate, sulo ´anosta sta´n prugetto.


Se nos llenó la habitación de peces y cangrejos.
Es difícil de explicar.
Quizás fue Händel con su música acuática.
O el rumor de llanto del que no llora.

Intento una estroboscopia del amor, la descripción a cámara lenta de salamandras en el estómago, el baile del mercurio indicando el límite, el pacto desopilante –otros lo llaman rendición- , la espada rota en las rodillas, la húmeda lengua dejando surcos en la espalda ausente, babeando como un niño, como un loco, como un perro con sed, como un idiota.

Había un niño que daba vueltas por la ciudad ajena y fría, con maestras surgiendo de las esquinas y novias vestidas de novia.

Había un adolescente sentado en una esquina de la ciudad ajena y fría y llovían estrellas en la ciudad de los ciegos.

Había un hombre tumbado en mitad de la carretera que lleva a la ciudad ajena y fría, los límites se borraron y desde ese día fue extranjero.

Había un anciano acezante con el pecho abierto como un campo de trigo y las amapolas aún miraban a la ciudad ajena y fría.

Se nos llenó la habitación de peces y laberintos.
Es difícil de explicar, me siento tan ridículo colgado de este gancho, me lastima el cuello y la autoestima, deja un burujón absurdo allí donde se juntan las venas y el rencor, me da un aspecto de masoquista que se exhibe, de profesional de ausencias, de esclavo con el látigo del recuerdo lacerándome la espalda.

Quizás es Händel con su música acuática.
O el rumor de llanto del que llora al encontrar en la cama, entre las sábanas, la cabeza de un caballo gris.

Construimos casas para los demás pero la nuestra sigue aún incierta.

Arcade Fire


21/01/08

Vacaciones de Agosto.

Las estrellas escriben un incendio en el aire.
(
Nonno, Dyonisiaca II)


Llego, me traen, a este lugar extraño, por carreteras tortuosas bordeadas de adelfas y camiones volcados en las cunetas.

Papá, pararemos en esa gasolinera. – me habían comunicado, deferentes.

Las paredes de la cafetería, al lado de la estación de servicio, están repletas de carteles de corridas de toros, fotografías de adolescentes desaparecidas, anuncios de curanderos o de vendedores de arena y clavos.

Miro mis manos sobre esta mesa que ocupo desde hace tres horas y cuatro cafés con leche. Los posos al fondo de la taza no me revelan ningún futuro extraordinario. El camarero, con cara de aburrimiento, evita mirarme y pasa un paño húmedo sobre el mostrador, una y otra vez, de forma mecánica. Al salir del servicio mi familia había desaparecido, así, como por arte de magia, ni rastro.

¿Cuándo llegamos? – había preguntado, impaciente, mi nieto mayor.
¡Calla! – le respondieron, como si no fuésemos a ninguna parte. Yo al menos.

Dos años y tres meses sin Lucia. Ay, cuanto añoro su presencia. Al menos no ve este ridículo, esta villanía. A mí también, carajo. Qué viejo idiota soy, ni me había enterado. Había leído en la prensa casos de ancianos abandonados en verano, pero nunca imaginé que pudiera pasarme también a mí. Además no soy un anciano.

La gente entra y sale del bar sin reparar en mi presencia. Sólo una niña, con un helado en la mano, dice al pasar a mi lado – Mamá, ese señor está llorando.- Pero no, es sólo la vista cansada de imaginar los pasos siguientes: el teléfono, la Guardia Civil, sí, íbamos de viaje de vacaciones, no sé donde están ahora, sí, con mi hija, su marido y mis dos nietos, todas las explicaciones inexplicables, como razonar este abandono si hasta ahora, si nunca antes.

La radio emite música que no entiendo, habla de temas que no me pertenecen. Esta es una embarazosa situación que no sé cómo solucionar. De momento me iré a un hotel. En ese instante asoma por la puerta la cabeza de mi yerno, balbucea – Perdone, Juan, pero me había citado con un cliente, aprovechando el viaje. No llegaba a la cita y partimos. Su hija está muy enfadada conmigo ¿Hemos tardado mucho? , ¿Nos vamos? - Y recompongo mi orgullo herido, le suelto un tremendo bofetón que lanza por los aires sus estúpidas gafas de sol, salgo del bar con la cabeza alta, acaricio la cabeza de mi hija al entrar en el coche, me acomodo entre mis nietos que me besan, mimosos.

El viaje continúa, en silencio, con tres adultos enfadados y dos niños asustados.

Cierro los ojos y me refugio en el recuerdo de Lucía. Un viudo llorando por dentro, a chorros. Un anciano que empieza a tomar conciencia de que lo es. Un hombre mayor, con su familia, viajando por carreteras tortuosas bordeadas de adelfas y camiones quemados en las cunetas.

Calle 13.


20/01/08

Circo.

Consecución de los tres fines de la vida. El hombre, cuya vida puede alcanzar cien años, debe distribuir su tiempo y dedicarse a los tres fines de la vida, subordinados entre sí, y de tal forma que uno no perjudique a otro. De niño procure adquirir cultura y aspectos análogos de lo Útil; se entregue al Amor durante la juventud, y, en la vejez, a la Ley Sagrada y a la Liberación. O, dada la incertidumbre de la vida, puede dedicarse a cada uno de éstos, cuando tenga oportunidad. (Kamasutra)

Cada día entiendo menos a los otros. Ayer mismo, entre la multitud, me sentía ajeno, diferente, no sujeto a las pasiones exacerbadas del vulgo que me rodeaba, a sus gritos, a sus primarias manifestaciones, a las extremadas expresiones de júbilo, de odio, primitivismo puro, caverna, tribu. Cuando todos vociferaban sentía en mi pecho un hondo dolor, sus caras desencajadas ofendían mi calmada contemplación del espectáculo.

Es verdad, cada día entiendo menos a los demás. Ayer especialmente no podía soportarlo. Es cierto que los leones estaban desganados, que apenas rugían. Es cierto que los cristianos no corrían, que se dejaban devorar sin resistencia, sin protestar. De los cristianos me gustan sus cantos, su pasividad, aunque es bien cierto que cuando los queman es más folclórico, mas colorista, incluso más oloroso. De los leones me gusta su implacable determinación de alimentarse, su predilección por empezar por los débiles, por los viejos, por los niños.
En cualquier caso el circo es el lugar paradigmático en el que cada día compruebo que entiendo menos al otro.

¡Ay, ay, Póstumo, Póstumo,
fugaces se deslizan los años
y la piedad no detendrá
las arrugas, ni la inminente vejez,
ni la indómita muerte!

-Horacio-

Tata Golosa


19/01/08

Último tren.

Un perro después del amor.

Cuando me abandonaste
dejé que un perro acercase su olfato
a mi pecho, a mi vientre, y lleno así de ti
corrió sobre tu rastro.

Espero que desgarre
los huevos de tu amante y le arranque la verga
o vuelva al menos
trayéndome tus medias en los dientes.

(Yehuda Amichai)


Madrugo. En los últimos meses duermo poco, o menos. Debe ser la edad. Esta mañana, quizás nervioso por el viaje me he despertado aún antes. He estado leyendo en el salón. La casa vacía desde que Begoña se marchó antes de todo esto. Al de un rato me he asomado al balcón, por la derecha el sol salía detrás de santa Marina, por la izquierda, en el Abra, el cielo estaba rosado. Un amanecer delicioso. Mi casa da a la amplia plaza Elíptica. Los jardines relucen con los primeros rayos de este sol de invierno. Una suave brisa inclina las hojas de los sauces junto a la entrada por la Gran Vía. Por ese camino se llega a la estación.

La plaza está desierta. Sobrecoge el silencio, la ausencia de coches, de movimiento, de personas. Con ayuda de los prismáticos que acostumbro llevar a la ópera he visto mejor el cuerpo, inmóvil, junto a la fuente del centro. Parece un hombre de mediana edad. El disparo ha partido de alguno de los edificios altos cercanos al Gobierno Civil. Atravesar la plaza es el único camino para llegar a la estación. El tirador lo sabe.

Desde la alameda, la mujer, una anciana vestida de negro, camina a paso rápido, sorprendentemente rápido. Una nube se levanta a sus pies. La anciana se detiene. Mira al cielo y la bala le entra por la frente. Cae al suelo, muy cerca del hombre muerto. El tirador utiliza un silenciador.

Bajo al portal, me asomo con precaución, vuelvo a entrar, tiemblo. No hay nadie por la calle. La herida de la pierna aún me duele, no podré correr. El único tren de hoy sale a las once. Quizás sea el último. Debo decidirme. Subo hasta el piso. Doy vueltas por la casa. Compruebo que he apagado las luces, que he cerrado el paso del agua, que la pequeña maleta está preparada. Estoy asustado. Miro a la plaza. Son ya cuatro los cuerpos que yacen, desmadejados, cercanos. Begoña estará esperando mis noticias al otro lado, inquieta. Me decido. Bajo a la calle. Miro a uno y otro lado. Salgo. Corro a pesar del dolor en la pierna. Maldito hijo de puta, quién sea, maldita sea su puntería. Jadeo. Estoy llegando a los sauces…


18/01/08

Variaciones Goldberg. (J. S. Bach)

La leyenda, que no la historia, cuenta que el conde Hermann Carl von Keyserlingk era embajador de Rusia ante la Corte de Dresde, donde tenía a su servicio al muy joven clavicembalista J. G. Goldberg, alumno de J.S.Bach. El conde, quien además de mala salud padecía de insomnio le dijo a Bach que le gustaría tener algunas piezas para teclado, de un carácter suave y a la vez alegre, tal que le permitieran distraer sus noches de insomnio. Bach escribió en 1741 el "Aria con Diversas Variaciones para el Clavicémbalo con 2 manuales" que el conde llamó de ahí en adelante "sus" Variaciones y que en las noches de insomnio eran ejecutadas para él por el joven Goldberg. Como pago, el conde le entregó a Bach una copa de oro llena con 100 Luises de Oro, que en la época equivalían a su salario anual.



Si usted aún no conoce las Variaciones Goldberg le invito con entusiasmo a escucharlas.
También le invito a conocer varias versiones y la mía propia.

1.- Versión Glenn Glould. (a ella)

Julia, sabes que durante años te he querido tanto, tanto. A veces me ha dolido la vida de tanto amarte. Luego he habitado en otros nombres, con otras mujeres, pero nunca te olvidé. Hace dos años nos encontramos por casualidad y descubrí una persona nueva. Quise conocerte mejor, saberte, reencontrarte, buscarme en ti. Pero el tiempo es un juez implacable y el nuestro pasó, o nunca lo tuvimos. Siempre has sido un imposible. Ahora también lo eres, pero de forma diferente. Antes te hubiese dado todo, me hubiese entregado absolutamente, no me pertenecía, mi amor por ti absorbía mi absoluta capacidad. Ahora, sin embargo, con tus excusas, con tus no puedo, con tu mirada, con las historias que presiento, has cambiado mi corazón. Era difícil pero, mira, lo has conseguido. Buen trabajo. Ya no te miro como la única mujer a quien amar, ahora eres una persona que necesita paz. Y yo no te la puedo dar.

2.- Versión Kenneth Gilbert (sobre ella)

Puede que haya maneras pero a mí me cuesta hablarle de mi desilusión con Julia, de mi confusión de sentimientos, de mi revoltijo de emociones. El amor romántico que le he profesado durante tanto tiempo se ha convertido en un sentimiento protector, en una amalgama de emociones contradictorias. Quiero conocerla más y cuando intuyo, o me cuenta, partes de su vida, no me gusta. Se me caen los castillos y cada cosa que conozco da salida a un sentimiento, y otro, de diferente signo, lo reemplaza. Esto, para mí, que soy tan elemental, me confunde, me llena de sensaciones extrañas y poco definidas.
- ¿La ha vuelto a ver?.-
Desde la reunión de mayo solo he estado con ella una tarde, aunque hemos hablado por teléfono varias veces. Lo lógico sería olvidarme de Julia y terminar esa historia, pero algo me impulsa a querer saber más, a etiquetar los preguntas pendientes. Es una deuda conmigo mismo. Durante un tiempo de mi vida no fui del todo bueno, ahora estoy domesticado, no podría ser malo aunque me lo propusiera. Creo que usted ya lo sabe. Bien, pues hay conductas mías actuales que me sorprenden, que no guardan relación con cosas que he hecho hasta ahora. Concretamente con Julia he pasado de querer ser su amante a querer ser su padre. No es muy exacto pero no sé explicárselo mejor. Seguiremos hablando, se me ha pasado la hora ¿no?.

3.- Versión Glup, (frente al espejo.)

Venga, sé sincero, quieres volver a verla ¿por qué te engañas? No sientes ya lo que sentías, pero te mueres de ganas de estar con ella, de mirarla, de hablarla, de ver como se mueven sus labios, de perderte en sus pómulos, en la curva de su melena, de comerte sus palabras. Nunca has dejado de pensar en Julia, reconócelo. Y es curioso, estuviste tan cerca, no fuiste valiente, debiste dejarlo todo, quemar las naves y perderte en esa locura, en el caos de amarla, con la esperanza del sí, con el abismo del no. Ay ¿recuerdas ese último día? te permitió acompañarla hasta la puerta de su casa ¡qué feliz ibas a su lado! flotabas, no había en el mundo un hombre tan afortunado como tú. Pero a nadie le importa, incluso ni a ti mismo te importa, lo único que desearías ahora es estar con ella, dondequiera que esté. Fuiste tan ingenuo al decir que no te amase. Ahora su silencio se ha convertido en tu prisión y todo ha vuelto a ser como antes y no contesta a tus mensajes y el tiempo pasa y ....

4.- Versión jazz.(quién sabe.)

Glup golpea el espejo.
La sangre corre por su mano, salpica su cara.
El amor ha vuelto a morder su soledad antigua y las espigas de níquel se agitan como torbellinos detrás, debajo de la cama.

Glup esquiva a las salamandras altivas, a los nenúfares carnívoros y a ese avión de caza que va y viene atronando el techo y sus oídos atiborrados de miedo, de alcohol malo, de lápidas flotando, de qué.

5.- Versión pop.(sin comentarios) .

Ahora que Crosby y Nash ya no cantan a las ballenas y los aviones se caen, o los derriban; ahora que el mundo se ha convertido en una aldea global, o eso nos dicen, Glup interpreta al piano las Variaciones Goldberg en la sala de conciertos del Euskalduna.
En el auditorio, en la segunda fila, está sentada Julia
Glup enfurece al descubrir su presencia, levanta el piano sobre la cabeza y lo lanza contra su ex amada.
Julia, una señora vestida de verde y un acomodador mueren en el acto.
Glup es arrestado.
Final: Sin piano no hay concierto.


Si no te quisiera tanto, o por eso, te haría el amor en los portales.


17/01/08

Pozo.

Bajar al pozo.
O saltar.
De cabeza.
Sin pensarlo.
Sin poder pensarlo.
Estar allí.
Solo.
En lo oscuro.
Animal saciado.
De oscuridad.
Angustiado.
Sin estrellas.
Nadie asoma.
Por siempre.
Caído.
En cautiverio.
Sin alondras.
Ahíto
De sombras.
Grito inútil.
Prisión voluntaria.
Sin memoria.
Pared que sangra.
Tiempo ahogado.
Herido de miedo.
En silencio.
Dolorido.
Sin paisajes.
Soledad tenaz.
De piedra.
En el pozo.
Solo.


16/01/08

Afganistán.


“Je n`ai vu un plus grand monstre ou miracle que moi-même. (Montaigne)


La verdad es que no me siento militar, me alisté por la preparación física y por viajar. También por estar una temporada sin pensar demasiado. Llevo aquí tres años y se liga, mucho. Es cierto que soy guapo, todo ayuda.

Paqui era morena, enérgica, divertida, ocurrente, sensual, sonreía, siempre sonreía y eso era solo el principio, a partir de ahí el cielo parecía un simple atajo hasta el éxtasis de yacer con ella. Tenía otras...¿virtudes? que no puedo contar aquí. Me hablaba y se me derretían hasta las pestañas. Para un navarro como yo su acento malagueño me desarmaba -espero no haber hecho un chiste a cuenta de mi profesión-. Cuando me acariciaba se me erizaban los vellos del cuello, jamás una mujer me ha tocado así. También es verdad que me han tocado tantas que mi memoria flaquea.

Puedo seguir con nombres y nombres pero no quiero hacerme el gallo. No creo que fuera determinante pero el galón amarillo destacaba en mi traje de faena. También destacaba la boina de paseo y, cómo no, mi porte marcial. Era el prototipo de aguerrido soldado.
Por la mañana cuartel, por la tarde hembras. Mi sueño era hacérmelo con dos de mis amigas; a la vez, claro. Pero no encontraba candidatas. No es que fueran mojigatas, no, al contrario, eran celosas, posesivas, me querían solo para ellas, sin compartirme.
Durante el tiempo que llevo en el ejército me he acostado con tantas mujeres que he perdido la cuenta. Si me vieran mis paisanas, tan puritanas, todas querían un anillo previo, pobrecitas.
Pero la que de verdad me gustaba era Paqui.

-Estoy embarazada- me lo dijo al terminar.
-Conozco trucos mejores- le contesté sin mirarle a los ojos.
Al día siguiente salíamos de maniobras, una semana en la sierra. Lo pensaría a la vuelta.

-Abortaré- era el escueto mensaje en el móvil.
No le contesté, después de varios días de marchas por el monte me encontraba demasiado cansado para considerarlo.

No lloraba, tenía en la cara un gesto de determinación, en la puerta del cuartel me lo dijo- Me mentiste, todo era mentira, nunca me has querido. No te preocupes, abortaré y nunca más sabrás de mí-. No supe contestarle y se fue.

Después nos enviaron a Afganistán en labor humanitaria. Fueron varios meses en los que no lo pasamos bien, aunque peor lo pasaban los de allí. Todo lo que vi en aquellas tierras me hizo reflexionar. A la vuelta lo dejé, el ejército, estaba aburrido, la verdad es que también estaba asustado, no era eso, no era eso.


No volví al pueblo, demasiado pequeño, y llueve mucho. Me quedé aquí. Trabajo en la asesoría de uno que era sargento, bien. Me he casado, Juana es una maravilla de mujer, está de cajera en un Hipersol. En verano vamos a la playa y en invierno apenas salimos, estamos ahorrando para pagar la entrada de un piso. He engordado un poco. Mi vida, mi puta vida.

Aquí


15/01/08

Vida y destino.

"Y en esa nueva y última despedida, cuando a través de la puerta entreabierta el viento húmedo y frío de la calle se mezcló con el calor de la casa, cuando la piel áspera y curtida de la pelliza rozó con la seda perfumada de la bata, ambos sintieron que sus vidas, hasta ahora una sola cosa, se escindían en dos y la angustia les abrasó los corazones."


"Un frío gélido se elevaba del río y de las tinieblas, emergía un viento contrario y despiadado. Sobre la cabeza brillaban las estrellas y no hallaba consuelo ni paz en aquel cruel cielo de hielo y fuego que dominaba su cabeza infeliz."


(Vasili Grossman)

Impresionante.
Sólo puedo decir que hacía tiempo que un libro no me enganchaba de esta manera.

Aviso a posibles lectores: tiene más de 1100 Páginas.

En nombre de los que yacen en la tierra. (por Robert Chandler)

Hislibris / Rodrigo

Aquí


Dilogía.

Nada es lo mismo

La
lágrima
fue
dicha...


Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.

¿A qué llorar por el caído
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?

No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:

Nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González

Sin quererme embozar en el desánimo escucho los pájaros y el viento en la alameda, el camino está cortado por flores, a los lados hay estatuas de mármol en jaulas de colores. Escribo yo y no otro y gozo y temo y el cazador está apostado en el brezo. Llega carta de ella (¿?) y me desbarata, me arma, me desarma. Estaba en un cuadrilátero insoportable de sal y de lágrimas y desde hoy he claudicado, he traspasado el límite, he pasado al otro lado y ya no entiendo nada, además sé que no se puede entender, siempre tengo la idea que es pasajero, pero no, persiste sin que pueda hacer nada por remediarlo. La hierba se quema de lluvias y la vida es como la recordamos, su sonrisa -la de la fotografía en la pared- me mira, alegrándome. Pienso en ella (¿?) sabiendo que no debo hacerlo, me obstino en su sonrisa y el pecho se me llena de catedrales con las piedras ardiendo y menesterosos escondidos en la sombra de las cruces. Escribo lo que no debo y aún así me grabo el óvalo de su cara, la pienso, la describo, su cara feliz, o lo parece, o estar con ella en una esquina puede ser tan mágico que puedo equivocarme y pintar de nostalgia lo que no es sino presente pero sé que no y la niña pertenece al pasado y queda la mujer que me mira, a la que no puedo tocar sin temor a que algo ocurra, a la que hasta su olor me atrae y me evoca recuerdos de los que no tengo constancia pero están ahí, cuando en el mundo no había un nosotros y su mirada y su halo y una alimaña detrás, escondida pero ahí, esperando que desfallezcamos para devorarnos y el cristal, también ahí, separándonos irremediablemente en este territorio de ríos azules, de otoños, de nostalgias heredadas, de arbustos negros, de olas sobrepasando la escollera del ayer, pataleo sobre el ayer, mecagüen en el ayer. / Nada. Se va, vuelve, revuelve, me deja mensajes grabados en el contestador, dice que teme darme la mano, dice que teme que nos besemos, que nos desnudemos, dice que no, que nunca, que mejor estoy lejos, que soy un peligro para ella (¿?), que cada cosa tiene su tiempo y nosotros nunca lo hemos tenido. Puede decir lo que quiera, en mi interior no puedo sujetar esta avariciosa ternura que me deja ensimismado cuando estamos a solas, estas inmensas ganas de abrazarla y sentir su piel, de dejarme llevar por tanto sentimiento prisionero, soltarlo, llorárselo sin pudor sobre los hombros, decirle que no se puede querer tanto como yo la he querido y quiero, que no se puede sufrir tanto como yo he sufrido y sufro por ella (¿?), saber que ya no importa, que ni siquiera somos los mismos, que nunca hemos sido nada excepto una broma en las comidas de la empresa, cuando se escarba en los pasados no conocidos, en los futuros imposibles. A pesar de todo, arriesgando tanto, me acerco a ella (¿?) sin remedio, de forma inconsciente, sin pudor, sin pensarlo casi, con una repetida sinceridad al contar, al abrir mi corazón, al quedar expuesto a su comprensión, a su compasión, a quién sabe qué sentimiento, seguro que contrario al que quiero buscar. Pero no sé qué quiero buscar, no sé qué fuerza me impide olvidarla, me obstino en escribir poemas sin remedio, sin rima, no sé por qué me empeño en verla, en equivocarme así, en no pensar en lo que es bueno para ella (¿?), ni siquiera sé por que me tolera. Me paro y pienso que ya tengo edad para saber lo que debo y lo que no debo hacer, ya, inútil intento, pienso en ella (¿?) y las normas no existen, los límites siempre están más lejos y leo tantas veces las cartas que me escribe que la letra está borrosa, lo que dice me redime, lo que no dice me llena de tantos sueños que una explosión de imposibles me devuelve a la realidad y la realidad es aplastante, demoledora, está el aquí, el ahora y vivir no es escribir y todo esto no son más que palabras que no llevan a ninguna parte excepto a disturbarnos, a perturbar nuestra tranquilidad reciente, a que me mire como al bicho raro que siempre he sido para ella (¿?) si es que he sido algo. Sigo cautivo. (Saben que estoy escribiéndole, me vigilan, debo disimular, luego sigo). /Son las seis de la mañana, continúo despierto, me he comido el despertador, me doy cuenta que mañana estaré agotado por falta de sueño, me paro, muevo la cabeza, me compadezco de mi mismo con la ansiedad del amanecer y juego con seriedad, sonriendo pero respetando las normas, no pisar la raya, pisarla, borrar la raya, dibujarla, doblarla, llenarla de flores, apretarla entre los dedos y ya, canto mientras decido si clavaré estas elucubraciones en la puerta de madera de la ermita, pero sé que sí porque quiero que mis compañeros del astillero sepan hasta donde puede llegar la marea del corazón y eso que llaman amor que ni siquiera entiendo si es esto o es luz en el agua sucia del pantano, si solo es una locura que dura demasiado tiempo -toda mi vida, toda su indiferencia- y todavía me quedan dos años de contrato para salir de aquí, prisión de la voluntad, de cielos en continuo poniente y esto no dice nada y dice y mis poemas y cuentos pasan con pena, en silencio, avergonzados, mirando al suelo. Esta fragancia dice que si hablo sobre mi próstata o sobre las alteraciones en mi cuenta corriente emocional alguien al otro lado del Río Grande abre su ventana y entona una melodía muda con subtítulos y comentarios como banderolas al viento. Coincidencia o circunstancia, o quizás sea una cuestión de murallas alrededor del yo, de nubes atravesadas y atropelladas por los estorninos de noviembre, o de estepas meciéndose en plácidos atardeceres de revistas de fotografía. Debe ser un mal común, lo que le interesa no me interesa y viceversa y la vida del hombre la mecen con cuentos y León Felipe se sabía todos los cuentos y estamos hasta el gorro (frigio y frígido) de que nos cuenten cuentos. Sin embargo anteayer, ayer, hoy te he contado esta dilogía, mi querida lectora, mi querido lector. Mañana más, algo se me ocurrirá (cada día se me ocurre menos, puede ser el frío).

Charles Aznavour.


14/01/08

Dilogía (y 3)

Bajo los sauces
yo te llevo en mis brazos y te siento vivir.

Después salimos a la luz y, por primera vez,
tú ves el cielo y lo señalas y lo nombras.

Es verdad; en el extremo de tus manos,
el cielo es grande y azul.

(
Gamoneda)


Son las seis de la mañana, continúo despierto, me he comido el despertador, me doy cuenta que mañana estaré agotado por falta de sueño, me paro, muevo la cabeza, me compadezco de mi mismo con la ansiedad del amanecer y juego con seriedad, sonriendo pero respetando las normas, no pisar la raya, pisarla, borrar la raya, dibujarla, doblarla, llenarla de flores, apretarla entre los dedos y ya, canto mientras decido si clavaré estas elucubraciones en la puerta de madera de la ermita, pero sé que sí porque quiero que mis compañeros del astillero sepan hasta donde puede llegar la marea del corazón y eso que llaman amor que ni siquiera entiendo si es esto o es luz en el agua sucia del pantano, si solo es una locura que dura demasiado tiempo -toda mi vida, toda su indiferencia- y todavía me quedan dos años de contrato para salir de aquí, prisión de la voluntad, de cielos en continuo poniente y esto no dice nada y dice y mis poemas y cuentos pasan con pena, en silencio, avergonzados, mirando al suelo. Esta fragancia dice que si hablo sobre mi próstata o sobre las alteraciones en mi cuenta corriente emocional alguien al otro lado del Río Grande abre su ventana y entona una melodía muda con subtítulos y comentarios como banderolas al viento. Coincidencia o circunstancia, o quizás sea una cuestión de murallas alrededor del yo, de nubes atravesadas y atropelladas por los estorninos de noviembre, o de estepas meciéndose en plácidos atardeceres de revistas de fotografía. Debe ser un mal común, lo que le interesa no me interesa y viceversa y la vida del hombre la mecen con cuentos y León Felipe se sabía todos los cuentos y estamos hasta el gorro (frigio y frígido) de que nos cuenten cuentos. Sin embargo anteayer, ayer, hoy te he contado esta dilogía, mi querida lectora, mi querido lector. Mañana más, algo se me ocurrirá (cada día se me ocurre menos, puede ser el frío).

Fin

Georges Brassens


13/01/08

Dilogía. (2)

No sólo la victoria tiene alas. También las tiene el fracaso. No arde el infierno ni es dulce el amor más que la muerte. No es sabia la vejez y nunca fue inocente la niñez. No importa el honor, no escuchan nunca los dioses, a nada sirven los esfuerzos hermosos. No esperan las flores la llegada de la primavera dormidas al abrigo de esa tierra que hoy a mi imaginación se le antoja extraña. Pero sí que es profundo el mar, y tan frío y cavernoso. El Nuestra Señora de Getxu yace aquejado de vértigo y besando con su ajada panza la única certeza permanente del frío, del ciego movimiento eterno, de la muerte.(Purranki Sandongui)



Nada. Se va, vuelve, revuelve, me deja mensajes grabados en el contestador, dice que teme darme la mano, dice que teme que nos besemos, que nos desnudemos, dice que no, que nunca, que mejor estoy lejos, que soy un peligro para ella (¿?), que cada cosa tiene su tiempo y nosotros nunca lo hemos tenido. Puede decir lo que quiera, en mi interior no puedo sujetar esta avariciosa ternura que me deja ensimismado cuando estamos a solas, estas inmensas ganas de abrazarla y sentir su piel, de dejarme llevar por tanto sentimiento prisionero, soltarlo, llorárselo sin pudor sobre los hombros, decirle que no se puede querer tanto como yo la he querido y quiero, que no se puede sufrir tanto como yo he sufrido y sufro por ella (¿?), saber que ya no importa, que ni siquiera somos los mismos, que nunca hemos sido nada excepto una broma en las comidas de la empresa, cuando se escarba en los pasados no conocidos, en los futuros imposibles. A pesar de todo, arriesgando tanto, me acerco a ella (¿?) sin remedio, de forma inconsciente, sin pudor, sin pensarlo casi, con una repetida sinceridad al contar, al abrir mi corazón, al quedar expuesto a su comprensión, a su compasión, a quién sabe qué sentimiento, seguro que contrario al que quiero buscar. Pero no sé qué quiero buscar, no sé qué fuerza me impide olvidarla, me obstino en escribir poemas sin remedio, sin rima, no sé por qué me empeño en verla, en equivocarme así, en no pensar en lo que es bueno para ella (¿?), ni siquiera sé por que me tolera. Me paro y pienso que ya tengo edad para saber lo que debo y lo que no debo hacer, ya, inútil intento, pienso en ella (¿?) y las normas no existen, los límites siempre están más lejos y leo tantas veces las cartas que me escribe que la letra está borrosa, lo que dice me redime, lo que no dice me llena de tantos sueños que una explosión de imposibles me devuelve a la realidad y la realidad es aplastante, demoledora, está el aquí, el ahora y vivir no es escribir y todo esto no son más que palabras que no llevan a ninguna parte excepto a disturbarnos, a perturbar nuestra tranquilidad reciente, a que me mire como al bicho raro que siempre he sido para ella (¿?) si es que he sido algo. Sigo cautivo. (Saben que estoy escribiéndole, me vigilan, debo disimular, luego sigo)...(sigue)

(Aquí)


12/01/08

Dilogía. (1)

Voy a contarte mi vida entera, esta vida mía que no empieza realmente, hasta el día que te vi por primera vez. (Stefan Zweig)



Sin quererme embozar en el desánimo escucho los pájaros y el viento en la alameda, el camino está cortado por flores, a los lados hay estatuas de mármol en jaulas de colores. Escribo yo y no otro y gozo y temo y el cazador está apostado en el brezo. Llega carta de ella (¿?) y me desbarata, me arma, me desarma. Estaba en un cuadrilátero insoportable de sal y de lágrimas y desde hoy he claudicado, he traspasado el límite, he pasado al otro lado y ya no entiendo nada, además sé que no se puede entender, siempre tengo la idea que es pasajero, pero no, persiste sin que pueda hacer nada por remediarlo. La hierba se quema de lluvias y la vida es como la recordamos, su sonrisa -la de la fotografía en la pared- me mira, alegrándome. Pienso en ella (¿?) sabiendo que no debo hacerlo, me obstino en su sonrisa y el pecho se me llena de catedrales con las piedras ardiendo y menesterosos escondidos en la sombra de las cruces. Escribo lo que no debo y aún así me grabo el óvalo de su cara, la pienso, la describo, su cara feliz, o lo parece, o estar con ella en una esquina puede ser tan mágico que puedo equivocarme y pintar de nostalgia lo que no es sino presente pero sé que no y la niña pertenece al pasado y queda la mujer que me mira, a la que no puedo tocar sin temor a que algo ocurra, a la que hasta su olor me atrae y me evoca recuerdos de los que no tengo constancia pero están ahí, cuando en el mundo no había un nosotros y su mirada y su halo y una alimaña detrás, escondida pero ahí, esperando que desfallezcamos para devorarnos y el cristal, también ahí, separándonos irremediablemente en este territorio de ríos azules, de otoños, de nostalgias heredadas, de arbustos negros, de olas sobrepasando la escollera del ayer, pataleo sobre el ayer, mecagüen en el ayer. (Sigue)

Eduardo Cruz


11/01/08

Perros científicos.

Aguzamos el oído para escuchar tras las ventanas
los pasos que se acercan y que muy pocas veces
se detienen en la cancela. Generalmente siguen, se diluyen lentamente, dejándonos esa tristeza que flota en las estaciones los domingos por la tarde. Cuanto más se alejan —digámoslo sin dramatismo— más nos vamos llenando de palabras.

(Guillermo Pilía).


Sabemos que no hay regreso, una vez que se abandona el barco no hay regreso y en el crepúsculo las olas esparcen lo que era, los peces negros mastican las moléculas de una historia secreta qué, de tan bella, los transforma en musculosos tritones adolescentes nadando hacia lo profundo, ahí abajo, en el estómago del mar, entre tiburones ciegos y ancianas sirenas que lloran y hacen calceta bajo submarinas bombillas parpadeantes. Arriba, en la superficie, a cámara lenta, sigue el naufragio, el estoico y obeso capitán en la proa, las barcas repletas de pasajeros asustados por las hélices que amenazan, atónitos, temblorosos, inútiles señales de petición de socorro, los mensajes en código Morse, un ángel en un tragaluz filmando la catástrofe para los informativos celestiales y ese pájaro con una rama de laurel en su pico volando entre las nubes de la tormenta hasta la mano cerrada de ella, su brazo lleno de gavilanes, su corazón en la punta del iceberg, su mirada cosida con puntadas de modistilla, su antigua pasión cortada en mil pedazos que el viento se va llevando por los muelles del amanecer o más allá, lejos (un chaval pamposado encuentra uno y se lo enseña a su madre qué, ahíta de aburridas tardes de parque y semillas de girasol, le pega en los dedos mientras grita - ¡Niño, no cojas porquerías del suelo!-) y así, así dentro de la sombra quizás haya luz o simplemente este silencio sea la muerte y ella y yo no nos veamos nunca más y aún entonces esperaré el placebo de la resurrección de la carne, si la hubiera, y donde antes tenía una pierna, esa blanca tibia me convence que no, que ya no y un perro muerde mi calavera y se la lleva a roer detrás de la tapia del cementerio cercano a su casa, la quinta, bostgarrena. (No sé como escribiré a partir de ahora ¿Me dejas una mano?)

Kings of Convenience


10/01/08

Escritura emergente

Soneto XXXII


Estoy continuo en lágrimas bañado,
rompiendo el aire siempre con sospiros;
y más me duele el no osar deciros
que he llegado por vos a tal estado;


que viéndome do estoy, y lo que he andado
por el camino estrecho de seguiros,
si me quiero tornar para huiros,
desmayo, viendo atrás lo que he dejado;


y si quiero subir a la alta cumbre,
a cada paso espántanme en la vía,
ejemplos tristes de los que han caído.


sobre todo, me falta ya la lumbre
de la esperanza, con que andar solía
por la oscura región de vuestro olvido.


Garcilaso de la Vega

(Para Montse)

Entre tantos como escribimos en estos blogs es ilusoria la pretensión de, por ejemplo, intentar distinguirme escribiendo sobre lo que duele sin que lo que lo parezca, con textos luminosos sobre lo que sigue en lo oscuro, sobre lo que está al otro lado de la puerta sin haber salido de esta habitación en la que temo apagar la luz. Intentar escribir sobre la no experiencia, sobre lo que no ha ocurrido, transformar la realidad -al menos, mi realidad-, sobre lo que ni tan siquiera tengo idea, reinterpretar las contradicciones, los anhelos moribundos. Y hacerlo, además, con osada intención poética, suplantándome en Otro/otro, llenando los días de signos de interrogación, preguntándome, intentando elevar la raya justo hasta donde, al final, nadie sabe -ni le importa- sobre quién o qué emoción ha comenzado a leer.


Como tú, a veces, hoy, no tengo ni idea sobre qué demonios hacemos aquí.
Pero estamos.

Burial


9/01/08

Carta del amante doliente.

Sin discurso, anhelamos
que los principios dejen ver su fin
y que los caminos respondan
a la ilusoria claridad de las mañanas.
Sin embargo, equivocamos el paso,
erramos en la visión de lo simple.
Todo, incluso la sonrisa,
se nos presenta
como una pedregosa senda de dilemas.

(Antonio Reseco)

Allí donde da la vuelta el viento, la claridad del crepúsculo se desliza caprichosa sobre las placas de titanio del museo Guggeheim. Al otro lado de la ría, asomada a una ventana, S/G mira el espectáculo mientras le llegan los recuerdos, feroces, como cuchilladas, como luciérnagas, como heridas de luz suspendidas en sus ojos tristes. Asomarse en esos ojos es orillar el precipicio, acercarse al abismo y mirar el fondo con deseo, por fin, abrir los brazos en cruz y lanzarse a lo oscuro. Y así, con mis brazos en cruz sobre la alfombra, veo el rostro de S/G en este rostro que gime sobre mi cuerpo, que me besa y dice mi nombre mientras nuestras ansiedades golpean con un sonido de campana, de barcos llegando al puerto.

Y soplo caracolas marinas y silbos, lanzo piedras y cascabeles contra los muros de su tristeza antigua, agito ramas, imito los sonidos de la flauta de un sátiro, pellizco el extremo de una nube y lo arrastro para inundarnos de un vaho evanescente, para rodearnos de una intimidad que nos es ajena. Dos más uno son silencio o la caricia que dejo en la cabeza plana de ese perro negro y viejo cuando los amantes se reúnen en oscuros cuartos al fondo del pasillo mientras en el patio canta una niña y la luna va y viene entre las nubes.

Quisiera hablarle con el lenguaje del alma. Por si no lo hubiera, le hablaré con las palabras que se atropellan en mi cabeza, en mi boca, pugnan por salir, por buscarle entre mercaderes y gitanos, entre pálidos pacientes esperando su turno, entre la embriaguez del secreto de las playas. -Perdóname, S/G, perdóname, perdóname por ser ciego, insensible, egoísta, estúpido, perdóname por llenar mi boca de te quiero y no ser capaz de leer en tus ojos, de verte tal y como eres.- Eso quiero decirle y estoy mudo, incapaz de separarme de su cuerpo, de la caricia del reencuentro.

La niñez es un territorio que atravesamos tan fugazmente que apenas guardamos recuerdos de sus calles y avenidas, de las piedras redondas de su calzada, de los compañeros de juegos que se perdieron en algún recodo. Y cuando vuelven, ay cuando vuelven, el implacable rastro de la realidad nos llena de espejos partidos, de unicornios de piedra, de letreros con fondo rojo y flechas imposibles.

Ahora, sentados frente a frente, voy recogiendo, arrobado, las renuncias que se acumulan sobre esta incógnita que nos separa. Durante este tiempo de ausencia no es cierto que no la haya recordado, no es cierto. Busco en las esferas transparentes su silueta de aquel verano, sus cartas de papel amarillo, su interrogante pintado de sospechas y quiero saltar esta distancia, llegar hasta el centro de su dolor. Recibo sus confidencias como un regalo magnífico, como un tesoro único, guardo sus sonrisas, su risa de a veces como un instante mágico, pero sigo sin verla. Y no entiendo, bruto, insensible, la escucho sin saber que el tiempo pasó, atrapo en mi pecho cada uno de sus movimientos, pero no sé quién es la mujer desnuda que tengo delante.

Entre las cortinas se cuela una dulce música de cebollas. Y cuando ella llora huyen los pájaros de su mirada y sus lágrimas me abren la puerta de otra realidad. Cae mi máscara ciega y golpearía mi cabeza contra la pared por ser tan primario, tan sordo, tan iluso por ignorar a la persona que late y sufre. Me sube a la garganta una extraña emoción y entiendo, por fin, que espera de mí la dulce placidez del amor cotidiano, sin constantes declaraciones magníficas, sin locuras, solo amor, amor limpio que le lleve de la mano por los días. Pero suenan las diez y ella debe volver a su casa y yo a la mía. Nos vestimos apresurados y salimos, que no nos vean, separados, nos perdemos por calles diferentes.

Como voy a escribir con coherencia si ha pasado el tiempo de los cilicios, si cada día está aquí para abrirlo en canal, para comerse hasta la cáscara, para llegar hasta cada rincón de la medianoche y, si S/G me deja, el resto se lo diré con mis manos, buscándola, recorriéndola, abriendo esa ventana al sótano o al cielo.


Paul Anka


8/01/08

Un viaje, viaje uno.

Y de inmediato,
más que en palabras, pienso en ventanas altas:
el cristal en donde cabe el sol y, más allá,
el hondo aire azul, que nada muestra,
y no está en ninguna parte, y es interminable.

(Larkin)


Comenzar el año viajando puede ser una alternativa, una opción, una huida, una aventura, un capítulo. En cualquier caso, una buena manera de abordar el inicio, siempre inquietante, de los doce meses que vienen.

Así que me fui.

Fotografías:

1. Carretera con lluvia y sonrisas.

2. Niebla intensa, como rodar sin tiempo, o dentro del tiempo.

3. Burgos a lo lejos.

4. En el páramo, cielos azules con algunas nubes tipo cine años sesenta.

5. León. Maravilla de catedral. Curas ensotanados. Barrio Húmedo de tapas generosas. Tiendas de las de toda la vida. Locura de compras. Coches. Librerías de viejo. Rincones para una exposición. Librerías con Ken Follet. Chacinerías. Mercerías. Hojalaterías. Frío.

6. Astorga vacía a las tres de la tarde. La Catedral. Gaudí. Silencio. Paz. Sacamos fotos a los charcos.

7. Murias del Rechibaldo. Nostalgia del Camino. Castrillo de los Polvazares. Pueblos desiertos. Cristales empañados. Rapaces en el cielo azul. Camiones rotos en los arcenes.

8. Carretera con mil curvas subiendo a la Cruz de Fierro. En la trescientas empezó lo blanco. Cunetas de armiño. Imposible parar. Sin marcha atrás. Subir y subir. Nieve. Un zorro cruza, sin mirarnos. El coche rompe el hielo. Miedo. Imprudencia sin cadenas. Más nieve. Seguimos subiendo, parece que no llegaremos nunca arriba. Montes gélidos, bellos, imponentes, fin del páramo. Sigue nevando. En Manjarín, entre los árboles, aparece una niña rubia montando un percherón dorado que una mujer con trenzas lleva de las riendas, otro niño sonríe bajo los copos que no cesan. Parecen extranjeros, parecen de otro mundo, los vimos, estaban ahí, en medio de ninguna parte, entre la ventisca. De pronto, en un recodo cesa la nieve, el camino está seco, siguen las curvas. Un rebaño con un pastor que gesticula. Un mastín gigantesco nos ladra, nos impide el paso. El pastor le llama y se va. Seguimos sorteando curvas. Llegamos. Respiramos.


9. Molinaseca. Desierto. Nada que ver con este pueblo en verano. La piscina vacía. Igual que las calles. Nos dan de comer a las 4 y pico. Muy bien por cierto. El comedor está, casualidad, con tres parejas…mixtas, es decir, cincuentones con curva de la felicidad y cara roja y damas bastante más jóvenes que ellos, con cara morena y hablar suave. La globalización empieza por el sexo. Aquí, dentro de dos horas tiene que haber lobos por las calles. Nos vamos.



10. Ponferrada. El Castillo templario. Una ciudad nueva y moderna alrededor de la vieja. Frío, pero en el hotel hace un calor insoportable. Paseamos. Llamo a mis amigos. Nos tomamos unos vinos, del Bierzo, mencía. La bodega de la plaza de arriba, junto a la iglesia. Los bares con generosas raciones de tapas. Las miradas a los forasteros. Cenamos, etc.

11. Al día siguiente seguimos camino. Por carreteras llenas de niebla a Asturias. Maravilla del lago de la Luna. Estribaciones de los Picos de Europa. Oviedo. Comer en Casa Conrado (uff, increíble), Gijón. Mieres. Ribadesella. Llanes (ay, Llaeza), etc, etc.

Leo, dudo mucho que a alguien le interese el detalle de cómo siguió mi viaje. Si es que sí se lo cuento por teléfono. No sigo este relato. Regresamos alborozados.

Fue, mirándolo desde este lunes de agobio de vuelta al trabajo un maravilloso respiro, una excelente manera de comenzar este 2008 qué, insisto, será diferente.

Gracias por vuestra paciencia.

Ennio Morricone - Cinema Paradiso Theme


7/01/08

Este es el 301.

Vivir es un silencio sin memoria.
Lo de alrededor es absurdo.
A pesar del fulgor, de la mentira de las luces.
Calles llenas de aprendices de suicidas que aún respiran.
Nada más.

Dolor del alma no comparable con el hambre,
con un cielo mudo.
Nadie responde.
A pesar de las oraciones de los débiles, de los ilusos.
Guardianes armados con cuchillos de obsidiana.
El miedo oprime la garganta.

Vendrán días de sangre y mártires,
días de peces aturdidos, de piel lejana,
puentes quebrados, campos con sal y huesos,
soledad.

Aún así entre los abedules cantan los pinzones,
el viento trae y lleva historias de enamorados,
de guerreros volviendo por caminos oscuros.

Es agosto en enero y empezamos la historia.

Vivir es una hermosa aventura.


Escribo así y tal parece que el pesimismo me ha mordido una oreja, que los perros furiosos tironean mi alma y mi esperanza. Y no. La imaginación busca cauces en paisajes que suben y bajan como el telón del escenario de un teatro vacío, actores ausentes, sin músicos, sin libreto, sin espectadores.

Hoy es un día como cualquier otro para dar la espantada, para huir sin mirar atrás, vergonzosamente, sin meter ruido, solo polvo removido y soplidos de acreedores de emociones, hombres de negro con maletas vacías, murciélagos en la cueva de no decir, ya.
No puedo pronunciar la palabra despedida, se me atora en la garganta, se me resbala en la lengua, se queda entre los incisivos y los molares. ¿Ves? O, mejor ¿lees? ¿escuchas tambores?

Este era mi post antes de irme, ahora ya no tiene sentido. Puede que sí, quizás fue un presentimiento. En cualquier caso es el 301 en este rincón glup 2.0.



Empieza el año. Este será diferente. Al menos, el mío. Quiero que sea diferente. Me siento lleno de energía y proyectos. Ahí vamos.

Once Upon a time in America


6/01/08

Y de pronto anochece.

Primero de todos los dioses a Eros inventó. (Parménides)

Se me ha escapado la luna, la traía en la mano, abrí los dedos y voló.
¿Qué hago, qué hago?
Se ha apagado la luz, se ha caído el cielo, estoy debajo de una estrella.
¿Cómo escapo, cómo salgo de aquí?
He perdido la risa, la tenía en el alma, abrí los ojos y fuese.
¿Dónde la busco, madre, dónde?

No puede ya intimidarme la cruel lluvia de kamikazes sobre el puente, ni el dios dormido entre astros lejanos. Nadie sabe en qué parte del abismo vivimos, si esperamos el bautismo o la corona de espinas. Al final de la calle un niño lleva de las riendas a un caballo negro, un hombre silba a su perro, caen alrededor cometas, la mujer mira al ejército que llega desde quién sabe. En la ciudad la evasión ha comenzado. Y las emboscadas.

Han huido mis sueños, entorné la puerta y salieron en tropel.
¿Cómo los atrapo? busco una artera red.
Estoy en casa y no identifico nada, no hay espejos.
¿Quién soy, en quién me he convertido?
He ido tan lejos -el horizonte nunca llega-, tan lejos, tanto.
¿Cómo regreso, madre, cómo regreso?


Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y de pronto anochece.

(Salvatore Quasimodo)

Aquí


3/01/08

Queridos Reyes Magos:

La infancia nos es dada como un caos ardiente, y no nos sobra el resto de nuestra vida para intentar poner orden y explicárnoslo. (Michel Tournier)



Como este año he sido bueno, tan bueno que no he sido malo (y no porque no lo sea sino que ser bueno es una consecuencia, sólo, de no haber sido malo, siéndolo, pero bueno al fin por voluntad propia, por pura bondad, o incompetencia, claro, o por miedo a lo oscuro, por rutina del cura en el púlpito y los infiernos y esto ha sido a veces, un infierno, seguir siendo bueno sin remedio, sin vocación, sin opciones, o sí, a ser el malo, el que no, el que huye y carpe diem porque nunca he sido obediente, nunca me he callado –así me ha ido a veces- y ahora tampoco lo haré, elevaré mi voz para deciros, oh Reyes Magos, tan pródigos, prodigio anual, benévolos y sagaces, generosos, que soy feliz en este puente que cruzamos sobre el río agitado de la vida aunque ha cambiado mi mirada, tanto que estoy en disturbio, alterada mi mente, me invaden turbulentas corrientes marinas gélidas o ardientes entre las olas de los días impares, de los pares dentro de la gruta de cada amanecer donde confluyen las mareas, el principio del mundo, del universo, esta mañana también fría en la que os escribo como un niño viejo ensimismado, como un arponero en busca aún de la ballena blanca, como un vigía enroscado en lo alto del palo de mesana, el horizonte acude a las yemas de mis dedos y os escribo con la metonimia de voz chocando imparable contra el portón de vuestra fortaleza de regalos que abrís y rendís cada año, creo en vosotros y no creo, colgado cabeza abajo del tormento de no veros y sí, ahuyentar, alejar los fantasmas, gritarles para que no vuelvan, acunarme a mi mismo entre mis brazos, defendiéndome y así, después, mirarme y verme tan dentro, tan profundamente que sea de cristal, transparente, ángel lujurioso que junte sus alas y ya, el milagro de desear como un demonio, con voz ronca como la de un hombre poseído y fotografías en Roma, recuerdos prendidos con un clip, guirnaldas, pétalos de rosas, querubines tañendo sus laúdes mientras vuelan sobre mi vida, días de navidad chocando como planetas, trompetas, pífanos, un coro de niños del albergue de Sorrento alabando al Señor con música de Bach, canciones que aprendí en Italia mientras paseaba con mi amada por el Trastévere y la fontana de Trevi donde Anita Ekberg se bañaba en la noche de Federico Fellini, en su Dolce Vita o subía a la cúpula de san Pedro con (il bello) Marcello Mastroniani, puestos de venta callejera de libros, de pañuelos, de viento, romanos de piedra o bronce, serios, estatuas de emperadores, de príncipes, de dioses, de físicos que murieron en la hoguera, vírgenes pintadas en las esquinas con flores y velas permanentemente encendidas, piadosas mujeres ensimismadas rezando en la cripta del Vaticano, calle del Babuino, tritones, nereidas, centauros, niños que soplan caracolas, angelotes sin cuerpo de mejillas inflamadas y alas ridículas, Monica Bellini (o quién fuera aquella belleza) en vía Veneto, aviones, trenes, metros, autobuses con conductores locos, paseos, avenidas, callejuelas, plazas, puestos con rojos racimos de pimientos, funiculares al cielo, libélulas locas, túneles a quién sabe donde, mariposas amarillas, homosexuales gentiles, iglesias de techos luminosos, infierno y cielo fundidos en pinturas de genios muertos, vivos que te roban la cartera, mendigos con la mano extendida, niños de cara sucia, rumanos simulando cojeras imposibles, ojos asustados, terrazas como jardines, la mano dentro de la mentira de la boca de la verdad, escritores inspirándose en los templos de la fecundidad, grajos o palomas volando en la noche, volando no nos desviemos, que tantas palabras no oculten que ahí y aquí, en todos los lados hay seres humanos, tantos, tantos que sienten, que buscan, que tienen un corazón que grita y encienden candelas por los rincones del mundo -y no exagero ni un tanto así- que quieren amar y ser amados, que necesitan alguien que les consuele cuando fuera y dentro llueve, cuando se apagan las luces del cielo y parece que todo se acaba, que no amanecerá, que la esperanza ladra con rabia y ruge y esto no era lo que nuestra madre nos cantó en la cuna y ¡mierda! os estoy escribiendo como un escéptico niño llorón, hundido y no, nado como un pez, me deslizo sobre la resaca de invierno y presiento el frío en mi cuerpo en la simbólica ascensión al Gorbea del día 31 después de jugar sobre la arena del fin de año, de la eternidad, Melchor ¿quién puede parar el tiempo? nadando decía sobre este 2007 que se ha ido porque el nuevo 2008 nos avisa en los calendarios que sonríen desde las paredes, carpe diem Baltasar, dije, que escribían los antiguos en sus frontispicios, que repetían los oscuros habitantes medievales, aprovecha el momento, disfruta ahora, navidad casi acabada de los grandes almacenes, navidad de nuestra niñez, los abuelos, la familia reunida, nuestros padres, que rápida pasa la vida, lamentos de un joven anciano que corre para que no se pare el mundo, su mundo, evocación del ayer imposible, añoranzas no permitidas, los que ya se han ido esperándonos ¿dónde? Gaspar ¿qué os importa a vosotros? Reyes Magos insensibles de chimenea en chimenea, de balcón en balcón, sobre camellos glotones de polvorones y vino dulce ¿os ha quedado claro? he sido bueno, por supuesto, que otra cosa podría ser, bueno, por instinto, por que es lo que se espera de mi, por necesidad, porque el malo me mira y tampoco es feliz) quisiera que me trajerais memoria para no olvidar a tantos, tanto como este año he perdido. Y un mapa para saber por dónde regresar.

Gracias, Majestades.

Ah, me voy de viaje, corto, una aventura, sin destino, perderme,volveré.


Aquí


2/01/08

Tea for two.

...La inmediatez y la distancia. Bataille decía que el sexo sólo puede vivirse plenamente como trasgresión. Frases. Los amantes cortesanos de Provenza fueron más sutiles: la consumación física importa menos que los largos vericuetos del deseo. El deseo que jamás se satisface, el deseo que es apertura indefinida a lo otro. El deseo en sí. (S. Pániker)

Hoy Miles Davis me engaña con el sonido de su trompeta, nada que ver con aquel de los vinilos en Notthing Hill.
Iluso, pensé que las historias terminan. No.

Eran otros tiempos, todos ya son otros tiempos, excepto este temblor bajo las uñas porque no. Ya están fuera ¿han estado dentro alguna vez? Escarbo en esa necesidad de esperarlas en la puerta del metro, en Belgravia, en el camino de vuelta. Maldita coincidencia. Quizás las inventé a partir de mi deseo, de mi necesidad de que en el mundo hubiera dos mujeres que me comprendieran como ellas, a las que pudiera amar a la vez como las amaba a ellas.
Aunque entonces, aunque ahora. No.

Quizás ni hayan llegado hasta aquí y escribo sobre el agua, acostado en la ciénaga de la pérdida, pulsando con rabia cada palabra que me aleja un paso más. Ya no sé qué ocurre ahí dentro, en su alma, si han encontrado a alguien, si han vuelto a coincidir en la galería Saatchi y se han mirado con desprecio, si han hallado placer en un nuevo ocio, en otras aficiones, si se han hablado entre ellas, si me recuerdan aunque solo sea a veces, si se han vuelto a enamorar, si se han tirado al Támesis, si me contarán sus viajes, si podremos algún día mirarnos a los ojos y sonreír. No.

Estamos en puro invierno, hace frío, sentado a la intemperie en una hamaca de Hyde Park, con el lastre de recuerdos colgado de los días, paseando con mi escrito por la pura intimidad. Si.

...No escuché trabajar a los obreros ni sus voces.
Silenciosamente me tapiaron el mundo.

(Kavafis)

Aquí


1/01/08

Metonimia de la sospecha


Scherezade corre por los largos pasillos del palacio con el cordel de la imaginación enredado en los tobillos. Abre puertas, mira detrás de las cortinas, busca la historia que salve su vida esta noche. Sus pupilas están dilatadas por la belladona. La atropina y el miedo aceleran su ritmo cardiaco, teme el hacha del verdugo. Cierro corchetes de un tiempo invisible cuando en la mesa del jardín se posaban insectos de obsidiana y los tigres husmeaban el olor de las gacelas sobre las hojas mustias de otros días. Hay que encontrar el cuento que nos salve, que redima la doble mirada de nostalgia y futuro, con tristezas de agua detenida, con risas amarillas, con las horas volando sobre los nueve números que llevan a la voz de la ausencia. La voz como pretexto para llegar al ombligo y desde ahí al alma cautiva. Es decir la experiencia desvistiéndose de lo irremediable, de lo apocalíptico, de los bosques de pesadillas mientras con dedos de saqueador guardo debajo de la alfombra el descubrimiento de que John Dewey mantenía una concepción enteramente dinámica de la persona, que proponía la reconstrucción de las prácticas morales y sociales, también de las creencias. El travelling del vuelo sobre la playa en invierno lo he sacado de Fellini aunque el fragor del mar, el viento roto y las gaviotas estaban ahí antes de Nino Rota, antes de Laga.(1) Justo ahora que comprendo que esto no es una elegía, no hay desesperanza, al contrario, brilla. No es usted sospechoso –dijeron- y eso me lleno de ira, me desalojó del diván en el que compartía el miedo y el asombro, los descubrimientos de otro sexo, las lecturas de Max Aub –lo primero que recuerdo de ti son las manos- y en realidad estoy cavando el foso donde enterrarme, a aquel/yo/otro, subiendo después este/yo/el mismo sobre la tierra amontonada y saltando al otro lado, allí donde aún no hay reproches, ni silencios y la punta del lápiz titubea ante tamaño espacio albo, ante la dimensión del todo, un nuevo mundo para inventar, faltarán nombres para tanto personaje, definiciones para los artificios, piezas para los artilugios que hurguen en la piel de la sensibilidad, entre los entresijos del aburrimiento, organizando carne y ropa, desnudez y florituras para hablar como otro, sentir como otro, ser otro sin haber llegado a ser uno, osadía pasando de puntillas por los límites, por la limitación, bostezos apenas ocultos por piadosas manos y soy un hombre Afortunado encerrado ahora en su box, blop, blog comenzando, quizás sin saberlo, la versión 2.0 de este sueño y la hoguera está encendida, pueden ustedes preparar sus puentes mientras sentado en una terraza, en Roma –amoR- escucho las 5 easy pieces de Scott Walker, enteras, prodigio de músico y mi paciencia.(2) Crecen las verdades como corteza y la hiel se ha disuelto, oh maravilla, mientras le envío mensajes sin respuesta -¿estás bien?, pregunto- y nada, desde entonces todo es nada, miro en derredor y aquí ya he estado, eso pensaba cuando la grieta del pecho no cerraba, no crecían flores en sus pezones mínimos, no buscaban mis dedos la húmeda certeza, sus labios entreabiertos, la mirada de niebla, nos amábamos sobre la hierba y en su pubis crecía el paraíso. L´emozione non ha voce cantaba Çelentano y ella se obstinaba, todo o nada, escogí nada y eso fue todo, volver a empezar, cambiar de llaves, la derrota me hizo esclavo, perdí la dignidad, Alcibíades amaba a Sócrates y si aún escribo así, aquí, es que no soy libre y te acompañe tu obsceno doble hasta el fin de los tiempos, amén.(3)Concepto del doble, otro, ser el que eres, espejo, su otro lado, Alicia, fascinado por la nimiedad, viejo intento de escribir una novela –no esto, no esto, por favor- en la que se mezclen un viaje a Lisboa, ráfagas de jazz, fragmentos de una historia que después se bifurcó, aquella ciudad con su estatua ecuestre, saudade, carreteras del Alentejo, Wayne Shorter, la lonja de pescado en Faro, la cama estrecha en la pensión en Alfama, luego la vuelta y ni siquiera habíamos salido. Detrás de los signos, de las metáforas, asoma una teoría de la lucidez, una vez que sabes no hay regreso, nada es igual, ya no se puede olvidar, el conocimiento nos deja en una cima de la que no se puede bajar, aire frío rompiéndose en los diques del alma, sin huella, las cenizas de los últimos años esparcidas por las cordilleras de días que sangran, sábanas huecas, no recinto del sudor después del amor, estampa fijada en el espejo del hotel de la plaza, un caballo pintado en la pared, supe, oh, supe, sé y el oxígeno de la lucidez se ha quedado en mis arterias hasta cegar un futuro indescifrable. Basta, pongamos en orden los misterios. No ocurre aquí nada extraordinario si descartamos que la improbable poiesis contenida encierra un latido, un pacto con las palabras desde el cuarto de atrás, hablo para ser, y viceversa, ella está ahí, leyendo, la escucho cuando se acerca con sus zapatillas de gato y Tobías a su lado. Clavo clavos de oro en la caja que encierra los rosarios, el cuaderno de sumas y restas, el fragmento de una noche, la imposibilidad de reinventar la magia de la mirada que convertía un sueño en la historia más bella después del diluvio de luz, cuando se abrieron las esclusas lunares y su cuerpo pudoroso se bañó al borde del pozo que nos tragó para siempre. El mármol del silencio sella la oscuridad donde yacen los recuerdos.(4) Sigue la palabra como tentación, hablar para salvarnos, quod pro quo, escribirnos, leernos, a veces sentirnos, democracia de los blogs, liberarnos de las voces que nos aprisionan, redimirnos contando nos, justificando la distancia, agitando las fotografías como señuelos, los colores y poco más, poema a poema, historia tras historia, la misma, esto ya lo hemos leído antes y a otros y las Variaciones Goldberg y el dolor de su mutismo, la avidez de los cuerpos y las princesas que jamás leyeron “El astrágalo” de Albertine Sarrazin. B tiene miedo a bañarse en el mar porque de niña le asustó una ola. P guarda los cubiertos bajo servilletas de hilo en un cajón del armario de la cocina cuando hay tormenta, teme a los rayos. F es un misógino. FB tiene miedo a mirar a M de frente porque le intimidan sus amplios senos y sus caderas de paridora. JM dice que le gustan las jóvenes y se ríe. A es moralista y cuando habla te apunta con su dedo índice. C cree que es la mujer menos atractiva del mundo. P pensaba que a un momento de felicidad le seguía uno de dolor, sufría en sus risas. MY lloraba cada noche antes de dormirse porque pensaba que el mundo era injusto con ella. AM está preocupada por el paradero del alma de Hitler, teme que esté en el infierno. X lleva boina por dentro de la cabeza. S es seria y fuma demasiado. L siente marchitarse su lozanía. G es bella y ríe, no sé que hace cuando no. AG es artista. DB juega al fútbol. B es rencoroso. PM es anciano y bebe vino de Rioja. F es alto y pesca bogavantes. R es tasquero. I es asturiana y dulce. Justo antes de mi enfermedad un barco de bandera cubana encalló en la barra en mitad de la bahía, fotografías de un tiempo no demasiado lejano y sin embargo desde entonces ha pasado un mundo. (5) Una vez transcurrido el fulgor de la sílaba gutural queda la fragmentación de lo cotidiano, la mansa adecuación al deterioro físico, el músculo supeditado, Vía Láctea en láminas, frascos numerados, los goznes de lo oscuro girando en lo de después, tinta azul para un tiempo en el que las cunetas se poblaron de olmos de recuerdos, no se precisa un tratado de hermenéutica para interpretar estos difusos trazos de post rasguñados en la altiva garamond, a veces otras hasta aquel viernes en que el cielo estaba gris y las olas rompían con estruendo en las rocas bajo las propiedades del convento. La muchacha protegía su nuca de los hilos de salitre que flotaban en la playa invadida de gaviotas. Caminamos sobre un sendero de algas y a nuestro paso la espuma formaba arcos brillantes y húmedos. Hablábamos y las palabras quedaron prendidas en las zarzas –giré la cabeza y florecían-. Hablábamos y todo estaba dicho. Nos besábamos y el pudor nos envolvió los labios. La conocí, sí, y aún no he empezado, kilómetros de lluvia para un viernes, pensar en ella mientras conduzco, ella al final de una autovía de camiones, cantando en una ventana, mirándome desde una curiosidad que quiero concretar, bailando de puntillas con una música de guitarras, presentida en sus cartas a otros, en sus miradas a otros, en sus palabras a otros, dijo aire y contesté aviones, dijo I y contesté H, nos dijimos tantas cosas y ninguna, no hizo falta. Ella. Al conocerla deseé tenderme a su lado (vestidos, ¿eh?) y abrir los cajones de su cabeza, uno a uno, revisar sus armarios interiores, saber de sus recuerdos, de sus miedos, de sus gozos, de sus luces, de sus cuartos oscuros, quise abrirle las ventanas y dejar que el sol entrase por sus cuartos. Ay, hacía tanto frío en aquella playa. ¿Lo digo?, al conocerla, después, deseé tenderme a su lado (desnudos ¿eh?) y besarla en cada herida, en cada cicatriz, en las grietas que le sorprenden, en los huecos que la bajamar ha dejado en su historia; deseé hacerlo con tal lentitud que nos iban a faltar horas para tantos besos, besos de pájaros, besos tiernos, besos de niños sorprendiéndose el uno al otro en un pajar con luz de luna. Al conocerla comprobé que era real, que respiraba, que miraba tan dentro que sabías, que ataba con un cordel su fantasía y la llevaba como un globo de los que daban los jueves en las zapaterías. Después nos despedimos y el milagro quedó ahí, creciendo, trepando por las ruedas de su autobús, por mi autovía de camiones. Este beso no puedo suplantar al que no nos dimos.(6) Siguió la sospecha, una vez que la llave entró en la cerradura de la puerta principal y encontró las ventanas cerradas, se dedicó a prender el pabilo de cirios amarillos que iluminaron los cuadros con escenas de caza, con retratos de serios señores vestidos de gris, cornucopias y, en mitad del aposento, la cama con una mujer desnuda que se sobresaltó ante aquella presencia inesperada, tapándose los pechos, buscando su combinación de seda, una puerta, un arma, una huida del hombre que se acercaba con gesto amenazante. Por ejemplo, o. La mujer vestida de perfume, buscó su pijama mientras el intruso se acercaba. Detrás de él, fotógrafos, abogados, periodistas. Y ella, la otra, su pérfida rival. Supo que estaba perdida y afrontó el escándalo con una mueca de desprecio, con su cuerpo desnudo indiferente ante los flashes de los reporteros. O también.. El reloj del salón acababa de dar la diez. La mujer despertó a la cuarta campanada. Con ojos aún nublados de sueño, no reconoció aquella espalda, ni los largos brazos del hombre que yacía a su lado. Con un gesto pudoroso se cubrió los pechos y busco a tientas su ropa. No sabía quién era aquel hombre y mucho menos donde estaba. Bajo una jarra con agua en la mesilla de noche, dos billetes arrugados. Esas cosas. Misterios de la palabra escrita, trazos negros con florituras de mariposa, alianzas con la fantasía, rutina de los días con relojes, con horarios inflexibles, con cordones al cuello, con necesidad de creer que hay otras posibilidades, otros caminos, una mirada bajo la alfombra, flagelarse la espalda con escritos llenos de mentiras, de verdades imaginadas, de necesidad de inventar lo que no. Ilusiones. Lluvia de gallinas desbordando la tinaja bajo los agujeros del tejado. Alrededor de la cama caballos invisibles piafan y agitan las crines húmedas por el sudor, cocean a un imaginario caballero, trotan por las nubes formadas en los sueños de una mujer desnuda, dormida, abandonada sobre las sábanas negras. Desde la ventana, un hombre, real, la mira y en sus ojos baila el deseo. Al fondo suena un piano.(7) Metonimia de la sospecha que se transforma en lucidez, lucha de Ceres y Venus, la colección de mascarones de Neruda en la playa Negra, aromas de tabaco verde, percepción de que los relojes atrasan, las seis, las cinco y cuarto, luego las cuatro y media, luego las dos, horas de luto, ansia de larga duración, la idea constante de la mujer en una baño luminoso y vacío, barrera superada de encajes de Bruselas y corchetes, el agua deslizándose por su pelo, por su rostro, por su pecho, acariciando su sexo, ojos en las rendijas, observando, las enredaderas del deseo aprisionando sus piernas detrás de los biombos, las grietas de las paredes filtraban el sonido de un clavicordio, rubor en su oscuridad de mirón, flores rojas de Pascua sobre la mesa, perfumes de lavanda, de vetiver, el vaho de la ducha envolviendo el desconcierto por la piel desnuda, curiosidad adolescente, alivio compulsivo, sensación de culpa, de soledad, búsqueda del abrazo desatado, entrar en esa estancia de amor, miriñaques blancos, cintas de amaranto, largas faldas con botones de damasco en la cintura, flores de terciopelo rojo en los muslos, camisas con encajes, el fulgor de otra mirada, enfrente, alguien más miraba, un rival, un enemigo, quizás un criado, un noble, un hombre emboscado, el pequeño cuchillo imaginado en la mano, celos de niño malcriado, absurda propiedad de nada, código de un honor inexistente, tribunal sin jueces ni testigos, guirigay de sentimientos nuevos, descubrimiento de la dependencia de otro cuerpo, ser guerrero siendo mozo, luchar sin batalla declarada, ser enemigo antes de buscar alianzas, rendirse a la hermosura de una hembra desconocida, besos al mármol del baño, al aire, frustración del regreso a los estudios, a los deberes de muchacho aplicado,-¿qué haces aquí?¿me espías?- y la hermosa mujer pasa a su lado envuelta en toallas blancas, el pelo en un moño, los pies mojando las zapatillas bordadas en falso oro, un mohín de desprecio, orgullosa y cruel deja deslizarse levemente un dedo por el escote, el contoneo de las caderas ocultas por el tejido rizado provoca un incendio en las mejillas del joven que corre ya por los pasillos, avergonzado, vencido, no sabe que la guerra en su cuerpo no ha hecho sino empezar.(8) Desde el extremo de un trampolín arcaico, mirando la piscina, ahí abajo, salto del ángel con doble tirabuzón, miedo al choque con la superficie, con la realidad, vuelo y esta vez no con la imaginación, nadador de travesías por costas asesinas, ola arriba, ola abajo, ahogados en playas concurridas, la muerte no discrimina, está de moda morir, esta vez no era una ilustración de revista surfera, la mano agitándose entre la espuma como en un grabado antiguo, tantas manos pidiendo auxilio, siempre se lanzaba a la resaca, seguridad en sus fuerzas, o inconsciencia, brazadas por la marea, moluscos en las piernas, no había aplausos, soledad húmeda de mercurio, el que estaba en apuros en un extremo del cuadro, él en otro, respiración fatigosa, pesadez en los brazos, acercarse con palabras tranquilizadoras, como ahora, ha pasado demasiado tiempo de todo, todo está lejos, todo es ayer, todo recuerdo, no sé que hago enfrascado en esta absurda colección sin sentido si lo que quiero es estar con Ella, acurrucado entre sus brazos, volver al paraíso del amor, aunque ni siquiera sé quién es Ella, ni siquiera sé quién soy yo, escribiendo esta absurda retahíla en un tiempo de navidad con frío en el pecho, con decir una cosa y lo contrario, ¿sabes?, es un buen momento para hacer balance del año que se va, otro, coleccionar horóscopos, arcángeles disecados, alhajas de sentimiento alrededor del nudo en el corazón, aquí seguimos mirando el horizonte imposible, una línea se apoya en mi pie, el otro se apoya en una liebre que da vueltas en el fondo del ojo de un rey destronado sentado en un meteoro, fiebre de arqueros apuntándose los unos a los otros en una guerra dominical de egos inflados como peces inflados, con burbujas en columnas de a uno, dos pasiones, tres instantes de tedio, cuatro violonchelos encendiendo el miedo a dormir sólo, noche tras noche.(9) Como noche tras noche soñando con su cara tan bella, su voz en mi oído, sus caricias, su dulzura, su mirada, su cuerpo que me turba, sus palabras, su sabiduría, sus errores, su constancia, su lucha, su sentido de la vida, sus recuerdos, su presente, sus proyectos, su trabajo, su distancia, sus lágrimas, su deseo, su pasión, sus labios, su mano en la mía, sus cartas, sus abrazos, sus emociones, sus sentimientos, sus renuncias, su historia, sus silencios que son uno sólo –el silencio-, su determinación, su genio, sus conocimientos, sus posturas, aquella mirada sorprendida al cruzarse con la mía, su paciencia, su resignación, su aceptación, su pecho donde dejé todos mis secretos, su fumar compulsivo, su tos, su cuello, la curva de sus caderas, verla sentada mirando al mar, verla de pie esperándome, verla tumbada, su sudor juntándose a mi sudor, su curiosidad, cómo me pegaba riendo, su paciencia, su calma, su cabeza saliendo entre las sábanas, su manera de caminar sobre las piedras de la playa, sus celos, su seriedad, sus suspiros, sus gemidos, sus miedos, su valentía, sus pómulos de india, su pubis, su nariz, su frente, cuando volvió de Argentina, de Turquía, de Londres –cada vez-, cuando no volvió, cuando se iba, Barcelona, Madrid, Valencia, cuando no estaba preparada, cuando lo estaba, cuando le tocaba y sentía en ella rumores de fuentes, cuando me abrió la puerta de mi mundo oculto, cuando me curó la ceguera, cuando me salvó, cuando me condenó, cuando fui otro, cuando toqué el cielo con los dedos, su pelo largo, su pelo corto, muy corto, blanco, caoba, negro, ella pintándose delante de un espejo, duchándose, orinando, dándose cremas, ella sentada en el suelo esperando que abriesen una corsetería, apoyada en la biblioteca, corriendo desnuda por la playa, en cada momento del tiempo que vivimos juntos, mi amor flotando en lo imposible, en lo inalcanzable, en el limbo de los sueños no conseguidos.(10) Nocturna y solitaria lucha, lengua dolorida en añoranza, los pies en tinieblas de entierro. Brazos en cruz, lluvia de párpados, aúlla la noche que palpa el filo de navajas en celo. Saber decepciona. Viajar al extremo de una estrella, con flores de piedra, ríos infinitos, dioses burlones desgarran anhelos. Tiránica ley de gemidos, luna obstruida de pájaros estancados, perros que muerden sus alas marchitas. Recorrido eléctrico por estancias sucias, dolor de entrañas, lamentos de espinas. Saber es amargo. Esto no es un final, apenas he empezado, esta ha sido la metonimia de la sospecha pero aún no he aclarado gran cosa, algo busco en el centro de mi mismo, algo que explique y justifique, que de sentido, impulse, que acompañe el viaje hacia la nada. Últimos días de un sueño roto, puedo escuchar la risa bajo la tierra de la ausencia. Y los lamentos. Este es un tránsito hacia la lucidez.(11)



Fin.



(Todas las ilustraciones: Anthony Zinonos)


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