Preparàndose para el eclipse

viernes, 13 de marzo de 2009

¿De qué color es la nieve?





Escribo
pienso
leo
traduzco veinte páginas
oigo el informativo
escribo
escribo
leo.
Dónde estás
dónde estás.

Idea Vilariño




Lucían las estrellas en una noche continua.

El viento de la nostalgia no le impidió volver y caminó por las calles sentimentales de su adolescencia. Allí, sentado junto a la fuente, recordó el brillo de unos ojos y el aroma, el crujido de la seda entre sus dedos, las lágrimas al partir.

No, no fue él -no directamente al menos-, pero las voces le acusaban, cuchicheos de las mujeres vestidas de negro, dedos invisibles le señalaban, los rumores y aquellos carteles colgando de los árboles del paseo nuevo.

Fue él quien se perdió en el túnel, llorando, con los brazos en cruz.

¿De qué color es la nieve?


jueves, 12 de marzo de 2009

No fue él quien esparció sal en los rosales.





Entre tus brazos
entre mis brazos
entre las blandas sábanas
entre la noche
tiernos
solos
feroces
entre la sombra
entre las horas
entre
un antes y un después.

Idea Vilariño


En su memoria se confundían jardines y conciertos de oboe, héroes y pergaminos, trágicas fábulas y confesiones ocultas bajo las piedras.

En sus sueños veía nigromantes dibujando el firmamento de los muertos y casas viejas habitadas por pintores, artistas que fabricaban mundos nuevos al Sur, siempre al Sur.

Todo siguió su curso hasta el hastío, hasta el préstamo.

No fue él quien esparció sal en los rosales.


miércoles, 11 de marzo de 2009

No fue él quien envenenó el arroyo.



Lo que siento por ti es tan difícil.
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.
Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.
Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.
Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.

Idea Vilariño


Era viejo o no era nadie, eso parecía al menos por su hábito de ser otro, otros, actor de arrabal, alguien que jugaba sobre el escenario de cada día, emperador o tártaro, jinete o tullido mendigando en las esquinas del ocio.

Frecuentaba iglesias y lupanares, mercados griegos regidos por absurdas leyes y grandes pajareras con alondras. Se vestía de música amarilla y tambores.

No fue él quien envenenó el arroyo.


martes, 10 de marzo de 2009

No fue él quién mató al unicornio.



Buscamos
cada noche
con esfuerzo
entre tierras pesadas y asfixiantes
ese liviano pájaro de luz
que arde y se nos escapa
en un gemido.

Idea Vilariño


Era joven, o lo era el animal que se agitaba inquieto en su pecho.

El fluir de sus palabras trazaba un bosque fantástico, nuevo, no imaginado antes, con luciérnagas enredadas en la niebla de los zarzales.

Hombre diferente que hablaba lenguas de bronce, que rasgaba con una espada de conocimiento la oscuridad de las claves, el reflejo de los espejos, el descanso de las siestas de mayo.

No fue él quién mató al unicornio.


lunes, 9 de marzo de 2009

Mis cartas labriegas.

Con la boina en la mano, de pie bajo un árbol sagrado juro solemnemente que tu presencia me llena de una alegría tan densa que tal parece que estoy dentro del sol, reverberando como un rayo entre las nubes que filtran los ultravioletas, los gamma y esas cosas de rayos que no entiendo demasiado, excepto el (rayo) que no cesa, el (Rayo) Vallecano y el (tuyo) que me atraviesa el corazón que tuve, que ando desde entonces torcido como un lisiado del alma, sin saber donde piso ni a quién, renqueando como un labriego vestido de domingo con la corbata al viento y el corazón atado con cuerdas, envuelto en papel de periódico con manchas de salchichón y vino del viñedo de Paco, que ya sé, ya, que después de la cara que se te ha quedado, tan triste, no tengo derecho a escribirte cosas livianas pero ¿qué quieres? si hace falta me pongo una nariz roja y te bailo vestido de esquimal como José Isbert en “Historias de la radio” o como Anthony Quinn haciendo de Inuk o como yo mismo que quisiera estar contigo dentro de un iglú hasta derretir las nieves polares con nuestros arrumacos y pajareos, gorrión guapo con pendientes de niña y mirada de mujer profunda, con pantalones que ciñen tu culo de Silvana Mangano en Arroz amargo”, culo irrepetible, culo para llenarlo de caricias, culo sentado durante tantas horas al día que solo un milagro celestial hace que no se te quede plano y, para vernos, saca horas de dónde no las tienes o sí, no cenes, no comas, aliméntate del aire, aire (...y tú viviendo con ella jamás la tienes, aireeeee... canción de Alejandro Sanz y Ketama) y algo habré de hacer antes que soportar otra vez tu tristeza que me pongo ahora muy serio y te digo que no, mi vida, que no quiero estar así, que prefiero que me mandes a paseo, que no quiero camelarte como un ligón del tres al cuarto con zalamerías (aunque me salgan de tan hondo que me asusta no ver el fondo de mi alma ¿desde donde me salen? , ¿de qué sima de amor tan dentro de mi pecho?) con visitas a tu consulta que compruebo que son inoportunas, que no quiero más que llenarte de alegría, de felicidad, darte sonrisas, llenarte la cabeza de lo que de mí te pueda servir, humilde que no lo soy, que me recojo como un peregrino hacia Santiago, que te acompaño desde mi cabeza por ese trayecto tan largo hasta Berlín y tus tres colegas hablando de esto y aquello y pásalo bien, mi vida, no te pongas triste ni un minuto por mí, o por ti, o ya no sé pero no puedo estar toda la vida sin saber, decepcionándote, no llegando a las expectativas mínimas, máxime cuando tu eres tanto, tanto y por lo menos sabes que soy un enamorado incondicional que está loco por ti pase lo que pase o no pase o tiempo, aquí sigo, al pie del cañón, rotundamente ebrio de amor por ti que has cambiado mi vida, aquellos cafés inofensivos trajeron estos amores que no van ni para adelante ni para atrás, buen viaje, señora doctora de mi pueblo, te quiero, no le saques muchas faltas a mis letras, te escribo desde el bar de la plaza, los mozos me miran raro. Vuelve.






domingo, 8 de marzo de 2009

Se me juntan y no sé cómo seguir.

Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo. Albert Camus.



De buena mañana está caminando a paso rápido hacia la zona del matadero, junto a la ría. La noche ha sido muy fría y debe pisar con cuidado en las zonas donde aún hay hielo. Está bien abrigado, un gorro de lana le cubre la cabeza hasta las orejas y el grueso chaquetón no le impide llevar una buena marcha. Apenas se cruza con nadie, la helada ha desanimado incluso a los habituales merodeadores de la ribera. Llega a la zona donde estaban las grúas, es entonces cuando ve las piernas inmóviles, desnudas, asomando bajo los matorrales…


O.


A lomos de un elefante atravesamos la selva disparando a loros y monos. Partida de caza con sangre en la uñas. Entre las ramas, criaturas invisibles chillaban como niños abandonados. Cuando escuchamos los rugidos, tan cerca, comprendimos que nosotros éramos la pieza y temimos, abandonamos las armas y corrimos para salvar nuestras vidas...



O.

El náufrago tenía los cabellos blancos bajo la boina, no hablaba, acodado en la ventana del bar su mirada se perdía en el agua quieta del puerto, en su cabeza bailaban la tormenta y una sirena…


O.


Desde hace años, Manuel vive solo, con su gata.
Cuando vuelve a casa, la gata le dedica dulces maullidos y se restriega en su pantalón.

Una tarde, Manuel invita a una amiga. Le está prepara una cena deliciosa. En un momento se da cuenta que no tiene cervezas. Baja a comprarlas.
La gata merodea por el comedor. Se acerca a la muchacha. Se lanza a su rostro y le propina arañazos y mordiscos de forma salvaje. La chica, indefensa, intenta protegerse la cara con las manos.
Cuando vuelve Manuel se encuentra con este terrible espectáculo, llama a una ambulancia y se lleva al hospital a su amiga, herida, aterrorizada.
A partir de esa noche la gata no come y se deja morir.
Manuel se queda solo, sin gata y sin amigas, ninguna quiere ir a cenar a su casa.
También decide dejar de comer. Se muere, claro.

Esta historia es casi cierta…



O.

S se cortó el pelo un verano. No se cortó la cabeza por pudor. Algo así. Como ha pasado mucho tiempo no recuerdo si lo que se cortó fue la cabeza y se dejó largo el pelo. En cualquier caso ambas acciones fueron simbólicas y lo que si cortó fue el puente, sus pilares, se bebió el río, borró el paisaje con un dedo, cubrió la historia con una lona embreada y la echó a un pozo negro.

A veces, cuando paso miro ese pozo, ya han dejado de salir bichos, no se escucha el eco de suspiros, la calma ha vuelto al valle…


Deixeu-me estar con ara estic:
sol amb l'amic
que he anat fent de mi mateix.

Joan Vinyoli



sábado, 7 de marzo de 2009

Mentiras para un sábado.


A l’intérieur de la ville: de jour
[…]
Les gaillards les plus étourdis sont les bravaches nouveaux-morts.
Ils vont brandissant leurs épées comme des soldats en congé
Qui soupirent vaillamment après la guerre.
Il n’y a rien de plus épatant, de plus exquis,
Dans tout ce répertoire de bizarreries lugubres
Que l’adresse du sabreur en train d’équilibrer
Un sujet difficile à la pointe de son épée.
Le grand feu de joie au beau milieu de la place
N’est pas un spectacle pour faire perdre votre temps;
Là on brûle les sujets les plus insignifiants.
Tout près, sur la colonne, on isole un à un
Les citoyens sans reproche, les êtres ennuyeux.
Souvent, un mois entier s’écoule, avant que le pieux
S’extasie du martyre, pour faire place au prochain.
Mais, à vrai dire, ce sont des niaiseries
Auxquelles ne s’intéressent guère les morts eux-mêmes—
Comme dans les journaux des pays étrangers
On ne trouve pas des traités sur les mœurs indigènes.

(The Poems of Laura Riding)

Algunas veces la he recordado, no demasiadas, la verdad, no al menos en los últimos tiempos.
Me porté mal con ella, es cierto. Más por inmadurez o miedo que por otras causas. Me ahogaba en esa relación. Ella quería casarse pronto, tener muchos hijos. Su madre vendría a vivir con nosotros. Yo quería disfrutar, salir con mis amigos, conocer a más personas. Además nuestros gustos eran dispares en cine, en música, en literatura, ella quería llegar virgen al matrimonio, yo ya no.

No supe controlar el desarrollo del noviazgo. Para cuando me di cuenta ya estábamos metidos en familia, yo era tolerado en su casa, ella era una hija más en la mía. El tiempo pasó sin darnos cuenta. Mi destino era el traje gris y los fines de semana en su pueblo. Fue entonces cuando conocí a Elena.

El resto es una historia gris, sucia, de la que no me siento orgulloso. Lo hice todo al revés, no supe, me equivoqué, fui desconsiderado, torpe, un tonto.

Pagué por ello, comencé a beber, tuve problemas de salud, durante años tuve remordimientos. Luego el tiempo pasó y la vida siguió su curso. Me enteré que se había casado, que había tenido dos hijos, que su madre había muerto. Después silencio, a pesar que esta es un ciudad pequeña apenas nos vimos una o dos veces, de lejos, sin hablarnos.

Hoy nos hemos cruzado, de frente, no la he reconocido, ella me ha llamado. Ha sido una sorpresa. La he invitado a tomar un café. Hemos charlado. Me ha contado que se quedó viuda, que sus hijos son ya mayores y están estudiando fuera, que me ha recordado muchas veces, que me porté mal con ella, que no me guarda rencor. El tiempo no ha sido amable con sus caderas, con su peso, con su rostro.

Una vez pasados los primeros momentos, con más confianza, le he contado de mi matrimonio, que no hemos tenido hijos, de mi trabajo, la muerte de mis padres. De pronto, para mi sorpresa, me ha interrumpido, ha puesto sus dedos en mis labios y me ha dicho “vivo aquí al lado, seguiremos hablando allí”. No he sabido decirle que no y lleno de curiosidad la he seguido.

Nunca había hecho el amor con una mujer de esa edad. Tampoco yo había tenido nunca esta edad. Aún así esta nuestra primera vez ha sido grata. Obsequiosa, me ha traído un café a la cama. Me he adormilado. Siento un roce en los muslos. Me despierto y estoy en una playa. Algo negro asoma en la arena. Me arrodillo y comienzo a desenterrarlo. Tres gaviotas bajan a ayudarme. Varias horas después asoma una mano con el dedo índice extendido. Sigo sin descanso ayudado ahora por un cangrejo gigante. Con sus grandes pinzas el trabajo avanza y sale un brazo negro. Pasan los días y, aunque no como ni bebo, no noto signos de fatiga, empeñado en saber a qué o a quién pertenece esa extremidad. Mis dedos se han fortalecido y canto mientras compruebo que la estatua - porque es una estatua-, es muy parecida a la de Colón en Barcelona. Justo cuando veo su rostro – sí, es Colón- se abre el cielo y aparece el arco iris, multitud de querubines tocan sus liras y varios delfines aplauden desde detrás de una ola con surfistas rubios y tiburones morenos. Hermosas hawaianas con collares de flores se cimbrean y bailan al son de rítmicos ukeleles. Una morsa habla con un pirata con el kit completo de pirata, a saber, pata de palo, loro en el hombro, garfio, barba, larga espada, parche en el ojo, gorro con una calavera con dos tibias bordadas en lo más alto. Ni rastro de ella que ya no sé quién es ella, ni yo, ni toda esta parafernalia mezcla de un escenario de película antigua y un castillo tenebroso en el que entro de la mano de un señor bajito y sonriente de grandes orejas que me mira con lástima y con un gesto me invita a pasar a una sala con amenazantes instrumentos metálicos, destornilladores, gubias, berbiquís, sacacorchos, tenazas de diferentes tamaños, exprimidores, martillos, cosas así. Aparece un coro de mujeres ataviadas con trajes regionales de no sé dónde y cantan y cantan sin parar con voces desafinadas. No puedo soportarlo y corro por un pasillo estrecho y oscuro, en un cuarto hay una cama, agotado me acuesto y a mi lado yace ella que me mira sonriente y dice:”pues no era para tanto, eres un pésimo amante”. Entonces me levanto, me visto, beso su mano ya bajo las escaleras con paso vacilante. Es de noche y pienso qué excusa daré a Conchi para llegar tan tarde.


Tenía tantos deseos de acostarme con ella que me he inventado esta historia, este final y posiblemente el principio.


En otro momento contaré la verdad.


viernes, 6 de marzo de 2009

La que oye.

Las tres palabras más extrañas.

Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.


Wislawa Szymborska


No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No, que no. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. Sí lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. Solo yo entiendo lo que no entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. Me cortaré una oreja.


jueves, 5 de marzo de 2009

Hace unos años.


Supongo que en un país de la América pobre se puede creer o dejar de creer en Dios y en el hombre igual que en cualquier otra parte del mundo, pero quizás aquí las circunstancias, siempre extremas, hagan que estas pérdidas o estos hallazgos de la fe resulten más sobrecogedores que en otros lugares. Yo me hice cura por mi tío Zacarías, el tío rico con quien tuve la suerte de contar. Quizás rico no era, pero más dinero que todo el resto de mi familia sí que tenía. Fue él quien me dijo una vez, siendo yo niño:

-Diego, ¿crees en Dios?

-No lo sé, señor.

Era el único a quien llamaba "señor", quizás porque en aquel entonces sólo a él conocía que tuviese pistola y que me daba de comer de cuando en cuando.

-Diego -siguió preguntándome mi tío- ¿tienes hambre?

-Mucha, señor.

-¿Y si para comer tienes que creer en Dios?

-¡Yo creo en Dios, tío!-casi grite, esperando que de esta forma aliviase el hueco de mi vientre.

Así comenzó mi aprendizaje de la fe cristiana. Poco después de esa conversación, mi tío hizo que me ingresaran en un seminario, donde comí lo suficiente y vestí bien y estuve protegido de tantos males que acechan a la gente pobre de mi país. Aprendí a vivir con comodidades que nunca hubiese tenido de otra forma, aunque no logré creer en Dios, a no ser de boca para afuera. (Los Resucitados.//. José Manuel Fernández Argüelles)


Hace unos años - ¿tres?¿cuatro?- ya, encalé con poético espesor la pared informe. Me dispuse a defenderla de las serpientes después de la lluvia, del chillido de los vencejos antes de septiembre, de los planos y niveles de la nostalgia aún no vencida (cautivo y desarmado, etcétera).

Enfrascado en estas tareas y en otras no menos importantes, descuidé el riego de los relojes, el riesgo del murmullo detrás de la línea donde rompen las olas y, sobre todo, el cultivo de mis jardines y facetas menos conocidas (por mí mismo).

Han pasado los meses, sin orden ni concierto, tan pronto era mayo como noviembre. El vengador está ahí, emboscado, trata de esconderse en lo oscuro pero puedo ver sus movimientos entre las ramas de la higuera. Aún así he clausurado la muerte, es la hora de la vida plena (he enterrado a S como Tarantino a UmaThurman).

Juré que no lo contaría jamás, pero mi elección no es silencio, coloco velas cada medio metro del borde del misterio, espero la noche para encenderlas, para recordar al adolescente que fui (vano empeño, soy un hombre, libre pero lejos de aquel).

Y los días caminan al borde de un río luminoso, en el polvo quedan las huellas de la fortuna (llevo la relación de los milagros como cuentas de un collar de perlas, estoy seguro que nunca volveré allí).


miércoles, 4 de marzo de 2009

Mensaje.


Esperanzada, envío este nuevo mensaje que ignoro si llegará a tu poder.

Esperamos con fe que Luigi haya podido pasar la frontera. La noche pasada no han caído bombas en el barrio, sólo se han escuchado explosiones lejanas y un tiro perdido en la plaza. Hemos sentido gritos en el bloque de al lado, después silencio. La mañana ha amanecido tranquila, con nubes bajas y bastante frío.

Tenemos miedo que regresen. Los niños están muy asustados y la abuela no para de llorar. Apenas nos queda algo para comer y no encendemos fuego para no delatarnos. En cualquier caso estamos animados y esperamos que para octubre todo haya pasado. Ya no podemos seguir los partes en ninguna emisora por que se agotaron las pilas de la radio. No sabemos cómo evoluciona el conflicto. Hay demasiada sangre y horror en esta tierra. Después de veinte años he empezado a rezar, he vuelto a mirar al cielo. Creo que alguien, al final, tendrá piedad de nosotros y podremos escapar. Te recuerdo cada minuto. Quisiéramos estar ahí, contigo.


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