jueves, 9 de diciembre de 2010

Oración para antes de irse a la cama el miércoles por la noche





¡Qué sorpresa tu cuerpo, qué inefable vehemencia!
Ser todo esto tuyo, poder gozar de todo
sin haberlo soñado, sin que nunca
un ligero esperar prometiera la dicha.
Esta dicha de fuego que vacía tu testa,
que te empuja de espaldas,
te derriba a un abismo
que no tiene medida ni fondo
. ¡Abismo y solo abismo
de ti hasta la muerte!
¡Tus brazos!

Carmen Conde (1907 - 1996)

En este final de puente quiero escribirte así, como al descuido, fingiendo que no es a ti, que no te veo, que me escribo sin querer, que me contemplo, que tú eres un pretexto, nada más, nada menos, que acumulo palabras sin sentido y la emoción ha huido tras las sombras de otras voces como arena, de otras personas, con otros rostros, con otros recuerdos que también me duelen, que tú no estás ahí y que todo esto es mentira, me lo invento para pasar las tardes, para llenar de frases el vacío de no verte o por eso. Aún así te escribo, exponiéndome a esa cara de loco que se te pone cuando estás enfadado.

Si me pusieran delante el mapa de tu cuerpo, no sabría buscarte el corazón con el dedo, no sabría. Si pusieras tu sonrisa frente a mí, no podría medirla, ni abarcarla, ni hablarte, tal vez, ni comprenderte. O quizás sí, pero no hay tiempo, ni espacio, ni medida. Sólo puedo hablarte así, en la distancia, esparciendo oraciones al viento como una monja ciega sobre el acantilado del invierno.

También puede ser que trate de engañarme en mi confusión, en los sentimientos tan intensos que me inspiras.
A pesar de todo.
Y este “todo” es eso, todo.

Prisionera ahora, ya, escribo para matar otros ecos, otra realidad más cercana, que me agobia, que me muerde por dentro y me lastima.
Una vida que se me queda corta.
El mundo es tan grande.
El tiempo es tan escaso.
Quiero ir.
Y venir.

Están los límites y...y...el ayer se murió y nos dejó este día que acaba ahora y a ti todavía te queda la diferencia y pensar que luego y te dejo este juguete que se me rompió hoy porque no puedo verte, ni intuirte, ni saber cómo hueles, o como ríes, o si tu piel es así, o si la curva de tus labios se pierde entre la barba, etc. Pero –ay- tu recuerdo me acaricia el corazón como esta tormenta que agita nuestro Bilbao festivo de noche de miércoles.

Aunque no era esto lo que quería decirte, o no sólo esto. Pero temo arriesgarme a tus iras de macho -jamás imagine que tuvieras tan mal genio-...
Es igual, quería que sepas que no sé, pero que siento... que...
Buenas noches, amor.

  

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Mario Vargas Llosa

" Cava sintió frío. Los baños estaban al fondo de las cuadras, separados de ellas por una delgada puerta de madera, y no tenían ventanas. En años anteriores, el invierno sólo llegaba al dormitorio de los cadetes, colándose por los vidrios rotos y las rendijas; pero este año era agresivo y casi ningún rincón del colegio se libraba del viento, que, en las noches, conseguía penetrar hasta en los baños, disipar la hediondez acumulada durante el día y destruir su atmósfera tibia. Pero Cava había nacido y vivido en la sierra, estaba acostumbrado al invierno: era el miedo lo que erizaba su piel. "

La ciudad y los perros (fragmento)

 
Miren, qué les digo, pensaba dejar para hoy miércoles, festivo acá (no sé si mi acá coincide con el de ustedes), un texto, otro, absurdo y aburrido (mi nivel está bajando tanto que la raya está bajo el agua de lo permitido), de aliño, de decir por decir, por no dejar este espacio vacío (la verdad, sé que alguien lo espera, pero es la rutina). Y resulta que he escuchado/leído el discurso de Mario Vargas Llosa al recibir el Nobel y me ha parecido tan bueno, me ha emocionado tanto, que se lo aviso, léanlo (aquí, por ejemplo) y escuchen como agradece a su esposa…bueno, mejor escúchenlo. 





Creo que aún no sabía leer y “La ciudad y los perros” me descubrió a Mario Vargas Llosa. Después “Conversaciones en la Catedral” me sorprendió con el estilo rompedor, nuevo, con el tema, serio, duro. “La casa verde” me despistó. “Pantaleón y las visitadoras” me hizo reír y pensar. “Lituma en los Andes” me gustó. “La guerra del fin del mundo” me pareció una gran novela. Me dejaba “La fiesta del chivo”, dura, impactante, magnífica.

Sus declaraciones de a veces, su trayectoria política me ha sorprendido, enfadado, alegrado, reconciliado pero ¿quién demonios soy yo para juzgar las opciones de nadie? (menos de quién no conozco).
En definitiva, que Mario Vargas Llosa me parece un gran escritor y que me alegro mucho que le hayan dado el Nobel. 

( y esas lágrimas me han emocionado) 



martes, 7 de diciembre de 2010

Parker y la contradicción.

Mira, ha entrado mayo,
Ha extendido su párpado azul sobre el puerto.
Ven, hace tiempo que no sé de ti,
Se te ve tembloroso, como esos gatitos que ahogamos siendo niños.
Ven, y hablaremos de las cosas de siempre,
Del valor que tiene ser amable,
De la necesidad de arreglárselas con las dudas,
De cómo llenar los huecos que tenemos dentro.
Ven, siente en tu rostro la mañana,
Cuando estamos tristes, todo nos parece oscuro;
Cuando estamos fuertes, el mundo se desmigaja.
Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas,
Sea un secreto, un error o un gesto.
Ven y pondremos verdes a los vencedores,
Saltaremos desde el puente riéndonos de nosotros mismos.
Contemplaremos en silencio las grúas del puerto,
Porque estar juntos en silencio es
La mejor prueba de la amistad.
Vente conmigo, quiero cambiar de país,
Dejar este cuerpo mío a un lado
Y meterme contigo en una concha,
Con nuestra pequeñez, como los bígaros.
Ven, te espero,
Continuaremos la historia interrumpida hace un año,
Como si no tuvieran un círculo más
los abedules blancos de la rivera.

Kirmen Uribe



La mañana es fría, con un limpio cielo azul, el día perfecto para eliminar a Pedro. Como por la tarde no podrá escribir, Parker maquina la forma más elegante de prescindir de quién le inventó. Durante semanas lo ha estado pensando, está aburrido de ser un personaje sujeto al humor del aprendiz de escritor, quiere la independencia.

Consulta con personajes de ficción de otros blogs, con protagonistas de seriales, de cuentos, de sueños, de historietas, de comics. Llega a varias conclusiones, necesita una bandera, un himno y fronteras. Tiene el motivo, el hastío por repetición. También tiene el enemigo, Pedro. Solo necesita un arma. Recorre varias armerías y en todas le niegan pistolas, navajas, tijeras. Decide matarle a mano. Le esperará escondido en el río, cuando baje a beber se lanzará sobre él y dará fin a esta historia que dura demasiado.

¿Acabará con él?
La solución, mañana.







lunes, 6 de diciembre de 2010

Silencio


«El aburrimiento es, en cierto modo, el más sublime de los sentimientos humanos. No es que yo crea que del examen de tal sentimiento nazcan aquellas consecuencias que muchos filósofos han extraído de él; sin embargo, el no poder estar satisfecho de ninguna cosa terrena, ni, por así decirlo, de la tierra entera; el considerar la incalculable amplitud del espacio, el número y la mole maravillosa de los mundos, y encontrar que todo es poco y pequeño para la capacidad del propio ánimo; imaginarse el número de mundos infinitos, y el universo infinito, y sentir que nuestro ánimo y nuestros deseos son aún mayores que el mismo universo, y siempre acusar a las cosas de su insuficiencia y de su nulidad, y, padecer necesidades y vacío, y, aún así, aburrimiento, me parece el mayor signo de grandeza y de nobleza que se pueda ver en la naturaleza humana. Por eso el tedio es poco conocido por los hombres de escasa importancia y poquísimo o nada por los otros animales.» [Giacomo Leopardi, Poesía y Prosa.]



Marie, durante largos días solo me llega tu silencio. Quizás estés de viaje, o retenida en algún aeropuerto perdido por la huelga salvaje de los controladores (¿?). Quizás hayas encontrado por fin el amor, el que mereces. Ya, sé que no tienes ninguna obligación de informarme, lo nuestro es apenas una relación epistolar, íntima pero lejana, tanto, de país a país, de continente a continente. Sin embargo nos hemos contado, nos hemos dicho, nos hemos jurado, la verdad no puedo estar sin saber que estás bien. No sé si te das cuenta de que si a ti o a mí nos ocurriera alguna desgracia jamás sabríamos qué ha pasado, que nos ha ocurrido, lo achacaríamos a un enfado, un cambio de humor, tú no te atreverías a llamar a mi hija, yo no osaría preguntar a tu esposo. Termina el domingo y aún no me has escrito, no me atrevo a llamarte por teléfono por si estás con él. Dime algo, dime que estás aburrida de mis promesas incumplidas, dime que no soportas más esta distancia, te juro que la próxima primavera iré a conocerte, créeme. Escríbeme, no lo soporta más, tu silencio.




Hoy, me he preparado (y disfrutado, claro) este plato. Sencillo y sabroso.
(Cortesía de David de Jorge)

ESPINACAS A LA CREMA CON POLLO SALTEADO

500 g de espinaca
Mantequilla y aceite de oliva
3 cebolletas frescas cortadas en finas rodajas
125 g de nata fresca
Nuez moscada rallada
Sal y pimienta
Pechuga de pollo
Huevos

Colocar las espinacas en un bol y cubrir con agua hirviendo.
Escaldarlas durante medio minuto y refrescar en agua con hielos para fijar el color.
Escurrir y cortar finamente.

Calentar el aceite en un sartén y dejar cocer la cebolleta fresca empapada en aceite durante 15 minutos hasta que quede pochada.

Agregar las espinacas, la nata fresca y la nuez moscada. Sazonar.
Llevar a ebullición y después dejar 3 minutos a fuego suave antes de servir.

Si se quiere, en el último momento, escalfar unos huevos encima y dejar que se hagan con la tapa puesta.
A la hora de servir, volver a rallar un poco de nuez moscada y pimienta por encima.
Saltear la pechuga salpimentada por los dos lados, cortar en tiras y servir sobre las espinacas.

domingo, 5 de diciembre de 2010

AENA expedienta a 442 controladores por el caos


Por Marie.

Broadway

El amor es un juego apasionante
y el mejor sustituto del amor.
De aquel amor inmenso, el amor único,
que uno halla varias veces por el tiempo.

El recíproco amor es lo más bello.
Lo sabemos los dos. Pero es muy grande
el vacío que se abre entre el amor
que se ha ido y el amor que aún no ha llegado.

¿Por qué llenarlo, pues, con la tristeza
si es posible colmarlo de sonrisas?

Si se ha ocultado el sol pueden los faros
del coche iluminar la carretera.
Mientras llega otro amor buscando el nuestro
juguemos, sólo juego, a enamorarnos.

Juguemos a querernos, sin querernos,
hasta el día en que alguno de los dos
vuelva a sentir amor por cualquier otro.
El amor es hermoso aun como juego.

José María Fonollosa.


Se herrumbra el ancla melancólica allá en el fondo de anémonas y deformados peces con antenas, un fondo sin luz, sin referencias, con tiburones rastreando entre las piedras pardas, raíces de Atlántidas que no conocimos y el silencio. No se puede descender sin riesgo de colapso en la esperanza, de golpe al esternón de un barco hundido, aquel que transportaba especias, anhelos, esclavos del placer, encadenados, timoneles enfermos de lujuria, marineros con pendientes de coral, corrientes submarinas que transportaban celos, mustios placeres, lentos movimientos de buzos hostiles, de ansia extranjera, caía despacio el imposible retorno, bajo el agua no hay invierno.


Lánguida Marie, hermosura, imaginas que mi lengua te recorre, te estremeces en el lecho, desmadejada, como náufragos braceamos en el agua lenta y taciturna de un imposible idilio. Dame el confuso sol que nos caliente, el bebedizo que nos vuelva a la infancia, las escenas que guardas en la memoria inquieta, imágenes confusas en el destierro de nuestra distancia. Sentados en el ocaso junto a la fuente de cuatro caños hablamos de tu antigua rabia contenida, del óxido de la derrota, de la victoria de tu constancia, de soledades próximas, de rescatar el mundo sobre el que tenías derecho, de conquistar olores y sabores, colores que te fueron negados. Descubres en un laberinto de emociones el mundo que te era ajeno, descubres palabras que descorren la cortina del placer, aprendes, sientes, vives. No quieres defenderte, no lo necesitas, la epidemia está controlada y miras al destino directamente a los ojos. Erguida en un cerro, cercana, con un estandarte blanco, tu vida te pertenece


sábado, 4 de diciembre de 2010

Por mí.

 
68. Dejé que tu mente entrara en mí
por culpa de la soledad.
Fui un hogar para tu visión.
Pero no podría serlo dos veces.
No pises tu sombra,
no pises mi escoba.
Yo mantendré tu sombra limpia.

Leonard Cohen

Pasan los días, trastabillados, sin la intensidad ni turbulencia que aventuró el augur. Pasan sobre ascuas, silenciosos, época oscura escondida en un arcón, en los cajones del orgullo herido, por decisión propia me acomodó en los recuerdos, me enrosco en la prudencia de haber sido, de estar, de saber que detrás de la pared de hoy no hay nada. 


Te envidio, Marie, envidio tu mirada limpia, tu candor, la fuerza de mirar el luego, verlo, modelarlo con tesón, con caricias de seda, sin desmayo, ser tú, tan libre, así, como eres.



viernes, 3 de diciembre de 2010

Por mí (y por Marie).

La lenta máquina del desamor,
los engranajes del reflujo,
los cuerpos que abandonan las almohadas,
las sábanas, los besos,
y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo,
ya no mirándose entre ellos,
ya no desnudos para el otro,
ya no te amo,
mi amor.

Julio Cortázar.



Tomo el pulso de este otoño de hojas y ceniza, de árboles muertos y la lluvia, inclemente, azotando los amores rotos, rompiendo la imagen de sueños imposibles, incumplidos, derribándose como un castillo endeble, suena el viento en el bosque de diciembre, lo llena de remordimientos agrios, busco el sol en la noche, lo imposible, dioses inquietantes agitando un mundo inseguro, hostil, me duelen los riñones desde que aprobé el cursillo de genuflexión, me duele el alma desde que sé que la tengo, aspiro la fragancia del deseo, una voz inaudible me inquieta, no la entiendo, afilo las orejas y un siseo me vuelve a lo de ahora.

 Sigmar Polke, Menschenbrücke, detail, 2005

Bella Marie, quedándote desnuda aún vestida, mirándome a los ojos mientras el mar furioso se lleva la playa, las marismas, las garzas que anidaban en la bruma, tiendes las manos al sentimiento que nos baña, te das, te defiendes, te bajas del tren en la estación del miedo, levantas murallas ante tu carne despierta, sigues el cauce de la húmeda culpa, no dejas que se enturbie lo que es, lo que fue, antes del miedo, antes de ser otra, la que eras. Eres. 



jueves, 2 de diciembre de 2010

Por mí y por todos mis compañeros (y por Marie).

Spoon river, Euskadi

¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes,
y por qué hemos matado tan estúpidamente?
Nuestros padres mintieron: eso es todo.

"Suma de varia intención" 1987
Jon Juaristi.

 (Odd Nedrum)

Nos encontramos por azar en una calle, en lo viejo. Ignacio me dice que aún conserva las cartas que le mandé a Esmara, los dibujos de peces, grecas retorcidas, amistad en versos de ánimo, papeles amarillos pero vivos. Me confiesa que vendió los sellos en la Plaza Nueva, un domingo de julio, cuando veía bichos, arañas, después de la caída, en la cárcel del alcohol, delirium tremens, en un año envejeció cuatro. Reincidente, abrazados en el vino recordamos, otro siglo, hace ya, nos contábamos el ansia y los amores, los compartíamos, la nostalgia nos envuelve, su enfermedad, su primera mujer, la segunda, la que ahora ama, los hijos que no ve, aún no es abuelo, no lo sabe, se tornan desabridos los recuerdos y brindamos por los niños que descubrían el mundo desde un campanario en Córdoba. 

 Dulce Marie, no me quisiste nunca, te gustaba, quizás, lo desenvuelto de mis besos, que te cantaba al oído, que te enseñé a jugar al ajedrez, el jaque mate, me enseñaste el poster de los Beatles de tu cuarto, con naturalidad, llegó tu padre y no pasaba nada, era imposible, bailábamos y esa era la máxima cercanía. Con todos mis respetos, maldigo la virginidad que defendías.




miércoles, 1 de diciembre de 2010

Visión borrosa en un espejo de mano.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.

Césare Pavese.
(Versión de Carles José i Solsora)

 
El oftalmólogo de Palermo, muy serio, dice: “Aplíquese Colicursí Tropicamida desde las diez de la mañana, cada media hora. Cuando tenga las pupilas dilatadas comprobaré en el fondo de sus ojos si las lentes bifocales enfocan correctamente en dos o más direcciones o si su mirada se pierde en fuegos artificiales”. 

Con esa disminución de mi capacidad visual pienso en cómo me arreglaré hoy, quién me guiará. Con las manos en los bolsillos del batín me dedico a tambasiáre, que dicen aquí en Sicilia, pasear por hacer nada, Marie en la proa de mis recuerdos. 

Todo está borroso y esta vez son mis ojos. El perro negro ladra a mis pies pero hoy no podremos salir a pasear.

Voy a dejar los dedos tocando el cristal empañado para que desde la calle sepan que sigo aquí, aunque apenas vea. Acumulo recuerdos de momentos sencillos para dar sentido a la materia, al cuerpo, al amor que dejé antes de venir al sur. Sé que el monstruo me acecha, están esperando que se vaya el sol para salir, no les temo, ya no. Sé que voy a morir, pero no todavía.



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Bilbao, Euskadi
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