Armando Veve

miércoles, 20 de octubre de 2010

Monos.

  Lunes. La nueva criatura de pelo largo me sale al paso a cada momento. No deja de rondarme y de perseguirme. No me gusta, no estoy acostumbrado a tener compañía. Preferiría que se quedara con el resto de los animales… Día nuboso, con viento del este. Creo que tendremos lluvia… ¿Tendremos? ¿De dónde he sacado esa palabra? Ahora lo recuerdo: la usa la nueva criatura.

Fragmentos del diario de Adán
El diario de Adán y Eva.
Mark Twain (Ed. Trama, Madrid 1996).


Discutimos. Fue una agria cena. Quizás la diferencia de edad nos distancia cada día un poco más. Ella mira hacia fuera y yo hacia dentro. Me aburren los otros. Ella cada día quiere conocer nuevos otros. Nunca he sido celoso, quizás es una pregunta, no una afirmación. No sé lo que he sido, sé lo que soy, un hombre que vuelve. Aún así me preocupan nuestros desencuentros, quiero paz, silencio, como mucho Bach y el viento en la cara mientras paseo por la playa, solo. Por eso me fui a dormir a otra habitación. Además ella ya no llora. Yo sí.
 

Desperté en la mitad de un prado inmenso, de un verde intenso, el sol asomaba sobre una montaña negra. Miré hacia arriba sorprendido por una bandada de extraños pájaros volando en uve. Por mi cabeza pasaban tantas sensaciones que apenas podía ponerlas en orden, clasificarlas, esa absurda manía de controlarlo todo, como si pudiera, una señal más de mi inseguridad. No reparé en aquella especie de niños peludos, se movían con lentitud, se acercaban con precaución, mirándome y mirando alrededor, temerosos. Uno de ellos, el más grande, llegó a unos dos metros de mis pies descalzos, olió el aire, emitió dos gruñidos y todos los monos se sentaron a mi alrededor. Sin atreverme a contraer ni un músculo me concentré en sus afilados colmillos, en sus ojos enrojecidos, en sus movimientos nerviosos. Así pasó el día, con mis miedos, a lo lejos rugían las fieras, un enorme animal parecido a un elefante comía hierbas a un lado del camino. Luego me dormí.

Cariño ¿quieres desayunar?- preguntó Marie.
Sí, cielo, lo de siempre –contesté.
No estaba enfadada, al menos no lo demostró. Otro largo día para no hacer nada, solo pensar.
Llueve, hoy no saldré a pasear.
No vendré a comer ¿te arreglarás?- dijo antes de irse mientras me besaba en la frente.
Sí, no te preocupes- dije. Seguro que ha conocido a alguien.
Se fue.

 Otro día interminable, otro día para rumiar, los monos no se movían a mi alrededor, me miraban fijamente, eran muchos, creo que cada vez eran más, cada cierto tiempo el que parecía ser el jefe gruñía, quizás para que no me olvidará que estaban ahí, como si pudiera, luego dejo de llover y bajé hasta el pueblo a comprar el pan.
Aún es miércoles pero ¿qué importará? 



martes, 19 de octubre de 2010

Viento.

Cuanto quieres está cada vez más adentro de la cegada puerta, bajo el arco doble de tu miedo, donde no se espera a nadie. (Antonio Lucas)


Paco es artista, hippie, aunque ya no lleva flores en la barba. No parece que ese nombre sea el de un hippie, qué cosas, cómo cambian los tiempos, las modas.

El caso es que Paco es muy bueno en lo suyo, es minucioso y lento en sus trabajos pero un auténtico artista. Eso, y una herencia, le permiten vivir con cierta holgura económica.

Paco tiene un velero. Es un purista y nunca ha aceptado acoplarle un motor, con lo que su navegación está sometida al puro capricho del viento.

Nuestra relación es amistosa, sin más, nos saludamos cordialmente, conversamos si procede pero tampoco somos los mejores amigos del mundo, no, ni siquiera somos amigos, conocidos.

A pesar de eso, alguna vez Paco me invita a pasear en su velero. Solo me pone la condición del silencio, es decir no hablar más que lo imprescindible, buenos días, hace frío, disfrutar del roce de la brisa en el rostro, de la espuma deslizándose entre los dedos y mi capacidad natatoria ya que él nunca aprendió a nadar.

Es domingo, salimos de puerto y algunas señoras nos saludan agitando la mano, Paco ni siquiera mira. La proa rompe pequeñas olas, por estribor algunos peces saltan fuera del agua. Respetando el acuerdo no hablo y miro al horizonte, es una delicia la sensación absoluta de libertad, de alegría, de comunicación con el agua, el viento, la naturaleza, la vida.

Nos hemos alejado varias millas mar adentro, estamos solos en la inmensidad de la mar. Hemos tomado unos bocadillos silenciosos y unos tragos de Rioja. De pronto cesa el viento. El velero sigue su impulso antes de detenerse. Miro al horizonte, evito mirar a Paco. La embarcación se mueve levemente presa en esa súbita calma chicha. Pasan los minutos y comienzo a ponerme nervioso.

(Elanchove)

Llego aquí y me pregunto qué demonios hago, testarudo, escribiendo estas ásperas cosas, qué sentido tiene, no solo para quién lo lea, que también, pero sobre todo qué sentido tiene para mí, me distrae un coro de ángeles mestizos, unos niños disputándose una pelota hecha con trapos, un pescador sobre los hombros de una mujer emergiendo ambos del agua, a cámara lenta, majestuosos, Marie insistiendo en si voy a fregar hoy, sin usura, dejándome llevar por la corriente de Elanchove y sus recuerdos, me veo a mí mismo desde una altura imaginaria, un hombre reducido a fragmentos, recolectando poemas rotos para escribir otro poema roto con generosidad que no entiendo, nada entiendo y la noche está llena de relámpagos a la vuelta de Gernika, niebla ocultando Ogoño, los muertos ocupando los puertos, se confunden con los vivos, parece Magdalenas, hay tantos muertos y vivos que muchos tienen que estar en el agua, los vivos se ahogan, resucitan como fantasmas y se unen a los muertos, todos me bañan con miradas inquisidoras, resucitan historias que juré no contaría jamás pero me oprimen en el cuello, me liberan de mordazas, me abren un baúl con disfraces y escojo un paraguas y sedales, anzuelos que mi padre dejó olvidados debajo de un armario con polilla y jerséis viejos, enmohecidos, reliquias de un tiempo en el que todo es viejo, decadente, salta el ayer de piedra en piedra por la calzada, resbala por mis lágrimas, que no sé encararlo, que no sé decirlo de otra manera, que no quiero dejar el corazón sobre una mesa, que lo picotean los pájaros, que lo pintan los violadores de recuerdos, los que no respetan, que me duele demasiado pintarme la cara y hablar para nadie, que solo quiero perderme y no decir nada, silenciar todo lo que no sea viento..

¡Eh, Pedro! ¿Estás bien?- dice Paco- ya navegamos.
Despierto, volvemos a puerto, lentamente, surcando el agua con un suave viento del sur. Creo que no volveré a estas excursiones.

Cada día me cuesta más escribirme.


 (Isla de Ízaro)
La leyenda de la regata de Ízaro cuenta que para dilucidar la propiedad de la isla, decidieron mundaqueses y bermeanos disputar una regata bajo el arbitraje de Elanchove, ya que ésta última localidad que también reclamaba la isla, al parecer cedió finalmente a sus pretensiones.

Se acordó que la regata daría comienzo al amanecer, se celebró y los remeros de la trainera de Bermeo salieron victoriosos a pesar de perder a uno de sus hombres que cayó al mar y pereció ahogado; la tradición mundaquesa cuenta, sin embargo, que los bermeanos encendieron hogueras para que el gallo cantara antes, lo que les dio la ventaja necesaria para ganar la regata.

La regata se conmemora actualmente el 22 de julio, día de Santa María Magdalena, con una fiesta de hermanamiento entre Mundaca, Bermeo y Elanchove. En el acto principal de la fiesta, el alcalde de Bermeo que lo será ese día también de Elanchove y Mundaca, en presencia de los alcaldes de Mundaca y Elanchove, lanza una teja al mar junto a la costa de Izaro diciendo Honaino heltzen dira Bermeoko Itxuginak (hasta aquí llegan las goteras de Bermeo), fórmula mediante la cual se renueva anualmente la posesión bermeana de la isla, y se asciende a ella para colocar una ikurriña, siendo casi el único día del año que la isla recibe visita.

lunes, 18 de octubre de 2010

Catgut



 El Catgut Simple es el nombre genérico de una sutura absorbible hecha del entrelazamiento conjunto de filamentos de colágeno purificado obtenido de los intestinos bovinos u ovino. El hilo natural simple es tratado con precisión con el fin de alcanzar un carácter de monofilamento y además es tratado con una solución que contiene glicerol. Simple es absorbido mediante proteólisis o hidrólisis enzimática al cabo de 8-10 días. Su uso se indica para afrontar tejido subcutáneo y cerrar pequeños vasos sanguíneos severados. Su uso es también frecuente en operaciones del estrabismo, suturar la conjuntiva, cirugía urológica, dental, gastrointestinal, subcuticular, obstetricia y ginecología.



(Para Teresa, que nunca me lee)

Es decir un artículo de uso común, catgut para las operaciones que se hace uno a sí mismo. Sí, ayer mismo me operé de estrabismo mental y estoy envuelto en catgut, como una momia simple, como un extravagante usuario de filamentos, que se me juntan y mezclan las emociones, que ya no sé si mi testosterona mengua o me desborda. Antes, es decir antes, todo era más sencillo, que el tiempo era de goma y lo mismo se alargaba que se encogía, que era un símil, una metáfora sin buscarla, un tránsito entre nombres, una búsqueda por los portales con pájaros negros mirándonos desde las farolas de la noche, con sentimientos subcutáneos, con ese temblor en las manos impidiéndonos brindar por los ausentes, que no los había, estábamos todos, sentados alrededor de una mesa imaginaria, mirándonos a los ojos, midiéndonos. Creíamos que el tic tac de los relojes perezosos era el lógico, el deseable, el óptimo. Un día supimos que no. Hablo en plural y estaba solo. Hábito de la soledad. Descubrimiento del espejo. Exploración de mi selva. Reparación de la brújula heredada. Indicar en los mapas el consabido usted está aquí. Pero no estaba/estábamos y el desierto era mi/nuestro hábitat, travesía con camellos sin doble sentido, que nos libramos de los mercaderes por minutos, del polvo y el humo por segundos, de la cruel enfermedad de los promiscuos por un suspiro, solo el alcohol nos arrasaba, nos transformaba y decíamos/decimos lo que nunca decíamos/decimos. Entonces apareció el catgut y todo empezó a cambiar, que supimos leer la línea que había detrás de la línea que enmascaraba otra línea, es decir tinta invisible, tinta de limón, nada, que matar al padre es un largo proceso y al final se muere él solo, de aburrimiento, que te deja de herencia su búsqueda y resulta que buscaba lo que tú buscas y así no hay manera de progresar, ya te digo. Menos mal que al suturar la conjuntiva se amplió el campo de visión y vimos que no veíamos, nos apuntamos a cursillos de calle y vida y, vida mía, descubrimos la venda, nos tapaba la mirada, el otro estrabismo, no a la vez pero sí muy seguido, así que nos ordenamos, quemamos la venda, ellas los sostenes y así, con ojos y pechos al viento desafiamos la autoridad y la gravedad hasta que la realidad nos puso en nuestro sitio, el uno por dos en el que apenas cabemos, que nos tira la sisa, que se alborotan las costuras y quizás en la próxima liquidación de almas pueda cambiar esta de ahora, con glicerol y entrelazada con tantas mentiras que no hay pinzas que puedan extirpar las espinas del desencanto, que me estoy volviendo un puercoespín, que estoy tenso como un hilo de plata entre tus ojos y mi corazón, gracias por leerme.

(Las tres ilustraciones son de Moebius)

domingo, 17 de octubre de 2010

Eduard Punset.

 

Eduard Punset
De Wikipedia, la enciclopedia libre

Eduard Punset Casals, (Barcelona, España, 9 de noviembre de 1936), es un jurista, escritor, economista y divulgador científico español que fue a su vez político en la Transición democrática española formando parte de las filas de UCD.

Biografía
Eduard Punset es hijo de un médico rural del Ampurdán, una comarca de la provincia catalana de Gerona. Se licenció en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, donde militó en el Partido Comunista de España y coincidió con Jorge Semprún. Amplió sus estudios en la Universidad de Londres, donde obtuvo un máster en Ciencias Económicas, y en la Escuela Práctica de Altos Estudios de París, donde se diplomó. Posteriormente fue redactor económico de la BBC, director económico de la edición para América Latina del semanario The Economist (1967-1969) y economista del Fondo Monetario Internacional en los Estados Unidos y en Haití (1969-1973).

Tras la muerte de Francisco Franco, entró en política de la mano de Centristes de Catalunya-UCD. En 1978 fue elegido Consejero de Economía y Finanzas de la Generalidad de Cataluña preautonómica, por dicho partido. Fue elegido diputado en las primeras elecciones al Parlamento de Cataluña (1980). Tuvo un destacado papel en la apertura de España al exterior como Ministro de Relaciones para las Comunidades Europeas (1980-1981). Tras abandonar la UCD, se presentó como independiente en la candidatura de Convergència i Unió a las elecciones generales de 1982, obteniendo un escaño, que abandonó apenas un año después, en diciembre de 1983. En 1985 ingresó en el partido de Adolfo Suárez, el Centro Democrático y Social. En sus listas fue elegido eurodiputado en 1987 y 1989, permaneciendo en el Parlamento Europeo hasta 1994. Abandonó el CDS en 1991, después de la dimisión de Adolfo Suárez, pero conservó su puesto de europarlamentario como independiente. Durante su mandato en el Parlamento Europeo, fue presidente de la delegación del Parlamento para Polonia, tuteló parte del proceso de transformación económica de los países de Europa del Este después de la caída del Muro de Berlín. En junio de 1991 creó un nuevo partido político, Foro, que se presentó a las elecciones europeas de 1994, en coalición con el CDS, con Punset como cabeza de lista. La coalición obtuvo 183.418 votos (0,99%) sin conseguir ningún acta de eurodiputado. Foro se disolvió en marzo de 1995, abandonando Punset la política.

En 2007 le fue detectado un cáncer de pulmón, del que pudo recuperarse con tratamiento médico.
Como especialista en temas de impacto de las nuevas tecnologías, ha sido asesor de COTEC, profesor consejero de Marketing Internacional en ESADE, presidente del Instituto Tecnológico Bull, profesor de Innovación y Tecnología del Instituto de Empresa (Madrid), presidente de Enher, subdirector general de Estudios Económicos y Financieros del Banco Hispanoamericano y coordinador del Plan Estratégico para la Sociedad de la Información en Cataluña.
Es autor de diversos libros sobre análisis económico y reflexión social. Actualmente es Profesor de Ciencia, Tecnología y Sociedad en la Facultad de Economía del Instituto Químico de Sarrià (Universidad Ramón Llull), director y presentador del programa de divulgación científica Redes en Televisión Española desde 1996, presidente de la productora audiovisual Smartplanet y miembro de los consejos de administración de Sol Meliá y Telvent. También colabora en la cadena de televisión de "La Sexta", en el programa de Andreu Buenafuente, con una presencia mensual, y en TVE, teniendo su propio espacio en "Redes".

Actualmente también dirige la revista Redes para la ciencia, publicada por primera vez en marzo de 2010.



Hoy Joan Mateu.
Solo me queda decir que además de infatigable escritor es infatigable todo, lo que haga, lo que se proponga.
Sobre todo es infatigable Amigo.
Gracias, Joan


Corro persiguiendo a aquel hombre de complexión atlética que va esquivando los obstáculos de la acera mediante saltos ágiles y fintas increíbles. Por suerte estoy perfectamente entrenado y a pesar de que no puedo alcanzarle, tampoco consigue aumentar su ventaja.

A los diez minutos de persecución sin aflojar el ritmo, me apercibo de que alguien me viene siguiendo a la misma distancia que mantengo yo con el perseguido. Sorprendido por esta circunstancia improviso un plan para descubrir la identidad de mi perseguidor.

Al detenerme escucho que mi perseguidor también lo hace. Vuelvo la cara rápidamente para sorprenderle y poder saber quién es. Al mismo tiempo el individuo vuelve su rostro hacia atrás y queda paralizado por la sorpresa al darse cuenta que quien le persigue soy yo.

Joan Mateu

sábado, 16 de octubre de 2010

La Edad de Oro de la pintura holandesa y flamenca del Städel Museum.


La Edad de Oro de la pintura holandesa y flamenca del Städel Museum
07 octubre 2010 - 23 enero 2011


Jan Vermeer van Delft (Delft, 1632-Delft, 1675)
El geógrafo
1669
Städel Museum, Frankfurt am Main

Esta exposición presenta una completa muestra de los fondos del Städel Museum de Frankfurt. Fundado en 1816, el Städel Museum alberga una de las colecciones de pintura holandesa y flamenca del siglo XVII más importantes de Europa. Este estilo artístico ocupó un lugar prioritario en la formación de la colección de Johann Friedrich Städel (1728-1816), el origen de los fondos del museo que hoy lleva su nombre. La exposición presenta obras emblemáticas de los principales maestros de la Edad de Oro, generando una interesante reflexión sobre cómo esta época de extraordinario interés historiográfico y artístico, promovió el desarrollo de nuevos géneros pictóricos y la redefinición de otros clásicos como el paisaje, el retrato, la naturaleza muerta o la pintura de historia.


Vengan a verla

(Y llámenme)
Entre las obras expuestas está este autorretrato de Barent Fabritius que se parece a…

(Barent Fabritius (Barent Pietersz. Fabritius), pintor holandés nacido en Midden-Beemster en 1624 y fallecido en Ámsterdam en 1673.)


"La lectura consiste en ser el brazo y ser el hacha y ser el cráneo que se parte; la lectura es entregarse, rendirse, no mantenerse distante ni burlón. La verdad puede llegarnos por caminos tortuosos, llenos de misterio. "
(El maestro de Petersburgo J.M. Coetzee)

En este placer de la lectura comienzo a incluir trabajos de algunos buenos amigos que me enseñan y me llenan de regocijo.
Hoy: René Rodriguez Soriano.


Octubre del sesentiocho


PASÓ EL MAYO FRANCÉS, LA BREVE PRIMAVERA DE PRAGA, y ahora me sacude, bipolar, mi guerra fría. Qué año éste y yo aquí, sólo mirando una foto, muchas fotos; solo sin Laura que no está. Están sus fotos tristes y sonreídas, lejos de My Lai o de Varsovia, con las tropas rompiendo madres. Laura se ha ido, y están tan cerca sus latidos. Se fue con las palomitas de papel y me ha dejado mil hologramas en la sangre y los sentidos. Su olor en mi piel, su mirada perdida. Está tan cerca, y sin embargo tan distante. Laura cabalga en una nube azul; y yo no puedo. Tirado por el suelo, a seis columnas el vespertino La Noticia, desdibuja en vivo, y a todo color, descamisados lápices que desbanderan desgarrados gritos. Flor de cayena en ristre, en rojo a seis columnas, contra la infamia y el odio impunes ¡Tlatelolco! Suena Joan Manuel, en lento y larga duración, me duele adentro, muy adentro, ay, amor, sin ti no entiendo el despertar, las noches se hacen hondas, vacías, largas, desoladas. Falta alguna estrella, y no le tiembla música en el pulso a la ciudad, mientras te miro de frente y me sonríes, delgada, ausente. Me gusta, siempre me ha gustado como sonríes, y me gusta más aún cuando doy con tu sonrisa eternizada en las fotografías que, ahora en estos días, en que no estás, acompañan mi soledad y acortan, tú no sabes cuánto, mi angustia y este esperar por tu regreso, el aura que me salva de las tempestades y el tedio. © Fotos de familia, (2003)

René Rodríguez Soriano

viernes, 15 de octubre de 2010

Venta domiciliaria.

Superou doadamente /o valado dos soños da súa amada /e penetrou naquel xardín alleo /co seu inferno dentro /e sen máis nada.(Lois Pereiro)


Ella jamás miró antes por mi ventana pero su cara, aquella tarde, era un fragmento de luz, lo perfecto, la belleza, estoy seguro que nadie ha podido verla así, jamás, el rostro de una diosa, la emperatriz, un ser de otro mundo, más allá de los límites de aquella cama y yo, un demonio, impuro, terco, hábil quizás, aquella tarde, no otra, haciendo el amor en su cabeza, antes, deleitando sus oídos con ternura aprendida en otras camas, mintiendo con exactitud donde era preciso, un cirujano de emociones cortando los músculos del miedo, un poeta que glosaba sus caderas, ella ascendiendo sobre sí misma y el deseo, descubriéndose en las manos que acariciaban su espalda, que empujaban su resistencia, la vencían, un instante, sí, cuando fue esclava de su cuerpo, descontrolado en el goce, cuando soltó los caballos, los gorriones, las liebres, desató la cordura, sus certezas, era entonces y allí fuimos, cómplices, bien, engañándonos, no éramos pero sí, mentimos diez te quiero, encendimos hogueras, quemamos bosques, barcos, nos quemamos los muslos de deseo, mordimos el temblor, nos mordimos como perros, los gritos apenas contenidos, los vecinos, mi carpeta, la corbata, creerán que eres del seguro, dijo, sí, dije, a las tres vuelve Ángel, avisó, y ya no era, o era, su cara era la suya, yo era yo mismo, después nos vestimos y eso fue todo.

jueves, 14 de octubre de 2010

Día anómalo.

 (Duchamp)

Nadie atrapa al extraño impostor de Melville, como nadie consiguió atrapar nunca a Duchamp, el hombre que no confiaba en las palabras: “Las palabras no tienen absolutamente ninguna posibilidad de expresar nada. En cuanto empezamos a verter nuestros pensamientos en palabras y frases todo se va al garete”. Nadie atrapó nunca al embaucador de Duchamp, cuya fría hazaña reside, más allá de sus obras de arte y de no-arte, en haber ganado la apuesta de que podía embaucar al mundo del arte para que le honrara sobre la base de credenciales falsas. Eso tiene un gran mérito. Duchamp decidió hacer una apuesta consigo mismo sobre la cultura artística e intelectual a la cual pertenecía. Apostó este gran artista del No a que podía ganar la partida sin hacer prácticamente nada, con sólo quedarse sentado. Y ganó la apuesta. Se rió de todos esos estafadores inferiores a los que tan acostumbrados estamos últimamente, de todos esos pequeños estafadores que buscan su recompensa no en la risa y el juego del No sino en el dinero, el sexo, el poder o la fama convencional.

Con esa risa subió Duchamp a escena al final de su vida para recibir los aplausos de un público que admiraba su gran capacidad para, con la ley del mínimo esfuerzo, embaucar al mundo del arte. Subió a escena y el hombre del Desnudo bajando una escalera no tuvo que mirar los escalones. Por un largo y cuidadoso cálculo, el gran estafador sabía exactamente dónde estaban esos escalones. Lo había planeado todo desde el principio, como el gran genio del No que fue.

“Bartleby y Compañía”, de Enrique Vila-Matas


(Para I, claro)

Es un día anómalo, calmado, gris, con un calor que no, que no es propio de otoño, largo, corto, no hay pájaros ni enredaderas taciturnas, se me ha escapado una idea y la busco a tientas por un jardín oscuro, no me vas a creer pero te extraño en esta tarde inútil sin playa ni gaviotas posadas en el alfeizar, sin 52 traficantes a escasos metros del portal, sin tu sonrisa como una línea que no sabría dibujar, no hay lápices, sin tu voz que me cuenta de su vida de antes, de ahora, que también ríe, pensando cuando te pensaba, imaginaba un tendedero que no existe con sábanas al viento, tus ojos tristes, esos que ahora brillan cuando el cielo es azul aunque llueva en las horas melancólicas, en las inciertas tardes de sábado, hoy, que es triste sin serlo, que tiene escarabajos y un ángel malhumorado, escribo sin mirar, sin mentir, de espaldas, sin soportar mi propia ausencia, buscando las palabras con perfume, la frase que se pose en tu lengua mientras lees, la música que cante lo que cantarás, beso tu carne resucitada, memoria frágil, no me olvides, necesito tu clarividencia (entre otras cosas), podrías haber sido lo que hubieras querido, eres un ser libre que mira el futuro con alegría, casi nada, te beso las manos y cierro los ojos, belleza.

 (Ana Juan)


miércoles, 13 de octubre de 2010

Payaso.


«... Que lle podo ofrecer a quen me intente?»(Lois Pereiro)

Éramos ocho jóvenes que escalábamos montañas, trepábamos por pendientes escarpadas, abajo nos observaban las negras simas, el vacío.

Las cordilleras nos desafiaban, con gran compañerismo zigzagueábamos entre aristas cortantes, dándonos ayuda y colaboración en los desfallecimientos, sobre rocas inmensas, piedras singulares, oxígeno enrarecido, nieblas que ocultaban la realidad del llano, grandes pájaros que siempre estaban más arriba, con el desafío de llegar a la cima.

 
Aquella tarde llegamos exhaustos al refugio, la subida había sido dura, las dos últimas horas nos acompañó una fuerte lluvia. Nos descalzamos, nos pusimos ropa seca, hicimos fuego, cenamos y nos reconciliamos con la comodidad de aquel pequeño habitáculo. Aunque al día siguiente deberíamos intentar llegar a la cima bebimos y cantamos, reímos, nos contamos sueños y ambiciones, la vida estaba llena de futuro, éramos amigos, nos sentíamos afortunados. 

Amaneció, entre nieve y viento, éramos ocho, reemprendimos la marcha, en lo más alto no nos esperaban mujeres desnudas ni vestidas, pero llegamos.

La semana siguiente decidimos variar nuestros hábitos. Iríamos a un pueblo del norte de Burgos a pasar el fin de semana. Invitaríamos a algunas amigas. Todos nos disfrazaríamos, cenaríamos y después cantaríamos y bailaríamos. La idea era trasplantar el espíritu de nuestras inocentes fiestas en las alturas por diversiones a nivel del mar y de nuestras apetencias.

Las chicas se disfrazaron de princesas, de apaches con minifaldas, de los años 20, de bailarinas orientales, de vikingas, estaban todas guapísimas (menos Carmen que era muy simpática).

Los chicos nos disfrazamos con poca imaginación, la verdad. Destacaba uno de obrero con buzo y casco; otro de campesino con un sencillo sombrero de paja; Andrés de bombero con manguera y todo (diez metros); Juan de rajá hindú con la línea de los ojos pintada de negro, con pendientes y sortijas de oro; Carlos de payaso, bien maquillado, la cara blanca, los labios rojos, con zapatones y un gran reloj colgando de su cuello; yo de sabio loco con una peluca de rizos, una bata blanca, una probeta en la mano y una joroba disimulada. 

Cenamos magníficamente, bebimos pacharán, cuba libres y licores espirituosos, nos alegramos y cantamos, claro. Andrés sus romanzas de siempre. A Luis le prohibimos sus crudas coplas machistas. A coro entonamos el Asturias patria querida. Yo canté el “que me importa del mundo si tú no está muy cerca de mí”. Para entonces casi todos (Carmen no) estábamos más o menos perjudicados. Carlos se arrancó y salió al improvisado escenario. Le animamos con gritos admirativos de tío bueno y similares. La verdad es que su disfraz era magnífico, un perfecto traje de payaso, la cara pintada, la gruesa nariz roja. Nos pidió atención y recitó. Al principio no entendimos, seguimos animándole, riendo, bromeando. Él siguió, serio, desgranado un poema que había compuesto y en el que con versos sin rima pero sinceros, declaraba entre otras cosas que nunca esperaba que en sus cumbres hubiera mujeres desnudas, que prefería que Juan le esperase allí, aunque estuviese vestido.

Éramos torpes pero nuestro silencio fue la mejor evidencia que lo habíamos entendido. Fue la primera salida del armario que vi en vivo y en directo.

A partir de aquella noche fuimos seis jóvenes que subíamos montañas, trepábamos por pendientes escarpadas, abajo nos observaban las negras simas, el vacío. Cumbre a cumbre fuimos aprendiendo a escalarnos.


martes, 12 de octubre de 2010

Montañeros.

«... da erupción e da combustión eterna /doutra pel desexada que ardería /no lume que a súa visión provocara.«(Lois Pereiro)

Éramos jóvenes. Escalábamos montañas, trepábamos por pendientes escarpadas, abajo nos observaban las negras simas, el vacío.

Las cordilleras nos desafiaban, con gran compañerismo zigzagueábamos entre aristas cortantes, dándonos ayuda y colaboración en los desfallecimientos, sobre rocas inmensas, piedras singulares, oxígeno enrarecido, nieblas que ocultaban la realidad del llano, grandes pájaros que siempre estaban más arriba, con el desafío de llegar a la cima.

Éramos jóvenes. En aquellas excursiones aventureras guardábamos la secreta ambición que en lo más alto nos esperase una mujer desnuda.

Al bajar de las cumbres, satisfechos, cansados, también ansiábamos que nos esperase una mujer desnuda.

Nunca nos esperaron.

Ni siquiera vestidas.

Por eso, entre otras cosas, cambiamos de actividad y nos lanzamos a un deporte más arriesgado, ser hombres.

Seguimos entrenando.




lunes, 11 de octubre de 2010

Desafiante.


(Lo he encontrado en Piedra con aletas


 (Burt Glinn  1959)

Digo y digo, pues eso, ya, vaya racha, que acarreo esta página y la visto como me da la gana, hoy de hilos de plata, mañana de reflejo de candelas, pasado de sierpes, al otro de frío en el costado al estar yaciendo en versos, en verdades, en saber que esto es lo que hay, no sé si piedras, vegetales, animales de fuego o es solo una absurda forma de pasar el rato, tú mismo, lee y calla (o no).

¿Qué pasa?



(Este Julio Cortázar sí que escribía bien, lee, por favor) 

Carta Abierta a La Patria.

Esta tierra sobre los ojos, este paño pegajoso, negro de estrellas impasibles, esta noche contínua, esta distancia. Te quiero, país, tirado abajo del mar, pez panza arriba, pobre sombra de país, lleno de vientos, de monumentos, de esperpentos, de orgullo sin objeto, sujeto de asaltos, estúpido curdela inofensivo puteando y sacudiendo banderitas, repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando de babas y estupor canchas de fútbol y ring sides. Pobres negros. Te estás quemando a fuego lento y donde el fuego, donde el que come los asados y tira los huesos, malandras, cajetillas, señores y cafishios, diputados, tilingas de apellido compuesto, gordas tejiendo a dos agujas, maestras normales, curas, escribanos, centrofowards livianos, Fangio solo, tenientes primeros, coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos, bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos, secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, truco, contraflor al resto.

Y qué carajo si la casita era un sueño, si lo mataron en pelea, si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva, liquidación forzosa, se remata hasta lo último. Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía.

Te quiero, tacho de basura que se llevan sobre una cureña envuelto en una bandera que nos legó Belgrano, mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate con su verde consuelo, lotería de pobre.

En cada piso hay alguien que nació haciendo discurso para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos. Pobres negros que untan las ganas de ser blancos, pobres blancos que viven en un carnaval de negros. Qué quiniela, hermanito, en Boedo, en Palermo y Barracas, en los puentes, afuera, en los ranchos que paran la mugre de la pampa, en las casas blanqueadas del silencio del Norte, en las chapas de zinc donde el frío se frota, en la Plaza de Mayo, donde ronda la muerte trajeada de mentira

Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking, vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga: tercera posición, energía nuclear, justicialismo, vacas, tango, coraje, puño, viveza y elegancia. Tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado en lo mejor de la garufa, tan garifo a la hora de la autopsia.

Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga, no te metás, que vachaché, dale que va, paciencia. La tierra, entre los dedos, la basura en los ojos, es estar triste, ser argentino es estar lejos, y no decir mañana porque ya basta con ser flojo ahora.

Tapándome la cara, me acuerdo de una estrella en pleno campo, me acuerdo de un amanecer de Puna, de Tilcara de tarde, de Paraná fragante, de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos quemando un horizonte de bañados.

Te quiero país, pañuelo sucio, con sus calles cubiertas de carteles peronistas, te quiero sin esperanzas y sin perdón, sin vuelta y sin derecho, nada más que de lejos y amargado. Y de noche.

(Julio Cortázar)



Respuesta a Nikté.

Nikté, desde mi sincero aprecio, insólito por lo inhabitual de apreciar a quién solo se conoce por lo que dice (y por lo que calla) entro en el intento de explicarnos. Corazón.

Estamos confundidos, nosotros, los comunicadores, los psiquiatras, todo dios, esto no hay quién lo entienda.
Dejamos en una pared nuestro corazón y pretendemos que lo lean, que le entiendan, secretamente que le quieran. Describimos los fluidos que nos circulan por la mente, el corazón, el sexo (algo tiene que circular ¿no?), meticulosamente lo dibujamos, mirad, va de aquí, aquí, riega todo este terreno antes baldío.

Antes? Y ahí entra el factor antes, ese que dices, el de quedar en la puerta de nuestras casas, con los del barrio, con los nuestros. Hemos entrado en un barrio global, en una comunicación universal, contamos a nadie lo que no contamos a quién duerme a nuestro lado. Así nos va.

Tengo en mi facebook personas con las que preferiría un zarandeo mutuo antes que intercambiar soledades, un morreo interminable antes que ese “qué bueno lo tuyo, chati”.

Que entramos aquí y allá, nos leemos, nos encariñamos [seguro que muchos son/somos unos bordes, unos engreídos/as que se creen qué y no han leído a Dostoievski, ni siquiera la Canción Desesperada] y un día, uno/a, atrevido/a dice/escribe “esto, verás, que voy a pasar por tu pueblo, ¿tomamos un café?, oye, sin compromiso ¿eh?, si puedes”. Y puedes, y tomas ese café, y dos, y resulta que es milagroso, que te hablas con el corazón en la mano, con brillo en la mirada (sin acordarte de tu pareja, de tus hijos, de tus padres, de tu perro, del susum corda, eres tú, milagro, ese tú que eras cuando eras, no te lo puedes creer, eres el del barrio, sin conocerte te conoces, es inaudito. Te alegras mucho).

Un inciso, saludos a C.

Pues eso, que es complejo entender la soledad entre tanta gente, el aislamiento entre tanto ruido, el encariñamiento hacia alguien que puede ser extraterrestre (los últimos estudios demuestran que puede haber vida más allá de las estrellas), el porqué este sí y este no (algunos este escriben muy bien pero se nota demasiado que se escriben), el porqué se puede ir desde Santurce a Bilbao (por toda la orilla) con el riesgo de encontrarse con un friki, con una señora loro, con un adolescente con acné, todos muy dignos pero no el/la que tú esperas.

Querida Nikté, todavía estoy en primero y no creo que ni siquiera apruebe pero te prometo que me estudio para que nadie se de cuenta, que finjo para que parezca qué, que me esfuerzo para pintar las paredes con tu nombre, con otros nombres, con todos los nombres [estoy solo en casa, suena el timbre, una señorita hummm, “¿puedo hacerle una encuesta?”, me la hace (la encuesta), me ordena “dígame cuantos nombres de mujer recuerda” y ahí me empiezo a reír, a reír, cada vez más alto y la señorita hummm se marcha mosqueada (no me extraña)]

Me pierdo y no quiero, sí quiero, hacerlo bien, ¿qué es hacerlo bien? Entro en un blog con un solo, intenso, brillante, magnífico poema, escueto, dice lo que dice y tiemblas, sientes cada letra, cada frase te agarra del cuello, te corta la respiración, te mata; visitantes, veinte, comentarios, cero. Entro en un blog, leo el texto del día, mierda (lo ha titulado así) y me aparto para que no me salpiquen los aplausos; visitantes, quinientos mil, comentarios, cien. Hacerlo bien.

Pero me acaba de llegar una luz y ya entiendo, ya empiezo a entender. Uno va caminando por el camino, camino. Se encuentra con alguien que te buscaba y a la que buscabas (en una fracción de segundo temes por su desilusión). Te ves y temes (la fracción de segundo que compruebas que es una mujer bandera, por fuera). Te ves por dentro y gozas (todo el resto del tiempo en el que a cada segundo disfrutas de una persona bandera, por dentro, por fuera, al norte y al sur, al este y al oeste). Y a partir de ahí la risa, su risa, esa risa te hace entender, eso es, la felicidad del otro, eso es, saber hacer feliz al otro, intentarlo con sinceridad, con lo que tienes, con lo que sabes, ser mejor para ser felices, todos.

Otro inciso, saludos a G.

Modestia, no fingida, auténtica, esto es lo que hay, mucho, poco, lo que es, no hago sudokus cuando voy al baño (soy hombre, hacer dos cosas a la vez no entra dentro de mis capacidades. Por eso no pongo música cuando hago (¿hacía?) el amor, tarareo y no estoy a la faena).

Me gritan por el patio, van a cortar el agua, debo preparar los cubos. Antes te recuerdo que te aprecio, mucho, quizás no lo suficiente porque tú necesitas que te lo repita, por eso lo digo aquí, públicamente, te aprecio, Nikté (que lo sepan) y lo repetiré cuantas veces haga falta.

A mí estas cosas de besos y abrazos, virtuales, como que no, como que prefiero los reales (los de amistad, los de ternura, los de pasión, los salvajes, los de aquí te pillo aquí te mato –mutuamente, por supuesto-, los prohibidos) pero es una fórmula eficaz para confirmar aprecio, cariño, ¿qué será eso del amor?, y he intentado dejarte también mi realidad.

Mi agradecimiento con todo el corazón.



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