12.7.13

Cartas amarillas (3)



Miércoles noche, pronto las vacaciones. Ella termina un puzle en el salón, los niños ríen y ven la tele. Te escribo mientras escucho un "You belong to me" que me parte el corazón. He tomado bastantes vinos y estoy mareado.

Recibo cartas planas. Alicia dice que "realmente quiero verme rodeada de tus brazos y tus besos y envolverme con tu piel blanca y ver tus ojos de niño jugando a ser fiera, león, lobo ante esta poeta que se muere de ganas por entrar en tu piel". Isabel me hace confidencias sobre su vida y su futuro, me carga con la responsabilidad de ser merecedor de su amistad, de su confianza, 50 y, casada, tres hijos, con un buen trabajo, un sueco se enamora de ella, por internet, quiere dejar todo y marcharse con él, tradicional, hambrienta de que le quieran, a ella, a lo que realmente es. Terrible.

Mi ciudad oscura, los que bebemos vino, un paisaje demoledor, como yonkies del mal trago, peleón, hablando solos, nuestro equipo de fútbol, no tienes ni puta idea, fue penalti”, se habla de nada y sin embargo, frases gruesas, bromas obscenas, “¿sabes quién está muy mal?”, miedo, a la muerte, a la vida, “no entiendes un carajo, te has olvidado, se casó con Angel”, discusiones vacías, conversaciones vacías. En los cascos suena ese "The end of the world", Londres, Julia, Carmen, el disco que compré en Portobello Road, mi vida, mi vida, aquí, ahora, casi llorando, porque he bebido y algo muy fuerte me sube por el pecho, sentimientos que me dejan sin fuerzas. Me abandono a las nostalgias.

Tú, verte un momento, hablarte, llenarme de ti, de tu sonrisa, un hueco entre clientes, marcharme a la noche, confuso, ilusionado, con toda la fuerza. "Quiero hablar contigo, debemos controlar esta situación, ya lo habías dicho". Siempre lo he dicho antes, quizás no con las palabras adecuadas - esa agresividad - pero si con el diagnóstico: “ocurre esto, hay que hacer esto otro. Ya lo sé, pero además está el sentimiento, sentirlo dentro como una fuerza golpeándome muy fuerte, por dentro y por fuera. Puedo, yo puedo, yo puedo, “¿seguro?” y buscar en lo que escribo, en lo que vivo, esa parte que no puedo tomar entre mis dedos, esa parte que se me escapa, el otro lado.

Tú, tú, tú, mágica, nueva, otra, ¿quién eres?, ¿porqué llegas ahora como un hada mágica, paciente, con los ojos brillantes? y mi dolor de cabeza, Cortázar me espera y para rematar ahora suena "I only want to be whit you" y esta ciudad oscura, hace tanto,  tú,  Begoña,  yo, la infancia como un paraíso perdido, "solo quiero estar contigo". Decididamente me voy a la cama y mañana será otro día.

Mi beso nocturno, agitado, amoroso, dulce, agradecido, apasionado, justo en una esquina de Maryland, donde termina el mundo de hoy, donde se desvanecen los sueños y empieza el arco iris del mundo de nunca jamás. Allí, donde puedo llorar sin apuro.



2 comentarios :

Brisa dijo...

Llorar el olvido de un recuerdo no vivido o lo vivido colgando del hilo de un recuerdo....

Va un brindis por tus vacaciones, que se llenen de burbujas y estallen en instantes de vida.

Besos

Pedro dijo...

Muchas gracias, Brisa. También mi brindis por tus vacaciones.

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