7.8.12

Agosto en Finisterre.


Como cada mañana camino hasta el Faro que determina el fin de la tierra, más allá del horizonte las aguas se precipitan a un vacío interminable. O así.

Agosto en Finisterre es como un buen invierno en Almería, el tímido sol se alterna con la lluvia pertinaz que ayuda a teñir de verde perpetuo los prados y árboles y la cara de envidia de los últimos peregrinos de sí mismos. Lo bueno es que apenas se necesita el abrigo de lana, ni la estufa de butano, ni la crema solar, son imprescindibles, eso sí,  los libros.

La playa está ahí mismo, la puedo ver desde la ventana justo debajo de las nubes negras, negras. El agua esta deliciosa, a la temperatura adecuada, quince grados, conozco a quién se baña sin traje de neopreno, algunos. Las gaviotas van y vienen, vuelan rozando el balcón, graznan, anuncian más lluvia, son aves meteorólogas con un porcentaje de 100% de acierto.

No queda más remedio que dedicarse a la gastronomía, percebes y nécoras, arroz con bogavante, pulpo con cachelos, longeirones y zamburiñas, almejas y centollos, rape a la americana, merluza a la gallega, parrillada de marisco regada con albariño o buen ribeiro, postres variados y el amor, que no falte el amor (una vez reposada la comida).

Y los paisanos, buena gente, amables y acogedores, de dulce acento, de largas charlas -¿viniste?, ¿fuiste?, ¿de dónde vienes?, ¿a dónde vas?- , lectores de Cunqueiro (muchos), de Quignard (menos), sabios y viajeros, de vuelta, impregnando de morriña lo que fue y lo que no, amigos compartiendo un orujo en la taberna del puerto, con alemanes y gentes de buen y mal vivir, extranjeros o no.       

Un momento, qué cosas tiene esto de vivir, hace cuatro días, como quién dice, estaba en el ferry a Staten Island o paseando por el Bronx, hace tres estaba agobiado por el cierre de julio, ayer, hoy, no solo estoy aquí, soy, tengo la posibilidad de ser feliz, a ello me entrego con absoluta dedicación.

Disfrútense.





Ah, una sugerencia, hablen, hablen mucho, cuenten, cuéntense. Además de para dormir utilicen mucho la cama, practiquen la ternura, la pasión, el desenfreno, si es posible con la persona que amen.

(No es imprescindible, la cama, tampoco amar al otro/a, yo qué sé.)

(Ya puestos ni otro/a, pero, para mí, es más aburrido

2 comentarios :

Aldabra dijo...

Fiisterrre ¡que lugar tan maravilloso!... No dejes de visitar "Tira do cordel", el restaurante que está en la Playa Langosteira... Las navajas más ricas que comí en mi vida y unos pescados a la brasa espectculares...

¡¡que disfrutes mucho!!

biquiños,

Pedro dijo...

Aldabra, "Tira do cordel" tiene un género maravilloso, productos del mar de primerísima. Lástima que el personal sea tan poco profesional, tan antipáticos(en general). Y eso que Pepe (el dueño) trata de inculcarles otro trato. En fin.
Si vuelves por aquí te recomiendo el "Velay", su arroz con bogavante es insuperable. Aquí además de buen producto hay cocina. ¡Y postres increibles!. Besos.

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