17.1.11

De ombligos y subterfugios.


 
Es curioso este trayecto. Voy de aquí (el dedo índice se toca el pecho a la altura del corazón) hasta aquí (es decir, esto que escribo). Entre estos dos puntos hay puertas, cerradas. Abro algunas de ellas. ¿Qué hay dentro? También voy de aquí (el otro dedo índice toca un punto inconcreto en mitad de la frente) hasta aquí ((es decir, estas cosas que escribí y que ahí están)). ¿Alguien me puede asegurar si seguiré aquí? Vale. ¿Alguien me puede asegurar que seguirá viniendo aquí? Pues eso. Para colmo también está Aquí (es decir, compartir). ¿Compartir lo que sobra? No. Compartir lo que es, lo íntimo, lo que hace gozar, sentir, crecer, preguntarse, lo que duele, lo de dentro, a veces de tan dentro que ni siquiera lo había visto nunca. Descubrir (os/me). Y ¿quién está ahí? Ni idea. Conozco a…bueno, a los/as que conozco, ellos/as lo saben. Pero ¿nos conocemos? Ay, qué diablos será este juego detrás de un teclado, una pantalla con música de fondo, una rutina, un intercambio. ¿Compartir lo ajeno? Copiar y pegar. A veces me pego en el alma tanto sentimiento que ando llorando por las esquinas de mí mismo, por dentro, no por fuera, se me arrugaría el disfraz, la máscara, lo que se ve, ¿se ve? A veces me copio el bazo, lo coloreo y lo dejo aquí, despanzurrado, ya ves, no ves, no lo ves, ¿quién tiene tiempo para ver otra cosa que su ombligo? Mi ombligo, por cierto, es precioso, gigante, una obra de arte de partera, a veces encuentro en mi ombligo sorpresas, objetos sonoros, gritos, señores con paso apresurado, una puta con una afilada guadaña al hombro, una novia que tuve en otro siglo y que ahora tiene un cuerpo distinto, incluso una cara distinta, estoy por jurar que no es ella y vivo/muero con otra. En mi recuerdo. Estoy lleno de recuerdos, esta página es un tenderete de recuerdos, no los vendo, los canto, los cuento, me los cuento, los invento, los toco en sus bordes, algunos afilados, estoy obsesionado con los bordes, sobre todo con los del abismo, dibujo bordes de abismo, algún día saltaré, miedo me da ese día. Ese abismo, tan negro ahí abajo. Quizás sea ahí arriba. Por eso quiero meter mi lengua en su boca, la de ella, una mujer aparecida después de la inundación, del desastre. Por eso quiero meterme en su cuerpo tierno como una fruta roja y brillante, besar sus caderas y sus cicatrices, sus párpados, ser un caballo y un lirio, lluvia y sol, llevarla ente los maizales, darle a comer semillas olorosas con mis dedos entre sus labios alborotados cuando se eleva su voz como una oración, un rezo de esa atea que cree que estar sobre ella con los brazos en cruz es un sacrilegio y pone ortigas en las ventanas, fieros mastines en el portón que el viento mece en la casa donde empieza el mar, no sabe, sí sabe, que soy un náufrago en su balsa, que he nadado en tantos mares que todo esto es apenas un tránsito, un trayecto, que jamás seremos el uno del otro porque ni siquiera somos de nosotros mismos, ni siquiera tiembla ya con las cartas que no le escribo, atareado en imaginarla vestida de rojo, desnuda en verde, humo y pan de ausencia, la niña que llevaba una camisa de hombre se ha convertido en una mujer  con botones, a deshoras, bella, luminosa, terca y la arena del tiempo cae tan rápido que la parte inferior de ese artilugio que mide y dictamina lo que queda se está llenando de pájaros y espuma, de un silencio que convertirá los vergeles en desiertos, arena, nada más que arena ¿Quién escuchará la voz en la fría noche del desierto? ¿Quién nos protegerá del desastre? En las venas nos crecerán raíces oscuras, el alma se agrietará, nadie sabrá que fuimos, qué fuimos, quién fuimos y llevaremos un revoltijo de nada al oído de nuestra psiquiatra que nos mirará sin sonreír, esperando, neurótico obsesivo, son 60 €. Y eso es todo.  




8 comentarios :

Mayte dijo...

De aquí (dedo meñique sobre el centro del pecho) hasta aquí (estas letras) se van dilyendo las ideas para hacer crecer los sentimientos que van y permanecen, que se olvidan y destiñen o brillan y tropiezan con tus desvarios en éste(todos los glups-sitios) momentos y es así que guiño los labios y te dejo besiño.

Bonita semana, Pedro.

virgi dijo...

...y yo, con un pijama de hombre, aquí leyéndote, mientras la luna se despide...

besitos besitos

Arantza G. dijo...

Hay quien tiene tantas cicatrices en el alma que estarías toda una vida besando para curarlas. Lo mejor será navegar por esos mares que aportan paz; por lo menos para mí.
Besos

mirada dijo...

Lo increible que sigue siendo para mi, que aunque pase días sin leerte, coincidimos en los pensamientos y en los sentimientos...
No sé yo, es que no existen las casualidades.
Un besazo, feliz día, hoy por fin sale el sol.

mery dijo...

De aquí a allí,de allí a aquí...
¿De fuera a dentro o de dentro a fuera?.

Vivimos bajo la ilusión de que podemos tomar alegría de los objetos,personas y lugares.pero la alegría la experimentamos cuando ponemos el corazón en algo.

Poner el corazón en lo que uno siente,anhela,ama o sufre por medio de las palabras.Sacar todo lo que uno guarda en esa zona entre aquí y allí,abrir el alma en canal y exponer las entrañas emocionales al público...

Desde aquí te beso allí,ya sabes,donde se guarda el alma.

Tempero dijo...

Imagino que el desierto no es más que un entretenimiento de la arena para ganar terreno a la estética voluptuosa de las nubes, así que, quien desee correr sobre él que se atenga a las consecuencias: la parcela de la zancada se acorta, la arena se hace prepotente, los gemelos suscitan la inclemencia del movimiento, los pies se hunden, los cuádriceps se adornan de lentitud. Pero así es la arena y el desierto: un reto perceptible para no estancarse.

gaia07 dijo...

A ti de aquí hasta aquí y con un ombligo precioso te pagará la psiquiatra por escucharte, o porque le beses las caderas (que las hay con mucho gusto).

Un beso, que me voy aquí

Rocío dijo...

Llego aquí de casualidad. Por un blog al que entré desde otro (y a éste otro de otro a su vez, en un eterno círculo vicioso) y me encuentro esta entrada que me viene taaaaan bien justo en este momento...

Me quedo.

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