16.1.10

Recuerdos turcos (3)



Dicen que finjo o miento
todo lo que escribo. No.
Yo simplemente siento
con la imaginación.
No uso el corazón.
Todo lo que sueño o vivo,
lo que me falla o termina,
es como una terraza

(Fernando Pessoa)


 
Detrás de la Colina de los Enamorados el sol se pierde en Asia y el barco cabecea por un Bósforo de medusas, sombríos camareros ofreciendo té de manzana en la cubierta y villas magníficas allá hasta donde la vista alcanza. Pasar bajo los puentes y atracar entre mil pescadores ensimismados. A este lado, arriba, la Mezquita Azul , al otro lado la torre Gálata. Caminar por calles imposibles sorteando coches y coches, ruidos, palacios, casas limpias, casas sucias. Detrás del ventanal de la habitación del hotel 17 millones de habitantes creando la música de un pueblo vivo.

Él recordaba otras músicas, otras terrazas al viento, otras sonrisas extendiéndose a los extremos de una playa desierta después de la lluvia. Las olas formando rebaños dispersos. La espuma acariciando el pico de las gaviotas. El grito de una niña saliendo del agua. Una cabeza casi sumergida a lo lejos. Quitarse la ropa y nadar hasta el cuerpo mecido por la resaca. Arrastrarlo a la orilla. Intentar reanimarlo durante horas. Palpar la vida ausente, ajena al soplo, al aliento de su boca. Perder en inútil lucha, tocar la tragedia indiferente a las lágrimas de los niños. Volver a casa con el sabor de la muerte en los labios, con frío y miedo, con la angustia de recordar aquel cadáver cubierto por toallas de colores.

La noche ardía en promesas repentinas y caballos verdes. Los jóvenes subían y bajaban las escaleras del Barrio Francés entre la tentación de la música que salía de los bares con terrazas minúsculas y velas alborotadas por la brisa del Mármara. También pasaban mujeres del brazo, con gabardinas abotonadas y pañuelos de flores cubriendo sus cabezas. Aquí sonaba la sorpresa de Guantanamera, allá Madonna, más abajo los Beatles revividos, a lo lejos Coldplay y los rótulos luminosos herían las fachadas con colores de alegría. Todas las lenguas formaban un armonioso babel y la sonrisa ensanchaba el final del sábado. Sobre las sábanas anaranjadas se extendía el amor.




5 comentarios :

Mayte dijo...

Momentos ardiendo en la memoria, consumados hasta las cenizas de otros amaneceres esparcidos por cada poro de la piel..o simplemente borrados por la lluvia.

Bikiños helados...saliendo de puntillas.

virgi dijo...

Sólo por volver a cruzar el Bósforo después de pasear sobre el agua de la cisterna de Yerebatan, volveré a Estambul.
El color de las sábanas tampoco me importaría.
Besitos

Shandy dijo...

El día que ponga los pies en Estambul, harán de guía Orhan Pamuck y este personaje. De momento, a éste último le voy siguiendo los pasos en los enlaces que dejas y en los recuerdos.
(3x3)+ 1

Ariadna dijo...

De repente..un recuerdo..turco esta vez..
UH..la niña que no respira..
la melancolía de Coldplay unas sábanas muy zen, exquisitos embutidos que cuelgan..quiero atar los cabos y no puedo.
Mientras tanto vos jugás.
Mis respetos a tus amigdalas.
Unos beso.

©hannibal dijo...

Definitivamente un poema narrado desde una experiencia que destella todo tipo de emoción. Como se enmarca cada circustancia, en la rima de ese pensar y ese sentir que viene de la imaginación. Por más real que se haya vivido.

Muy bueno. Como siempre.

Saludos
Hannibal

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