Glup 2.0


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31.7.16

Billetes reservados




Por fin, la televisión nos ha prometido un fin de semana para soñar, tengo billetes reservados para la alegría, butaca de patio fila uno, la tormenta parece que ha pasado, quedan las huellas del oleaje, quedan las heridas del desamor, quedan mil escalones antes de llegar a…, para llegar (no sé si suben o si bajan).

Me paro, miro hacia derecha e izquierda antes de cruzar, hoy también quiero estar aquí pero, ya ves, no sé si tengo demasiado que decir. Junto palabras para evitar el diván. Algún día lo contaré. Es demasiado fuerte, que se decía antes. Antes es un tiempo lejano a partir de una raya roja que separa. Ahora es un territorio anterior a luego. Luego no es nada, no existe. Lo contaré, digo, es fuerte, decía, con impactantes escenas de sexo, tórridas pasiones, violentos, gratos ejercicios amorosos, ay. En cuanto tenga fuerzas lo escribiré, de momento me estoy curando las heridas. No sé cuánto tiempo debo seguir mintiendo (me) para que me crea(n).

Es lo que tiene esto de escribir, te metes tan dentro de la(s) historia(s) que llega un momento que te las crees.

30.7.16

Me voy a casa.




Las siete. No es cosa de esperar. Entro a la iglesia en el momento en que el sacerdote hace la señal de la cruz: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Todos se ponen de pie, hay poca gente, no veo a ninguno de mis amigos, tienen la costumbre de esperar fuera en los funerales, un exceso de misas obligatorias en su infancia. Ha fallecido una señora de avanzada edad que en sus últimos años estuvo aquejada de Alzhéimer . No me pregunto para no tener que responderme. Nos morimos.

Ocho menos cuarto. Saludos y condolencias. Qué buena era. Las hijas lloran. Aprovechando que no nos hemos muerto, vamos a tomar vinos por ese barrio. Al cuarto hablamos más alto, de temas diversos, incluso alguno cuenta un chiste. Txomin me hace confidencias de su padre, de cuando falleció, de lo que le echa en falta. Juan me habla de su esposa. Carmen despelleja a su novio. Me siento desplazado en ese ambiente y me despido.

Nueve menos cinco. Hay fiesta, no sé, un santo, una Virgen, estamos llenos de santos y de vírgenes. Por las calles hay un ambiente sano, primitivo, tribal, muchos cantan y bailan, todos bebemos, coros en las bocacalles, txistularis, tamborileros, dantzaris, gráciles señoras saltando jotas, señores con disfraz de aldeanos, jóvenes mimetizados de sus abuelos, tasqueros haciendo el agosto en julio. Excepto por los sorprendidos turistas que sacan fotos hasta a las papeleras, las imágenes podrían pertenecer a principios del siglo pasado ¿Hemos avanzado algo?, ¿había algo que avanzar?, ¿queremos avanzar? Tramposa nostalgia de una Arcadia tallada en algunos ADN, ceguera de la diversidad, del mestizaje, de lo diferente, todos somos diferentes, todos somos contradictorios, todos somos únicos, todos somos iguales, en este momento la aparente alegría nos iguala. 

Me voy a casa.

29.7.16

Celia.




Habré tenido algún sueño… me levanto pensando en él. Qué tontería… Miro por la ventana y no veo árboles, ni coches, ni edificios, sólo le veo a él. Domingo. Pongo música. La apago. Todas las músicas suenan a canciones que oía con él. Siento sus manos tocándome. No debo pensar en eso, me hace daño. No le olvido, tantos años y no le olvido. Sus dedos rozándome. Seré imbécil. Tiene que haber algún método, no sé, como dejar de fumar, ya lo hice y mira que estaba enganchada. Sus labios recorriendo mi espalda. No, le decía. Aquel miedo absurdo, las advertencias de mi madre, el embarazo de Elisa y sin embargo, en mi interior, todo urgencia, ansiedad, deseo. No le olvido, tantos años y no le olvido. Tal vez le llame, me gustaría hablar con él, pero ¿qué le digo? Domingo. Hace un día precioso, iremos a comer fuera, a John le gusta salir los domingos. Me gustaría oírle de nuevo, reírnos como entonces. Quiero llamarle, decirle algo.

-Celia, ¿estás bien? -John ya se ha levantado y me mira- ¿en qué piensas?

No, le decía, pero en mi interior todo urgencia, ansiedad, deseo. ¡Mierda! ¿Por qué les hice caso?  En cuanto John baje a por el periódico, le llamo.

(Versión de Celia.)
(Que es mejor que la mía, claro)

28.7.16

En Galicia.



Muchas veces no sé cómo decir lo que quiero decir. Me da miedo quedarme tan desnudo, tan vulnerable, tan así. Cuento A por no decir no puedo, no sé. Cosas que se hacen. 

Desde Bilbao salimos cuatro amigos en un coche y dos motos. Queríamos conocer Galicia. Empezamos el viaje por la costa, seguimos, nos perdimos por el interior, volvimos a buscar la playa, el interior, playa, así. Dormíamos en tienda de campaña, en pensiones de mal agüero, en hoteles de una estrella, donde queríamos, a veces con quién podíamos. Una noche la pasamos en una cuadra, otra en una casona con cuadros de niños muertos en las paredes. Fue un viaje de iniciación. Hasta donde el alcohol lo permitía disfrutamos del paisaje, de la comida, de las personas. Una madrugada, en Mondoñedo, nos paró la guardia civil, la pareja nos hizo salir del pueblo a las cinco de la mañana y gentilmente nos invitó a aparcar y pernoctar en un bosque, en las afueras. En Ferrol trabé amistad con dos colegas, nos invitamos mutuamente a varios cuba libres y al despedirse me dijeron que eran policías y estaban de servicio, que nos estaban siguiendo, supongo que nuestra apariencia invitaba a todas las sospechas. En Coruña el ron pudo conmigo y me quedé sentado en el suelo de una cabina telefónica mientras hablaba con J; unos amables paseantes me dejaron apoyado en una persiana mientras mis amigos me buscaban por las calles desiertas. En Valdoviño hicimos amigas para siempre, nos invitaban a sardinas y empanada, a albariño, no nos dejaban pagar nunca, nos rifaron y yo le toqué a Quintila, una salerosa, pecosa, divertida chavala que se reía con mi acento tanto como yo me reía con el suyo, nos juramos amor eterno hasta agosto. En la Toja nos perdimos los cuatro firmas y me encontré con un milagro de media melena, espalda interminable, dulzura concentrada y una habitación en hotel de lujo donde aprobé con nota raspada. En Santiago la noche se rompió en estrellas fugaces, las demás, cercanas,  el humo, nos transportaba a otros mundos. Gritábamos en las playas, nos bañábamos en aguas gélidas, estábamos tostados, con flores en la barba, reíamos por cualquier cosa, los días eran una sucesión de sorpresas, de descubrimientos, la vida era nuestra y alguien nos esperaba al regreso. 

Creo que he mezclado el itinerario, que me he dejado muchas cosas, ay, queriendo y sin querer, la memoria selectiva. 
También debo decir que no era mi primera visita a Galicia. 
Añado que desde entonces vuelvo cada año, sin remedio, peregrino o turista, atrapado por esta tierra y este mar. 

Toda esta historia me ha venido a la cabeza pensando en cómo declarar mi amor por Galicia  y sobre todo a sus gentes. 

He escrito A, lo sé, otro día lo diré de manera diferente, espero que mejor. 
Feliz día. 

27.7.16

Desmentido.





Ante las alarmantes noticias que se han desparramado por diferentes círculos, incluidos los concéntricos, me apresuro a desmentirlas en la parte que me atañe: esta página no está subvencionada.

Desde varios puntos de fuera y dentro del estado me llegan mensajes pidiéndome la fórmula del tercer fuego, cómo se consigue interesar a quién corresponda para que escribir en un blog esté remunerado, un contrato vitalicio, una corresponsalía en New York, una columna en el País. Me cansa y aburre ya repetir que no lo sé, que yo no soy ese que se imaginan, que no, que eso que dicen es incierto: esta página no está subvencionada.

Sí es verdad que recibe una ingente cantidad de cariño, muchos visitantes, que algunos dejan flores en la verja de la cancela, que apenas tiene velas negras, que las paredes están llenas de yo estuve aquí y otros grafitis simpáticos, que la amistad crece y me obliga a subir las marcas –hasta esta cruz llegó la marea en octubre-, pero ni un euro, ni un céntimo, lo repito: esta página no está subvencionada.

Pero ya que estamos a calzón quitado, valientes, con el culo al aire a pesar del frío que hace en estos muros, confieso que tengo una habitación llena de ghostwriter. Claro, qué os creíais, este ritmo diario solo se puede conseguir con varios negros literarios, señoras y señores de todos los colores que escriben en una pequeña habitación aneja a mi mansión, con sus plumas de ganso, sus viseras, los manguitos, su imaginación, su sapiencia, su necesidad de compartirla aunque sea con otro nombre, el mío, que solo asiento o deniego con tiranía, sí, pero sin saña –eso es muy malo, me lo repite, más adjetivos, menos adverbios, algo de sexo, más carnaza, está usted despedido-. Como final, una vez más proclamo que pago a todos ellos gracias a mi fortuna personal, las instituciones, el gobierno, no da un duro: esta página no está subvencionada, leches.

26.7.16

Pasan los días como liebres perdidas.





Se encienden los faroles y pasan los días como liebres perdidas en un espacio atroz, sin madrigueras, amapolas carmesíes, blancos gladiolos, rayos de luz amarilla, el regreso a la vida eléctrica en la que todo es como debe ser, pero cuando es como ni tú y yo hubiéramos imaginado ni en nuestros más extraños sueños, es más, es tan, es ay, es deseo de hablarte con la cabeza apoyada en tu hombro, con tu pelo entre mis dedos, con tu miedo reclinado en el mío, con el estupor por entender que nuestros cuerpos entrelazados es un instante de eternidad, es penetrar en el misterio, allí donde el entendimiento se agarrota aunque tú, tan tuya, tan estricta, con tu territorio absolutamente delimitado, ni una bandera sin ondear, prohibido el paso, no, estas son las normas que acato, tan loco, tan ausente, tan desenvuelto, tan de acá para allá, buscando lo que no existe, buscándome, intranquilo, fogoso, apasionado, saltando los helechos que cobijaron mi infancia entre Artxanda y quién sabe dónde a la hora en que cantan los gallos y las estrellas suspiran antes de morir, con dioses que juegan con el insomnio y el dolor en los huesos del alma, sed de príncipes apoyados en la mancebía, flamencos con espuma en la garganta, racimos negros de uvas riojanas, viento agrio, campesinos con manos de arena, tu latido que me recorre, ese gesto delicado con que te bajas la falda, la pliegas sobre la silla, dudas si seguir, ¿he engordado? y te beso los hombros, suelto botones, gemimos, nos derrumbamos en caricias lentas, nos helamos en la casa fría, nos miramos sobre las sábanas sencillas, nos rendimos, nos tocamos los nervios, nos enajenamos, déjame que te busque sin atajos, digo, que te bese sin murallas, sigo, que te coma los labios y la frente, donde te gritan las monjas de la angustia, los tabús, eso no se hace y a estas alturas nos recorren mil hormigas, estás despeinada y aprietas los labios, nos llenamos de urgencias, un resplandor de cielos nos inunda, no sabemos quién eres tú, dónde acabas, quién soy yo, si he empezado, nos transmutamos, nos volvemos ese carnal extravío de perdernos, te resumo, te canto, te poetizo, trenzo mordiscos de ardilla en tu brazo, te someto a ese ritmo que escuchan los vecinos, los curiosos habitantes de la nada al otro lado de la pared, los que sonríen cuando nos ven subir por la escalera, pasar por el portal, que nos envidian, un ejército de dedos afilados, una guerra por tenernos, por poseer el alma ese instante, los suspiros, así, ¿te gusta así?, ¿seguimos?, ¿es de noche?, ¿me amarás siempre?, hiedra y pared, tu aroma, la líquida expresión que ríe y se desliza por tus muslos, por los míos, sudamos como esforzados luchadores, carcajadas, nos escrutamos, nos retamos, abres las piernas, te nado, intentamos otro abrazo y alguien llama, calla, creerán que has salido, no contestes, volverán a llamar, espera un poco, contestas y mi mano tienta tus nalgas rotundas, redondas, delicia de los poros, hablas aparentando que planchabas, Ángel no vuelve hasta mañana, sí, tú te encargas, con la otra mano sopeso la dulce redondez del seno izquierdo, haces que te enfadas, luego te llamo, dices, cuelgas el teléfono, me riñes, nos reímos, inoportuna intrusión en los negocios del cuerpo encaramado en nosotros, vigilando el mutuo goce, generosos, te beso aquí, ¿te beso ahí?, nos sumergimos, nos cambiamos los números, nos movemos, ¿Ángel viene mañana?, calla, sigue, un relámpago de celos, eres tonto, tú sabes, ¿así te gusta?, como quieras, solícitos, complaciéndonos, agitados, íntimos, veraces, bajo las alas turbias de un diablo, espera, juntos, espera, tan intenso, tan insólito, ven, ahora, y me dejo llevar, junto labios y dientes para no gritar, hace un mes no nos conocíamos, ahora tampoco, ella es nadie y yo ninguno, ni siquiera sé quién es Ángel, sé que ella me acaricia con los ojos cerrados y que hoy es lunes, el resto es vacío, soledad, ¿vendrás el jueves?, y prometo, juro, me visto, te llamo al llegar, no tardes, me acompaña a la puerta y, elegante, me deja los cien euros en el bolsillo superior de la chaqueta, hasta otro día.




25.7.16

Los reconocimientos.




Usted conoce ese nerviosismo que te invade cuando terminas un libro, lo dejas sobre la mesa y te pones en el brete de escoger qué leerás después.

Así estoy, acabo de terminar un inteligente, documentado y divertido estudio sobre la bossa nova y me enfrento a la lectura para el mes de agosto, usted sabe.

Hay uno que me tienta, me llama, me asusta, me tiene que sí, que no, esa obra magnífica de más de mil páginas, “Los reconocimientos” de William Gaddis.

Hasta hace poco no tenía ni idea de quién era ese Gaddis, no tengo ni idea de quién es mucha gente, incluso a veces no tengo ni idea de quién soy yo mismo.

A lo que vamos, además de otros libros menores (con menos páginas quiero decir) me parece que me voy a embarcar en este placentero (espero) viaje, que sea lo que Dios quiera, allá voy.

Se admiten recomendaciones o/y opiniones sobre este libro y/o sobre este escritor.





24.7.16

No se esperan para hoy nuevos poemas




No se esperan para hoy nuevos poemas, cuentos o relatos de otros mundos, inspiración divina ni más voces que las de los ángeles cantores, algún mudo y la de mi amada, la que sueño en la ventana.

Llega un fax que anuncia que están en la frontera, retenidos, manejar con cuidado y otros bultos, seis sonetos, una arenga, notas varias y la marea que sube y nos arrastra.

En consecuencia, deberé trabajar en lo que falta, la violenta crecida de pasiones, la ausencia total de ocasiones, de pecar, la aglomeración de sensaciones y emociones, la resurrección de la carne, la vida eterna, amén. 

Busco inspiración en otros mundos.
Nada.


Ni aun así, entre columnas rotas respondo cartas con desgana, intento versos, los borro, frente al espejo del armario me miro por si ya he salido y estoy solo, el cielo es de plomo, calor, muere otro discurso entre los dedos torpes como fresas, recojo los platos, escucho la tarde cubriendo de azul oscuro los árboles del parque, no hay pájaros, hay tristeza, nadie llama, no se esperan para hoy nuevos poemas.

23.7.16

No hay más.




De vez en cuando es preciso pararse, mirarse, reflexionar, sacar conclusiones y continuar, -bien por A, bien por B-, romper lo que no, construir algo nuevo.
Incluso quedarse sentado y mandarlo todo a paseo.
Es otra opción.
Esta es la enésima revisión.
Con espejos y sin ellos.
Ya no es lo que era.
Ni lo que será.
Es lo que es.
Ahora.

No hay más.

22.7.16

Quedarse sólo.



De vez en cuando es interesante hacer balance, evaluar, aprender de lo hecho, rectificar si es preciso, seguir por el mismo camino o cambiar de rumbo, de bicicleta, de gustos, de idioma.

Incluso cambiar de cara, de compañía, de planeta.

Quedarse sólo.

Traductor

Se quedaron

Lo que hay.

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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