17/9/14

Un trayecto del ser místico.



Un ser místico es un ser profundo-no hace falta siquiera que sea religioso-, “que no puede parar de caminar, que, de algún modo consciente y cierto de lo que le falta, sabe de cada lugar y de cada objeto que no es eso, que no puede residir aquí ni contestarse con esto” (Michel de Certeau).

En el trayecto de aquí hasta ahí busco las señales que me lleven, eso que no tiene nombre, la habilidad para distinguir entre lo permanente y lo accesorio, latitudes, longitudes, olores, brisas, miradas, alguien que mueva las manos y toque mi alma, sombras bajo árboles desconocidos, horas a deshoras, monedas que suenen diferente en los mostradores, sonrisas de luz, carreteras vacías, con arcén, viajeros perdidos en un aeropuerto con niebla, un lugar sin esbozos, elegido, no un desierto, no un final sin destino.

Tras el esto y el aquí siempre hay muchas cosas. (Isidoro Reguera)

Busco fronteras, quizás mis propias fronteras, esa raya que trazo sin saberlo. ¿Dónde voy? Lo sé, busco al Otro, ese que son otros y yo y todos, enriquecernos juntos, desposeerme, dar, saltar el muro del miedo a ser, pleno, libre. Un ardiente norte. El reto de saberme en los demás.

La victoria es una ilusión de filósofos e imbéciles. (El ruido y la furia.-W. Faulkner)





16/9/14

Carta del anciano amante.


(Eric White)


Entre los pinos, corriendo en zigzag, resbalando en el musgo, ha pasado tanto tiempo que he olvidado cómo escribirte, con anzuelos, con embudos, con orquídeas en los márgenes, cómo, sentado con las piernas cruzadas o colgado de la punta de un pararrayos, alpinista con los dedos apoyados en el vacío, purificándome en la dialéctica represión/ simbolización, necesito sobriedad, calmar estas ganas de inventar esdrújulas, esta manía de afilar las uñas de los gavilanes, esta necesidad, aún, de verte, ay, asomada al cuarto piso o al abismo donde paseábamos cuando llegó septiembre y conservábamos en la piel las huellas de playas lejanas, tú en el sur, yo en el norte, siempre hemos estado lejos mientras crecía la hierba y no lo sabíamos, mientras llegaba la noche y pensábamos que no había amanecido, buscándonos en la plaza donde fuimos niños y llenamos los bancos de besos presentidos, de miradas entre los juegos que no lo eran y tu seriedad flotando como un trasatlántico ebrio por el océano de tantos años sin vernos, estanque de los patos, marca de un cuadro en una pared vacía, ciudad de símbolos, demasiado pequeña para juntarnos, demasiado grande para encontrarnos por azar en la Gran Vía, en un bar de las Siete Calles, en el cielo pintado de algún cabaret en el que perdía mis reservas de ilusión, el rescoldo de esperanza cuando tenía tanta sed, tanta hambre de verdades alineadas sobre la mesa que no compartimos, sudando cuando subía la cuesta, para verte, la amada de mi amigo, la niña seria que miraba desde el confín de un mundo al que no tenía acceso, demasiado asustado en una vida para la que nadie me había preparado, en la que las reglas las ponían siempre otros, ellos, crecí luchando contra ellos y luego yo fui también ellos y hay largas épocas de mi historia de las que solo recuerdo que estuve allí, cantando o escondido bajo la cama, esperando un milagro hasta que comprendí que los ángeles eran de cartón, que el demonio tenía un tridente verdadero, que las maletas estaban vacías y que la única forma de distinguir un lunes del domingo era pintarlos con lápices de colores, dónde quedó el contorsionista que saltaba las barras de los bares, el que enmascaraba los sueños perdidos con risas desencajadas y labios pretendidamente hábiles, ahora ¿lo notas? ahora es demasiado tarde para todo y este que ves y no ves es un puntilloso recolector de sueños que grita frente a tu jardín mientras Tobías ladra a la luna y las estrellas han ido cayendo en el campo de girasoles donde se refugiaban los vagabundos y Mary Taylor, los testigos perspicaces que anotan fechas y dichos, la anchura de la acera y al otro lado estás, distante y cansada, con los muslos temblorosos de olvido, con ese pañuelo que te oculta el rostro, con las pupilas como talladas por el efecto de mirar las almas al trasluz, oficio de maga, de sabia que esparce sales y azufre por los quicios del cerebro, ceremonia de paraguas, soledad de estas palabras goteando desde la última esquina de una quimera, altar con cirios encendidos y las alfombras llamándose de habitación en habitación...¡alto! esta es la carta de un anciano amante sin apenas fuerzas para sujetar la pluma, sin ideas para decir lo que quiere decir, sin otro impulso que pararme frente a ti, extender los brazos en cruz y decirte que esto es lo que de mí queda, que este rehén de tu recuerdo soy yo y esta luz que llevo en las manos es lo único que puedo ofrecerte, reina de mis sueños, bella mujer al otro extremo del mundo.


15/9/14

Contraluz.

 “Sólo queda la fábula.
 Lo que se narra y al narrarse crea
 la sola narración para ninguno”

( José Ángel Valente)



Sentado en el contraluz del ser o tener, apenas bosquejo el movimiento de lo que quiero decir, borroso dibujo de una propuesta filosófica, buscar la poesía en lo cotidiano, romper el bostezo con orquídeas o con ortigas.

Siento las miradas de los fabricantes de triángulos, el revés del concepto de amistad, sus cuchicheos nocturnos como miriápodos recorriéndome la espalda.

Hablar de lo que no se puede decir, de su relación con lo que decimos. Aquí se entrecruzan lo dicho con lo que no digo, el silencio debajo de tantas palabras que hablan de €, de $, un negativo de lo que se ve, fotografía Polaroid en colores falsos.

Quizás estoy en ninguna parte y estos con los que hablo no son sino un recuerdo de quienes fueron.




14/9/14

Trasgo peleón.

No dejaremos de explorar
Y el final de la exploración será
Llegar al punto de partida
Y conocer el sitio por primera vez.

(T.S. Elliot)



Se ha despertado el trasgo que vive en mi pecho y no me deja dormir. Un vigía ciego encaramado en la proa de la noche arponea con saña los plácidos cachalotes que nadan en mis sueños. (¿Qué haré?)

Uno empieza así, como jugando, sin saber bien donde entra. Al rato se inventa unas reglas: continúen por las rayas amarillas y tuerzan en la esquina, lleven siempre brújula y no pisen las amapolas. Normas dictadas por la polimatía, para no perderse en el bosque, para continuar por el sendero conocido, allí donde el paisaje es familiar y no hay perros con carlancas, ni videntes, ni erizos negros. (Ingenuidad)

Cuando el reloj se para es cuando empieza la desazón, los problemas, las palabras se atoran en la garganta y te ahogas. Y ahí no sirven los ya te lo dije, ni los por si acaso. Entonces es cuando sientes esa piedra que se planta en el pecho, que te aplasta, te quedas sin fuerza, el silencio te muerde las orejas y las expectativas. Luego lo de siempre: la niebla del día tras día se posa en tu frente como epítemas, te vuelves invisible, desapareces y al día siguiente nadie se acuerda ya de ti. (Nadie)

Creo que por eso sigo luchando con el trasgo. (Entre tú y yo, me va ganando).


(Jorge Alderete)



13/9/14

A

Es curioso, digo A y los niños se aglomeran en las puertas de entrada.

En cambio, digo:




Y sólo escucho el canto de los cerezos y tres campanas.
Debe ser el eco.
O que chirrían los goznes de las mazmorras.
Yo qué sé.




12/9/14

Nunca escribiré una carta así..




Ay, hemos perdido a propósito el libro que todo lo explica, pero ven, cierra los ojos, vamos a nadar a otros mares, a otros remansos, aunque tengamos que diseñar un océano interminable, aunque tengamos que determinar la altura de los cordeles donde se probará nuestro equilibrio. Ten en cuenta que desde ahora todo debe ser más claro, vacío de esas dudas adultas y dormidas, con respuestas de nácar, con niveles que modificaremos a nuestro antojo.

Jamás he conocido una mujer como tú, tan fuera del mundo que dominaba, que manejaba, el que sabía. Eres diferente, me atraes hasta desafiar tantos ojos mirándonos como rocío en la hierba detrás de nuestros pasos.

Vete de viaje, sé feliz y vuelve. No te preocupes, veo tu alma transparente, tan delicada que no sabía que el prodigio estuviera escondido ahí, junto al cementerio de paredes verdes, junto al caserío blanco de aldeanos que cuidan sus vacas y sus costumbres, en esa persona, tú, que tejes un adagio que no conocía, yo, que en tantos conciertos he silbado eso de Yorgos Seferis, allí donde toques la memoria duele, que en tantas noches de ginebra y soledad he estado rodeado de sombras con forma de mujer y me han contado tantas y tantas mentiras, y verdades. Tantas y tantas manos tendidas y era otra cosa, porque ahí estaba el factor que marca la distancia, o la cercanía, que determina donde empieza la caricia y donde termina esta melodía que no sé detener porque te hablo y hablo y veo tus ojos de agua y me maravilla que en el mundo queden personas como tú, que deberías ser una especie protegida, que voy a proponerte como paraíso natural, como reserva de protección de lo que ya no hay.

No te preocupes con dudas y tristezas, siempre hay un mañana para llorar, hoy vamos a reírnos porque hemos estado juntos, mirando nuestro mar, mirando nuestro aventurada relación que crece desde nosotros como una planta incontrolable. 

Dejemos las tijeras de podar y abonemos confiados ese abrazo en silencio, las olas ahí abajo, sin gaviotas, las rocas, los vientos, nuestros pechos alborotados porque la piel nos quema y olvidarnos del mundo de ahí fuera. Se me escapan los caballos cuando te pienso y me vas a permitir que el próximo día no hablemos, no preguntemos, dejemos un minuto de silencio para oírnos, para escucharnos los corazones desbocados cuando nos miremos a los ojos. Te beso con tal ternura que me duele algún músculo perdido ahí, entre el cuello y el ombligo. ¿Será un sentimiento que quiere volar?




11/9/14

Chorus Mysticus.

Chorus Mysticus.

Todo lo que ha ocurrido
es sólo una parábola.
Lo que es inalcanzable
se convierte en suceso.
Lo que es indescriptible
se ha realizado aquí.
Lo eterno- femenino-
nos permite avanzar.

(Fausto – Goethe)



Sigo aquí, así, sin impulso, con las brújulas en el armario, con las ruedas del coche torcidas, se me han dormido las danaus plexippus del estómago, mi musa de la fantasía se ha marchado con un viajante de electrodos rusos, mis bolígrafos han perdido la tinta (en realidad no todos), los pájaros las plumas, los caminos tienen las señales borradas y no sé si voy al Sur. He tirado las maquinas de escribir por la ventana (¿comprenden el juego de palabras? ¿sí? ya, explíquemelo). Enredado en un zarzal de culpabilidad no me muevo, ay, que yo no fui.

Se me ha vestido la intimidad.
Dejo este informe del jueves desnudo.
Decidido, me quedo en la cama y que inventen ellos.
Como mucho voy a bordarme las vísceras por si alguien me mira dentro.
Si encuentra alguna metáfora es mía.
Vuelva usted mañana, por si estoy.
Me avisan si eso.




10/9/14

Hoy no estoy


 "Lo que es inalcanzable se convierte en suceso



No sé de dónde sacaré el texto de hoy para mañana, el arrebato que me fije contra el blanco muro del papel. Me pesa la contradicción, el sí y el no, el querer y no poder, la realidad, el tiempo que se me escapa, despeinado, gritando por los pasillos que llevan a lo oscuro. Se me ha dormido el centinela que vigilaba el flujo de luciérnagas danzando entre los árboles de la noche. Camino por el páramo de mi propia memoria. Se han quemado los prados de mi inventiva, arrasados los frutos, renegrida la mies del pensar. Busco un espacio donde brille otra luz, o la misma, donde brille.

Hoy no me faltan palabras, aunque las tengo, me miran desde el cajón, alborotadas, levantan sus dedos transparentes para que las escoja. Hoy me falta imaginación, las ganas de abrir la boca del cocodrilo del aburrimiento y meter la cabeza dentro, o entrar entero. Hoy no tengo la pasión necesaria para desabotonar el vestido de la que deseo, ni las fuerzas para subir a la cima de un monte y beber por obligación la quina de la rutina. Hoy me tumbo en la cuneta y dejo que me lleve la corriente, que me trague el remolino del ocio, que me cubran las arenas del qué sé yo, de la indiferencia. Hoy no estoy emocionado, tembloroso, atento, no, estoy pero no estoy.




9/9/14

¿La salida?, por favor.




Es una cuestión de opción -a quién quieres más ¿a papá o a mamá?-, también de pulsión -qué postura te gusta más -¿A (con A) o B (con B)? (incluso C (con C), etcétera)-, y así anda uno por los intersticios de los días con una sensación dèjá vu en los recovecos emocionales, ora arriba, ora abajo, con hollín en los párpados, tratando de escapar de la Emperatriz, la dama negra que lanza sus encantamientos en la distancia, que clava alfileres en el muñeco y ahora me duelen los intestinos, ahora me duele el alma, ahora salgo a la ventana a ver el mar -un día, hijo mío, todo esto será tuyo- y luego llegó el bárbaro, el de la mitra, y se acabó la fiesta, las plantas carnívoras del miedo crecieron en nuestros jardines y desde entonces permanezco sentado en la panadería, absorto en masas y cocciones, no se pase el punto, mendigando amores- ¿nos acostamos, vida?-y la vida, otra, pasa en patinete, rauda, con prisas por terminar, hasta que un día – aquel ¿recuerdas?- uno se reencuentra con su pasado, así, de sopetón, en una esquina, en una ventanilla -hola, soy tu pasado- y te entra un miedo que se te caen los alfabetos, los poemas y te metes en un trigal hasta que pase la nostalgia cabalgando en un rocín huesudo, en el rescoldo de lo que no fue pero que la erosión de los signos no ha olvidado.

No sé muy bien lo que digo/escribo, por eso lo escribo/digo. Aún así el tormento no cesa y esta profesión de ave migratoria está muy mal pagada, mal considerada, nadie te toma en serio, que te vas y como nadie asegura que volverás, pues eso, que, nada, te leen y dicen (digo yo) ¿qué querrá decir este tío? En esas estamos (también).



¿La salida?, por favor.


8/9/14

Balbuceo.

Serena tú mi sangre, clara fuente

Me está dejando casi sin entrañas
este tremendo amor enarbolado
-¡Oh, páramo de ardores dilatado!-
en que escucho mis voces como extrañas.
Serena tú mi sangre en las cabañas
íntimas de tu ser y tu cuidado,
y guárdame en el aire enamorado
con que a veces mi dolor engañas.
Si mi lumbre te duele, ¡Oh, clara fuente!,
yo borraré los húmedos celajes
que tus párpados prenden tibiamente.
Volveré a tus cielos sus paisajes
clavándote en los ojos hondamente
los mansos huertos de mi ardor salvajes.

Dionisio Ridruejo






Cariño, no te aclaras, ya, no te aclarabas antes de tantos cambios conque fíjate ahora que los continentes se mueven y nada es lo que parece excepto que no parece que leas a Faulkner (¿alguien lee a Faulkner?) o a James Salter (¿alguien sabe quién es?), parece que te dedicas a leer blogs de poetas locales, entendiendo por local lo universal, nueva forma de concebir lo literario, el arte, necesidad, dedicación y salero para escribir algo que interese, conmueva, emocione, sugiera, crispe, ralle, enseñe, incomode, altere, te invite a pensar, soñar, actuar, copular, ir, volver, suspirar, entrar en otros mundos que estén en este que es pequeño y está lleno de muros, barreras, aduanas, prevenciones, colores, idiomas y ahí, sorprendidos, estamos mirándonos las diferencias sin saber que ese que llora somos nosotros, ese que mira también y el que muere, el que está colgado en la valla de Melilla, este es un espejo circular en el que no se libra nadie y las palabras son ceniza que cubre el hastío, el mío (¿y el tuyo?), están huecas, explotan bajo la lengua llena de cicatrices, salen torcidas de la boca, no dicen, no transmiten, humo y bloffshochzzoppgccc.




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Se quedaron

Lo que hay.

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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