Glup 2.0

21.11.18

Búsqueda 1



Entre los juncos agitados por demonios exhaustos de mal brama el león, ruge el jaguar, se derrama la lluvia sobre la iniquidad del polvo, lame el onagro la sal en las escamas de los peces boqueando en la arena, las ranas esquivan el certero pico de la grulla.

¿Dónde estás?

20.11.18

Inversamente proporcional.



Me enamore de ella como un perro…

¡Eh, quieto! ¿Qué vas a contar?

Lo de…

Ni se te ocurra.

Es que…

Ni por casualidad, ha pasado poco tiempo, debes dejar madurar la rabia silenciosa, las imágenes confusas, el ácido sabor de la derrota, desterrado del mundo feliz al que nunca perteneciste, los recuerdos que son ya de otro, aquel que fuiste, no de ti, no ahora que  eres laberinto, que eres nuevo, estás solo pero vivo, tú, dueño, de nadie más.

Pues lo estás poniendo bien…  

Destrozaste a mordiscos tu autoestima, a hurtadillas…

Déjalo, me voy a casa.

Hasta mañana.

Agur.

19.11.18

Entonces nos veremos.



Desde aquí, salta, vamos, ocultos en los callejones oscuros, adoquinados, con un rayo en el pecho, entre las ropas, con un batalla en el corazón, feroz, sin prisioneros, pasando a cuchillo a los vencidos, estéril tragedia de tanto sentir, quimera rota en el espejo roto, ingenuas aventuras en la nieve, sus manos bendiciendo, posándose en mis labios torpes, cerrando con llave la puerta del retorno, milanos en el aire y no sé dónde esconder la furia, desarraigo a la espalda de lo único posible, vivir en el insomnio, guardar el Sueño para cuando, o antes, fundar un lunes que brille, un martes rubio, un alacrán de rabia en la mirada, simular naufragios en el llano, inventarse lo inconcluso, un horizonte, y seguir, arde la selva del alma y hay una estampida de emociones, la jauría no cesa, esta vez en la nuca destacan tatuajes de ironía, quemamos los puentes en invierno –qué frío ¿recuerdas?- y el retorno de la primavera nos sorprendió en el centro de las colecciones, fotos amarillas, ruido, pétalos entre las páginas del único libro, ladran los perros de la duda, quieren mordernos los riñones, el hígado, husmear el triste inventario, los recuerdos, nos siguen, no tan lejos, en la huida, hasta Navidad, iré–dijiste-.

Entonces nos veremos.

18.11.18

Alteración




Todo iba, más o menos, en esta esquina del aire.

Pero me entró la duda, no sé si escribo lo que siento o lo que no debo sentir.

Por eso altero el blanco con imágenes y música.

17.11.18

Parker en una ciudad oscura


No era Parker, era otro aquel que seguía a una mujer con un vestido verde por las calles de una ciudad oscura.
Se escuchaba un lamento de viento en las alamedas solitarias, un paisaje de película alemana, el amanecer retenido por melodías de párpados, la luna pintando las esquinas con luz de espuma.

ÉL caminaba a varios metros de aquella mujer, absorto en el designio, guiado por un presentimiento, triste en el desconcierto de su vida de un lado a otro, ebrio a veces, loco otras, siendo sin ser las más, desterrado de la felicidad, sin encontrarla.

No se atrevía a abordarla, a decir, a preguntar su nombre, su destino, si podía acompañarla, simular un parecido, un pretexto, mentir.

En una plaza ella subió a un autobús y ya.  

Pasa el tiempo y en la cabeza de Parker no se difumina su contorno, el aroma incierto de la ilusión, los pasos solitarios en la noche ideal del descubrimiento.

Esta es una historia sin fulgor, con cenizas y penumbras, empaña el brillo de los días, además es absurda, pero a Parker le duele.

16.11.18

Parker vence las dudas



Después de tantas dudas se quitaron la ropa con torpeza, con avaricia, arrinconándose en el temor al universo de las caricias,  a la tentación del hambre de ser uno, caminando sobre arena, fuego, piedra, lámparas de deseo brillando en mitad de la habitación sin salida, ya no, con fragmentos de encuentros casi olvidados, las piernas enredadas, el vértigo en la nuca con un abanico de palabras dulces, los poros fueron madrigueras de ternura. Se convirtieron en fiebre, en hoguera, eran dos aventureros en las alamedas del nunca antes, melodía acompasada, rumor de algo eterno, desconocido.

Ahí están, amándose con apasionada inexperiencia, Parker, el hombre que descubrió un cielo rojo y ella, la mujer más bella del universo.

Esta historia me pertenece, me niego a seguir contándola.

15.11.18

Parker sabe



Parker sabe que amar y llorar son verbos que se complementan pero él está aún en un estado previo, antes de los centinelas de la cordura, antes del soborno de lo correcto, en las puertas del engaño a los espejos y los nombres, con la realidad adormecida, con ángeles desmemoriados que no saben volar, con un conjuro bajo la lengua, niebla desgajada entre las flores heridas del porvenir, morada deshabitada, una cama al fondo. Va hacia la escalera.

14.11.18

Parker y el temblor




 Se encontraron en una esquina de su vida hecha de trozos de rutina, allí donde nunca antes habían transitado. A ella le sorprendió la bufanda roja que Parker llevada alrededor del cuello. Él aún no sabía que detrás de aquel rostro cansado estaba la mujer más bella del mundo. La noche se llenó de ranuras, se entretuvieron en acumular monedas de soledad antigua, el resto estaba ya escrito. Abrieron los ojos a la imparable invasión y dejaron las armas celosas en el hilván de un vestido de insomnio, entraron sin miedo en sus propios túneles hasta llegar a las fronteras de la intemperie, temblaron e intentaron el goce.

13.11.18

Balderrama

La poesía es eso que te atrapa algo, el hígado, un pulmón, el bazo, no sé, algo ahí dentro y te lo retuerce de belleza, de dolor, de estupor o de lo indefinible. Sobre todo cuando la edad no te deja saber, hay un momento en el que te puede ocurrir, es un fogonazo, una revelación, si no lo has sentido entonces estás perdido, serás siempre como  no debías ser. Digo pronto, antes que   el cinismo,  los rencores, el miedo no te dejen ver más allá de los agravios de la vida.

Cuento esto porque sí, pasé muchas noches en bochinches, en bares tristes y alegres, en clubs medio oscuros o mal iluminados donde sonaban músicas y corría la ginebra y otras sustancias que cambiaban lo gris por destellos de algo parecido a la alegría. Después las mañanas eran duras, no terminaban nunca, el trabajo se alargaba pero a la noche, vuelta, a lo oscuro.  En aquellos tiempos escuché esta canción   que no puedo dejar de recordar sin una nostalgia que me muerde la nuca y más abajo. ¿Dónde iremos a parar si se acaba Balderrama? Nos fuimos al carajo. La poesía te salta a la cara cuando menos te lo esperas.

12.11.18

Jackson



Cuéntalo.

Jackson era algo así como un gánster.

Sí, que emocionante.

Anda, calla que me distraes.

Vale.

Digo que Jackson era algo así como un gánster. Su radio de acción era Tribeca, que presuntamente es una zona de no demasiado movimiento para actividades delictivas. Rondaba los cincuenta, más hacia arriba que hacia abajo.  Tenía esa apariencia decadente de los que fueron guapos. Le gustaban dos cosas, el dinero y las mujeres, por ese orden.

Camille era algo así como una mujer que quería vivir, a ser posible, bien. Limpiaba unas oficinas en el edifico Chrysler, de madrugada rondaba los bares de Mercer Street y Broome Street. Era bella hasta dolerte la lengua al decirlo, bella, ¿ves?, duele.

Para abreviar, Jackson y Camille se conocieron una noche en Scores y ambos se quedaron prendados, cada uno tenía lo que quería el otro, es decir sexo y dinero, respectivamente. Camille consiguió dinero pero Jackson no consiguió sexo. Por alguna razón fisiológica (o así) que tampoco me pondré  ahora a investigar, Jackson no conseguía, en efecto, no conseguía. Era la primera vez que le ocurría una cosa así y a este dramático problema se le añadía qué, nadie supo cómo fue, se enamoro de Camille.

Un momento, dijiste que Jackson tenía unos cincuenta. ¿Qué edad tenía Camille?

La verdad es que él tenía más de sesenta y ella apenas llegaba los treinta. La cuestión es que pasadas unas semanas Camille empezó a mostrar signos de aburrimiento, ya no se reía cuando Jackson le contaba por décima vez como le partió las piernas a John Smith, ni cuando fanfarroneaba con las mujeres con las que había tenido relación. Seria postal, decía ella, riendo de su salero.

Sigue, sigue.

Una noche, al cuarto gin tónic de Hendrick´s, Jackson observó como Camille miraba con insistencia a un joven guapo y gracioso junto a la barra del bar. ¿Quieres acostarte con ese tío?, pregunto. Uhmm, por supuesto, respondió Camille. El resto fue un rápido acuerdo, cincuenta dólares pero él miraba, los tres estuvieron de acuerdo.

Camille disfrutaba, mucho. El muchacho ponía de su parte. Jackson pagaba, no disfrutaba y pensaba que no había sido una buena idea. Este curioso menage a trois duro exactamente el tiempo que tardo Camille en quedar prendada de las habilidades del mozo en discordia. Dejo de atender a Jackson, no respondía a sus llamadas telefónicas y AT&T se enriqueció aun más con el uso y abuso del celular del mal chico y buen gánster que era Jackson.

¿Cómo termino la historia?

Pues como terminan los cuentos de hadas. Jackson encargo a unos colegas que dieran un escarmiento al chaval. Le propinaron tal paliza que de resultas de la cual le ha quedado una cojera permanente y no contentos  con esto, con unos alicates  le cortaron un dedo de cada mano, unos bestias los tíos.

¿Y Camille?

Sigue limpiando las oficinas del Chrysler, con una oreja menos, Jackson se la cortó personalmente.

Vaya historia aburrida y absurda.

Lo que tú quieras, me la contó Jackson anoche, en el bar de la foto de abajo.


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