3/9/14

Carta desde un balcón


Un balcón.
Me asomo y grito.
Usted está debajo y mira sorprendida.



Me refiero a que usted está debajo del balcón. Prefiero matizarlo, ya he tenido demasiados líos. Como cuando escribí que usted estaba encima. Me refería a su capacidad olfativa. Que olía mejor, vaya, que tenía mejor nariz. Pero usted interpretó ese encima como una posición corporal. Es decir que usted estaba sobre mí, su cuerpo sobre el mío. Le dio un matiz erótico. Esas cosas me preocupan. Entre usted y yo hay diferencias. Usted es una mujer, yo no.



Lo admito, hay frases que precisan explicación. Este es el motivo de esta carta. Aunque usted también dice, dijo, frases que pueden, podrían, dar lugar a equívocos. Como cuando dijo que me quería. Exactamente dijo: “te amo”. Eran otros tiempos, lo sé. Siempre me he portado bien con usted. Incluso cuando me decía: “otra vez, rey”. No era una orden, ya, pero lo parecía y el amor no es una cuestión mecánica. Bueno, no del todo. Concedo que hay una parte técnica, de rígido cumplimiento. Al menos por mi parte. No soy una máquina. Tres, o cuatro, pienso que es suficiente. Usted no. Esas son las cosas que nos separaron. No soy un funcionario del sexo, soy un romántico. No digo que usted no lo sea. Pero es exigente. Quizás sea la edad. Usted es mayor. Yo no. También pudo ser una cuestión de tarifas matrimoniales. Un desacuerdo.



Por eso me asomo al balcón.
Para gritar (lo).
Usted está debajo y mira sorprendida.



2/9/14

Mañana de cerámica-




Aquella mañana, casi mediodía, no fue de cerámica, no, fue radiante a pesar de la lluvia de después. La revivo como un milagro con flores saliendo de las ventanas, de los balcones, gentes sonrientes apartándose a nuestro paso, coros de niños cantándonos  a José Alfredo Jiménez, “préndeme fuego si quieres que te olvide”, avestruces sabias mirándonos con envidia, ella en silencio y para qué diablos necesitaba hablar si sus ojos eran pura elocuencia, si su belleza era virginal con rayos ondulados saliendo de un rostro que repite en fotos y más fotos y en cada una está a cual más hermosa, un ser celestial, de otro mundo, yo hablaba sin parar para que ella no despegase los labios,  movía las manos para apartar el aire,  me ahogaba,  quería atrapar el instante como un pintor autodidacta, como un fotógrafo de luces, como un atrevido dibujante que apenas sabe deslizar trazos por lienzos de aquellas calles de domingo con poetas en las esquinas y gatos en los tejados. Después el cielo se rompió, oscureció,   parecía que millones de habitantes entraban por aquella parada de metro, tantos que no pude despedirme, mojado, torpe, tartamudo, sin saber que más decir, deshabitado, como caído de un cuarto piso, herido por el rayo de su ausencia repentina. Han pasado muchos meses y está en mi cabeza como una foto fija, como esas estampas en negro que miras con fijeza durante 30 segundos luego miras al cielo y ahí está, en blanco, la silueta, o sea ella, que no me olvido de nada y quiero que sepa que no, aquella mañana no fue de cerámica.






1/9/14

Carta del amante que busca en las plazas.




Mi amada, nos encontramos, no importa dónde, desde el primer momento en que nos vimos se encendió una luz, desde que vi tu sonrisa y tu mirada quise entrar a un portal para besarte, tocarte, para saber que eras real, para tener la certeza, para atrapar para siempre un momento tan bello.

Nos encontramos,  no recuerdo  si fue en aquel bar mínimo del Rossio en Lisboa donde servían ginjinha a 1 € o nuestras miradas se cruzaron frente al escaparate de  Tiffanny en la esquina de la Quinta  y la  57 una mañana en la que Audrey no acudió. Quizás nos buscamos en la calle Madero en México DF camuflados entre poetas mendicantes y ciegos que cantaban al amor con voces tan desafinadas que me fui a encontrarte en Boca del Cielo sin saber que estabas al otro lado, en otro mar, en otras profundidades y silbé mi soledad entre perros vagabundos en una playa del Pacífico y aves marinas que se reían al pasar por encima del miedo a la oscuridad en una cabaña que mecía el viento.

Sé que un día te encontré, era una mañana de cerámica y estaba nublado, busqué tu rostro entre los cirros como un detective de nubes, imaginándote, atribuyéndote belleza aún sin saber si eras una entusiasta de las tortugas del Caribe, una contorsionista de un circo ruso o una afamada cronista de la sociedad de Londres, allí donde los taxistas me perseguían por no dejar propina y una mujer llegaba a mi cuarto de madrugada, me contaba que había subido el precio de la langosta, que le habían dado buenas propinas, que estaba agotada de servir mesas a ciudadanos griegos en viaje de novios, después nos amábamos y a la mañana ella ya no estaba, siempre pensé que era un sueño repetido, aún no sé si fue real, por eso, para no repetirlo  grité tu nombre por calles y avenidas, por los pasillos de hoteles con habitaciones oscuras, disfrazado de hombre de las nieves te busqué sin conocerte, un ciego tanteando en el futuro, un tamborilero que solo sabe una canción, un titiritero enredado en un cable tendido entre el Chrysler Building y otro rascacielos sin nombre. Te encontré  al final de un largo pasillo que recorrí descifrando enigmas mientras me esperabas detrás de una puerta, temblando, anhelante,  con una mezcla de miedo y deseo, tan bella, tan mujer, vestida apenas con una camisa blanca. Aunque ya lo estaba, me volví más loco por ti, más cuerdo, más pendiente de tu felicidad,  colmado sobre tu cuerpo en una cama con dosel, fascinado, tan lleno de deseo que temía convertirme en una fiera, morderte, devorarte, tan excitado estaba, tanto,   que temía lastimarte, tú, tan dulce, tan sensible, con esa piel en la que me ahogaba de placer, explorador entre tus muslos pero también cuidándote, meciéndote, llenándote de dulzura, mirándote como te miro, extasiado, temeroso, para no romperte, no herirte, que solo veas luz y amor. Me descolocas, me mueves el piso, me llevas y me traes, me tienes entre los dedos, soy un insecto que solo puede volar a tu alrededor pero, ayúdame, no recuerdo dónde nos encontramos, apenas sé quién eres.



31/8/14

La huida de los intrusos.



Esta página ha vuelto de vacaciones.
Y yo.
Un aviso y una amenaza.

Se ha roto el idilio entre el hipopótamo y los erizos, el aleteo de los murciélagos nos deja un regusto de leche cortada, de súbitos amaneceres, de entrecortados jadeos en la cuesta arriba. Es inútil que psiquiatras alterados busquen al intruso que se coló en el laberinto de soledad. Se ha ido, desapareció por una puerta enmarañada. Si, no, blanco, negro, sexo, I, O, encendido, apagado.

Notifico que he vuelto a trabajar y tengo la esperanza arbolada. O no, yo qué sé. Quizás no sepa transmitir mis emociones amargas, mis frascos de júbilo, mi colección de mariposas de papel, aquella mirada de Mirada. Quizás la virtud de adivinar está aún adormecida o no es posible ejercer de espectador de caleidoscopios ajenos. En cualquier caso a nadie le importará y un arquitecto de fragmentos prepara las normas para el siguiente edicto. Será pronto.

Tengas ustedes en cuenta que esta divertida tarea de juntar palabras es un ejercicio de amor. Chin, chin, boise seche. Este paseo desde la gruta con pinturas de nadadores hasta los aledaños de una prisión de panteras es un truco de magia. Krik, krak. El lanzador de cuchillos se entrena con estrépito. Shuiuzt, shuiuzt. Tengan cuidado con los cambios climáticos del final de agosto. Y con la nieve de diciembre.

Entre la maraña de punto.com nos buscaremos, entre la interminable sucesión de letras, voces, silencios, imágenes, sílabas, puntos. Y comas. Pronto olores. ¡Qué delirio! Tengamos confianza, nos encontraremos en el paisaje nuestro de cada día. El destino duerme en un anaquel del pozo de la turbación. Amén.

Vuelvo sobre el escenario. Sin pudor. Salto al laberinto y clavo mensajes, números en cada esquina. No se pierdan, no se escuden en la venda, no se fíen de las premoniciones, no estén tan seguros del desenlace. Sean ustedes mismos. Mantengan la, esa inquietud. Y la fe. No lloren por las ausencias. Búsquense. Búsquenme.

Levanto una maquinaria de hojarasca difusa, una sinuosa estampa de armonía, una telaraña en la telaraña. Mientras las naves viajan a Titán, nosotros continuamos temblando, perdidos en el desamor, en las preguntas, en la babélica y trivial malla sin reglas, en universos interactivos intuidos desde la cocina de nuestra casa, en métodos tecnológicos de los que no comprendemos más allá del on/off.

On. La televisión recoge catástrofes, guerras, barbarie. Off.
On. En los altavoces vibra una música de Joe Barbieri. Off.
On. En mi corazón se extiende un puzle de un millón de piezas. Off.
On. Me resulta difícil borrar nada y un hilo resiste entre los hilos cortados, se tensa, vibra con sonidos amorosos. Off.

Descubro una mujer desnuda en mi cama y las cortinas se abren al amor de la mañana. Ella me dice que lleva ahí varios años, tumbada, esperándome, con las caricias detenidas, con la dulzura embalsada, con los besos a punto de florecer. Amo a esa mujer. La amo desde siempre y hasta el final del horizonte. Me levanto y mi cabeza golpea contra el armario donde guardaba la impaciencia. Me despierto.

Vuelvo a leer lo que he escrito y me siento como un caníbal melancólico, como un equilibrista de la peripecia, como un pulcro mentiroso ejerciendo su oficio. Pero deben saber que el bosque de tantas manos agitándose desde las estaciones, desde los aeropuertos, desde el borde de los caminos, me distraían. Las he cortado, todas. O estoy en ello.

Y esto, o parte, o algo, es lo que yo quería: escribir/me.
El personaje ha muerto, queda la persona.
Pasen y vean, aquí está mi corazón.
Voy dejándolo en esta ventana.



Nicki Minaj.





http://elpais.com/elpais/2014/08/29/gente/1409331926_180720.html



30/8/14

Agosto 2014




























Soy ese hombre pequeñito que mira al mar


25/8/14

25.08.2014




El caso es que es lunes, ya ves, y una ligera llovizna cambia el paisaje y el pensamiento. Una premonición ¿termina el verano?, ¿ha llegado en algún momento? Desde aquí me dedico al truco de manchar con (presunta) poesía (ajena, claro) los muros como un maletilla en el tentadero, llenándolo de amaneceres floridos y de atardeceres turbios, como un agorero que grita el fin del calor (aquí) pero. Todo tiene su fin (los Módulos) y esto va así, unos vienen y otros van, yo me voy, pim pam pum, septiembre viene lleno de proyectos (ya lo contare). Como Boabdil saldré mañana (llorando), como la mujer de Lot girare la cabeza en el último momento pero no me convertiré en estatua de sal, como Islero embestiré al Manolete de las nostalgias y me iré pian pianito, carretera adelante. Snif. En fin, que remedio. Pues eso.




24/8/14

24.08.2014


Tengo demasiadas cosas que no hacer para perder el tiempo en explicar que desde la ventana veo el mundo, pequeño, si, pero suficiente, veo amanecer y el mar, veo el pasado que se retuerce como una espiral de nombres y rostros y entonces me hago un torniquete en los recuerdos y sólo veo un cuarto oscuro en una ciudad luminosa y ella tumbada en una cama, esperándome (1) 

¿Siempre hay una ella?, preguntan desde el fondo de la sala. Entonces me bajo del escenario y la emprendo a golpes con los curiosos y son tantos que siempre quedo magullado y roto, un perro que se lame una pata bajo un árbol, un envase blanco en las baldas inferiores de un supermercado, un software caducado, mi mano abierta sobre su seno derecho, mi boca pronunciando esa palabra que entré en su cabeza (primero) y en su corazón (después), esa palabra(s) que rompa todos los cierres de seguridad y le doblé las piernas y gire su cuerpo hasta que, por fin, me mire y vea, escuche y (quizás) comprenda (2).

Es domingo y el amanecer también hoy ha sido espectacular y gratis, no subo al faro porque quiero cambiar de paisajes y preparo la maleta y la toalla, la enrosco en mi cabeza y digo, ni se cuántas cosas digo, la mayoría no tienen sentido si se miran de lejos, por eso acerco la nariz y huelo las palabras, distingo el olor de tapioca y el del tabaco, las lágrimas saladas y que paciencia hay que tener, señor, debe ser la edad del almacén y del recuerdo, el tiempo de volver.(3)

Se va agosto y todavía no ha empezado.

Ella vuelve hoy (aplausos desde el avión)




(1) Ustedes no saben lo que es que te esperen así.

(2) Ustedes no saben lo que es que no te comprendan en absoluto pero que te quieran (¿o si lo saben?)

(3) Ustedes ( y Neruda) saben que el que el vuelve nunca se fue.


15/8/14

15.08.2014


Estoy acuclillado en la mitad de agosto. El mes se ha partido con un crujido seco, por los intersticios se escuchan gorjeos, trinos, cantos melodiosos y el dolor que vuelcan los noticiarios, Africa, Siria, Gaza, Irak, tantos lugares de sufrimiento. Subo al Faro como cada mañana, sé que no volveré a escribir, me lo dice el viento que llega del mar, me lo susurra como una amante celosa y voy dejando las historias en ese camino diario que me impongo para descifrar las metáforas, para adivinar que hay al otro lado, detrás de los montes mágicos, del horizonte donde una vez acabo el mundo. Cambió la masa por la forma y se ha quebrado un cuento, quiero parar con las manos la melancolía y es inútil, el pecho se me llena de un dolor negro y duro, algo sólido que me parte la mirada y la esperanza, que me llena de miedo y salgo hacia el acantilado. Es verano aún, quien lo diría y a la semana de la niebla le sigue esta de sol y lluvia, dibujo el amanecer en un ingenuo intento de atrapar la nada, dibujó nubes sobre la superficie quieta de la ría, escribo te quiero en la arena, la esparzo sobre la mirada mexicana, intentó diques para que no se vaya el recuerdo, recojo flores amarillas en la playa de Fora, también esas blancas que me recuerdan a Cádiz, en una mano llevo una nuez y en la otra una piedra del punto de partida, símbolos que me impongo para no olvidar a quien amo, ritos para que la belleza no se agriete, canto para no olvidar su nombre y agosto se ha partido en dos, mis brazos están morenos, mis labios musitan frases en lenguas que desconozco, danés, serbio, alemán, voy a zancadas, nunca llego, ella esta tan lejos, nada tiene sentido, quiero volver y no se donde, aquí no termina el mundo y nos mintieron, aquí empieza otra quincena y tengo que saber si es exilio o fortaleza, si voy o si vengo y las dudas me muerden, bah, me voy a la playa, ya veremos. Disfruten, gente, estamos vivos.




31/7/14

Caminando hacia agosto.


Que cantan hasta los que no cantan. Que sería fácil, o bastante, sorprender a los pacientes seguidores del intento, del cambio, de la mudanza en estos tiempos con fotografías de paisanos que viajan a países a los que antes no se viajaba, antes no se hacían demasiadas cosas-. Por ejemplo Jolie Holland, que es una señorita a la que no conoce casi nadie pero que el “Old Fashioned Morphine” lo borda, y otras cosas. O el McFerrin ese, que parece que solo haga ruiditos con la boca y le ves ahí, en Alemania creo, delante de una orquesta de tres pares, dirigiendo y dando una lección de cómo. Hay fantasmas en las esquinas, ya lo creo, sobre todo en Galicia, que lees a Yolanda Castaño y no te extraña. De Galicia sólo te extraña una cosa, que sea tan bonita. Y no es que uno no viaje, no, uno viaja, ayer mismo estuve al borde de un espejo, casi paso al otro lado pero recordé a Alicia y teniendo en cuenta que el lunes, me dije, alto, no, quieto. O cuando he estado en México, con tantos mexicanos, está aquello lleno de mexicanos, que al principio tenía una cierta prevención, cosa, que si las comidas picantes, que si los taxistas, que si el peligro, bah, el peligro está dentro, en el miedo, no se debe tener miedo. Yo a veces me tengo miedo, sobre todo cuando me miro, siento en la cabeza como una red que se inflama, dentro, que me llena eso del cerebro y me duele, es cierto, me duele y no puedo pensar, que se me alteran los circuitos y temo volverme majara. Esto no se lo he contado a nadie pero como se acaba el mes pues hala. Está lo del hilo, usted aparta el polen, el vaho, se quita el bozal y ahí está el hilo, brillando a veces, desde un tejado desvencijado hasta otras azoteas, tenso y vibrando, emitiendo, ni un gato podría hacer equilibrios sobre él, es un hilo tensado, conductor, made in China, ahora casi todo se hace en China, que levantas la tapa del y es chino, que la bajas y no, que te compras un jersey de angora y no lo es, es chino, claro. Creo que es posible que yo mismo sea chino, al menos hasta (o desde) hoy, o tengo reminiscencias, lo de los ojos, lo de los remos entrando en el agua de los recuerdos, alterando la superficie, lo superficial, entre los brezos y los sabores de regaliz, sobre el mármol del mercado con peces boqueando, con vacas o lo que quede de ellas, en República Dominicana les gusta el chivo, en una boda en la que estuve hubo cabrito, me dijeron que tengo familiares en el Bierzo, el edredón nos cubre y ya es casi la hora de olvidar, los espantapájaros se quedan aquí, en julio, creo que son los únicos, ah, y los chinos, no tengo ni idea qué tiempo hará ahora en China (en inglés se pronuncia chaina, o así), lo mismo están con monzones, o con terremotos, o tsunamis, por esos sitios tan raros pasan cosas raras. Aunque me gustaría saber si para ellos no somos nosotros los raros, como ellos son muchos quizás todo es inverso y comer dragón cocido es lo normal y no esos rollitos de primavera con quién sabe qué, que están ricos sí, pero ¿qué tienen?, col dice ese listo de verde, que es justo debajo de dónde nacían antes los niños, los niños nacíamos en sitios muy raros, nos traía la cigüeña, esas tonterías, y lo de la semillita, qué cosas nos han contado, y dicen que somos especiales, pues claro que lo somos. Mi primer beso lo di con casi cincuenta años, mi primer...como decirlo –polvo me parece grosero-, mi primer eso fue con casi setenta, tanto tiempo esperando y mira, para esto tanto misterio, me dije yo a mí mismo, que ella tenía por ahí, que igual también era eso, que las ves con el ombligo al aire y te entra una cosa que ya, ya, que me lo dice Paquita, la enfermera del turno de mañana, ustedes los hombres solo piensan en dos cosas, que digo yo cual será la otra, que no me lo imagino, que solo tengo tiempo para pensar en que me voy, como tú, como todo quisqui. Mira, te lo digo otra vez por sí, que me voy al fin de la tierra, un buen sitio para los que entienden, entender no es bueno, ni saber, una vez que sabes una cosa quieres saber otra y así no hay quién viva, que no se puede saber de todo, o todo, por eso hay que quemar libros, uno al menos cada mañana, antes de desayunar, comida energética, nada de tonterías, hay un tabú con lo de la cultura, hay demasiados cultos, en cambio curas hay pocos, están los seminarios vacíos, que uno no sabe ya quién le dará la próxima extremaunción, quién le bautizará, aunque hay temas que no se pueden tratar en los blogs, eso no lo saben muchos, están siempre con cara de enfado, hay mucha peña con cara de enfado, debe ser cosa del estómago, que no van de vacaciones al sitio adecuado, pero el jueves, tempranito se van, millones, no te lo había dicho, por pudor, que no me gusta comentarlo, que uno es así, tímido, apocado, de pocas palabras, se asusta con facilidad, que todo esto y más lo había escrito ayer y me lo mandé a mí mismo y me equivoqué de cuenta de correo y resulta que el mensaje estará en el portátil guardado en el cajón de la mesa que no abriré hasta el 3 de septiembre, ya ves que cosas, que un despiste lo tiene cualquiera pero me ha hecho reescribir lo escrito aunque no se ha perdido nada ya que estoy disperso, con lo del viaje no me centro en lo esencial, la poesía, quizás no hay que saber, solo hay que sentir, lo siento, por ejemplo digo eso de Uso palabras ciegas, como palomas acurrucadas, / la súbita fragancia del azahar embriaga al viajero/desprevenido que llega en busca del destino. y me quedo tan ancho, tan bien, o aquello de Me sacaré los ojos si miro/ lo oscuro, cuando termine/ la espera de aguas turbias,/ líquenes, brocados que/ ocultan una daga en los/ labios abiertos del pecho. Esto de los blogs es lo que tiene, que lo soporta todo, obra de arte o esto, farfullar, hablar por no callar, incontinencia verbal trasladada al papel que no lo es, superficie en blanco para gritar al viento, que me voy, queridos míos, procuraré escribir desde donde esté, Finisterre, si alguien quiere algo de mí, menos dinero, que lo pida. En cualquier caso a la vuelta hablamos, señores, señoras, pasen y lean. Agradezco su amabilidad y resistencia. Los besos a todos sin excepción. Muchas gracias.





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