Glup 2.0


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22.2.17

Otra vez sobre el blog



Cada día me pregunto cómo empezar, encontrar el tema, sobre qué escribir. 
Quizás del junio de un año remoto, en la guerra, las tropas a punto de entrar en Bilbao, la villa invicta, mi familia huyendo hacia Santander. Mis tías contando este viaje a su manera, reconstruyendo la historia, en una sobremesa, después de una celebración. Marina dice recuerdo que en Santoña los pequeños durmieron en un sofá rojo. Ernesto añade una señora con un pañuelo negro en la cabeza trajo una gallina viva, dos sardinas y café. 

¿Ves?, siempre encuentro algo.

21.2.17

Sobre esto del blog .



Decía que entonces llegó el momento de qué hablar. No encontré la respuesta. Me dejé llevar por la escritura, me dejé llevar tanto que no sé si soy responsable de lo que escribo o hay alguien, algo, detrás del lenguaje. Decir inspiración es pretencioso pero, a veces, entre las hierbas de la ribera de lo que digo aparece de pronto la realidad flotando ahogada en un río de palabras. Digo la realidad y digo el milagro de la revelación, entremezclada con los símbolos, las liebres, un jilguero, las manzanas en la repisa, todo aquello que se junta y forma la espesa capa de ficción que oculta lo que es.

Miro, digo, alguna vez abro la puerta de un cuarto oscuro y sobre una mesa están los platos de la cena sin recoger, una mujer que llora con la cara entre las manos, un hombre dormido, un niño que, azorado, se mete las manos en los bolsillos y silba, un entrechocar de espadas, el perfume de la brisa nocturna, un microscopio buscando lo invisible a simple vista, microbios, la estructura de un cabello, el alma. Más allá la lucha por ver en su cara, la de ella, un instante de luz.  

Una tarea inútil.

20.2.17

Sobre este blog.



La primera vez que escuché la palabra blog imaginé un objeto cuadrado, blando, blanco, una especie de caja, tres segundos después mi cabeza hizo plof y no volví a pensar en ello. Eran los tiempos en los que no tenía tiempo.

Ardieron varios calendarios, fallecieron seres queridos, nacieron seres a los que quiero, pasó el invierno, sin saber apenas lo que era iniciamos un tránsito de la edad de los new media a la fase de los more media. Había que estar al día.

Me dije, sé sumar, restar, multiplicar a veces, algo he leído, he amado, amo, estoy vivo, logro emocionarme con el llanto de un niño, con la mirada al espejo de un anciano, me encandilo con las damas faldicortas en primavera, con faldas largas en otoño, si tengo el día puedo juntar varias frases con cierta coherencia. Con todo esto puedo tener un blog. Y lo tuve, este.

19.2.17

Un reloj parado.




Alguien que viaja descubre un reloj que siempre da la misma hora aunque no está parado. El reloj no está en un campanario ni en lo alto del Banco de Vizcaya, está en un cofrecillo sin llave junto a una fotografía de un hombre sentado/tumbado en el aeropuerto de Bruselas (creo). Ese alguien que viaja pide licencia para llevar ese reloj en la muñeca y recibe el nihil obstat, una bendición del obispo de Calahorra y una carta con espumas de un mar del Norte.

El concepto Norte es amplio, difuso, abarca un territorio que va de aquí hasta aquí (lástima que no podáis ver la extensión que señalan mis brazos extendidos. Imaginarla). El concepto Sur, en cambio, es más concreto, se asocia con un sentimiento que va más allá de lo geográfico. Es decir, que se puede ser o estar en el Norte y añorar el Sur, se puede estar en el fin de la tierra (o más lejos) y tener la cabeza en Cádiz (un suponer).

La cuestión es estar donde se está y en otro lado.

Inténtalo.

18.2.17

Run Of The Arrow



Run Of The Arrow (1957) aquí la titularon Yuma, con un Rod Steiger que nunca me ha gustado (a pesar de su Oscar en 1967), con una Sara Montiel que siempre me ha gustado (a pesar de la penosa imagen que dio en sus últimos años) y un Charles Bronson (hijo de inmigrantes lituanos) haciendo de indio descolorido. En esta película hay también un niño indio sordomudo que tiene la fatalidad de caer en las típicas arenas movedizas (pobre, no contaré si se salva). No quería hablar de eso, voy a la metáfora, esta mañana mientras caminaba, (caminar cada día da para mucho), pensaba en los muchos años en los que caí en las arenas movedizas de facturaciones, nóminas, contabilidades, producciones varias y los polígonos, joder, que me estaba llegando la marea hasta el cielo del paladar y he aquí que se me apareció el ángel de la guarda y me salvé.

Camino al lado, junto, entre seres humanos que antes eran invisibles, es un milagro, ahora las veo, las calles están llenas de personas que van y vienen. Soy una de esas personas y miro, huelo, escucho, siento, hablo, disfruto de la libertad, descubro patos bajo el puente del paseo de los Caños, gaviotas lejos del mar, perros con y sin collar, gatos en los solares, ancianos en los parques, niños con sus abuelos, señoras tomando interminables cafés, ejecutivos prisioneros de su corbata, señoritas que rompen las aceras, estudiantes que se ríen, repartidores acosados por las multas de aparcamiento y el tremendo etcétera de la ciudad.

Cómo puede ser que antes no viese nada de eso, increíble, algo tendrá que ver la operación. El caso es que sigo teniendo ombligo.       


17.2.17

Colega.

Un colega que no quiere dar su nombre y mucho menos sus apellidos pasa la mano por mi hombro de hombre corajudo y me expresa su comprensión (más quiero encontrar en ti comprensión, que cantaban Lone Star, que traducían mal a Eric Burdon). Perdone que le diga, usted no comprende nada, no sabe lo que se cuece, es más diría/digo que usted no tiene ni puta idea (chaval, que no te enteras, que cantaba Miki y los Tonys). Verás, en resumen, este pequeño mundo se va a tomar vientos, al carajo, el 20% de la población tiene el 80% de lo que hay, de los primeros un 0,5% tienen casi todo, la pobreza, el hambre, la miseria son los dueños y señores de la inmensa mayoría de seres humanos. En cualquier momento se abrirá en cualquier parte un agujero nuclear por el que se colarán los océanos e inundarán las entrañas del planeta. Trump. En Siria hay muerte y muerte mientras los gobiernos miran para otro lado.  Trump. En Haití, -¿existe Haití?- hay pobreza extrema (al otro lado de la isla caribeña los turistas con pulseras de colores comen, beben y fornican hasta saciarse). Trump.
En muchos países no puedes decir ni mú porque te cortan los labios. En todos los gobiernos, sin excepción, hay corrupción extrema, extremadamente vergonzosa (presuntamente, no vaya a ser que me llame Perry Mason). Trump. En la Iglesia de Roma se acumulan los expedientes por pederastia en tantos y tantos lugares de Europa y América del Norte y del Sur (el sur también existe, que no recuerdo quién lo cantaba). Trump. Hay guerras olvidadas en muchos países de África y Asia (lo que no sale en televisión no existe) ¿Sigo? No, no sigo, siga usted si quiere, que se me acaban las monedas, que, joder, ya te vale, una cosa es meter las monedas por la ranura y otra que la máquina hable siempre de pájaros, flores, polen y sentimientos plantados en un tiesto, hoy meo  fuera (del tiesto) porque el mundo me ha hecho así (soy rebelde, que cantaba Jeanette). Y ni Jeanette era rebelde (era una ñoña) ni yo me he quedado dormido.
Pasen y vean y vivan, estamos vivos, gocemos de la vida y dejémonos de vainas, en cuatro días todos calvos y entonces cerrarán las peluquerías y de ahí las panaderías (dada cuenta de la cantidad de peluquerías que hay), Las colchonerías (están de moda) después las ferreterías, los concesionarios de coches, las herboristerías, las casas de masajes, las casas de putas (con perdón, seguro que sale alguien diciendo que es un término machista), corrijo, casas/os de putas/os, y termino con mi ánimo flotando en la punta del mástil que acoge esta bandera pacifista que ondea día sí y día también gracias al deslenguado robot ranurado que hace no, no, no, noooo (que cantaba Michel Polnareff). Buenas tardes.


16.2.17

Parker en el Metro.


Parker había entrado en el metro por la estación de Albia y pensando en sus cosas hasta llegar a Erandio no se percató de la bella dama sentada frente a él.

Cruzaron sus miradas y Parker desvió la suya a la negrura fuera del vagón. Aquella mujer le recordaba a alguien. Durante el trayecto volvió a mirarla varias veces con disimulo y sí, estaba seguro, la había tratado antes.

En Algorta coincidieron en la puerta de salida, Parker le cedió el paso con una sonrisa. Ella dijo gracias y ese fue el comienzo de una conversación por los túneles abovedados camino de la luz.

¿Nos conocemos? -preguntó Parker.
Sí -contestó ella.
Estaba seguro –dijo él.
Estás muy cambiado, John –dijo ella.

Parker pensó que debía estar muy cambiado para parecerse a un John desconocido pero le siguió el juego. Habló de temas triviales, cuentos de ancianos perdidos en un bosque, niños prisioneros en casas de chocolate, senderos de piedras reluciendo a la luz de la luna, las calles húmedas, el eco de pisadas en la noche, películas chinas, el rocío temblando en las hojas de loto, esas cosas.

Ella escuchaba con atención mientras caminaban por las calles desiertas de una urbanización inmensa, impersonal, parte de una ciudad dormitorio.

John, ¿quieres venir a mi casa? -dijo ella.

Y Parker dijo que sí ya que no tenía nada mejor que hacer. Ni siquiera sabía qué hacía en aquel lugar, con flores blancas en la solapa de la gabardina de grandes botones, con ranas entre los juncos de un insólito arroyo cercano.

Llegaron al portal y a la luz de las lámparas fluorescentes Parker se sintió tenso, ella era hermosa y el amor revoloteaba entre los buzones de la correspondencia y una bombona de butano en una esquina. En el ascensor quiso abrazarla (a la mujer no a la bombona) pero un “espera, cariño” le dejo mirando al suelo.

Pasa y ponte cómodo –dijo ella.

Parker pasó hasta una minúscula sala y se quitó toda la ropa.

Ella volvió con una bata corta que dejaba al descubierto unas piernas interminables.

Parker se acercó a ella.

Ella se acercó a Parker.

¿Estás cómodo así, desnudo? –preguntó.

Sí –contestó Parker.

Bien, prepátate –dijo ella mientras del cajón de un armario sacaba varios folletos y un cuaderno de tapas duras-. John, cariño, de todas estas cosas ¿qué te interesa? –y extendió sobre una mesita baja los papeles con fotografías de artículos diversos.

Media hora después Parker esperaba en el andén de regreso. Vestido, claro. Había comprado una cubertería levantina de cien piezas, una colección de chuchillos japoneses, toda la gama roja de Tupperware, un kit de supervivencia, una balsa hinchable y tres docenas de preservativos finlandeses garantizados contra fugas radiactivas, total 1.563 euros.

Parker silbaba mientras enfilaba la cuesta de Ibáñez de Bilbao. En el fondo, muy en el fondo de sí mismo, sabía que nunca espabilaría. 


15.2.17

Después del incendio



Esta es la mañana después del incendio, después del nacimiento de una nueva etapa, carreteras mojadas, cielos abiertos con estelas de aviones, olores y colores de la presentida primavera, sabores de tomate, jamón y ajo, aceite por su cuerpo, pechos hambrientos, besos, gozosa pelea, caricias como fieras rondando la presa, somos presas mutuas, indefensas, atadas a la estaca del amor en el verano que ya ruge.



Desde ayer duermo solo, en la noche ansío el calor de su cuerpo junto al mío. Pero ahora, desde el comedor me mira con frialdad y apoya el filo de una navaja de ironía sobre mi frente. No es un sueño porque siento el gusto salado de las lágrimas entre mis labios.

Santa Virgen de Begoña ruega por nosotros.



(Dibujos: Fred Beltran) 

14.2.17

Dificultad del Profeta, diez minutos antes de la cita que me oprime el pecho.



En realidad no es una dificultad, es más bien una cuestión de concepto, estar en el borde de lo blanco hace que me sienta a veces como un agente doble, escondido en la sombra de escribir con la mano izquierda sin ser zurdo y la luz de vivir sentado en un elefante mecánico que chirría cuando camina sobre los hombros de hombres apiñados en el jardín eludiendo el cortacésped de la ignorancia, no saber qué facción enemiga es la que bombardea los martes, es decir hoy, por eso apaguen la luz de la cocina, no fumen en las ventanas, preserven para sí las confidencias opacas, la autonomía de las hogueras, el cuchicheo de  los artistas hospedados en el cuarto del fondo, autónomos, saltimbanquis y coreógrafos, echadoras de cartas y carteristas, excursionistas del pasillo  y ese maldito aparato para la respiración de Margaret que burbujea y zumba mientras se expanden sus pulmones apagados, cavernosos, carnaza para los estraperlistas del antibiótico, la uña que raya el cristal al resbalarse de la bayeta, los gendarmes fisgando por las ventanas antes del desembarco, las agujas del reloj de la abadía,  buscar palabras que digan o no digan para rellenar el paso de cebra y la estación iluminada por el crepúsculo, esto de ahora para mañana, es decir hoy que lees sin entender qué diablos es este aroma que trae el viento del oeste, con olores de cocina, polvo de rezos, caridad del visionario, una lengua de fuego sobre nuestras cabezas mientras entendemos el irlandés y el gaélico y el hígado de Dylan Thomas explotando en un hospital de Manhattan, allá donde quiero ir, controlando el discurso y el paso a nivel, palabras cuidadosamente desechadas para que digan esto, nada, lo que usted quiera, a sus pies, a los de su señora, o señor, un tiempo absoluto, mariposas sobre las tumbas de individuos que mueren en las calles y nadie sabe cómo ha sido, un fluido verdoso saliendo de los intersticios de ladrillos desencajados, el profeta en su hornacina,  diez minutos antes de la cita que me oprime el pecho, estaciones de metro, me bajo en Greenwich Village, sonrojado, las negras rocas de Central Park, mi lengua sin levadura resbalando en la arena blanca, ay, casi no llego a la reunión de hoy, esto es lo que quería decir, no sé si queda claro.

13.2.17

Soirées privées.



Cuando después de una cena de trabajo Julia elogió mis ojos, comprendí que me había hecho viejo, demasiado mayor para aventuras románticas.Tienes una mirada muy limpia -me dijo-. Supe que debía cambiar de conversación, evitar el tono confidencial o acabaría haciendo el ridículo. Me acerqué a un grupo que hablaba de fútbol y procuré olvidarme de idilios absurdos, imposibles además como acababa de comprobar.

Regresé a casa caminando para despejar mi cabeza alterada por el licor de manzana. Estaba contento, hablaba solo, sonreía. Miré mi reflejo en los escaparates de la Gran Vía, me estaba cargando de hombros, encorvando, realmente ya no soy un hombre joven. Siempre he presumido de estar fuerte. Tantos años practicando deporte me han permitido conservarme en una buena forma física. Pero desde el verano me encuentro flojo, no he vuelto a correr y ya no voy a la piscina, lo noté mientras subía las escaleras.

Al cerrar la puerta recordé que Carmen también había ido de cena. Con sus amigas, me dijo. Me puse el pijama y me senté a leer cerca de la ventana. Estaba desvelado, no llegué a dos páginas, no podía concentrarme ¿dónde estaría esta mujer?.

Carmen es catorce años más joven que yo. Esto no ha sido nunca un problema entre nosotros pero, últimamente, nuestras relaciones se han enfriado. Me refiero al sexo. Es curioso, ahora que nuestro hijo ya no vive con nosotros podríamos tener más intimidad, pero no. Además creo que soy yo el que pongo excusas, ella jamás lo ha rehusado, al contrario.

Desde que cambió de empresa Carmen viaja, no demasiados días al mes, pero si los suficientes como para que me sienta abandonado. Antes me dedicaba otra atención y temo que esté más entretenida trabajando que en mi compañía.

Es cierto  que cada día me apetece menos salir de casa, me aburren nuestras amistades. En general nos reunimos con las amigas de ella y sus parejas, no logro conectar, demasiado jóvenes para mi, los encuentro con poca experiencia, han vivido poco. Prefiero quedarme en mi despacho escribiendo, leyendo o escuchando música. Los domingos por la mañana me gusta ir a pasear por el monte; Carmen nunca me acompaña, antes lo hacía.

No acaba de llegar. No me dijo en qué restaurante cenarían. Son ya las tres ¿dónde estará? Espero que no le haya pasado nada.

Debo reconocer que el miedo ha entrado a mi vida. Me preocupan situaciones que antes asumía de forma más natural, más llevadera. Quisiera comentar esto  con algún amigo pero temo que no me comprendan. Además debo mantener mi imagen autosuficiente, mi fama de...¿cuál es mi fama?. Me siento frustrado pensando que he mantenido una fachada,  que he perdido disfrutarme tal como soy por disfrazarme de otro, banal, gracioso, hueco, trivial.

¿Estará con otro hombre? No, no lo creo. Carmen es una mujer decidida, si estuviera enamorada de otro se iría con él, sin dudarlo. Y no creo que ceda al capricho de una noche. Entonces ¿con quién está ahora?

Madrugada de calles desiertas. Recuerdo cuando antes yo volvía a estas horas. Carmen dormía pero siempre se despertaba para preguntarme si lo había pasado bien. Nunca dudó de que mi tardanza se debía a compromisos con mis clientes, que era una parte de mi trabajo. Y si no lo creía  jamás me expresó otra cosa. No le he contado mis aventuras ocasionales. Las tuve, no hace tanto, pero me parece que fue en otra vida, hace mucho. Aún veo a Ana, a veces nos acostamos  pero ya no existe entre nosotros aquella pasión. Ana no es un juego, tampoco es amor, entre Ana y yo existe el compañerismo de la cama, la costumbre de amarnos a media tarde, a veces, cada vez con más tiempo de distancia. Tengo que llamar a Ana.

Me duele el pecho, no será nada pero siento ahogos, me preocupa, quizás deba a ir al médico. Carmen me acompañará, dice que soy mal enfermo Me molesta que siempre venga conmigo, me trata como a su hijo.

Sé que si la llamo al móvil se enfadará, pero estoy me poniendo nervioso. Espero que no haya tenido un accidente. Quizás esté con Arturo, el hombre de las corbatas bonitas, así le llama ella. No me cae bien Arturo. Me disgusta la familiaridad con que trata a Carmen. La próxima vez que le vea se lo diré. No me importa su energía. A un tipo así, si esto me ocurre hace dos años, le parto la cara así, sin hablar más. Carmen me dice que soy violento y celoso. No lo soy pero me molestan estos ejecutivos espabilados, tan irrespetuosos.

Ya, la llamo. No contesta. Tiene el móvil apagado ¿Y si no vuelve? No debí despedirme con la cara enfadada. No me gustaba la falda roja, tan corta. Le sienta bien pero...nada, le sienta bien pero no me agrada que le miren las piernas. Son las cuatro, me asomo a la ventana y si no veo su coche llamo a la policía. No ¿cómo voy a llamar a la policía? Carmen, ven, ven, ven. Seguro que no vuelve, se ha aburrido de  mi, de que siempre quiera controlarla, saber donde está, qué hace.

Vale, me estoy obsesionando, debo tranquilizarme, relajarme, pensar en otra cosa. Ángeles, fue mala idea acostarme con ella. “Quiero que me folles- dijo- déjate de amor. Cállate ya ¿no lo entiendes? Amor es amor, sexo es sexo”. Y me escandalizó con su cuerpo de espuma, con su dedicación insolente, con sus peticiones sin recato. No me acostumbro a ser un instrumento. ¿quién me mandaba buscarme esos líos? Además ni siquiera me gustaba Ángeles.     

Desde mañana seré más atento con Carmen, debo escucharla con atención, creo que me estoy perdiendo algo, en alguna parte no entiendo lo que me está pidiendo. Espero que no sea demasiado tarde. Sigue con el móvil desconectado. Intentaré dormir.

Sonriente, me toca levemente el hombro, susurra dulzuras en mi oído, me llama con diminutivos cariñosos, dice que vaya a la cama, que mañana me dolerá todo el cuerpo, me pregunta por mi cena, qué tal lo he pasado, si me he divertido, me ayuda a levantarme, me acompaña por el pasillo, me quita la bata, me arropa con las mantas, sigo medio dormido pero aún la veo mientras se desmaquilla, sigue contenta, está tan feliz que se lanza besos al espejo. Mañana le preguntaré donde ha estado. Qué sueño.

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Se quedaron

Lo que hay.

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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