Glup 2.0


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3.12.16

Berlín Hildegard Knef

Revisar la bonoloto los lunes, billete no premiado, no me imagino que pueda tocarle a alguien. Grrr./Este es un blog de arte y ensayo, lento, no ocurre nada, hablar por hablar, las frases cruzan frente al espectador en una cinta sin fin, un libro sin página uno, sin final, circular, un rollo de palabras entrelazadas. Apenas hay personajes, hay un Yo omnipresente que exagera, miente, inventa, disfraza la rutina, engaña, es capaz de contar su propio parto por un halago. Hay sentimiento, claro, el del lector. Hay una clara divergencia en el trayecto entre la voz y el ojo. Hay un bostezo con bigotes sentado en el quicio del aburrimiento. Yo/Tú/Él/0/Él/Tú/Yo/. 


En las calles en las que se había derrumbado la fachada de alguna casa podían verse aún los cuadros colgados en las paredes de lo que había sido un cuarto de estar o un dormitorio. La actriz Hildegard Knef tenía la mirada clavada en un piano que había quedado al descubierto entre los restos del suelo de una vivienda. Nadie podía alcanzarlo, y ella se preguntaba cuánto tardaría en caer al montículo de escombros que esperaba debajo. Las familias garabateaban mensajes en los edificios derribados para advertir al hijo que regresaba del frente que se encontraban bien y que habían ido a alojarse a otro lugar. El Partido Nazi hacía pública la siguiente advertencia: “Los saqueadores serán castigados con la pena de muerte”. (Antony Beevor - Berlin, La Caida 1945)

2.12.16

Berlín Lothar Loewe

La melancolía es la conciencia del límite, saber hasta dónde puede llegar el ser humano. Nada tiene que ver con la depresión, con la angustia que oprime. Está lejos del desencanto, de la locura. Para Aristóteles la melancolía es un atributo del artista. La melancolía es un estado superior de consciencia. Estoy melancólico. Poesía.



After the radio again reports approaching aircraft people make for the air raid shelters. April, 1944.

 Los ataques aéreos —en los que se turnaban británicos, por la noche, y estadounidenses, durante el día— eran tan frecuentes que los berlineses empezaron a notar que pasaban más tiempo en sótanos y refugios subterráneos que en sus propios lechos. La falta de sueño contribuía a la extraña combinación de histeria reprimida y fatalismo. Cada vez era menor el número de personas que parecía preocuparse por que los denunciasen a la Gestapo por derrotismo, tal como indica el aluvión de chistes surgidos por esas fechas. Se decía que las omnipresentes iniciales LSR, de Luftschutzraum o “refugio antiaéreo”, significaban Lernt schnell Russisch: “Aprenda ruso enseguida”1. La mayoría de los berlineses había dejado de usar el Heil Hitler! para saludar. Cuando Lothar Loewe, miembro de las Juventudes Hitlerianas que había estado fuera de la ciudad, lo empleó al entrar en un comercio, todos se volvieron a mirarlo. Fue la última vez que pronunció esas palabras fuera de servicio. Loewe se encontró con que como saludo más frecuente se había impuesto el de Bleib übrig!: “¡Sobrevive!”2.  (Antony Beevor - Berlin, La Caida 1945)

1.12.16

Berlín. Women Clear Away Debris 1944

En una comida, el comensal que tengo a la derecha me cuenta su vida, casi completa, mili incluida, su matrimonio, su separación, sus hijos a los que ve cada quincena; la señora sentada a mi izquierda bebe cava y dos veces me ha rozado el muslo. Me aburre, solo el Ribera del Duero que trasiego con deleite me ayuda a soportarlo. Cada día me resultan más aburridas estas reuniones sociales. Hip.



Berlín. Women Clear Away Debris 1944

El estado de ánimo de los alemanes había cambiado hacía exactamente dos años. Poco antes de la Navidad de 1942 empezó a rumorearse que el 6º ejército del general Paulus había sido rodeado en el Volga por el Ejército Rojo. Al régimen nazi le resultó difícil admitir que la mayor formación de toda la Wehrmacht estaba condenada a ser aniquilada entre las ruinas de Stalingrado y en la helada estepa de los alrededores. Con el fin de preparar al país para las malas noticias, Joseph Goebbels, el Reichsminister de Propaganda e Información, había anunciado unas “Navidades alemanas”, lo que en términos nacionalsocialistas quería decir austeridad y determinación ideológica para sustituir a las velas, las guirnaldas y la Heilige Nacht (“Noche de paz”). En 1944, el tradicional ganso asado se había convertido en un recuerdo de otros tiempos. (Antony Beevor - Berlin, La Caida 1945)

30.11.16

Berlin -. The morning after the British bombing

Señoras y señores, prepárense, ultimo día de noviembre, está a punto de abrirse la puerta de diciembre, el último mes del año, otro mal año digan lo que digan los que dicen, sigue la crisis y el estado de bienestar no está en estado, el malestar se apodera de los que ya no somos lo que éramos, nos conformamos con ser y punto. Pasen y vean y lean.


Berlin -. The morning after the British bombing 



Los berlineses, demacrados por la escasez de víveres y la tensión, tenían poco que celebrar durante la Navidad de 1944. Buena parte de la capital del Reich se había visto reducida a escombros a resultas de los bombardeos. El humor negro propio de sus habitantes se había tornado en humor lúgubre. El chiste que circulaba por la ciudad en aquel período tan poco festivo era: “Sé práctico: regala un ataúd”. (Antony Beevor - Berlin, La Caida 1945)

29.11.16

Ensimismada.




Ella es bella como una araña ensimismada que se pellizca en la nostalgia, ha diseñado su propio laberinto de pasillos nerviosos y paredes ondulantes, sabe que nunca encontrará la salida, a lo sumo una puerta falsa a un cobarde mar con resacas y surfistas ciegos, se sienta en una silla de enea y sube y baja la lámpara mientras vigila la raya de la tristeza, aunque desde que se bañó en el río de la  autoestima se quiere más, se ha enamorado de sí misma, se mira al espejo y se dice piropos suaves, se quiere tanto que vive en una casa desierta entre cuatro mares, no soporta a los otros, a esos/alguien le dijo una vez, en otro siglo, antes, cuando solo había una cadena de televisión, un telediario, un periódico, una idea, que en la estepa de los sueños no existía el sexo, que esa actividad era apenas una excusa para perpetuar un apellido, un instinto, la idea, alguien que te marque el teléfono cuando ya no tengas dedos, ella que es bella como un paisaje de Islandia se lo grabo en los muslos, se lo lee en la ducha y lo ha bordado en un estandarte que pasea en los bautizos y los funerales, que se cose en el pecho –qué dolor- en las noches de autocompasión y lágrimas por los fracasos del mediodía, por los pájaros con cabeza de hombre que vuelan por su jardín, por la bruja debutante que le da a mordisquear una manzana envenenada y roja ajena a pulsos ajenos// la muerte es apenas un mastín negro y fiero, un perro feroz que acompaña sus paseos solitarios entre las flores de sal,  vinagre y frutos secos, digamos que ella es bella de una belleza entre Ava Gardner y Amanda Seyfried, de una belleza de herencia, con fotos perdidas en una carpeta verde, con recuerdos amarillos y vaya usted a saber, que la edad está en un papel húmedo y en el fondo de los ojos, que la malicia corre obcecada por una carretera seca, bacheada, no apta para caminantes de mochila, para náufragos, para poetas que confundan el edén con Satán, para aquellos que sean capaces de embrujar las certezas y el desconcierto, de cambiar el curso de los ríos, de llevar en la punta de los dedos un terremoto o una llave, una caricia, un remedio o el plano que de fin al laberinto ///todo funciona mientras sirve la palabra que turba, la palabra sirve mientras funciona, en el corazón de lo que se dice está cómo se dice, ríos dulces de un paladar a otro cuando luchan las lenguas, baño de jugos emanados, la palabra es una puta con bragas negras y zapatos de tacón que sonríe con malicia y nos engaña, que nos cobra con creces sus favores, sus mentiras, que nos vende amor iluso, bah, la palabra //// ella, decía, es bella como una ceremonia de pasión, como dos cuerpos desnudos dándose mutuo abrigo, como un caballo dormido bajo la lluvia de Galicia, como la risa de después, cuando todos se han ido y la fiesta ha pasado, los platos sin recoger, los cubiertos alineados, comida aún para el lunes, el salón con olor a tabaco y humo, un señor que nadie sabe quién es dormido en el sofá, hay una barricada en el pasillo, las vecinas con miradas feroces en el ascensor, ironía en las pupilas, un canario en la cabeza, alimañas corriendo por el portal y ella, bella hasta la rutina, distante, poseedora de un artilugio en los ojos, que me ve sin verme, sentada en un tejado desgastado, llena de frío y miedo, con los brazos tendidos a la luna, a esta parte de Gibraltar, ensimismada, sola, bella, ella.

28.11.16

La verdad sale de la boca de los niños.


Portugal , 1964   © Bruno Barbey/Magnum Photos 

La vida va. Esto es cierto. Es una obviedad pero es cierto. Solo que estoy hasta aquí (señala la coronilla). Por decirlo de una forma coloquial. ¿Qué pinto aquí? Por preguntarlo de forma natural, llana. Duermo bien, sí, pero me levanto, me afeito, me limpio los dientes, me ducho, desayuno y me voy a trabajar (sí, vale, tengo trabajo, tengo suerte, usted lleva buscándolo ocho meses, ande, céntrese, este es mi discurso, lea) pero lo llevo haciendo tantos, tantos años, que más que suerte me he dado cuenta que es una condena. Estoy cansado de tanto trabajar. Por decirlo de forma suave. Intento cambiar las calles por las que llego al taller pero no hay demasiadas variantes, en quince minutos voy por una o por otra (cierto, usted se levanta antes, debe tomar un bus, un metro, siete paradas y otro bus pero no estoy hablando de usted, leches, deje de ser tan egoísta, estoy hablando de mí. Lea y deje de contrastar, coño). Decía que trabajo, bueno, voy a omitir este pasaje. Los lunes reviso la bonoloto (siempre boleto no premiado), cuatro euros, si hubiera guardado esos cuatro euros semanales sería millonario pero no tendría el sueño de mearle la mesa a mi jefe si un día me toca lo suficiente. Mearle la mesa y a él. No, no soy violento, es incontinencia urinaria, demasiado tiempo aguantándome las ganas. A otra cosa. A la mediodía como en casa (joder, ya sé que usted se lleva el tupper con los garbanzos y los calienta en un microondas que huele al pescado que ha llevado Fernández, a mí que me cuenta) y con el postre en la boca vuelvo al curro, las dos calles que alterno, la rutina, etcétera. Basta del tema laboral, las siete, salgo, estoy libre, ahora puedo hacer lo que me de la gana. Antes corría pero desde lo del esguince me da pereza, frío, me pasan todos, hasta los cojos, no corro. Además se me han quedado las piernas delgadas y parezco una cigüeña zamba. Antes escribía pero desde hace años solo se me ocurren tonterías. Desde lo de Loli, desde que me desenamoré solo imagino venganzas, tristezas, soledades, maldades, me hace daño escribir, me tengo muy leído. Leer, antes leía, tengo en casa bastantes libros, más de doce, un día estaba leyendo y me quedé dormido, ya no leo, no encuentro ningún libro que me interese, todos dicen lo mismo, bah. Paco me dice que me compre un ordenador, pero no entiendo esos cacharros, ya no son para mi edad, él sí es un listo, un ordenador, qué majo, claro, como trabaja en una caja de ahorros. Música, tengo un transistor, no tiene pilas, siempre me olvido de cambiarlas, desde Manolo Escobar no ha salido un cantante igual, no escucho música. La tele, lo que hago es ver la tele, a ratos me duermo pero el Sálvame de luxe no me lo pierdo. Llaman a la puerta, un momento, son dos testigos de Jehová, les atiendo y luego sigo pensando. La verdad sale de la boca de los niños.

27.11.16

Admito vuestra compasión



Economizo las palabras, no sirven mis adjetivos, quién pierde la palabra pierde su verdad. Busco en los espejos del invierno perenne. Enhebro hilos de esperanza. Aun no estando invitado soplo las velas del pastel de cumpleaños . Los lobos acaban de comerse al cordero y me miran. Rezar no sirve excepto en las grandes quemaduras. No puedo pasar la página, soy inocente. Admito vuestra compasión.

26.11.16

Murano.



Recuerdo el año que visité Murano, el vaporetto, la isla de Lido. Las tortugas. Recuerdo cuando cantaba delante del Coliseo, ahí comenzó el regreso. La vida. Mi amor como un húmedo pañuelo de seda ciñéndose a sus muslos generosos, un pasacalles de besos, una verbena de caricias antes de la oración. El no como una hoz. El descontento como un látigo. Alguien debe ser el culpable.

25.11.16

De un noviembre.



Noviembre embebido en un tibio envoltorio de tulipanes. Suenan cascabeles. Salgo a buscar (te/me/os). Abro la puerta y nadie hay. Recuerdo sus nalgas como frutas, el frío intenso, el amor entre las sábanas con un pálido sol entrando por la persiana entreabierta. Había huellas en la alfombra, el aroma de los arcángeles aun flotaba en la habitación. Neruda cantaba a la niebla del encinar. Luego vino el silencio. 

24.11.16

Fatiga.




Por cierto, con los mensajes que (le/te/os) he mandado desde aquí se puede conseguir un best seller, un divorcio, un puesto de bedel en Murcia o que alguien me llene las mejillas de besos o de bofetadas.

Pues anda, qué fatiga.

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Se quedaron

Lo que hay.

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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