Glup 2.0


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27.4.15

De mares eróticos


En aquel paraje el río formaba un amplio remanso entre rocas, un plácido estanque donde de niños, con 13 o 14 años, nadábamos en agosto. Un atardecer les vi. Un bello espectáculo. El hombre y la mujer nadaban con brazadas sincronizadas, tan lentamente que apenas salpicaban, sus brazos saliendo y entrando en el agua formaban una suave espuma que parecía bailar, el sol declinaba y llenaba la superficie del Ebro de sombras mágicas. Creo que ahí comencé a interesarme de veras por la natación. En septiembre volví con mayor entusiasmo a la piscina, a los entrenamientos.




Pasaron los años, no demasiados, en una película, no recuerdo el título, el hombre y la mujer se abrazaban en una playa inmensa, desierta. Era de noche, la luna iluminaba levemente la arena, se escuchaba el mar. Los dos se juntaban, corrían entre risas, desnudos se lanzaban al agua. En el claroscuro se mezclaban los cuerpos, burbujas, las olas y en un plano fijo sus rostros reflejaban una intensa pasión mientas se amaban.


No contaré las impactantes escenas de Polanski, puro cine de arte y ensayo,.

Tampoco lo de mi novia Elisa que tenía aversión al agua y que el día que quise besarle en un plácido lago casi se desmaya de la impresión. Era especial aquella chica

Bien, seguro que mezclé estos recuerdos en algún lugar de mi cabeza y de ahí me quedó la fantasía de querer hacer el amor en alta mar. Soñaba con ello, me excitaba pensarlo, me demoraba en los preparativos. Tal vez el haber sido tantos años nadador de competición me marcó, el recuerdo de aquellas deportistas con sus trajes de baños ceñidos, con aquellas espaldas en uve, los labios brillantes, me predisponía a ello.



La cuestión es que no he practicado sexo en el mar hasta este verano.
Ya he contado donde estuve de vacaciones y no insistiré en ello.
No he contado con quién estuve pero tampoco importa demasiado.
El caso es que una noche especialmente apasionada, después, le conté mi fantasía a G, lo adorné, lo susurré a su oído.
G nada lo justo pero le pareció bien.





Al día siguiente alquilamos un pequeño bote a motor, no era el Queen Mary pero serviría.
La mar estaba en calma, un farol en proa navegábamos alejándonos de la costa. La temperatura era deliciosa. La luna alumbraba tan cerca que parecía que podíamos llegar a ella de un salto. A los lejos veíamos los pueblos iluminados.
Paramos el bote, nos miramos un poco nerviosos, -aquí- dijimos al unísono.
Nos quitamos la ropa y nos deslizamos al agua.
No era tal y como había imaginado pero nuestros cuerpos desnudos nos hicieron reaccionar. Era una mezcla de deseo, miedo, mantenernos a flote, respirar, besarnos, tocarnos.
Poco a poco fuimos acoplándonos y el abrazo comenzó a funcionar.
Hasta que oímos un chapoteo cercano.
-¿Qué ha sido eso?- preguntó G.
Ahí terminó la magia.
-Habrá sido un pez saltando, no te preocupes-dije.
-Tengo miedo, volvamos- dijo ella.
El bote se había apartado unos metros, nadé en su dirección. Unas nubes ocultaron la luna. Con la oscuridad calculé mal, ya que estaba un poco más lejos que lo que pensaba. G me llamaba -¿Dónde estás?-. Seguí nadando.
Al cabo de varios minutos comprendí que me había perdido y empecé a preocuparme por G ya que no nadaba demasiado bien.
Unos minutos después me preocupé por mí mismo ya que el cansancio y el frío me agarrotaban los brazos...



Obviamente no me ahogué –ya que lo estoy contando- pero he decidido no dar un final a la historia.
Prefiero que tú que lees la imagines. Y, si quieres, me lo cuentes.
Aquel que más se acerque a lo que ocurrió le invito a cenar ¿vale? 

26.4.15

Estoy seguro que nunca volveré





Hace ya unos años dejé aquella ciudad, encalé con poético espesor la pared informe. Me dispuse a defenderla de las serpientes después de la lluvia, del chillido de los vencejos antes de septiembre, de los planos y niveles de la nostalgia aún no vencida (cautivo y desarmado, etcétera).

Enfrascado en estas tareas y en otras no menos importantes, descuidé el riego de los relojes, el riesgo del murmullo detrás de la línea donde rompen las olas y, sobre todo, el cultivo de mis jardines y facetas menos conocidas (por mí mismo).

Han pasado los meses, sin orden ni concierto, tan pronto era mayo como noviembre. El vengador está ahí, emboscado, trata de esconderse en lo oscuro pero puedo ver sus movimientos entre las ramas de la higuera. Aun así he clausurado la vigilia de la muerte, es la hora de la vida plena.

Juré que no lo contaría jamás, pero mi elección no es silencio, coloco velas cada medio metro del borde del misterio, espero la noche para encenderlas, para recordar al adolescente que fui (vano empeño, soy un hombre, libre pero lejos de aquel).

Ahora los días caminan al borde de un río luminoso, en el polvo quedan las huellas de la fortuna (llevo la relación de los milagros como cuentas de un collar de perlas, estoy seguro que nunca volveré allí).


25.4.15

Un personaje de Buzzati

¿Por qué empieza de pronto este desconcierto
y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)
¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.


Constantino Cavafis ) 




Mijail Vallejo, Ecuador - Sony World Photography Awards




Esperar a los bárbaros que nunca llegan, pasar los días como un personaje de Buzzati, a la espera de enemigos invisibles, desconocidos.

Consumir los días renunciando a todo lo que no sea esa espera.

Mientras, la vida pasa en medio de nada, con irrealizables planes de futuro y vanas nostalgias.


No llegan los bárbaros pero por el sur la aldea se ha llenado de osos y están los herreros suplantando puentes, inventando cuevas, corriendo por las calles donde gira el viento. Por eso me voy con los niños que no esperan, que juegan con sus tizas y dibujan las rayas blancas que separan lo real de jirafas estremecidas, gatos que sueñan con tejados interminables y niñas con trenzas de colores. Vendrá el invierno como un intruso y estaré en el camino, siguiendo la estela Ha huido la seguridad de las cebollas y ahora estoy seguro que nunca vendrán.




Gerard Trang, Francia - Sony World Photography Awards

24.4.15

Mundo on line.



Mi vida es esta pantalla, el resto es apenas supervivencia, trabajar, comer, dormir, esas actividades necesarias para poder estar frente a este cuadrado mágico que me mantiene y da sentido a mi existencia.

Mi matrimonio, mis hijos son apenas una excusa para encontrar temas para este blog. Como mi familia es bastante aburrida –solo me quieren, hablan, comen y duermen-, debo dedicarme a múltiples actividades a la búsqueda de temas interesantes que atrapen a los lectores.

Así, con seudónimo, he publicado importantes libros, me he dedicado a la pesca del bacalao en Terranova, a la pintura de frescos en Florencia, al cultivo de la orquídea negra, al amor libre, a la recolección de la fresa en Lepe, al robo con escalo, a vender mi sangre, a investigar las miserias humanas, un sinfín de actividades con el único objetivo de tener las experiencias necesarias para poder plasmarlo en desbordantes post que reciban comentarios interminables.

No es tan fácil, además que los ojos se me están quedando ondulados, estoy teniendo serias dificultades para compaginar tanto movimiento. La otra noche, sin ir más lejos, no pude consumar el amor con mi pareja ya que no encontraba la entrada USB –se enfadó mucho, claro-. En cambio con mi amante andaluza fui capaz de tener una relación vía webcam -bastante satisfactoria por cierto-.

Estas cosillas las cuento y algunos aplauden, ya, pero tiene un punto trágico.

Un problema añadido es que se me está olvidando hablar. Escribir, escribo, mucho, demasiado, pero hablar, apenas. Al menos mi santa se queja de eso “Paco –ella me llama así-nunca me dices nada”. Y yo, “sí, cariño, ahora voy” (aunque nunca voy, casi no recuerdo como es su cara). Es que esto del blog, ya sabéis, te come mucho tiempo, te lo devora. Que te comentan y lo contestas, que vives pendiente de las visitas, de saber cuántos te han entrado ayer, de si ha quedado bien la foto de arriba, la de abajo, la longitud de los textos, los colorines.

Luego está lo de los amores; enamorarse de cuatro o cinco personas a la vez es tremendamente complicado, aunque sea por carta. Que tarde o temprano quieren conocerte. Que vayas. O vienen. Y tienes que inventarte un cursillo de macramé en Cádiz, o unos juegos florales en Cuenca, que mi santa se lo cree todo. Ellas, las cuatro o cinco, no, pero ¿a quién le importa?, si tú eres el tres de sus cuatro o cinco, si todo es exagerado, o mentira, o ilusiones.

Los cuentos de la guerra (de nuestra guerra) que suelo dejar no son ciertos, no me han ocurrido a mí. Me lo contó mi abuelo Ramón cuando aún no existían los blogs, cuando aún tenía una vida familiar anormal -lo normal es esto, vivir para contarlo-. Los tenía en algún lugar de la memoria y adorno los recuerdos. Otros cuentos si son ciertos.

Como lo del robo. Quería recrear lo que se siente al decir eso de “la bolsa o la vida”. Me puse una capucha y frente a la ventanilla del BBVA se lo dije al señor de gafas que atendía el mostrador. No me entendió hasta la tercera vez que le grité “que la bolsa o la vida, la pasta”. Con la inexperiencia, con las prisas no me di cuenta que no llevaba pistola ni nada y el señor de gafas me dijo que volviese otro día. Lo conté aquí, modificado, y no lo entendió nadie, posiblemente pensaron que me lo había inventado o que era una broma.


Vaya, qué lástima, ahora mismo me avisa el presidente de la comunidad que van a cortar la luz. Con todo lo que tenía para contar. Bajo a un ciber y luego sigo.


23.4.15

Por la noche

“Es más fuerte la sed que el miedo al veneno.”

(Elliot)



Pasó el día claro con sus horas desnudas, nada más.
Estuvo lleno de magia, ellos no lo saben.
Estuvo lleno de momentos ordenados en sus cajas, para luego.

Tanto recordar quién dormía ayer con su nariz en mi pecho, me olvidé de quién dormirá mañana, contándome cuentos cuando tenga miedo de la muerte, engañándome, bah, no es nada, pronto pasará.


Lágrimas oscuras sobre la hierba que ya nadie corta, está el jardín tan abandonado.

Escribir por escribir, hablar por hablar en la noche de este miércoles sin bostezos, tan rápido que casi es jueves.


Quizá este cansancio, este mareo –me he pasado el día con dolor de cabeza- será la primavera o quizá el alma columpiándose en el tendedero, entre la ropa que la lluvia mojó.


Esas cosas.

No siempre estoy con ganas de escribir.
Pero tú sabes. 
¿A que sí?

Hoy tampoco llegó el cartero.

¿Lo estás pasando bien?


Creo que volveré solo a Estambul.


22.4.15

En la tarde

Tout cela ne vaut pas le poison que découle
de tes yeux verts,
lacs où mon âme tremble.

(Baudelaire)



Soy un hombre cualquiera, uno que te escribe, sólo a ti, con sentimiento, dedicado a ti, sola, única, pensándote ahora. Este hombre normal está pensando en ti. Y se regocija. Tu recuerdo me hace feliz, pensar en ti me hace feliz, tú, tus ojos, tu cara dulce, tu cara alegre, riendo, mirándome.

Me repito, doy vueltas, giro sobre una o dos ideas, sin dejar de mirarte, te veo.
Y me siento, no espero, estoy calmado, mirando cerca y lejos, no te llamo, no te pido, no me canso.

Estoy aquí, lo sabes.

No te cuento cosas que también he hecho ¿no serán importantes?, ¿será que remarco solo aquello que me parece digno de contarte? No te he contado cómo te “veo” por la calle cuando camino. Ni cuando cierro los ojos y estás ahí. O cuando miro al mudo celular. O cuando añoro tanto tu voz. Cuando recuerdo como me acariciaste la espalda hace ya un siglo, me besabas el cuello, tiernamente me besabas los ojos, fuiste muy, muy dulce conmigo.

Luego sigo, la familia me espera para cenar.

21.4.15

De mañana

Veo pasar los hombres, los muchachos, algunos
tan hermosos
con sus sacos de arena

pero son de otra especie aquellos que amo yo.

(Esperanza Ortega)




Sé que estás ahí pero ¿dónde?
Me escondo bajo tu falda para verte mientras lees una larga carta de ausencias turcas.
Bajo tu falda te veo, sentada, leyendo.
Te miro.
Hay maneras de leer.
Escuchas lo que te he escrito.
Hay cosas que no te escribo (o que pienso que no te escribo) y sin embargo las lees.
Lenguaje roto.
Fragmentos de los que quisiera decirte.
Frases incompletas.
No sé definir nuestros gemidos, los ruidos cuando nos amamos; no puedo escribirlos, repetirlos, pintarlos, dibujarlos, ni siquiera bosquejarlos.
Lees ahora lo que estoy escribiendo ahora.
Viajas por las palabras como viajaré a Turquía, volando sobre nubes, viendo anochecer ahí arriba. 
¿Veré amanecer?
Ahora esperas que vuelva pero, sin irme aún, ya he vuelto.
Y me lees.


Traductor

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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