Glup 2.0


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30.1.15

Sabes que no te creo




¿Ves la flecha? Estás aquí -consulta el plano-, en la esquina de esa calle, a punto de llegar a la plaza de Santa Ana donde...

¿Recuerdas?

Me refiero a aquel hotel…

No, no lo recuerdas.

No es necesario que finjas.

Dilo.

Grítalo.

Y déjame en paz.

¿Para qué te asomas ahora?

Anda, anda, lee y vete.

Desmemoriada.



(Pero sabes que no te creo, sé que recuerdas cada vez que puse mi mano en tu cabeza)


(Y cuando no)

29.1.15

Prelude to a kiss



Ella Fitzgerald cantaba hace mucho este “Prelude to a kiss” que suena mientras escribo en el dialecto de los débiles (¡!), de los que deben hablar de lo que sienten, los que deben decir de esos brazos que les rodean el pecho emocionado, que les agita, sacude, zarandea, les hace expulsar voces que empiezan en la glosa escrita a mano en el margen de una hoja en latín de “El becerro galicano”, condena de sensibilidad aprisionada entre música y libros, la mirada de los que amas, el débil sol en esta casa a oscuras, que no entre el frío, que no salga este momento del tiempo detenido. 

Es un día sumergido bajo un plácido mar de paz y sentimiento.


Ella and Duke. 
Jazz perfection.

28.1.15

Siete horas

Cada una de nuestras relaciones con el hombre y con la naturaleza debe ser una expresión definida de nuestra vida "real", "individual", correspondiente al objeto de nuestra voluntad. Si amamos sin producir amor, es decir, si nuestro amor como tal no produce amor, si por medio de una "expresión de vida" como personas que amamos, no nos convertimos en "personas amadas", entonces nuestro amor es impotente, es una desgracia".
(Karl Marx, "Die Frühschriften", Suttgart, Alfred Kröner Verlag, 1953, pags. 300,301.)




Hola, esto es para ti, que entraste en mi correo y dijiste: Eh, alienígena, ¿qué quieres decir con lo que dejas en el blog?, escribe claro-. Y justo entonces yo ya estaba en el día siguiente. ¿Te fijas? en el día siguiente.

Es curioso vivir siete horas por delante, cuando tú desayunas yo estoy comiendo, cuando paseas yo duermo, cuando tú sueñas yo sueño. Jamás coincidirán nuestros relojes. No podrán coincidir, me los he comido, todos, minutero incluido. Mi estómago es un puro tic-tac, mi corazón late con ritmo monótono. Por eso te escribo con un dedo, de pie, con una taza de café en la mano izquierda, me sostengo sobre una sola pierna, como un equilibrista, pero no me creas, no soy yo, te escribe otro, mi otro, no leas si no quieres, pero quiere, por tu bien, porque mis manos se han convertido en garras, mi voz se ha tornado en gruñidos que nadie entiende, mi cuerpo está deformado en músculos exagerados. Me miro en el espejo y veo un monstruo informe que da vueltas sobre sí mismo, con ojos tristes, con largos brazos velludos. Me doy miedo. Inés pasa a mi lado por el pasillo y no me reconoce. Curiosamente no se asusta. Isabel -que ha dormido conmigo esta noche- tampoco se asusta, es más, sonríe pícaramente. Quizás me sentó mal la cena, me comí un gato y un pastel de arándanos. Quizás de tanto pensar está saliendo mi tercer yo. No lo sé. De momento he matado al vecino del cuarto, el que baja –bajaba- la basura antes de la hora, el que siempre se deja –dejaba- la puerta del portal abierta. También he espantado a dos monjas que pedían, al cobrador del gas y a varios paseantes despistados.

Te informo de mi alegría de vivir y mi entusiasmo porque estos días transcurren dentro de lo deseable (excepto que cumplí años). Con todo, tuve tiempo y sobre todo ganas, de escribir estas vivencias cotidianas que se me ocurren antes de dormir, porque aunque no lo sabré nunca - ¿nunca?- quiero conservar el privilegio de que lo leas.


Aunque nos separen siete horas.


27.1.15

Lean a Pavese




Es el invierno, me debilita. He ido, he vuelto, he visto muchas cosas nuevas, diferentes, estoy lleno de sensaciones, de inquietudes, pero algo se ha removido aquí, en un lugar tan hondo que no llego. Me siento torpe para explicarlo, sin las palabras adecuadas, sin ganas además. Creo que tengo roto el corazón y, la verdad, hago como que no, pero el resto del mundo puede caerse por el precipicio del mapa del vértigo, allí donde vivo.

Quién lo diría.

Lo cierto es que solo quiero estar tumbado a su costado, como el perro de un ciego, escuchando mi respiración desordenada, haciendo lo que hacíamos, acariciándonos como si nada hubiera pasado. Ay.



(Ahí, al fondo, no se asusten quienes me conocen, este es el esfuerzo por escribir, da igual de qué. Lean a Pavese)


En la inquietud y en el esfuerzo de escribir, lo que sostiene es la certeza de que en la página queda algo de no dicho. (Cesare Pavese).


26.1.15

Los poemas de antes eran así



Charles Pfahl



Los poemas de antes eran así:

 De trenes  y viajeros.

En el tren de la noche transparente llegan mujeres
con blusas perfumadas, con violetas en el pelo,
con los brazos tendidos hacia la aurora.

Las miro desde el andén, junto a un perro de ceniza,
sonámbulo, las pestañas incendiadas de madrugada,
los pies descalzos bajo una luna de mármol.

Uso palabras ciegas, como palomas acurrucadas.
La súbita fragancia del azahar embriaga al viajero
desprevenido que llega en busca del destino.

Siento el zumbido de otra vida en los oídos,
en la esquina, letanía de gacelas sobresaltadas,
el rocío amansa y enreda perfumes en la piedra.

Las ventanas de la noche están cerradas,
una salamanquesa se esconde en la blanca alcoba,
el viento de levante deja un ahora de dudas.

Subo los peldaños del recuerdo, la ciudad respira y
duerme a espaldas del pájaro asustado en la rama,
de la lengua del tigre que lame el insomnio.

Nadie ve al fauno bajo el farol, sentado a la orilla
del tiempo, sus pezuñas rompen la espuma
de olas embarrancadas en luz futura.

Ese saurio triste sobre la vía sabe que no regresará.
Temo al súcubo que me observa, agazapado, presto.
Encadenado a la columna, Sansón descubre el horizonte.


Ahora los pintores ignoran lo clásico y llenan el Guggeheim de impolutos lienzos inundados de blanco. También los poetas, atrevidos, ignoran la realidad y, en vez de escribir certezas, llenan de absurdos enigmas las paredes donde no hay lugar para la duda, para la cal, donde las escaleras sirven para bajar, para subir, para detenerse, para tapiar los puentes, para saber que al pan, pan y al vino, vino.


Estoy  en la mitad de un día que curiosamente es lunes, el aburrimiento se acumula en el marco de la ventana, escucho el fluir de mi alma. A ratos sospecho que soy sordo. Dos jóvenes pelean ensimismados, tenazmente. El deseo dormita sobre la seda negra, el deseo, tan distante como… No se hable más, hoy es lunes y estoy (razonablemente) feliz.


Jane Bown, American tourists in London, 1968

25.1.15

Cumpleaños.

Descubro, demasiado tarde, que vivir en falso es no vivir, porque la memoria se niega a coleccionar los datos que contradicen el yo juvenil. Y, en horas de crisis, cada vez que queremos ser algo tenemos que volver al principio, lo único que recordamos. ( Ramón Buenaventura. .-. El año que viene en Tánger)




Hasta aquí hemos llegado, hoy es mi cumpleaños.

No preguntes mi edad, no tiene importancia (1)

Tampoco escarbes entre el musgo de la nostalgia ni en capítulos que ya no, mucho menos te quedes parado en el balcón con la que está cayendo.

Te sugiero que  disfrutes, que escuches música, que te tomes una copa de vino a mi salud (2), que desconfíes de las palabras bífidas, que sientas el privilegio de los amaneceres, que seas feliz en el paisaje de lo cotidiano (3).

Ahí está el recuerdo de mis mayores que me enseñaron caminos que no han sido. Señalan un punto impreciso detrás de la montaña. Las yeguas del subconsciente pastan en sus praderas.

Después cruzo el río y está mi casa, capítulos, memoria, páginas en blanco, ahora. Desde la inundación hasta aquí hay un camino de imágenes y signos, de árboles y ruiseñores, de muertes y de vida.

Y el amor (4), enredado en las paredes del todo (5).

También en el recuerdo de los qué no estando, están.

Este año volveré  a O Cebreiro, miraré los valles, aún hay tiempo, aún hay tiempo, los caminos se pierden en la distancia.

Hasta aquí hemos llegado, hoy es mi cumpleaños. (6)




(1)¿Seguro?
(2) Te invito, claro.
(3) No hay mucho más.
(4) Que es, también, lo que mueve esta página.
(5) Y este todo es mucho, mucho.
(6) Puedes mandarme flores virtuales. Gracias.








24.1.15

Se ilumina el mundo.

Los hombres que tienen una tormentosa vida interior y que no buscan desahogo en sus palabras o en sus escritos, son simplemente hombres que no tienen una tormentosa vida interior. (Cesare Pavese).



Pasan los días, viajo, recorro exposiciones, museos, bibliotecas, calles, valles, avenidas, montes. Me lleno los ojos de belleza recogida en libros, nubes, cielos azules, cuadros, poemas, fotografías, páginas y páginas. Mis oídos se colman de música, de palabras dulces, de cantos de pájaros. Camino por las riberas y los pulmones acompasan el ritmo de las piernas. Repito al viento que soy un hombre afortunado, me miro al espejo y no (con esa cara algo te falta, chaval).

No importa que el alma se llene de cuevas, que se abra un vacío gris de tristeza…me paro, saco el móvil del bolsillo  y recurro otra vez al último mensaje en whatsapp, su fotografía y debajo: “te quiero, amor”


Y se ilumina el mundo. 


Traductor

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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