Glup 2.0


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23.1.17

Dulce Jeanne.




Por fin es lunes y etcétera.

Rearmo el puzzle de lo cotidiano.

Intento estar aquí y allí, en todas partes, que cantaba aquel grupo antiguo, los Beatles.

No es falta de imaginación, es falta de tiempo.

No es que no haya impulso, no, es obsesión por unas caderas.

¿De qué diablos hablo? Está escrito, de unas caderas.

Advierto cierta confusión tanto en lo que digo como en la forma de decirlo pero me parece lógico, estoy obsesionado por unas caderas.

También por el resto.

Digamos, digo, que estoy obsesionado por la dulce madurez de su dueña.

Qué cosas.

Mis profesores dicen que no me centro, que estoy distraído en clase, que así nunca llegaré a ser nada en la vida.

La verdad, me importa un pimiento, lo único que me interesa es acariciar esas caderas, besar su espalda, perder mi boca entre sus pechos, buscar sus gemidos suaves, los míos, dejarnos llevar por la cálida corriente del abrazo.

Llegarán a casa los informes de mis ausencias, mi inasistencia a las clases, mi falta de atención, de constancia, mi desidia para el aprendizaje, lo dicho, me importa un higo.

Aún sobre la cama, con los ojos abiertos, solo veo sus caderas.

Cómo le cuento esto a Paul, cómo va a entender que amo a mi profesora, a su madre.

Será lo que deba ser mientras ella siga siendo amable.

Dulce Jeanne.


22.1.17

Exactamente como tú.




Lánguida, entre cardos, su sombra asombrada, con lirios en las sienes, se abría paso entre el follaje y la bruma, azul tenue, el ris ras de las pisadas, imágenes para no decir, un caballo a su lado, la cadencia de sus patas traseras aplastando las iguanas, los parterres, los parasoles, (mira, mama, un caballo –decían los niños), su sombra orgullosa ocultando el temblor de los labios en el fastidio, en lo sombrío, sin cirios ni ceniza, san Dionisio Areopagita en equilibrio sobre un pie, piadosa, penitente cigüeña, san Juan verde, Judas amarillo, la bendición del fuego en la noche encapotada cuando ella quiso el abrazo del río, ciudadana desposeída de rimas y poemas, desventuradamente única, melancólica de flautas tristes y manos vacías, condenada a la soledad, campos con ovejas y mastines, eslabones de una tragedia que empezó en un rictus, enredaderas de hierro suspendido, hilos de algas en sus cabellos, se ahogó, Dios la haya acogido en su gloria, aviones sobre el camposanto, lo digo así, entre palabras que mienten como sábanas pintadas que ocultan el escenario y a los actores, barriendo sus huellas en el polvo del camino del recuerdo, con careta de poeta trasnochado, sin poder llorar, así, tal como lo digo.

21.1.17

Con el culo al aire.




La libertad es una ofensa.

La educación, el respeto, el vuelva usted mañana, pues anda que tú, el miedo, qué se creerá, la mezquindad, lo diferente, tú correrás mucho pero este es el mejor pescador del pueblo, el agravio, los recuerdos en una caja de cartón, qué has querido decir, uno es pobre pero honrado, hoy por ti mañana por mí, lo bueno si breve dos veces bueno, me inspiras, me aburres, Yo soy mejor, cada oveja con su pareja, ayer repetiste, ¡#&~$"/*=}Ç!, cuando la pobreza entra por la puerta el amor salta por la ventana, eso, aunque saltes de un primer piso no deja de ser peligroso, sobre todo si no sabes trepar, o no tienes escalera, o ganas, o piernas, sé bueno, honrado, cabal, consecuente, fiel, trabajador, honesto, limpio, obediente, cumplidor, leal, legal, no ofendas a nadie, no utilices malas palabras, cuida a los tuyos, respeta a tus mayores, sé tú mismo, estudia, lee, da, fórmate, paga tus impuestos, crece, cree, créetelo todo, hasta la mentira, lo blanco es blanco, lo negro es negro, black is black, qué me estás contando, la vida corre que se las pela, quién me habrá mandado meterme en este lío, aquí no hay niveles, ni comparaciones, ni tú mejor, no hay categorías, no hay ranking, no es una competición, me muerdo la lengua para no decir más.

Con la boca llena de sangre os digo que la libertad es una ofensa para los esclavos, para los que no saben andar solos, para los que jamás saldrán a la batalla, para los débiles, los miedosos, para los que miran para otro lado, los de mirada sucia, los de corazón sucio, para los sucios, para los opresores, para los cobardes, para los que no saben amar.

La libertad es una ofensa.

20.1.17

No quisiera que lloviera. te lo juro.

No quisiera que lloviera
te lo juro
que lloviera en esta ciudad
sin ti
y escuchar los ruidos del agua
al bajar
y pensar que allí donde estás viviendo
sin mí
llueve sobre la misma ciudad
Quizá tengas el cabello mojado
el teléfono a mano
que no usas
para llamarme
para decirme
esta noche te amo
me inundan los recuerdos de ti
discúlpame,
la literatura me mató
pero te le parecías tanto.

Cristina Peri Rossi.



Como los alionines, agrupémonos todos en la lucha final ahora que hombres vestidos de negro nos demonizan, ahora que Cristina (Peri Rossi) se contradice y ama, sufre de nostalgias y de presentes, como usted, como yo, devanándome los sexos (y el sexo) para dejar aquí lo del viernes, o sea hoy, es decir lo que no está escrito, dejarme llevar por la improvisación liviana que no tiene nada que ver con Libia ni con Siria (una tragedia, aun), intentado recoger la cosecha después de meses y meses para que me diga que soy el de siempre, manda narices, después de más de 800 días me dice que sigo siendo el de siempre, pues claro, no voy a ser el de nunca, soy el que era, con matices, si en tanto tiempo no ha sabido ver los matices no sé qué carajo hago yo por la vida de chico bueno, que bien podría ir de chico malo, que mi amiga J se despierta torcida un día y me abronca sobre mis textos sexuales, mi mal gusto, que no escriba desnudo (con este frío, qué ocurrencia) el descenso en el número de comentarios, el descenso a los infiernos y esta terapia de metonimia es magnífica para lo mío, ahora que escribo menos, o peor, o yo qué sé, es así, queremos lo que no tenemos, tenemos tanto que queremos todo, nadie sabe de qué va esto, bah, ya me lo dice I, o era S, o G, no recuerdo, es lo que tiene un mal dominio alfabético, que te confundes, que no sabes quién, con quién, cuando, qué, que cada día estoy más convencido de los beneficios de la soledad, criatura rumorosa que no sabe que es hermosa, soledad (Emilio José), a la rueda, rueda, el que no venga no juega, residencia de ancianos, Germán que ha sido tanto es ahora un cuerpo derrumbado en una butaca, dormitando permanentemente, pasando los días, cuesta mucho morir, se muere uno de aburrimiento pero no se muere, ya lo dice Paniker, eutanasia, ancianos vivos que murieron hace mucho, la medicina al servicio de la vida, mujeres y hombres conectados a una máquina, la madre tecnología supliendo a la madre naturaleza, el negocio de la vida eterna, el negocio de la Moral (de una moral, de su moral), amén, que en la frágil distancia entre los Otros y nosotros (en singular, es decir uno, es decir tú, yo, Paco, Silvia) a veces solo hace falta dar un paso para que esa singularidad se convierta en un Nosotros de dos, es decir uno, aunque sea un rato, ¿me quieres?, te beso y me miras a los ojos intentando leer si sí o si no, si ese beso es un preámbulo o la continuidad de aquel que se fue, el que te dejo con el corazón debajo de un zapato y qué culpa tendré yo que acabo de llegar y no te he dado más que sonrisas, ya, pero no respetabilidad, ni mi brazo, es lo que tiene, los ojos, miles de ojos mirándote cuando estás sola, te miran incluso en la soledad de tu cuarto, te miran los árboles, por supuesto los vecinos, el señor que baja a comprar el pan y el periódico y esa vecina siempre gritando a su pobrecito marido, ya, a quién le importa lo que tú hagas (Alaska), estoy rabioso, alejaros que muerdo, grrrrr, este es el texto que he improvisado para hoy, buenos días, buenas tardes o buenas noches, hasta mañana.    

19.1.17

Reminiscencia




Oración

Líbranos, Señor,
de encontrarnos
años después,
con nuestros grandes amores.

Cristina Peri Rossi

Descubro este poema, breve, intenso, fácilmente comprensible por aquellos que han disfrutado grandes amores, dolorosamente cierto para los que los sufrieron, jocoso ya que la invocación al Señor es privilegio de ateos, medroso porque si se produce el encuentro ya no te salva ni dios.

Admito discusiones.

Reminiscencia

No podía dejar de amarla porque el olvido no existe
y la memoria es modificación, de manera que sin querer
amaba las distintas formas bajo las cuales ella aparecía
en sucesivas transformaciones y tenía nostalgia de todos los lugares
en los cuales jamás habíamos estado, y la deseaba en los parques
donde nunca la deseé y moría de reminiscencias por las cosas
que ya no conoceríamos y eran tan violentas e inolvidables
como las pocas cosas que habíamos conocido.

Cristina Peri Rossi

18.1.17

En el desamor no está el olvido



En el desamor no está el olvido, me lo copia usted mil veces. 

Envueltos en capas de salteador, el Tiempo, el Pecado, la Muerte señalando el Reloj, el dramático empeño de querer saber, olvidar lisonjas y partir camino adelante, con brío, con fuerza en los muslos, olvidarse del polvo y la sed, un día, otro día, lo anuncio, llegará la oscuridad y nos iremos, fuera obsesiones, fuera voces, quemaremos calendarios en la dársena, humo de olvido, las espinas, los fantasmas ululando en lo oscuro, tras la tapia, el cuerpo ausente en la cabeza, en los tendones, la palabra que hiere, el silencio que no cesa, ya no sé si era o si soy yo, si existió y si estoy vivo, escribo aquí, pero no vale.

En el desamor, aún. No lo copie, no hace falta.

17.1.17

Antes de




¿Qué hacía antes de lo de la deriva de los continentes?

Lo conté hace algún tiempo en un largo escrito, el proceso de encuentro / acercamiento / encantamiento / apasionamiento / explosión / alejamiento / desencuentro. 
Me salió bien bonito, parecía real.

También conté de aquella vez en la que me metí al agua, no recuerdo si era piscina, arroyo, mar abierto o charco, hace mucho. 
Me salió realmente mal, no, el texto no, lo otro, salí hundido, chorreando agua, con una sardina en la oreja, tiritando.
Lo mío no es el agua.

16.1.17

Es el insomnio



No puede dormir y se enreda en recuerdos, se engaña con sus historias, las revive, las cambia, las improvisa, las imagina, las modifica, borra los finales que no.

Da vueltas en la cama y no puede dormir.

(Ya ves, no recuerdo cómo son tus pies, no sé siquiera si alguna vez los he visto. Recuerdo la curva de tu espalda, tus labios entreabiertos, tu mirada, el suave movimiento de tus caderas, el cabello ondulando por la frente, los gemidos, tu risa.)

Escucha el viento de la noche que llega del mar y agita las persianas.

(En el duermevela se esconde un ejército de sombras, me apresuro a borrar tus mensajes, la despedida en la arena, el escueto adiós, nunca supe si decías lo que decías, me perdí en monosílabos, sí, no, nunca entendí lo que escribías.)

Ha parado el viento y llueve, son más de las cuatro de la madrugada, mañana no habrá quién le levante. Eso, si es capaz de dormirse.

(En la dulzura de tus caricias descubrí una puerta a un mar azul, en la tierna corriente de tus manos sentí un mundo nuevo, en la curvatura de tu vientre me perdí, tu novicia lengua hizo en mi maravillas, amén…)

Suena el despertador, otra noche en blanco. 
Se levanta de la cama y se va a trabajar.

15.1.17

Es el naufragio



Todo va (bien, o + o -), navega por un mar en calma hasta que en la cabeza (¿en el alma?) se produce un click apenas perceptible (pero real).

Ha sucedido.

Desde entonces las cosas, eso, lo de vivir, comienza una lenta deriva.

Se da cuenta de ello cuando es tarde, cuando no hay vuelta atrás.
Sigue.

Dolores de estómago, de cabeza, mareos, ahogos, opresión en el pecho, sensación de tristeza, desgana, inapetencia, apatía, somnolencia por el día, insomnio por la noche, sufrimiento (¿me dejo algún síntoma?).

Un día se esconde para llorar.

Y otro.

Es el naufragio. 

(Continúa)

14.1.17

En las calles del aire



En las calles del aire, aquí donde somos reyes absolutos, tiranos, dueños de las horas inmóviles, se encendió una luz y volaron los vencejos que anidaban bajo los alféizares de nada.

Guardé la voz en los intersticios de lo oscuro, esparcí azafrán por los prados, vacié mis alforjas y volver fue una derrota, un sinsentido, una liberación.

Una mujer en la orilla susurraba no sé qué, sin querer escucharla cerré las puertas del océano y las mareas vivas de enero hicieron el resto.

Colgué los sueños en la noria de los días y ahí están, cabecean sin atreverse a bajar, inmóviles en su movimiento, intactos, amarillos, míos.

Traductor

Se quedaron

Lo que hay.

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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