Glup 2.0

21.7.18

Napoleón



¿Ves?, es tiempo de dolor, estoy sentado en un cuarto de hospital, a mi lado dormita la anciana  colgada del débil lazo del suero con quién sabe qué antibióticos y fármacos, el páncreas roto, su final, lento, hora a hora,  se despierta y a veces me mira sin saber quién soy, aún puede hablar, no le entiendo, de norte a sur, por un pasillo de luz camina una dama de negros ropajes.

Puedo juntar la emoción del dije, digo, sigo diciendo, solo para que sepas que estoy, sacando tiempo del sueño, saltar de línea a línea sin perder el temblor del alma ni los modales, comer la flor de loto, desmayarme, cambia el viento y la lluvia disipará el calor de estos días.

¿Tienes suerte?, preguntaba Napoleón a sus oficiales. El sí determinaba su siguiente ascenso. Tengo suerte, entro en el bosque de lo ficticio y camino entre los árboles de los días. No soy escritor, utilizo este medio para decir lo que me digo. Estoy diciéndome y no me entiendo.

20.7.18

Peces



Hoy quiero peces, por eso aquí estamos/estoy, jugando las bazas contra el tahúr del tiempo, ganando días, saltando a Fosbury sobre la soledad, inventando un ahora de techos altos y gemidos en pijama. Ya no (me) importa la ignorancia vestida de largo que camina por el pasillo, qué más da, pasen y vean, este es un espectáculo gratuito, un cantar de ciego, una perorata sobre el acantilado indiferente y sin embargo se mueve. Creo, aunque quizás sea solo un tic.

19.7.18

Russ

Gina Trikonis and Russ Tamblyn in West Side Story directed by Jerome Robbins and Robert Wise, 1961

La cosa va así, esto es un juego en el que se trata de imaginar. Para ello utilizo una carta a una mujer que parece despistada pero que se fija en aquello que le interesa, que clava en el texto sus ojos tan bellos y ve lo que ve y más allá, detrás. Y dice/digo (en la carta. Please Mr. Postman).

Uno. Imagina que vas caminando con tus piernas tan largas, tan bonitas y yo soy un desconocido. Nos cruzamos por la calle. Por supuesto ni me miras, no reparas en mí. Yo sí reparo en ti, por supuesto. Qué señora- pienso. En cuanto pasas me doy la vuelta (para mirarte el culo, claro). Me subyuga tu caminar y sigo tus pasos (sin perder de vista el movimiento de tu culo). Esos pantalones son de chico- pienso - pero le sientan bien. Varios kilómetros después, siguiendo tus contoneos, entras en un Audi nuevo y te marchas. Me quedo en la acera. Vaya mujer – pienso, mientras me rasco la cabeza. No pasa nada, tú ni te has enterado, pero quédate con el detalle.

Dos. Imagina más. Sorpresa, nos encontramos después de un montón de años pensándonos desde una y otra parte del mundo. Un día, por la circunstancia que sea, nos vemos, tomamos un café, un zumo de tomate, algo, nos hablamos. Sin quererlo, se abre una puerta que había estado cerrada. Esa puerta da a una habitación. Como está a oscuras tú no sabes lo que hay dentro. Como yo he soñado muchas veces que estaba dentro, contigo, pues sí lo sé. Por eso, mientras James Taylor canta en OHio, te doy un beso de record Guinness (por lo largo)  e insisto en un recorrido por zonas de tu cuerpo que estaban dormidas como princesas que comieron manzanas embrujadas. No hay nada que hacer. Tomamos más café. No había pastas de té en el supermercado, lo siento ¿te apetece otra cosa?– dices. Sí, tú –digo, pero cambia el aire y la puerta se cierra con estrépito. Me subo al coche viejo y vuelvo a California. Tú te quedas tan feliz, como estabas.
Seguirá mañana. Lo de hoy no es gran cosa, lo sé, pero tiene el condicionante de la mordaza de mi error, contar que en este rincón cuento.



Y me corto.
Esto no es un cuento ni se le parece.
Pero lo intentaré, mañana.
Mas.

18.7.18

Noche voluptuosa.


“En la Cour du Comerces se hizo la primera prueba de la guillotina, sobre corderos”. ( Lefeuve. Les anciennes maisons de Paris, IV, p. 148. Cit. en Obra de los pasajes, A 1 a, 6) y “Cada época no sólo sueña la siguiente, sino que soñadoramente apremia su despertar. Lleva en sí misma su final y lo despliega —según Hegel— con argucia” (Walter Benjamin; París capital del siglo XIX). Añade: El hombre pasa a través de bosques de símbolos, que lo observan con miradas familiares”. (Baudelaire) puedo perderme en 1102 páginas y contar hasta aburrir os/me pero seré benévolo por el bien de vuestras futuras visitas, siempre inciertas, siempre sujetas al azar google, fotografías insinuantes y música que ya solo suena a voluntad del visitante, flaneur (flaneur: el viajero contemplador y reflexivo que disfruta a su manera del paisaje, el sujeto que erra lentamente por las calles, que se entrega ociosa, imaginativamente, sin un plan prefijado, a lo que le ofrece el destino.)  por avenidas y bulevares d´este blog, de los otros, me refiero a los míos, comprobar que sé de qué no hablo/escribo, ay antes, cuando amaba… dejaba esto perdido de lamentos y no, no, no, que lo mismo me da un telele y no puedo contaros lo de Gotti (John Joseph Gotti, Jr (27 de octubre de 1940 - 10 de junio de 2002), también conocido como The Dapper Don) que quizás no te importe ná de ná, pero ¿qué quieres?, estas páginas en blanco (ya no), dan para mucho y espera que no me salte a Haussmann (Georges-Eugène Barón Haussmann (París, 27 de marzo de 1809 – París, 11 de enero de 1891) fue un funcionario público, diputado y senador francés que trabajó en la ambiciosa renovación de París.) y es que el saber no ocupa lugar que no sé cómo podíamos vivir sin internet o sin electricidad o sin amor o sin gin tonic (la ginebra, Hendricks) con unas gotas de limón exprimido y mucho cariño del barman o barwoman, hasta aquí que me espera el Casco Viejo con su calle del Perro, la de Santa María (ruega por nosotros) o Barrencalle Barrena, con amigos/as tan majos que dan ganas de hablar de ángeles o de cavernícolas, de mayo del 68 o del 69 que también tiene su público, dado que follar en Euskadi no es pecado sino milagro, nos limitaremos a tomar unos vinos, cuatro y a dormir (cada una/o en su cama). Así.

(Para saber + click en las palabras en rojo)

17.7.18

Kaufman dice



Kaufman dice: La expresión creativa es la expresión de uno mismo.
La creatividad no es otra cosa que la expresión individual de tus necesidades, de tus deseos y de tu naturaleza única.

Allí y  aquí tratando de justificar esto, lo otro y lo de más allá, el complejo de que la voz no sea la adecuada porque entonces, ¿cuál  es?
Puede ser buscar los recovecos, los pliegues, lo que no se ve, no invisible, no, escondido bajo las piedras de la ceguera voluntaria o fingida, de párpados como persianas, de dedos que tantean el aire de lo nuevo.
Todo esto o lo contrario.
Ya empezamos, así no hay quién entienda nada.
Pues eso.
Por cierto, quién coño es Kaufman.

16.7.18

Daltonismo




Queda claro, esta es una página para que usted venga y lea, ¿ve?

Le propongo un ejercicio, sencillo, ¿sí?

Tápese un ojo con la mano, es igual, el derecho o el izquierdo (los dos a la vez, no) y con el otro, abierto, lea, ¿ve?

Si ha dicho , perfecto.

Si ha dicho NO, perfecto.

Ahora tápese con la mano el otro ojo y abra bien el libre de obstáculos y manos, ¿ve?

No se distraiga, atento, otra vez, ¿ve?

Si ha dicho SÍ, NO, si no ha dicho nada, perfecto.

¿Ve?, esta es una página de literatura para que usted vea.

Si la encuentra, o un mínimo porcentaje de poesía, qué sé yo, si se encuentra una víscera  entre la música o las fotos de otros, sangre, unas tijeras, tranquilo, todo está en orden, me suelo cortar las venas, no me gusta llevarlas largas, no entiendo el silencio como alternativa, soy capaz de pintar de amarillo este blog glup y si es daltónico, entonces, usted no verá ¿ve?

Todo está en orden, es lunes, que tenga/mos un buen día. Amén




El daltonismo es un defecto genético que ocasiona dificultad para distinguir los colores. La palabra daltonismo proviene del físico y matemático John Dalton que padecía este trastorno. El grado de afectación es muy variable y oscila entre la falta de capacidad para discernir cualquier color (acromatopsia) y un ligero grado de dificultad para distinguir algunos matices de rojo y verde. A pesar de que la sociedad en general considera que el daltonismo pasa inadvertido en la vida diaria, supone un problema para los afectados en ámbitos tan diversos como: valorar el estado de frescura de determinados alimentos, identificar códigos de colores de planos, elegir determinadas profesiones para las que es preciso superar un reconocimiento médico que implica identificar correctamente los colores (militar de carrera, piloto, capitán de marina mercante, policía, etc.). Puede detectarse mediante test visuales específicos como las Cartas de Ishihara.
El defecto genético es hereditario y se transmite generalmente por un alelo recesivo ligado al cromosoma X. Si un varón hereda un cromosoma X con esta deficiencia será daltónico. En cambio en el caso de las mujeres, que poseen dos cromosomas X, sólo serán daltónicas si sus dos cromosomas X tienen la deficiencia. Por ello el daltonismo afecta aproximadamente al 1.5% de los hombres y solo al 0,5% de las mujeres.
El término discromatopsia se utiliza en medicina también para describir la dificultad en la percepción de los colores, pero tiene un significado más general. La discromatopsia puede ser de origen genético, en cuyo caso se denomina discromatopsia congénita o daltonismo. También pueden producirse discromatopsias que no son de origen genético y se presentan en algunas enfermedades de la retina o el nervio óptico
¿Ve usted el número que está dentro del círculo?
Perdón, ¿ve usted el círculo?
¿Sí?
¿Y el número?
¿No?


La ceguera es una discapacidad física que consiste en la pérdida total o parcial del sentido de la vista. Existen varios tipos de ceguera parcial dependiendo del grado y tipo de pérdida de visión, como la visión reducida, el escotoma, la ceguera parcial (de un ojo) o el daltonismo.

15.7.18

Chichón




Descubro una mujer desnuda en mi cama y las cortinas se abren al amor de la mañana. Ella me dice que lleva ahí varios años, tumbada, esperándome, con las caricias detenidas, con la dulzura embalsada, con los besos a punto de florecer. Amo a esa mujer. La amo desde siempre y hasta el final del horizonte. Me levanto y mi cabeza golpea contra el armario donde guardaba la impaciencia. Me despierto. Tengo un chichón importante en la frente. Ay.

14.7.18

Londres, creo.


Market Stall, Islington, London, Photo by Dorothy Bohm, 1960’s

Hay una mujer sentada bajo un olmo con una abubilla en el hombro derecho. 
Creo que es Isabel.

Hay un escritor que regala a un mendigo una naranja rellena de joyas.
Creo que no soy yo.

Hay una hoja (esta) de un insaciable blanco que necesita temas, flores y roleos, música, ven y cuéntalo.  

Amanece y ya es ayer, con su carga de lo que fue como un embalaje frágil, como un papel de calco de los últimos cien días, no recuerdo ya los lunes sin fluoxetina, aquellos en los que florecían las camelias en la tapia frente al apartamento de la que amé.

Un momento, acabo de recibir un mensaje desde Londres, una magnífica fotografía, dos cariñosas líneas, tres días faltan para que vuelva la mujer de cristal.

Qué ganas.

13.7.18

Boxeador




A veces releo mis escritos y me siento como un caníbal melancólico, como un equilibrista de la peripecia, como un boxeador sonado, como un pulcro mentiroso ejerciendo su oficio. Pero deben saber que el bosque de tantas manos agitándose desde las estaciones, desde los aeropuertos, desde el borde de los caminos, me distraían. Las he cortado, todas. O estoy en ello. Ojalá llueva.

12.7.18

Desorientados



Levantamos una maquinaria de hojarasca difusa, una sinuosa estampa de armonía, una telaraña en la telaraña. Mientras las naves viajan a Titán, nosotros continuamos temblando, perdidos en el desamor, en las preguntas, en la babélica y trivial malla sin reglas, en universos interactivos intuidos desde la cocina de nuestra casa, en métodos tecnológicos de los que no comprendemos más allá del on/off. Vaya cuadrilla de desorientados.

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