Glup 2.0


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1.3.15

Carta a la amante impoluta.





Mrs James Guthrie, Sir Frederic Lord Leighton 


Tan lento que parecía inmóvil, tan rápido que ayer ya era mañana, fue un milagro, esas cosas que no pasan pero, ay, cuando pasan ya no hay remedio, cuando se cruza el río uno se moja, se empapa, sale chorreando al otro lado, mira y no hay regreso, ha entrado a otra tierra, otro clima, otras voces, un acento que antes no se entendía.
Y escoge eso.
O el silencio.

Por eso, para traducir el olor del viento, para que el recuerdo no se adelgace en los días sin sol de la primavera herida, vida gastada en trabajos de Sísifo, una larga playa, vacía, entiendo cada grano de arena, cada suspiro que sale de la pared de piedra que limita el mar, reino del sí pero no, del no pero sí, lanzo mi pena a la tercera ola, zamarreo el dolor y no es lo mismo, no cierro los ojos, no quiero dormir.
Permanecer insomnes, atentos, en vigilia.
O dejar que muera la zarza florecida.

Aquí están, los infractores, nadie les mira al pasar pero mantienen la cabeza baja, caminan por el centro de la calle, esquivan los jardines y los jazmines, el sonido de los semáforos y el run run del tráfico, los ciegos recostados en las esquinas y los prejuicios como una roca negra y lisa imposible de escalar. Caminan y el mundo es un paisaje nuevo con personajes mezcla de pájaros y funcionarios con manguitos.
Abrir las ventanas al caliente viento del desierto.
O ahogarse en un remolino del oasis descubierto apenas ayer.

Se besan sin saber dónde empieza el cielo, dónde acaba el infierno. Se besan de pie, con los ojos cerrados, con las manos cerradas. Se besan y a lo lejos se escuchan las murallas centenarias, derrumbándose, poblando el aire con un estruendo de argamasa y ciclones. Se tocan la piel y de los poros les brotan pequeñísimos animales dulces que miman cada rincón de brazos, caderas, muslos, un lento deambular de almíbar. Se tocan el alma y se mecen en pétalos de flores nuevas, gigantescas corolas, pistilos con embriagadores zumbidos de abejas. Se hacen uno y justamente entonces, a pesar de los coros de querubines que cantan con los ojos cerrados, del ritmo de cien palmeros presentidos al otro lado de la puerta, del calor de tres infiernos, del murmullo de un arroyo del Paraíso Terrenal, del Vesubio y del Etna, de Manhatan, ignoran que traquetean en el pescante de un tren sin regreso, viajeros a ninguna parte, refugiados en el trayecto de la soledad, habitantes de un mundo prohibido.

No pueden culpar a las serpientes.
Hablan recostados a uno y a otro lado del muro de las lamentaciones.




Hajdu Tamas

28.2.15

Carta de amor para este sábado.




Tú estabas en  la maleza de este sábado tan largo y tan vacío, tan absurdo para ti que eres la emperatriz del mundo y estás ahí, camuflada entre los árboles de un bosque quemado, amenazada por todos los felinos hambrientos de la sabana, tan aburrida.

Pasará esta época de grandes lluvias, no pierdas la calma.

Estás, digo, vestida de verde, deshabitada de ilusión, con los caminos borrados, a oscuras y te mueves furtiva como una gacela asustada, temblorosa, tú que te sabes el abecedario, tres de las cuatro reglas y que hablas en tantos idiomas aunque con solo dos palabras logras que me asome al espacio y gire a tu alrededor, que te mire sin candiles pero encandilado, te contemple sin poner límites a mi curiosidad,  me postre ante tu recuerdo y entone salmos y rezos que creí olvidados.

Me da miedo tu miedo y tu rabia contenida, el brillo de tus ojos, lo exterior, lo que no te es ajeno y te muerde, esa voz que te hiere, esas palabras que ponen barreras a tu expresividad, todo aquello que te molesta o se clava en ti como saetas a una santa y mártir  que imagino desnuda y con flechas rebotando en tu piel que admiro y acaricio en este aire que me enloquece porque te siento aquí a mi lado mientras tecleo y te veo y me cortaría un dedo del pie por verte (los de la mano me dijiste que no me los corte, que los necesitas).

Pues eso, estamos en que ahí llovía y aquí casi nieva, que estamos subidos a un trineo de sueños que se desliza por un calendario de casi un año y no sé ya qué ropa ponerme y la ciudad está ahí engulléndonos.

Subo hasta esta colina de escribirte y te hago señales, amor, estoy aquí, te quiero, soy tuyo y quiero aprender a quererte cada día mejor, más es imposible.



Ánimo, mi vida, estoy afilando los cuchillos.


27.2.15

Fotos de familia.




Sólo son tuyas -de verdad- la memoria y la muerte,
la memoria que borra y desfigura
y la sombra de la muerte que aguarda.
Sólo fantasmales recuerdos y la nada
se reparten tu herencia sin destino.
Después de sucios tratos y mentiras,
de gestos a destiempo y de palabras
-irreales palabras ilusorias-,
sólo un testamento de ceniza
que el viento mueve, esparce y desordena.

Juan Luis Panero 



El niño, sentado sobre las piernas de su madre, pasa las páginas de un álbum de fotografías.
Dos ancianos sentados bajo una parra, la mano de ella sobre la rodilla de él.

-Mamá, qué feos son-


En blanco y negro, un grupo de familiares sonrientes delante de una iglesia, están vestidos de fiesta, miran a la cámara con el desafío del grupo, unidos frente al viento que alborota las faldas y amenaza con hacer volar las boinas de los hombres. Al fondo el mar.


-Mamá, ¿por qué no conozco a nadie?


La humedad forma sábanas y banderas que nadie ve, se mece en el objetivo del fotógrafo, alborota el humor de los adolescentes en primer plano.
Un hombre hace un gesto burlón, sus brazos rodean a una mujer de cara triste.


-Mamá ¿quién es ese que te mira?

Un perro ladra a la cámara.
Una casa entre la niebla, por una ventana asoman una cabeza y una mano.
Un grupo de jóvenes posando entre las hortensias ocultan su cara con las manos, a un lado, seria, una muchacha morena regala una mirada más allá de la mirada.


-Mamá ¿esa eras tú? 


La madre acaricia la cabeza del niño mientras en la garganta sujeta un nudo de congoja. Quiere terminar y se mueve, nerviosa.


-¿Por qué no hay ninguna foto de papá?


La madre cierra el álbum, toma al niño de la mano y se lleva las preguntas.


-Mamá ¿por qué lloras?

Fotos: Alexander Sterzel


26.2.15

Retrospectacle in New York (y 6).



Sexto

Pero acúsome también de ser tribuna de orgullo. Acúsome de toda la vanagloria que me asiste al comprobar que vos, capaz de convocar con una divina fórmula la Carne y la Sangre de Ntro. Señor, jamás poseeréis la palabra que hiciera nacer el tacto de µ cuerpo entre vuestros dedos consagrados. Y acúsome, reverendo padre, del sentimiento de rebeldía y de triunfo con que me embriaga esta crueldad. Amén (Ana Rosetti)




Ahora escribo –te escribimos- frente al espejo, te hablo –te hablamos- al espejo mientras escribo –escribimos-. Estos días tendremos muchas cosas que hacer, pasear bajo los árboles mojados del invierno, traducir mis mensajes tú, comprender los errores informáticos yo, leer tantos libros, terminar el de  Antony Beevor, añorarnos, imaginarnos, visitar alguna exposición, recapitular sobre los últimos años de vida, quizás sobre los últimos diez años, cuidar tu casa, cuidarte, mimar tu cuerpo ávido, que te grita, escribir más, mirar por la ventana. Y justo al llegar a este punto me entra por esa imaginaria ventana un auténtico viento de ternura y te imagino, te veo, puedo tocarte, imagino ese espacio por el que te mueves. Paro de escribir y te abrazo en silencio, muy ceñidito, fuerte, tratando de transmitirte mi amor, comunicarte lo que no sepa expresar con palabras, lo que el tiempo, su falta, me impida decirte, o lo que te comunico en un discurso frío, ya sé que a veces lo notas, lo noto yo, lo achaco a mi sensibilidad por la distancia, a mi dolor por determinadas ausencias en mi corazón, a que quiero protegerme, en que quiero provocar que me contestes, que me pienses. Fíjate, ni siquiera sé en qué parte de tu almacén estoy colocado, no quiero saberlo, me es igual, no necesito florituras, lo nuestro es un privilegio, un milagro, un fenómeno de comunicación que ocurre cada mil años, al menos así lo percibo. Me basta con que haya almacén, ni siquiera eso, me basta con tu existencia, con saber que estás ahí, que en un tiempo he conocido, conozco, un ser como tú y del resto vendrá lo que tenga que venir sabiendo además que una cosa de dos puede ser una cosa de sólo uno, aunque es más aburrido. Y ampliaré todo esto para que no pienses cosas raras pero ahora escucho pasos por el pasillo y aún no es la hora pero sé que vienen aquí y protejo el teclado y estos están vestidos con uniformes blancos...




Ana Rosetti

Poeta española nacida en Cádiz en 1950.
Es una de las voces femeninas más exuberantes de la literatura española. Ha dedicado su vida a las letras escribiendo no sólo poesía sino libretos para ópera, novela y diversas obras en prosa.
Ha obtenido varios premios importantes como el Gules en 1980, La sonrisa vertical de la novela erótica en 1991, y Rey Juan Carlos en 1985 por su obra «Devocionario». Fue distinguida con la Medalla de Plata de la Junta de Andalucía.

Obra poética: «Los devaneos de Erato» 1980, «Dióscuros» 1982, «Indicios vehementes» 1985, «Apuntes de ciudades» 1990, «Virgo potens» 1994, «Punto umbrío» 1995 y «La nota de blues» 1996. ©








Todas las fotografías de la serie y estas pertenecen a Francesca Woodman

25.2.15

Retrospectacle in New York (5).

Quinto


Y decirle: Acúsome, reverendo padre. Acúsome del descuido que os reveló mi rostro, de la negligencia de mi velo en ocultar mi codicia. Acúsome del lazo que tendí a los pies de vuestra reverencia, de la tela de araña emboscada, del grillete que aprisionó vuestra mirada en mi sombra. Acúsome de ser lanza en el vientre, medusa entre las piernas, desvelo de vuestra reverencia y sed. Acúsome de clavaros la aguda y persistente dentellada de los rosales del remordimiento. (Ana Rosetti)


Francesca Woodman 

En este plato con especias de New York has vuelto a entrar en mi vida como un ciclón ciego y fiero, desbordante de palabras y sentimiento, cambiada, en llamas como un mastín loco y fiero que no suelta su presa, convirtiéndome también en un perro negro que husmea tus pasos por esta ciudad inmensa donde te busco a las cinco menos veinte en un café con música brasileña, a las seis y cinco frente a una librería con cuadernos de tapas de colores y te sigo y te busco, arcángel traspasado por tus pechos, hombre sonriente refugiado en tu sexo de aromas de hembra, colgado de las farolas con banderolas y luces de tu recuerdo, de ti, mujer tan mujer, mirada mágica, bella del Caribe, quisiera verte tumbada y desnuda, ver tus caderas esperándome, temblando, sabiendo que llegan las olas del placer y me deseas, sabiendo que no podrás oponerte a las mareas, sintiéndote llevada y traída por aguas que burbujean, por remolinos que te tragan y no sabes en qué país saldrás, en que playa terminará tu cuerpo agotado y feliz, dulzura de tierras lejanas, me gusta sentir en la distancia esa llamada de muslos, ese súbito e incontrolado fluir, esa señal con brazos que reclaman imperiosos, con órdenes musitadas: ven, ven, ven y yo voy, obediente y frenético súbdito, atareado como un delicado orfebre que quiere modelar el milagro de nuestro abrazo amoroso y dulce, brillante como una estrella en lo más alto de esos árboles navideños que aún no han recogido los comerciantes de la ilusión colectiva, los mercaderes del íntimo afán de trascendencia y digo esto mientras aún levito, etéreo, sin peso, atónito, con el placer aún aferrado a mis músculos, a mi esencia, sonrío, canto, cedo el paso en los cruces, el cielo se ha llenado de luces y la vida es lo que era, las mañanas estarán sembradas de esperanza, los lunes y viernes están marcados en rojo, en púrpura, los martes en verde, los sábados en azul mar, los días saltan a la cuerda y ya es igual que sea junio y las calles comiencen a derretirse, has vuelto, corazón, bienvenida, mi ser entero te recibe alborozado, mis dedos te buscan, mi boca te canta, mi cabeza sólo piensa en ti, te busco, ay, por las calles frías de este día caluroso, pero tú estás en tus paseos y yo, pronto, deberé seguir con mis deberes profesionales, trabajador modélico, la envidia de las aburridas mujeres que esperan en vano a sus previsibles parejas. Hoy estoy cansado, ayer corrí demasiado bajo el bochorno nocturno. ¿De qué quería huir? ¿De quién? ¿Del recuerdo de V? Ay, mis piernas están cansadas, y yo, del arco iris, de la lluvia, Abraham con su hijo en la pira ¿o era Jacob? las plagas de Egipto, lo que tú y yo queramos que sea porque has vuelto, mi reina en New York , ya era hora, estoy lleno de ti, me llenas, me turbas, me excitas, me incitas, hembra tan deseada, ya no te vayas más, no me dejes perdido y temblando en tu ausencia, niña amorosa, number one de memoria frágil, tan inteligente, mi dulzura, regalo envuelto en los más bellos colores del celofán, si un día escucho tu voz de seguro me voy a derretir como un helado de limón, hermosura que sueña con glup´s sobre ella, dentro de ella, en su cabeza, en las vueltas y revueltas de sus orejas ávidas, en los recovecos de su cerebro rico, brillante, mi hermosura, ¿dónde has estado escondida estos tres años? tan cerca y tan lejos, hablando de las personas que he conocido y sin tener la curiosidad por saber que había sido de tu vida, estúpido ignorante que no he sabido ver en el blanco espacio del tiempo como una niebla entre la mujer de . y la de . (o así), esta mujer, o sea tú, que me enajena ahora y me tiene así, mirando desde el balcón del amor, traduce, amor, traduce, que septiembre está cerca y bajarás al río a lavar los pecados de la humanidad, aceite y vinagre para esta ensalada de gentes y razas en New York y aún no conoces mi lado oscuro, mi incesante sed de amarte, mis ganas de dejar tu cuerpo exhausto, desmayado, rogándome un suspiro, pobre mujer sin fuerzas ya, indefensa a mis manos que no cesan, a mi cuerpo que se pega al tuyo, a mis piernas apretando tus caderas, mis labios subiendo y bajando por tu espalda, mis brazos que te abrazan, mi fuerza que te arrastra, que te pide, que te ordena, que te nubla la mirada, y tomarte suavemente, depositarte en una barca y dejarte en la ribera de otros deseos, esclava egipcia abandonada en el Nilo, acechada por cocodrilos con ajustados trajes verdes con finas rayas negras, ya no tenemos nombre y somos una mujer y un hombre anónimos, dos cuerpos desnudos que chocan y friccionan, que resbalan y dedos viscosos, que gimen ajenos al mundo detrás de la puerta y enredarte entre sábanas, prisionera, apasionada, uno en el otro, inventando posturas, piernas al aire, escorzo, uno, uno, nuestras cinturas unidas, mojadas, moviéndonos sin cesar, delicioso movimiento continuo de amarnos y amarnos, ojos entornados y no conocernos, ¿quién somos?, y cómo hemos llegado a esta sucesión de muslos en los muslos, humedades, de boca en la boca, de lucha y lucha de caricias, incesantes y nadie nos espera y la noche es larga y aún el sol está dormido y morderte el cuello, el lóbulo de las orejas, los hombros , escupirte la cara, hacerte daño, dulce dolor de amarnos así, como desconocidos, como una mujer y un hombre que se encuentran al borde de una noche, mirarnos hasta no vernos, mirarnos hasta conocernos, mirarnos hasta grabar esa mirada en la historia de nuestras vidas y así desvanecernos lentamente hasta que el sueño nos transporte a otro mundo. Y estará en este y ahí vienen las brujas uniformadas con sus pastillas y sus órdenes, rompiendo el mundo que creo desde este rectángulo blanco desde dónde te invento y te rompo, desde donde te imagino y te busco, me arde la frente, las ventanas están en llamas, no sé quién es ese ser de piel roja y cuernos, ni los bichos con patas de acero, ni esta serpiente que tengo enroscada al cuello. Debo dormir.

24.2.15

Retrospectacle in New York (4).

 Cuarto

Apoyar la frente enfebrecida en la nublada celosía del confesionario. Enumerar los inasibles recorridos de la serpiente. Buscar un nombre para hacer cada crimen discernible. Dibujar las noches; las llagas de las paredes encaladas en la oscuridad, brillando; los colibríes enzarzados, enredando sus lenguas de pistilo bajo los rígidos almidones de mis tocas. Apoyar la frente. Abandonarse. Sentir cómo el anillo que atenaza mi corazón, se me resbala por el pecho como un crisantemo decapitado. (Ana Rosetti)



Francesca Woodman 


Han pasado seis días y los domingos que no me escribes tiemblo como un rapaz, me asusta tu silencio y subo al último piso del Empire para ver si llegas con flores en el pelo por las avenidas atestadas de taxis amarillos, de personas que se ven diminutas, ahí abajo, lejos de nosotros, aquí arriba. Me hormiguea el alma cuando no me escribes, temo que te escondas en la gruta del no y sigas ahí, anónima, lejana, ingrata, olvidadiza, apenas un aroma entre mis dedos que te escriben y tocan tu cuerpo imaginado, ansiado, deseado. Cuando callas temo que algo te haya ocurrido y salgo a las calles a gritar tu nombre, la gente me mira pero sigo, obstinado, llamándote con el eco de los callejones, febril, enamorado ¿dónde estás? Belleza, en la cabeza se agolpan impresiones borrosas, abstractas, vagas sensaciones. Poco a poco van formando perfiles, contornos que se llenan de color, se definen, como una fotografía de Polaroid, la agitas entre los dedos y en unos momentos están ahí las sonrisas claras, los gestos de fastidio, la persona que amas delante de un monumento, una montaña, el mar. A veces se entiende, es una cuestión de luz, de pronto sabes. A veces hace falta una palabra, una sola, para saber. Incluso esa palabra desencadena lo que no se sabe, y ya, queda ahí en la sombra, pero definido: detrás de esta puerta está lo ignorado, no pasar y un cartel con una calavera y dos tibias cruzada. Nosotros sabemos algunas cosas sobre nosotros. Nosotros, tú y yo, tenemos algunas cuestiones detrás de la puerta esperando, ay, un licor rojo sobre la mesa, la niebla contra los cristales y una música de Tortoise, suave, simulando un ambiente. Sería imprescindible que antes nos hubiéramos amado hasta la extenuación, para evitar que el deseo nos impida pensar con claridad, razonar, sacar conclusiones. Recuerdo que no me gustaba André Gide, ni un poco. Me lo recomendaste. Lo busqué en estantes olvidados de bibliotecas polvorientas. Leí sus libros, uno tras otro, en un ejercicio cercano al masoquismo. Me aburrieron soberanamente pero conseguí sentirme más cerca de ti. Recuerdo esto ahora, hoy, que el tratamiento ha sido fuerte, siento pinchazos en todo mi cuerpo. ¿Sigues ahí?

23.2.15

Retrospectacle in New York (3).

Tercero.

En sus dedos la ostia lunar amanece, se alza desde el vaso sagrado, brilla sobre el carmesí de la casulla. Y cómo ir, cómo prosternarme, cómo abrir la herida de mi boca a la luz si en mis entrañas anidan los petreles y mis venas son astas de ciervo y mi cuerpo es batalla con sus brechas y minas. De la lámina blanca que él me ofrece depende mi perdición, pero mi lengua, avanzando con rojos destellos, recibe de su mano el sacrilegio y la muerte. (Ana Rosetti)

Francesca Woodman 




Belleza, corazón, ahora es lunes, me asomo al balcón, amanece, el sol pinta las nubes de documental venezolano, abres tu correo, un hallazgo, la sorpresa, un hombre, socorro, un hombre en tu correo, otros en tu cabeza, otros volando, leer libros, leer en un corazón, nos dejamos de problemas y escribimos con el alma -perdón, tú escribe con lo que quieras-, el resto sale solo, qué gracia, hallazgos del lenguaje, claro, qué suerte, te apuntas y yo y ese señor que pasa y los millones de personas que ahora están solas, tecleando como náufragos, algo ocurre, algo grave, soledad, te lo cuento, tecleo y mi cama, alineada con las otras camas del pabellón, está vacía, escribir no es vivir, escribir es escribir, escribir es no vivir, vivir es vivir, amar, gozar, sufrir si toca, luchar, buscar, esperar el turno y disfrutarlo, eso pasa en New York, en España, en Crimea a pesar de los muertos, a pesar de las tragedias que nos entristecen desde los noticiarios, que nos aterran. Todo está en los libros, esto ya pasaba, pasa, pasará, mientras tú y yo aquí intercambiando confidencias sin saber quién somos, o cómo, o algo más que nuestros nombres, el recuerdo de tu mirada en FB, o este lunes sin demasiado trabajo, sin llamadas, con contradicciones, leyéndonos y discúlpame porque no soy Neruda, a quién le importa ahora Neruda que está enterrado mientras tú escribes tus alegrías y tus deseos con ese brillo apasionado enredándose en tus cartas. Creo que te quiero, sí, te lleno de besos y odio los lunes que es el día en el que me inyectan ese líquido verde que me deja atontado y parece que nunca saldré de aquí. No me olvides.

Traductor

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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