Glup 2.0


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6.2.16

Esto dice Barthes




De pronto escribir es esto. "Flaubert opera un malestar saludable en la escritura: no se sabe nunca si es responsable de lo que escribe (si hay un sujeto detrás de su lenguaje); pues el ser de la escritura (el sentido del trabajo que la constituye) es impedir que se responda a esta pregunta: ¿quién habla?", al menos esto dice Barthes y hoy no me atrevo a contradecirle. Aquí nos vemos. 

5.2.16

En Roma



Hace demasiado tiempo de todo.
Creo que lo he leído en alguna pared.

También leí en Roma, Io, letras de tiza, anónimas, qué o quién era Io, qué mano lo dibujo, sabiendo o sin saber, allí, leyendo, mirando alrededor, esperando, iluso, ver aparecer debajo, a un lado, a una sonriente Io, ella mirándome “sí, soy yo”, dedos romanos manchados de polvo, dedos corriendo por las paredes amarillas, dedos señalando el nombre, Io, y luego calle del Corso adelante perder los recuerdos amistosos, justo en la estrada que lleva a Trevi, bulliciosas calles con puestos de libros, corbatas, paraguas, pintores de spray, rollizas vendedoras de pimientos y fruta.

Un día estuve ahí y mi alma estaba rota, mi cabeza vacía, arrastraba los pies y la existencia.
Un día estuve ahí y alrededor la vida sonreía.

Hace tanto tiempo de todo.
Un día amaneció y las calles se llenaron de flores.

4.2.16

XXIV



No es el sitio, un día musité un te quiero y el amor se me quedo entre los dientes y los pulmones, se me atraganto, ella me golpeaba la espalda atemorizada por el color rojo de la pasión en mis mejillas, en quiéreme o me tiro al mar. No me tiré, total ella no me iba a querer, me refugié en esta esquina pero no es el sitio, no lo es y lo sabíais, todos, no me avisasteis, estaba tan claro menos para mí. No temo a los mastines, no me abrazo a los olmos, no me arrepiento de la huida, me siento en los últimos bancos de la catedral y hablo con los vagabundos como yo, a veces nos levantamos y quemamos iglesias de los barrios periféricos, para que no se acostumbren, para que estén alerta. Ayer matamos a un cura. Hundo la cabeza en esta soledad como nubes alrededor del faro de Finisterre, como niebla, las alondras se han perdido y es momento de buscar la libertad. Camino, a algún sitio llegaré.

3.2.16

XXIII




Repito que no es este el sitio, aunque esté lleno de estorninos que dibujan nubes negras, de estatuas de sal y premoniciones, de viento silbando por los corredores desiertos de un edificio sin alma, sin una silla donde  se pueda sentar la ausente,  el fantasma de un tiempo enterrado, tú. Me ato los pulgares para no escribir lo que quiero escribir, para decir solo esto, nada, palabras que llenen el día deshabitado, el entretanto, palabras perdidas en el aire de nadie, sin labios que las acaricien, palabras que se quedan en la grietas de la prisa, en la impunidad del que lee y no lee. Detrás de la puerta hay un libertador con una espada afilada, apenas puede disimular la sonrisa de opresor en ciernes. Temo su mirada.

2.2.16

XXII



No es este el lugar y lo sabía, no supe encontrar otro, necesitaba la inocencia y los crepúsculos, la mirada detrás de la cortina, la sonrisa apenas vista entre paso y paso de baile, el vals cuando todos se han ido, ablandar entre las manos los nombres desgajados, los nombres en el polvo, aquellos que ya no son. Este no es el sitio que nos llevó a Ribadiso da Baixo, al beso que aún dibujo ensimismado, mordiéndolo para que no se vaya, abrazándome a sus piernas, el beso. ¿Quién habla ahora?

1.2.16

XXI



No es este el sitio, no, donde dejar la espuma del corazón, los mirlos amaestrados que canten los días impares, la bestia que ruja su miedo. No es el lugar soleado donde reíamos después de la siesta, donde nos amábamos de lado a lado de aquella cama que llenábamos de ruidos y juegos. La sequía vive en mis brazos, los ojos se han llenado de ortigas, miro sin ver y grandes piedras rojas impiden el paso a los romeros en el camino. Hay sueños embozados, hay insectos transparentes, hay un mulo pardo que atropella a los caminantes, hay un tatuaje infamante en el hombro derecho de la mujer que mira. No es este el sitio.

31.1.16

La prueba del nueve y medio.



Lo de mañana, es decir lo que lees ahora, o lo de hoy, yo qué sé si estoy tan, tan triste. 

Cómo escribirlo, con tantas sensaciones, cómo con esta mezcla de emociones en las venas, cómo con tantos deseos entre los músculos, cómo con tanto por hacer, aún.

Ah, y el miedo.

Impulso de terminar con lo que no, con determinación, de un golpe, a la mierda, todo. 

Empezar de nuevo.

Pero.

30.1.16

Guía para una operación


...El oculista detràs de una escafandra
me dirigió su rayo
y me dejó caer
como una ostra
una gota de infierno.

Más tarde,
reflexivo,
recobrando la vista
y admirando los pardos,
espaciosos ojos de la que adoro,
borré mi ingratitud
con esta oda
que tus desconocidos ojos leen.

(Neruda)






Aviso: no lean los aprensivos.


Va así.

Acomodan tu cabeza en el hueco de la cama del quirófano y te sujetan la frente para que no puedas moverte. Te atan por las muñecas. Desinfectan la zona a intervenir. Suavemente, con unas pinzas inmovilizan los párpados. Te cubren la cara excepto un ojo.

A partir de ahí estás en sus manos y si eres creyente, rezas, si eres colérico juras por dentro, si el miedo te paraliza te quedas así, respirando, pensando que será rápido, haciendo votos para que lo sea.

Jamás he tomado LSD pero la sensación debe ser parecida, luces brillantes que se mueven, estrellas, flores de luz, intensos colores que bailan, puntos luminosos incandescentes, algo ha entrado en tu globo ocular y los músculos de las piernas están tan tensos que parece que las venas van a traspasar la piel. El corazón marca música con un ritmo intenso.

Después de hacer mil barrabasadas a tu ojo dicen -Ya está-. Te ayudan a bajar de la cama, te sientan en una silla, con impotencia ves, ¿ves?, como te llevan por largos pasadizos, un ascensor, otro, otro pasillo, la 217. –Espere aquí, pronto pasará el doctor- dice la enfermera.

Fuera llueve como en el Diluvio Universal, la Ría está a punto de desbordarse, hay muchas carreteras cortadas, tú estás tumbado en la cama sin atreverte a abrir los ojos, la angustia baja por tus piernas, gotea sobre la habitación de esa clínica con imágenes de vírgenes y absurdos cuadros de amaneceres o atardeceres, no lo distingo bien.

Estás mareado y no te enteras todavía de cómo ha sido. Por si acaso no ha salido bien piensas en una colecta para un perro lazarillo, un bastón blanco y unos cascabeles. En la cuenta de siempre.


29.1.16

Perdido en el parque.



De muy niño, un día me perdí mientras jugaba en el Parque
Desconsolado, lloraba y llamaba a mi madre.
Esta mañana, después de tantísimos años, he pasado por ahí.
Creo que todavía no me he encontrado del todo. 
Ahora no sé a quién llamar.

28.1.16

El camino es el tesoro.



El camino es el tesoro y ahora que estoy dentro, que soy el camino, busco a los otros y me abrazo para que no se me escape por ninguna rendija de la memoria los momentos que acumulo paso a paso, el Otro alrededor, a través de pueblos y pueblos, la sombra delante, vertical en las cimas, tendida después, acentos y voces, los otros caminantes – que también son yo- o los paisanos –que miran y saludan, algunos sonríen y aún no son yo- en los bordes, no dentro, con gallinas en las manos o arreando vacas, silbando al perro –no muerde, tranquilo- mujeres con cántaros de leche y bocas que guardan secretos, niños rapados que corren y juegan a espaldas del polvo de unos y otros, adelante, el roce con la arena, eco de tantos pasos perdidos, millones de pisadas antes, las piedras, las iglesias, cristos sufrientes, imágenes rotas en las ermitas, cruceros, señales en las orillas, paisaje verde, los bosques, oh, los bosques, milagro de árboles centenarios que toco con la punta de los dedos, sensación de que alguien nos vigila, nos sigue, cielo azul, cada pueblo, cada casa, peregrinos de todos los colores y talantes, con flores en el pelo, con ortigas en los zapatos, ciclistas que no ven, caminantes que no oyen, gentes arrastrando un sufrimiento, mujeres solas, hombres aferrados a un no, tristeza de catres vacíos, cánticos en el silencio, otra vida, ancianos sentados junto a la carretera, espíritu de un tiempo limpio, mágico, que solo existe en el alma, en estas almas, ahora, ilusión de un orden nuevo, de un mundo diferente, solidario, hermoso, los bosques ardiendo, ay, los bosques ardiendo, el camino como metáfora, las escasas pertenencias, los encuentros, los saludos, aquello a los que no volveremos a ver, compartir el pan y el vino, el musgo, los paisajes interiores, el alma caminando con pies cansados, el final, siempre hay un final, apenas un pretexto para caminar, mercaderes al acecho, llegar a dónde, no querer llegar, extasiarse en el camino, decepción de la llegada, necesidad de seguir hasta el mar, ansia de saber dónde termina el mundo, ilusión del mar, el fin de la tierra, tocar el cielo.
Y volver.

Volví, pero aún estoy allí.
Demasiado intenso, aún no sé quién volvió.
Descubrí al Otro.
Aún me falta saber quién soy yo.

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Se quedaron

Lo que hay.

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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