Glup 2.0


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2.7.15

Carta del amante animoso.




Reina de mi soledad, mimos, mimos son los que necesitas en esta mañana lluviosa de verano en la que te imagino por esos descampados desde tu casa al metro, con tu gesto decidido, con tus andares enérgicos, con tus espaguetis en la tartera, como un obrero va a su trabajo así vas tú a tus afanes cotidianos, a tu despacho que se está convirtiendo en una peregrinación a Lourdes, en una romería a tu ermita de salvación.

Amada, también me dirijo a ti como un romero, como un buscador de las perlas de tu ternura, me sumerjo en tus aguas cálidas y te nado, incansable, por esas profundidades, a veces oscuras, a veces de una luz que hiere. Ay, preciosa, te lleno de flores de colores en esta mañana negra, cuelgo pancartas de amor en tus balcones interiores, pinto de palabras infantiles y amarillas las paredes de este jueves que nos regalamos mutuamente para llamarnos cuando podamos, para pensarnos cuando debamos, para añorarnos en cada momento, para dejar en los minutos que se van los besos que no nos damos.

Con todas estas cosas o a pesar de ellas hoy tiene que ser, por fuerza, un día hermoso. Por si falta algo, también te envío un ramo de gavilanes que limpie tus cielos de insectos zumbando inquietudes absurdas, un batallón de aborígenes australianos que recorra los campos de aterrizaje de los aviones de tus fantasías, una cuadrilla de monjes copistas para que repitan con letras historiadas tus mejores poemas eróticos y, por fin, una carpeta con hojas de pan de oro para guardar tus cartas de desesperanza, tus elucubraciones de principio de siglo, tus temores a ofensas imposibles, tu estudio intensivo de los entresijos de estas cartas de amor que resbalan solas por mis dedos, sutil sustituto de resbalar por la piel de tu corazón, de bajar por tu espalda que palpita, de quedarse ahí, con los ecos, para mejor oírte y verte y sentirte y temblar.


Suenan los cuernos del ejército de mi otro yo, galopan sus caballos airados, sus quejas atruenan este espacio y espada en mano me enfrento a lo hostil, a esta otra realidad. Antes te beso los brazos, me demoro en tus muñecas, chupo tus dedos y me atrapan tus manos como a una mosca de verano. Pues mira, me quedo ahí, contigo, con esta lluvia destiempo ¿dónde puedo estar mejor? Te beso.



1.7.15

La cáscara.


Es un descontrol, esto, una frustración*, tú vas por la autopista y hay muchos coches que vienen de frente, equivocados de carril, así no se puede conducir, tú te graduaste hace poco la vista y lo rojo es rojo aunque otros lo vean verde o gris o no lo vean.

No, pase, pase y se dará cuenta, eso que mira es la cáscara, lo de fuera.

En un museo, por ejemplo, lo importante está dentro, o antes estaba. 
Antes. 
Estaba. 
Estas cosas pasan cuando antes es demasiado tiempo o usted ha cambiado de ciudad sin darse cuenta o quizás lo que ocurre es que usted ya no es quién era y no se ha enterado.

En cualquier caso, esto, es un descontrol, una frustración. 

Me cago en todo lo que se menea




Claudio Abbado



30.6.15

Cuento con anzuelos (y 3).


(Eduardo Arroyo)


Llueve. Por cada extremo de la avenida los dos grupos de manifestantes se acercan. En las bocacalles, la policía, agazapada, no sabe a quién debe defender, a quién debe golpear. Por un lado tremolan las banderas amarillas, por el otro las verdes, enfrentadas. Todos gritan, la algarabía impresiona. Justo al llegar al Ayuntamiento los dos grupos se encuentran, se alcanzan, apenas unos metros les separan. Se hace el silencio. Detrás de sus pancartas, detrás de sus ideas, rostros de mujeres y de hombres, se miran con rabia.

De pronto, a cada lado de la acera, como en un ensayo, aparecen dos personajes ensimismados. Caminan absortos mirando al suelo, ajenos a la multitud y al rencor. Los dos buscan a aquella que les hirió. De forma inconsciente, a la vez, los dos intentan cruzar la carretera por el único punto posible: la franja que separa las dos formaciones de odio, de miedo, de intolerancia. En la mitad de la calle los dos hombres se tropiezan. Como a una señal, se oye un grito y comienza una batalla, las piedras vuelan por todos los lados. Confusión, golpes, insultos, cuerpos que caen, patadas, disparos, huidas, carreras, mas gritos, fanatismo en dos colores. En ese momento carga la policía, y la confusión es total, todos se golpean entre sí, sin distinguir uniformes ni banderas. Cuando suenan los primeros disparos, los dos bandos se separan. Cada uno se lleva para su lado sus heridos, su rencor, su fracaso.

En el centro de la calle han quedado dos hombres, golpeados, magullados, sentados espalda contra espalda. Curiosamente, ambos tienen una herida similar en la nariz. Comienza a nevar, entre el humo, una mujer con un pájaro negro posado en su hombro se acerca a ellos. Les mira, ríe, se inclina sobre ellos y con saña clava un anzuelo de plata en sus cuellos indefensos. Después se va, indiferente a la mirada atónita de los dos hombres perdidos en su dolor, en sus quejidos. Sus preguntas quedan suspendidas, se pierden detrás de la mujer que se aleja, confundida entre las banderas en retirada, entre la sinrazón y el caos.


Ajenos, alegres, un grupo de niños y niñas cantan  alrededor de un árbol iluminado bajo la lluvia. A la rueda, rueda…



(Eduardo Arroyo)


29.6.15

Cuento con anzuelos (2).




(Eduardo Arroyo)


La conocía, estoy seguro. Vino a por mí, no fue una elección casual. Lo que más me molesta es no saber el porqué. Nunca he tenido problemas en mis relaciones. Aunque Laura. No tengo enemigos. O no los tenía, hasta ahora. No puedo llamar a la policía, pensarían que estoy loco. ¿Qué puedo contarles? ¿Que me persigue y ataca una mujer? Me duele la nariz.


El hombre moreno, desnudo, con un aro en la oreja derecha, pasea por la habitación. Suena el teléfono. -diga, diga, ¿quién es?- y no hay respuesta al otro lado. Cuelga, enfadado. Vuelve a sonar el teléfono, tampoco nadie le habla ahora. Malhumorado golpea el auricular contra el sofá. Esconde la cabeza entre las manos. Presiente que es la mujer agazapada en el portal. No saber quién es ella, por qué le atacó, para qué le espera, está rompiendo sus nervios.


Por las calles del sur los manifestantes cantan antiguos himnos de lucha mientras ondean sus banderas verdes. Sus pancartas dicen: Patria y Libertad. Algunos jóvenes han volcado automóviles y forman barricadas. Destrozan bancos, papeleras, postes. Golpean el suelo con largas barras de hierro y apilan montones de piedras. En un portal, varios hombres llenan botellas con líquidos inflamables.


Saldré a la calle, a buscarla. No puedo permanecer así, quieto. La próxima vez puede ser peor. El hombre  con un aro en la oreja derecha  se viste apresuradamente, como por un impulso. Ni siquiera espera al ascensor y baja por las escaleras de tres en tres. 

(sigue)


(Eduardo Arroyo)



28.6.15

Cuento con anzuelos (1).



Aquella mujer clavó un anzuelo en mi nariz y tiró con una fuerza de mil demonios. Después se perdió por la boca del metro con un pájaro de odio posado en su hombro. Me asusté con la sangre, con el brutal dolor. Grité. Lloré. Nadie me ayudó, nadie prestó atención a mi miedo, a mi solitaria humillación, al tormento de no saber por qué me escogió precisamente a mí. Estoy seguro de haberla visto antes. 


Sobre las blancas sábanas de una cama, un hombre desnudo, pálido, está tumbado boca abajo. Sus nalgas, y sólo esa parte de su cuerpo, están tatuadas con flores entrelazadas, puñales, un dragón y un nombre. La almohada está manchada con la sangre que mana de su nariz herida. El hombre se levanta, se acerca a la ventana, corre la cortina, mira hacia la calle y ella está ahí abajo, esperando. Ignora quién es esa mujer y está inquieto.




Por las calles del norte se precipitan las multitudes armadas con banderas amarillas, esgrimiendo gritos y consignas. Sus pancartas dicen: Libertad y Patria. Un hombre se ha subido sobre la mesa de un café y arenga a los manifestantes. Suenan sirenas y a lo lejos se escuchan explosiones. Algunas mujeres lloran. Un anciano menea la cabeza y repite como una letanía -no, no, no, no-. 

(sigue)


(Eduardo Arroyo)

27.6.15

Espacio en continua construcción


Glup 2.0


"Espacio en continua construcción" ...


Y pulsando en cada uno de estos iconos, no aquí, no, ahí arriba, ¿los ves?, entrarás en otros mundos. 



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