Glup 2.0


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25.5.15

Ay, yo.





Ay, ay, ay.

Estaba ayer firmando ejemplares de mi último libro –va por la catorce edición- en el cortinglés cuando entre la larga fila de admiradores que esperaba anhelante mi dedicatoria –a Conchi, sensible lectora nocturna, con recíproca admiración por sus poemas- pude distinguir un rostro conocido.

Continué con sonrisas y floridas palabras, besos en las mejillas a las señoras, apretones de manos a los señores, caricias en la coronilla de los niños, gesto serio y asentimiento de cabeza con los jubilados -a Jose Luis, buen amigo, con afecto-, pero vi una cara conocida, muy, que se acercaba conversando con una bella muchacha.

Hace tiempo que no la veía, desde que me fui a Madrid, veinte años, cómo corre la vida. –a Mari Vi que con su mirada alumbra estas páginas-. Ya estaba cerca, estaba seguro que no me había reconocido. Fuimos amantes, seis meses. Estaba muy guapa, no había cambiado demasiado.
Llegó, levanté la mirada.
-Hola– dije.
-¿Nos conocemos?-preguntó.
La verdad es que mi apariencia ha cambiado mucho en estos años, aquella melena progre se ha convertido en una cabeza desierta. -Carmen ¿no me recuerdas?, soy Andrés.
Carmen entornó los ojos, se dirigió a la bella muchacha que estaba a su lado y con voz clara y seguro dijo -Mercedes, tu padre, el hombre indigno que es tu padre.

Mercedes me miró con desprecio y de un manotazo tiró por los aires el libro que estaba a punto de firmar. Carmen me dio un bofetón. Una señora que estaba mirando me pegó con un paraguas. Se formó un remolino de personas que de esperar mi firma pasaron a querer mis orejas como trofeo. Los insultos arreciaban. Aquella Conchi que me miraba arrobada me tiró su libro a la cabeza. Un señor con traje gris no paraba de darme patadas en las espinillas. Los guardias jurados no intervenían. La encargada de planta miraba hacia otro lado. Corrí entre los estantes llenos de mi obra maestra –el libro- pero la multitud me siguió. Mi editor salió con disimulo. Alguien dio fuego a una pila de ejemplares. Se disparó el sistema anti-fuegos y comenzó una enérgica lluvia desde los aspersores del techo. Fuera se escuchaban las sirenas de los coches de la policía. Carmen contaba su tragedia en un corro de señoras indignadas –me dejó, embarazada, nunca me llamó, se fue, el muy...- . Las señoras me miraban, indignadas, y me tiraban lo primero que encontraban en sus bolsos, llaves, los móviles, tarjetas de crédito, rizadores para el pelo, pañuelos de seda, pintalabios, navajas de Albacete, no sé, hasta un florero me lanzaron las arpías. En mis tiempos fui subcampeón de Cuenca de cien metros lisos y aún estoy en forma, eso me sirvió para correr por las calles y refugiarme en la garita del portero, en un portal de una casa lejana. De allí me rescataron los bomberos y una nutrida fuerza policial.
Ahora, en el hotel, mientras me curan, estoy pensando en dejar este mundo literario, trae demasiados problemas. Me centraré en el blog.




24.5.15

Resistiré.


A Russian soldier in the Reichstag surrounded by walls covered in Russian graffiti, the Soviets having left their mark on the Third Reich’s headquarters. May, 1945.


Se lo contaba a él, al mentiroso, al traidor.  Me lo imaginaba enfundado en un uniforme, no sé de qué, de guardabosques solitario o de vigía de ciclones, de coronel de infantería o de farero en algún puerto de la Mancha, yo qué sé, algo de respeto, con gorro de plato y mallas negras,  con  cara seria y con la elocuencia de los dedos y el silbido, tanto que al intuirlo mis pájaros huían desde los zarzales hasta un cielo que les traicionaba en su contraste de luz –caían abatidos, claro- , y los pequeños roedores ni te digo, esos sí que no tenían posibilidad de fuga, ahí estaban, con los brazos en alto, contra el muro donde, mirando el más acá sabiendo que el más allá es privilegio de los grandes saurios, de los hipopótamos bailarines y a pesar de todo contaba cosas como estas al  tipo aquel, tan serio, tan falaz, que no merecía más tiempo y sin embargo.



Era de Burt Lancaster, no recuerdo el nombre de la peli. El malo se acercaba entre las sombras de la noche a la puerta de una catedral, miraba a derecha e izquierda y con un cuchillo dejaba un mensaje clavado en la madera. Al llegar la luz del día los guardias del conde se alborotaban, desclavaban el papel, lo llevaban al castillo seguidos por niños desarrapados y mendigos varios, los trompeteros tocaban las trompetas (claro, ¿qué van a tocar?), el bueno de Burt y su amigo el mudo daban volatines y trompazos a los soldados atontados, la chica estaba de mojar pan (con aquel escote…), a lo lejos llegaban refuerzos a caballo, creo que del rey (no recuerdo qué rey, el de bastos, por decir alguno) había un desfase histórico y era en technicolor, los chavales alborotábamos en el paraíso (no en el terrenal), las chavalas no y al final lo menos importante era lo que decía el mensaje porque el conde no sabía leer, creo que nosotros tampoco pero lo pasábamos de p. madre y luego esperábamos a las que no (esas chavalas que decía) y les invitábamos a chicles y paseos y ni siquiera teníamos pelos en las piernas aunque sí en la cabeza y en el contraste está(ba) la gracia aunque después nos hicimos mayores y ya entendimos que el medio era el mensaje o eso dijo Woody en la fila (cola) para entrar a un cine de Manhattan y procuramos adaptarnos al medio, o sea cómo nadar, que según sea el caudal (del citado medio) hay que saber utilizar el estilo braza o la mariposa, un suponer, que en Karraspio nadaba a mariposa nada más que para mariposear (Encarni me miraba desde la orilla, Encarni sí, no todas sí, más que nada por la época y perdona que me extienda en lo de siempre, en el sí) y en las piscinas segovianas nadaba a estilo libre (es decir, como quería) y no hacía olas pero si aplaudían, que en eso siempre he tenido suerte, en el cariño recibido (también en el otorgado ¿eh?) eso que soy tuerto (pero solo de un ojo) así no me nota el estrabismo, ni el reuma, que el tiempo pasa y aquellos polvos trajeron estos lodos y me patinan las ruedas, me patinan más cosas pero esta es una página autorizada para todos los públicos y no es cosa de escandalizar a los lectores que, por cierto, siguen siendo tan inconscientes y tan amables de seguir viniendo y, oye, que te estimula o te estiburro, incluso estionagro, ya ves, metonimia, que te quedas más ancho que largo, háztelo mirar (girar, tirar, virar, yirar –lunfardo-) que quizás estamos intentando llegar a la luna y resulta que Eldorado está en Cuenca (un suponer). Por cierto, estoy mirándome,  lo mío (y no me encuentro). Resistiré.


23.5.15

Palos de Ciego

...¿Qué es un lector vampiro? Bellow lo explica bien: no es el lector que lee para matar el rato o para divertirse, ni siquiera para hacerse sabio; todo eso es estupendo, pero el lector vampiro no lee para nada de eso: lee para sobrevivir. De hecho, podría incluso decirse que, propiamente, el lector vampiro no lee libros: los apalea, los acuchilla, les arranca las entrañas, les chupa la sangre, les roba el alma; no quiere leer los libros: quiere ser los libros, que los libros leídos pasen a formar parte, como dice Bellow, "de la propia sustancia". Esta atroz carnicería suele ser un espectáculo aterrador, y por eso el lector vampiro procura llevarla a cabo sin testigos, como si se tratara del acto más íntimo de su vida íntima; y por eso, también, el lector vampiro suele ser un mal reseñista de libros - está demasiado absorto devorando las vísceras del libro para opinar sobre él -, pero no necesariamente un mal crítico, aunque, como el libro ha pasado a ser sangre de su sangre, casi siempre sea muy difícil distinguir si lo que dice lo dice del libro o lo dice de sí mismo... Javier Cercas. (Palos de Ciego)





G está tratando de poner en orden su cabeza llena como un bazar de especias en Estambul. Deja correr lo que siente, mira desde una torre, estos últimos meses está ansioso, revuelto, revolcándose en la monotonía de su vida, tratando de saber que hay debajo de la alfombra que cubre la realidad del suelo que pisa. Baila, zapatea, salta, levanta los brazos, da volatines, cae sobre ese oscuro suelo y se levanta, tantas veces como cae, se levanta. Busca un agujero en la pared que le lleve a otro lado, ahora sabe que hay otro lado. Entra en un territorio oscuro y una bestia de incertidumbre le muerde con saña. Le avisan que hombres armados han sido vistos a la altura de la avenida. No huye. No se enfrenta. Muere en un paredón disparándose a sí mismo.



22.5.15

Esbozo del verano próximo.

....Hijos míos, el hombre es ya como uno de nosotros: conoce ya el bien y el mal desde que ha gustado el fruto prohibido; pero solo puede vanagloriarse del mal ganado y el bien perdido: mucho más feliz hubiera sido si le hubiera bastado conocer el bien por sí mismo, y de ningún modo, el mal. (Milton J. El paraíso perdido.)
  



En estos últimos meses G se altera, está alterado y escribe, ciego, tanteando el espacio, está buscando, aún está buscando, con su candil escruta en la oscuridad de tantos días, lleva una linterna en la frente y se introduce en sus propias simas, en las profundidades de sus deseos, en la exploración sistemática de sus cuevas más allá de lo consciente. Imagina, sensible, herido de amor, convaleciente, se debate en su sí pero no, se escuda detrás de una catarata y mojado escribe y sueña, escribe con los ojos de su cabeza escrutando los signos porque sabe que jamás, jamás, será lo que era. Todo eso le tiene intranquilo, inseguro, con ansiedad, pero no tanto como para perderse en este esbozo del verano próximo. Suben las temperaturas, hay bochorno y G muere en el río, debajo del puente en el que, desnudo, se refugiaba de los rumores y de la incomprensión.


21.5.15

La sonrisa del ignoto marinero.

...Y por tanto decimos Revolución, decimos Libertad, Igualdad, Democracia, llenamos con estas palabras hojas, gacetas, libros, lápidas, pandectas, constituciones, nosotros, que esos valores los tenemos conquistados y poseídos ya, aunque los hayamos visto también destruidos o amenazados por el Tirano o por el Emperador, por Austria o por el Borbón. Y los demás, que nunca han alcanzado los derechos más sagrados y elementales, las tierras y el pan, la salud y el amor, la paz, la alegría y la instrucción, ésos, digo, y son la mayoría, ¿por qué deben entender esas palabras a nuestro modo? Ah, llegará el tiempo en que por sí solos conquistarán esos valores y entonces los llamarán con palabras nuevas, verdaderas para ellos y forzosas también para nosotros, verdaderas porque los hombres estarán enteramente llenados por las cosas.
Vincenzo Consolo.-. La sonrisa del ignoto marinero.”
 



G ahora está aquí pero no está, no está nunca porque cuando parece que está no está, porque alguien le mira desde fuera y es él mismo y sabe y no sabe y él dirige la función y actúa como otro siendo él sin saberlo o sabiéndolo y vivir así es algo tan, tan complicado. Envidia a esos amigos que le hablan de cosas sencillas, que sonríen abiertamente, que son tan felices subiendo al Pagasarri por las mañanas, paseando descalzos por la playa de su ocio. El televisor con programas amarillos deja un ruido de fondo que no le da seguridad, nada es como debe ser. Pasa las páginas de un libro en blanco, no acaba de encontrar las respuestas y las preguntas se agolpan en la puerta, la golpean, escucha sus pezuñas arañando la pintura, sus dientes mordiendo la madera, tiene miedo que acaben entrando en su mente, que la arrasen y esta vez Orfidal y Prozac no será suficiente. Ahí llegan ya. Muere devorado por su propia inseguridad, a mordiscos, se come a sí mismo.




20.5.15

Un matrimonio infeliz.



Estoy casado con Silvia desde hace diez años.
Nuestro hijo Jon es mi alegría.

Tengo una relación con Julia. Cuando dejamos a los niños en el autobús vamos a su casa y nos amamos con una pasión que desconocía, jamás había amado así, esos pechos me esclavizan. Esta mujer ha cambiado mi vida...aunque quizás sea sólo sexo.
Después voy al trabajo, no tengo horario, además la situación en mi empresa es dura, dicen que los suecos despedirán a la mitad de la plantilla.

Estoy atravesando un complicado momento, me siento confundido, perdido, nervioso. Con Silvia apenas hablo, está esquiva, no quiere hablar conmigo, parece que no le importase mi situación profesional. Ella ha ascendido de categoría en su despacho y viaja más que antes. Nuestra relación es tensa, aunque estoy seguro que no sabe nada de mi otra vida.

Hoy, lunes, es un día especial en mi vida, lo marcaré en rojo en el calendario.

A la mañana, después de amarnos, Julia me ha dicho que quiere que vivamos juntos, que quiere vender su piso y que nos vayamos a otra ciudad, con nuestros hijos. Me ha dejado descolocado, nunca habíamos hablado de esto. Le he dado largas, he dicho que lo pensaremos juntos. Y hemos vuelto a amarnos. Dios, qué pechos tiene.

Cuando he llegado al trabajo me ha citado el director en su despacho. Los nuevos propietarios quieren hacer una reducción de personal y mi perfil no entra en sus planes. Tengo un periodo de tres meses para buscar otro empleo. No esperaba estar entre los escogidos. Con mi edad, con mi experiencia, algo haré.

Al volver a casa, Silvia estaba esperándome. “Me voy”- ha dicho-, no soporto más. Ya no te quiero y es absurdo que continuemos juntos. Juan me da todo lo que tú no sabes darme. Eres insensible, frío, parece que vivo con un autómata. Y no te preocupes por el dinero, llegaremos a un acuerdo, mi abogado te llamará esta misma tarde”. Desde la puerta se ha girado y mirándome a los ojos ha dicho, arrastrando las palabras – “Y hoy recojo yo a Jon. Así tendrás más tiempo para estar con esa Julia”. Y se ha ido.

Estoy sentado en la butaca del salón. Miro la televisión sin verla. Mañana empezaré a pensar en todo esto. Ahora me está entrando sueño. Quizás debiera contárselo a Julia. Bueno, hay tiempo, mañana. Dios, qué pechos tiene.


19.5.15

Un matrimonio feliz.

Estoy felizmente casado. Silvia es una magnífica mujer. Ha sido mi única novia. Nuestra relación es igualitaria, llena de amor y complicidad. Estos últimos nueve años han sido los más felices de mi vida.

Nuestro hijo Jon es inteligente, un niño sano que me tiene encandilado. Este curso me encargo de llevarle al colegio y estoy sorprendido de las conversaciones tan adultas que tengo con él. Es un chaval muy despierto para su edad.

He descubierto el curioso mundo de las madres y padres en la parada del autobús, despidiendo a sus hijos, dándoles consejos, demostrando preocupación por sus estudios. Estoy integrado en ese grupo, a veces tomamos un café y charlamos en un bar cercano mientras esperamos el regreso de nuestros niños. 

Javier se quedó en el paro después de una regularización en su empresa y decidió con su esposa que él llevaría la casa. Es un padre ejemplar, buen cocinero, hace la colada, plancha. Es un poco reiterativo en sus historias, pero agradable.

Carmen es una madre obsesionada, sólo habla de su hija, lo que ha comido, la ropa que le compra, lo lista que es, lo bien que lleva el curso. Es nerviosa, bastante insoportable.

Julia, en cambio, habla poco de su hijo, sus temas son más amplios, es culta y preocupada por las artes, asidua de los museos y exposiciones, está separada desde hace dos años. Suele quedarse con Jon cuando me retraso. Es atractiva.

Rafa viene de vez en cuando, poco hablador, siempre está fumando, hincha del fútbol, se va con su hija de la mano en cuanto baja del autobús. También está separado, es un hombre serio, triste.

Ángeles es una delicia, sonriente, activa, divertida, siempre dispuesta a hacerte un favor. Es mayor que nosotros, es una mujer guapa. Me gusta.

Aunque hay otras madres y padres en la parada, es con ellos con los que me relaciono asiduamente. Silvia hace bromas sobre mi integración al gremio de padres concienciados.

Estos días están siendo duros, la presión en la oficina es intensa, dicen que nos quiere comprar una multinacional sueca. Los socios están muy alterados. 

Un día llegué tarde a la parada. Julia se había quedado con Jon, esperándome. Le di las gracias mientras tomábamos un café y charlábamos; nuestros hijos jugaban ensimismados con los móviles. Descubrí una persona nueva, diferente, muy agradable, me gustó estar con ella ese rato.

Silvia está nerviosa, algo le ocurre, a las noches va a la cama y se duerme inmediatamente, llevamos dos semanas sin sexo, sin hablar más que lo imprescindible.

Mientras esperamos a los chicos ya solo hablo con la interesante Julia. Procuro llegar pronto para estar juntos más tiempo. Hemos intimado bien, nos hacemos mil confidencias. 

El martes, mientras volvíamos a casa, los chavales jugando delante, entramos en un portal y nos besamos, como dos adolescentes, riendo, jugando, fue mágico, fue una locura.

Jon se va este fin de semana a la nieve, a esquiar, con otros compañeros del colegio. A mí nunca me ha gustado el frío, además estoy con algo de gripe, me quedo, irá Silvia.

He quedado con Julia, también estará sola. Voy a su casa, me siento nervioso. Me ha descubierto un mundo diferente. Estamos muy ilusionados los dos. Comeremos juntos, después quiere enseñarme sus libros de arte, seguro que también nos enseñaremos el corazón. Y nuestros cuerpos. Estoy ansioso.

Sé que me meto en un camino peligroso, sin regreso. No me importa. La vida. Sólo hay una. Quiero aprovecharla. Además Silvia no se enterará, seguro...




Traductor

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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