Glup 2.0

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23/11/14

El don de lo que no se tiene

“Lo que interviene en la relación de amor, lo que se pide como signo de amor, es siempre algo que sólo vale como signo y como ninguna otra cosa. O, por ir todavía más lejos, no hay mayor don posible, mayor signo de amor, que el don de lo que no se tiene.” Lacan.



No, lo sé, no se puede sufrir tanto como he sufrido por Él. También sé ahora que ya no importa, que no somos los mismos, que nunca hemos sido nada excepto una broma en las cenas, cuando se escarba en los pasados imposibles como un minero expuesto al grisú. Aun así me arriesgo, tanto, me acerco sin remedio, como una rejoneadora enajenada, de forma inconsciente, sin pudor, sin pensarlo casi, con una repetida sinceridad al pedir, al abrir mi corazón, al quedar expuesta todavía a los pitones de su comprensión, a su compasión, a quién sabe qué sentimiento, seguro que contrario al que quiero buscar.

Porque no sé qué quiero buscar, no sé qué fuerza me hace dar vueltas al redondel, no sé por qué me empeño en querer verle, en equivocarme así. Me paro, pienso que tengo la edad suficiente para saber lo que debo y lo que no debo hacer. Pero es un intento inútil, pienso y las normas no existen, los límites siempre están más lejos y aquella carta de despedida la he leído tantas veces que las letras están borrosas, lo que dicen me redime, lo que no dicen me llena de sueños y saber cuándo la escribió me devuelve a la realidad, que es aplastante, demoledora, está el aquí y el ahora y vivir no es escribir y todo esto no es más que un absurdo que no lleva a ninguna parte excepto a disturbarme, a perturbarme, a que me mire a mí misma como al bicho raro que siempre he sido, un saltamontes con falda, una bestia parda sumergida en un arroyo de alcohol para evitar los mosquitos de las dudas.

Cuando  advierto todo esto me paro, me leo, muevo la cabeza, me compadezco de quién soy y decido si colgaré estas historias. Pero yo sé que sí porque  en estos oscuros días de otoño estoy muy triste y tengo la lengua muy larga, el corazón muy grande y eso que llaman amor ni siquiera sé si es esto o si sólo es una locura, una invención que dura demasiado tiempo, toda mi vida.




22/11/14

He vuelto a buscarme

 La nube se disolvió en neblina.
No neblí sino paloma,
un vuelo oscuro cae, piedra sin gravedad

(Vitale)





He vuelto a buscarme y hoy tampoco estaba. ¿Sabes? He comenzado a preocuparme. Después de mirar por los rincones, bajo las alfombras, en los cajones de los armarios, sé que no estoy. Quizás he salido y no he regresado, sigo de viaje, un viejo de viaje, merezco una reprimenda por no avisar, por provocarte con mi ausencia.

Cállate espejo, quién te ha dicho nada, no me mires con altanería, tú no eres, yo ya no estoy, salí, con modestia, sereno pero firme, bye, fortuna dilapidada, durante una época fui nadie, ahora soy menos, invisible, no estoy, no soy, esta es una voz surgiendo de las sombras de lo cotidiano y dice que hay ausencia, alimento que envenena con efervescencia, ausencia.

Azogue, mientes, este que habla no soy yo.

(Se apaga la luz, salen los gnomos, desconectan los monitores, cesa el runrún de los ordenadores y las salamandras juegan en el fuego, a espaldas de la noche. No somos nada. Quisiera no haber escrito esto)




21/11/14

Me gustan más tus cartas de amor


 (Hola. Te estoy leyendo)



Abrí las jaulas, todas, alboroto de trinos, lluvia de plumas, tormenta de libertad chocando contra las paredes del viento de vivir. Salieron los pájaros por las ventanas del ya veremos, gatos en el alfeizar, mariposas amarillas para el contraste, niebla para contribuir al caos, el horrendo ruido de la ciudad, aves que no sabían volar.

Creo que yo tampoco sé volar -aunque lo intento-, demasiado peso en las alas, demasiados recuerdos. ¿Quién abrirá mi jaula?

Escribo esto, sin demasiado sentido, sintiéndolo, liberando otras impresiones, colores turquesas en el Caribe, arenas de documental de la 2, estrellas de mar en la retina, medusas en los manglares, fotos bajo el agua y ese soy, un bigote con burbujas en un verde limpio, en una colección para testificar que sí, que fue cierto y cierta es la lenta aproximación a la llamada de la selva cotidiana sin un Tarzán que grite de liana en liana cuando llegan los traficantes de marfil y sueños (etcétera).




(Me gustan más tus cartas de amor.)




20/11/14

Cómo lo dices.



Blog. En realidad aquí no importa demasiado qué dices, importa cómo lo dices, la capacidad de generar simpatía, empatía, los colores, lo externo, cascabeles. Web. Tiempo apresurado con exceso de oferta y poca demanda. Post. Oiga, mire, mire, mire, que lo llevo fresco, lo llevo madurito, mira, Mari, mira, toque, toque, toque, que lo llevo rico, rico, mira, Mari, mira. Zoom. Compra venta de mercadillo, zoco de alfombras con dibujos surrealistas, comerciales de bitácoras, escritores escribiendo lo que no se escribe, cómo no se escribe y encima los premios se los llevan siempre los mismos, trueques de despacho, cifras literarias, mentiras, nos engañan. Boom. Hay que quemar más púlpitos, hay que predicar al borde de la calle, en el asfalto, con los otros, con nosotros, con los que pueden contestar, rebatir, no me creo nada. ¿Qué pasa? Work. Tanto caminar desde hace meses y resulta que este es un sendero de aprendizaje, de purificación, de cuesta arriba, de miradas detrás de las cortinas, de comentarios que acarician y María Isabel. Nos faltan los olores, el sabor de una risa, el tacto de una espalda desnuda, un beso bajo la magnolia, pero nos iban a sobrar espaldas, nos iban a faltar labios, o magnolias, o tiempo para tanta soledad, tantas historias tristes, Jo, que me cuentan cada cosa. Ping. Por cierto, que reivindico la alegría, ole la risa, riamos, total son cuatro días, estoy aburrido de caras tristes. Love. Y hagamos el amor (escribiría follar pero no tengo confianza, todavía) una cópula general, una orgía de lectores de blogs, una inmensa cama redonda de amantes sonrientes y gozosos, gozando (me pido la rubia), una actividad lúdica y barata, como correr por los parques pero sin zapatillas, o sí, oiga, usted a su bola, que hay gustos para todos (me pido la morena), eso sí, un poco de orden que a ese de verde le han sodomizado cuatro veces (ja, es un chiste antiguo), amor sin pudores de monja en convento burgalés, marea de amor de lectores inteligentes convertidos en amadores sin respiro (ay, con el respeto que te tenía y me he corrido como una tonta). Croac. Nada que estoy graciosillo hoy. Ole los que entran a Glup 2.0 (sin doble sentido), como decían los barquilleros “viva mis parroquianos”. Ja. Oye, que me ha gustado eso de la cama redonda gigante, de record mundial, los sensibles usuarios de blogs encamados en un acto de amor irrefrenable (pito, pito, gorgorito, me pido la pelirroja), los compulsivos devoradores de páginas desnudándose de sus alias, de sus nombres ficticios, quitándose el disfraz (tariro, tariro) a ritmo de estriptís, qué morbazo, tantos cuerpos exhibiendo su piel sin vergüenza, tantos tímidos abiertos al deseo ajeno, con números como en las charcuterías (perdón por la comparación), llevo el 7 y tengo cola (perdón, me refiero a fila, turno, que tengo x en espera). Plas. Querida lectora, querido lector, eso, que sigamos disfrutando de estos tiempos de crisis, paz y amor, nunca rencor, que los dioses acunen nuestras soledades, potencien nuestra felicidad, desordenen nuestras virginidades y que nos ayuden para que nuestras páginas no se conviertan en páramos sin liebres ni pajarillos. Vale, menos escribir y más direcciones de camas solitarias. Se admiten sugerencias. End (the)





19/11/14

Peces afligidos





De madrugada se nos empezó a morir el poema.
Una tras otra se borraban las letras de cada verso, se perdía el sentido, la esencia de la belleza, el poema desaparecía sin dejar estela.

Para intentar detener el proceso hurgamos en su interior, lo desmenuzamos como a un crustáceo, le añadimos cebolla bien picada, ajo, perejil y aromas de estragón.

Inútil, nada podía detener la descomposición silábica.

Tal era nuestro disgusto que en un desesperado intento de reanimar la voz, de rehacer el ritmo, nos metimos las palabras a la boca. Aún sin saber esos idiomas las declamamos en inglés, en euskera, en japonés, en ruso.

Miramos alrededor y a nadie parecía importarle.

Pero no nos resignamos, en un último y desesperado intento lo masticamos, nos lo tragamos, llegó a las tripas y... ¡alto ahí! el poema floreció, nos rompió el pecho y trepó por esta bitácora perdida en un rincón de esta red que nos tiene atrapados como a peces afligidos.





18/11/14

Así vamos.



“Voy a contarte mi vida entera, esta vida mía que no empieza realmente, hasta el día que te vi por primera vez” Stefan Zweig.



A veces veo, recuerdo a los muertos.

También a ella.

Cuando la veo me desbarata, me confunde, me arma, me desarma, arruina mi maltrecha calma, me deja como un jilguero desplumado al sol de otoño.

A veces, ahora, escribo sobre lo escrito, palimpsesto inacabable, laberinto vuelto del revés, error a dos colores, equivocación constante. Si estaba en un penoso estado de tránsito, como un vagabundo bajo los álamos, como un cocodrilo en el cieno, desde el lunes he saltado la barrera de espinos, estoy al otro lado y no entiendo nada.

Además sé que no se puede entender.

Así vamos.


  
Todo es adrede, todo hace trizas el alma. 

(Benedetti)


17/11/14

The end of the world

Mi tiempo acaba
Y tengo que saber por qué no he sido.


(Guillermo Carnero).



“Don´t they know it´s the end of the world?/
It ended when you said goodbye” – y Julio piensa que debe ser muy viejo o que está rabiosamente nostálgico, pero esa canción de Carpenters le está rompiendo el corazón. De una caja de cartón toma al azar, con delicadeza, una fotografía en blanco y negro. En ella una pareja se mira arrobada, sus manos entrelazadas sobre el mantel de una mesa. La boca, entreabierta, sugiere que se están hablando, ajenos a la cámara. La música continúa y Julio va a devolver esa instantánea al montón cuando un reflejo le distrae. Sobre la cabeza del hombre se forma un pensamiento que Julio entiende: está pensando en cuanto desea a esa mujer, en que quiere quitarle la ropa y amarla, allí mismo, sobre la mesa, como en una película italiana, apartar los vasos de un manotazo, levantar el mantel, extender el cuerpo de ella como para un sacrificio y amarla sin medida. El pensamiento salta ahora sobre la cabeza de ella y Julio escucha su miedo y su deseo; miedo a la brusquedad de ese hombre al que desconoce en esas palabras rudas, groseras, en ese brillo lascivo en sus ojos; también deseo porque quiere que le toque, que le acaricie, que le bese todo el cuerpo, tiembla de ganas.




Julio acerca esa fotografía a una bombilla, la mira al trasluz, y esas dos personas se convierten es seres cebolla. Levanta la primera capa de él y un tropel de inseguridad le corre por los dedos. Levanta la segunda capa y los gritos de un padre airado, con la mano alzada, se superponen a los lloros de su madre en un rincón. Levanta la tercera capa y todo lo llena los ojos sin lágrimas de un niño triste acostumbrado a que le peguen por lo que hace y por lo que no hace. Levanta la primera capa de ella y unas cicatrices brillan justo en sus muñecas. Levanta la segunda capa y una toalla manchada de sangre sobre una camilla transita por una clínica sin nombre, en Londres. Levanta la tercera capa y se inunda del asco y el miedo a ese hombre mayor que le lleva de la mano a pesar de sus gritos. La música sigue sonando y Julio no quiere saber más. Golpea el borde de la fotografía contra la mesa y dos años después cae un matrimonio, ocho meses después un hijo, trece meses después un divorcio.



Veinte años después ese hijo está frente a él y Julio no sabe qué decirle.
Para congraciarse le pregunta - ¿Te gustan los Carpenters? Con esta canción nos enamoramos tu madre y yo -.
Pero el chico le mira sin responder porque no es eso lo que ha venido a escuchar.
Y tiene los mismos ojos que ella.


16/11/14

Llamadas.



23.01
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.11
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.17
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.32
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.45
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.46
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.58
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

00.01
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

00.06
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)


Gloria ve el número y siente miedo.
Ha decidido dejar descolgado el teléfono.
No sabe de lo que es capaz ese hombre.
No se atreve a denunciarlo.
Aún no ha hecho nada.
Aún.




15/11/14

Glup 3.0



Glup 3.0


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Escrita a mano en días aletargados

 

Escrita a mano en días aletargados, la historia esta del ser o no ser, ya puestos mejor somos ¿no?, agradecido a quién lee, maravillado en este baile de ideas y pensamientos, de emociones, comunicación, reflejo humano de los otros, todos diferentes, todos iguales, piedras, trigo, sauces, nubes con formas diversas, alegoría, cae el día en cenizas, dijeron que llovería pero no, hay un vago olor a nada, nunca he tenido nariz, ni olfato, pasan mujeres embutidas en vestidos de no vestidas, como delfines en una bañera, me comunico con gritos y guiños, subido en el andamio con una bandera enlutada, si pongo los brazos así es la A, si los pongo así es socorro, ayuda, que vengas, que no puedo, tan solo, el agua se detiene en los cristales pero no me fío, se me están llenado las esquinas de saudade, la tengo hasta en las uñas, ahora hago el pino -ya sabes, ponerse cabeza abajo- y el pesimismo me sale por las orejas, negro, denso se desliza por el pasillo, se estanca en las cañerías del fin de fiesta, para fiestas estoy que me levanté ayer y las piernas no me respondían, me mareé, é, que ahora me río pero me asusté, é, que estuve tumbado sobre un sofá en glorioso pijama, con mi velludo pecho abierto a la brisa mañanera, dudando entre ir a trabajar o quedarme acuclillado en mi hipocondría, recordando enfermedades pretéritas, el obligado insomnio en la UVI que no me atrevía a cerrar los ojos para no dormirme, que el miedo a no despertar es libre y crece como hongos blancos y alargados, que mudo de piel y salgo en alpargatas a dar volatines junto a la casa de la doña, aquella de la que me despachó con gesto de ángel vengador, el índice señalando el camino que bajaba desde el faro, en otro dedo relucía un enigmático anillo de oro, aunque de tenerlo nunca estaba, a un marido me refiero, así como sí tenía una falda de lunares de la que se desprendía con gesto decidido, un teléfono que guardaba bajo la cama cuando nosotros estábamos sobre ella (nosotros éramos ella y yo tumbados sobre la cama; otra posibilidad era que la cama y yo estuviéramos tumbados sobre ella, la doña, pero no, era muy clásica, además de tener un humor de perros malhumorados, no quería innovaciones, etc) que el amor acecha en los momentos mas oportunos, sin derecho a huelga se acerca con un zumbido por los sótanos del deseo, mientras uno pasea con las manos en los bolsillos de tantas miradas baboseando una cadera aquí, otra allá, que si esos brazos con la marca de la vacuna de la viruela, esos muslos que se mueven y mueven y tú ahí, caminando con la cabeza baja, ja, que el verano de acá coincide con algún invierno, mis calores con sus fríos y viceversa, que íbamos a comer y nos comíamos con la mirada, nos cortábamos con los cuchillos del deseo insoportable, que nos pinchábamos con los tenedores de tenernos, a pesar de todo(s), que la acostaba entre sábanas, como un lirio, quitaba su ropa con dedos de cirujano, apenas rozando su piel, prenda a prenda, date prisa –decía- que no me lo invento, que para según qué cosas no tengo imaginación, que la amaba de izquierda a derecha, como una lectura en japonés, de fuera a dentro, de arriba abajo, que la amaba con todo mi ser, con todo mi alma, con toda la inspiración que da el amor intempestivo, o sorpresivo, o quizás la amaba porque la quería, su cuerpo tan delgado que tenía miedo de romper sus huesos cuando me rogaba posturas concretas, que dejara mi peso sobre el de ella, que subiera a su frente, que besara sus pies, que se colgaba de mis caderas como un jinete desenfadado, descarado, entraba en ella, vivía en ella como un eterno condenado a lo sublime, ella era lo sublime que nos sentábamos en un banco del parque, sin mirarnos, hablando en susurros, alrededor perros, niños, palomas, árboles que nos daban sombra y pretexto para buscar lugares secretos, que la abrazaba contra la pared del canal, que pasaban los barcos y hacían sonar las sirenas, se acodaban los marinos en cubierta y silbaban, nosotros indiferentes, mimetizados en el paisaje industrial, enlazados por la risa, por el placer que nos dejaba la nuca vibrando, esa sensación de gusto en el trayecto de los pulmones al cielo, respirándonos, ale, vamos que nos vamos y así fue como me uní a los peregrinos que caminaban por senderos al borde de la memoria, con teas encendidas por caminos oscuros para ahuyentar el miedo a llegar por pura inercia, por seguir la huella de los bueyes, cantando para no olvidar el sonido de lo viejo, grabando letras en los árboles sin corteza, esquivando los pueblos y sus luces, ortigas en las piernas desnudas, el maldito recuerdo que aún no se deshuesa y se me clava dentro, me erosiona, camino, camino, pero ella, se me ha quedado el futuro tras las rejas, lorigado en el apodo trazo signos en el escenario, blanco, mímica, señas fragmentadas para que alguien sepa, ingenuo sueño sin ombligo, atónita lectura de los otros, disciplinada palabra cotidiana, perdido el paraíso, sobre la pretensión de metonimia vana dejo este apólogo, leve fábula escrita en un país de sordos –lo cuenta Oliver Sacks- o quizás en un reino de ciegos –lo cuenta H.G. Wells- sumergido bajo la superficie de nuestra diversidad aunque en tanto coincidimos, diferentes pero iguales, ni más ni menos, otros, atentos, este mundo se ha vuelto muy pequeño, me asombra la placidez poética de tantas páginas sin grietas, con lenguaje pausado, con limites educados, sosegadas, simples a veces, sin extremos, sin delirios, diálogos familiares, hadas que no se escandalizan, niñas disfrazadas de hadas, teoría de las hadas, cicatrices en la piel de las hadas, heridas, tantos Lewis Carroll mirando como esclavos desde la cornisa, territorio de lenguas húmedas, poemas herméticos ahora que las flores amarillas crecen en la conciencia, estamos inventando alfabetos, ahora que no hay infierno esta grabación se destruirá en cinco segundos, cuatro, tres, dos, uno. 0.




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Se quedaron

Lo que hay.

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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