Glup 2.0

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26/10/14

¿Qué fue de Purranki Sandongui?





No sólo la victoria tiene alas. También las tiene el fracaso. No arde el infierno ni es dulce el amor más que la muerte. No es sabia la vejez y nunca fue inocente la niñez. No importa el honor, no escuchan nunca los dioses, a nada sirven los esfuerzos hermosos. No esperan las flores la llegada de la primavera dormidas al abrigo de esa tierra que hoy a mi imaginación se le antoja extraña. Pero sí que es profundo el mar, y tan frío y cavernoso. El Nuestra Señora de Getxu yace aquejado de vértigo y besando con su ajada panza la única certeza permanente del frío, del ciego movimiento eterno, de la muerte. (Purranki Sandongui)




¿Tanto tiempo ha pasado? Leía su prosa ajustada, una mezcla delirante,  abstracta, surrealista, con pizcas de un realismo descarado y fresco, una lechuga verde entre tantas patatas mal cocidas en los blogs, sin sal, un aburrimiento pero ahí Purranki Sandongui, un fenómeno en esto. 

¿Alguien sabe dónde está?

Como en algunas películas. Le dan un tiro al amigo/a del protagonista y allí está, desmayado/a en el suelo, la sangre en su pecho como una flor sin olor. A su lado, de rodillas, el chico/a levanta los brazos al cielo y grita: ¡qué alguien llame a un médico!

Pues eso: ¡que alguien me diga que fue de Purranki Sandongui!







25/10/14

Viajar sin viajar.

...poner sobre el papel
no tanto pensamientos como ideas,
quizá: ideas
sobre pensamientos.

(John Ashbery)


  
Desde Saint Jean Pied de Port me esperaba un paisaje bullente que entonces ignoraba, que me inquietaba aunque su luminosidad me atraía, tanto.
Busqué en mi cuerpo la herida, las llagas, el obstáculo.
No lo había y me fui.
Durante treinta días fue lo que debía ser.
Excepto el regreso.

Ahora lo he decidido, ya no me importa, mañana mismo me calzo las botas de pocero y empiezo a dejar sacos de confidencias en el quicio. Estaré atento a la inercia, al ayer indescifrable de los huesos del jilguero golpeando en los cristales de la habitación de atrás.

Alguien me hace señales con oraciones y gallos, suenan campanas y gorigoris, el viento en los cruceros me distrae del objetivo, es el momento de alejarme, de exorcizar temores, de salir a caminar.

Solo temo no saber distinguir las malas hierbas, solo temo la cizaña, solo temo al segador distraído mirando para otro lado.




24/10/14

Prefiero leerte cuando te entiendo



Ven hasta mí, belleza silenciosa,
talismán de un planeta no vivido,
imagen del ayer y del mañana
que influye en las mareas y los versos;
ven hasta mí y tus labios y tus ojos
y tus manos me salven de morir.

(Pere Gimferrer)



(Hola, hoy también estoy aquí)


Uno –iluso- cree que se inventa. Lo que dice dibuja lo que es, quizás sin serlo, traza la silueta de su propio engaño y a la vez su realidad. Acercamiento positivo, tocar el brazo de aquel con quien hablas, tocar el alma de aquel a quién miras a los ojos, tocar el corazón de los que escuchan, de los que leen “te quiero” dónde dice “voy a encontrarte por todos los caminos”. Sin olvidar acariciar el cuerpo de esa persona tendida a tu lado, naufragar entre sus muslos, escalar su espalda, nadar en el mutuo deseo de ternuras y besos, de pasión hasta olvidar quién eres y ser ella (o él), uno sólo y ceremonia de volver a meter los pájaros en sus jaulas, trampas y lazos, gritar sus nombres debajo de las camas, engaños rojos para los canarios, silbidos verdes para los jilgueros, simulación de papagayos, alpiste para los colibríes que tocan con sus largos picos la superficie de la piscina en la que me sumerjo mientras pasa un viernes perezoso y vacío de romanticismo, gris, con un cuchillo clavado tras la puerta, alegría para el sábado, cita en un café perdido entre calles, nadie nos ve, calla, no hables, dame la mano, dame los labios, nadie nos oye, sí, háblame al oído, dime lo que me decías cuando aún podía ver, ciego sin lazarillo cojo, sin medida, habitante de las cuevas del Bierzo, no, sopla la brisa, bandadas de gorriones se posan en los tendales, y un grajo, salgo a atraparlos con flautas y rumores, con mentiras. Luego saltó la cuerda del reloj y nos avisó que este es un tiempo de otoño sin uvas, es decir, abróchense los cinturones que enseguida empieza la fiesta del frío. La primavera aún está lejos (aquí).

  
(Prefiero leerte cuando te entiendo. Adiós)




23/10/14

Iglesia de Santa María de Eunate

“El fin es el comienzo.
Nadie me dice adiós. Nadie me espera.”

(José Ángel Valente)





Viaje de búsqueda, simbólico, necesidad de encontrar otras ilusiones, otras voces, escuchar ecos, oír la nada, entrar en paisajes diferentes, fascinarme en cada cruce de caminos, verme, contrastar, conocer, mezclarme, liberarme de prejuicios, estar, sacar fuerzas en el cansancio, compartir, apoyarme en la bruma de la mañana, llevar piedras planas para enterrar a pájaros, no asustar a los erizos que huyen entre el rocío, saber que no se llega.

Entonces estaré ahí.

O cerca.

Hace un frío intenso. Hay mucha nieve. Estoy aquí –digo- después de atravesar a buen paso pueblos navarros dormidos, desiertos antes de amanecer, girasoles secos clavados en las recias puertas de madera. 

El aquí es movible.

Aquí, ahora, es la ermita en Eunate.



Eunate está a unos 20 Kms al sur de Pamplona, en el valle de Valdizarbe, en la ruta que lleva hacia Puente la Reina.
La iglesia de Santa María de Eunate es diferente a todo lo que se había visto antes en arte románico. Las paredes octogonales de su nave, el claustro también octogonal, su posible fundación por Caballero Templarios, lo misterioso de sus orígenes, su ubicación, hacen de este templo algo especial, inquietante, que no deja indiferente.
La tradición invita al caminante, al peregrino -descalzo sobre el hiriente empedrado- a dar tres vueltas en derredor de la nave y luego, en el interior, situarse justo bajo la bóveda.


(Cuando estuve en Eunate sentí esa energía telúrica que dicen. 

Llegué escéptico y salí convencido).


22/10/14

Carta con hojas secas




Un día, sin saber cómo ni de dónde, recibes una carta con hojas secas, con cerraduras austeras, con pisadas de gacelas invisibles, con hiedra roja que viste de ilusión las paredes mustias.

Contestas.

Al poco llegan otras cartas con cantos rodados, con globos de helio golpeando el techo, con terrores planos en pasadizos sin final, con poemas envueltos en sal.

Contestas todas menos una.

Las cartas siguen llegando y ya es verano.

Contestas algunas y se acaba el año.

Un día llega el silencio, se sienta el silencio en la frontera azul de la garganta, al otro lado arde un fuego de banderas mientras el guardián nos mira con ojos de penumbra.

No importa cuántas puertas se abrieron, ni los paisajes, ni la diadema de algas en la playa, ni los perros del deseo ladrando sonámbulos sobre la ceniza.

No importa el sordo dolor de imaginar, ni la distancia de puentes levadizos, ni el milagro de andar sobre las aguas de cobalto y peces artificiales.

Importa el amor flotando ahí abajo, entre tantas palabras nadadoras, inútiles, húmeda certificación de qué todo aún es posible, esperanza insomne que cuenta estrellas.

¿Cuántas llevaré? (sin exagerar)








21/10/14

Mira a la mujer que mira.


Buscamos
cada noche
con esfuerzo
entre tierras pesadas y asfixiantes
ese liviano pájaro de luz
que arde y se nos escapa
en un gemido.

Idea Vilariño.





Antes de acariciar su espalda, con deferencia, el hombre del traje azul preguntaba a su seria amada si prefería que el tema de conversación, después, fuera el amor, las risas en las sombras, la pasión, la música, las sofisticadas modas literarias -todo mentira-, informática, jazz, operas varias, celos, pájaros, los canales de Venecia, la cultura celta, vueltas y revueltas hasta quedarse solos, otra vez, fijándose en la pantalla que les traía un viento que alborota sus cabellos (qué envidia) y qué, a veces, les retorcía el corazón y los brazos, les dejaba así, mirando un mensaje como una botella que encontraron en la playa perdida de sus sueños más reales, mensajes de náufragos con el corazón gastado, mensajes de mujeres mirando por una ventana -como en el cuadro de Dalí, de espaldas al espectador más cercano *-, mensajes de locos y locas con el alma partida que escriben los días pares y los impares duermen en brazos del trasgo; personas que sueñan despiertas, que viven sonámbulas, que escriben en una hoja carmesí y lloran; mujeres que conocieron el sol y se quemaron; hombres que no conocerán jamás y que les besan apasionadamente (a él no); viajeros de un tren nocturno que se miran con disimulo; pasajeros que se apean siempre en una estación anterior a la de su destino; astronautas encerrados en una burbuja que mueven los labios como peces en su pecera; una pareja de ciegos sonrientes con su hijita de la mano, eluden una y otra vez las alcantarillas, los obstáculos en su camino; las personas que hablan con su almohada, con su espejo, con sus seres queridos ausentes, con su loro, con las cosas y cuando hablarán con su presente y dirán que hasta aquí llegamos y que preparen las maletas los fantasmas y se fueron, pero para qué irse si hay que volver y me he aburrido de escribir este post (¿qué cojones es un post?), si algunos no entienden lo explicaré otra vez, despacio y, perdone, usted quién es para decir estas cosas en el pasillo de hotel que se pierde en un fondo oscuro, hale, váyase que voy a cerrar, (tú no, tú no, no es a ti) salga por favor y no se demore en las esquinas, en los recovecos de la ortografía, mañana vuelva si quiere pero hoy voy a cerrar, salga, no me obligue a sacarlo de malos modos, no ve que estoy triste porque he perdido la confianza en este espacio, he perdido el sentido del espectáculo literario, nadie atiende a mis rezos más fervorosos, la multitud brama frente al blog, en los márgenes de la página, en las playas atestadas y más braman los atropellados por textos ebrios y por un día me van a permitir que cuelgue estas incoherencias y como no se iba utilicé mi vieja pistola automática y aquí estoy, esperando a la policía, con el cadáver del lector intransigente a mis pies y repito en voz baja, “se lo dije, le avisé, parecía sordo”, y es que nos hemos vuelto todos locos, se ha perdido el romanticismo y las buenas maneras, qué le costaba haberse ido, se lo avisé de buenas maneras y fin de la historia de hoy. Cada día es más peligroso este mundo blog.




*Ah, perdonen queridos lectores, se me ha olvidado contarles que desde cualquier lado de la habitación que observes ese cuadro, la mujer te mira, seria, concentrada. Es curioso, la mujer - ¿quién será?-te mira.

20/10/14

Desmemoriado.





Tanto caminar arriba y abajo, para volver allí donde crece la vengativa flor del olvido.

La felicidad es mi cabeza en tus muslos, un café, Zelenka, la lluvia en los cristales de una terraza, en Roma, mientras inventamos el amor.

No quiero olvidar tu nombre.

Cuando salgas, anótalo en ese cuaderno azul junto al teléfono.

Y cierra la puerta.




19/10/14

Voy (y vengo)



En el vagón de primera de octubre –ya- no sé si voy o vengo, estoy, aquí, mirando por la ventanilla, pasan vacas, bueno, las vacas están quietas, y los postes, yo también, se mueve el domingo, tan rápido que se va hasta el lunes. (Respira)

Como dice Ray Loriga “El amor es tenerlo, estropearlo y echarlo de menos”, pues sí, lo que hacemos muchos, algunos, ¿tú? No sé a qué viene esto, soy un hombre formal, serio, educado, que escribo por no haber escrito, para que se me entienda, que empiezas por la A y terminas antes de la a, cuando no había alfabeto, abecedario, historias para contar, tan jóvenes éramos que no había primavera. (Espera)

¡Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquina el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder! dice Miqueas (2, 1-5) y pienso en el dolor de tantos estafados, inocentes víctimas de los de las tarjetas negras. Qué canallas.

Pero este es un espacio no aséptico que  se moja y que corre por riberas y vericuetos y creo que este es un momento perfecto para meterse en el agua de la opinión, estoy aburrido de besos virtuales, de equidistancia, no, quizás entren aquí menos lectores, bueno, pero lo a gusto que me voy a quedar ¿qué? (Acelera que acelero)

Atención a las señales, a las hogueras, las bocinas en la cima de los montes, los cuernos en los valles, el silbido de los guanches, banderas en el puente de un barco que navega hacia el iceberg. Quizás naufraguemos, es posible, pero nadar en aguas hostiles me estimula. Voy a tirarme. Me tiro.

Voy.



18/10/14

Hoy es un día de regalos




Día de Regalos, casi un día de Reyes. Sorprendente que en el 2014 todavía tengamos Reyes. Tantos. Que tantos alimentemos a esos Reyes, con corona o sin ella. ¿Tienen culo los Reyes? Y más aún, si lo tienen ¿lo utilizan? Estas groseras preguntas  y otras más soft me hago en esta mañana que tiende al calor sin punto de nieve. Pero no, no crean que soy antimonárquico, de niño era el Rey de mi casa, de (+) joven fui el Príncipe (azul oscuro) de Elisa, de Elena y de Esperanza (por utilizar solo la E). Ahora estoy en el exilio, pero mi Realidad es soberana aunque los súbditos de mi imaginación quieren guillotinarla constantemente.

En este día de Regalos me preocupa el Horror del Ébola, me preocupa el miedo, la ignorancia, los impresentables gobernantes a los que solo les preocupa salvar su culo, su indiferencia hacia el Horror, su única preocupación por los votos, ¡cabrones!. Y eso que tenemos mil canales de televisión de sálvame y fútbol de todos los colores. Me preocupa que cada 1% que sube el índice de paro no tenga nombres, sus fotografías, situaciones, miedo, necesidad, Soluciones. No me preocupa saber en qué país vivo. En todos, unos pocos, más listos, más hábiles,  más desvergonzados, más canallas, con menos escrúpulos o manejándolos mejor con ideas, lenguas, banderas, mentiras vestidas de verdades, limosnas, pintan fronteras, arman ejércitos, se buscan la vida para sí y los suyos. Si no tienes el carné adecuado, los apellidos justos, la chaqueta de ese tono, vas listo.

Día de Regalos y además sábado, mis pacientes y respetados/as lectores/as, mis queridos/as amigos/as, marco esta fecha, hoy, como si el resto de los días fueran diferentes. Ilusión de los que tienen hernia discal, de los que se tiñen las canas, de los que exprimen el dolor como naranjas, de los que imitan el trino de los pájaros, de los que tienen un volcán en el centro de su cuerpo, de las que acarician sus pechos bajo la luna, de los que a pesar de todo mastican una esperanza, más allá de números en rojo, de banderas blancas, de la voz ronca de Paolo Conte, del oso de la vejez abrazándonos con el aro en su nariz a milímetros de nuestros ojos cansados, de las vírgenes que presumen de serlo y en su epiglotis se enredan nostalgias de lo desconocido, de hombres que gritan como energúmenos y energúmenos que gritan como si su cerebro fuese un rescoldo de un animal prehistórico, una especie extinguida, un vestigio de una civilización hundida en mitad del océano, donde no hay gallinas ni bueyes ni centeno, donde la soledad es esta anemia de no saber, esta inquietud con sabor a despedida, este color de mujeres lavando en la ribera del río de la vida, allí donde tantas mueren en manos de aquellos a quienes aman o temen o sufren, maldito abuso de fuerza bruta, de brutos sin entrañas, me corto en dos con una guadaña y sé que me dejo tanto, me dejo todo, me dejo en estas líneas que a veces ni me entiendo pero aquí, ay señor/a, (¿será Dios mujer?)(¿hay Dios?) también hoy, para ti que has tenido la gentileza de venir. Te beso en los labios (solo a las señoras).




17/10/14

Ibarrekolanda, por decir algo.



Mira, que quería decirte que no, que no estoy de vuelta, voy, sonrío mientras recuerdo la leche derramada sobre el fuego, los que no sabían leer, el canto del ruiseñor en Ibarrekolanda, la espalda inclinada sobre el surco, los cencerros de las vacas que llevábamos a la fuente en aquel monte encima de Llodio, mi madre esperándome en el balcón, los bailes en Artxanda, abrazado a chicas ye-ye bajo la lluvia, el primer beso a Carmen, aquel adagio de Albinoni, el dolor por la muerte de los míos, el dolor posándose en la nuca, en los párpados, en la impotencia de no saber rezar, de no saber a quién, a qué idea, creencia, atavismo, no saber mentirme y la vida era morirse, eso era (es) todo.

Oye, que sí, que un día desperté y las cicatrices del alma habían desaparecido. En mi ignorancia no puedo precisar si eran del alma o del corazón. Sé que la(s) amaba, tanto que no podía respirar, que me faltaba la sangre, que me mordía la lengua para no gritar. Pero ese día, ayer, hace un siglo, desperté y los días eran un cuadro de un hombre que volaba sin alas, que estaba suspendido sobre un horizonte con varios soles. Creo que era en Cádiz, o Finisterre, por esa zona, coño, que bonito es volar.

Desde entonces sigo no solo despierto sino insomne, paso las noches y los días con los ojos abiertos, aprendiendo, sintiendo, viendo.

Me estoy aburriendo de lo que veo.




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Se quedaron

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Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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