Glup 2.0


 photo glupxx_zpsf67c91cc.jpg


30.7.15

El tiempo es así.



El tiempo es así, le da por pasar y pasa. Resulta que mañana termina julio y anda el personal revuelto por volver donde solía o escaparse a lugares menos vistos, más aireados, soleados o meterse en un agujero y escarbar en sus intimidades para intentar encontrarse. Yo qué sé, pero estoy tan agobiado como muchos y necesito oxígeno, necesito saber quién soy dentro de este carrusel de subir y bajar y dar vueltas de campana. O no saber pero estar más tranquilo, sosegarme. Por eso bajo la persiana, unos días, hasta que conozca los nuevos límites, hasta que intuya donde empieza la realidad y donde termina lo que no. Es un trabajo casi imposible pero me dedicaré a ello con toda la intensidad de no hacer nada y esperar que un arcángel, un demonio o alguien así se pose en mi hombro y me dicte nuevos alfabetos para poder decir lo que no digo, para sentir…no, de esto voy bien servido, para perderme en paisajes y horizontes y nubes y acentos y eso, que me voy de viaje, de viajes en realidad.

Este agosto, en el fin de la tierra, tendré limitaciones de conexión (el wi-fi , ya sabes) pero eso no significa que me borre del mapa, no, intentaré conectarme donde buenamente pueda.

Como los niños meto la cabeza debajo de las sábanas y si no me ven no existo. 
Pero sí. 

Saludos.




29.7.15

Llega agosto.



Que cantan hasta los que no cantan. Que sería fácil, o bastante, sorprender a los pacientes seguidores del intento, del cambio, de la mudanza en estos tiempos con fotografías de paisanos que viajan a países a los que antes no se viajaba, (antes no se hacían demasiadas cosas). Por ejemplo Alin Coen, que es una señor(it)a a la que no conoce casi nadie pero que en “Einer will immer mehr” lo borda, que es original y otras cosas. O la Kat Frankie esa, que parece que solo haga ruiditos con la boca y  ahí la ves, en Alemania creo, delante de una cámara con un par dando una lección de cómo. Hay fantasmas en las esquinas, ya lo creo, sobre todo en Galicia, que lees a Cunqueiro y no te extraña. De Galicia sólo te extraña una cosa, que sea una tierra tan, tan hermosa, luego te acostumbras. Y no es que uno no viaje, no, uno viaja, ayer mismo estuve al borde de un espejo, casi paso al otro lado pero recordé a Alicia y teniendo en cuenta que el viernes me dije, alto, no, quieto. O cuando estuve en Estambul, con tantos turcos, está aquello lleno de turcos, que al principio me daba cosa, que si las comidas picantes, que si los taxistas, que si el peligro, bah, el peligro está dentro, en el miedo, no se debe tener miedo. O en México, pero eso ya lo he contado demasiadas veces. Me vuelvo en nada a NY y allí nunca tengo miedo, solo alegría y asombro. Eso no quita para que a veces me tenga miedo a mí mismo, sobre todo cuando me miro, siento en la cabeza como una red que se inflama, dentro, que me llena eso del cerebro y me duele, es cierto, me duele y no puedo pensar, que se me alteran los circuitos y temo volverme majara. Esto no se lo he contado a nadie pero vosotros sois de casa. Está también lo del hilo, usted aparta el polen, el vaho, se quita el bozal y ahí está el hilo, brillando a veces, desde un tejado desvencijado hasta otras azoteas, tenso y vibrando, emitiendo, ni un gato podría hacer equilibrios sobre él, es un hilo tensado, conductor, made in China, ahora casi todo se hace en China, que levantas la tapa del y es chino, que la bajas y no, que te compras un jersey de angora y no lo es, es chino, claro. Creo que es posible que yo mismo sea chino, al menos hasta (o desde) el jueves, o tengo reminiscencias, lo de los ojos, lo de los remos entrando en el agua de los recuerdos, alterando la superficie, lo superficial, entre los brezos y los sabores de regaliz, sobre el mármol del mercado con peces boqueando, con vacas o lo que quede de ellas, en República Dominicana les gusta el chivo, en una boda en la que estuve hubo cabrito, me dijeron que tengo familiares en el Bierzo, el edredón nos cubre y ya es casi la hora de olvidar, los espantapájaros se quedan aquí el jueves, creo que son los únicos, ah, y los chinos, no tengo ni idea qué tiempo hará ahora en China (en inglés se pronuncia chaina, o así), lo mismo están con monzones, o con terremotos, o tsunamis, por esos sitios tan raros pasan cosas raras. Aunque me gustaría saber si para ellos no somos nosotros los raros, como ellos son muchos quizás todo es inverso y comer dragón cocido es lo normal y no esos rollitos de primavera con quién sabe qué, que están ricos sí, pero ¿qué tienen?, col dice ese listo de verde, que es justo debajo de dónde nacían antes los niños, los niños nacíamos en sitios muy raros, nos traía la cigüeña, esas tonterías, y lo de la semillita, qué cosas nos han contado, y dicen que somos especiales, pues claro que lo somos. Mi primer beso lo di con casi cincuenta años, mi primer...como decirlo –polvo me parece grosero-, mi primer eso fue con casi sesenta, tanto tiempo esperando y mira, para esto tanto misterio, me dije yo a mí mismo, que ella tenía por ahí, que igual también era eso, que las ves con el ombligo al aire y te entra una cosa que ya, ya, que me lo dice Paquita, la enfermera del turno de mañana, ustedes los hombres solo piensan en dos cosas, que digo yo cual será la otra, que no me lo imagino, que solo tengo tiempo para pensar en el jueves (o sea mañana) por la mañana, que me voy, como tú, como todo quisqui. Mira, te lo digo otra vez por sí, que me voy a Finisterre o Fisterra, me voy, entre otras saludables actividades, a pensar, que no sé sí, quizás esto no es demasiado bueno, hay personas que piensan y aprenden, o entienden, entender no es bueno, ni saber, una vez que sabes una cosa quieres saber otra y así no hay quién viva, que no se puede saber de todo, o todo, por eso hay que quemar libros, uno al menos cada mañana, antes de desayunar, comida energética, nada de tonterías, hay un tabú con lo de la cultura, hay demasiados cultos, en cambio listos hay pocos, o muchos según cómo se mire,  que uno no sabe ya quién le dará la próxima extremaunción, aunque hay temas que no se pueden tratar en estos muros, hay mucha peña con cara de enfado y poca sentido del humor, debe ser cosa del estómago, que no van de vacaciones al sitio adecuado, pero el jueves (o sea mañana) espero estar ya allí, o antes, no  lo había dicho, por pudor, que no me gusta comentarlo, que uno es así, tímido, apocado, de pocas palabras, se asusta con facilidad, que todo esto y más lo había escrito ayer y me lo mandé a mí mismo y me equivoqué de cuenta de correo y resulta que el mensaje estará en el portátil guardado en el cajón de una mesa que no abriré hasta el 1 de septiembre, ya ves que cosas, que un despiste lo tiene cualquiera pero me ha hecho reescribir lo escrito aunque no se ha perdido nada ya que estoy disperso, con lo del viaje no me centro en lo esencial, la poesía, quizás no hay que saber, solo hay que sentir, lo siento, por ejemplo digo eso de Uso palabras ciegas, como palomas acurrucadas, / la súbita fragancia del azahar embriaga al viajero/desprevenido que llega en busca del destino. y me quedo tan ancho, tan bien, o aquello de Me sacaré los ojos si miro/ lo oscuro, cuando termine/ la espera de aguas turbias,/ líquenes, brocados que/ ocultan una daga en los/ labios abiertos del pecho. Esto de los blogs, de los muros es lo que tiene, que lo soporta todo, obra de arte o esto, farfullar, hablar por no callar, incontinencia verbal trasladada al papel que no lo es, superficie en blanco para gritar al viento, que me voy, queridos míos, procuraré escribir desde donde esté, si alguien quiere algo de mí, menos dinero, que lo pida. A la vuelta hablamos, señores, señoras, pasen y lean, aquí hay material. Agradezco su amabilidad y resistencia. Los besos a todos sin excepción.  

Muchas gracias.


Señorita esperando que llegue.

28.7.15

Tu voz (take two)




Tu voz me mata, me desarma, me inmoviliza, me abraza, un ratón entre las garras del búho, me seduce, me hipnotiza, pobre ardilla ante los ojos de una serpiente, me rompe, atado a cuatro carros de mulas, abona las flores de mi esperanza, me excita, tanto; trae tus caderas a mis ávidos brazos, me hace soñar, me acaricia, me disturba, me gusta, me gusta tanto, abre mis ventanas de par en par, se cuelan por ellas el sol y las dos lunas de Marte, me hiere dulcemente la afilada daga de tu voz, me golpea con manos de seda, me agita, una a una caen gotas de agua caliente sobre mi frente, se desbordan ríos gélidos por el cuerpo; como dicen que ocurre el segundo antes de morir, pasan por mi cabeza cada una de las veces que nos hemos amado; se desbocan los potros de mi deseo, se pierden cabalgando por fértiles campos de alta hierba; se abre la puerta de la imaginación y escapan todos los pájaros amaestrados, los que me cantan por las mañanas, los que alegran mis noches, el gavilán de tu prudencia se los come, en el aire, sin tiempo para posarse; mi caballo de lujuria se encabrita y piafa, babea y emblanquece sus belfos, el elefante asiático de tu realismo tapona la calle y no tengo hueco por donde pasar, ni lugar donde hacer cabriolas; me lleno de ay, como un cantaor flamenco, me vuelvo Camarón, suenan guitarras en mis oídos, yo soy una guitarra que tañes con esa voz hoy tan musical, como un aria desde el balcón de Julieta, no tomes el veneno, como un canto de bellas sirenas posadas en la roca de tu habitación que tan bien conocía; tu voz evocando los años pasados, tu voz lejana, cruel, de aristas, voz de modelo de Versace; tu cuerpo desnudo ondulando sobre aquella cama, precisamente sobre aquella; voz de ángel exterminador, voz de rencores y reproches -no me llevaste, no me diste, no quisiste, no pudiste, no fuiste capaz, no, tú no, pobrecito mío-; voz de reina de oriente y occidente, voz que me ata y remata, que me empareda, que me llena de gatos negros, de tarántulas, de ecos de mundos olvidados, de noches recordadas, de días arriba y abajo junto a la casa nueva esperando tu llamada, de caminar por la cuerda floja de mi cordura, de mis más luminosos días, de los más sombríos, de mi éxtasis, de sentirme pequeño entre tus brazos, de sentirme gigante contigo entre los míos, de ser capaz de saltar desde la más alta torre sabiendo que extenderías tus alas para amortiguar mi caída, aviadora de mediana edad que atravesaste mis océanos, mis desiertos, geóloga que entraste a mis cuevas más recónditas, a las más profundas, que me llevaste de la mano a lugares de mi interior que desconocía, de los que jamás había hablado a nadie, ni siquiera a mi mismo; tu voz es como un suspiro de los dioses, una uña subiendo por mi espalda, un hálito de la eternidad, abrir la caja de los truenos, como la lluvia del sur que arrastra todo en torrenteras, como ese hielo en la carretera, patinan mis carruajes, chocan contra los taludes, mueren los conductores; tu voz me deja en la jaula y tira la llave al fondo del lago donde aparece, trémula, la airada señora de la venganza; tu voz me llena de moratones, de estigmas, de huecos en los muslos, de telegramas, de pensamientos blancos, de nubes de tormentas sobre el Abra, de pensar y pensar en ti cuando corro y te veo vestida de azul y sonrisas, olvido que tu puerta está llena de cerrojos. Tu voz de hoy, la de hace un rato, es la primavera que no llega, el frío de ayer junto al molino, mis jadeos cuando subía la cuesta, mi impotencia de rodillas frente a ti, dos veces, mis lágrimas, mi depresión, mis gritos bajo el puente cuando pasa el tren, mis quejas al cielo aunque están comunicando, mi lastimera queja que yo no, que nunca antes, orgulloso como un hidalgo, como un samurai, como un hombre pobre que no extiende la mano aunque se muera de hambre, como el que fue rico y duerme en los soportales, sobre cartones, sobre el colchón de recordarte sin remedio, irremediablemente atado como el mono que baila al son de un organillo melancólico que maneja un músico cruel, tú misma con barba y sombrero, tu voz me arrastra sobre brasas encendidas, me pone una capucha negra, me quema los ojos como a Strogoff, me da cinco tiros en el pecho, me ametralla, me envenena, tu voz envenena mi delirio, ay ¿qué me ha dado amarte? ¿qué me ocurre desde que te has ido? ¿qué embrujo es este? ¿qué va a ser de mi? sin ti.
Tu voz.




27.7.15

Sé que me escuchas.



Oh, Mujer sin niñez ni adolescencia, adulta constante, desde que nació.

Mujer Jericó, te he rodeado tocando trompetas, nada.

Mujer Lugo, he roto mi frente contra tu muralla, nada.

Mujer Reina me he postrado de rodillas frente a las escaleras de tu palacio, la frente humillada, nada.

Mujer Obispo, he orado, me he dejado un cilicio en el alma, he puesto velas a todos los santos, vivos y muertos, nada.

Mujer ornitóloga, soy ese pájaro desplumado que no paraba de chocar contra tus cristales.

Mujer miope, soy esa sombra que ha optado por el silencio.

Mujer sorda, soy ese hombre que ya no gesticula al otro lado de tu mundo, no, no es una película muda, es que no hablo, esta película no la has visto.

Soy este hombre desarrapado y orgulloso que recoge los cartones de su propia entrega, ese que silba por otras calles, el que ha decidido cambiar de cara, de dientes, de ojos, de discurso y aquí estoy, en el reino del silencio.


Sé que me escuchas, cabrona.

26.7.15

Carta abierta a una mujer cerrada.



Te he escrito antes tantas cartas con toda mi alma que la que te envié anoche es una niñería, una pataleta, apenas un juego tonto, un apunte en los márgenes de nada, una travesura ridícula, un harakiri sin anestesia, un quiquiriquí de gallo desplumado y mojado en un gallinero sin gallinas, un brindis a la luna, una chiquillada resentida solo para darte una vez más la razón, tú, la más lista, oh, alabada sea tu alma pura, tus altas miras, tu capacidad para decir no, nunca, y ser consecuente, tu valentía para desgarrarte el corazón con los dientes y dejarlo ahí, en la alambrada que divide, tú ahí y yo aquí, prohibido el paso, no hemos podido ser ni siquiera amigos y además es imposible. Buf.

Te he escrito a borbotones, con rabia. 
¿A qué viene esto? –dirás-. 
Me callo y tú no hablarás, ya, pon cara de no entender, enfádate, menea la cabeza, si ya lo sabías, tú lo sabes todo.

Sigo frente a tu ventana.

25.7.15

Tony Soprano.


Lo sé, he llegado tarde a muchas cosas, no se puede estar en dos sitios a la vez  (y no estar loco), no he leído todos los libros (y no por falta de ganas), no he estado en Pekín (de momento), no he escuchado según qué músicas, no he visto algunas películas, me falta de conocer (personalmente) a varias personas interesantes (sé que están ahí, esperando), no digamos del amor (no lo decimos, no vaya a ser qué).

Vale, no me agobies, no hay tiempo para todo.

Sí, he llegado tarde a muchas cosas, alguna vez por pura ignorancia, por la prisa, porque he optado por otras actividades, gustos o por estar sentado debajo de una parra viendo a las hormigas.

Tampoco es para cortarse las venas.

Por ejemplo la tele, no me gusta la tele, me aburre, aunque debo reconocer que en los últimos meses me he aficionado a las series, a algunas series. He disfrutado con “True detective”, “Breaking bad”, “Top of the Lake” o “Boardwalk Empire”. Pero declaro que para mi vergüenza y oprobio no había visto ni un solo capítulo de la serie reina, la mejor, “los Soprano”. 

La he descubierto (tarde, tardísimo, lo sé) y estoy entusiasmado. Qué guion, qué interpretaciones, qué personajes. Me he visto la primera parte en un plis plas y estoy colgado con la segunda.

Lo siento, no puedo seguir, está muy emocionante.


Ya está

Ya está

 
"Uno se pasa los días y los meses tratando de escribir algo. Algo: un párrafo, una frase que contenga un poco de verdad, que resulte —uno es soberbio y vil, vanidoso— mejor, más grande que la vida. Sale bien, sale mal, sale peor. A veces —uno cree— sale. Y entonces un lunes cualquiera uno se sienta a escribir y recuerda unas líneas que leyó hace tiempo. Una de esas cosas que se escriben en cinco minutos y se dejan sobre la mesa. Algo sin importancia. Algo como “son las cinco, voy al mercado y vuelvo”, o “te dejé tarta en la heladera”. Una anotación, una pequeña nota. Solo que esta era una nota que la escritora brasileña Clarice Lispector le escribió a un linotipista, el encargado de armar, con letras de plomo, los textos que ella publicaba en el periódico. La nota decía: “Disculpe que me equivoque tanto con la máquina. Primero, porque mi mano derecha resultó quemada. Segundo, no sé por qué. Ahora un pedido: no me corrija. La puntuación es la respiración de la frase, y mi frase respira así. Y si a usted le parezco rara, respéteme también. Incluso yo me vi obligada a respetarme. Escribir es una maldición”. Cuatro renglones. Cincuenta y nueve palabras cargadas de agresividad y de devastación, de insolencia y de hartazgo. Una enervada y humilde y arrogante plegaria en defensa de las comas y los puntos que es, en verdad, el rastro de un cuerpo, la cicatriz de fuego de una vida entera. Y ese mismo lunes, en plan de recordar barbaridades, uno recuerda aquel poema de cuatro versos (ay, de cuatro) que escribió la uruguaya Idea Vilariño: “Si te murieras tú / y se murieran ellos / y me muriera yo / y el perro / qué limpieza”. Y uno se dice —con rabia, con el corazón cubierto de espuma, con celo, con furia, con colmillos— que mejor callar. Que para qué. Que ya está."

Leila Guerriero





Traductor

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

Creative Commons License Page copy protected against web site content infringement by Copyscape ecoestadistica.com

Se quedaron

Lo que hay.