19.6.12

Mas de Anna.





Deconstruyendo el invierno

Cada año lo aprendes a pulso:
una semiótica del frío que el viento mete a la fuerza en tu cabeza
hasta que se te queda en la memoria—
un doloroso zumbido, el quejido del ojo de la cerradura.
La escarcha la tienes en la punta de los dedos.
Sus reglas son sencillas: un hielo negro quiere decir
que las aves débiles invariablemente declinan,
 
mientras que la escarcha blanca favorece el cuento de hadas
 
y premia la humildad con dádivas de madrina.
Pongamos por caso el jardín, donde unos
 marginalia deslumbrantes
pueden aparecer de repente sobre las hojas, desafiando la traducción,
y dónde la ventana del cobertizo—todo el año una transparente Cenicienta—
puede de repente publicar una obra de redacción compleja sobre los helechos raros.
El sentido queda codificado, demasiado profundo para cavarlo,
la forma prieta y arrollada como una amonita, 
el muro del jardín una biblioteca entera
sobre la hermenéutica del caracol.
Con reconocimiento a Lawrence Stern,
 
la nieve ofrece al lector unos días de páginas blancas.
Una temblorosa canción del petirrojo, y ya está el mes de marzo.
Unos días calmos de Janos cuando indagas el rumbo de la bruma
en busca de un
 pero o de un y.
Sin embargo es cuando canta el mirlo desde el viburno que caes en la cuenta:
 
los carámbanos están derritiéndose en aquel
 tinca-tinca-tic.

 Anna Crowe
Traducción de Joan Margarit










3 comentarios :

De cenizas dijo...

La paronomasia infierno-invierno se deshiela en abril y arde en la hoguera la noche de San Juan. O algo así, digo...


un abrazo

Pedro dijo...

de cenizas, lo que tu digas, cariño

De cenizas dijo...

Así me gusta. :)

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