19.1.11

Sobre desengaños.


 Love letter.-. Pietro Antonio Rotari

2011, es el año del cambio.

Según las poco fiables estadísticas, esta página tiene unos cuantos visitantes asiduos o quizás unos pocos que entran muchas veces.

Quiero saber qué piensan estos visitantes, es decir vosotros.

Esta semana necesito saber quién ha tenido un desengaño amoroso.

Si no lo ha tenido que se lo invente.


De forma anónima o firmándolo.

Lo publicaré tal cual o modificándolo, con su nombre o sin él, a gusto de quién lo envíe.

Empiezo contando el mío.

Un momento que pienso cual es mi desengaño amoroso más grande.
Pues bien, tengo varios.

Podría empezar con un amor platónico nunca cumplido. Aunque ni siquiera fue desengaño, era platónico, no sé ni si ella se enteró. Lo pensaré más.

Creo que escogeré el flash de sentir fluir por mis oídos -tumbado en una cama, desnudo, con un ciego que no podía ni hablar- toda la bilis de una relación que terminó. Me dijo tantas barbaridades que no me reconocía. Mucho menos reconocí en ella a la mujer que me enamoró un día. ¡Cuánto odio había en su voz! Y yo allí, indefenso, balbuceando (a las 6 de la madrugada, cuando pude moverme, me levanté, me vestí, subí a mi coche y me fui a casa –que, por cierto, estaba a 700 kilómetros).
Hay bastantes más, pero este, sí, creo que voy a desarrollar este (sé que me dolerá recordarlo).


No, no me he aburrido de escribir. Esta es una página que intenta ser interactiva (¿Qué querrá decir eso?)

Espero que alguien se anime.

3 comentarios :

Anónimo dijo...

Dice el sabio refranero que no hay mal que por bien no venga... o lo que viene a ser lo mismo... que el que no se conforma es porque no quiere...

Y dicho esto, creo que el desengaño amoroso, tal como tú lo planteas "Aquí" tiene mucho más que ver con una autoestima lastimada... que con el dolor de la ausencia o de la falta del ser amado. Sin importar como se haya producido esta. Eso es otra cosa, que casi todos, con suerte... (salvo el/la que tenga un ladrillo, justo ahí encima del estómago) habremos experimentado alguna vez. Y dudo que alguien se atreva a referir algo tan doloroso.
Eso sí, hay muchas formas de enamorarse y de desengañarse. Y en ello, influye lo suyo toda la parafernalia añadida del cine, literaturas y dramaturgias varias que por generaciones han conformado y conforman, buena parte de nuestro imaginario emocional al respecto.

(jo! que deberes más largos, mon cher Pierre, jeje)

Pero amar, es siempre un privilegio y ser correspondido al mismo tiempo se acerca a lo eterno, porque sucede en contadísimas ocasiones y no es un "fenómeno" que se produzca con facilidad. Por eso, cuando se produce un final, (inevitable, por otra parte...) que acostumbra a ser "unilateral" creemos rozar la tragedia. Suerte de esta "vana esencia" de la que nos ha dotado la naturaleza humana, que nos permite seguir adelante creyendo que de nuevo hallaremos ese status y no volveremos a reiterar los mismos errores, en un "mutatis mutandis" muy comprensible.... porque si no, los recuerdos nos aplastarían ¿verdad?
Y es que lo único permanente de este universo, acostumbra a ser el cambio.
Y ya! Dejando la epistemología de baratillo aparte, te diré:

que allá por el pleistoceno tuve un noviete, al que me encontré de bruces en flagrantis corpus delicti, al entrar de forma inesperada en su casa, en brazos de una buena amiga en común (o no tan buena... evidentemente) sin posibilidad alguna de alegar el socorrido "esto no es lo que parece". Pero ellos en el fragor de la batalla no me vieron a mí. Lo que me permitió, de alguna forma salvar los muebles... y preparar una muy cumplida revancha, que explicaré el día que preguntes por vendettas y similares.

Y como sospecho que sabrás reconocerme perfectamente en estas letras, me vas a permitir que curse mi comentario como Anónimo.

P.D.: Soy un tanto torpe... jeje, ya lo has visto.

Anónimo dijo...

No lo conocía, no se parecía en nada a mí, sus gustos eran muy diferentes, sus puntos de vista diametralmente opuestos a los míos, incluso era feo.

Me enamore.

Y resulto, que no lo conocía, que no se parecía en nada a mí, que sus gustos eran muy diferentes, que tenia puntos de vista diametralmente opuestos a los míos; incluso, resulto ser atractivo.

Aun lo recuerdo a menudo.

Anónimo dijo...

Me enamoré de mi propio refejo...y ahí seguí engañada entre sus luces y las mias propias...hasta que descubrí que, junto al mio, poblaban el espejo virtual, cientos de reflejos de mujeres como yo...Decidí cerrar los ojos y cubrir con el grueso terciopelo del olvido, el vidrio del cristal iridiscente...

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