6.11.10

Galicia.

«... conxugando os verbos vivir e amar /en primeira persoa do plural / reducidos ás formas do presente.» (Lois Pereiro)

(Mar de Fora -Fisterra)

Muchas veces no sé cómo decir lo que quiero decir. Me da miedo quedarme tan desnudo, tan vulnerable, tan así. Y cuento A por no decir no puedo, no sé. Cosas que se hacen. Desde Bilbao salimos cuatro amigos en un coche y dos motos. Queríamos conocer Galicia. Empezamos el viaje por la costa, seguimos, nos perdimos por el interior, volvimos a buscar la playa, el interior, playa, así. Dormíamos en tienda de campaña, en pensiones de mal agüero, en hoteles de una estrella, donde queríamos, a veces con quién podíamos. Una noche la pasamos en una cuadra, otra en una casona con cuadros de muertos en las paredes. Fue un viaje de iniciación. Hasta donde el alcohol lo permitía disfrutamos del paisaje, de la comida, de las personas. Alguna vez nos paró la guardia civil, en Mondoñedo la pareja nos hizo salir del pueblo a las cinco de la mañana y gentilmente nos invitó a aparcar y pernoctar en un bosque, en las afueras. En Ferrol trabé amistad con dos colegas, nos invitamos mutuamente a varios cuba libres y al despedirse me dijeron que eran policías y estaban de servicio, que nos estaban siguiendo, supongo que nuestra apariencia invitaba a todas las sospechas. En Coruña el ron pudo conmigo y me quedé sentado en el suelo de una cabina telefónica mientras hablaba con J; unos amables paseantes me dejaron apoyado en una persiana mientras mis amigos me buscaban por las calles desiertas. En Valdoviño hicimos amigas para siempre, nos invitaban a sardinas y empanada, a albariño, no nos dejaban pagar nunca, nos rifaron y yo le toqué a Quintila, una salerosa, pecosa, divertida chiquilla que se reía con mi acento tanto como yo me reía con el suyo, nos juramos amor eterno hasta agosto. En la Toja nos perdimos los cuatro firmas y me encontré con un milagro de media melena, espalda interminable, dulzura concentrada y una habitación en hotel de lujo donde aprobé con nota raspada. En Santiago la noche se rompió en estrellas fugaces, las demás, cercanas, y el humo, nos transportaron a otros mundos. Gritábamos en las playas, nos bañábamos en aguas gélidas, estábamos tostados, con flores en la barba, reíamos por cualquier cosa, los días eran una sucesión de sorpresas, de descubrimientos, la vida era nuestra y alguien nos esperaba al regreso. Creo que he mezclado el itinerario, que me he dejado muchas cosas, ay, queriendo y sin querer, la memoria selectiva. También debo decir que no era mi primera visita a Galicia. Añado que después he vuelto a menudo. En los últimos seis años he pasado parte de mi verano en Finisterre. Toda esta historia me ha venido a la cabeza pensando en cómo declarar mi amor por Galicia, sus tierras y sobre todo por sus gentes. He escrito A después de ver en Youtube este vídeo que comparto e invito a disfrutar -gracias, gracias, Guadalupe-. Otro día lo diré de manera diferente. Feliz sábado. 


9 comentarios :

Palmera dijo...

Me ha gustado mucho, tanto la pintura como el texto como el vídeo(qué empacho!!).Sigue en esta línea y yo te seguiré también.
"latilde" se me ha "curado"...no sé cómo ha sido,será cosa de brujas( o duendes)...últimamente me pasa cada cosa que me creo todo.
Feliz sábado!.Yupí!, yo libro(abierto soy).
;P

J.T. dijo...

Hay sitios a los que vas sin más y de pronto un buen día te crecen dentro.

Podrás decirlo de muchas otras formas, que no tengo ninguna duda de que lo harás y la mar de bien, pero así está perfecto.

Boas noites ;)

ybris dijo...

e entiendo bien y la verdad que yo me considero un enamorado de todo el norte colindante con el Cantábrico y los Pirineos por más que nunca me haya vigilado la Guardia Civil y me haya quedado con las ganas de conocer a gente cercana en estas páginas.
He mirado el mar desde allí en acantilados, playas y rías y he alzado la mirada a las montañas nevadas tanto como he bajado la vista desde ellas a los valles más verdes.
La última vez, hace bien poco, tomé reservas de verdor desde el Bierzo hasta Somiedo pasando por Laciana y Leitariegos.
Una pena ser del centro con el corazón puesto en el norte.
Decirlo aquí con quien sabe bien de ello reconforta.

Abrazos.

Arantza G. dijo...

No me extraña ese amor por esa tierra. De jovencita pasé un mes recorriendo Galicia; sus cuatro provincias. Cada pueblo, sus ciudades...y también me enamoré de ella. Se que en mi libro de viaje hay una nueva parada.
Besos y buen fin de semana

cristal00k dijo...

Mi tierra, tiene la dulzura de lo salvaje, de lo primitivo. Y crecer ahí, imprime carácter.

Galicia, conserva ese sabor atávico y ancestral de la naturaleza en estado puro, que "toca", seas o vengas de donde vengas... Nuestro admirado Ybris, siempre sabe...

Y desde la bravura descarnada y procelosa del Finisterre hasta la suavidad remota de la Galicia profunda, todo eso! late en los ojos de sus gentes y en su sentir, de forma especial. Estén donde estén.

Es como una llamada interna que hace hábito y sólo se calma ahí. Por eso existe siempre la esperanza del regreso... Galicia, y el Norte en general, se respiran, te invaden... te conquistan...

Y aunque parezca exagerado, sus hijos, lo llevamos "en vena", sin importar donde nos encontremos.

Madame Vaudeville dijo...

Como gallega sólo puedo agradecer. Agradecer las bellas palabras, el amor por la terriña y el hecho de compatir el vídeo.
Si volvéis por Coruña, ya sabes... a escribir a Madame Vaudeville y a disfrutarla como anfitriona!! :)
Abrazos desde el Atlántico

Lety Ricardez dijo...

Como no enamorarse de Galicia y del amor, ante tanta belleza. Y sabes Pedro, a mi también las palabras que he dicho me han dejado desnuda. Indefensa, quien usa la palabra deja de ser su dueño, se convierte en esclavo, lo expone a la mirada ajena.

Diego -Turgalicia Community Manager- dijo...

Por lo leído, ha sido un viaje de iniciación fecundo. Si en algún momento deseáis volver a visitarnos y necesitáis información turística de cualquier tipo, no dudéis en poneros en contacto con Turgalicia (www.turgalicia.es). Estaremos encantados de poder ayudaros en lo que podamos.

mirada dijo...

Es muy emocionante, Pedro.
No tuve palabras antes y tampoco las tengo ahora, sólo gracias, muchísimas gracias.
Hay muchas personas (entre ellos gallegos) que no saben mirar.
Con tus palabras enseñas a mirar.
Un abrazo enorme

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