12.6.10

¡Ciudadanos europeos, uníos!


¡Ciudadanos europeos, uníos!

Por Boaventura de Sousa Santos *

La suerte está echada, el juego está claro y cuánto más tarde identifiquemos las nuevas reglas, mayor será el costo para los ciudadanos europeos. La lucha de clases está de vuelta en Europa, y en términos tan nuevos que los actores sociales están perplejos y paralizados. En tanto práctica política, la lucha de clases entre el trabajo y el capital nació en Europa y, después de muchos años de confrontación violenta, fue en Europa donde alcanzó más equilibrio y dio frutos más auspiciosos. Los adversarios verificaron que la institucionalización de la lucha sería mutuamente ventajosa: el capital consentiría altos niveles impositivos y de intervención estatal a cambio de no ver amenazada su prosperidad; los trabajadores conquistarían importantes derechos sociales a cambio de desistir de una alternativa socialista. Así surgieron la concertación social y sus resultados más envidiables: altos niveles de competitividad ajustados a altos niveles de protección social; el modelo social europeo y el Estado de Bienestar; la posibilidad, sin precedentes en la historia, de que los trabajadores y sus familias pudieran hacer planes a mediano plazo (la educación de los hijos, la compra de una vivienda); la paz social; el continente con los más bajos niveles de desigualdad social.

Todo ese sistema está al borde del colapso y los resultados son impredecibles. El informe que el FMI acaba de publicar sobre la economía española es una declaración de guerra: la acumulación histórica de luchas sociales, de tantas y tan laboriosas negociaciones y de equilibrios obtenidos con tantas dificultades, es echada por tierra con una arrogancia inaudita. Y España es mandada a retroceder décadas en su historia: a reducir drásticamente los salarios, destruir el sistema de pensiones, eliminar derechos laborales (para facilitar despidos y reducir indemnizaciones). La misma receta se le impondrá a Portugal, como ya ocurrió con Grecia, y a otros países de Europa, y mucho más allá del sur europeo. Europa es víctima de una hostil OPA (Oferta Pública de Adquisición) por parte del FMI, preparada por los neoliberales que dominan la Unión Europea, de Merkel a Barroso, escondidos detrás del FMI para no pagar los costos políticos de la devastación social.

El sentido común neoliberal nos dice que la culpa es de la crisis, que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades y que no hay dinero para tanto bienestar. Pero cualquier ciudadano entiende esto: si la FAO calcula que 30 mil millones de dólares serían suficientes para resolver el problema del hambre en el mundo y los gobiernos insisten en que no hay dinero para eso, ¿cómo se explica que, de repente, hayan surgido 900 mil millones para salvar al sistema financiero europeo? La lucha de clases está volviendo bajo una nueva forma, pero con la violencia de hace cien años: esta vez es el capital financiero el que le declara la guerra al trabajo.

¿Qué hacer? Habrá resistencia, pero, para ser eficaz, deberá tener en cuenta dos hechos nuevos.
En primer lugar, la fragmentación del trabajo y la sociedad de consumo pusieron en crisis a los sindicatos. Nunca antes los que trabajan trabajaron tanto y nunca les fue tan difícil identificarse como trabajadores. La resistencia tendrá un pilar en los sindicatos, pero será muy frágil si la lucha no es compartida en pie de igualdad por los movimientos de mujeres, de ambientalistas, de consumidores, de derechos humanos, de inmigrantes, y los movimientos contra el racismo, la xenofobia y la homofobia. La crisis afecta a todos porque todos son trabajadores.
En segundo lugar, no hay economías nacionales en Europa y, por lo tanto, o la resistencia es europea o no existirá. Las luchas nacionales serán un blanco fácil para los que claman por la gobernabilidad al mismo tiempo que desgobiernan. Los movimientos y las organizaciones sociales de toda Europa tendrán que articularse para demostrarles a los gobiernos que la estabilidad de los mercados no puede construirse sobre las ruinas de la estabilidad de la vida de los ciudadanos y sus familias. No es socialismo; es la demostración de que o la Unión Europea crea las condiciones para que el capital productivo se desvincule relativamente del capital financiero, o el futuro es el fascismo y tendrá que ser combatido por todos los medios.

* Doctor en Sociología del Derecho. Profesor de las universidades de Coimbra (Portugal) y de Wisconsin (EE.UU.).
Traducción: Javier Lorca.

El mundo | Viernes, 4 de junio de 2010

(Gracias a María José Barrios)


5 comentarios :

Anónimo dijo...

Tendríamos que unirnos en la parálisis. Pararnos todos de una vez y a la vez. Que no se moviese ni un euro, ni una barra de pan, ni una sola exportación. Una semana se aguanta con las provisiones de casa, aunque se fuese la luz. Cuando se tiene una deuda, se tiene un problema; cuando la deuda es muy grande, el problema lo tiene el banco. Pues dejemos que el problema le explote cuanto antes al capital!
Larisa

Angeles dijo...

Difícil lo que plantea el Sr. Boaventura, muy difícil; para conseguir tal “hazaña” se haría necesario que el género humano volviese a enderezar su columna vertebral, que con el transcurso de los años, se ha ido contrayendo de forma que, la mirada propia, enfoca directamente al ombligo, (Al propio por supuesto).

Dejo aquí una propuesta de huelga, (De las cientos posibles).

Huelga

Quiero una huelga donde vayamos todos.
Una huelga de brazos, piernas, de cabellos,
una huelga naciendo en cada cuerpo.

Quiero una huelga
de obreros de palomas
de choferes de flores
de técnicos de niños
de médicos de mujeres.

Quiero una huelga grande,
que hasta el amor alcance.
Una huelga donde todo se detenga,
el reloj, las fábricas
el plantel, los colegios
el bus, los hospitales
la carretera, los puertos.

Una huelga de ojos, de manos y de besos.
Una huelga donde respirar no sea permitido,
una huelga donde nazca el silencio
para oír los pasos del tirano que se marcha.

Gioconda Belli

Besos (Una huelga de besos debe de ser terrible…Creo, que sería capaz de entender a los esquiroles)

gaia07 dijo...

Interesantísimo debate.

”… de 200.000 unidades autónomas en el año 500 d.C. hasta menos de 200 que tenemos en estos momentos… Solo en Alemania en 1648 había novecientos Estados soberanos, no hay hoy más que dos… Carneiro calcula que a partir del año 2300 habrá en todo el mundo un solo Estado. Por desgracia, como señala Carneiro, la forma principal de reducir el número de unidades soberanas autónomas ha sido siempre la guerra; de ahí que conciba la reducción de un número pequeño hasta uno como resultado de una guerra definitiva a la que el mundo deberá intentar sobrevivir como sea. Puesto que me parece virtualmente imposible que nuestra especie pueda sobrevivir a otra guerra mundial, nuestra única esperanza reside en encontrar vías pacíficas para llevar a término esa tendencia a la unidad.

Es fundamental que en la lucha por la conservación de la mente y la cultura en la Tierra lleguemos a comprender de forma más clara los límites que nos impone la naturaleza. Y sin embargo, debemos reconocer la significación del despegue cultural y la gran diferencia entre evolución biológica y cultural. Tenemos que librarnos de la idea de que somos una especie agresiva por naturaleza que no sabe evitar la guerra. Como demuestran los hechos, hemos de rechazar, por carecer de base científica, las pretensiones de que existen razas superiores e inferiores y de que las divisiones jerárquicas inter e intrasociales son consecuencia de una selección natural y no de un largo proceso de evolución cultural. Tenemos que reconocer hasta qué grado no podemos controlar todavía la selección cultural y tenemos que luchar por llegar a controlarla mediante el estudio objetivo de la condición humana y de los procesos que se repiten a lo largo de la historia”
¿Sobrevivirá nuestra especie?. Nuestra especie - Marvin Harris


Besos

ybris dijo...

Bien cuentan los de arriba con que los ciudadanos europeos no se unan -por lo menos en contra de ellos.
Procuran unirlos en torno al miedo de no acabar peor de lo que están.
Todo sea por repartirse el pastel de la Seguridad Social y de las pensiones.

Abrazos.

mirada dijo...

Yo sigo muy desmoralizada, cada día veo más claro estar fuera.

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