31/10/08

Desgaste.

Los locos van libres por las salas y pasillos o por las habitaciones de los hombres, sin que ello inspire el menor recelo de evasión o desorden. Incluso algunos de ellos, pertenecientes a familias distinguidas, acompañan a las visitas, hacen los ho¬nores de la casa. Guardan las más suaves formas de cortesía y buena educación. Ullesperger, Historia de la psicología y de la psiquiatría en España, 1854


Lo noto // + o -
Quizás esta es una tarea absurda que no // esto
Esta inseguridad es cíclica, me ocurre cuando// es
Suele pasar pronto, sí, pero mientras dura// lo
No se puede contentar a todos// que
Como este es el desfallecimiento N ya veo + o – de qué va el tema. (A) He leído post muy buenos en casa de mis colegas. (B) He tenido, o me ha parecido, alguna crítica velada. (B1) O clara. (C) El día a día cansa. (D) El auto estímulo está en horas bajas. (E) El otoño y tanta lluvia me influyen. (F) El desánimo general reinante. (G) La crisis. (H) La resurrección de los muertos, la vida eterna, amén// me ocurre
Aún así// en estos días

Cada uno será lo que quiera nada importa su vida anterior *

¿Qué c.** hago aquí cada día?// de climatología
Ni yo mismo me entiendo// adversa
Con la que está cayendo// con tanta lluvia y frío repentino
Podía intentar otros cauces, más rentables, con otro tipo de gratificación// que parece

... El hombre no es sino una mediación para entender la verosimilitud femenina…***

¿Eh?// que
Me habían dicho que esto es voluntario, no contaban con mi inocencia, que me lo creo todo, que me decían lo del contrato a relevos, como una carrera, que no hago más que correr, post arriba, post abajo, que así no hay quién se centre en escribir bien, que es de lo que se trata. Ya no estoy seguro que sea eso de lo que se trata// nunca hubo invierno

Tú no me ves desde donde yo te miro***

Está lo de los comentarios//o si lo hubo
Y es que esto de los blogs se ha convertido en una plaga, anoche me encontré uno entre la espada y la pared. Me miró con ojos suplicantes y tuve que dejarle dos comentarios sobre el platillo// fue en otra vida
Algo así como el albí garabí de los pájaros, buscar una aguja en un pajar, el desarrollo de Travian, la corrección del producto interior bruto, , el inicio de un noviembre prometedor // ¿hubo otra vida?
Y en dos días Navidad, que ya se van los pastores caminito de Belén, ande, ande, ande, la marimorena // no la recuerdo.
Amnesia // (ayer mis amigos del geriátrico me empezaron a contar que se les olvidaban las…las…no recuerdo qué se les olvidaba)

...queda entonces el amor, su oscura y cumplida tiranía, su materia poética.****


*Himno de la Legión (la cabra no canta)
**Puede escogerse el masculino o el femenino, a voluntad.
***Lacan
****Isla Correyero


30/10/08

De urólogos y monotemas.




...La poesía es como el viento,

o como el fuego, o como el mar.

Hace vibrar árboles, ropas,

abrasa espigas, hojas secas,

acuna en su oleaje

los objetos que duermen en la playa..."

José Hierro



Cuento lo que ya conoces, que estuve a un paso de la frontera, el perro negro no me dejaba respirar, vivir, a punto estuve en convertirme en el mejor paciente de los parientes de Freud, de ser un llorón de las esquinas, joder, no quería estar enfermo, no quería perder el control, no quería perder la vida, amo la vida, estoy lleno de deseos, como un animal, tengo un deseo imperioso de (hacer el) amor, de acariciar, de besar, morder, tocar, dulcemente entrar en, tiernamente estar al lado de una mujer con la cabeza en sus brazos, la suya en los míos, hablándole, hablándonos, dándole lo que es, desafío a la vida, ese es mi desafío, lo que es, cómo es, lo que quiero, me atraen los días, me estimulan, me retan, me dejan anzuelos, siempre pico, arrastro los días por la calle al final del sedal, mi triunfo, exhibo el tiempo, le saco fotos en el muelle sujetándole de la cola, pescado en alta mar, fíjate que pez tan raro, lo pescaron los años, nadie me ayudó, tantos saben algo de mí, cómo soy, cómo amo, lo que digo, lo que siento, amigos malos cuando son malos, amigos buenos cuando son buenos, mujeres y hombres tan inteligentes, tan sensibles que me quito la cota de mallas y me enfrento a ellos desnudo, con el corazón abultándome en el pecho, con las manos abiertas, “sé todo de ti” ¿tanto saben? claro que saben, cuento cosas que jamás hubiera sospechado ni siquiera que estuvieran en mi alma -¿las cuento yo?- abro mi cabeza, mi amor más puro, mis recuerdos más íntimos, mis miedos más ocultos, mis pensamientos prohibidos, mis instintos desconocidos, escribir ha hecho que afloren, ay, que me entran ganas de luchar con ella, -lector, lectora- de pelear, de romperme los botones de la camisa y desafiarla, salgamos a la calle, sí, me desequilibra, me tienta, me empuja, me reta, me gustaría verla vestida de negro, con zapatos de tacón, con el pelo mojado, seria, que me sedujera, que me contuviera, que no me dejara tocarla, que me hiciera desfallecer de deseo, saber que no lleva nada debajo de esa falda estrecha, negra, que me hiciera saltar sobre ella como un leopardo de la sabana, ay, que me llena de imágenes, que me agita, me conmueve, me arrastra por el zarzal de mi impotencia -me refiero a la vida, claro-, cuantas tonterías digo, cuantas más escribiré hoy, cuanto me atrae hacerlo, y yo, yo ¿por qué siguen dejándome un hueco en los buzones?, ¿quién escribe sobre mí?, ¿quién soy?, ¿dónde voy?, de donde vengo ya ni me importa. Bilbao es una gruta y los pies resbalan por el asfalto. La vida es corta. En la puerta del metro me encuentro con Ángel, caminando torpemente ayudado por dos muletas “Estoy en una residencia. Tuve una operación en la cabeza, de 15 horas. Me tienen que hacer otra. Ya ves, seguir, he engordado mucho”. Ángel era de mi barrio, con más edad, cuando era pequeño él era mayor pero me hablaba, era mi amigo; luego se volvió un tío raro, trabajaba de conserje, le veía y saludaba todos los días. Ahora está casi inválido, alelado, vivo. Me impresionan estas cosas, en los últimos años me he convertido en una persona diferente, más rico (en experiencias), más fuerte, más débil, más sensible, más femenino, más hombre, más dependiente, más independiente, mi vida solo tiene sentido cuando en ella mora la pasión, digo estas cosas aunque no me vean, aunque no me amen, aunque a veces me sienta en el filo de la navaja de la indiferencia, esa que ella – la vida, de nuevo- tiene en la mano y con la que amenaza, su cara cortada, su alma herida, sangrando de no poder, de no saber, de contener el dragón que hay en mí, he estrangulado al niño y lo he hecho sonriendo, estoy llamando a la bestia en la puerta de la cueva, que tenga cuidado, estoy en un momento de gran fortaleza, de enorme percepción, debo medir mis fuerzas, seguiré, pero tengo vértigo, los días no vuelven, no sé separar mi imaginación de mi vida, esta es mi vida, ¿dónde queda el otro? yo, el que sea, esperándome, sentado en el muelle, mirando el camino, no debo hacerle caso, estoy revuelto, estoy contra una pared, ah, todo esto es ternura pura, que igual crees, lees, que estoy vociferando, gritando mi rabia, no la tengo, el amor me dulcifica, me amansa, me acaricia la cabeza como a ese oso domesticado, pero no acerco la mano que me la muerde (el oso de la desilusión), tengo ganas, también, de morder, me despierta todas las ganas, todas las ansias, soy un cachalote a punto de entrar en el banco de peces (y sé que ese pececito no sabe nadar sin salvavidas) y salto dentro de una película de dibujos animados en la que el ratón empuja al gato por la borda de un trasatlántico, este trata de aferrarse al casco del buque con las uñas pero, sin remedio, resbala y resbala haciendo surcos, lentamente se desliza hasta el agua donde le esperan voraces tiburones, desde un ojo de buey me mira el cíclope y un millar de cangrejos se me ha metido en el estómago y lo muerde con dientes diminutos, hacen nudos con mis nervios, plantan substancias picantes en cada agujero. Aún medio dormido estoy en la ducha porque tengo revisión médica y el urólogo está sentado en el borde de la bañera, me ordena que me baje los pantalones y sin atender mi rubor palpa mis partes pudendas, indefensas, me toca y retoca y pregunta y estás perfectamente pero, pero?...(Ya, puede parecer muy gracioso pero imagina la primera visita al ginecólogo, en esa postura humillante, nadie me había tocado ahí – un hombre me refiero- “aquí se advierte algo, humm, veamos”) El doctor saca una raqueta de tenis y de un limpio pase en corto me golpea enviándome al radiólogo (ahí, tumbado sobre la camilla, asustado, pienso y tiemblo y cómo puede cambiar la vida en un minuto y yo venía a una consulta rutinaria, preventiva y ¿qué tendré?, ¿qué habrá detectado? justo en esa parte tan delicada ¿hay alguna parte del cuerpo, del alma, que no lo sea? Tengo mucho miedo) que me vuelve a desnudar, me impregna con un helado gel, pasa por mis ayyyyyyyyys un aparato de tortura y la ecografía le dice que no tengo nada, que tranquilo. Salgo mojado de la bañera con un tubito para los análisis de sangre, orina, de alma, por si acaso, preventivos también, mi brazo temblando, mi corazón no, vuelvo a despertar, saco el cuaderno de bitácora y apunto la posibilidad de pasear el sábado, de correr el domingo, pero no sé si el físico me acompañará y no quisiera agobiaros en absoluto pero se me terminó la tinta de todos los calamares, tengo la justa para enviar tímidos besos, creo que me dejo algo, bueno, seguiré desde el fondo del mar, desde mi hotel submarino, donde se hospedan los peces golfos, las anémonas traviesas, las piedras nadadoras y un corazón helado que ya no sé de donde saco estas historias ni a quién coño le importan ¿decías? si, 1347 palabras (ahora 1349) (ahora 1351) etc, etc.




29/10/08

Cuento para leer en los viajes a París.(y 2)

… entre tal hombre y tal mujer, nada está escrito por anticipado, no hay brújula, no hay relación preestablecida. Su encuentro no está programado como el del espermatozoide y el del óvulo; nada que ver tampoco con los genes. Los hombres y las mujeres hablan, viven en un mundo de discurso, es eso lo que es determinante. Las modalidades del amor son ultrasensibles a la cultura ambiente. Cada civilización se distingue por el modo en que estructura su relación entre los sexos. Ahora, ocurre que en occidente, en nuestras sociedades, a la vez liberales mercantiles y jurídicas, lo "múltiple" está en camino de destronar el "uno". El modelo ideal de "gran amor para toda la vida" cede poco a poco el terreno ante el speed dating, el speed living y toda una profusión de escenarios amorosos alternativos, sucesivos, incluso simultáneos.


Fragmento de una entrevista a Jacques-Alain Miller (Psicoanalista)
Por Hanna Waar .-. Psychologies Magazine, octobre 2008, n° 278





Un día cualquiera de mayo apareció la ballena, majestuosa, imponente, saltando entre columnas de agua de colores. En las rocas, junto al embarcadero pequeño, se formó la algarabía, los de azul gritaban, las de verde chillaban, el sabio del catalejo, en la proa de su barco, enfocó al monstruo e informaba.
Ella y él sabían que era una señal.

La ballena se acercaba al muelle, nadie había visto nunca un animal tan grande.
Nadie. Nunca. Un animal. Tan grande.
Ella intuyó el peligro y dijo – huyamos – y corrió carretera arriba.
Él la siguió.
La ballena se elevó sobre el puerto y su gran boca se tragó el pueblo con habitantes, casas, coches, árboles, todo.

Ellos, salvados, arriba, en la atalaya, jadeantes por el esfuerzo, volvieron la cabeza a tiempo de ver a la ballena sumergiéndose en un remolino de aguas azules.
Ella le tendió las manos y dijo –ven-.
Él miro sus ojos, luego la estela de la ballena, después se miró dentro, alrededor, al cielo y cuando quiso mirarla, ella había desaparecido, no estaba, apenas un eco de ese ven.

Ven.

Ella era la única mujer sobre la tierra y se había vuelto invisible.
Él sentía su recuerdo mordiéndole como el remordimiento por un crimen.
La ballena se alejaba, hacia el norte, lejos, lejos.
Él pensó en volver a la ciudad a mendigar cariño por las calles. Antes de partir, avergonzado, quiso mirar por última vez ese horizonte. Allí, sobre una roca, en la cueva de Og, distinguió a la mujer que amaba. Lo supo: ella era una sirena y reclinada en las mareas aún esperaba. Se acercó hasta el borde del acantilado, vio el mar en calma, se desnudó despacio, dejó la ropa doblada junto a un árbol, abrió los brazos en cruz para saltar y entonces, precisamente entonces, vino la niebla, el mundo se volvió blanco y se durmió.

¿Fin?



Cuando la nitidez del aire le despertó escrutó los alrededores de la entrada a la cueva. Nada se movía. Supo que ella había vuelto a su mundo submarino. Se vistió de nuevo, despacio, ya camino del autobús se apercibió que respiraba tranquilo. Además una sirena nunca podría vivir en la ciudad, se mintió.

Fin


28/10/08

Cuento para leer en los viajes a París.(1)

…Los estereotipos socioculturales de la feminidad y de la virilidad están en plena mutación. Los hombres son invitados a alojar sus emociones, a amar, a feminizarse; las mujeres conocen por el contrario un cierto "empuje al hombre": en nombre de la igualdad jurídica, se ven conducidas a repetir "yo también". Al mismo tiempo, los homosexuales reivindican los derechos y los símbolos de los héteros, como el matrimonio y la filiación. De allí que hay una gran inestabilidad de los roles, una fluidez generalizada del teatro del amor, que contrasta con la fijeza de antaño. El amor se vuelve "líquido" constata el sociólogo Zygmunt Bauman. Cada uno es conducido a inventar su propio "estilo de vida", y a asumir su modo de gozar y de amar. Los escenarios tradicionales caen en lento desuso. La presión social para adecuarse a ello no ha desaparecido, pero es baja.


Fragmento de una entrevista a Jacques-Alain Miller (Psicoanalista)
Por Hanna Waar .-. Psychologies Magazine, octobre 2008, n° 278




Aquella tarde llovía tanto como en los tiempos en que se reconocían. Bajo esa lluvia él adivinó en ella una dulce sonrisa. Hablaron de tal manera que las palabras se prendían en la hierba y subían por el tallo de las flores. Al caminar ella le tomo del brazo y justo ahí se abrió un claro entre las nubes, cesó la lluvia y él se perdió para siempre en aquella mirada que le dejaba indefenso, entregado.

Ella le contó que tallaba en madera de brezo pequeños peces, hipocampos, estrellas de mar.
Él no tenía habilidades especiales, solo curiosidad.
Ella era la dueña de un mundo submarino.
Él no tenía ni siquiera una sombra.
Ella vivía en una cueva bajo el monte Og.
Él nadaba sobre las olas para visitarla.

Entre esas olas les sorprendió una tormenta de espumas rabiosas, frío viento, cielo negro. Pudieron volver a la orilla saltando de planeta en planeta, cabalgando en un viento de levante.
Ella hablaba, miraba, sabía, era enigmática.
Él sospechó que era una sirena y quiso descubrir bajo su falda una cola plateada de escamas.

Los pescadores eran orgullosos, hablaban de perfil, remendaban las redes y limpiaban sus barcas, fumaban y bebían en la taberna, no creían en mujeres mágicas, mucho menos en sirenas, apenas podían señalar el sur.
Las mariscadoras rastreaban la arena con el agua hasta los tobillos, creían en las mareas, en los ciclos de la luna, en los gritos del hombre del bosque, sabían que no existían las sirenas.

Ella tenía la mirada detenida entre dos océanos.
Él apenas veía más allá del faro.
Los barcos llegaban al puerto con griterío de gaviotas, salían entre sollozos infantiles.



(sigue mañana)


27/10/08

Agotemos los días mientras hay días




Me estás haciendo que te olvide.
Me estás haciendo un daño que no sabes.
Me estás doliendo en el dolor
y tú lo olvidas.

Me estás matando con sonrisas.
Te quiero hasta los labios firmemente
y tú olvidas que el amor es uno.



¿Hasta cuándo dolor podré aguantarte?

(Carlos Ortiz 1941-1984)






Plegarias huecas en la última emboscada, templos hundidos, un cortejo con banderas de suspiros, con estandartes de aurora, con carretas de soldados mancos que caen por los agujeros del miedo, un ansia infinita de aferrarse al sitio vacío de la última esperanza. Este es un ejercicio baldío sobre las afiladas rocas del fracaso, un ensayo estéril de literatura para no decir nada, letras del caos, eco de mitos mudos, trampas para seguir un día más. Consumamos el placer, gocemos mientras las fieras devoran a los acongojados cristianos empalados en sus prejuicios. Ardamos en la hoguera de la lucidez, agotemos los días mientras hay días. El viento de la muerte se lleva todo. No, desde aquí, no.

El verdadero viaje de descubrimiento,
no consiste en buscar nuevos territorios
sino en tener nuevos ojos.

Marcel Proust


26/10/08

René Rodríguez

Dijo que era un melón y desgranó, jugosa, la sonrisa en todo el vaso de la tarde. Yo me bebí la sed de un solo sorbo y me interné en sus ojos sin mirarla. (René Rodríguez.)



Vamos, tú y yo, entre las cañas, a buscar la mudanza en el cielo que negaban los grajos que no vuelan, los cómplices del bostezo, la rutina y aquella embozada dama sentada en el viento de no vernos.

Déjame buscar, con los labios, con la rabia de un felino herido, el pasaje secreto hasta tu alma, allí donde se abren las rosas y el murmullo de íntimas verdades.

Vamos, amor, a comernos a pedazos, a perdernos en desnudas componendas, en batallas de muslos y de besos, en cuerpos que vuelven de batallas perdidas, de victorias en el último suspiro, de tanto tiempo sumergido en horizontes de peces que no llegan, siempre tan lejos.

Déjame, ternura, con la lengua, deshojarte de vergüenzas y pudores, cabalgarnos en secreto por las praderas del anhelo, amantes egoístas en las llamas de querernos, sudorosos y nuevos, borrachos de deseo.

Vamos, dueña y señora de mis noches, la emperatriz ha muerto, escondidos en sábanas y gozos, con el rostro oculto en los secretos, dejemos que nos acune el alba, una vez más, otra, y otra, para siempre.

¿Vendrás?


25/10/08

Ven.

Los cuatro idiomas femeninos (fragmento)

"Las jovencitas de mi época -poco antes de que la tierra natal se liberara del yugo de la colonia-, mientras que el hombre sigue teniendo derecho a cuatro esposas legítimas, contamos con cuatro idiomas para expresar nuestros deseos, antes de jadear: el francés para la escritura secreta, el árabe para nuestros sofocados suspiros hacia Dios, el líbico berebere cuando imaginamos volver a encontrar a nuestros ancestrales ídolos maternos. El cuarto idioma, para todas, jóvenes o viejas, prisioneras o semiemancipadas, sigue siendo el del cuerpo, que la mirada de los vecinos, de los primos, pretende hacer sordo y ciego, puesto que ya no pueden encarcelarlo por completo; el cuerpo que, en los trances, danzas o vociferaciones, en accesos de esperanza o desesperanza, se rebela, busca, como analfabeta, en cuál orilla está el destino de su mensaje de amor. "Assia Djebar (Argelia, 1936)


Ven

Quiero darte la risa,
el claro saber
de lo que hay, suma
de ayer, ausencias,
una pizca de miedo.
Y la esperanza.

Hoy.

Deseo que la tragedia,
-el tiempo-, no cambie
la alegría, ni la luz.
Que deje inmóvil
la mirada, el momento,
las ganas de vivir.

Ahora.


Digo esto pero no espero a nadie, ni a mí mismo, un cordón de angustia ciñe la esperanza, me escondo tras el brezo con los párpados huérfanos de lágrimas, con la imagen de un niño en la mirada, sin saber ya qué digo, si un desobediente duelo… y según escribo esto pienso que no tengo derecho a elucubrar así sin más motivo que llenar cada día este rincón de mi orgullo, de una absurda tarea de decir sin decir, de flores sin olor, de juegos de manos, abracadabra, nada por aquí, nada por allá, pero un (buen) poema no sale de una chistera y se necesita un dolor real, un gozo, un estremecimiento que se traduzca en versos que hieran el alma, no solo palabras, no acumular días por estar aquí, sin más… Mañana sigo, tengo hora con mi psiquiatra.


24/10/08

Antes de una despedida.

Descender por el tacto a la raíz
de ti, memoria
húmeda de mi transito.

(
Valente)


Desde el puerto roto por un huracán de estraza, con gaviotas, agitando labios y párpados, con un pie en lo negro y otro en las nubes, queriendo morder una despedida trabada en el paladar. La nave va si recuerdas mi sonrisa y mi voz -lo que tú sientes como mi voz- acaricia esos filamentos hambrientos del interior de tu pecho. No hay olas, no las ves, se deslizan por tu quilla, inofensivas, invisibles. Pero si una pluma fría, solo una, cae sobre tu vigía atenta, siempre encaramada en la frontera, entonces, ay entonces, los ejércitos de la tormenta se alborotan, se levantan en armas las normas que siempre han servido -¿o no han servido?- y se debilitan los cimientos con la humedad, dudamos de los oasis y los escarabajos del cambio te muerden los dedos del alma.

Hay realidades simbólicas como la ausencia de alfombras, la coincidencia de fechas, los espejos ahumados, la inquietud por la salud mental, transgredir la rutina tan nuestra, pero cien perros que no nos dan miedo aúllan, y con él su propio miedo, y solo puedo enviarte mis cartas que tratan de ser diferentes, mis sentimientos, que tratan de ser los mismos, mis caricias y besos, que tratan de ser balsámicos para tus otras necesidades y qué, pobre de mí, no puedo o no sé o no debo proporcionarte.

Al despedirte, justo en el umbral de un mar de chipi chapla de jibiones, me llamas amigo. Sería un tanto sarcástico que acabásemos siendo amigos, hasta cruel. Me rebelo, respeto demasiado la palabra, no soy digno, lo siento, me pesaría como una losa. Puedo ser un mal amante pero no podría ser un mal amigo. Podemos ser amigos- insistes- y se cierran los tragaluces, se enfangan los caminos, las escaleras se convierten en torrenteras por las que me deslizo remojado y confuso, alterada mi percepción, ejércitos de enanos amarillos golpean la delgada línea de la esperanza de dormir a tu lado, digo dormir y quiero decir amar, digo amar y quiero decir morder tus labios, abrazar tu cuerpo añorado y al cerrar la puerta se me ha quedado pillada la gabardina y aquí estoy, en la escalera, de pie, esperando que vuelvas.

Que duro es el oficio de amante en estos tiempos de crisis.


Justo al terminar este post y colgarlo, recibo una llamada del SEA (Sindicato de Enanos Amarillos), avisándome de la posibilidad de ejercer acciones legales sobre mi pobre persona por utilizar en vano el nombre de su colectivo.
Aprovecho la difusión de este medio para pedirles disculpas (excepto al enano Antón que es un verdadero capullo, engreído y faltón).


23/10/08

Carta breve del amante balsámico.

Los días que tú cuentas tiene el mundo:

pues cuando tú no estabas, ¿qué de real había?

(Alfonso Canales)



Amada mía, quisiera ser bálsamo sobre tu piel, ungir tu cuerpo suavemente con densos líquidos que disuelvan esa tristeza que te viste, casi imperceptible, delicada como una invitada educada pero no deseada, esa sensación que tú, estudiosa de ti misma, quieres atrapar y etiquetar, rotular, saberlo y ya. Pero no, porque también temes que mi peso, a veces grato, se convierta en lastre para lo que te guía, te mantiene, te sostiene, te impulsa, es lo tuyo, no te reconoces y una fuerza se superpone a otra, demasiadas cosas ilógicas en tu reino lógico.

Aunque, tú, oh cariño, reina, amor mío, mi dueña preciosa, mi corazón delicado, mujer diferente y bella, no leas esto como si fuese un catecismo antiguo, una verdad absoluta, dejo fluir mis palabras y las escribo instintivamente, sin pensarlas dos veces, no las adorno, me salen solas, no las releo, reflejan el ahora, siempre etéreo, siempre flotando entre el antes y el luego. Aún así, también van impregnadas de ese bálsamo amoroso que quisiera extender sobre tu cuerpo inmóvil, gimiente de placer, sobre una sábana blanca, nívea, con toda la luz entrando por la ventana, con la música que más nos guste acompañándonos, meciéndonos, mutándonos en sumos sacerdotes de nuestro propio sacrificio, en criaturas transparentes que bailan sin otro equipaje que la ilusión de haber sido.
Entre suspiros te beso, conflicto.


22/10/08

As if it could.

Sequía.


Y tienen las palabras su verano,
su invierno,

y tiempos de entretierra

y estaciones de olvido.
De pronto se parecen demasiado a nosotros,
a manos que no tocan
hijos, amigos,
y pierden su polvo en otra tierra.
Ya no las mueve el agua
de nuestra tibia orilla humana.
Navegan entre nieblas,
merodean lentísimas,
van como topos,
ciegas,
esperando.
Hermanas, tristes nuestras.


Ida Vitale



Como si pudiera.
Mi lectora del aura titubea un día más en el umbral de este ejercicio de solipsismo.
Esto sirve. Esto.

En lo alto de la página destaca la marca naranja fosforescente que anuncia que ya está registrada, que no esconde dentro ningún cadáver, muy al contrario.
Agnosticismo: doctrina filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano toda noción de lo absoluto.
Escepticismo: doctrina filosófica que consiste en afirmar que la verdad no existe, o que el hombre es incapaz de conocerla, caso que exista.

Muchos aquí conocen la teoría de las cinco de la tarde en otoño. Volver y encontrar la ausencia, un hueco, nada. La soledad sentada en una silla de esparto. ¿En qué quedamos? Ausencia con presencia, una contradicción.
Hablas y hablas –dice la del tarot.
No ves –dice la clarividente.

Los parapsicólogos verdes ondean la bandera del desconcierto detrás de la loma de la trascendencia.
Las videntes con anillos de obsidiana dejan sus manos quietas sobre la mesa, bajo los pulgares esconden ángeles caídos.
Ejercicios de caligrafía con letras como insectos retorcidos, maldición de poetas aletargados.
El aviador no ve en la oscuridad, elude las redes tendidas al aire con la pericia del pescador de rumores, viaja de lo sublime a lo abyecto, va, vuelve, gira en el viento, las culebras de la noche se enredan en el tren de aterrizaje.

Este es un post de miércoles, la semana va. Bah.

Tengan cuidado ahí fuera.


21/10/08

Oxitocina.

El loco mirando desde la puerta del jardín.

Hombre normal que por un momento
cruzas tu vida con la del esperpento
has de saber que no fue por matar al pelícano
sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros
y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada
de demonio o de dios debo mi ruina.

(Leopoldo María Panero)



No llovía, nunca llovía.

La última vez que vi a Teresa, los bomberos ya habían apagado el fuego, por lo que pude regresar al pueblo atravesando el bosque.

Al despedirme no sentí ninguna emoción especial, ni siquiera volví la cabeza como otras veces. Pero sentí el ruido de la puerta cerrándose como una guillotina.

La noche palpitaba en rumores de insectos, aves nocturnas y sapos en celo.
Recuerdo que un avión volaba muy alto, parpadeaban sus luces de situación junto a la Vía Láctea.
Entonces no sabía que la amenaza de no volver a verla nunca más podía convertirse en realidad. Qué tontería, ¿cómo iba a saberlo?

Al llegar al Storm me concentré en la cerveza y en la señorita rubia de la esquina de la barra. Julián tenía su local adornado con diversos instrumentos musicales y cuadros con fotografías de músicos de jazz. No era una decoración con demasiado sentido, Julián tampoco lo tenía, pero su cerveza estaba siempre fría. La señorita del fondo, por el interés que me demostró, no.

Me dirigí a ella y cuando nos habíamos investigado todo lo que la decencia de un tipo como yo permitía en un local público, propuse a Elena, que así se llamaba, continuar en otro lugar.

No podía llevarle a mi casa, no podía decirle que mi madre me esperaba con su cargamento de besos, amor infinito y cena en la mesa de la cocina. ¿Qué hubiese pensado ella?, los amantes no tienen madre.

Con una mirada fría me preguntó - ¿No hay hoteles en este pueblo? –.

Le miré con todo el desprecio aprendido de los protagonistas de las películas de serie B que había visto en tardes y tardes de cine en sesión continua. Tiré de su brazo. – Vamos, nena – y mi voz sonó como una cicatriz en una cebolla.

Nos perdimos por los callejones del vicio.

Ella sonreía y su mirada estaba llena de cimitarras, de gélidos deseos.
Quiso saber dónde íbamos y su voz sonó como un géiser, como un escape de gas. No respondí, tratando de pintar con misterio mi absoluta falta de iniciativa. No sabía dónde llevar nuestros deseos, aunque si sabía cómo.

Caminamos entre los ruidos de las calles, apartando gatos invisibles y olores de sopa de ajo saliendo por las ventanas. Justo al doblar una esquina me agarró de las solapas la silueta de mi nostalgia por Teresa, pero quién piensa en nieve cuando se está en el desierto. La breve falda de Elena se ceñía a sus nalgas generosas como mi mano se ceñía al apetecible espacio desnudo entre esa falda y la blusa, su carne estaba mullida y caliente.

Dios, si hubiese tenido mi coche todo sería más fácil.

Entonces recordé el apartamento de Juan, si este seguía en Madrid estaba salvado.
Bajo el felpudo estaba la llave.

En la pequeña habitación se alternaban flores de plástico, una cortina con pececillos dorados, y tres muñecas vestidas de gitana andaluza. Una joya de la decoración de principios de siglo.
Bajo mi cuerpo estaba Elena, su boca abierta, sus piernas abiertas, su corazón, si lo tenía, cerrado.
Un reloj despertador, ruidoso y anacrónico, daba ritmo a nuestros movimientos acelerados. A lo lejos se oían los grandes camiones atravesando la autopista en dirección a quien sabe dónde.
El reloj se cansaba, nosotros no.

Entusiasmados, no escuchamos los pasos subiendo por la escalera, ni la llave girando en la cerradura, sólo escuchamos ese – No, Teresa, espera, mi piso está ocupado -.

Y después desde la ventana vi a Juan y Teresa entrando en el coche, los semáforos parpadeando, Elena pidiendo que continuásemos, su pubis llamándome, un zumo de frustración saliendo desde ese maldito adagio de Albinoni que suena una y otra vez, mi mundo explotando en fuegos artificiales, y después ducharnos, vestirnos, limpiar la alfombra y a la banda sonora de mi vida se había incorporado un nuevo y triste bolero.

Volví a casa limpiándome las lágrimas a manotazos.




20/10/08

Brines.

Leo a Brines. Después de poemas sin más, termina con esto que me nubla:

¿Victoria del pensar? Cuánta derrota.
Si no existe la muerte, ya no hay causa
que haga nacer el sueño de la vida
Nos miramos los dos, y no nos vemos.
Ignorante me llevas, y cansado.

Y quiero escribir cosas que tengo escondidas en una caja que aún no he abierto, aquí debajo de un pulmón, al lado del corazón, o más abajo, justo donde salían los secretos que solo una vez he contado, si saberlos, sin que palomas o grullas levantaran el vuelo por el cazador inoportuno de la duda.

Estoy llegando al otro lado, paso a paso, no conozco estas paredes, ni las luces, aquel pueblo en la loma, camino despacio pero firme.

Quiero contar tantas cosas sin saber siquiera si me leen, si sólo miran estas letras de colores que se juntan y atropellan, que quieren patinar por el helado cauce de un literario río rutinario.

Estoy empachado de poesía, sean benévolos, no hay nada trágico, sin ser mentira nada es verdad, sólo quiero entretener con mis ingenuos trabajos cotidianos. Se me ocurren maldades ingeniosas y las borro, las aparto y conservo, las reciclo a veces, nada más, dejo aquí aquello que intenta ser bello, lo que llene los oídos incluso a quién no lee. Este día, para variar, incluyo este final, tan inquietante, es, también, de Brines.

Cada vez hay más frío en esta casa,
La terraza está negra. Pasa el viento.
Y no hay nadie debajo de los astros.



19/10/08

Obsesiones.







En mis ojos están todos los ojos.
En mis manos están todas las manos.
Te reflejas en mí tal como eres.
En mi cuerpo se repite el milagro del espejo.

(Pablo Guerrero)






Caía la lluvia y el coche corría salpicando por la carretera paralela al crecido río. Los árboles gemían mientras nosotros cantábamos, lo luminoso de dentro contrastaba con el oscuro día. Pasamos despacio por una curva inundada, se oían las grandes gotas en las ramas mientras el viento hacía crujir las hojas muertas. Seguimos, un corzo desorientado cruzó la carretera, al tratar de esquivarlo el automóvil se salió del asfalto y chocamos contra un talud. Cesaron los cantos en aquel paraje desierto, luego llegó la noche, la pierna me dolía tanto, José no se movía y Carmen había desaparecido. Lo soñaba una y otra vez, como una obsesión.

También recuerdo cuando noche tras noche evocaba a Esperanza. La esperaba en la puerta trasera del colegio y ella salía por la principal. La esperaba en la principal y aquel día se quedaba corrigiendo exámenes. Nunca coincidíamos y yo volvía a casa triste. Es curioso porque aquella casa gris no era mi casa.

Después era repetido soñar que pasaba frente al portal de Nuria para pretextar la causalidad, un encuentro fortuito, algo que me permitiera verla. Paseaba arriba y abajo por una calle que no conocía, con viandantes sin rostro, sólo un número de portal, el 17.
Obsesiones.

Nunca me crucé con Nuria.
Coincidí con Esperanza y aquel día supe que lo nuestro era un desencuentro.
Sí, tuve un accidente, el mismo del que me recupero ahora. Una pierna rota. Iba solo.
Aunque es raro ya que no tengo coche.
Tampoco conozco a ninguna Nuria.
Mucho menos a Esperanza.
Todos los José que conozco se mueven.
No tengo ni idea de quién escribe esto.
Y tú que lees ¿quién diablos eres?


18/10/08

Hoy no escribo


Por lo demás, Vaudesquin, observador modesto, pero tan sagaz, de los desfallecimientos morales entre los soldados del Imperio, resumió, ya en 1802, observaciones de ese género en una memoria, hoy clásica, si bien injustamente despreciada por nuestros estudiosos actuales, en la que notaba, como digo, con mucha exactitud y precisión, crisis llamadas "de confesión", que sobrevienen, señal exce­lente, al convaleciente moral... Nuestro gran Dupré, casi un siglo después, supo establecer a propósito del mismo sín­toma su nomenclatura, ahora célebre, en la que esta crisis idéntica figura con el título de crisis de "acopio de recuer­dos", crisis que, según el mismo autor, debe producirse, cuan­do la cura va bien encauzada, poco antes de la derrota total de las ideaciones angustiosas y de la liberación definitiva de la esfera de la conciencia, fenómeno secundario, en resumen, en el curso del restablecimiento psíquico. Por. otra parte, Dupré, con su terminología tan caracterizada por las imá­genes y cuyo secreto sólo él conocía, llama "diarrea cogita­tiva de liberación" a esa crisis que en el sujeto va acompa­ñada de una sensación de euforia muy activa, de una recuperación muy marcada de la actividad de comunicación, recuperación, entre otras, muy notable del sueño, que vemos prolongarse de repente durante días enteros; por último, otra fase: superactividad muy marcada de las funciones genitales, hasta el punto de que no es raro observar en los mismos enfermos, antes frígidos, auténticas "carpantas eróticas". A eso se debe esta fórmula: "El enfermo no entra en la cura­ción: ¡se precipita!". Tal es el término magníficamente des­criptivo, verdad, de esos triunfos en la recuperación, mediante el cual otro de nuestros grandes psiquiatras franceses delsiglo pasado, Philibert Margeton, caracterizaba la recupera­ción de verdad triunfal de todas las actividades normales en un sujeto convaleciente de la enfermedad del miedo...

(Viaje al fin de la noche – Louis-Ferdinand Céline)



beinArt Surreal Art Collective

Hoy

beinArt Surreal Art Collective

no escribo

beinArt Surreal Art Collective

he salido a recolectar.

beinArt Surreal Art Collective


Se aceptan limosnas.
Aunque sea mentira.



(picar en el agua)


17/10/08

Rana

Por si nos roban el teléfono móvil.

Para obtener el número de serie del teléfono móvil hay que marcar *#06# y sin más, en el visor aparece un código. Este código, único en todo el mundo, es el número de serie del equipo.

Toma nota del mismo y consérvalo en un lugar seguro.
En caso de robo del móvil, avisa al operador de tu compañía y dale este código.
Esto permite que el móvil sea bloqueado completamente, aunque el “nuevo propietario” cambie la tarjeta SIM.



Días de estrés, tres días, tres, para irme, irnos, Berlín, ¿quién quedará? Jet lag al llegar a Tokio, al volver. HimiKo, la criatura que ve el fuego, se acerca con una bandeja de dulces y café. Confusión de lenguas. Leda y el cisne amándose en la última fila del cine de verano. Plantas carnívoras en la terraza. Impiedad en la dúctil semana. Escritos surgiendo de lo cotidiano, también de la literatura que se acumula por las paredes de la casa, llena de cintas de colores incluso el pasillo. Flor de pitiminí en la puerta del night club. Pasifae agradecida y llorosa. Soy una rana diminuta sobre los nenúfares.


(Picar en el verde)

Llega la novena ola, por ajustes neuronales y restauración de la base de datos mental del usufructuario y trabajador de este espacio, durante este fin de semana procederemos a recopilar sus recuerdos, imaginaciones, intuiciones, insatisfacciones, premoniciones, alegrías y otras incidencias del cerebro (+ del corazón) con el fin de seguir ofreciéndoles el dudoso beneficio del rincón glup (2.0). Os aprecio, ¡eh!, a ti, a ti, a ti. (Pero ¿estáis sordos?)


16/10/08

No se ría nadie.

Extendido entre tardes, lentas tipografías, perdido entre los trenes que buscan el presente, con una vista al campo como un cristal ahumado, vivo ordenando sillas, cambiándome de ropa. Peinado a contrapelo, calzado de caminos, recorro las distancias póstumas de la vida y miro en las revistas chicas de ombligo dulce como una flor inversa que florece hacia adentro: pálida celulosa de sus cuerpos turbados que pego en las paredes duras del solitario. Extendido entre muertes, solo como una hectárea, dolido entre los meses rojos y ferroviarios, con un libro sin hojas y unas gafas cansadas, muero ordenando trapos y nombres de mujeres. (Umbral)



Este es un espacio literario.
Eso no excluye que a veces cuente cosas de mi realidad.
Por ejemplo, ya he contado aquí que me casé hace tres años con E y que mi relación con ella es activa, plácida, variada. No tenemos hijos.
También he contado que tengo una amante, B.
Soy un hombre de mi tiempo, avanzado, progresista, de ideas liberales, un hippy con corbata.
La verdad es que en este tiempo he contado casi todo sobre mi vida.
Queda algo.

En un matrimonio tan largo hay lugar para muchos cambios. Amo a E, es una mujer inteligente, sensual, muy atractiva, independiente y cocina la pasta italiana como nadie (tiene parientes en Roma). Nos llevamos bien, disfrutamos mucho juntos.

El hecho de mi relación con B es puramente casual, o sexual para ser más preciso. Trabajamos en la misma empresa. En una convención en Barcelona, hace un año, después de las aburridas sesiones de protocolo empezamos una conversación en la cafetería del hotel, de ahí tomamos una copa, luego otra, seguimos la charla en mi habitación y a la mañana siguiente dejamos ya de hablar de trabajo para hablar de esa noche primera, inolvidable.
Repetirlo a partir de ahí fue fácil, necesario y grato. Nos juntábamos en cualquier sitio, en la sala de reuniones cuando todos se habían ido, en el hotel de la playa, en su casa cuando su marido estaba de viaje. El hecho de trabajar juntos nos proporcionaba la coartada suficiente para evitar comentarios molestos que pudieran llegar a oídos de mi esposa.
Esta relación no me alejó de E, al contrario, estimuló nuestro matrimonio y las noches eran más imaginativas, no tan intensas dado mi exceso de actividad, pero igualmente apasionadas.

Así continuamos durante varios meses, hasta la cena de la oficina, una de esas aburridas reuniones donde los hombres hablan por un lado y las mujeres por otro. Se conocieron, ellas. Me resultó excitante ver a B y E charlando animadamente. Todo fue bien, tanto que mi esposa invitó al matrimonio a cenar en nuestra casa el siguiente fin de semana. E no sospechó nada. B estuvo discreta.

La cena fue un éxito, la conversación animada, bebimos un poco y tratamos de temas calientes, los cuatro reíamos, contentos. En algún momento E hizo una indicación sobre mis habilidades y B me miró con ironía. Pero todo terminó de manera satisfactoria y ese fue el inicio de una relación amistosa entre las dos parejas. Eso no excluyó que B y yo nos siguiéramos viendo –etc- en cualquier oportunidad.

Se hicieron amigas, era inevitable. Quedaban para ir de compras, para ir al gimnasio, al cine. Parecía que se conocieran desde siempre. Lo pasaban bien, se divertían, sobre todo se divertían mucho juntas. En algún momento llegué a sentirme celoso.

Aquella tarde me sentía cansado, malhumorado, había perdido una cuenta importante y para colmo B no estaba en el despacho. Decidí irme a casa antes de la hora de salida. Ya al abrir la puerta noté algo extraño, un rumor al fondo de la casa. Claro, allí estaban, puede oír sus voces, cómo no lo había sospechado. E y el marido de B abrazados sobre la cama matrimonial, mi cama. Nos miramos, los tres, cerré la puerta y me fui.

Seguimos reuniéndonos para cenar, los cuatro. Ahora B y yo apenas nos buscamos. Prefiero no saber si E busca al estúpido del marido de B. Somos personas civilizadas, modernos, desenvueltos, de hoy, pero espero el momento para partirle la cara a ese hijo de puta.

Este es un espacio literario, repito.
Bueno, sí, ya basta, que no se ría nadie.


15/10/08

La muerte del blog.

Pues allí estábamos, frente al restaurante, en medio de una acera muy transitada por gente que chocaba contra nosotros, que estábamos parados en silencio y mirándonos. De pronto, susurré que me gustaría acostarme con ella. Me contestó que estaba pensando lo mismo. Instintivamente los dos miramos a nuestro alrededor. Yo dije que deberíamos buscar un hotel, pero que no me quedaba ya nada de dinero. Y ella dijo que tenía apenas el suficiente para tomar el autobús. De nuevo quedamos en silencio. Entonces, creo que comenzó ella, nos dio un incontenible ataque de risa. (José Manuel Fernández Argüelles)


Mantenedores de bitácoras del mundo ¡arrepentíos! el fin del blog se acerca.

Nubes agoreras pronostican la muerte de las bitácoras, la paulatina disminución de usuarios, el agotamiento de la fórmula, la falta de interés, la diversificación de páginas con contenidos profesionales, con mejores recursos técnicos, con el aburrimiento de los viajeros del espacio que piden otros diseños, otros temas, otras emociones.

Escribir es una necesidad.
Leer nunca ha estado de moda.
Ser esta anticuado.
El video mato a la estrella de la radio.

Algunos mantenedores de bitácoras abandonan, agotados, se quejan del trabajo que les lleva, de falta de respuesta, de falta de imaginación, de falta de tiempo para otros quehaceres, de incomprensión, de la fatiga de ser otros, de que, al final, detrás del escaparate solo queda silencio.
Otros pasan a formatos más elaborados.
Otros desaparecen, sin más, de sus apodos, de ellos, no queda ni el recuerdo.
Nadie sabe si ya han cumplido su objetivo, cual es su queja o su vacío, cual la motivación real.

En breve será solo otra tendencia pasajera más, una moda fugaz, un recuerdo de nostálgicos, una herramienta de jubilados, de personas con tiempo libre.


Plinio leía a los amigos sus versos y dramas en el triclinio. Pronto estos amigos invitaron a sus propios amigos a escuchar sus versos en sus triclinios. Estos amigos construyeron auditorios en sus casas y juntaron allí no solo a sus amistades, sino incluso a las gentes que pasaban por las calles y caminos; a todos, conocidos, y desconocidos les leían sus historias, sus discursos. Llegó un día (lo cuenta Jeróme Carcopino) que había en Roma tantos triclinios que no quedaron oyentes.




14/10/08

Luigi Pirandello.

En cambio, me obsesioné pensando que yo no era para los demás aquel que hasta entonces, para mí, me había figurado ser.

Un hombre se mira al espejo.
Dos hombres hablan sentados en un sofá; de sus bocas salen hombres diminutos que se alinean sobre una línea curva.
Siete hombres reclinados en pequeñas sillas se miran entre sí formando un círculo de conspiración; en sus rodillas descansan violines sin arco.


Yo quería estar solo de un modo absolutamente insólito, nuevo. Todo lo contrario de lo que pensáis vosotros, es decir, sin mí y precisamente con un extraño alrededor.

Un hombre con la oreja derecha apoyada en la pared habla a su sombra.
Dos hombres con máscaras se empujan junto a una pared de ladrillos rojos.
Cien chinos sin pies riendo y hablando en pequeños y animados grupos.
Un hombre sentado frente a una mesa, en mitad de un movimiento; frente a él un hombre con la cabeza inclinada (pueden ser un psiquiatra y su paciente, un interrogador y su víctima, un jefe y su subordinado)
Dos hombres conversan animadamente, ajenos a todo; unos pasos más allá otro hombre les mira interesado.
Una cantidad indeterminada de hombres con tambores que no suenan, los espectadores están excluidos del sonido.
Así quería estar yo solo. Sin mí. Quiero decir sin ese yo que ya conocía, o que creía conocer. Solo con un cierto extraño, que sentía ya oscuramente que no podría apartar nunca más de mi lado y que era yo mismo: el extraño inseparable de mí.
¡Entonces sólo advertía uno! Y este uno, o la necesidad que sentía de permanecer sólo con éste, de ponerle delante de mí para conocerlo bien y conversar con él, me turbaba sobremanera, con una sensación entre de rechazo y de espanto.
Si para los demás no era aquel que hasta entonces había creído ser, ¿quién era yo para mí?

Un hombre en la puerta de una habitación de baldosas irregulares mira un tambor apoyado en la blanca pared.
Dos hombres sentados espalda contra espalda, cada uno mira para un lado.
Varios grupos de cinco hombres que juegan, ríen, se empujan, saltan, dan sensación de gran camaradería; el conjunto desde el aire da una sensación de gran movilidad.
Un hombre en mitad de una habitación que parece el almacén de un teatro con diversos instrumentos musicales esparcidos por el suelo.
Un hombre sentado en la primera fila de butacas de un teatro vacío, es el único espectador, la orquesta está tocando pero no se oye nada, no hay sonido.
Un hombre entra a la casa de la memoria por la puerta principal y al rato sale por una ventana que da al patio.
Un hombre insomne con los brazos en cruz sobre una cama sin sábanas, en ese cuarto hay un zumbido nocturno que cesa al amanecer.
Un hombre en una ventana, un hombre en un balcón.
Un hombre frente a otro hombre, juntos pero solos, no pueden, no saben comunicarse.



¿Y los demás? Los demás no están en absoluto dentro de mí. Para los demás, que miran desde fuera, mis ideas, mis sentimientos tienen una nariz. Mi nariz. Y tienen un par de ojos, mis ojos, que yo no veo y que ellos ven. ¿Qué relación existe entre mis ideas y mi nariz? Para mí, ninguna. Yo no pienso con la nariz, ni me preocupo de ella al pensar. Pero, ¿y para los demás? ¿Los demás que no pueden ver dentro de mí mis ideas y ven desde fuera mi nariz? Para los demás, la relación entre mis ideas y mi nariz es tan íntima, que si aquéllas, supongamos, fueran muy serias y ésta por su forma muy ridícula, se echarían a reír.

(fragmentos de “Uno, ninguno y cien mil”. Luigi Pirandello).

Conócete a ti mismo.
Eso mismo.

Independencia entre el escritor y el lector
Escribo ajeno al espectador/lector.
Ni siquiera sé si están ahí.
Los demás no nos ven como nos vemos.
¿Quién eres?
¿Quién soy?


En este texto no hay mujeres.
Es lo que hay, hoy.




Ilustraciones : Craig Frazier


13/10/08

Astronauta.

...ya sabes que no puedo, ni tú puedes
renunciar y borrarte: te has escrito...

(Guillermo Carnero)

Un astronauta es un dibujante colgado de la negra piel del universo, un ave de presa que se disfraza de ángel con escafandra, un investigador de espacios no transitables por bandadas de patos, por vientos de superficie arrastrando veletas con cabeza de gallo. Es un físico sin codicia por las olas de mares detenidos, por nubes como cicatrices, por piedras temerosas del rocío. Un matemático limitado a diez números, a contar al revés, de más a menos, de todo a nada, una paradoja que acaba en cero y empieza un viaje al más allá o al infinito, a un agujero negro o a un resquicio de eternidad, rincón donde viven los vigilantes celestiales, si los hubiera, si desde un azar de estrellas muertas y espacios inabarcables su mirada otease el afán de saltar a esa nada sin color, ahí arriba, tan lejos. Un astronauta es un hombre con muñones en las alas.

Pienso esto mientras paseo por la Vía Apia. Soy otro turista más, anónimo detrás de unas gafas negras. Algunos me gritan:"Johnny, Johnny ¿dove vai?". En los abarrotados estantes de la Feltrinelli encuentro un curioso “Il cha-cha-cha dei cosmonauti”. Escucho esta música de Battista Lena en una habitación con espejos, en el palacio junto a Trevi, una marea de japoneses y españoles bajo la ventana, la niebla de siglos detenida en una esquina de patio, entre la hiedra que amordaza los inmóviles caballos de mármol blanco.

Aspiro la noche de mayo. Estoy aburrido de estar en Roma. No sé quién es esa joven que duerme, plácida, con sus grandes glúteos rosados, su melena rubia desparramada sobre la almohada. Me viene a la cabeza, una y otra vez, una ventana redonda enmarcando una Tierra luminosa, pequeña, lejana.
Y aquella sombra, fugaz, inaudita, inquietante.
Y la Voz.

Mañana nos recibe el Papa, seguiré el protocolo, debo arrodillarme y besar su anillo.
Él pondrá sus manos sobre mis hombros y realizará la pregunta.
Le contestaré: no, no vi ningún dios.

Quiero volver a California.


12/10/08

No, desde aquí, no.


El amarillo, el verde, el encendido
rojo sólo para morir
bajo el tendido velo del otoño.

La luz no está en la luz, está en las cosas
que arden de luz tenaz bajo la lluvia.

Nada tiene más fuego en sus entrañas
que la melancolía ardiente de esta hora.

Nada tiene más fuego que la ausencia.

¿Llorar?
Lloradme nunca.
Me he perdido
con el aire en las bóvedas tan bajas
de un cielo que, piadoso, me disuelve.

(Valente)


No, desde aquí, no.
Angustia del tiempo que vendrá.
Investigación desde la sospecha.


No era esto y es demasiado tarde para pedir prórroga, para empezar de nuevo. La suerte está echada y la alucinación de los santones se apodera del mundo. Plañideras chorreando misterios, no saben de la timidez, la fiebre se ha apoderado de sus conciencias. Este es un sacrifico estéril, la confirmación de un fracaso, el hombre ardiendo en la hoguera de su propia lucidez.

Hay una rapsodia de estrellas en fuga.
Hay una flora amarga creciendo en el desierto.
Hay una voz que reclama placer inmediato.
Hay una lluvia de lágrimas desconocidas.

Certeza que devora la incertidumbre.
El viento de la muerte se lleva todo.
No, desde aquí, no.


11/10/08

Edad.

Sólo tu amor y el agua... Octubre junto al río
bañaba los racimos dorados de la tarde,
y aquella luna odiosa iba subiendo, clara,
ahuyentando las negras violetas de la sombra.

(Pablo García Baena)


Juan ha sido un hombre enérgico, emprendedor, un luchador por lo suyo y para los suyos. Ha formado una familia que le rodea y le quiere. Se puede decir que ha tenido una vida llena. Ha trabajado mucho pero también ha disfrutado. De fuerte constitución física, no ha tenido ninguna enfermedad importante.

Su pasión ha sido la pesca. Siempre ha sido un enamorado de Cádiz, de su clima y de las gentes que allí viven. Desde que se jubiló viajaba allí cada seis meses, para pescar. Disfrutaba en la lucha por capturar grandes peces.

El año pasado tuvo un serio problema de salud. Se recuperó parcialmente, aunque ha perdido bastante visión de un ojo, su cuerpo sigue con parecido brío, se comporta como un hombre joven, camina muchos kilómetros todos los días. Pero su mente ha quedado en un estado limitado, ha vuelto a la niñez.

Hace dos semanas su hija le reprendió por tanta actividad.
- Papá, no puedes salir tan lejos tú solo.
- Llego hasta ahí y el doble, soy un deportista–dijo él-
- Ya, pero tienes ochenta años y ya no puedes jugar- dice la hija-.
- ¿Qué?, ochenta años, tú estás loca, yo no tengo ochenta años.
- Si, papá, tienes ochenta años, recién cumplidos.
- No.
- Sí, los tienes, estás muy guapo pero los tienes, dos más que mamá.

Juan se queda callado. Mira por la ventana. Piensa. Da vueltas por la habitación. Se sienta. "Entonces- dice- soy un viejo. Soy un viejo". Y sus ojos se llenan de llanto, de un llanto sereno y hondo, de lágrimas que brotan de la comprensión de su realidad.

Alucinante


10/10/08

Bluma Zeigarnik.

Ha pasado un mes y Carmen aún no me habla. He inventado las cosas más disparatadas. No me cree. Algo se me ocurrirá. No puedo decir la verdad. Sería peor. Si supiera que es Marta nos mata a los dos. Tantos años trabajando juntos. Aprecio mucho a su marido. Soy padrino de su hijo pequeño. Fue tan de repente. Espero que nadie nos vea entrando en el hotel. En los últimos años a Carmen no le apetecía demasiado… Qué diferentes son. Quizás debí discutirlo con ella. ¿Qué digo? Carmen jamás l




“Se llama «efecto Zeigarnik» al fenómeno psicológico de tensión o evocación que deja una tarea o una experiencia que quedó inconclusa o incompleta. El efecto de Zeigarnik indica que la gente recuerda las tareas inacabadas o interrumpidas mejor que las terminadas. Fué Bluma Zeigarnik quién primero estudió el fenómeno después de notar que los camareros se parecían recordar órdenes solamente siempre y cuando la orden estaba en el proceso de ser servido. Algunos sugieren que los estudiantes que desean recordar mejor material dejen aprender inacabado al tomar roturas, según el efecto. También se sugiere que el efecto está detrás del dispositivo del diagrama del cliffhanger.”


Lacán.

¿La séance courte?

Quizás.


09/10/08

Hoy (3).

Quiero llorar porque me da la gana

como lloran los niños en el último banco

porque yo no soy un hombre, ni un poeta,ni una hoja

pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado

(Lorca)


...Tus cartas brillan y me confunden. Hubiera preferido continuar con la rutina de tu ausencia. No, no, no. Prefiero esta zozobra. Mirarte es un milagro. Oírte es un regalo. Tocarte es la utopía. ¿Cómo entendernos? ¿Por dónde terminar lo que jamás ha empezado? No hay atajos, el camino tiene definidas las paradas, las fuentes, las sombras, el cobijo, el miedo. No puede ser, no puede ser, repetimos, obstinados, juiciosos, conscientes, pero este río subterráneo nos moja y nos deja, helados, perdidos, en el viento de la duda. Sin embargo, también, algo nos tortura, nos lacera, un agravio oculto que nos mantiene en guardia, una vieja deuda de no haber sabido, de no haber podido. No soltamos el escudo, con miedo de nosotros mismos. Giramos uno alrededor del otro como dos fieras que temen el mordisco, la herida. Nos tememos.

Te idolatro, desde que me he asomado a tu boca, adoro cada curva de tu cuerpo, cada esquina, cada músculo, cada movimiento de tus manos agitando el agua de mi deseo nuevo, constante. Obstinado, cómo me gustan tus labios, tu cara, tus nalgas redondas como nubes blancas. Qué daría yo por sentir tu cuerpo junto al mío y escuchar tu respirar en las noches sin sueño, por sentirte temblar en el placer. Ensimismado, como me gustaría mirarte y verte al trasluz de todos los soles de tu galaxia de gestos. Como quisiera regalarte cada día la cesta de frutas que te refresque, la palabra que te alegre, la mirada que te llene de orgullo, el silencio que te envuelva y te haga comprender que sin ti, mi vida no es nada, no tiene sentido, náufrago perdido y sin tabla, sin barco, sin orilla a la que regresar.

Mas de 20 años y 20 más y 20 y 20 más hasta romper la estadística y la cifra, hasta quebrar la lógica de nuestros egos golpeando como campanas, como leones marinos que chocan y chocan hasta quedar exhaustos, derrumbados y abrazados en un instinto común de no alejarse. Más de 20 años, la eternidad, deseándote en cada roce que no tuvimos, pobre alucinado sometido a tu encanto, amándote como único argumento en el teatro de la vida, sin más motivo de vivir que ya quererte sin poderte querer, por los siglos de los siglos, amen.


08/10/08

Hoy (2).

Eres lo que está dentro de mí y está lejano.

Huyendo como un coro de nieblas perseguidas.

Junto a mí, pero dónde? Lejos,

lo que está lejos. Y lo que estando lejos bajo mis pies camina.

El eco de la voz más allá del silencio.

Y lo que en mi alma crece como el musgo en las ruinas.

(Pablo Neruda)


...Y así han pasado más de 20 años de silencio, submarinos, en otra dimensión. Con el mismo milagro estremecido latiéndonos oculto en la vena de los días, como fiestas acuáticas, como aves que no migran, como rayos de acero y de rubíes.

Que horizonte más corto nos alberga: tú y yo. Sin embargo, que desmesura de universo entretejido entre ese nosotros de besos no dados, encadenados a la tristeza de tanta ternura derramada, perdida, encerrados en la tragedia de transitar enamorados y ausentes, deshabitados uno del otro, sin retorno, como un río de musgo, de sollozos, de peces sin sonrisas. Solos, lejanos, desconocidos, sin resquicios, como una torrentera de relojes averiados, brotándonos dulzura y muérdago en cada orquesta que ameniza esta película que hemos visto mil veces y nunca acaba bien.

A estas alturas, no sé qué milagro, qué azar, artimaña, fatalidad,o destino ha enfrentado, por fin y sin remedio, el hambre de sabernos, de imaginarnos, de substanciarnos. Eras la cariátide que sostenía mi niñez perdida, tan lejana, pero hoy eres otra. Y que imprevisible eres, que distinta, que llena de caracolas, de escarabajos, de trompetas. Con esa música de Mozart a lo lejos como una llamada, como un desafío, a lo lejos, y cómo la odio, cuanto la envidio. Qué habitada estás de todos los cielos sin tormenta, de todos los bosques con hadas melancólicas, de todas las tardes como campos mojados por la lluvia, de todas las noches perdidas en mares de arena, congrios y cangrejos. Qué magnánima eres, qué generosa, qué llena de todas las luces y colores. Sin saberlo tienes toda la sabiduría, sabiéndolo ignoras lo que olvidamos en tantos años separados, en tanto aliento no compartido, en suspiros y saliva y amor golpeando en los cristales como un pájaro perdido entre la niebla que no logramos disipar con caricias al aire. ¿Queda algo en ti de aquella dulce niña?...

(sigue)


07/10/08

Hoy (1).

El libro de aventuras del regreso sigue en blanco. Ni los hombres Sensibles, ni los pensadores del eterno retorno, ni muchos de nosotros - que a veces creemos volver- hemos podido dar un solo paso. Esto no nos impide ser dichosos algunas veces, a pesar de todo. Las personas decentes nos piden madurez y resignación. Quieren que olvidemos nuestras trágicas ensoñaciones. Pero nosotros no queremos olvidar. Y el que olvide, jamás, jamás podrá ser nuestro amigo. Ni siquiera cuando volvamos a encontrarnos otra vez y para siempre. (El ángel gris. Alejandro Dolina.)

Fulminados, que nadie se mueva, todo el mundo quieto como una estatua de oro en un jardín celeste; que fluyan y canten las fuentes de lava detenida; que los murciélagos oculten las nubes y se coman las luciérnagas de la duda; que el estigma se disipe; que los cíclopes utilicen un anteojo de plata para atisbar las estrellas; que miles de enanos vestidos de verde toquen los tambores; músicos, afinen esos violines; ¡que todos lo sepan!: llevamos, los dos, ay, los dos, mas de 20 años de amor en secreto, de desdicha no compartida, de caminos separados, de amor sin medida, de mirar hacia el mismo límite del tiempo, de soñar que la vida empezó con nosotros y no se acabará nunca. Y no se acabará nunca.

Antes de conocerte nada existía. La vida se recostaba en mi familia y estaba lleno de juegos callejeros, de curiosidad, de paz. Ignoraba que estaba a punto de asomarme al balcón que daba a otro mundo, lo ignoraba casi todo.
Un día cualquiera, pudo ser un jueves, pudo ser en marzo, pudo ser abismo, entraste en mi vida. Irrumpiste como un cataclismo, como una tormenta que todo lo movía, todo lo cambiaba. Irremediablemente y para siempre. También ignoraba que aquella dicha era una entrega a cuenta del dolor que vendría después, que aquella niña iba a convertirse en un monstruo mitológico que me devoraría las entrañas día tras día...

(sigue)


06/10/08

Derroche


Y nosotros lo contemplábamos maravillados

en las cabañas húmedas del miedo

(Valente)








Derroche del que da lo que no tiene, desborde de mar insumiso en olas, riada, agua que cae del desierto, de abajo arriba, se nos van a mojar los pantalones del alma, se nos va a mojar el alma, desalmados, arrecife con tigres que naufragaron, isla que emerge, Atlántida inversa, no os comáis las margaritas, monedas enterradas en el fangal, caza y captura del diferente, del que no es cómo, del otro, color, credo, acento, no entiendo, habla en cristiano, llegaban en pateras aéreas, paracaidistas de invierno, caían sobre los sembrados y ya no era el hambre, era otra cosa, también duele dentro, en un punto indefinido del estómago, del cielo del pecho, del horizonte de los pulmones, quizás quiero a los que no conozco, sólo, quiero estar en la plaza, ser esa mano que se agita con otras manos, quiero escoger con quién estoy, no más malas palabras, no más frío, no más obligaciones porque siempre ha sido así, alto, fin, se acabó, empieza otro tiempo, empieza la vida y estoy en la playa aunque llueve a mares, se desborda el mar, se ahogan los delfines, riada desde el desierto, llegaremos a París, pon X, más lejos, vamos a partir, el que quiera que suba, aún hay billetes, viajeros al tren.

Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde debe estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él." George Bernard Shaw


05/10/08

Straniero nella sua patria.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

(V. Aleixandre)



No tengo ganas de escribir nada.
Posiblemente tampoco tengo de qué.
Está este tiempo tan cambiante.
Está el estímulo interno, el externo, lo que ocurre, lo que no, malos tiempos para la imaginación.

Podría contar lo del velero, la bruma en la ría, el musgo en las escaleras de piedra, el bar Noruega lleno de marineros, la cerveza entre los estibadores del muelle, el humo, los gritos, las partidas de cartas, las copas sobre el mostrador, el frío fuera, nuestra sola presencia allí era un desafío, ella a mi lado, con sus botas altas, desnuda bajo el abrigo de pieles, yo susurrándole mi deseo al oído, la nariz sumergida en su melena cobriza, las miradas turbias de alrededor, los hombres acercándose, remoloneando, miradas retadoras, frases obscenas, cuando se acercó demasiado aquel matón de taberna nos fuimos, la vuelta al hotel, las risas, la noche amorosa abrigándonos.

No me apetece contarlo ahora.
Quizás mañana.




04/10/08

Errores.

Mozart nació el 27 de enero de 1756 en Salzburgo (Austria).


El Réquiem. Me equivoco. Clic. Esto es democracia pura. Una persona, un blog. Blog. Él, ella escribe. Tú escribes. Yo escribo. ¿Quién lee? Los que aún no tienen página, los que la tienen y descansan, los que buscan inspiración, consuelo, contraste, paisajes, yo qué sé. Pero nadie habla sobre la nube de Oort o sobre el cinturón de Kuiper, la astronomía no interesa. Con las cenizas de las últimas horas/ se emboza la tierra del Fin de la Tierra...se traduce a sí mismo Luís Rei Núñez y nadie escucha. Mueren los planetas y los poetas y aventamos su recuerdo hasta que los centenarios -reales o inventados con premura- donde hurgan los mercaderes, saque de la trastienda a músicos y poetas y nos quieran vender sus obras completas en lujosos Cd´s, en libros con fotos y voces figuradas, con colores ahora que Emule les emula y roba –perdón, transacciona - //Stop// Hace un mes (+ o -) estaba de vacaciones y sin transición navego por crisis y crisis, dubitativo, medito y medito hasta que mi diccionario panhispánico de dudas me aclara eso de Complacer -: satisfacer (un deseo): acceder a lo que ( alguien) desea, causar satisfacción. Y también, Complacerse -: encontrar placer en algo. Mientras me complazca obviaré la tiranía de las cifras que me voy tatuando en las ingles. Aquí sigo, con el Réquiem.

El 5 de diciembre de 1791, Mozart fallecía a los 35 años de edad, en Viena.


03/10/08

Azar.


Asomarse, dentro, al desencanto, al abismo interior.
Reconocernos.
Dar nombre a los miedos.
Discernir entre la levedad y lo supremo.
Detener la música, no sirve.
Centrarnos en la soledad.
Ensimismarnos en las preguntas antiguas.
Temblar de espanto ante el silencio ilimitado.
Tomar del armario una chaqueta, al azar.
Salir a la noche despierta de los infelices.
Perdernos en las calles solitarias.
Mirar absorto los puentes, la invitación de las cornisas,
la sombra bailarina del vacío.
No esperar ya nada de este tiempo dolorido.
Caminar junto al borde de la ría en su pausada bajamar.
El ayer no sirve, hoy es esta orilla, línea de esperanzas ahogadas.
Vagar errante bajo la fina lluvia.

-No le vi, señor agente, salió sin mirar, no pude esquivarle.-
Sirenas de ambulancias.

Y ¿esto era todo?, ¿esto era la agonía?
Los enigmas se llenan de respuestas.


02/10/08

Carta a J. bajo un magnolio.

El que no posee
una sombra en su interior
una Sombra a la que uno pueda retirarse
de la multitud humana
una Sombra, una penumbra, un manantial secreto
que murmure pacíficamente
un Manantial cuyas aguas curen
la fiebre del alma
se encuentra desamparado en el desierto,
cegado por el sol,
condenado a creer
en todo espejismo
y la arena del desierto cambia
constantemente de forma,
la ciudad, desaparecida del mapa,
seguirá igual de alejada

El que no posee
una Sombra, una penumbra, un manantial secreto
un Manantial cuyas aguas curen
la fiebre del alma

Desgraciado aquel que no tiene una Sombra en su interior

Arto Melleri
(Traducción de F. J. Uriz)


Niña bonita inmune al tiempo, que se le sientan al lado, enfrente, escritoras llenas de manías y magnesio, invadidas por seres extraños, jóvenes ahítas de aminoácidos, melancólicas con libros de poemas bajo el brazo, jubiladas de vivir, adolescentes subiendo la cuesta de sus bajadas, curiosos novelistas atraídas por la magia femenina, exclusiva, encuentro de mujeres escritoras, virgen del Umbe donostiarra, ¿qué haces tú ahí? que ni cartas escribes ya, agobiada en la proa de tus días, rozando con los dedos las ondas de la bahía con peces oscuros y voraces, J. rozando con los dedos su alma de tecnología última generación, proclive a deteriorarse con el viento que gira frente al Guggenheim, viento cargado de humedades de las montañas del fondo, las de alrededor, las que construimos con dedos de niños jugando a los castillos de arena – Gozad bajo el sol y la lluvia en los días que os han sido concedidos. Todo lo demás no tiene sentido – J. construyendo símbolos para el prisma de mis ojos de poeta que refleja, refracta y descompone esa luz de tu silueta en mil colores de arco iris, en millones de emociones pintando los días grises, líneas separando incoherencias y deseos, interminable gama de uñas desgarrando el indefenso envoltorio del que soy, fácil presa en mi sensible mirar, no el que ha corrido con placer en sus muslos, en su corazón de atleta, en su alma de no rendirse y seguir corriendo aunque el frío, la distancia, el dolor en un costado, el jadeo, la alegría de un año más en el sudor, en esta emoción por la fortuna, por tantas brebajes en mi copa, la que levanto en las cenas familiares, con mis amigos, espacio singular y preservado, J. preciosa, que te quiero desde un territorio que aún no abarcas, lejos aún de tu distancia, algún día se equilibrarán nuestras dioptrías y veremos, nos veremos, no hoy, tú en la proa del barco de tu terraza y yo corriendo en las riberas, que ya lo sabía, no por listo, no, por la experiencia de tantos comienzos y finales, uno corre y corre, sabe cuándo debe respirar, cuándo apretar la zancada, cuándo pararse y beber agua y cuándo decir qué demonios, que hago aquí con las piernas al aire y este frío, con jóvenes que me pasan por los lados, por arriba, sí, pero llego, satisfecho y sonriente, otra vez me he ganado, mis apuestas, me conozco, me disfruto, es una parábola, no te preocupes. Besos, ah, busca Tu Tiempo, el Tuyo, para ti.



01/10/08

Principio del placer en miércoles.

Arcángel de sombra.

Desplegó una sábana azul

que abarcaba los ocho cielos
salpicados del oro de los astros
y me envolvió, y así mismo, en ella.
Y como el entero firmamento
me abrazó.
Y se adentró en mi vida
y en aquella noche
la deshojó hasta la ternura del alba.
Con el tacto del más leve pétalo
se dobló su cabeza en mi cuello,
sus bucles negros
emitían un aroma de abismo.


Clara Janés.



Mujer, planeta extravagante, quién diría que alguna vez amé así, sin dejarme nada, entero, con las muñecas grabadas a cuchillo, con el sexo rendido, aislado en una torre extranjera, pobre de pedir, un paria, un alquimista que transmutaba tu sed, tu nunca, tu esperanza, un titiritero que te hacía reír, al que pegabas, menos que nada, el alma entregada, un esclavo que ganaste a los naipes, humo, un despreciable animal bajo la mesa, escondido a las visitas, tu secreto, malvada mujer con un hacha en las manos, presta a mutilarme la esperanza, a cortarme los pies, Diógenes en el tonel, oro del Perú, vino de Rioja, salud quebrada, alquimista de embustes, cocodrilos de ayer en ríos desiertos, fría armadura que crece en cada viaje a tu fuente, donde manan respuestas, donde te ahogas y salvas, donde vives, cementerio sin rastros de constelaciones, desplumado en un bosque de sueños, aterido, me saco la vida a cuajarones, de la garganta, me rompo los pulmones al cantarte, y nada, nada, vil juglar en este callejón apenas transitado, solo vagabundos como yo, un carro de paja, un collar de penas, muerdo mi mañana, mi ahora, el cordel que busca tu cuello, donde te besaba, vienen a buscarme, te escribo, mujer, a mi pesar, te amo, principio del placer que ya no es nada.



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