20.12.15

Del laberinto al treinta.



Nena, resulta que sacas lo mejor de mí y añades una capa de cebolla y de resistencia al abandono que me hace sonreír, tú, tan bella con esa chamarra roja, que podía acomplejarme con tus novios artistas o no artistas, pijos y similares, tus experiencias, pensar que qué demonios hago escribiéndote a kilómetros en este muro absurdo, poemas tontos y mensajes de adolescente con corrientes de aire pero, reina, me gusta cuando tomo tu cara entre mis manos y te beso tan dulce que se derriten mis labios cuando siento tus gemidos, cuando entierras la cara entre las sábanas y entonces sé que ninguna mujer en el mundo puede hacerme sentir lo que tú me haces sentir y entonces saldría desnudo al balcón a contarlo a los turistas y a los que tatúan, al encargado de las obras y al sereno de turno, amante, mi amante que quiere un porcentaje de mí cercano a ese límite cuando la aguja vibra y parece que la nave no podrá despegar, que sabes muy bien lo que quieres, cómo lo quieres y esperas que yo, además de otras habilidades, sepa entrar en tu cabeza como he entrado en tu cuerpo y en tu corazón y lea los renglones torcidos que escribes con los dedos mojados en nuestra saliva, en nuestros fluidos, en tantas palabras que nos decimos en el amor y que por mi parte sería incapaz de repetirte cuando nos vestimos, como tampoco podría repetir mi paciencia cuando no sé de dónde sopla el viento y si esto no será por o por y sin embargo sigo calmado, te quiero igual, me remanso y te imagino, te abrazo desde lejos y sorbo tus lágrimas en el teléfono y sé que en conciencia hago todo lo que puedo hacer porque tu hoy es muy diferente al mío y no lo comparo, simplemente lo constato, quizás somos demasiado jóvenes para estar de vuelta y sí, me molesta, pero poco, tener que explicarte que te quiero así, a ti, como eres, con todo, de serie, que no quiero en absoluto tomarme un descanso, qué idea tan absurda, cuando uno llega al paraíso ya no quiere salir de él, que además me fio de ti tanto que pondría una pistola cargada de celos en tus manos y apoyaría el cañón en mi pecho para que dispares tus miedos, tu inseguridad, que no, qué, además esto que he dicho es solo un prólogo de lo que realmente te quería decir que, escucha, nuestra historia, nosotros, esta belleza de relación es muy literaria, muy cinematográfica y que agradezco que me otorgues capacidad pero escribirla, minuto a minuto, ahora que los trenes se han ido, que voy desde la Puerta de Alcalá hasta el avión saliendo de Barajas y esto requiere tanto mimo, tanta distancia que no podría ponerme a ello sin llenar el teclado de lágrimas, sinceras, redondas, ¿no lo entiendes?, sería absurdo que te diga que no encontrarás a nadie que te escriba de esta forma, que te ame como yo, bueno, sí, lo sé,  podrías encontrar cientos de hombres más apropiados para ti, pero seguro que hace muchísimo tiempo que nadie te ha tratado con tanta dulzura, amado, follado como yo ¿entendido?, pues bien, me corto tres dedos y certifico con mi sangre que no recuerdo haberme sentido tan feliz con una mujer como contigo, haces que me sienta el hombre más importante del mundo y eso es imposible fingirlo, actuar, no morirse de gusto, que te quiero y quiero y quiero aunque jamás me casaré contigo. Te llamo luego.


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