19.1.13

Cuentos de guerra en sábado.

                                                                                         Domingo 14 de diciembre:
     «  Hablarte de mí. Contarte mi historia. Desde el principio. Todos mis sueños. 
Y pensamientos. Cada proyecto. Cada sentido.»

     (Todo espejo es un abismo.
     Mira este lenguaje, esta materia activa que me construye, que me piensa y prolonga a tus pupilas. Mira lo que se entrega en esta aérea arquitectura que son mis escenarios
encontrados.  Abraza las teclas de un piano de aire.)

(Yolanda Castaño)



Para hoy sábado tenía pensado contar una historia de “cuando la guerra” pero incluso este término imagino que no será comprendido.

¿Qué guerra, de qué habla? ( pensarán).

Y es que hay ser muy mayor, tener buena memoria o al menos interés por lo que ha pasado, por lo que pasa, por lo que puede pasar.

No te agobies, tío, disfruta, qué cenizo (dirán).

Era una historia bonita, a pesar de, una historia de niños y madres memoriosas, de cuentos a la luz de una vela en un caserío perdido en las montañas de Vizcaya, una historia de vida y esperanza, de dolor y de amor, de supervivencia, de miedo y tierna mirada infantil, de resignación, de sueños rotos, de recuerdos que duelen en la memoria y que hay que sacar como sea.

Qué pesado (concluirán)

Solo tengo que sentarme y poner en orden las palabras, evocar las voces en una cocina soleada con mujeres hablando de esto y aquello, describiendo con elegancia  situaciones terribles, alegres, animosas, riendo a pesar de contar cosas tremendas, de sugerir ausencias, desaparecidos, destrucción, muerte, tanta muerte, de ser felices con nosotros, niños jugando en el suelo aparentemente absortos en nuestra corta edad. Pero no.

Qué ganas de amargar la mañana, con lo que llueve, me voy a otra página (decidirán).

Es igual, es sábado y también quería estar aquí. vale, otro día lo cuento.



     Estoy resbalando por una flor caliente. He estado siempre cansada. Este egoísmo voraz 
que insiste en la miseria. Pulsa mi vigilia la única fortuna de los locos. La que no comprendió 
nada pero lo sintió todo.

     Y en las madrugadas hago panegíricos a esta yolanda mezquina, que sabe venderse y  conoce el final.


(Yolanda Castaño)

4 comentarios :

Soros dijo...

Pero, mujer, cómo no has contado esa historia hoy. Después de ponerle a este viejo los dientes largos.
Saludos.

Pedro dijo...

Gracias, Soros

cristal00k dijo...

Todos caminamos sobre la infancia, aunque sólo unos cuantos lo recuerden...

Esperaremos a que ordenes tus palabras... hasta las nuestras...

:)

cristal00k dijo...

betweenworlds

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