6.6.12

Marta no conocía a nadie en París.


Marta no conocía a nadie en París. No sé cómo me localizó. Estaba pálida, parecía asustada. Dejé tres rosas sobre la cama. Le pregunté cómo estaba.

-Estoy bien, no te preocupes, esto es sencillo. Salgo al mediodía.

No supe qué decir. No quise saber con quién, el nombre de él. Me disculpé por no invitarla a comer, dije que tenía una comida de trabajo.

-Gracias, no podría, el tren para Hendaya sale a las cinco.

Me despedí, besé sus manos, las tenía muy frías. Giré la cabeza y retrocedí dos pasos para alisar la sábana allí donde había estado sentado. Una leve sonrisa alteró su rostro triste.

-No has cambiado. ¿Me llamarás cuando vuelvas a España?- dijo.

En las escaleras de la clínica pensé si mi estancia francesa no era una huida de tantas personas, de tantas historias, del compromiso. Paseando por las avenidas inundadas del sol de julio me reconcilié con la idea de retrasar varios meses mi regreso. En el metro ya me había olvidado de Marta. Salí en Hôtel de Ville, Marie me esperaba en rue Rivoli.

-Disculpa el retraso, he tenido una comida de trabajo- dije.

Y nos besamos.







En este país (¿?) hubo un tiempo en el que el aborto estaba prohibido, bajo cualquier condición, era un delito.
Para abortar, muchas mujeres debieron salir a Londres, a París, a otros lugares.
Generalmente, solas.

Este texto que dejé aquí (me niego a utilizar publiqué) el 30/06/10 me costó escribirlo. Por muchas razones.
No sé si logré transmitir lo que sentía, ni siquiera el sentido de la historia. Por los comentarios (entonces me comentaban) tengo dudas. No sé si alguien lo entendió.
No escribo para que me entiendan, en absoluto, ni siquiera yo entiendo muchas cosas de las que aquí dejo. Sí entiendo mi entusiasmo. Y el trabajo como fuente de inspiración. En ocasiones, a partir de la página, me recompensa la amistad de personas extraordinarias. Es un privilegio.

Volviendo a la historia. Aunque he estado en París muchas veces no sé si pasó así, ni siquiera sé si, a pesar de estar en primera persona, me ocurrió a mí. Bueno, ese día lo intenté, como hoy.

(Aún esta tarde, al releerlo, me emociono, tanto, tanto)



6 comentarios :

Aldabra dijo...

Es un texto muy duro, sobre todo como mujer, porque me pongo en el lugar de ELLA y se me hace un nudo en el estómago.

No sé qué haría yo en el lugar de Marta. Una decisión así, creo que es lo de lo más difícil.

Él... creo que él no está a la altura de Marta, al menos como lo retratas en el texto. No sé en la vida real, si es que la historia fue un caso real.

biquiños,

claudia dijo...

He llegado a entender mucho de lo que escribo pasado el tiempo y curiosamente he visto que había gente que lo había entendido mejor que yo misma.


Un lío, pero así es.


bss

Daltvila dijo...

Si te dijera que lo entendí perfectamente a la primera, estaría haciendo trampa porque he leído en el orden inverso.

De todo lo que cuentas, magistralmente - que quede claro que no te estoy haciendo la pelota. Me gusta tu forma de contar- lo que más me ha dolido es la superficialidad de las relaciones humanas... Casi que habría sido preferible que no acudiera a verla con cualquier excusa porque, una vez allí, ese pasar de puntillas, ese egosismo, ese "voy a quedar bien sin implicarme lo más mínimo",... es lo que peor sabor de boca deja.

Resulta obvio que se hombre carecía de la más mínima empatía, cualidad imprenscindible de la calidad de las realciones humanas.


Un abrazo, Glup

Pedro dijo...

Aldabra, precisamente es lo que he intentado, ponerme en el lugar de ella. Es lo que recomiendan los psi, religiosos y consejeros varios, ponerse en el lugar del otro.
Sobre la decisión de Marta simplemente expongo el hecho.
El personaje que cuenta la historia es, por desgracia, un prototipo.
Un tema serio.
Un beso. Gracias.

Pedro dijo...

claudia, no, no es ningún lío, lo entiendo, es así. En mi caso es fácil ya que yo no entiendo (casi) nada. Besos.

Pedro dijo...

Muchas, muchas gracias, Daltvila, precisamente eso es lo que quería plasmar, la indefensión y el dolor de ella frente a la insensibilidad de él (aunque sea un convidado casual y no se le pueda pedir más de lo que da –muy poco-).
En otro orden de cosas, ocurre que explicar lo que escribes es complicado. Es como explicar un chiste después de contarlo, si no se ríen es que no lo han entendido. Hay que cambiar de chistes. o de amigos.
Reitero las gracias, gracias al blog aprendo cada día. Un beso.

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