16.6.10

Hospital.


Sustancia transparente, un cuerpo sobre las sábanas, frías miradas, el box 19 -¿Tiene seguro médico?- El doctor se muestra erguido pero torpe, se expresa con tecnicismos confusos, con voz de espinas, no me gusta su nariz, ni como mira. Ah, soledad amiga, círculo del cirujano sobre la piel blanca, indefensa, siete círculos, bisturí en la mano diestra, nudo en el centro del miedo, donde se atan los recuerdos y los anhelos, donde se juntan las venas azules. Ahora no, ahora no, nunca es el tiempo, nunca es la hora, la nuestra.

De nada sirven ya las palabras de ánimo, la resignación, las palmadas en la espalda, ahora soy yo el enfermo y siento las cenizas subiendo por las piernas, ahora estoy soñando y un mirlo oscuro vuela dentro de mi pecho, se está bebiendo la luz. Habitación sellada, que nadie sepa, que nadie entre, bancos del miedo, máscaras verdes, materia del vientre desnudo, piel expuesta, postura vergonzosa y sin embargo admitida, oídos atentos al vuelo de la tarde, la sangre corriendo entre las uñas.

Alma que medita sobre distancia e infidelidades, sobre vanos pecados de orgullo, desencuentros, imagen de la culpa por cada vez que no, por las ocasiones en las que no supimos pedir perdón, por la obstinación., sabor de naranjas y limones, de humo. Algarabía de pájaros y grillos, animales huyendo del bosque quemado, adversos presagios, viento apaleado, riberas de hombres solos, ensimismados, deshabitados, sin nadie que se cuelgue de su brazo, contraste con los novios que se enternecen en el palmeral.


Que se dilate el atardecer, que no llegue tan pronto la noche sobre los huesos rotos, sobre la sien herida de premoniciones. Serenidad ante las criaturas que danzan en una selva de llamas, unicornios acuchillados, hombres vestidos de mujeres y una dulce languidez. El corazón quebrado, ciego, inminente soledad, súplicas sobre la piedra del sacrificio. Me pesa el frío y hasta este pozo no llega el llanto de los amantes, navío alejándose en un horizonte gastado y gris.

Que no llegue mi noche, que no llegue.



6 comentarios :

mirada dijo...

Pedro, me encanta este texto, sobrecoge, es bello, provoca releerlo, impacta, y más allá genera la necesidad de seguir leyendo.
Me gusta mucho, si. Está muy bien.
Enhorabuena.
Buenos días, querido amigo.
(ah, con tu permiso, ¿me puedo quedar con la fotografía? es una buena fotografía.) :-)

Arantza G. dijo...

Y un nudo en el estómago...
Hospital, no me gusta nada esa palabra, solo trae malos recuerdos.
Besos Pedro.

Shandy dijo...

Pedro, vaya cirujano que estás hecho. Has llegado con el bisturí hasta el centro del miedo.
Ante esto, nada que decir... Sólo pedir que no llegue. Pero si lo hace, que sea pronto.
Buen texto, Pedro.
Un abrazo
Te dejo este cuento: El bisturí. Tu texto me lo recordó.
http://www.letralia.com/188/letras08.htm

gaia07 dijo...

No sé si tenerle miedo a la máscaras verdes, al frío, o al bisturí de las meditaciones.
Un beso.

Carmen dijo...

Con premeditación, alevosía, y precisión, hurgas en el rincón del miedo. Y me traes recuerdos a la mente, donde reverberan antiguos llantos.
¡uy, Pedro!
Como te me pongas en este plan...
no sé qué voy a hacer contigo.
Besos.

Magnolio dijo...

Mientras operan a un amigo del alma y pasa la temida revisión anual otra amiga lejana, leo: “De nada sirven ya las palabras de ánimo, la resignación, las palmadas en la espalda, ahora soy yo el enfermo”

No me resigno, no hago caso a lo que leo y, pobre ilusa, intento achicar miedos y soledades con ruegos a los dioses y sendos cirios encendidos.

Al atardecer llegan los mensajes: “todo está bien”. Tranquilidad hasta la próxima, cuando alguien querido, yo misma, sienta de nuevo ese miedo que derribe mi espejismo cotidiano.

“Que no llegue mi noche, que no llegue”.

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