9.1.13

El último.

EL CAMINO LENTO

¿Qué pueden hacerte?
Lo que ellos quieran.
ellos pueden instalarse,
ellos pueden reventarte,
ellos pueden romper tus dedos,
ellos pueden quemar
tu cerebro con electricidad,
nublarte con drogas hasta
que no puedas caminar,
no puedas recordar,
ellos pueden tomar tu niño,
emparedar a tu amante.
Pueden hacer cualquier cosa,
que no puedes culparles por hacerlo
¿Cómo puedes pararlos?
Sólo puedes pelear,
Puedes negarte, puedes vengarte,
pero todo se te vendrá encima.

Pero dos personas peleando
hombro a hombro pueden esquivar
una mafia, una fila de personas avanzando de la mano
pueden romper un cordón, un ejército
puede enfrentar a otro ejército.

Dos personas pueden mantenerse
sanas, brindarse apoyo, convicción,
amor, masajes, esperanza, sexo.
Tres personas son una delegación,
un comité, un grupo de presión. Con cuatro
se puede jugar bridge y formar
una organización. Con seis
se puede alquilar toda una casa,
comer pastel en la cena sin
invitados, y armar una fiesta para recaudar fondos.
Una docena hacen una marcha.
Cien llenan un edificio.
Mil tienen solidaridad y su propio boletín;
diez mil, poder y su propio periódico;
cien mil, su propio medio de comunicación;
diez millones, su propio país.

Así sigue de a uno por vez,
comienza cuando a uno le importa
actuar, comienza cuando uno lo hace
otra vez y le dicen que no,
comienza cuando uno dice Nosotros
y sabe a quién se refiere, y cada día
significa uno más.


Marge Piercy (Detroit, Michigan, EE.UU., 1936)
de The moon is Always Female, Alfred A. Knopf, 1980



El último.

…con la espalda contra la pared, defendiéndome, prevenido, atento, ahí llegan, escucho sus gritos, siento el vértigo de la violencia, la pureza de mi ira, los músculos tensos, como cuando me preparaba para el salto en la piscina, delicia del deporte, ebriedad de competir, privilegio en la calle seis, armonía de brazos y piernas, respiración acompasada, el agua rozando los labios entreabiertos, la boca buscando oxígeno, tocar la pared el primero, espuma, alboroto en los espectadores, no debo distraerme, los gritos, ruidos detrás de la pared, el arma preparada, sangre salpicada en la pared, gemidos de los heridos, solo yo estoy indemne, frío, pensamientos turbios, mujeres cabalgando en mi cabeza, no quiero recordar a Isabel, qué curioso, el compañero, el que dormía en la cama de arriba, el que se suicidó, qué pudo pasar por su cabeza, espiral de desolación, el vértigo de la impotencia, morir antes que te maten, parece que son muchos, tanto aguantar para terminar así, sin gloria, anónimos, nadie sabe que estamos aquí, nadie sabe qué hacemos aquí, qué defendemos, consciencia de esta nada, sin regreso, sin tragedia, sin arrepentimiento, mi memoria hurgando en momentos gratos para no darme un tiro en la garganta, flores rojas en las manos, tengo un sudor frío, están detrás de la puerta, no hay vuelta atrás, soy el último en pie, este es un final mezquino…





5 comentarios :

Mirada dijo...

Y el primero también :-)

Pedro dijo...

Mirada, pero si le van a matar...

Magnolio dijo...

¿Cómo ha llegado ahí? ¿Está prisionero? ¿En una trinchera? ¿Qué batalla? ¿En una cárcel? ¿Qué guerra? ¿Qué defiende? ¿Qué ocurrió con Isabel? ¿Cuántos eran? ¿Vive? ¿Muere?

¡Cuenta, cuenta!

Pedro dijo...

Doña Magnolio, este que firma es tan tontolculo que todavía piensa que a alguien le interesa esto que escribe. Y no. Pero por si sí, intenta buscar complicidad, sin descanso, everyday, con egoísmo, aprendiendo de artistas que viven de ello, no sé si mal o bien, de los de antes, de los de mañana. Es decir que si cuento todo, si destripo el texto el lector no tiene nada más que hacer que mover la cabeza, el dedo en el mouse y a otra cosa mariposa. Por eso no, piense usted lo que quiera, pero, ay, al personaje de hoy le matan seguro, guerras hay tantas que puede ser en cualquier parte del mundo, como nos pillan tan lejos no las visualizamos, tampoco la televisión da facilidades, Siria por ejemplo.
Agradezco tu comentario diario (no me malacostumbres) y ¿sabes? todo esto lo cuento mejor en vivo y en directo, moviendo los brazos y abarcando el horizonte, a los lejos el faro, abajo la playa, allí el molino y dos grandes perros negros disturbando a los amantes.
Yo qué sé.
Muchas gracias.

Magnolio dijo...

No, si todavía creerás que vengo aquí por la música, que también. Y sí, claro que el lector se lo curre, pero quería decir (mira que hay que decirlo todo) que más, que sigas, que no pares. De escribir.

Lo de los brazos, vivo y en directo, en correo aparte.

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