11.1.13

Se ha ido.



 La primera vez en que nos acostamos me sujetó las manos por encima de la cabeza. Me gustó. El me gustaba. Era hosco, en una forma que se me antojaba romántica; era gracioso, brillante, tenía una conversación interesante; y me daba placer.

La segunda vez, recogió mi foulard del suelo, donde  yo lo había tirado al desnudarme, sonrió y dijo:

-¿Me dejas que te vende los ojos?

Nunca me habían vendado los ojos en la cama, y me gustó. El me gustó mas aún que la primera noche y, después, mientras me lavaba los dientes, no podía dejar de sonreír: Había encontrado a un amante extraordinariamente habilidoso.

La tercera vez, me puso repetidamente a punto de correrme. Cuando estaba por enésima vez dispuesta a estallar, volvió a detenerse; oí mi voz incorporal suplicándole que siguiera. Me contentó. Estaba empezando a enamorarme.   

La cuarta vez, cuando estaba lo bastante excitada como para perder el mundo de vista, empleó el mismo foulard para maniatarme. Aquella mañana, me había mandado trece rosas a la oficina.

(Elizabeth McNeill. Nueve semanas y media.)










Bien, sí, es cierto, he llegado al final.


Se ha ido.



Es el momento de comenzar de nuevo.



1 comentarios :

bixen dijo...

Ha sido la última película que regalé y de esto hace más de tres años. Hasta ahora me he sentido mal por haberlo hecho y peor aún, por la cara que me ponían cuando contaba mi frustración y además me la multiplicaban. ¡Puta peli!
Me caía y cae mal la pareja de starrings y ni se me empinó viéndola, pero su música, sus sombras y sobre todo sus cuestiones éticas en aparentes banales diálogos, me enseñó que la próxima que regale será una porno y si la presto, de risa. ¡Sin interpretaciones!

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