12.5.12

En un hospital


Para Nikté.

Escribo para que me quieran, dicen algunos.

Se esfuerzan en contar los pliegues de un murmullo, el suave susurro de las blancas sábanas sobre el desnudo cuerpo que aman. Nos hablan de experiencias y anhelos, nos mienten, nos enseñan una mano y en la otra, cerrada, esconden la realidad del tedio y la ausencia, del bostezo atroz sobre una playa de piedras y recuerdos, carabineros vigilando las negras mercancías que flotan sobre el fielato, el límite que traspasan las aldeanas que bajan del monte con leche y manzanas, con nueces. Solo una vez estamos perfectamente equipados para amar.

¿Tienes suerte?, preguntaba Napoleón a sus oficiales. El sí determinaba su siguiente ascenso. Tengo suerte, entro en el bosque de lo ficticio y camino entre los árboles de los días. No soy escritor, utilizo este medio para decir lo que me digo.

No quiero mentirte, Ana, esto no es lo que parece, no es la fragante oscuridad donde dormitan las desnudas musas, la inspiración en el ábside, las palabras remansadas en relatos sobre amores tempranos, decepciones tardías, el corazón en un zapato, dolor en varios colores, una gama de sufrimientos del uno al nueve. Esto es trabajo en la zanja, balbucear, musitar, gritar, borrar, intentar, seguir, decir lo de antes y esto.

¿Ves?, es tiempo de dolor, estoy sentado en un cuarto de hospital, a mi lado dormita la anciana  colgada del débil lazo del suero con quién sabe qué antibióticos y fármacos, el páncreas roto, su final, lento, hora a hora,  se despierta y a veces me mira sin saber quién soy, aún puede hablar, no le entiendo, de norte a sur, por un pasillo de luz camina una dama de negros ropajes.

Puedo juntar la emoción del dije, digo, sigo diciendo, solo para que sepas que estoy, sacando tiempo del sueño, saltar de línea a línea sin perder el temblor del alma ni los modales, comer la flor de loto, desmayarme, cambia el viento y la lluvia disipará el calor de estos días.

Escribo para que te quieras.



8 comentarios :

ANA dijo...

Pedro.
PETRUS,PIEDRA.Así se llama uno de mis hijos te dije , por Pedro Rojas.
Ahora todo es piedra durísima.
Tengo un perro ! oh! para que me acompañe ?...Le puse Petrus.Que sea fuerte el ovejero manto negro.
No estoy aún "En un hospital".
Estoy sin compu, extrañando a mi "semejante" descosida, hilachas de esta Ana-Mvdeo. Solo pedazos y miedo.Me cerraron la cuenta de hotmail.Porqué ? qué más hay que soportar? Cuenta nueva abuana.2@hotmail.com.Encuentro objetos queridos en las cajas de la mudanza.Las sigo acumulando para saber que he existido.Maderitas, hilos, ideas,letras, plumas muchas plumas. pedacitos de papeles de color fascinante.¿Cuando serán collage, escultura, un buen texto para animarme a a ponerlos al aire ?
Estoy "En un hospital" agotada de la no belleza cotidiana imprescindible para sobrevivir. Apenas un árbol ayer....le dije gracias.
Padres aún!pidiendo ayuda.Mis plumas paralizadas. Mi lápiz sin punta.Esperan soportes y páginas en blanco.Odio esperar.Porqué hay que esperar la enfermedad para morirse? Otra dirección anarebcas@gmail.com.Te abrazo Pedro

Anónimo dijo...

"Escribo para que te quieras". Qué hermosura...

bixen dijo...

Pierre Nodoyuna se llamaba Dick y el apóstol Pedro, Simón.

Tu Nikté dijo...

Soy un peligro, Pedro: uno confeso; y lo soy porque puede leer, y cuando digo “puedo leer” deberías sentir miedo.
Acaso creíste alguna vez que creí a “tus mentiras”… Es en ellas donde se descubre la verdad. Ni siquiera uno mismo sabría si no son por estas, escritas, rubricadas.

¿Sigue la dama de negro rondando o se fue cumpliendo su cometido?

No creo que debiéramos vestirla de esa guisa. Solo cumple órdenes como un soldado al final de la batalla. Pienso que si fuera por ella, no se dedicaría a tales menesteres, más bien — en una mañana de domingo, como la de hoy —preferiría salir de picnic y llevarse a casa únicamente los nísperos maduros caídos de los árboles.


Un verano, una mujer, preguntaba por la razón “de aquel estrépito” que sacudía las ventanas de la habitación de un pequeño hospital.
Eran fuegos artificiales que clausuraban el final de una semana de fiestas.
La misma dama de la que hablas, le hacía compañía: Repasaban la memoria, ordenaban recuerdos, dictaminaban últimas peticiones, recobraban alientos para explotar en uno.


No fue así, o sí. No recuerdo. El olvido como única opción.

Hoy, recorro los mismos pasillos contigo. No sé de ti salvo tus “mentiras”, no conozco de ti, más que un señor bajo un paraguas. Eso me basta, no se necesita más, no se requiere de más, para compartir algo tan tangible.

Ahora me acerco a la mujer anciana, temo llegar tarde. Acaricio sus mejillas, la tomo de la mano, agarrándola, fuerte, muy fuerte. No quiero que se vaya. No quiero.


Escribo para querernos.

Pedro dijo...

ANA, tu comentario es bello y profundo como este mar donde meto los pies sin miedo a los peces anónimos, a los habitantes submarinos llenos de dientes e intenciones varias. Me lleno de tu abrazo y te lo agradezco con todas mis sonrisas en mi única cara. Y este beso.

Pedro dijo...

Anónimo, como tú...

Pedro dijo...

bixen, nunca sé si vacilas, si eres así o si es tu cuarto apodo

Pedro dijo...

Nikté, lo siento (el miedo).
La dama de negro sigue sentada en el pasillo.
Tengo paraguas pero no soy bajito (depende con quién lo compares, claro).
Y este domingo es (de momento) plácido. La tarde (hospital) será otra cosa.
Escribo porque te quiero.

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