jueves, 11 de octubre de 2018

Monigote


Esto…la verdad es que…no sé…bueno, yo…lo que quería decir es que…no sé cómo empezar…bien pensado…pufff…es difícil, aquí vienen muchas personas…¿qué digo?...érase una vez…no…recuerdo cuando…no…ella me miró…no, tiene que ser creíble…bah, lo dejo, me voy de paseo y luego sigo. 

miércoles, 10 de octubre de 2018

Sencillez


Bert Hardy, Seaside Leisure, Southend, 1951.


Una red de miradas, la poesía nace en los ojos del que lee, no antes, miro los labios de Teresa Salgueiro que se mueven en un Youtube interminable y mudo, la sombra del anciano Ginger Baker toca la batería en un Albert Hall diferente al que visité del brazo de Roxana, cementerio de perros en Hyde Park, cuarto de hotel con ventanales a un patio oscuro, desde allí vimos morir tres estrellas y seguimos indiferentes, ir y venir por el carril con una inmensa maleta marrón, flores de papel que parecían de papel, que limpiaba platos y comía, que nos amábamos con atropellada dulzura y no tenía nada que ver con rayuelas parisinas, con grupos de amantes del jazz, de lo oculto, paraguas abiertos en el rellano y vecinos hindúes, cartas con sellos de colores y cuerpos revueltos en el sofá de terciopelo, fotografía desde el techo, bruma de madrugada y policía rondando los portales, airados taxistas negros de coches negros, que pensaba que amar era una continua caricia, sin pausas, sin reciprocidad, unidireccional, sin recibir, la ternura para quien la trabaja, números oscilantes, acumulación de nombres, autobuses rojos a ninguna parte interesante, barrios desiertos, miedo en los callejones, botellas de leche en los quicios, guitarristas en el metro, el hombre orquesta, vendedores de alfombras y postales del ochocientos, recuerdos de mañana y nostalgia del futuro, movimiento circular desde la diáfana sencillez de amar su cuerpo tibio en las madrugadas cuando volvía de su trabajo de langostas humeantes, el patio de butacas de un antiguo teatro convertido en restaurante, ella rumbosa con su inglés acento San Ignacio, misericordia de haber entrado en su templo como un espía aturdido, turbado por los ruidos en las habitaciones de al lado, provinciano de un Bilbao que no era ombligo de nada y nardos en los altares, Lucifer sentado a la derecha y vasos sagrados con ginebra en las rocas, ay, heridas de querer la gloria, desear el infierno y vivir en el limbo, serpientes de lujuria y celosías ocultando clausuras, fajas ortopédicas, batalla de manos junto a la cabina del avión y para cuando despegamos se habían ido los pasajeros, las maletas se habían perdido y el aeropuerto estaba cerrado hasta nuevo aviso, que me corté los dedos con las botellas rotas del borde de la tapia, que me llené de remordimientos para los próximos años- aún me duran- y con largas embestidas humilladas los días transcurren y nos comemos octubre - tú que lees ¿no es cierto?- sin vender una escoba que se dice, que me faltan días para colgar historias que me invento a falta de las que viví, vivo, en el tedio, justo desde donde no se puede contar otra cosa que el bostezo, el hartazgo, la nada rutinaria, ya te digo, movimiento circular desde la diáfana sencillez de amar.

martes, 9 de octubre de 2018

O algo parecido.


Un drama, la vida como un trayecto complicado por caminos embarrados, por vericuetos y trochas, por vaya usted a saber dónde, que la lluvia de octubre borrará los mapas, ahora que los refugios están cerrados y nos faltan nombres para los huracanes que vienen.

Decididamente, está llegando el invierno.

O algo parecido.

(Las últimas seis ilustraciones son de János Saxon-Szász )

lunes, 8 de octubre de 2018

Rincón perdido

Este es un rincón perdido, obstinado, terco, sostenido en el extremo de un palo en equilibrio sobre la nariz de un malabarista con el culo al aire que repite salmodias y letanías, que ve girar atemorizado las ruedas del tiempo, que agita con una mano el sonajero del miedo y con la otra espanta las sombras de damas sin rostro. Algún día se caerá.

La hostia será épica.

domingo, 7 de octubre de 2018

Levanto mi copa

Levanto mi copa para celebrar lo que aprendí entonces sobre quién soy yo. De ese desconocido en mí que a veces sale, me habla, razona, rompe el espejo, quiere apartar de la puerta las piedras de la rutina, la abre, cauteloso asoma la cabeza, la cierra, se esconde, es.

Lástima tener una sola vida.

sábado, 6 de octubre de 2018

trampas en la pared

No quiero hacer trampas en la blanca pared de cada día. Me he comido las sobras del silencio, he apurado los posos del idilio, he rebañado el plato de lo romántico. Aún está en mi boca el sabor de aquel banquete. Pero lo que fue, fue, historia, ya está todo dicho, no hay más que hablar, las cenizas están esparcidas desde los montes.

Me quito una oreja.

viernes, 5 de octubre de 2018

Es lo que es.


La culpa, el sueño y yo caminamos por la misma ciudad, por diferentes calles, esclavos de la soberbia, del imposible milagro de los panes y los peces. Es lo que es.

Me quito los pantalones.

jueves, 4 de octubre de 2018

Bestia parda


El remordimiento como una bestia parda hocicando en las entrañas de lo establecido, de lo correcto, de la norma. Para calmar su furia ofrecemos sacrificios en el altar de la tradición, nos mortificamos con cilicios en los muslos del deseo, encadenamos el instinto en un sótano del edificio del recuerdo. Somos como no queremos ser.

Me quito la camisa.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Nivel



Soy equilibrista, un funámbulo, se, se, se nota ¿no?

No sabía que lo eras, pensaba que eras un oficinista fundamentalista, me dice.

Y añade, baja el nivel, eres demasiado lírico.

No sé dónde está el dichoso ni, ni, nivel. Ni si, si, si existe. Me pongo esas zapatillas negras deee piel y me subo a la, a la, a la cuerda, camino sobre eella con los brazos extendiidos.

He atravesado las cataraatas del, del, del Niágara. He pasado en, en, entre dos rascacielos de New York. He escalaaado la To, la To, la Torre Eiffel.  

También soy ma, ma, malabarista. Hago equilibrios con, con, con lo que veo, lo que me, me, me ocurre, lo que no. Tengo historias ma, ma, maravillosas pero no pue, no pue, no puedo ni siquiera mencionarlas. Un blog glup es sencillo, uno viene y le, le, lee pero, ay, nadie sabe to, to, todo lo que no puedo contar.

Tú lo que eres es un jodido tar, tar, tartamudo,  te vas a reír de tu abuela, dice el lector con problemas de dicción. Y se va a otro blog, muy enfadado.

Es terrible lo que sufre uno en esto de escribir.   



(No sé si esto es bajar demasiado el nivel, Mari Bel)

martes, 2 de octubre de 2018

¿Will You Still Love Me Tomorrow?



Gómez no puede recordar la nítida frase que de camino a Gernika se le apareció ardiendo en una zarza, las palabras alineadas, el sentido, también la poesía, pájaros ambiguos en la niebla, lo tenía tan claro.

En cuanto llegue lo escribo (pensó).

Después el óxido del día confundió las imágenes, las deterioró el silencio, la rabia, el sabor del triunfo bajo la lengua como una medicina milagrosa. Era aquel tiempo, sin destierro, sin voces ajenas creciendo desde la soledad, el color de las uvas,  la memoria decrépita, un perro negro de mirada torva escondido en el zaguán del caserío

Esto es un ERP, ¿ve?, no, Linux no, bajo SQL, abierto (dijo, varias veces, a varias personas que le miraban como una vaca que ve pasar el tren)

Ese era el momento, ese y no otro, el coche subiendo Autzagane y Carole King cantando ¿Me amarás aún mañana? que siempre le estremece, su voz como una lengua de fuego de Pentecostés sobre su cabeza, entendía, ¿will You Still Love Me Tomorrow?, no lo sabe, el futuro ya no es lo que era  y es bien cierto, carpe diem, de momento Gómez se va a celebrar algo, no sé, que está vivo por ejemplo, eso mismo.

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