Viktor Zaretsky - August (1975)

miércoles, 8 de mayo de 2013

Tell your story pass it on

New York, demasiado poco tiempo para una ciudad tan grande.
Sólo se aburren los aburridos, leí en el metro, es cierto.

El primer día me senté en Unión Square y quise escribir sobre lo que veía, un empeño inútil, cuando se ve el mundo entero es difícil saber por dónde empezar.
Por eso ese día y los siguientes no escribí ni una línea, ¿para qué?, no podía además, no tenía tiempo, he estado demasiado ocupado con personas, Manhattan arriba y abajo, por  Brooklyn,  taxis amarillos  y calles poco iluminadas, gente, gente, gente, somos tantos, somos.

En estos días he leído muchas cosas, letreros que no entendía y rótulos que anunciaban esto y aquello, folletos de museos, prevenciones de robos del alma, poemas de las calles.
Las hamburguesas no saben leer, quizás tampoco sentir, en estos días he tenido tiempo para (casi) todo, también he comido hamburguesas.
Y (me) he sentido.
Tanto
Tanto.

Sobre todo he estado con personas, he escuchado sus ilusiones, sus sueños, sus miedos, sus mentiras y sus verdades.
Cuando me hablan rápido no entiendo demasiado bien.
Pero traigo el alma llena.

Escribo atropellado, el tiempo se estanca en mi disritmia circadiana (jet lag que le dicen) y me duermo.
Os dejo estas fotos y mi cariño.

Estoy preparando el siguiente viaje (este andando)
Os contaré.




Un invidente sonriente


Munich

Edificio Dakota

Wshington Square



Desde un taxi


Desde mi ventana


Árbol florido en Harlem.


Subway


Señor chino mirándome con mala cara


Poster

Poeta en Nueva York


Panorama ciego de Nueva York

Si no son los pájaros
cubiertos de ceniza,
si no son los gemidos que golpean las ventanas de la boda,
serán las delicadas criaturas del aire
que manan la sangre nueva por la oscuridad inextinguible.
Pero no, no son los pájaros,
porque los pájaros están a punto de ser bueyes;
pueden ser rocas blancas con la ayuda de la luna
y son siempre muchachos heridos
antes de que los jueces levanten la tela.
Todos comprenden el dolor que se relaciona con la muerte,
pero el verdadero dolor no está presente en el espíritu.
No está en el aire ni en nuestra vida,
ni en estas terrazas llenas de humo.
El verdadero dolor que mantiene despiertas las cosas
es una pequeña quemadura infinita
en los ojos inocentes de los otros sistemas.

Un traje abandonado pesa tanto en los hombros
que muchas veces el cielo los agrupa en ásperas manadas.
Y las que mueren de parto saben en la última hora
que todo rumor será piedra y toda huella latido.
Nosotros ignoramos que el pensamiento tiene arrabales
donde el filósofo es devorado por los chinos y las orugas.
Y algunos niños idiotas han encontrado por las cocinas
pequeñas golondrinas con muletas
que sabían pronunciar la palabra amor.

No, no son los pájaros.
No es un pájaro el que expresa la turbia fiebre de laguna,
ni el ansia de asesinato que nos oprime cada momento,
ni el metálico rumor de suicidio que nos anima cada madrugada,
Es una cápsula de aire donde nos duele todo el mundo,
es un pequeño espacio vivo al loco unisón de la luz,
es una escala indefinible donde las nubes y rosas olvidan
el griterío chino que bulle por el desembarcadero de la sangre.
Yo muchas veces me he perdido
para buscar la quemadura que mantiene despiertas las cosas
y sólo he encontrado marineros echados sobre las barandillas
y pequeñas criaturas del cielo enterradas bajo la nieve.
Pero el verdadero dolor estaba en otras plazas
donde los peces cristalizados agonizaban dentro de los troncos;
plazas del cielo extraño para las antiguas estatuas ilesas
y para la tierna intimidad de los volcanes.
No hay dolor en la voz. Sólo existen los dientes,
pero dientes que callarán aislados por el raso negro.
No hay dolor en la voz. Aquí sólo existe la Tierra.
La Tierra con sus puertas de siempre
que llevan al rubor de los frutos.





martes, 30 de abril de 2013

Bilbao New York y vuelta, quizás.







 1295 1300 Giotto / And demons cast out of Arezzo,/ fresco detail


 Claudia Cardinale en el rodaje de "Il Gatopardo"


Skyline Manhattan

Yo es otro, dice Rimbaud y los demonios salen volando de Arezzo, como debe ser, volar es un destino, un privilegio, ahora mismo estoy volando hacia New York la ciudad que se debe conocer media hora antes de morir si uno lo tiene escrito en los puños de una camisa blanca, en las paredes de la premonición, en el gesto del arrecife, yo es otro y sé que nadie leerá esto y nadie hará muy bien porque me voy de Bilbao, antaño una ciudad metalúrgica y oscura, herida por una Ría que se desbordaba en caudales de lluvia y barro y hoy, ya ves, una urbe luminosa acariciada por una ría cada mes más transparente y el Guggenheim apenas una sucursal del museo que visitaré mañana o el sábado con mi flamante carnet especial, pase usted señor, en correcto inglés, of course, pasemisí pasemisá, que no llevaré pañuelo de hierbas ni abanico de colores pero en Central Station tomaré un tren a Connecticut aunque omitiré la parada en Harlem y sus calles plácidas sin chispas de meteoros ni peces en los riachuelos del ritmo africano y los juncos de Juan Larrea, estudiar a los poetas, las cartas de Dylan Thomas pidiendo dinero a todo lo que se movía, dólares plácidos o libras como anémonas, escribir es una mentira adornada con nada, intentar mover las constelaciones del aburrimiento astral, astillas entre las uñas de Gary Cooper en una India de cartón y alguien tocando la trompeta del miedo, prosopopeya de la mula Francis, anagogía para entretener el vuelo, algo de Esaú y Jacob, José interpretando sueños, links y onomatopeyas en la epopeya de conocer lo del otro lado, lo del lado de allá, Cortázar dice, este trabajo es para mí mismo, le acompaño a la puerta con lirios y falsete en la voz debajo del mantel que sacudía en la habitación de Roxana en un Londres gris que se siluetea cuando añoro hoteles en penumbra, palacios carnales, contornos de cuerpos desnudos y amapolas, manzanas sobre la mesa y ella, sin nombre, burlándose de las flores y lo pomposo,  animándome a ya y déjate de retóricas que vuelo porque no vuelo y he besado a mujeres como peces, fríos labios boqueando fuera del agua, pechos que no temblaban y el sexo como hábito en los últimos cincuenta años cambiando poesía por juventud en los calendarios nublados, ornamentales en el recuerdo, reo del deseo, Claudia Cardinale en una fotografía frente, al lado, delante de un grabado antiguo, il Gatopardo, "si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie", un leopardo jaspeado, un serval, un animal que nunca veremos pero New York sí, sus avenidas largas, sus altos edificios, sus gentes amables y mezcladas, esa esquina de Tribeca donde no jugué en mi infancia bilbaína y goitibera, ese vehículo armonioso arriba y abajo por calles sin bocinas y los barcos anclados junto al ayuntamiento, especulación del futuro, estábamos muy lejos del vivir, era esto y no se han marchitado las preguntas de entonces, solo hay tres y el resto es silencio, un abrupto silencio ante el que gesticulo como un mimo que se ensaña con el espíritu de lo que no fue, de lo previsto y no dormir solo, el insomnio y el miedo a no despertar, desangrado, la muerte travestida mirando/me y el cero, fascinación y una ventana a lo que ahora es, encogido en el 14C, un gran avión con niños llorosos y madres desbordadas de maternidad, judíos ortodoxos acaparando la atención de azafatas asustadas, con reliquias en el equipaje y proverbios bajo el solideo, ceniza sobre los pájaros de Brooklyn,  nieve en la proa del ferry a Staten Island, tiendas de lino en Bryant Park que cobijan a los lectores de Borges, a los criados del caballo negro, a los que cambian níquel y novedades del aire, facebook como paradoja, hablar con desconocidos herméticos y un arenal de obsidiana detrás de los escaparates de tiendas que venden todo y tanto y esto es New York, la capital de un mundo imposible donde quiero escribir mirando el agua turbia del Hudson como un Poe de trazos infantiles, ingenuos, un engaño a la impotencia de mi decir, laberinto para no encontrarme, un grito arrimado a la pared del túnel de Artxanda cuando pase el tren y nadie escuche, Cabaret que se ha quedado antiguo,  aprender de los indefensos, de los ojos en el centro de su mano extendida, de las monedas sin valor, una mariposa en los cabellos rojos de la que amé un día, un pueblo junto al mar, los bárbaros balanceándose en el muelle antes de asolar las riberas, estudiar Alemania de cabo a rabo, desde 1935 hasta ahora mismo, Merkel incluida, violinistas judíos y  Celibidache en 1950, tan joven, dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Berlín en las ruinas de la antigua Philharmonie, (click), abolición de las alondras y las viejas palabras, las que no sirvieron para impedir su huida, no puedo (dijo) y me azoté la espalda con flores de silencio como un penitente de la Sonsierra, un poeta disfrazado de analista químico, de vendedor de postales cibernéticas, señoras y señores esto era la vida y aquí estamos, volando a New York bajo estrellas de albahaca y cormoranes despistados con hielo en las alas, una Borissenko de cristal bailando entre nubes y un escarabajo de inquietud subiendo/me por la tráquea con el traqueteo del Boeing o lo que sea, picor en los pómulos, las gafas sumergidas en un frasco con agua destilada y este navío del aire rompiendo millas mientras en la pequeña pantalla sobre el asiento esa raya blanca apenas se mueve, estamos sobrevolando Canadá mientras tomamos té y pastas y el pasajero de al lado me mira y sonríe en ruso y no le entiendo nada, para no entender nada no hace falta que el otro sea ruso, en Elanchove no entendía nada me hablasen en  el idioma que me hablasen, en muchos sitios no he entendido nada, nunca, entre la sordera intelectual y las voces domesticadas, las multiplicaciones, el misterio de los números primos y mi cabeza como un almacén de emociones artificiales y ser el que eres, el dilema, llamar amor al sexo, sí lo fue, quizás un sexo enamorado, miércoles que se incendiaban en un cuarto sin cerrojo, metamorfosis  de su apariencia de sabia para la que fui solo su ghulam y calamidad de mi idolatría, de la insistencia en el error, orfidal y toda suerte de calmantes, tranquilizantes y ginebra y celebrar el milagro de haber amado después de muerto, en nuestras vidas siempre hay un momento de encrucijada, de sur o norte, de ser o no ser, de un tigre jadeando entre los muslos y un espejo fosforescente, reflejos artificiales y las venas de la Luna, adivina, llevo en la maleta los zapatos usados por mi padre, el cansancio de adivinar lo que no tiene importancia, la emoción de volver a ver el skyline, Manhattan ahí delante, la ambición de pasear por calles solitarias y no encontrarme con los hermanos Tsarnáyev  preparando un atentado en Times Square, un horror, visitaré la tienda de los judíos, comeré hamburguesas en Broome, volveré al Moma, no me tropezaré con De Niro, pasaré el puente y si no sales en las fotografías nos has estado, una fotografía siempre es un prueba, te lo juro, ese de la esquina soy yo, el que sonríe, ocurre que yo es otro y Rimbaud me deprime y me pierdo en New York, quizás regrese algún día a mi Bilbao de amigos y sirimiri, o no. Hasta entonces.


Gordon Parks Staten Island Ferry Commuters, 1944


Paul Strand Office Buildings from Below, New York, 1917


 Rudy BurckhardtTimes Square, 1938



Central Park 2008 / Photo: Paul Hagedorn 


Yellow NewYork




New York, New York.


lunes, 29 de abril de 2013

Furtivo.


(Beppe Giacobbe)


Los recuerdos se bifurcan hacia los escondrijos oscuros entre lo imaginado y lo olvidado, los escojo, furtivos, con dedos trémulos, no son los mismos que antes señalaban un claro norte.

Me duelen las piernas.

Este cuerpo no es el mío, las arrugas en la frente y esa mancha oscura bajo un ojo, el ruido en los pulmones y los chasquidos cuando me levanto. No es aquel que corría en las riberas y en el monte, el que nadaba en la resaca de la pleamar, el que daba volatines en las playas del Sur. 

Este no soy yo y los días son una mezcla de vacío y aún.

¿A quién habito?

Solo me reconozco en la metamorfosis hacia lo menguante, en el descenso hacia la delicada frontera del ser.

domingo, 28 de abril de 2013

New York by Stanley Kubrick (1940´s)




“Kubrick’s striking black and white images of 1940s New York City — which were often shot on the sly, his camera concealed in a paper bag with a hole in it — hint at the dark beauty and psychological drama of his later creative output. Now, VandM is making 25 select prints from the nearly 10,000 photos that he took as a young man available for purchase for the first time. The majority of the proceeds going to the Museum of the City of New York.’



New York by Saul Leiter (1950´s)




‘Saul Leiter (born 1923) is an American photographer and painter whose early work in the 1940s and 1950s was an important contribution to what came to be recognized as The New York School’


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