Los Walker y Parker
Cuando piensas o crees o sabes, eres un montón de otra gente; cuando
sientes, no eres nadie que no seas tú".
E.E. Cummings
Anders Petersen. Hamburg 1968
Aviso:_en
septiembre sigo aquí, así, sin impulso, desnortado, con las brújulas en el
armario, con las ruedas del coche torcidas, sin coche, se me han dormido las
danaus plexippus del estómago, mi musa de la fantasía se ha marchado con un
viajante de electrodos rusos, mis bolígrafos han perdido la tinta (en realidad
no todos), los pájaros las plumas, los caminos tienen las señales borradas y no
sé si voy al Sur. He tirado las maquinas de escribir por la ventana
(¿comprenden el juego de palabras?). Enredado en un zarzal de culpabilidad no
me muevo, que yo no fui.
Dejo este
informe desnudo.
Se me ha
vestido la intimidad.
Decidido, me
quedo en la cama y que inventen ellos.
Como mucho voy
a bordarme las vísceras por si alguien me mira dentro.
Si encuentra
alguna metáfora es mía.
Vuelva usted
mañana, por si estoy.
Me llaman si
eso.
Parmesan, Luzzara, Italy, 1953 - by Paul Strand (1890 - 1976), American
Sin temblar en
la quietud de los planetas que sin duda Parker verá girar en las mañanas de
caminar junto al río/ría, como una obsesión de la juventud que en cada paso se
le escapa y se refugia en catedrales y otros desiertos, lámpara de aceite junto
al lecho donde un día amó sin otra defensa que la respiración entrecortada, la
mirada teñida de albaricoques y niños llorando junto a la parada de autobús,
con madres que esperaban la libertad del café y la cháchara, la mirada de un
desconocido como una mano acariciando el sopor del martes y la línea de los
ojos pintada con furia ante el espejo que acusa y no miente, madres sin dejar
de ser hijas que piden ayuda porque el amor no era eso que no es y los días tan
largos y la espera y la postura entre sábanas que no les satisface y los imanes
en el frigorífico, uno por viaje, hace tanto, seis años, los que tiene el
mayor, otra historia, imaginar otras historias ahora que el tiempo se ha vuelto
interminable y puede mirar de frente a los paseantes del tedio, hombres que
nadan defendiéndose en su propio naufragio, mujeres ahogándose en una isla que
barre el viento de la soledad, saber que nunca sabrá pero pararse en las
esquinas a ver cariátides y cornisas, detalles arquitectónicos y mirlos,
ancianos en los parques, mejor gozar de los días, de la amistad, de la risa, de la simpatía,
del sol o de la lluvia, lo que venga, contra las noticias no por menos ciertas
no destinadas al miedo, a aprisionarnos en el terror, a inmovilizarnos, a
neutralizar el espíritu crítico, a defendernos, ya, Parker se sumerge entre sus
amigos víctimas de la celotipia, oh celo, del favor verdugo eterno, alerta
cuando se para a charlar con los jubilados de boina y cachaba, con las
panaderas, con el ciego del cupón, con el que vende rosas, relojes falsos y
calcetines, con la rubia que le mira y mide y el que hambre tiene con pan sueña
y vamos que nos vamos. Parker, pobre.
Madrid, Ext es un
documental necesario, un archivo casi Instagram
de 93 minutos con magnífico acompañamiento musical, un homenaje a un Madrid casi
oculto detrás del ruido, los grandes edificios, el turismo y el presente
incierto. Hay momentos que duelen y otros que sorprenden e iluminan por la
belleza, lo paradójico y el buen gusto del trabajo de Juan Cavestany. Es
destacable la música de Guille
Galván, así como la fotografía de Javier Bermejo. El cartel, como no, es de la
mejor, Susana Blasco. Madrid, Ext, ahí
vamos, sin memoria, sin piedad, indiferentes. Me ha gustado mucho.
Evgeniy Nodvikov with the art work "Blindfold
No es un caso especial, no, se empieza a recurrir a la imagen y se mata la palabra.
Sin que sirva de precedente, este soy, desnudo bajo el agua verde, defendiéndome con puntiagudos pero escasos medios de lo irremediable, del escualo del mal, del brutal ataque del tiburón enigma, sus dientes de cuchillo y navaja barbera rasgarán mis últimas esperanzas, mi fe, mis carnes morenas. Para colmo –como podéis ver – el pulpo me sujeta la pierna con tentáculos de tentación, las anémonas se mecen, ríen, adorno de flores submarinas en el fondo del mar del pecado. Sin oxígeno, sin tritones que me auxilien, sin sirenas del boca a boca, no tengo remedio.
Jessica Lisse
Erase una vez un hombre que escribía cartas (de amor) a diestro y siniestro, a conocidos y a desconocidas, con pulcra letra de pato, retorcida pero legible, intensa actividad maridada con dibujos, fotografías y nubes, un mosaico de sentimientos e invenciones, un regalo, un error, una carga, un psssst.
Vuelvo al libro con las tres
damas no sin antes aclarar que colgarme de alguna lectura me regocija (15)
después de abandonar muchos libros en la página 10. En esta he seguido los
nombres de artistas que conozco y he descubierto a muchos famosos y famosillos,
un disfrute, algo diferente, unas vidas que parecen envidiables hasta que
rascas un poco la superficie y son como tú o yo. O peores.
Como nada es perfecto, al
terminar el libro de Anolik me desengaño de la Joan persona (16) me compadezco
absolutamente de Eve (17) y envidio a Lili por su constancia y sus contactos
(18). Es decir paso del deslumbramiento a la cruda realidad, otra vez, no son
vidas ejemplares, escriban, canten o busquen luces en sus oscuridades, nada
nuevo, lástima. Pero, Joan Didion es una magnífica escritora, Eve Babitz
buscaba su salvación escribiendo y Lili Anolik yo qué sé, busca su hueco y sus
alubias. Gracias.
Un inciso que me pierdo personas interesantes. De Duchamp
(13) conocía su urinario y algo que vi en el Pompidou (14). Leyendo “Minimosca”
de Gustavo Faverón le reencontré, digamos, me interesó, me empapé de su obra y
milagros. Este señor, su vida, es fascinante, me interesa más que sus trabajos
artísticos.
No paso la página de Edie Sedgwick pero será en otro momento
que se me acumulan los temas.
Tampoco me olvidaré en Lee Miller que no tiene nada que ver
con lo que intento contar pero sí con mi fascinación por personas con vidas
así
(13) En la
lápida de su tumba se lee: «Por lo demás, siempre mueren los otros».
Y está Eve Babitz que cito como última pero que es la primera en aparecer en esta historia (8). Me tiro de cabeza a “El otro Hollywood” (https://elasombrario.publico.es/locurasl-hollywood-eve-babitz/) y esa fotografía de una Eve (9) de 20 años jugando al ajedrez con Marcel Duchamp (10) me vuela la cabeza. Lo que cuenta me trae a un mundo con el que quiero establecer paralelismos, pero aquella Sopelana (11) no tiene nada que ver con Los Ángeles de los 60/70 (12).
(8) Que es
mi historia, la que me estoy montando en la cabeza al leer a estas tres
señoras.
(9)
Desnuda,
(10) Vestido
(11) El que
viví, la playa.
(12) Ni de
lejos.
"Ahijada de Igor Stravinsky y graduada de Hollywood High, Eve
Babitz posó en 1963, a los veinte años, jugando al ajedrez con el artista
francés Marcel Duchamp. Ella estaba desnuda; él no. La fotografía la convirtió
instantáneamente en un ícono del arte y la sensualidad. Babitz pasó el resto de
la década triunfando en el Sunset Strip, consolidando su fama. Diseñó portadas
de discos para Buffalo Springfield y The Byrds, entre otros. Sedujo a hombres
como Jim Morrison, Ed Ruscha y Harrison Ford, por mencionar solo algunos. Casi
a los treinta, con sus días de estrella en la mira, Babitz fue descubierta como
escritora por Joan Didion. Publicaría siete libros, generalmente catalogados
como novelas o colecciones de cuentos, siempre autobiografías y confesiones.
Poco conocida y leída durante su carrera, desde entonces ha alcanzado un gran
éxito. Ahora, a mediados de sus setenta, está en la cúspide del estrellato
literario y el reconocimiento como una escritora esencial, la más esencial, de
Los Ángeles. Su prosa logra ese ideal americano: arte que se mantiene suelto,
conserva su serenidad y es tan simplemente disfrutable que se confunde con
simple entretenimiento. Lo que Hollywood's Eve tiene a su favor en cada página
es la absoluta negativa de su protagonista a ser aburrida... Te hace correr a
leer la obra de Eve Babitz." The New York Times "Lee el libro de Lili
Anolik con el mismo espíritu con el que leerías una nueva Eve Babitz, si la
hubiera: por los chismes y por la escritura. Ambos son extraordinarios."
Jonathan Lethem "No hay mejor manera de ver Hollywood en esa década
mágica, los años setenta, que a través de los ojos de Eve Babitz. Eve conocía a
todos, se acostó con todos, usó, divirtió y abusó de todos. Y luego está la
propia Eve: una figura de culto convertida en leyenda en el electrizante libro
de Anolik. Este es un retrato tan misterioso, enloquecedor y seductor como su
protagonista." -Peter Biskind, autor de Easy Riders, Raging Bulls. Para
Babitz, la vida era de días tranquilos y compañía rápida hasta que un incendio
inesperado la convirtió en una reclusa, viviendo en un condominio en West
Hollywood, donde la autora Lili Anolik la localizó en 2012. Hollywood's Eve,
mitad biografía y mitad historia detectivesca, "devuelve a la vida una
escena ridículamente glamorosa, añadiendo algunas sombras por el camino"
(Vogue) y "te hace correr a leer la obra de Eve Babitz" (The New York
Times).
https://recordart.net/2020/11/28/eve-babitz-a-los-angeles-icon/
El otro Hollywood
Sinopsis
Fotógrafa y escritora, Babitz
encarnó en su juventud una mezcla única entre la California más liberada y la
élite cultural del momento. Jim Morrison le dedicó una canción, se dejó
fotografiar jugando al ajedrez desnuda con Marcel Duchamp, presentó a Dalí y
Frank Zappa, y contó entre sus amantes a Harrison Ford, Ed Ruscha o Steve
Martin.
Babitz define sus memorias como
«novela confesional», pero lo que aquí nos regala es más parecido a pasear con
ella mientras la ciudad se rinde a su pedigrí provocador. Con un humor afilado,
nos cuenta su vida como una amiga que ha tomado unas copas de más. Vemos a los
jóvenes de L.A. a través de los ojos de una Eve adolescente tumbada en Venice
Beach, compartimos viajes de LSD regados con champán en el Chateau Marmont en
compañía de futuras estrellas del rock y nos enamoramos de esta bonne vivante
capaz de dedicar un capítulo a los mejores tacos de la ciudad.
El otro Hollywood es el universo
de una chica que adoraba las fiestas tanto como los libros de Henry James,
Colette o Virginia Woolf. Es el paraíso de una joven que se entregó a la
provocación y el ensueño de una ciudad que fue su razón de ser. Es, por encima
de todo, la historia de una mujer que, en esa sociedad hipnótica y volátil,
entendió las ventajas que comportaba mantenerse fiel a sí misma.
Buscando en Google salió “Didión y Babitz” de Lili Anolik y esta trinidad me abrió un cielo.
Lili Anolik escribe como una chismosa, como se habla en el reservado de un bar con amigos cotillas, esparciendo chismorreos que no por menos ciertos parece impúdico airearlos, secretos que dejan de serlo (7) y alguna exageración que ya nadie podrá desmentir. Una trepa que lo hace bien, muy trabajadora.
(7) Por dinero, esta señora cobra por lo que escribe. Lógico
Veía fotografías de Joan Didion, una mujer menuda, con cierto atractivo juvenil (6), después con un rostro que reflejaba dolor o estupor o déjenme en paz. No había leído ninguno de sus muchos libros. Al hacerlo disfruté, entendí su valor y su fama.(https://www.educaciontrespuntocero.com/libros/joan-didion-libros/)
(6)
Mientras lo era, joven.
Siendo sincero (1) a Parker solo le interesaba una cosa (2) y de una u otra manera todas sus actividades después de la química, lo familiar y el aprendizaje de la supervivencia (3) se dirigían a ello. Había, cierto, una preparación previa copiada de actores, la premonición de Yul, Bob Morane, la serpiente y la espada, West Side Story, la estrella solitaria, después vino Albinoni hasta que los Beatles arrasaron con todo. Con ese mínimo bagaje y contando con la ignorancia del otro lado, las batallas por lo menos no eran sangrientas porque el amor estaba encerrado en la torre (4).
No sé por qué empiezo por aquí, así, de quién realmente quiero hablar (5) es de ellas tres: Joan, Eve y Lili.
(1) En realidad no hay necesidad de serlo, la sinceridad está sobrevalorada. Además Parker no existe.
(2) Disculpen que no me levante.
(3) Que no era poco.
(4) Ahí siguió varios años para su desdicha, la de Parker, que como ya he aclarado, no existe.
(5) Yo.
Francisco Goya, Capricho No. 43: El sueño de la razón produce monstruos 1799, Museo del Prado, Madrid, Spain.
Parker disecciona anguilas entre el heno, el cieno y el cielo. Después las dibuja, sinuosas, elementales, años antes de interpretar los sueños, las pesadillas, la eternidad.
Entonces se sentía nadando en un río turbulento, negras anguilas de tiempo le rozaban le angustiaban. Ahora no sabe interpretar qué significaba todo aquello, ya no puede recordar los sueños, ni dibujarlos, muchas veces se pierden en la madrugada.
Duerme, vive y la corriente le lleva río abajo.
Pieter Bruegel the Elder, The Triumph of Death, 1562, Museo del Prado, Madrid, Spain.
Parker no comprende cómo ha podido mantener ese engaño consigo mismo y con los demás, simular ser un elegido, tener grabado en la frente el signo de los diferentes, pretender vivir en un paraíso sin tentaciones de serpientes arteras, inventarse episodios con perfumes de eternidad, adaptarse a la emboscada del lobo del miedo que acosa a la ausencia, romper las vasijas que contenían su dignidad.
José Casado del Alisal, The Legend of the Monk King, 1880, Museo del Prado, Madrid, Spain.
El tiempo pasaba y.
Movie still from Peter Pan, directed by Hamilton Luske, Clyde Geronimi, Wilfred Jackson, 1953.
Hubo un tiempo en el que Parker se comió el mundo. Empezó por Bilbao y de las almotacenías siguió alrededor, saltando fielatos, aquellas marcas amarillas en los mapas de la escuela, las aduanas con carabineros reconvertidos y las señales en aeropuertos de acá y sobre todo de allá. Fueron viajes desde el centro de su corazón a una periferia que nunca terminaba. Acumuló historias, conocimientos, nombres, experiencia, alegrías, sinsabores, alguna tragedia, amor y desamor a partes iguales.