Viktor Zaretsky - August (1975)

lunes, 12 de abril de 2010

Lanzarote (1).


Lanzarote es un volcán con uñas que asoman de peces heridos, de hojas caídas de las buganvillas. Por el páramo cruzan pastores con rebaños de animales sin nombre que habitan en la frente de los dioses. Un hombre entierra un reloj y avellanas, una mujer cava un pozo hasta que brota un agua azul y despiadada

Antes de partir dejé esta amenaza: lo contaré a la vuelta.
He vuelto, lo estoy contando.

A pesar de las palabras que no pronuncio por puro miedo
Me duelen los poemas, me duele escribir siguiendo con el dedo el vuelo de una bandada de tórtolas. Invento lo que debo decir, repito largas frases con albahaca en la garganta, busco el eclipse de una luna roja.

Aliso las sábanas con la mano y desaparece el olor de las cigarras, la silueta de lo que no estuvo, la sangre de las cerezas, el cuchillo mohoso que partió la noche en dos mitades. Vuelven las anguilas a desovar en un río que ya no existe, suben por la piel de mujeres dormidas, se confunden con sus dedos, se enroscan en tazas de té y sal.

Queman los días que ya han pasado, la muerte disimula detrás del abanico
Me estoy ahogando en mis propias cenizas.
Vivo en el puro insomnio, en el misterio de una cama desierta, abandonado bajo el rosal muerto, desbrozando un jardín sin ruidos ni musgo, con hombrecillos barbudos que aparecen y desaparecen gimiendo “aún no es tarde, aún no es tarde”.

Todo iba bien hasta que aparecieron estos hombrecillos.


domingo, 11 de abril de 2010

Agitabas pulseras en tus tobillos desnudos.


Y el rocío nos mordió de madrugada, los mastines espantaron el rebaño de goces, azafrán derramado en la mesa, flores secas y música ajada. 

La estancia era dulce y transparente, sentí tus manos acariciar las mías, busqué tu cuello con los labios y encontré la húmeda puerta de mármol, nos miramos y el vértigo nos anegó. 

Lloramos de tan felices.

Agitabas pulseras en tus tobillos desnudos.



Esta serie me parece extraordinaria.

sábado, 10 de abril de 2010

Giovanna Casotto.



Giovanna Casotto

Biografia 

(2 agosto 1962) è un'autrice di fumetti e illustratrice italiana.

Appassionata di disegno e fumetto, prima di intraprendere la carriera di fumettista, Giovanna Casotto, era una casalinga, madre di due bambine, che, per fare la moglie, aveva lasciato a metà il corso di laurea in Storia.

Nel 1994 all'Expocartoon di Roma incontra il fumettista Franco Saudelli, Saudelli diviene il mentore della Casotto, oltre che fonte primaria d'ispirazione comincia una fruttuosa collaborazione. Giovanna Casotto frequenta per tre anni la scuola di fumetto di Milano, finita la quale pubblica alcune storie brevi per L'Intrepido insieme a Mauro Muroni, collabora ancora con lo stesso Saudelli mentre l'editore Trentini le propone di disegnare storie a sfondo calcistico ma lei rifiuta, non sentendosi attratta dal genere, lo stesso, successivamente, la coinvolge nel progetto della rivista di cultura erotica e fumetti Selen, Edizioni 3ntini. L'editore Bonelli le ha proposto di disegnare un numero di Dylan Dog ma lei ha rifiutato non sentendosi all'altezza. Alla chiusura della rivista Selen è passata all'analoga pubblicazione mensile Blue di Coniglio Editore e alla produzione di illustrazioni su commissione privata, contemporaneamente pubblica tavole erotiche anche per la rivista inglese Desire.

Giovanna Casotto si ispira ad un erotismo anni cinquanta, pregno di ironia e ingenua malizia, ha un tratto potente e fa un uso fortemente plastico delle ombre, attraverso questi elementi rappresenta un tipo di femminilità carnale e prorompente, predilige l'uso delle matite e le tavole in bianco e nero con pochi particolari colorati, che in alcuni casi evidenziano elementi tipici dell'erotismo fetish come: scarpe dai tacchi vertiginosi, corsetti e calze autoreggenti. Tema ricorrente di numerose sue tavole è l'autoerotismo, non di rado nelle sue storie compaino scene di bondage e feticismo dei piedi. La particolarità che l'ha resa immediatamente famosa[senza fonte] è che la modella principale delle sue storie erotiche è lei stessa.[senza fonte] La Casotto, inoltre, non ritiene fondamentale la storia nei suoi fumetti, dal momento che sostiene che "il disegno si racconta da sè"

Le sue tavole sono state oggetto di numerose mostre di settore, sia personali che collettive. L'ultima esposizione, in ordine di tempo, è stata con la collettiva Donne ed eros tenutasi a Milano, dal 28 febbraio al 23 marzo 2009, presso l'Associazione culturale famiglia Margini

Giovanna Casotto è stata vittima, come numerosi altri artisti, della censura di Facebook


Giovanna Casotto – La carne y el espíritu.

iGiovanna Casotto, una mujer tímida, casada, con dos hijos, italiana como los raviolis, y es una revelación como dibujante de comics eróticos.

¿Eróticos o pornograficos?: la difererencia es sutil.

Las historias de Giovanna son pretextos para dar rienda suelta a la sensualidad de sus dibujos que desbordan las páginas. Las mujeres de Giovanna Casotto -hembras de rompe y rasga- son mujeres reales, potentes, conscientes de su fuerza sexual. Mujeres mediterráneas, estilo años cincuenta, turbadoras al modo de Sofía Loren.

He leído con deleite algunas de sus historias breves en KISS, pero también algunos libros de comics como “Ritos nocturnos”, “Prestaciones de cama”,“Fallo técnico”.





Hoy toca esto ¿Te parece poco?


viernes, 9 de abril de 2010

Risa.

Em todas as ruas te encontro
em todas as ruas te perco
conheço tão bem o teu corpo
sonhei tanto a tua figura
que é de olhos fechados que eu ando
a limitar a tua altura
e bebo a água e sorvo o ar
que te atravessou a cintura
tanto tão perto tão real
que o meu corpo se transfigura
e toca o seu próprio elemento
num corpo que já não é seu
num rio que desapareceu
onde um braço teu me procura

Em todas as ruas te encontro
em todas as ruas te perco

Mário Cesariny


Reírme, quiero reírme, a carcajadas, que ya está bien de contar tantas tragedias, parezco un artista griego con la máscara del llanto cosida a la cara, con ropajes negros hasta los talones, con los espectadores moviendo la cabeza a derecha e izquierda, con pelícanos volando, estrellándose contra la superficie del agua, peces por debajo, un pulpo gigante de ganas que tengo de absorberte con mis tentáculos rojos, con mis susurros verdes, con saltar a la comba de un arco iris, un tesoro en el extremo, una playa en el otro, tú enterrada entre almohadas, sonriendo.

Un momento, que tengo que bajar corriendo a devolver el vídeo, aunque el aire es tórrido y los gatos sonríen inclinados sobre un papel con raspas de pescado.

Enseguida, mañana mismo, vendrá otra historia, con otros protagonistas, otro argumento, pero, entre tú y yo, es difícil inventar romances zíngaros teniendo en cuenta lo que ha llovido, lo que está lloviendo y lo crecido que baja el arroyo de la vida. La riada se ha llevado el puente. Y a Garzón.

Hasta aquí, que otra cosa es por qué dejo estas incoherencias siguiendo un hilo imaginativo, imaginario entre ahí y aquí, que vaya usted a saber donde es, o sea dónde estás ahora tú que lees y si te interesan estas historias. 

Pues eso.



jueves, 8 de abril de 2010

El jardinero desmemoriado.

A pesar de la sala sucia y oscura
de gentes y de lámparas luminosas,
si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.
¡Y no ponga los ojos en esa hermosa
que frunce de promesas la boca impura!
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.
El dolor mata amigo, la vida es dura
y ya que usted no tiene ni hogar ni esposa,
si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.

Raúl González Tuñón



Bella, te cuento que llevo colgado tu peso en mi sexo. Duele, sé lo que me digo, dije, pero estoy disfrazado y ese del espejo convexo no soy yo o ya no me reconozco.

No es fácil asumir que te mueres, estás tan bien, cantando, asomado al balcón, fumándote la mañana y esa señora de negro de la casa de enfrente es la muerte. Como en las películas te mira, te mira y no es interés, no, es que estás en la lista, tienes el número doce y van a dar las once en el carillón del ayuntamiento.

Vaya días, esa señora que dije, digo, Diego, en un aeropuerto y yo en otro, vuelos equivocados, aviones volando bajo, miedo a volar, niebla en Barajas, lluvia en Roma, no hay aeropuerto en Lanzarote, anoche lo borró ese mujer que nos mira, tan seria. Miro y remiro en las esquinas por si nos sigue.

Corre, corre.

Por cierto, hermosura, empiezo a tener miedo ¿estás segura que no nos ha visto subir al autobús?




miércoles, 7 de abril de 2010

Shōji

Se denomina shōji (障子?) a un tipo de puerta tradicional en la arquitectura japonesa. Funciona como divisor de habitaciones y consiste en papel washi traslúcido con un marco de madera. A menudo las puertas shōji están diseñadas para abrirse deslizándose o doblándose por la mitad, para que ocupen menos espacio que una puerta pivotante. Se usan en casas tradicionales, pero también en viviendas de estilo occidental, especialmente en el washitsu, y ahora se ven en Japón como un requisito indispensable para que una vivienda tenga aspecto japonés. Estas puertas pueden estar en el interior de la casa o dar al exterior, si se trata de una casa tradicional japonesa.


Reconozco que estoy sin inspiración.
Se me va el tiempo en platicar y en mirar la luna.
Esta mañana estaba intentando escribir lo de mañana (sin saberlo, uno siempre está escribiendo lo de mañana).
Desde las nueve he comenzado no menos de cinco cuentos. No me convencía ninguno. Los he borrado y los he vuelto a empezar.
A eso de las doce se me ha ocurrido juntarlos y escribir una novela.
No sé si intentar que el protagonista del cuento uno mate al protagonista del dos, casar al del tres con la chica del cinco o encerrarlos a todos en una cárcel de máxima seguridad. Algo se me ocurrirá.
A media tarde, llevo escritas más de quinientas páginas a doble cara.
Seguiré hasta la noche, o no, porque reconozco que estoy sin inspiración.


No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Fernando Pessoa



miércoles, 31 de marzo de 2010

Hoja 143 del diario de la paciencia.



Centrifugado del reo.

Hay a quien se le hace duro.
El truco consiste en mirar las cosas fríamente:
sentarse allí, en la silla, con la misma tranquilidad
con que uno lo haría en la peluquería,
con la única preocupación de si le cortarán
demasiado el flequillo o le arreglarán bien las patillas.
Inspeccionar con ojo clínico de trapero
aquel aparato lleno de correas: un electrodoméstico más.
Como si la silla fuese un congelador que ralentiza
fotogramas desperdiciados en amor y rencores
que te sobrevivirán en los cerebros de quienes te recuerden.
O mejor aún: mirar la silla,
observarla como si se tratase de un trono
del otro lado del espejo, o mejor, de una simple
lavadora. Eso es: quedémonos con la lavadora.
Mirarla como si se tratase de un aparato ensalivador
que masca tus camisas hasta darles el aroma del limón
y hace girar la ropa sucia de tu vida,
ropa que tú mismo has apelmazado y metido dentro.

Te conducen a ella, te invitan a sentarte,
atan las correas y te dan una última oportunidad
para decir algo:
quizá te dé por pedir un cómic de Hugo Pratt
mientras aguardas el desenlace.
Puede que te dejen fumar un último pitillo
(depende del día, las normas son las normas).
Nunca más deberás tender la ropa,
adiós al fatigoso incordio de coladas que gotean.
Todo ha acabado para ti. Y todo, esa palabra,
se te antoja un par de vaqueros aún no gastados,
cuando la silla eléctrica comienza a centrifugar.

El tiempo justo de preguntarte: -¿Quién vestirá mis ropas?

La furgoneta de los traperos ha alcanzado una curva
y bailan por última vez
las camisas del condenado.

Un viejo de lacia melena
introduce monedas en la secadora
mientras chupa la corteza de un limón
y sigue como si nada.

HARKAITZ CANO
(Poema incluido en el libro "Alguien anda en la escalera de incendios") 

Los riñones, me dolían los riñones.
Esto, que puede parecer normal, para mí no lo era, ya que nunca me dolía nada.

Creo que fue un aviso, una premonición, aquella noche tenía que haberme quedado en la cama. En la mía. Pero no, impulsado por lo de siempre salí a las calles para ver como se caía el mundo.

Y el mundo se caía, a trozos. Llovían cornisas de los rascacielos, de las casas de huéspedes no deseados. Caminando bajo los alfeizares sorteé a hombres con cabeza de perro o de hiena. Ladraban, sí, pero era de puro miedo, de ansiedad por dormir solos bajo los puentes. Algunos orinaban por las esquinas, muchos rebuscaban en los contenedores de basura, unos mordían las farolas.

En la Gran Avenida encontré a una María del Carmen Victoria con apariencia de gallina. Dentro de un inmenso abrigo de visón sobresalía su cabeza bajo una aparatosa permanente azul. Se generalizaba la tendencia de ocultar las evidencias, asesinar la belleza, disfrazar el efímero paso de la juventud. En otro siglo esta mujer fue bella.

Después los hombres perros/hienas se convirtieron en lobos rabiosos y las gallinas eran el último mohicano. Las calles se llenaron de ríos que arrastraban la basura del día. Un demonio de cuernos afilados controlaba el tráfico en el bulevar. Dada mi situación de paro indefinido me dirigí a él para solicitarle un empleo de cuarta Furia. Me miró de arriba abajo y aquí me llega la noticia de que me voy a Lanzarote. Cuento suspendido, fragmento de la imaginación, relato truncado, frío blanco, no hay perdida, ha sido un alivio, no sabía cómo continuar, tiempo exhausto, necesito sol, contraste, pasar miedo en las alturas de aviones bamboleantes, frío blanco entre el frío blanco de las nubes, creer en la diversidad, tumbarme y ver pasar la luz por la ventana, bañarme en mares templados, meter los dedos en otros platos calientes, alejarme de lo rutinario, las mismas caras, voces, luces y sombras. Además así doy descanso a los peregrinos de esta página, pobres, leyendo mis incoherencias, la herencia de recuerdos disfrazados de pastores tocando la flauta en un cerro. Excepto escucharla nunca se me ha dado bien la música, desafino. Por eso soy el pastor, el aprisco, el perro que lo guarda, las ovejas, Don Quijote embistiéndolas con su lanza, el que pinta dragones en sus libros de caballería y el lector que se sienta a tu lado. Además me estaba obsesionando con Megera. Su sombra me persigue, la he visto a menudo cuando volvía del puerto, he escuchado su risa, he visto el brillo de su espada vengadora. También Alecto me persigue a veces. Y confundo la Tisífone que castiga con la que fue vendida como esclava. Por eso voy a Playa Blanca, también, para buscar nuevas historias que contar aquí, las de ahora son peligrosas. Ya sentenciaba la abuela de J. “de lo que habla el corazón escribe la pluma”. Y a falta de pluma y pelo me atuso los bigotes y camino por los aires sin pensar en el regreso. Siempre se vuelve.

En ocasiones me planteo qué hago en esta página, porqué dejo tanto trabajo, tanto esfuerzo. Luego leo un comentario, cualquiera, al azar, y tarareo con los Beach Boys aquello de I'm pickin' up good vibrations, she's givin' me the excitations. Algo pasa, que soy de Bilbao y en vez de sacar pecho como un armador griego despechado me recojo y sigo, sin levantar la cabeza, con una humildad que jamás he tenido, pasando incluso por un espejo roto. Creo que son los riñones, que me duelen. Esto, que puede parecer normal, para mí no lo es, ya que nunca me duele nada. Creo que es una constatación, para quedarme en mi cama, solo, como siempre -la soledad como concepto-, ignorando qué ocurre más allá de mi aquí. Y aquí se cae el mundo.

Por eso salgo a las calles sorteando los pedazos de alma que se estrellan a mi alrededor como cebollas podridas, como grandes frutos tropicales, rojos, maduros, malolientes, desprendiéndose del árbol del bien y del mal. Esquivo a los hombres hipopótamo y a las mujeres pantera, sin permanente. Me evito a mí mismo y a mi jaula. La soledad es una opción de porcentaje variable, incómodo, escribir es el recurso de mi impotencia –la impotencia como concepto- y todas las mujeres que se llaman Isabel son rubias, dulces y sonríen en un ventanal desde el que se ve a partes iguales el mar y las tormentas, la tristeza del otoño y el sol de agosto, peces voladores y un perro negro que ladra a los visitantes nocturnos.

En esta parte del olvido, una parcela sin preguntas, un reino sin fronteras, estamos sin estar, somos sin ser. Las viejas vírgenes elogian a partes iguales la castidad y la importancia de la ignorancia. Dejan simientes de alegría y estudian farragosos tratados sobre su naufragio. Sin saberlo siguen la senda de Knut Hamsun, su resignación melancólica relacionada con la pérdida de la juventud. Las miro sintiéndome al otro lado del mundo. No me identifico como de la misma especie. Soy un vegetal, ese brote verde a los pies del volcán en la mitad de Lanzarote, allí donde si todo ha ido bien estaré ahora que tú lees, con paciencia de penitente, esta mezcla de vaya usted a saber y mi pecho de cristal. Pues eso, digamos que esta es la urdimbre, el resto lo iré incrustando. Hasta la vuelta.



En la mitología griega, Alecto (en griego antiguo Ἀληκτώ, ‘implacable’) es una de las Erinias (o Furias de la mitología romana), hermana de Tisífone (la vengadora del asesinato) y de Megera (la celosa).
Según Hesíodo, era hija de Gea (la Tierra) fertilizada por la sangre derramada por Urano (el Cielo) cuando fue castrado por Crono.
Alecto es la Erinia encargada de castigar los delitos morales (tales como la cólera, la ira, la soberbia, etcétera), sobre todo si son delitos contra los mismos hombres. Su función es muy parecida a la de Némesis, con la diferencia que esta última castiga los delitos morales contra los dioses.

Megera (idioma griego: Μεγαιρα, significado: «La de los celos» o «La celosa»). Según la mitología griega es una de las tres Erinias, diosas infernales del castigo y la venganza divina. Se considera que Megera es la más terrible de las tres Erinias, pues es ella es la encargada de castigar todos aquellos delitos que se cometen contra la institución del matrimonio, especialmente los de la Infidelidad.

Tisífone era la Erinia encargada de castigar los delitos cometidos por asesinato: parricidio, fratricidio y homicidio.
Un mito cuenta que Tisífone se enamoró de Citerón, y terminó provocando su muerte por mordedura de serpiente, concretamente de una de su cabeza.



Knut Hamsun (1859-1952), a quién se conoció a raíz de su obra Sult (hambre), una novela autobiográfica que marca el comienzo del neo-romanticismo en Noruega, recibió el premio Nobel en 1920 por su obra Markens Grøde ( el crecimiento de la tierra) publicada en 1917. El trabajo de Hamsun se encuentra marcado por una profunda animadversión a la civilización y a la creencia de que la única realización del hombre reside en la tierra. Este primitivismo (y por tanto esta falta de confianza por todo lo moderno) llega a su mayor exponente en la obra Markens Grøde, considerada como su obra maestra. Sus primeros trabajos se centran en un desterrado, una figura vagabunda que se opone violentamente a la civilización. Durante su periodo intermedio la agresividad de Hamsun da paso a una resignación melancólica relacionada con la pérdida de la juventud. El trabajo de Knut Hamsun, que escribió más de cuarenta libros, algunos de los cuales son considerados como clásicos, se contempla como uno de los más importantes de la literatura noruega y mantiene su vigencia, ya que hoy en día sigue siendo uno de los autores de ficción más traducidos. 




martes, 30 de marzo de 2010

Larga espera.

Aparentemente, de vez en cuando los adultos se toman el tiempo de sentarse a contemplar el desastre de sus vidas. Entonces se lamentan sin comprender y, como moscas que chocan una y otra vez contra el mismo cristal se inquietan, sufren, se consumen, se afligen y se interrogan sobre el engranaje que los ha conducido allí donde no querían ir. Los más inteligentes llegan incluso a hacer de ello una religión: ¡ah, la despreciable vacuidad de la existencia burguesa!....Odio esta falsa lucidez de la edad madura. La verdad es que son como todos los demás: chiquillos que no entienden qué les ha ocurrido y que van de duros cuando en realidad tienen ganas de llorar.
Sin embargo, es fácil de comprender. El problema está en que los hijos se creen lo que dicen los adultos y, una vez adultos a su vez, se vengan engañando a sus propios hijos. "La vida tiene un sentido que los adultos conocen" es la mentira universal que todos creen por obligación. Cuando, una vez adulto, uno comprende que no es cierto, ya es demasiado tarde.

(La elegancia del erizo. M. Barbery,) 

Sobre las olas rutinarias de los días no llega el barco de ningún mesías, aún no atraca, no todavía, no traerá esperanzas de un más allá que inventamos para hacer llevadera la espera, para hacerla blanca.

Los fantasmas del inconsciente están sentados en el quicio de la nuca, esperando.

Los mayordomos que sostienen los candelabros de la razón también esperan.

Nunca se abre el portón por donde aparecerán los ángeles portadores del significado de la vida, las claves, la solución, el lleno eres de gracia, no.

Es absurdo, lo sé, pero a pesar de todo seguimos esperando.


lunes, 29 de marzo de 2010

Musgo.

Solitario y mohíno, en un bosque apartado,
con millares de versos celebraré la misa,
y derramando lágrimas, cortando mis cabellos,
le ofreceré a diario el alma en sacrificio.

Philippe Desportes (1546-1606)


Musgo en la memoria, sobre los escombros del edificio de lo que nunca fue.

Inventar el pasado entre interrogantes como colmillos, entre bostezos.

Dibujar flores a la soledad, arrancar las malas hierbas de lo cierto para espantar a los fantasmas que se pasean por los oscuros corredores de los días.

Lamer los espejos con lengua bífida, azogarnos.

En vivir así no hay nada legendario, heroico, solo rutina de insomnios. También angustia, el miedo a morir, la vaga presencia de un dios mezcla de imagen de retablo y respeto atávico, necesidad de que todo no sea esto, solo esto, juventud perdida, dolor de articulaciones, enfermedad, esa dama de negro lleva una guadaña y nos mira.







domingo, 28 de marzo de 2010

Odio.


La causa perdida de la poesía

Poetas de mi país y de mi tiempo, ya que compartimos
esta manera de pronunciar el mundo,
quisiera buscar junto con vosotros el hermoso sentido
que han perdido nuestras palabras.
Quizás nos hemos equivocado de escalera
subiendo hasta aquí.

Si reparamos en nuestra ocupada tierra, en nuestros toscos
antepasados, en nuestro relegado dialecto,
da la impresión de que no tenemos país, ni era,
ni lengua,
ni canción, si no los creamos nosotros mismos.
¿Cuál es la equivocación?

Quizás sea también nuestra y, sin ir más lejos,
tendremos que actuar contra nosotros mismos.
Somos más anchos que nuestra soledad,
por qué esas ventanas tan pequeñas.
Hagamos unas ventanas más anchas que nuestras paredes
y cantemos una canción de cuna.

Echemos las botellas vacías a la basura. Y las flores,
y la luna, y los espejos, y los ojos,
y los sueños, y las estrellas, y los corazones decorativos,
y las rimas como amour y toujours
a la basura. Desempolvemos nuestros valores
hasta estornudar.

Aupemos escalón a escalón la deteriorada bandera
de nuestro raciocinio.
Cantémosle una canción de cuna
a nuestro país.
La poesía no transforma nada, no convierte en fanático
a nadie,
pero hagamos algo por encontrar palabras de la medida
de nuestro país y de nuestro tiempo,
de una talla que pueda usarlas el mundo, el siglo
y la gente.
La poesía no es una actividad descomunal, consiste
en jugar a restaurar el lenguaje,

en enmendar la manera de enlazar las reflexiones,
componiendo una obra imperfecta,
pero consideremos que es una ocupación humana tan digna
como preparar limonada.
Cantémosle una canción de cuna a la cuna vacía
a nuestro país.

Joseba Sarrionaindia.


• Tú, hijo de puta ¿qué miras? Te meto cuatro hostias que te enteras. Rápido, bajar todos. Tú, cabrón. Darle caña, darle, darle. Vamos, vamos, a correr. El pueblo sabe distinguir.


• Y se mete al ayuntamiento. Para sangrar al pueblo. Él, que nunca ha sido ejemplo de nada. Parecía otra cosa. Pues que se prepare. Y vosotros. Explotadores. El pueblo no olvida.


• Mi hijo. Ocho años lleva preso. Él no fue, estoy segura. Este fin de semana también iremos a verle. Debe resistir. Entre todos le sacaremos. Es un luchador, un ejemplo para el pueblo.


• Antes bien que nos han jodido. Cabrones. Que mi madre tenía que ir a su casa a limpiar, de sol a sol. Y llevar el agua. Ni nos miraban a mi hermana y a mí, ni existíamos. Y a padre, siempre humillado. Sí señor, por aquí, sí señora por allá. Hijos de puta. Les está bien empleado. Allí estaban, temblando, sin nada, todo quemado. Ya no galleaban. El pueblo sabe hacer justicia.


• Tanto odio, tanto dolor, tanta muerte, tanto sufrimiento.

Mi foto
Bilbao, Euskadi
pedromg@gmail.com

Creative Commons License Page copy protected against web site content infringement by Copyscape ecoestadistica.com site statistics

Vistas de página en total

Lo que hay.(Desde 08.02.07)

Se quedaron

Así vamos

Aquí desde 08.02.2007

(Antes en Blogia desde 07.2004)

(Y mucho antes en "La tertulia en Mizar")

7.824 entradas