Viktor Zaretsky - August (1975)

viernes, 12 de marzo de 2010

El extraño caso de las fotografías que desaparecen.

  (Juan Bautista Maino)

Los araucanos dicen que la palabra escrita se pierde, la palabra oída dura para siempre. Lástima que aquí solo pueda escribir, perderme en largos textos que al final no dicen nada. Por eso los acompaño con música que escojo y cambio con frecuencia. También con imágenes que me prestan de aquí y de allá.

Aquí viene el problema, en las últimas semanas desaparecen muchas de esas imágenes que acompañan a los textos. De un día para otro se van, se vuelven invisibles. Están ahí, veo su huella, los comentarios que suscitaron, pero aquella foto que colgué con mimo ya no está.

No, no es afán de cambio, desaparecen por sí mismas y debo subir otras nuevas.
¿Será el espíritu vengador de los fotógrafos agraviados? ¿Será la carcoma blogueril? ¿Qué será, será? Estoy vigilante.

Ignoro si también os pasa a vosotros/as.
Ignoro tantas cosas.
Por ignorar, ignoro incluso qué demonios hago aquí hace tanto tiempo.
Me aburro.



Armando Buscarini (Ezcaray 1904-Logroño 1940), escritor (?) maldito, escribió algo así: La vida me ha regalado bellezas, muchos crepúsculos han iluminado la estepa sombría de mi infortunio; pero siempre, como en las páginas Bersognianas, el encaje de la ola una vez diluida en la mano del poeta era una pequeña parte de sal. Mi airón es una túnica desgarrada por lo tortuoso de la vida cruel; un silencio tenaz oculta el drama de mi éxodo; pero sobre todas mis desesperaciones hay una risa de oro, hay esa esperanza que duerme en mí y que como una paloma blanca me traerá un día de luz el salmo de Resurrección: el salmo de los estíos eternos.

En realidad no sé si tiene algo que ver con lo que me ocurre en este caso de las fotografías que desaparecen pero me ha parecido oportuno colar esa frase.

Y por si fuera poco añado esta otra de Breton: "Heme aquí, en los corredores del palacio en que todos están dormidos. ¿Acaso el verde de la tristeza y de la herrumbre no es la canción de las sirenas?"

Y me quedo tan ancho, chao, buen fin de semana.


(Max Ernst)



jueves, 11 de marzo de 2010

Hasta aquí.

El ruido de la ciudad resulta tan próximo, tan cercano, que se oye su roce contra la madera de las persianas. Se oye como si atravesaran la habitación. Acaricio su cuerpo en ese ruido, en ese paso. El mar, la inmensidad que se recoge, se aleja, vuelve.

Le había pedido que lo hiciera otra vez y otra. Que me lo hiciera. Lo había hecho. Lo había hecho en la untuosidad de la sangre. Y, en efecto, había sido hasta morir. Y ha sido para morirse. (El amante .-. Marguerite Duras.)


Te lo escribo una vez más, no, no es comodidad, ni ese sentido práctico impregnando los consejos del coro, ni esas miradas reprobatorias de los diferentes, ni ese cansancio nuevo después de cada caída, cruz liviana, camino sin piedras, o lluvia de piedras, o piedras lapidando nuestro amor. Ya, salió la palabra, amor y piedra y miedo y tú y yo y los días separándonos y cada vez nos quedan menos refugios, menos agujeros sin ojos, cada vez hay más ojos, un océano de ojos. Enrolados en un barco de pescadores ciegos, navegando entre la niebla, gritando para no embarrancar, no vemos el faro, no vemos la línea de la costa.

Te siento caminar por tus caminos borrados después de la tormenta. Te miro a través de ti. Te veo con rayos X como si fueras de papel, tu cuerpo de cristal. Veo tus intestinos y los pulmones, veo tus riñones aún doloridos y tu sexo adormecido como un animalillo cansado, hibernando. 

Aquí te escucho cantar y tu dulce voz interrumpe mi escritura. Escribir no sirve, bah, las palabras no dicen lo que siento, no pueden abarcar todo lo que llevo dentro, el lenguaje se me queda corto, romo. Por ejemplo privilegio, quererte es un privilegio, pero esta definición no es suficiente, no comprende tanto como bulle dentro. Te quiero a ti porque tú me has permitido quererme a mí, cuanto más te conozco más me conozco, cuanto más te busco mejor me encuentro, y eso es un milagro pero las palabras están gastadas, me sobran palabras, por eso ahora mismo me callo. Hasta aquí.




miércoles, 10 de marzo de 2010

Fieramente quiero quererte


Debió pasar mucho tiempo sin poder estar con ella, sin llegar a darle el heredero de las fortunas. El recuerdo de la pequeña blanca debía de estar allí, tendido, el cuerpo, allí, atravesado en la cama. Durante mucho tiempo debió de ser la soberana de su deseo, la referencia personal a la emoción, a la inmensidad de la ternura, a la sombría y terrible profundidad carnal. Después llegó el día en que eso debió resultar factible. Precisamente aquél en que el deseo de la niña blanca debía de ser tal, insostenible hasta tal extremo que hubiera podido encontrar de nuevo su imagen total como en una fiebre intensa y poderosa, y penetrar a la otra mujer de ese deseo de la pequeña, la niña blanca. A través de la mentira debió encontrarse en el interior de esa mujer y, a través de la mentira, hacer lo que las familias, el Cielo, los antepasados del Norte esperaban de él, a saber, el heredero del apellido. (El amante .-. Marguerite Duras.)


Fieramente quiero quererte, como este que soy, el de ahora, este que te ama, exigente, que te toma entre sus brazos y te lleva a la cueva de nosotros, ocultos y libres, abrigados por capas de tiernas palabras, de silencios que lo dicen todo, de caricias inventadas, de una mirada que nos ata y nos empuja a través del puente suspendido sobre un mar tempestuoso.

Todos gritan que no nos tiremos y tú y yo, mi dulce Wendy, ajenos a los tiburones de abajo y a los de arriba, caminamos torcidos y equilibrados, borrachos por tanto oxígeno que podemos arder, mareados por el movimiento de este buque que cabecea entre las olas inmensas de lo imposible para, al final, dar un brazo por una cama tibia, por una habitación silenciosa y en penumbra, por horas desmenuzándonos como curiosos insectos que todo lo quieren saber, que quieren llegar a cada rincón de nuestros corazones confundidos y hambrientos, inmensos como desiertos, con cabezas saliendo de la tierra en espera de lluvias, de relámpagos, de tantas emociones como nos regalamos entre flores y dibujos de alfombras traicioneras, de la puerta que sella y defiende, del miedo a dejarnos llevar y empezar de nuevo. 

Fieramente quiero quererte, vida, y la realidad me toma de las solapas y me abofetea, me empuja contra la pared, me intimida, me obliga a bailar delante del espejo, me muestra la realidad de este que soy, el de ahora. Y es entonces, justamente entonces, cuando me alejo, cabizbajo, cuando el mar de lo cotidiano me traga, cuando sé que no hay lugar para los sueños. Vuelvo al mundo submarino. Glup.


(Gracias  a Mirada)

martes, 9 de marzo de 2010

Una vaca

No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca, o ya la frente,
silencio avises, o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?.

(Quevedo)


Que dibujas una vaca y se ve –una vaca-. Que lo tuyo es lo abstracto, también –el artista expresa ahí, en esa mancha verde, su tristeza, o su gozo, o su extrañeza del mundo. Oh-. Así va.

Para verlo bien una cosa requiere más esfuerzo que la otra, claro. La vaca mejor o peor dibujada está ahí, con sus cuernos, sus ubres y sus manchas negras, en cambio lo abstracto requiere imaginación, ponerse en el lugar del pintor, interpretarlo. Esas cosas, qué te voy a contar.

Que escribes, pues eso, que generalmente se entiende. No, no estoy entrando en el bosque de escribir bien o mal, con escribir me sirve, de momento. Que colocas seguido “tengo” y “sueño” -por ejemplo- y trasmites una idea, una necesidad en este caso que tienes sueño. Qué práctico es escribir, qué invento, qué bien, “tengo sueño”, es increíble, con qué poco cuanta información. Si además de escribir que tienes sueño, añades “mucho”, quedaría “tengo mucho sueño”. Ya vamos entrando en materia. Otra cosa es que a ti te importe que el que escribe tenga sueño, poco o mucho, que esa es otra historia.

Sigamos. Como somos tantos, millones, si todos tenemos sueño a la vez esto es un problema, si todos escribimos y luego nos dormimos ¿quién lee? Podemos hacer turnos, un suponer, tú escribes, duermes y yo te leo y luego cambiamos, escribo, duermo y tú me lees. Vale, es un principio. 

Si colocas una palabra detrás de otra puedes transmitir los que sientes, piensas, te preocupa, te alegra, te molesta, te incomoda, quieres compartir, te duele, lo que necesitas, lo que te sobra, lo que te apasiona. Lo dicho, escribir. Eso hacemos desde tantos blogs que están cambiando el concepto de comunicación.

Habitualmente escribo con total desnudez, cual adamita, a veces se me ve el hígado, otras el bazo, hay quién me ha visto parte de un pulmón.

Hoy no estoy diciendo todo lo que quiero decir. Mil ojos nos contemplan (+ o -). Hoy no se me ha visto nada. Pero se entiende ¿verdad?

No quiero aburrir, dejo aquí esta idea en este día dedicado en Japón a los magnolios, símbolo de los silencios inmotivados.

 (Basquiat)


lunes, 8 de marzo de 2010

Sade Adú.



Morning bird, Sade Adú me canta al oído su Soldier of love, entero, melodías erizadas, me lo susssurra, así, por el otro oído me entra la voz Q, como un eco, contrapunto mágico deslizándose por mis orejas, su recuerdo entra en mí saltando desde la punta de su mensaje de despedida, lacónico pero rico, delicioso, goloso lo chupo, lo mastico, paso mi lengua por él, lo lamo, también lamería la espalda dulce de Q, desde el cuello al omoplato derecho, desde el izquierdo hasta las nalgas, final de espalda, se acabó el recreo, mi lengua se ha descontrolado, quiere saber de todo su cuerpo, suena el despertador, estoy bajo las sábanas, sudoroso, en duermevela, soñándola en el día recién comenzado, las persianas bailan, llega la brisa de primavera y ya no hay nada que hacer, adiós viajera, adiós a la que era, hola calor, hola primavera, hola espera del regreso y esos poemas que escojo, recojo, pinto con mis dedos mojados en miel, en vino tinto, quisiera escribirlos sobre sus muslos con letra pequeña, apretada, tatuarla de poesía, de misterios como telarañas, araña yo mismo esperando sus pasos de insecto en la noche sobre las paredes que nos separan, picarla y sorberla, comerla pedazo a pedazo, regurgitarla, verla crecer, formarla, bella de nuevo, hermosa, volver a comérmela, que me coma ella mí, asustado por verla, aterrado por no verla, por saberla ahí, rondándome, siempre escondida, presentida, me asusta Q embozada en su capa negra y roja, sus ojos de ya no deseo, me inmovilizo, apenas respiro, no sé detrás de que puerta saldrá, desde que esquina saltará sobre mí, aunque estoy dispuesto, rendido, entregado sobre la piedra, desnudo, mis brazos y piernas en cruz, indefenso, también mi alma está indefensa, quiero que me muerda, que desgarre mi débil resistencia, que derribe mis últimas murallas, estoy aquí, y agitar la cabeza, salir a caminar, despejar esta imaginación que no cesa y añorarla, escuchar el hambre por ella como un runrún en el estómago, dibujarla en miradas, seguir las líneas quebradas por las baldosas de la calle, jugar rayuela, cielo o infierno, salir del caparazón, retorcerme, un loco me mira, no son borrones, son lágrimas cayendo desde el borde seco de no saber, de colgar de un clavo en el marco de la ventana esta inquietud que no cesa, que me garantiza una atmósfera húmeda para los próximos cinco días, esperando sentado bajo la aurora, la añoro más y más, cuatro horas después garabateo caricias nuevas ¿nos quitamos la ropa? me mantiene alegre el presentimiento de su sonrisa cuando nos veamos de nuevo, me mantiene ansioso la promesa de su piel entre mis dedos deslizándose por sus piernas que tiemblan, rozando el borde de sus vestidos de monja, mi boca en el hueco del cuello, soltar un botón, otro, otro, la mano explorando, audaz, pero quizás sea demasiado pronto y atar los botones, el teléfono, alguien espera en la antesala, mañana vuelvo, ¿estoy bien peinada? . The Safest Place, final del Cd. Mi doloroso beso de hoy. Al aire.

Q es a S como ayer es a nunca.





domingo, 7 de marzo de 2010

Dem deutschem volke





Cuando un hombre te roba a tu mujer no hay mayor venganza que dejar que se quede con ella.
Sacha Guitry

Algunas personas nos preguntan el secreto de nuestro largo matrimonio.
Nos reservamos tiempo para ir a un restaurant dos veces por semana.
Luz de velas, cena, música suave y baile.
Ella va los jueves y yo los viernes.
Henny Youngman

No me preocupa el terrorismo.
Estuve casado diez años.
Sam Kinison

Tuve mala suerte con mis dos esposas.
La primera me dejó, la segunda no.
Patrick Murray

Dos secretos para mantener vivo el matrimonio.
1. Cuando estés equivocado, admítelo.
2. Cuando tengas razón, cállate.
Nash

La manera más efectiva de recordar el cumpleaños de tu mujer es olvidarlo una sola vez.
Anónimo

Mi esposa y yo fuimos felices durante veinte años.
Después nos conocimos.
Rodney Dangerfield

El matrimonio es la única guerra en la que uno duerme con el enemigo.
Anónimo

Un hombre puso un aviso en los clasificados: 'Busco esposa'.
Al día siguiente recibió cien cartas. Todas decían lo mismo: 'Puedes quedarte con la mía.'
Anónimo

Primer hombre (orgullosamente): '¡Mi esposa es un ángel!'
Segundo hombre: 'Tienes suerte, la mía aún no se me ha muerto.'
Anónimo
(Nosotros)

El desplazamiento conduce, por lo general al sofismo o a la simpleza. A la vez, pueden haber chistes que emplean un material en otro sentido, juego de palabras de doble sentido con alusión o encubrimiento de idea. Y la gracia del chiste no se encuentra en el pensamiento expresado, sino en la idea latente o en el propósito que lleva. Todos éstos y los de formación verbales subordinan al concepto de formación de sustitutivos.


Fácilmente puede observarse, en el chiste, cómo el deseo se realiza, disfrazando la intención para burlar a la censura y vencer la coerción. Entonces, podemos ver la relación entre el chiste y el sueño, en los que se presentan los mismos fenómenos: desplazamiento, condensación, elaboración inconsciente, etc. Aunque una gran diferencia entre ambos es que surgen en dominios diferentes de la vida anímica y en lugares del sistema psicológico muy alejados uno del otro: el sueño busca satisfacer una necesidad y ahorrar displacer, mientras que el chiste busca conseguir placer.








Momento de Auto-complacencia (Gates, Bill, me corrige en rojo si lo junto), que termino el eneagrama (again, Bill) y da 67, o 13, o no da.

Qué me importa mientras camino entre las jóvenes prostitutas de la Weinmeisterstrosse (es el único  lugar de Berlín en el que una mujer bella me mira con –fingido- deseo), arriba y abajo de la curvada calle con equilibristas tranvías amarillos.

Sigo caminando y barrios más allá, me topo con que los revisores de papeleras se obstinan en duras pugnas dialécticas con guardabosques solitarios.

Nosotros somos el pueblo –dice uno-.
Que vienen los rusos- contesta el Otro.

Der iwan kommit, repite, sonámbulo mantra del viejo guardabosques sin manta que vigila la cúpulas de los árboles de Tiegarten la cúpula del Reichstag, que no se copule entre los zarzales, que se cumpla la floración primaveral, que la nación no sea una obsesión, que las ardillas no muerdan a la niños y viceversa.

Vano intento, la normalidad del caos hace que todo sea como es y las obsesiones por naciones, cópulas, cúpulas y niños devoradores de ardillas crece y ocupa las primeras planas de los periódicos más prestigiosos y d`este blog Glup (2.0)

Al acabar el día el espíritu de Ángel González tiembla entre/bajo/junto a los tilos, se expande y recita:

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.

Y ya solo queda recoger el catalejo, dar fuego a las farolas y volver al cuarto esquivando las escaleras abiertas, a los gatos negros y a los dobles de Stefan Zweig mientras escribimos por las paredes “verba volant, scripta manent”.

Señoras y señores, esto es lo de este domingo.

(Aplausos)





sábado, 6 de marzo de 2010

Sería más fácil.







(Sobre el texto de ayer)

Sería más fácil.
Llevarlo en la frente.
En un cartelillo.

Soy un asesino, un violador, un ladrón, un maltratador, un delincuente, un defraudador, me llevo bolígrafos de la oficina, me meo en (el agua de) la piscina, fui yo el que se comió el trozo de la tarta que sobró de ayer, toco el culo de la mujeres en el metro, soy un cabrón de mierda.

Algunos carteles deberían ser muy grandes.
A muchos les faltaría frente.
A bastantes les faltaría lo que se supone que debe haber debajo (de la frente), portan un vacío, un erial en la inteligencia.

Pero no es así, ya ves, nadie lleva carteles.

Hay caras que despistan, hay gente con cara de bueno que son malos y gente con cara de malo que son buenos.
Siempre sabiendo deslindar qué es lo bueno y qué lo malo, quién lo determina, quién escribe los códigos. Eso.

Que ves en la tele a un asesino en serie y te extraña que sea “normal”, incluso guapo. O a un terrorista y te sorprende que no lleve capucha negra. O a un tío muy feo y le escuchas hablar y te fastidia que parezca inteligente, un tío majo.

A mí me ocurre con algunas mujeres. Me encantaría que en su frente se encendiera un rótulo con letras fluorescentes corroborando que sus pensamientos/sentimientos corresponden con lo que dice.
Un suponer, ella dice “te quiero, chato” y por su frente se escribe lo mismo en letras de neón, como esos carteles del Ibex en la Bolsa, como en Hollywood. O que gime entre mis brazos, “ay, churri” y en su frente, letra a letra, traduce “qué pesado, ¿Cuándo terminará?, me tiene aburrida”.

Sería más fácil.

“Pedro, encantado ¿cómo está usted?” Y al manuel se le ve en el cartel de la frente, “soy un cotilla”. Pues no le cuento nada.

Por cierto, no sé qué pone en el cartel de mi frente pero llevo varios meses que no paro de una cama a otra (en compañía femenina, claro). Por si acaso no me miro en el espejo para saberlo (sobre todo ahora que he aprendido a trucarlo).

Feliz sábado, queridos míos.






viernes, 5 de marzo de 2010

Noche del sábado


 Hace frío, cae un ligero sirimiri. No es una noche para paseantes. Las calles parecen desiertas.

Pero una muchacha, con una maleta en su mano derecha camina junto a las paredes, escogiendo las sombras de la ciudad dormida. Tiene unas facciones agradables, lleva la melena recogida en una coleta que le da aspecto de niña.
Por la acera de enfrente, también entre sombras, camina un joven. Lleva un gorro de lana y al pasar bajo las farolas brillan las gotas de agua sobre su chaquetón.
Los dos marchan a buen paso, sin volver la cabeza, a veces se miran y sonríen.

Al doblar una esquina la muchacha se sube el capuchón de la gabardina, se para un momento, mira a los lados y sigue su marcha.
El joven parece inquieto, se para en la oscuridad de un portal, enciende un cigarrillo y sigue.

Varias calles más allá un hombre bosteza sentado frente al volante de un coche aparcado bajo los tilos del parque. Fuma sin cesar. De vez en cuando activa el limpiaparabrisas. En el asiento de al lado reposa una pistola.

La muchacha balancea airosa la maleta.
El joven cruza la acera y se pone a su lado.
El hombre sentado frente al volante les ve llegar y enciende el motor del coche.

Al llegar al edificio de Hacienda, la muchacha roza ligeramente la mano del joven, deja la maleta en la puerta y sin apresurarse demasiado van hacia el coche parado en el parque. Los dos se suben a él. El vehículo arranca y a gran velocidad se pierde en una rotonda dos calles más allá.

Durante los dos minutos siguientes la ciudad sigue silenciosa.




Un artefacto explosivo detonó en la noche del sábado en la ciudad de Santander, en el norte de España, en el quinto atentado en dos días, atribuido a un grupo terrorista.

El incidente, que no habría causado víctimas, ocurrió poco después de que una bomba explotara en la puerta de la delegación de Hacienda.

Los ataques, al igual que los tres atentados del viernes, coinciden con la cumbre de la Unión Europea.

La policía asegura que se trata de una campaña de una organización terrorista.





jueves, 4 de marzo de 2010

Gateo.



 Un día, a eso del mediodía, cuando me dirigía a mi piragua, me sorprendió enormemente descubrir las huellas de un pie desnudo, perfectamente marcadas sobre la arena. Me detuve estupefacto, como abatido por un rayo o como si hubiese visto un fantasma. Escuche y miré a mi alrededor pero no percibí nada. Subí a un montículo para poder observar, recorrí con la vista toda la playa, a lo largo y a lo ancho, pero no hallé nada más. Volví a ellas para ver si había más y para confirmar que todo esto no fuera producto de mi imaginación pero no era así. Allí estaba muy clara la huella de un pie, con sus dedos, su talón y todas sus partes. No sabía, ni podía imaginar, cómo había llegado hasta allí. (Daniel Defoe - Robinson Crusoe)



Gateo en la memoria y no me encuentro.
Escarbo en tanto como dije y no sirve.
Recostado en el olvido sigo insomne.
Busco una Niniane que describa nueve círculos de pasos a mi alrededor, que susurre nueve veces las palabras mágicas, que nueve veces me ame.
Al alba, en la playa, encuentro la huella de lo que fue, de aquello que causó mi desgracia.
No encuentro los pasos previos, una sombra, la intuición de qué, quién la dejo, se ha perdido el entonces.
Me acompaña el viento, nada más.
Ha llegado el crepúsculo y sigo solo.
¿Cómo llegué al destierro?
Temo la noche.


  



martes, 2 de marzo de 2010

Río.





Me tiré al río para salvarme a/de mí mismo
Ahí estaba, moviendo los brazos como Spitz.
Sumergido en el frío que llenó el viaducto de mis pulmones

Ladraban los perros

Una anciana me observaba curiosa, sin moverse, sin gritar.
Mojada en la niebla, tiritando en la mañana.
No sabía de mi ignorancia en suicidios.

Eso era el silencio.


El agua no distingue músculos ni facciones.
Se limita a buscar el mar, como se debe.
Es ágil como el verano de Francia.

El agua es obstinada y fluye.
Juega con la muerte sin hablar, sin negociar, sin sellos
No sabe si los ángeles de la guarda libran los jueves..


Floté río abajo como un bajel que apuraba la espuma sobre puntiagudas rocas. Vi tantas cosas nuevas, maravillas que no puedo enumerar. Me confundí con el medio, fui agua, diluí la prevención, por las comisuras de mis labios se filtraba la ironía de las serpientes, la generosidad de los barbos, la ondulación de la corriente.


Unas monjas me saludaron desde un carro de heno.
Sus tocas volaron al pasar por el alto del puente.
Eran bellas como Isabel, como cipreses de ribera.

Los aguadores las requebraban sin recato.


Entre los juncos se enganchaban los cuerpos de los adolescentes ahogados.
Lancé piedras desde el centro hasta el borde de las burbujas.
Las ondas concéntricas se abrían y llegaban a sus pies morados.

La ciénaga presentida. Borbotones de orgullo. Eleanor Martin.


Para entretenerme reuní lo esparcido, palabras bailando en parejas.
Las voces se restregaban, se excitaban mutuamente.
Memoria, humedad/ olores, piel/ sabor de lágrimas, despedida/.

El espasmo de la cocinera que pela cebollas.



Cuando llegó el insomnio las madrugadas se eternizaron, perdí el sentido de la orientación, me anticipé al riesgo de la marea. Fue entonces cuando llegaron los pueblos, cuando presentí la colisión, cuando la luz se debilitó y supe que el remolino nos iba a tragar a todos, sin remisión, sin posibilidad de escabullirnos. Ahí delante estaba lo negro, lo negro, lo negro, lo negro, lo negro, lo negro, lo negro, lo negro.


Me jalé de los pelos y nadé/remé /pataleé hacia la orilla
No recuerdo si la derecha o la izquierda.
Me salvé a pesar del cepo del invierno.

Al salir vi los pájaros, graznaban sobre los alambres del cercado.
Llegaban y llegaban de todos los cielos.
Los oscurecían

Esta era la profecía.



Volví a tirarme al río, espantado.

Aquí sigo.

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Bilbao, Euskadi
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