miércoles, 10 de junio de 2026

Luis Berraquero (10)

 


El verano avanzaba y la borraxeira se volvía más persistente. Los paseos en la playa se hacían menos frecuentes, pero las conversaciones en el pequeño bar frente al mar se prolongaban hasta bien entrada la noche. Luis Berraquero tiene una memoria prodigiosa y una vida nada común. Sigue su relato.

 

“Desde hace mucho tiempo la selva se parcela, Brasil vendía a multinacionales grandes extensiones a Japón, EEUU, Francia, etc. Estas grandes empresas introducen maquinaria pesada que la arrasa, dejan el terreno limpio dedicándolo a plantaciones o para el ganado. 

Por otra parte, los nativos bajan del calor de Ecuador y en un claro de la selva fabrican una choza, plantan mandioca, tienen unas gallinas, algún cerdito, por supuesto sin ninguna propiedad sobre el terreno.

Los facendeiros por las mañanas se presentan a los indios que viven en esos claros y les invitan a desaparecer de sus casas. A los dos días si no se han ido, de forma expeditiva, cruel, dan un tiro en la nuca del padre, la madre, los hijos, disparan a las gallinas y cerdos, hacen una fosa común y los entierran. En unos días la selva los cubre de vegetación. Por supuesto toda esta información la recogíamos de los indios sobrevivientes que nos informaban con la ayuda de los colaboradores de Pedro Casardaliga.

El Gobierno fue informado y antes del regreso a España pernoctamos en Brasilia para recuperarnos de los duros días en la selva. Dejamos en consigna del aeropuerto los trescientos kilos de material de trabajo y con o imprescindible nos fuimos a un gran hotel. Por la mañana, tras el desayuno, partíamos del país.   

Estábamos los cuatro compañeros en el hall del hotel esperando los taxis que nos llevasen al aeropuerto. Bajé al servicio en la planta inferior. Junto a mí se puso una persona de raza negra. Nunca olvidaré que tenía los ojos verdes. Al terminar, empecé a subir las escaleras y este señor me puso una pistola en los riñones, en perfecto brasileño, muy fácil portugués, me dijo que levantara las manos. Al llegar al hall aparecieron tres policías con armas largas y nos pusieron con los brazos en alto contra la pared. Nos incautaron las pocas bolsas de viaje que llevábamos y esposados nos metieron a los cuatro en sendos coches policiales.

En ese momento el gobierno brasileño lo formaban una Junta Militar. Nos trasladaron a la sede de la Policía Político Social. Cada control que caía pensaba si en algún momento los dejaría atrás. Tras tres días de interrogatorios en celdas separadas sin saber lo que mis compañeros decían, pedí al policía que me interrogaba que quería hablar con un superior. A las dos horas apareció y le pedí que me trajeran mi documentación, una cartera de piel con la bandera de España, con las acreditaciones de pertenecer a RTVE y varios carnets de prensa internacional. Le hice saber que los cuatro éramos miembros y funcionarios del Gobierno Español y pertenecientes a la única televisión de España en aquel momento, que sin nos pasaba algo a mí o a mis compañeros sería un serio problema de estado y, lo que más pesó, que en los próximos campeonatos de fútbol que se iban a celebrar en España tendrían serios problemas con nuestro Gobierno (siendo el fútbol un tema tan sensible para ellos).

2 comments :

Tot Barcelona dijo...

sigo la trama...

Pedro M. Martínez dijo...

Tot Barcelona , muchas gracias por tu paciencia y por el comentario.

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