sábado, 10 de octubre de 2020

Buen viaje.

 


Helen Frankenthaler  

Desde el andén. Ay, mi bella amante en tu plenitud, tan inteligente, sensible, dulce, especial, diferente, sonriente a veces, llorosa otras, deliciosa siempre, apasionada, milagro al que quiero besar la mano en esta mañana luminosa, regalarte mi mirada limpia, mi promesa de que intento con todas mis fuerzas poder corresponder al caudal de emociones intensas que dejas en mi puerta, así, como si nada, de forma natural.

Quiero acariciar tu frente para que estés tranquila, feliz, relajada antes de tu viaje, aunque te vayas tan lejos y no nos veamos nunca más. Después, recoger los pañuelos mojados de lágrimas, tenderlos en una cuerda sobre la vía de ese tren que te lleva a no sé dónde, acurrucarme entre las piedras de las vías y quedarme ahí, inmóvil, indiferente a la locomotora de la tristeza que viene a toda velocidad y que de forma irremediable me arrollará. Buen viaje.

viernes, 9 de octubre de 2020

Desenfocado

 


Desde 2007 este Glup 2.0 intenta ser un blog, todavía hoy. Un blog es un blog, aunque esté desenfocado, de hecho no se le puede pedir más. Está empapado de colores, palabras, ojos que miran. A veces las imágenes se comen  texto y concepto, ya, lo sé. Los textos ajenos se apelotonan y se superponen,  se mezclan y apartan, disturban, distraen. Llevo tiempo intentándolo, ni sé los días. Se trata de un clic. Pero no sólo. Hay un lenguaje, uno se asoma a la azotea de la bitácora, aparta al remolino de estorninos y ve un panorama; eso si no es de noche o hay niebla o el que se asoma es ciego. Hay un estilo, está feo que lo diga, está feo hablar de lo que hace uno, sin embargo en un blog se habla de lo que hace – y de lo que no hace- uno, a veces de lo que hace uno con una, o sea dos, o sea, uno doble, o sea voces en el desierto, nada. Se me han caído las hojas, amarillas, mustias, me pongo la piel de otro, los ojos de otro e intento no resbalar por las escaleras que bajan al cansancio, al olvido. Son estos días invisibles mientras llega lo que no llega. Aquí sentados, esperando, nos. Mala cosa esta de escribir sobre el continente en vez de llenarlo de contenidos, de vaciarme de amores, o rencores, o aniversarios como frágiles velas flotando sobre los nenúfares en la oscura charca de la noche. Un blog es un blog, aunque esté desenfocado. Este Glup 2.0 ahora en este año de la pandemia todavía intenta ser un blog. Gracias por seguir viniendo.

jueves, 8 de octubre de 2020

Obras

 


Lo han hecho otra vez (o yo, no sé).

En agosto compartí un vídeo de un grupo de hard metal y de forma fulminante FB me cerró el muro por 24 H. Les dije que no sé noruego pero nada.

Como cada día, ayer me recordaron lo que compartí en años anteriores. Una foto de hace tres me pareció curiosa y la subí. Total, otras 24 horas de retirada de carnet.  

La foto (borrosa) en cuestión era de Adolfo H. sonándose los mocos (no es broma). La encontré en alguna revista y me pareció muy curiosa, muy desmitificadora, muy normal. Creo que a nadie se le ocurriría que es apología de nada, a FB sí. Pues eso, 24 horas en estado de ver pero no se tocar.

Estoy harto de algoritmos censores.


miércoles, 7 de octubre de 2020

Nunca el de ella.

 



Al salir del confinamiento, lento, muy lento, las ideas tomaron sentido, forma, encajaban poco a poco. Podía distinguir el contorno de un animal aún indefinido (podría ser una vaca, quizás un alce, un perro negro), nubes, un rostro borroso no se sí de ángel o de extranjero.

 Nunca el de ella.

 Aún era muy pronto.

 Escribo  esto ahora para no olvidarme.

martes, 6 de octubre de 2020

Pánico

 


Vale, sí, cierto, tuve pánico, lo reconozco, estaba sólo, el miedo a lo desconocido, la noche,  lo jure, cierto, ¿qué quieren?, ¿nunca se han sentido así? vale, me duro un día, es verdad, pero ya no, ya todo va bien, créanme, o no, quizás el santo no se enteró, tantos juraran cada noche, prometo que esto, prometo que lo otro, los santos no pueden estar a tantas promesas, la mía la hice de corazón, es así, pero ahora no me veo con fuerzas para no, además cuando vuelva no creo que ella me lo permita, ella es mucho ella y la carne es débil y no creo que necesite insistir en que los milagros no se pueden desperdiciar y que el hombre, etcétera, quizás sí, quizás deba convencer a usted y al santo que hay trenes que pasan sólo una vez y si uno está en la estación equivocada no llegara a ningún sitio, al menos a ningún sitio interesante, ese concepto es como mínimo discutible pero, ya ven, no quiero discutir, tuve pánico, juré, hubiera dado mi vida por liberarme de ese agobio en el pecho, aquello que me ahogaba, que no podía más, que si tal, que si cual, pero ella, al final esa ella desnuda, a mi lado (sobré, bajo, contra, con) en la cama, es el delicioso pecado mortal que me llevara al infierno. Allí les espero. 

lunes, 5 de octubre de 2020

Alma Thomas

 


Alma Thomas

Ya no tiene ningún  sentido  esta colección de palabras, sonido de un grillo que se desliza por la blanca camisa de seda que en la percha espera la fiesta, convencimiento de que S es igual a M tanto como a G y que todo el alfabeto es la misma letra, silueta de la mujer que acaricia lánguidamente a su gato, la mirada crítica del que sabe, la frase amable del que ha leído otra cosa con sus gafas sin graduar, silencio de los camaradas apoyados en el muro, poetas subiendo una escalera mecánica con una rosa en una mano y un humeante vaso de leche en la otra, geishas que envían sus fotografías, desnudas, sin cabeza, alzheimer, desmemoria, olvido de nombres, plazas, estremecimientos, la alfombra sobre la que nos amábamos, temor al extranjero, al diferente, evocación del 2.019 sin mascarillas, cáliz en el altar roto por el terremoto, exorcistas atentos en el punto de salida, fórmula que se está agotando en este océano donde todo está por decir y sin embargo, búsqueda en los cajones de la memoria para atrapar golondrinas al vuelo, saber que el eclipse alteró mi percepción y ya nada es como era, días luminosos, noches inundadas de luna, cobijo en el vientre de un animal que salta por las estancias con candelabros sobre las mesas engalanadas,  olor a resina, poemas colgados de las paredes, poetas cabeza abajo, yoga de la voz, escribo por mí y para ti, solo para ti, suelto palomas de versos al aire detenido del comienzo de una semana de octubre.

domingo, 4 de octubre de 2020

Buenas noches

 

Helen Frankenthaler  

Me voy a la cama pero antes me pierdo en tus ojos, me busco en tu escucha atenta, me crezco entre la hiedra de querernos así, como adolescentes asustados, ilusionados, maravillados porque aún sean posibles los milagros cuando ya nos habíamos borrado de la nómina de creyentes, de la relación de regantes de olivos en Jaén, de malabaristas ebrios que saltan de tu ventana a la mía, se retuercen, gritan y viviría en tus caderas o cerca de ellas, encaramado al andamio de besarte el ombligo, los músculos de tus brazos, la barbilla, entraría de cabeza en tu sexo, te nadaría por dentro hasta conocerte entera, espeleólogo de tu intimidad, con mi uniforme de submarinista, con mi curiosidad de novicio, con mi hambre insaciable de ti porque te descubro facetas nuevas cada día, resquicios por los que me cuelo y fisgo en tu interior y me siento ahí, escuchando tu respiración, tus vertientes, tus subidas y bajadas a territorios que ni imaginaba, pobre hombre limitado a disfrutar del prodigio de haberte conocido justo ahora cuando ya las aguas se retiran, cuando la tormenta amaina, cuando el sol se esconde entre la niebla, reina de mis 25, antes de mis 18, emperatriz de mi actividad amorosa, diplomada en hacerme feliz, enmarco tus suspiros y los cuelgo en la pared de mi yo, donde me reúno conmigo mismo, con mis circunstancias, con mi soledad antes de irme a dormir. Buenas noches.

sábado, 3 de octubre de 2020

Convento bajo la lluvia

 

 …Es decir, el convento bajo la lluvia, un viejo monje alucinado, así quería empezar un cuento, un texto, escribir en esta esquina llena de miradas amables en exceso, que me malacostumbran, que luego recibo un esbozo de crítica y afilo la navaja, que se me altera la vena de la frente, que estas historias de páginas volanderas crean una interesante y nueva forma de comunicación, virtual, virtuosa, en algunos no tanto, en algunas con sublimaciones varias, en otros con trasposición de hoy por ti mañana por mí, en otras convirtiendo un sapo en el príncipe azul que les desliza onduladas frases por la espalda con tanta sensibilidad que a veces hay que separar las palabras  con cuidado para no cortarse los dedos del alma, hay que leer dos veces para cerciorarse de tanta energía, madre mía, que planto flores en la cerradura de las puertas para no equivocarme, para volver a esos rincones, que pongo cirios a los lados que iluminen estos pasadizos oscuros, tantos, ay, tantos, que es fácil perderse, laberinto que nos lleva a ningún lado, porque los días pasan y vean, esto es lo que nos quita tiempo para tocar el brazo real de los de al lado, para holgar con A, con B, con C, o con ABC, a la vez, que cada uno es muy libre, siempre que el otro también lo sea, por ejemplo, que uno le escribe a S pero el que lee es L (el alfabeto completo) y uno sabe quién es (era) S pero no sabe si lee, en cambio sabe que H lee pero no sabe quién es (señor, señora, guacamayo, gato sabio, interventor de aduanas o equilibrista china), en principio uno no sabe nada, uno sólo escribe, escribe solo y ese tiempo solitario es el que no dedica a caminar por las riberas, a ver series en Neflix, en Filmin, a escuchar a la Señora Tomasa (un grupo guapo), a leer a Quignard, a hacer el amor debajo de los puentes de la emoción, a alimentar esta esquina con pretensiones literarias que se queda en una conjunción de colores, fotos y esfuerzo de este que firma (a vuestra disposición), pero eso, que puedo seguir hasta mañana divagando aunque –ya ves- estoy preocupado por mi falta de imaginación, que no sé cómo continuar ese texto del convento, de la lluvia y del monje, además ¿a quién le importa una historia así? mañana escribo algo de piel y suspiros. Poneros ropa que viene frío y lluvia y el covid no distingue. 



  

viernes, 2 de octubre de 2020

Luz

 



Me centro, que me disperso. Dije un día qu`estaba sentado frente a una gruta, pero no recuerdo si lo era o en realidad (la realidad, qué cosas) era pozo, agujero sin fin o ventilación antípoda, oquedad magnífica o simplemente se trataba de una metáfora, la ausencia como gruta, el no como oscuridad, el silencio como una interminable cueva de Zugarramurdi (o así)

Es igual, el caso es que he visto su luz, he escuchado su voz y la pandemia había terminado. Como si se tratara de un pase de magia han empezado a brotar flores entre las baldosas, las calles están llenas de arcos iris, los señores con corbata, buzo o arpillera al hombro sonríen, las damas agitan los bolsos de la compra –unas- y los bolsos de cocodrilo –otras-, algunas agitan los dos a la vez. En una esquina ríen dos niños y el coro infantil de Viena les acompaña. Un joven me cede el paso y golpeo mis tacones en el aire Kelly, una dama acalorada tiende su chaqueta sobre un charco y debajo está el olvido, chapoteo con claqué ¿qué? y empujo a los pobress gansoss hasta el límite insoportable de ser feliz. Es curioso, que fácil es todo, sumo dos y dos y me da dos. Increíble.

jueves, 1 de octubre de 2020

Trenza

 



Un muro para dibujar lo que no, ¿a quién le importa lo que sí?, para inventar lo que sí, ¿a quién demonios le importa lo que no?

Con intensidad digo aquí lo indecible.

Descubro lo impronunciable entre un fulgor de voces.

Esta noche tampoco lloverán estrellas, no chocarán falenas contra la ventana, no se escucharán suspiros detrás de la puerta, la cigüeña crotorá en el campanario y él, ella, estarán lejos (si están cerca no tiene sentido escribir).

Ayer lució un sol de septiembre, ya no llueve, vendrá el invierno, ella está dormida pero el afán tenaz, inmoble, sigue sentado a este lado del puente. La ría baja lánguida.

Arrugando papeles descubro que es igual lo que esté sobre la mesa, corazón o escuerzo. En el aire igualitario de medianoche no hay más voluntad que el azar, la coincidencia en experiencias y un pellizco sentimental esparcido como canela sobre el pan nuestro de cada día.

Amén.

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