lunes, 10 de agosto de 2020

Una fotografía sobre la mesa



Encuentro una fotografía sobre la mesa.
Una mujer, bella, a su lado un hombre serio, barbado, alto, que la protege o preserva con su brazo, que la defiende o la aísla en ese posesivo acto, en esa distinción, una advertencia. Ella también está seria y mira a la cámara con ojos de espuma, al borde de la lágrima, incapaz de rebeldías ni distancias, ajena. Pero está ahí y eso deja el mañana abierto.
Quién lo iba a decir.
Sin embargo el tiempo difumina los colores, los instantes detenidos, ella saliendo de su ayer y entrando en mi hoy, sentada a mi lado en el autobús, cada día, azar o designio, suerte o desgracia, conversaciones en la mañana desganada, en el regreso de cincuenta kilómetros, tiempo suficiente para las confidencias y los anhelos, los sueños guardados en una caja de madera junto a cartas en papeles amarillos, un anillo, una tarjeta con una dirección que ya no existe, con un nombre que sí.
Ni en su casa ni en la mía, escogimos la habitación de un hotel discreto, cuando nevó, cuando se cortó la carretera, pretexto y garantía, discreta disculpa, subterfugio, aval y defensa, barrera a la suspicacia. Ese fue el principio.
Estaba escrito.
Su acento francés, sus modales suaves, su cuerpo encogido, sin hábito de besos, de caricias, con un feo color morado en el muslo. No hablamos de ello, no tuvimos tiempo, nos precipitamos en un río de esperanza, de manos y piernas, de labios, de suspiros, de un sueño fabricado después de los días de trabajo monótono. Y pensar que no me gustaba, que me pareció un fastidio su primer buenos días, la interrupción de mi lectura, mis pensamientos ensimismados. Fueron once meses.
Otra fotografía, tomada con el móvil, el último encuentro. Volvió a París. El trabajo, otro traslado, inesperado. Los dos reímos, sin ganas, quizás el sueño estaba agotado y era lo mejor. De sexo pasó al amor, del amor a la costumbre, de esta volvió al sexo y de ahí al bostezo. Se nos acabaron las disculpas, la rutina cegó las ansias del principio. Fue lo mejor, que se fuera, con su hombre barbado y su necesidad de ternura, con sus silencios prolongados y su mirada a un horizonte en el que yo apenas era una sombra bajo un árbol.
Ahora viajo solo, nadie se sienta a mi lado.

domingo, 9 de agosto de 2020

¿Are you kidding me?




Pisoteo los lirios y los jazmines, doy patadas a los pedestales, escupo en la sopa de un menesteroso que canturrea entre sus greñas ¿Are you kidding me? ¿Are you looking for a fight?, empiezo a golpes y parezco un molino, esta es la batalla de Cascina y Miguel Ángel sabía lo que pintaba. Lo que no quiero es ser John Olmes (solo una parte, esa). Lo que quiero es que se asome al balcón la princesa de los cuentos del siglo pasado, ya encontraré la escala, ya subiré por sus trenzas sin cortar, treparé, volaré, morderé sus labios con mi boca llena hoy de espuma rabiosa, recitaré con Mark Strand que “la puesta de sol. Los prados ardiendo./ El día perdido, perdida la luz. / ¿Por qué amo lo que huye?” y al final se casan y son infelices por siempre hasta que la muerte (del amor) los separe y se refugien en paraísos que son selvas, aquí, donde digo luz y es casi negro, digo alcaraván y se me echa a volar la imaginación hasta unas nubes pintadas y temo que todo esto sea un juego de play station (2) y este avión lo pilota un enajenado con los ojos vendados, no hay paracaídas para todos y desde el confín del universo un ángel rojo sentado en un agujero negro agita su tridente y ríe. Acojona ¿a que sí? pues verás cuando llegue el juicio final y los abogados estén en huelga, las togas sin planchar, paguen pecadores por justos y tengo el seguro caducado, sin cobrar el último recibo de la iglesia de los fieles infieles y he olvidado el salmo número diez, el que se canta cuando no queda esperanza, cuando el texto de hoy ya está y os beso a todos los que me leéis, una por una, uno por uno, en la frente, agradeciéndoos con ceniza en vuestra cabeza este esfuerzo de llegar hasta aquí, subir la cuesta de la palabrería y evitar que se destiña la tinta que sudo y un comentario en no sé dónde decía que en la mayoría de los blogs y muros se escribe para que les quieran, hoop, yo escribo porque os quiero, hermosos. Hala, vale por hoy, mañana más. Volver, revolver, envolver, entender. O no, al gusto, al vuestro.

 

sábado, 8 de agosto de 2020

Cebollas

Emmy Lou Packard Wood & Linocut ‘California Morning’ ca.1950s.



Mientras aquí jugamos  con palabras de autoengaño no hay lugar para tormentas de incomprensión y conflictos, no cabe desesperanza, ni insatisfacción no hay espacio para otra cosa que no sea mecerse en las respuestas mullidas, en la espera absurda de otro agosto como aquel agosto,  en los secretos que ella me desveló como una cebolla incesante. Sigamos jugando.

viernes, 7 de agosto de 2020

Desde aquí hasta aquí

Ron Francis (1954-) Australia


Esto (es decir esto) tiene un límite, llega desde aquí hasta aquí  (y hace el gesto con las manos).

 

A partir de ese punto empieza el hastío, sin vuelta atrás, sin remedio, sin otra solución que continuar como si nada hubiera pasado (o cerrar la puerta y volver al principio, o buscar nuevos horizontes, o dar fuego a la barraca y aquí paz y después gloria).

 

 

 

jueves, 6 de agosto de 2020

Schneiders

Toni Schneiders


Jorja Smith canta, Yma Sumac cantaba, Panero habla y deja poemas como insultos a la inteligencia de los inteligentes y yo no entiendo, por eso es estimulante el diálogo aunque sea entre biombos, aunque las mascarillas, aunque las distancias, aunque los antifaces y las mentiras empiecen a ahogarnos y nadar bajo el agua tiene el límite de la capacidad pulmonar del que se desliza entre ondas y peces, entre algas que ocultan y arrecifes que desgarran el confiado casco de cargueros surcando mares transparentes pero, desafiando olas y espumas, monstruos marinos, cachalotes y orcas agresivas, salvavidas atrofiados que miran sin ver desde su altura en playas en las que ya no caben los que no saben nadar, los desplazados, los apátridas, los diferentes, los que no se enamoran ni de sí mismos, los últimos en llegar sin haber salido y hay días que no está uno para nada aunque la lluvia siga sin traducción y la geografía de la gloria siga dentro de una incógnita de exploradores impotentes, de olas en la piscina mínima de un jardín japonés que no sabe usted con quién está hablando y ni con un zumo mañanero de orquídeas rojas se dilatan las pupilas de los dormidos voluntariamente, hay que ver, que entre un insomne feo y la bella durmiente no sé con quién quedarme y aunque no estuve en Pompeya a veces me siento sepultado bajo montañas de lava aburrida, de materia gris incapaz de traducir alfabetos turbios, que los pájaros cantan siempre la misma canción, que estamos aburridos de pájaros, de los mismo pájaros, de la misma jaula, del bosque donde nos perdimos hace años, entre lobos y sacamantecas, en la oscuridad, en el silencio, en el peligro de incendios, destrucción del maná, frutos, raíces, recuerdos bajo la corteza, amo a Carmen grabado en el tronco, añoranza del deseo, de aquel deseo poderoso bajando de cumbres en las que apenas se podía respirar, repetición del miedo, vuelta de tuerca al no ser, a la inconsciencia, al punto cero, hay mañanas que divago, como esta, de cielos azules y nubes dentro del pecho, de dolor sin saber la causa, de una desesperanza tal que meto la cabeza bajo una piedra y si se cae el mundo que me pille dormido. Lástima de insomnio crónico.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Silencio de agosto

Tony -Schneiders


Que no llegue el silencio de agosto aunque las hogueras han comenzado a brillar. Nos queda la playa aunque el resto también es arena que va cubriéndonos como a una ciudad olvidada en el desierto olvidado de un mundo olvidado. Si esto es una metáfora vamos a ninguna parte, o hacia atrás, o esto es nada y hemos perdido la memoria,  como mínimo. Eso sí, con mascarilla.

martes, 4 de agosto de 2020

Absurdo




Al segundo de compartir un vídeo de un grupo noruego de hard metal (ni me atrevo a decir su nombre)  se han disparado todas las alarmas de Facebook. Me ha enviado un mensaje amenazador advirtiéndome de mi pecado  y me han cerrado la cuenta durante 24 horas con serias advertencias por si repito un acto de delincuencia similar. Como solo hablo noruego en la intimidad no sé qué maldades proferirán estos mozos del norte pero me he quedado entre asustado, anonadado, enfadado, varios ados más incluyendo esta cara de pasmado En fin, hasta mañana (si FB quiere).


lunes, 3 de agosto de 2020

Mi tragedia


 Antonio Saura  1930-1998   TÊTE, 1996 

Desde niño me ha gustado sobre todo leer y escribir. Cuando mis compañeros del colegio jugaban al fútbol, a baloncesto, a violentos deportes que no me atraían en absoluto, en una esquina del patio devoraba novelas de Alejandro Dumas, soñaba, escribía sagas de aventureros en imaginarias islas pobladas de guerreros feroces e indígenas obsequiosas, emocionadas loas a la primavera, al amor, a una niña rubia que vivía en mi escalera.

En mi adolescencia continué leyendo y escribiendo mucho, a veces escuchaba música, apenas hacia otra cosa. Gané algún concurso con mis poemas de fondo social, arrebatada poesía que quería cambiar el mundo. Jamás se los enseñé a nadie, tampoco los versos que dedicaba a Gloria.

Unos años después descubrí internet, los blogs, el medio óptimo para dar salida a mi ingente producción literaria. Comencé de forma tímida, publicando algún cuento corto, artículos de opinión, pensamientos que desarrollaba con un fondo poético. Lo mezclaba con fotografías y vivos colores de fondo, con música.

Recibía muchos comentarios y me animé. Subía un post todos los días. Esto que en principio me resultaba fácil, poco a poco se convirtió en una esclavitud, me llevaba demasiado tiempo y repercutía en mi trabajo, no me llegaban las horas para todo. Busqué un patrocinador. Un grupo industrial me firmó un contrato de exclusividad, por un pequeño banner con su logotipo me pagaba un buen sueldo solo por el compromiso de escribir diariamente en el blog.

Así estuve dos años, justo hasta que se terminó mi imaginación y mi reserva de textos. Mis benefactores se quejaron. Entonces busqué alguien que escribiera por mí. Por medio de un amigo argentino me puse en contacto con escritores profesionales, esos que se inventan un texto a tanto la línea. Contraté a uno de ellos. Fue un negocio abusivo ya que después de firmar descubrí que eran un grupo de cinco prosistas que siempre trabajaban juntos. No solo eso, al recibir los primeros textos descubrí con asombro que estaban escritos en chino. Tuve que contratar a varios traductores que tardaron varias semanas en enviarme el trabajo, bien pagado por cierto. Al intentar leerlo comprobé que, por su cuenta, lo habían volcado al euskera. Para salir del paso hablé con mi amigo Iker que, previa invitación a varias cenas en el restaurante Euskalduna, tradujo a su manera lo que me habían enviado los chinos, que, a su vez, habían interpretado lo que escribieron los argentinos orientales, quién, luego lo descubrí, no habían hecho otra cosa que copiar y pegar de la página de un colectivo literario de Pekín. Para colmo, ante mis cada vez más prolongados silencios en la red, dejé de recibir visitas y comentarios. Como consecuencia mis patrocinadores cancelaron nuestro contrato, dejé de cobrar.

Resumiendo, me encuentro sin imaginación, sin trabajo, sin textos que publicar, con una enorme deuda con los escritores –que me siguen enviando sus trabajos copiados-, con los traductores chinos y con el insaciable apetito de Iker que me amenaza con revelar a nuestros comunes amigos quién es Glup en realidad. Para colmo los dueños del blog pekinés me han demandado por plagio y piden una cantidad desorbitada. No publico, ya para qué, nadie entra a mi página. Estoy desesperado.

domingo, 2 de agosto de 2020

Consejos




Elvira Navarro. Es escritora. En un artículo da consejos sobre cómo escribir una novela sin trampas. Entre otras cosas dice que no hay que empezar a escribir hasta que esté toda la trama preparada. Esto no es una novela, es un blog, nunca preparo nada, me dejo llevar. Dice que hay que pensar en el posible lector. No tengo tiempo para eso, no puedo saber si alguien leerá lo que escribo. También dice que no hay que pensar en el lector. Soy mi primer lector, siempre pienso en mí, en lo que me gusta. Egoísmo, yo mismo. Y si no, pues no. 





sábado, 1 de agosto de 2020

Yanallaypaq.



Un cóndor cruzaba el cielo de madrugada. El día comenzaba con desgana, como si tantas horas fueran excesivas hasta la llegada de la noche.

El poeta, a lomos de una mula, ascendía por el camino serpenteante. A la grupa llevaba la culpa envuelta en una manta negra. Le decían el poeta solo porque sabía leer y escribir. Eso le hacía útil para descifrar las cartas del gobernador, los mensajes de amor que subían del llano y los requerimientos del hacendado. El calor aún no le impedía silbar para espantar la soledad. Aquella mañana le dolía tanto el corazón que decidió no entrar en versos ni romances para no espantar a los pájaros de la alegría.

En un recodo, agazapado, acechaba el enmascarado, en su mano un cuchillo desnudo brillando con los primeros rayos del sol. Veinte dólares era el precio pactado por terminar con el sensible viajero de la poesía.

El poeta miraba atento al camino pero la curiosidad le impulsó a levantar un extremo de la manta; la culpa se escurrió entre los pliegues negros, se aferró a sus piernas, le subió por la cintura, se coló en su pecho, hizo tropezar a la mula. Fue la caída, el grito, el golpe contra las piedras ahí abajo, después el silencio.

Horas después el enmascarado, aburrido por la espera, enfundó su cuchillo y supo que no cobraría la recompensa. Además había olvidado quién se la iba a pagar.

Ahora a la montaña ya solo suben los cantores del alba, aquellos que cantan las penas de otros.

Y las mujeres de la sierra no sonríen.


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