martes, 14 de abril de 2009

Eslam Drudak.


Motho manque, Rrom! ea, kaja amari phuv,
amare plaja, amare lená, amare umála
Thaj amare vesa?
Kaj amaro the? Kaj amare vesa?
Kaj amaro them? Kaj amaro limóra?
And-e lava tane, amare chibareque

(Eslam Drudak)


Dejar esparcidos en lo blanco excesos verbales que llenen las miradas, vana empresa de tapiar el olvido, ir, volver, envolver, revolver, leer, ver, saber, entender, creer, tener, ser, romper, resolver, retener, creer, hacer, entretener, haber, aparecer, desaparecer, mantener, permanecer, encender, ascender, descender, meter, querer, resolver, poder, que nos vamos pero volvemos, por suerte, que sigue la rutina de no querer ser rutinarios, de permanecer en el verso, menor pero verso, estrofa a estrofa, aún con sonido de trompetas y tambores, el himno nacional, músicas entre lo militar y lo religioso, curiosa mezcla de ejércitos mundanos y divinos, generales y obispos, mezclados, monaguillos y sargentos de gesto altivo, uniformes y capirotes, la guardia civil desfilando, pobres ateos míos de otros tiempos, acurrucados en sus temores a ser descubiertos por los que acusan con dedos implacables, costaleros exhibiendo el sudor de su fe, saetas en la madrugá, vírgenes que lloran puñales, vírgenes que ríen después de la resurrección, respeto a las creencias ajenas, vírgenes que están aburridas de serlo, un demonio colorado pinta los púlpitos con el color del miedo, otro demonio los eleva por encima de las espadañas, los necios aplauden, “al cielo con ella” grita el mayordomo y el paso se eleva, majestuoso, a un cielo con luna llena, qué momento, qué algarabía, qué cantidad de hombres comiendo pipas de girasol con gesto ausente -¡ayyyyy!- grito para no estar callado, para agradecer tanto cariño, por encima de lo obvio, aunque las palabras se nieguen a decir lo que dicen, aunque se acumulen en tropel de emociones difíciles de transmitir, aunque mi acento siga un discurso mimético, no soporto a los poderosos, a los que ensucian el límpido rumor de un arroyo, infracciones como auroras que disfruté solo, reptiles rozándome los muslos, cansancio de no saber ver más allá de mis narices (me han dicho que detrás del azogue hay un mundo por descubrir), puentes sobre el Guadalquivir, cofrades turbios, procesiones en la noche de los tiempos, inquisidores detrás de la celosía, la muerte hecha vida, la palabra en rebeldía, diciendo algo, no sé, una bandera de socorro, una señal, una petición de ayuda, un estremecimiento a veces por esa caricia en la herida, herida de muchos, soledad, ese momento en el que uno se enfrenta a sí mismo, ¿dónde voy?, ¿quién soy?, que hemos vuelto y nada ha cambiado, o todo, calles de Córdoba, el designio clavado en un pared, cicatrices de cuando el mundo era redondo, no sé si recuerdo lo que ocurrió o lo que recuerdo, aquella noche que el deseo fue el preámbulo del veneno, ¿dónde estará aquella amante sumisa a quién tanto amé?, ángeles ciegos señalando aquí y allá con una espada de fuego, disfrutar de las hogueras de la nostalgia, energía de un beso en el callejón del pañuelo, soy un pecador obstinado en pecar, una y otra vez, coches de caballos con turistas impasibles, ingleses con la cara roja, japoneses fotografiando el agua, mujeres tan bellas que los minutos se entretienen en las rejas de los balcones, aromas de azahar, ¿cómo no enamorarse con ese aroma?, la suerte cercándonos, si sale pares te quiero, si sale nones me corto los dedos de la mano izquierda, naranjos en flor, Cristo de los Faroles, cuesta del Bailio, taberna Juramento, barrio San Basilio, ¿a quién le importa?, el AVE te lleva a Sevilla en 40 minutos y, si quieres, te trae de vuelta, ir, volver, ya te digo, semana santa, celebración religiosa, ya te dije, no se lo creen ni ellos, ellos no son nosotros, por fortuna, nosotros es un concepto, no sé quién soy yo como para saber quiénes somos nosotros, pero sé que después de un viaje de contrastes he vuelto y digo que os he añorado, cosa curiosa porque ni siquiera sé quiénes sois vosotros, pero ya me entendéis, espero que hayáis disfrutado estos días, un abrazo.


Cuéntame, gitano, ¿dónde está nuestra tierra,
dónde nuestras montañas, nuestros ríos, nuestros campos
y nuestros bosques?
¿Dónde está nuestra patria? ¿Dónde nuestros sepulcros?
Están en las palabras, dentro de nuestra lengua.

(Traducción del romanó)



jueves, 9 de abril de 2009

Carta del amante crucificado cabeza abajo.

Semana Santa, casi comienza el verano y tú ¿dónde estás?, recuerdo tu cara entre mis manos y se me llenan los dedos del polen de tu sonrisa, apenas quiero hablar para no esparcir mi emoción, la que me produces, esa maravillosa sensación de estar en las nubes, flotando, encantado, suspendido de un cordel anudado en el cielo, con las piernas colgando, moviendo los brazos como un muñeco italiano, pinocho que no dice mentiras, chato, mudo para no cambiar nada, con autorización para ir a las viñas, bailarín sobre el río helado de tus ausencias parisinas, romanas, limeñas, de tu particular sentido de esta pasión, de tus encantos que me atraen como si fueran salmos de ancianos sacerdotes con barba blanca, druidas en la noche tan negra, la madurez de las uvas, la lactancia de las vacas, tu colección de estudiantes en fila, a veces me los imagino formando largas hileras, en un paisaje en gris, como en una vieja película de Murnau, con faroles combados que deforman la luz, con sombras alargadas, hombres con bombín, mujeres con mantillas lúgubres, niños serios que se meten el dedo en la nariz, hembra hermosa, debo escribir a tantas personas que me honran con sus cartas pero no puedo, no quiero, solo te escribo a ti, solo me salen palabras para girar a tu alrededor, como giran los ángeles, solo cabeza y alas, en esa hornacina de Santiago, para envolverte como copos de nieve, Rosebud, esfera con paisaje lunar detenido, pisapapeles con flores secas, cabezas de toros cárdenos colgadas de la pared, cuernos rasgando el pecho azul y femenino de los toreros, puñales que se clavan en la cortina roja de terciopelo, arriba el telón, empieza la función y los actores están dormidos, abajo el telón y una yegua marrón corre por la playa con las crines al viento de levante, sobre él una mujer, que no eres tú, me mira y ríe, me deja ver sus piernas desnudas, me lanza guiños, insinuantes miradas de andaluza, sonidos de sus dedos deslizándose por los belfos del animal, sus pies golpeando las ancas, olé las niñas bonitas, dice el barquero, olé las niñas que no pagan dinero, al barquero, Caronte herido, tapándose un ojo con la mano derecha, la izquierda empuña el remo, de esta tempestad no salimos, olas que salpican a mil peces enterrados, con sus aletas dorsales sobresaliendo en la arena, esperando nuestros pies incautos, preciosa mía, tú y yo sorteando el veneno, saltando como atletas etíopes, como antílopes suicidas sobre las fauces de los leones de la duda, quiéreme amor, quiéreme como si tu brazo pidiera ayuda, el resto de tu cuerpo sumergido en un lago de Escocia, el brazo que empuña la espada de la epopeya, la que deberás extraer de la piedra, la que cortará de un solo tajo el aburrimiento de esperar en un mirador de madera y cristales que reflejan el sol de abril, no, no sabrías esperar, dama inquieta, que estabas ahí, fumando sin parar, abrazada a Miller, viajando a Madrid, a Madrid, volviendo, que habías olvidado la voz ronca de un desconocido atropellando tus oídos, sus manos ásperas recorriéndote, su olor de otro, tu garganta emitiendo suspiros, tu pecho temblando de impaciencia por el que llegará a las once y cuarto, ni un minuto después, esa sensación en la boca del estómago, ese hombre tumbado sobre ti, ochenta kilos inmovilizándote, liberándote, haciéndote ascender a los cielos vestida con una túnica nívea, alrededor música de laúdes, un diablo escondido detrás de la biblioteca, se le ve el rabo, se le ve el tridente, huele a azufre, y esas nubes rojas, como el humo que salía de las chimeneas de la acería cuando soplaban oxígeno en los hornos con el caldo burbujeante, escandalosas nubes venenosas de las que nadie protestaba, como tú que no protestas de mi mirada que te ve como si fueras de cristal, te veo las tripas, te oigo el corazón, te puedo decir cuántas costillas tienes, puedo dibujar tu sexo de memoria, con la mano izquierda, con lápices que no dejen sombras, que iluminen, que rayen el cielo, que dividan, en ese cuarto el paraíso, el limbo el resto, tú y yo un universo a escala, modelo C para armar, lámina recortable como la casa Gaudí, para nuestras tijeras de dulzura, para el pegamento de amarnos como papagayos ensimismados, sin saber siquiera si volamos o ha llegado el crepúsculo y este es otro plano y esas voces es que vienen a prendernos y las antorchas hieren el rostro ingenuo de esas monjas que miran sin saber, sin ver y esos cinco ciegos en fila amarrados con cuerdas de necesidad, tomados del hombro, cae uno caen todos, caen en el pozo donde se entierran los presagios, tiré una piedra y no la escuché llegar al fondo, me tiré yo y me rompí los dos brazos, no puedo abarcarte, no puedo obligarte al beso, tú martillando mi cabeza como un obrero de la construcción haciendo zanjas y laberintos en mi cerebro, estoy así, abierto y expuesto, apuntalando el viernes, temiendo el vacío sin ti hasta el miércoles próximo, oh puente que apenas cruza la distancia, oh puente que no llega hasta allí, bombas sobre mi ciudad vacía, todavía está muy lejos la paz, todavía está el frente de batalla desde el no hasta el quién sabe, kilómetros de alambradas, aviones sobrevolando la Ciudad Jardín, sirenas dando música a las miradas perdidas y recoger los enseres y ponerse a salvo, esto no era pero derivó hacia los cuentos de mi infancia y ¿qué quieres? no se puede detener el rumor de los recuerdos, las tardes junto a mi madre, mirando por la ventana, reviviendo carreras por la calle Aragón, el olor en los refugios, esa flecha se ha clavado cerca de mi corazón y la sangre gotea, plof, plof, dama en la almena, me gustas cuando te vistes de señora, me gustas cuando te desnudas de niña, me gustas cuando me enseñas la diferencia entre un melancólico y un hombre triste, cuando me tiras de la oreja porque olvido un acento, cuando me corriges un porqué, cuando esparces tu pelo por mi espalda, cuando me das aceite entre los dedos de los pies, cuando me afeas que pasee ante ti con la evidencia erecta de mi pasión, mujer salada como el océano en el cuenco de tus manos, mujer palmera llena de pájaros, mujer imán para mis dedos de alfileres, para mi corazón de hierro, para mi cuerpo que se derrite en tu agosto constante, que estaría horas y horas trepando a tus balcones, bajando a tus sótanos, construyendo ladrillo a ladrillo el edificio de pasión y amor que nos cobija, peregrinos de otras vírgenes, romeros a galope entre el polvo del camino que lleva a dónde, refugio de golondrinas perdidas, de escritores franceses a los que ya nadie lee, de filósofos centroeuropeos perdidos en los anaqueles de librerías cerradas al terminar la guerra, no tienes imaginación, o mejor, la usas parcialmente, solo para lo que quieres, para lo que la tienes programada, por eso no quieres fantasear que entras con tu corto vestido de flores en bares llenos de humo y hombres que te rozan al pasar murmurándote vagas obscenidades al oído, yo a tu lado, defendiéndote, por eso no quieres imaginarte en la penumbra, en una cama de sábanas amarillas, con dulces olores de sándalo, con esa mujer que también te acaricia y te besa, se disputa conmigo tu cuerpo trémulo y lleno de ansiedad, ni siquiera sabes que te amaré en todas las posturas y maneras y te aprisionaré, te sujetaré, te haré mía con la rudeza del hombre del camión, y mucho menos consientes en sentirte con los ojos tapados por un pañuelo de seda mientras te despojo de la ropa lentamente y así, tendida, abierta al quizás, notas sobre ti manos que no conoces, olores que no distingues, voces y susurros que se superponen a la mía y quisieras gritar y marcharte si no fuera por esa dulce inquietud que te invade, por ese intensísimo placer que te aprisiona y te anula, y me llamas y te respondo y escuchas otras respiraciones y atrapas mi mano y no puedes hacer otra cosa que sentirte y contener el grito y ya, que llega la fiesta, que calle esa orquesta que quiero soñar, que se abran a la realidad, ahora sí, las puertas del hotel donde llegamos de noche y del que marchamos de madrugada, recepcionista somnoliento, cuarto a oscuras, amor de luz, sábanas mojadas, revueltas, sin mancha, solo la huella de un milagro, palomas saliendo por la ventana, conejos debajo de la cama, ojos detrás de los cuadros, ruidos en el pasillo, gemidos en la habitación de al lado, sonidos sucios en la de arriba, campanas en la iglesia al final de la calle, y volver, de puntillas, entrar en casa antes de que amanezca, shisssst, todos están dormidos, tu olor en mis dedos, tu aroma en mi alma, tu recuerdo fluorescente sentado en el sofá, tu imagen invisible recostada bajo las cortinas y saber que esta noche tampoco podré dormir, insomne, crucificado cabeza abajo por tu recuerdo.





miércoles, 8 de abril de 2009

Llueven pájaros y no puedo dejarlo

Nunca sabré de ti,
y eso lo supe
desde el primer encuentro.
Esta certeza tiene tanta fuerza
que es
como si tuviera noticias tuyas
a cada momento.

(Clara Janés)


Llueven pájaros y no puedo dejarlo, mi cabeza se llena de gritos blancos, con el desafío de hablar desde la lógica, la cordura se ha perdido en una carretera a Paterna, los vencejos chillan sobre el coche de línea y los pastores silban a lo lejos. Hay una mujer sentada junto a la gasolinera y desde los camiones, conductores rudos le gritan palabras soeces, ella les sonríe devolviéndoles gestos obscenos. Unos niños pedalean sobres sus bicicletas de sueños. El vendedor de melones tiene un rictus de fastidio. El cielo está lleno de nubes alargadas, quizás llueva, quizás no y entonces podremos perdernos detrás de la pared del cementerio a buscar caracoles o grietas en nuestros cerebros o colores nuevos en la raya donde se juntan los dos mares. No creas que lo viejo no sirve, sirve, sirve cada mirada atemorizada detrás de la valla, cada mirada de miedo, de rabia porque esta no es la tierra de promisión que esperaban. Detrás de cada mirada hay un hombre como yo y aunque lo intento no sé qué puedo hacer para ayudarle y escribo incoherencias y su mirada me persigue en esta ciudad de opulencia donde los pobres están numerados y la vergüenza se ha perdido hace demasiado tiempo. También la decencia siempre que cada muerto solo ha traído lágrimas, palabras de pésame a la viuda, a los huérfanos. Hasta cuándo vamos a vivir sordos, ciegos, sin saber que nos están matando también a nosotros. Ya no sabemos muy bien quienes son ellos, quienes nosotros y cuándo acabará esta sangría sin sentido que nos llena de dolor, de horror, de pánico ante el futuro de esa niña a la que todavía no he bañado -¡¡Voy!! -¿Ves? A ti tampoco te importan mis sueños y, sin embargo, aunque todavía no ha amanecido, llueven pájaros sin descanso.

martes, 7 de abril de 2009

Llueven pájaros sin descanso



«A fe que debe ser razonable poeta, o yo sé poco de arte».

(Don Quijote)



Llueven pájaros sin descanso y a nadie le importan mis sueños.

Todavía no amanece. S, que me conoc(ía)e, sabe que hablo de estas cosas para no entrar en los bosques de la realidad, para no transitar por este día que me muerde con la crudeza de lo cierto.

A veces escribo cuentos, poemas, mentiras, pero esto es otra cosa, esto es constatar que la felicidad se ha terminado y ya, ella no, ella nunca más, ella adiós. Ya no mañanas plácidas de juegos en el diván, no paseos por el acantilado al atardecer, escondiéndonos, cuando el sol nos regalaba toda una gama de colores que la retina urbana apenas distingue, acostumbrada al humo de los automóviles, a las aglomeraciones, a las manifestaciones con pancartas bordadas a punto de cruz, con consignas crudas, con fotografías de los presos.

Deberé acostumbrarme a sonreír a pesar de estar triste, a fingir que los días son hermosos aunque cada hora sea una losa de aburrimiento, de tensión porque las cifras no salen, los números se rebelan y saltan a los ojos como gallos furiosos, como piedras rodando por las laderas de lo imposible y esto era, esto es vivir, el bostezo, la ansiedad, la angustia de no saber y, para colmo, Carmen también se ha ido y no más tardes de sábanas de luz sobre nuestros cuerpos aún morenos, no más suspiros, jadeos, besos, no más inventar excusas para llegar tarde a casa, no más alegría en este invierno que pasa tan lento, tan frío, tan lluvioso, con tardes muy cortas, rutina de las mismas calles, las mismas conversaciones, huecas. - Si, cielo, ahora voy a bañar a la niña -.


lunes, 6 de abril de 2009

Llueven pájaros en esta orilla.

No quiero contemplar el mundo racionalmente

para que me devuelva la mirada racional;

no quiero ningún equilibrio.

(Imre Kértesz)


Llueven pájaros en esta orilla al otro lado del río de los sueños.
De madrugada salgo dispuesto a cazar un ángel.
Asusto a las diez palomas posadas sobre una cerca.
Rastreo entre los puntos cardinales de las calles vacías en la bruma.
Quiero atrapar esa luz escarpada que rodea a los serafines.
Meto mi pie en el agua fría del río turbio, del río que arrastra el cadáver de los delirios de ahora.
Me envuelve un silencio vegetal pleno de recuerdos, perdedor de batallas entre sábanas, noches, nombres olvidados, anfibios, niñas que nunca serán mujeres a mi lado, silencio y un ramillete de romero.
Insectos con largas patas de hielo me recorren los tobillos.
Las carpas nadan a contracorriente y la soledad corta suspiros con su cuchillo húmedo.
Camino por galerías de musgo, como un explorador que clava banderas negras en la geografía de un cuerpo desnudo.
Camino y miro.


domingo, 5 de abril de 2009

Sunset Drive Suite.



Sunset Drive Suite.

De las pocas mujeres que amé, ninguna tuvo
tatuado el nombre al aire, o el brillo de una alhaja
pendiente del ombligo ni de un labio. Eran tiempos
lacónicos entonces. No había rosas rojas
al sur de alguna espalda, ni brazos con espinas
y cóccix estampados con negros ideogramas,
ni ángeles ocultos y terribles dragones
en un pubis de trigo dorado por el sol.
Las mujeres tenían cierto aire de tragedia
romántica del siglo de los yuppies. Estaban
al acecho de todo posible candidato
a ser El buen partido, un hombre de negocios
con éxito y futuro, e ilustres apellidos
para dar a tres hijos pesados y a una hija
que tuviera el encanto y la gracia de su madre.
No llevaban tatuajes visibles, ni lucieron
un piercing de orgulloso y pulsante desafío.
Sus marcas eran otras, más hondos los estigmas
grabados en sus médulas con agujas violentas
y tintas
minerales que no fueron capaces
de quitar con la pócima amarga de la vida.
Era tiempo bruñido en azúcares de plomo
el que lastraron. Ellas buscaban imposibles
amores cristalinos en barras de caoba,
en salones del tedio o abajo de las sábanas
en tránsito hacia el día, igual que las muchachas
que muestran sus diseños al viento que destrozan
sus pasos de pantera, y miran con el ímpetu
tribal de su artificio los ojos inyectados
de príncipes efímeros. Las mujeres que amé
se aherrojaron con otros, inscribieron alianzas
en sus dedos nupciales, y tatuaron sus almas
detrás de unos postigos con lentas hipotecas
de un sueño que agoniza en alcázares en vela.
En su piel hay dibujos de la máscara Revlon
antiarrugas, de pobres resultados y ricas
fragancias de algo tenue y etéreo, humo de orquídeas,
vapores de borgoña, gotas de girasol
que dejan al salir del cautiverio.

Jorge Valdés Díaz-Vélez (Torreón, México, 1955)



Hoy no escribo y me quedo contigo leyendo este poema.
Se acercan unos días de silencio.
Córdoba me espera.
Tú ¿dónde vas?




sábado, 4 de abril de 2009

Tiergarten.

Es lo que queda:
la perversión final del artificio,
la impostura del arte o su creencia.

(Joaquín Pérez Azaústre)



Una sagaz arquitectura este decir de versos empaquetados en papel de estraza, en miradas, en silencios en la mitad de un puente sin orillas. ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo? soy, lo sé ahora. Dónde voy está claro, la negra dama está bailando bajo la parra.


Pensaba, mientras llega, en despertar a otra dama en su calle aletargada, ser zahorí en su páramo, jardinero para sus huertas agostadas, recibir bendición de luz de su mirada, recorriendo mi cuerpo en desnudez que preparo en músculos que brillan, mis brazos que añoran las cópulas bajo la etérea cúpula del aire, techumbre de cielo, estrellas, gavillas de trigo, lechuzas en las ramas, rumor de otras noches, cuando la lengua buscaba el temblor entre sus piernas, cerrábamos los ojos y las manos recorrían a tientas sus leves pezones morenos, la línea de sus glúteos, los muslos tensos, la espalda estremecida, el hueco del cuello, sus orejas, la húmeda respuesta de su cuerpo, -ven – decía- que no puedo-...

¡Basta!, no quiero recordar.


viernes, 3 de abril de 2009

Prehistoria

Toda tragedia es una meditación pública sobre el hombre,
o si se quiere una meditación política, pero en un sentido radical y etimológico de esta palabra:
examen de las condiciones mismas de la civilidad humana.
En sus formas más rotundas ese examen se profundiza hasta examinar la civilidad humana
contra un horizonte de animalidad y bajo una iluminación “divina”
(es decir, una iluminación que intenta proyectar en un infinito virtual
las leyes de la producción humana del sentido como condiciones inmanentes
y generatrices de ese sentido). En otras y menos ambiciosas palabras,
el tema de la tragedia son las relaciones y los límites entre salvajería,
barbarie y ley. Tal vez la fórmula más breve y general sería decir que
toda tragedia es una meditación sobre la legitimitad de la ley.

Tomás Segovia, “La vida es sueño o la crítica del oráculo” 1



Empieza el día, sube al caballo y levanta la espada señalando al frente, una tropa desarrapada le acompaña, le sigue, gritan y agitan sus armas, rugen las compañías de bárbaros, los rubios guerreros del norte, los taimados exploradores de la estepa, lloran las plañideras, golpean sus cacerolas los hambrientos esperando el botín, no saben que no, que no hay batalla, que él no es un enemigo aunque a veces se siente en el quicio de la puerta con cara enfadada, aunque a veces les tome de las solapas y les pida estrellas, visitas más frecuentes, unicornios.

Salta por el cielo tratando de capturar planetas, se pierde en sus estelas y ya no espera bajo la lluvia, bajo los árboles, no hace falta que diga nada, su ausencia dice que lo quiere todo, que no sabe lo que quiere, que quiere saber, que hoy, que mañana, que sí, que no, que la imaginación ¿qué?, nadie sabe lo que quiere. Y, realmente, ¿a quién le importa?, este post es ya la prehistoria.


jueves, 2 de abril de 2009

Neither.

Cualquier intento de determinar lo que es el referente de un signo nos obliga a definir este referente en términos de una entidad abstracta que no es otra cosa que una convención cultural. (Umberto Eco)


Este tiende a ser un espacio panóptico. Que desde ahí lo abarques en su totalidad. Que abras la (tu) ventana y veas las arterias del verso, cada músculo del cuento, los nervios del poema o el vacío, la estructura de las voces que se superponen, el grito que te llama, esas manos tendidas con dedos que señalan, hurgan, acarician tus ojos del (ayer mismo) 71,4% (es decir, hasta aquí).

Puede ser que la promesa de la fotografía robada, una trayectoria nómada de la mirada, un error, quizás, ginebra (*) o pérdida en el brezal de estas palabras, la simpatía te invite a llegar a otro escalón (7,8% y dos euros).

La evocación trasnochada desde Jeanne Moreau, Ava Gardner o Charo López, hasta aquella perfección de Cardinale en “La chica de la maleta” nos pueden llevar al 6,3% (de 2 a 5 minutos, una proeza).

Ejercicio de alteridad, ponerme ahí, por ejemplo, leerme con tus ojos, ¿qué dice?, comprenderte/me, entrar en la franja del 5,4%, albores del 3,5%, demasiado, alteridad de nuevo y ser yo mismo este día nublado con Henri Salvador, Serge Reggiani y esos Michel Sardou o Cali que compre en Virgin de Champ Elysees, adieu Moustaki, Brel, Branssen, me dejo muchos, pero Rimbaud me empuja con su “Dormeur du Val” (abajo) y me voy a recuperar horas hasta el malvado amanecer del día siguiente. Gracias. (hasta aquí 0,7% + o -).


Sabemos que el tiempo pasa. Una certeza.
¿Qué sabemos de las huellas?


Le dormeur du val

C'est un trou de verdure où chante une rivière
Accrochant follement aux herbes des haillons
D'argent; où le soleil, de la montagne fière,
Luit: c'est un petit val qui mousse des rayons.

Un soldat jeune, bouche ouverte, tête nue,
Et la nuque baignant dans le frais cresson bleu,
Dort; il est étendu dans l'herbe, sous la nue,
Pâle dans son lit vert où la lumière pleut.

Les pieds dans le glaïeuls, il dort. Souriant comme

Sourirait un enfant malade, il fait un somme:
Nature, berce-le chaudement: il a froi.

Les parfums ne font pas frissonner sa narine.
Il dort dans le soleil, la main sur sa poitrine,
Tranquille. Il a deux trous rouges au côté droit

Arthur Rimbaud



miércoles, 1 de abril de 2009

Grieta.


A Jarifa en una orgía (fragmento)

Ven, Jarifa; tú has sufrido
como yo; tú nunca lloras.
Mas, ¡ay, triste! que no ignoras
cuán amarga es mi aflicción.
Una misma es nuestra pena,
en vano el llanto contienes ...
Tú también, como yo, tienes
desgarrado el corazón.

José de Espronceda



El lugar exacto donde comenzó es Burdeos, en Francia.

El pequeño Jean Jacques se escondía de sus amigos en unos de esos juegos que la mayoría de los niños actuales han olvidado. No quería que le descubrieran, conteniendo la respiración estaba tumbado sobre una gran roca aún caliente por el sol del mediodía. Para no aburrirse, con la uña dibujaba rayas paralelas en la superficie de piedra. Fue entonces cuando la vio. La grieta tenía apenas veinte centímetros pero en pocos segundos comenzó a ampliarse con gran rapidez. Jean Jacques se asustó y salió corriendo indiferente a los gritos de sus compañeros de juego que gritaban victoriosos que le habían pillado.

En la siguiente media hora la grieta llegó hasta el pueblo dividiendo en dos la rue Saint Catherine, allí donde se concentra todo el comercio, llenando de espanto a los abundantes compradores de sábado. Se tragó varios coches, a una señora mayor y al gato de Marcel que dormía bajo un semáforo.

Los noticiarios de las diferentes televisiones y emisoras de radio dieron la noticia del suceso llamando a la calma a la población pero advirtiendo que la grieta se adentraba ya en territorio español y que por el norte estaba llegando a París. Caprichosa, la grieta pasó a escasos metros de la torre Eiffel que desapareció en sus profundidades. Los muertos se contaban por centenares, desastres en vías de comunicación, casas y demás, las pérdidas económicas y materiales eran astronómicas.

En los tres días siguientes la grieta dio la vuelta al planeta dividiéndolo en dos caprichosas mitades que giraban por el universo al unísono con una separación de apenas medio kilómetro. Fue el momento de hacer balance, evaluar los daños, contar a los desaparecidos, reclamar a los diferentes seguros.

Han pasado varios meses y la situación se ha normalizado. La tierra sigue dividida y los habitantes de uno y otro lado se comunican por teléfono o a gritos. Se plantean diferentes problemas a resolver por los científicos, pero numerosos comités de sabios están concentrados en el tema de las mareas, de los océanos que se desparraman por los bordes, sin la sujeción de las riberas, de los ríos que fluyen directamente al infinito, etc. También grupos de juristas tratan de poner orden en la cuestión de fronteras, lindes, propiedades de las naciones o de particulares, esas cosas. Hay mucho que organizar, que actualizar.



Cariño, con todo esto no quiero poner excusas, pero es la causa por lo que hace tiempo no te escribo. No tengo momentos libres, este suceso absorbe gran parte de mi quehacer. Además la grieta me ha dejado en el aire y soy objeto de estudio por tres ingenieros rusos y uno japonés. No es que pueda volar, no, solo estoy en el aire, suspendido. Ahora estoy tecleando gracias a un complejo sistema de bluetooth. En cuanto logre estabilizar esta incómoda postura reanudaré nuestra correspondencia. Sabes que te quiero, nena.


Mi foto
Bilbao, Euskadi
pedromg@gmail.com

Creative Commons License Page copy protected against web site content infringement by Copyscape ecoestadistica.com site statistics

Vistas de página en total

Lo que hay.(Desde 08.02.07)

Se quedaron

Así vamos

Aquí desde 08.02.2007

(Antes en Blogia desde 07.2004)

(Y mucho antes en "La tertulia en Mizar")

7.688 entradas