martes, 25 de agosto de 2026

Pánico en NY (1)



No encuentro mis bragas –dijo ella, y desde la cama vi las blancas nalgas que contrastaban con el resto de su bronceado cuerpo, de rodillas, palpando la alfombra bajo la mesa del salón, a oscuras.

Al cabo de un rato volvió a mi lado. -Qué es esto? – dijo, y entre los dedos sostenía un pequeño objeto brillante, redondo, metálico.

Primero miré sus pechos y después aquel objeto, un micrófono inalámbrico. ¿Cómo lo sabían?

-Vístete y vete, rápido – dije a la chica.

-Qué prisas, vale, voy, deja el dinero en mi bolso – escuché el ruido del agua en la ducha, ella cantando mientras se pintaba, al de un rato me obedeció y se fue.  

No me preocupaba pagarle doscientos dólares, lo del micrófono sí. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí, ¿habría otros? Comencé a buscar por el dormitorio, entre las cortinas, bajo el colchón, en la biblioteca, en la cocina, cada vez más nervioso, en el cuarto de baño, el pasillo, en el techo. Sobre la puerta de entrada al apartamento encontré otro. ¿Quién lo había puesto ahí?, ¿cómo había entrado?, ¿cuándo? Seguro que había más.

(Continuará)

2 comentarios :

  1. Me temo que sólo queda el complicado ejercicio de intentar recordar todo lo dicho ante ellos y empezar a buscar excusas para justificarlo. Puede ser buena idea buscar un político español, son expertos en negar la realidad.

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  2. Beauséant que nos graben - y difundan- todo lo que decimos es muy grave. Hablando de política española…Bueno, mejor no hablar de eso, aquí.

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