miércoles, 15 de abril de 2026

Abril 3

Jana Schroder

No quiero hacer trampas en la blanca pared de cada día. Me he comido las sobras del silencio, he apurado los posos del idilio, he rebañado el plato de lo romántico. Aún está en mi boca el sabor de aquel banquete. Pero lo que fue, fue, historia, ya está todo dicho, no hay más que hablar, las cenizas están esparcidas desde los montes.


Me quito una oreja.

2 comentarios :

  1. quitarse una oreja, luego la otra, después un ojo, el de al lado... sí, todo irá mejor así.

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  2. Beauséant como ves es un proceso, empieza uno quitándose la camisa (también ese gesto gitano de romperse la camisa, olé), sigue quitándose los pantalones (hay una motivación narcisista porque, entre tú y yo, ¡qué piernas!, dos columnas, ni una variz, las venas marcadas lo justo, el músculo ahí, de hierro),(ay), y lo propio hoy era quitarse una oreja. Como esto es un vano ejercicio diario quién sabe qué me quitaré mañana.
    Bromas aparte, sin ver ni oír, sin saber, se vive tranquilamente.
    Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo y tíralo. Es preferible entrar en la vida eterna con un solo ojo que tener los dos ojos y ser arrojado al fuego del infierno.
    Pues con las orejas, lo mismo.

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