Glup 2.0


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31.1.16

La prueba del nueve y medio.



Lo de mañana, es decir lo que lees ahora, o lo de hoy, yo qué sé si estoy tan, tan triste. 

Cómo escribirlo, con tantas sensaciones, cómo con esta mezcla de emociones en las venas, cómo con tantos deseos entre los músculos, cómo con tanto por hacer, aún.

Ah, y el miedo.

Impulso de terminar con lo que no, con determinación, de un golpe, a la mierda, todo. 

Empezar de nuevo.

Pero.

30.1.16

Guía para una operación


...El oculista detràs de una escafandra
me dirigió su rayo
y me dejó caer
como una ostra
una gota de infierno.

Más tarde,
reflexivo,
recobrando la vista
y admirando los pardos,
espaciosos ojos de la que adoro,
borré mi ingratitud
con esta oda
que tus desconocidos ojos leen.

(Neruda)






Aviso: no lean los aprensivos.


Va así.

Acomodan tu cabeza en el hueco de la cama del quirófano y te sujetan la frente para que no puedas moverte. Te atan por las muñecas. Desinfectan la zona a intervenir. Suavemente, con unas pinzas inmovilizan los párpados. Te cubren la cara excepto un ojo.

A partir de ahí estás en sus manos y si eres creyente, rezas, si eres colérico juras por dentro, si el miedo te paraliza te quedas así, respirando, pensando que será rápido, haciendo votos para que lo sea.

Jamás he tomado LSD pero la sensación debe ser parecida, luces brillantes que se mueven, estrellas, flores de luz, intensos colores que bailan, puntos luminosos incandescentes, algo ha entrado en tu globo ocular y los músculos de las piernas están tan tensos que parece que las venas van a traspasar la piel. El corazón marca música con un ritmo intenso.

Después de hacer mil barrabasadas a tu ojo dicen -Ya está-. Te ayudan a bajar de la cama, te sientan en una silla, con impotencia ves, ¿ves?, como te llevan por largos pasadizos, un ascensor, otro, otro pasillo, la 217. –Espere aquí, pronto pasará el doctor- dice la enfermera.

Fuera llueve como en el Diluvio Universal, la Ría está a punto de desbordarse, hay muchas carreteras cortadas, tú estás tumbado en la cama sin atreverte a abrir los ojos, la angustia baja por tus piernas, gotea sobre la habitación de esa clínica con imágenes de vírgenes y absurdos cuadros de amaneceres o atardeceres, no lo distingo bien.

Estás mareado y no te enteras todavía de cómo ha sido. Por si acaso no ha salido bien piensas en una colecta para un perro lazarillo, un bastón blanco y unos cascabeles. En la cuenta de siempre.


29.1.16

Perdido en el parque.



De muy niño, un día me perdí mientras jugaba en el Parque
Desconsolado, lloraba y llamaba a mi madre.
Esta mañana, después de tantísimos años, he pasado por ahí.
Creo que todavía no me he encontrado del todo. 
Ahora no sé a quién llamar.

28.1.16

El camino es el tesoro.



El camino es el tesoro y ahora que estoy dentro, que soy el camino, busco a los otros y me abrazo para que no se me escape por ninguna rendija de la memoria los momentos que acumulo paso a paso, el Otro alrededor, a través de pueblos y pueblos, la sombra delante, vertical en las cimas, tendida después, acentos y voces, los otros caminantes – que también son yo- o los paisanos –que miran y saludan, algunos sonríen y aún no son yo- en los bordes, no dentro, con gallinas en las manos o arreando vacas, silbando al perro –no muerde, tranquilo- mujeres con cántaros de leche y bocas que guardan secretos, niños rapados que corren y juegan a espaldas del polvo de unos y otros, adelante, el roce con la arena, eco de tantos pasos perdidos, millones de pisadas antes, las piedras, las iglesias, cristos sufrientes, imágenes rotas en las ermitas, cruceros, señales en las orillas, paisaje verde, los bosques, oh, los bosques, milagro de árboles centenarios que toco con la punta de los dedos, sensación de que alguien nos vigila, nos sigue, cielo azul, cada pueblo, cada casa, peregrinos de todos los colores y talantes, con flores en el pelo, con ortigas en los zapatos, ciclistas que no ven, caminantes que no oyen, gentes arrastrando un sufrimiento, mujeres solas, hombres aferrados a un no, tristeza de catres vacíos, cánticos en el silencio, otra vida, ancianos sentados junto a la carretera, espíritu de un tiempo limpio, mágico, que solo existe en el alma, en estas almas, ahora, ilusión de un orden nuevo, de un mundo diferente, solidario, hermoso, los bosques ardiendo, ay, los bosques ardiendo, el camino como metáfora, las escasas pertenencias, los encuentros, los saludos, aquello a los que no volveremos a ver, compartir el pan y el vino, el musgo, los paisajes interiores, el alma caminando con pies cansados, el final, siempre hay un final, apenas un pretexto para caminar, mercaderes al acecho, llegar a dónde, no querer llegar, extasiarse en el camino, decepción de la llegada, necesidad de seguir hasta el mar, ansia de saber dónde termina el mundo, ilusión del mar, el fin de la tierra, tocar el cielo.
Y volver.

Volví, pero aún estoy allí.
Demasiado intenso, aún no sé quién volvió.
Descubrí al Otro.
Aún me falta saber quién soy yo.

27.1.16

De blogs y de apuros.



Estoy ojeando libros en Libu.

Entra una persona y comienza a charlar con la librera.

Sin mucho disimulo, escucho.

Entre otras cosas dice que tiene un blog.

Comenta que cuando le preguntan de qué trata dice “de mis cosas”

Me suenan la pregunta y la respuesta.

Ella dice “antes me daba mucho apuro que lo lea mi padre”

Sonrío, a mí me da apuro que me lea mi hija


Richard Edward Miller.



26.1.16

El efecto Zeigarnik.



Torpes, las manos torpes soltando corchetes, desabotonando, rozando otra piel. Sorpresa del cuerpo desnudo. Besos nuevos, palabras casi olvidadas, vigor renacido, estupor del abrazo.
Ella, tendida, intentó una


Volver a casa a otra hora, fuera de la rutina –me descubrirá-, con la culpa en la mirada –seguro que me lo nota-, con temblor de párpados, con su olor aún en la piel –aún no me lo creo-, intentando justificar el móvil apagado, el


La cama se ha vuelto muy pequeña. Se rozan aún sin quererlo. Ella le dice que se vaya a otro cuarto. Él no tiene fuerzas para protestar y pasa la noche en el sofá. La madrugada transcurre y


“Se llama «efecto Zeigarnik» al fenómeno psicológico de tensión o evocación que deja una tarea o una experiencia que quedó inconclusa o incompleta. El efecto de Zeigarnik indica que la gente recuerda las tareas inacabadas o interrumpidas mejor que las terminadas. Fué Bluma Zeigarnik quién primero estudió el fenómeno después de notar que los camareros se parecían recordar órdenes solamente siempre y cuando la orden estaba en el proceso de ser servido. Algunos sugieren que los estudiantes que desean recordar mejor material dejen aprender inacabado al tomar roturas, según el efecto. También se sugiere que el efecto está detrás del dispositivo del diagrama del cliffhanger.”



Referencias:

Bliuma Zeigarnik. (1927). Unerledigter Handlungen del und del erledigter de Das Behalten. Psychologische Forschung, 9, 1-85.
Bluma Zeigarnik (1967). En tareas acabadas e inacabadas.
En W. D. Ellis Sourcebook de la psicología de gestalt ,Nueva York




25.1.16

No me pregunten.




Lunes, me miro al espejo y descubro el truco, los de siempre, con mala sombra proyectan desde el otro lado una imagen de alguien que no soy yo, de alguien que quizás seré en otra dimensión pero no ahora. Qué manía.

Lo peor es que ese individuo del otro lado del espejo se mueve como yo, más lento, tiene mis tics, se peina con mi peinado y gesticula, tiene un aire pero no soy yo. No tengo pruebas pero estoy seguro.

T cantaba en el pórtico y desde sus labios se movilizó la ternura, trajo un río con peces luminosos y libélulas verdes que sorteaban los juncos de las orillas. Se lo conté a J y ahí empezó la cosa.

La vida caminaba sobre zancos amarillos entre geranios y azafrán. La suerte era un caballo trotando sobre una cinta sin fin delante de una sábana donde se proyectaban viejas películas del Llanero Solitario en cámara rápida.

Un día disfruté de la hermosura de la traición, tú no sabes querer y la puerta se cerró, me quedé en el quicio, sin apuro, sin tocar en la madera leve, en la aldaba de bronce, en el corazón que corría y justo entonces se puso a llover.

Hice un voto de tinieblas y lo seguí con obstinación. En aquella soledad aprendí, entre otras cosas, que las ecuaciones diferenciales tienen que ver con la evolución de las estrellas y con la meteorología.

Thomas Mann sostenía que el arte es moral cuando despierta la conciencia, así se lo planteé al hada envenenada, aquella que utilizaba una varita mágica estropeada, incapaz de convertirme en príncipe azul, continuidad en los parques y en mi estado de batracio.

Quizás soy un refitolero, no lo sé.
Sé que hoy, hoy mismo, 25 de enero, es mi cumpleaños.
Qué cosas.

Mi primer recuerdo es el de un niño que caminaba de la mano de su tía Marina, bajando por las rampas de Uribitarte los gorriones volaban sobre los almacenes de grano cercanos al puerto.

Mi último recuerdo es este, tú sabes, que cumplo años aunque no quiera y que la vida corre y corre sobre zancos amarillos entre geranios y azafrán.

Tanta ambigüedad pretende ser un puente entre el caos literario y el orden que se supone debo tener por mi edad, dignidad y gobierno.

Es decir, lo de siempre.

Escribo sin saber lo que escribo. Luego, un día, me leo y sé. Es un milagro para un agnóstico que hizo los primeros viernes.

Mis abrazos y mi agradecimiento por estar ahí.

Y, por favor, no me pregunten la edad, lloro.


Foto: Alu.

24.1.16

Sobre esas cosas del arte, el erotismo y la pornografía.



REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA
(Vigésima segunda edición)

arte.

(Del lat. ars, artis, y este calco del gr. τέχνη).

1. amb. Virtud, disposición y habilidad para hacer algo.
2. amb. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.
3. amb. Conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo.
4. amb. Maña, astucia.
5. amb. Disposición personal de alguien. Buen, mal arte
6. amb. Instrumento que sirve para pescar. U. m. en pl.
7. amb. rur. Man. noria (‖ máquina para subir agua).
8. amb. desus. Libro que contiene los preceptos de la gramática latina.
9. amb. pl. Lógica, física y metafísica. Curso de artes

erotismo.

(Del gr. ἔρως, ἔρωτος, amor, e -ismo).

1. m. Amor sensual.
2. m. Carácter de lo que excita el amor sensual.
3. m. Exaltación del amor físico en el arte.


Pornógrafo, fa.
(Del gr. πορνογράφος).

1. m. y f. Persona que escribe acerca de la prostitución.
2. m. y f. Autor de obras pornográficas.

Pornografía.
(De pornógrafo).

1. f. Carácter obsceno de obras literarias o artísticas.
2. f. Obra literaria o artística de este carácter.
3. f. Tratado acerca de la prostitución.

Pornografía, del griego porne (ramera) y de grafo (yo describo) es una "descripción de los servicios sexuales de las rameras".


Experimento.

Intento que los escritos que aquí dejo pasen el riguroso filtro de mi propia crítica.

Los presuntos lectores son tan amables que por lo general no me critican, es más, dudo que alguien lea porque la música y las fotografías que selecciono suelen estar bien (una forma de decirlo). Se lo agradezco profundamente.

En este post intento un experimento. He dejado varias fotos de señoras en actitudes diversas (y un señor en una actividad concreta). Al final del día comprobaré si han crecido las visitas.

Señor, señor, lo que hay que hacer para seguir aquí.




23.1.16

Ni me arrepiento ni me olvido

Mientras me afeito, escucho la radio. En una tertulia literaria comentan algo sobre esa frase de Rafael Sánchez Mazas: “Ni me arrepiento ni me olvido”. Me resulta, como poco, curiosa. Busco y os dejo lo siguiente. 



Rafael Sánchez Mazas

Intelectual bilbaíno nacido accidentalmente en Madrid en 1894. Vivió su niñez y adolescencia en Bilbao y se formó profesionalmente en la ciudad portuaria, donde estudió Derecho. Su padre era extremeño y la madre bilbaína procedente de Santander. «El Pueblo Vasco» de Bilbao le envió en 1921 a Marruecos como cronista de guerra. A continuación fue «ABC» quien le contrató en Italia, siendo agregado cultural de la Embajada de Roma, estancia fundamental en su vida artística y personal, ya que casó con la italiana Liliana Ferlosio. También en su vida política ya que entró en relaciones con los fascistas italianos y describió en sus crónicas Italia a paso gentil la toma del poder por los mismos. Falangista de la primera hora, figura en la redacción de la publicación El Fascio, cuyo primer número aparece el 16 de marzo de 1933. Parece ser que la Falange le debe la exclamación patriótica ¡Arriba! ya que, según Areilza, abuscando una locución exaltadora del patriotismo había venido a parar en el «arriba», traducción literal del «gora» que los nacionalistas vascos habían acuñado para su grito habitual» (Así los he..., p. 48). También se le atribuye, aunque esta atribución sea ya más compartida, la elección del Yugo y las Flechas como escudo. Respecto a su ideario político dice Ridruejo (Casi..., p. 59) que «doctrinalmente era un nacionalista maurrasiano, mucho más conservador que su jefe, aunque quizá era el único que, por aversión temperamental, comprendía los escrúpulos de éste respecto a los métodos violentos que casi todos los demás le exigían». Miembro de la Junta Política de Falange, tomó parte en la composición de la letra del «Cara al Sol», colaboró en diversas revistas y órganos propagandísticos como Arriba. Durante el alzamiento del general Franco y posterior dictadura fue una figura preeminente aunque poco interesada por la política real. Fue, hasta su muerte, el 18 de octubre de 1966, una de las personalidades ornamentales del franquismo. Tras haber sido ministro sin cartera en 1939-1940, al año siguiente fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua castellana. Entre su numerosa producción cabe destacar Pequeñas memorias de Tarín (1915), Cuatro lances de boda (1951), La vida nueva de Pedrito de Andía (Madrid, 1951), Pedrito de Andía (París, 1953), artículos en «Vida Vasca», «Hermes» y otras publicaciones vascas. Su La vida nueva... ha recibido numerosas ediciones y ha sido traducida al francés. Se trata de una magnífica recreación del ambiente alto-burgués bilbaíno de los años 20 con reminiscencias de comienzo de siglo y segunda guerra carlista, ambiente plenamente empapado de la influencia jesuítica que se manifiesta a través del diario de verano de un adolescente enamorado. Utiliza un castellano adaptado a la edad del protagonista con deliberadas incrustaciones de giros y alocuciones vascas. Otros trabajos suyos quedaron dispersos o aparecieron de forma casi anónima. Entre estos últimos hay que citar su Apología de Bilbao que se edita en el «Libro del centenario del Banco de Bilbao» de 1957, reeditado en 1969 en la colección «Ibaizabal». Posteriormente a su muerte aparecieron: Sonetos de un verano antiguo y otros poemas (1971), Vaga historia de cien años (1973) y Los aguas de Arbeloa (1983). Rosa Kruger (1984) y Declaración de amor, son sus últimos inéditos. En 1929 publicó en la RIEV La famosa noche de Robinson Crusoe, un dechado de conocimiento histórico y ficción considerado como antecedente de autores como Cunqueiro o Perucho. A su muerte escribió Areilza los siguientes interesantes comentarios: «Rafael era escritor de raza y poeta de vuelo cimero, narrador inverosímil y deslumbrante astrólogo y un poco mago, naturalista y matemático, conocedor del mundo específico de los gatos y de los ratones, relojero, cultísimo lector de la Biblia y de autores griegos y latinos y auténtico maestro de literaturas europeas. Su amistad era difícil regalo de los dioses y su conversación era, a un tiempo, droga, enseñanza, ejercicio y diversión. Nada de lo humano le fue ajeno y su radiografía chispeante de personas y personajes tenía tanto de diagnóstico, como de vaticinio. Sus frases eran hallazgos, luego repetidas, y algunas, acuñadas para decenios, fueron simbolismos litúrgicos que aún perduran. El arte fue su gran pasión, entendido como contemplación de vida. Sabía mirar y ver, en la pintura, en la escultura, en la arquitectura, con sus ojos penetrantes bajo las gruesas gafas el mensaje que palpita entre las formas de la materia. Su tacto y geometría en «El arte de pintar», publicado en folletón, es todavía uno de los mejores que se conoce de interpretación pictórica. Alma religiosa, fiel a la Compañía loyolana que formó su carácter, conocía los entresijos de la gigantesca y delicada máquina vaticana al detalle nimio. No a lo Pierrefitte para exhibir anecdotarios sarcásticos, sino pensando siempre en el mejor servicio de la Iglesia, de la que se sentía entrañable hijo. Su «España-Vaticano», publicado en plena República, bajo el nombre de Persiles, analizaba con especial clarividencia el problema de las relaciones diplomáticas de la Santa Sede con el régimen español, ofreciendo sabroso manjar al lector que hoy, al cabo de treinta años, y con un Concilio de por medio, quiera asomarse a sus páginas«.

Idoia ESTORNÉS ZUBIZARRETA



Rafael Sánchez Mazas (Coria, (España) 18 de febrero de 1894 - Madrid, (España) 18 de octubre de 1966); periodista, novelista, escritor, ensayista, miembro fundador de la Falange Española y ministro del Segundo Gobierno nacional de España (1939-1941). Inventor del grito ritual "¡Arriba España!".

Biografía

Nació en 1894 en el seno de una familia de la alta sociedad cauriense, siendo su madre de procedencia bilbaína. Vivió en Bilbao durante sus años de infancia. Se licenció en Derecho en el Real Colegio de Estudios Superiores de María Cristina de San Lorenzo de El Escorial.

En 1915 publicó Pequeñas memorias de Tarín. Escribió en la revista bilbaína Hermes y en los diarios ABC, El Sol y El Pueblo Vasco. En 1921 estuvo en Marruecos como corresponsal de El Pueblo Vasco y en 1922 en Roma trabajando para ABC.

Vivió en Italia siete años y se casó con Liliana Ferlosio.

Regresó a España en 1929, fue consejero de José Antonio Primo de Rivera, ideólogo y propagandista de Falange. En febrero de 1933 colaboró en la fundación del semanario El Fascio, que fue inmediatamente prohibido. Compuso, a petición de José Antonio un texto en prosa poética que había de divulgarse mucho, Oración por los muertos de la Falange, que se publicó en “Haz” el 12 de octubre de 1935.[1]

El 29 de octubre de 1933 se fundó Falange Española, integrándose Sánchez Mazas en su Junta Directiva. Hasta el estallido de la guerra civil española, tuvo un papel muy activo. En febrero de 1934 compuso Oración por los muertos de Falange, y más tarde participó en la composición de la letra del Cara al sol, himno de la Falange Española. De su pluma son estos dos versos: "Volverán banderas victoriosas / al paso alegre de la paz."

En marzo de 1936 Sánchez Mazas fue hecho prisionero en Madrid. Aprovechando un permiso temporal por el nacimiento de su cuarto hijo, consiguió refugiarse en la embajada de Chile. En el otoño de 1937 intentó la fuga pero el 29 de noviembre de 1937 fue detenido en Barcelona. Estuvo en el barco Uruguay hasta el 24 de enero de 1939, cuando fue conducido al santuario de Santa Maria del Collell junto a otros prisioneros para ser ejecutado. El 30 de enero escapó de un fusilamiento en masa, refugiándose en una masía de Cornellà de Terri (Girona), junto a tres soldados republicanos que habían huido de la retirada, pasando con ellos a zona sublevada (este episodio es la base sobre la que se asienta la narración de la novela "Soldados de Salamina", de Javier Cercas).

Entre agosto de 1939 y agosto de 1940 fue ministro sin cartera en el gobierno de la dictadura de Franco, abandonándolo por propia iniciativa, sin llegar nunca a ser oficialmente sustituido o cesado, ya que al retrasarse frecuentemente su asistencia a los consejos de ministros, Franco mandó que retiraran su sillón. A la última sesión tuvo que asistir de pie. Franco le dijo: "No era necesario que volviera más".[2] En febrero de 1940 fue elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua y en 1951 nombrado Presidente del Patronato del Museo del Prado.
Junto a numerosísimos artículos periodísticos, en 1951 publicaba La vida nueva de Pedrito de Andía, en 1952, Cuatro lances de boda y en 1956 Las Aguas de Arbeloa y otras cuestiones.

Póstumamente se publicó en 1971 Sonetos de un verano antiguo y otros poemas y en 1996 "Rosa Krüger", una novela escrita durante su estancia como refugiado en la embajada de Chile en Madrid, pero que nunca llegó a publicar, a excepción de algunos capítulos en revistas literarias.

El modo en que se libró del fusilamiento durante su encarcelamiento republicano inspiró la novela de Javier Cercas Soldados de Salamina (2001) y la película del mismo título dirigida por David Trueba.

Padre del escritor Rafael Sánchez Ferlosio, del cantautor Chicho Sánchez Ferlosio, del matemático Miguel Sánchez-Mazas Ferlosio, y de Gabriela Sánchez Ferlosio, madre de Máximo Pradera.[3]

Eugenio Montes escribió este interesante artículo con ocasión de la llegada a la Ciudad Condal:

«...Con pelliza de pastor y pantalón mahón agujereado de balazos, y ese color centeno de extremeño, duro de huesos e increíble de alma, he aquí, milagroso y cierto, a Rafael Mazas... A Sánchez Mazas, el más antiguo falangista de todos los vivos y a la par el más nuevo porque llega, casi resurrecto, del otro mundo, después de un viaje dantesco por países de sueño y pesadilla, con prisiones, barcos fantasmas, cárceles en el mar y en la tierra firme, insomnios, hospitales, paredes frías, fusilamientos, fugas, bosques, y al término de la noche y de las lunas, el encuentro alborozado con nuestras tropas, libre por fin, en el lugar y el momento en que, junto a la sombra azul del Pirineo, se libera España....»

De Wikipedia



LA RESPONSABILIDAD DE LOS INTELECTUALES
Por los cuatro costados


ANDRÉS TRAPIELLO
BABELIA - 14-10-2006 

Se ha visto ya que son insuficientes tres Españas para explicar lo que sucedió entonces. Tal vez nos sean precisas cuatro, como poco. En 1954 Juan Ramón Jiménez se niega a saludar en Puerto Rico, donde vive, al escritor Segundo Serrano Poncela, implicado en las matanzas de Paracuellos: "No he dejado mi país", explica, "para acabar dándole la mano a un asesino". Ambos están en el exilio, pero desde luego no forman parte de la misma España. Azorín u Ortega no fueron asesinos, pero tampoco podremos asegurar que ellos, beneficiarios del régimen en cierto modo, y JRJ estaban en una España común. Cuatro Españas son al menos necesarias para desentrañarla: la España revolucionaria, no siempre democrática, de anarquistas, comunistas, trotskistas y socialistas radicales; la España contrarrevolucionaria, antidemócrata y reaccionaria de los fascistas, el clero, la milicia y la oligarquía; la España de izquierda democrática que pese a no ser revolucionaria corrió la misma suerte que ésta, y la España que pese a ser de derechas, no dejó de ser democrática, y se mantuvo más o menos al margen del franquismo. Naturalmente ninguna de estas cuatro Españas tenía el mismo tamaño ni el mismo peso en todo momento, y encontramos representantes de todas ellas en el exilio y en el interior, lo cual viene a complicar la comprensión del problema.

Pocos escritores de la España fascista se arrepintieron, desde luego. Claro que no sabemos qué límites le ponemos a esa palabra: ¿cuánto hace falta para arrepentirse? ¿Vale lo mismo un arrepentimiento de 1944 que otro de 1974 o de 1980? Tampoco hubo muchos que, habiendo sido comunistas, se arrepintieran de su pasado estalinista. Alberti, por ejemplo, premio Lenin, al venirse abajo el bloque socialista, lo dijo con melancolía: "Siempre llevaré a la URSS en mi corazón". Al frente de Fundación, Hermandad y Destino, escribió Sánchez Mazas de su puño y letra con una arrogancia delirante: "Ni me arrepiento ni me olvido. 1957". Stalin murió en 1953 (y sólo diez años después Neruda inició su tímido mutis), y 1953 fue el año en que Antonio Tovar, a la sazón rector de la Universidad de Salamanca, o sea, un hombre hecho y derecho, recibía honoris causa a su caudillo, pero también por esos mismos años escritores del régimen, como Sánchez Mazas o Panero, facilitaban el regreso de exiliados como Bergamín o Gaya. Es imposible explicar lo que ocurrió en un bando, sin tener en cuenta al otro. Y más cuando hablamos de cuatro costados. "Por los cuatro costados" podría titularse una historia de la preguerra, de la guerra, de la posguerra, esa historia en la que no es fácil encontrar a muchos que admitan sus errores y complicidades (y de crímenes ya ni hablamos).

A estas alturas, por ejemplo, todavía hay miles de españoles que se resisten a condenar el régimen de Franco y otros miles que se niegan a hablar de las checas mientras no queden solventadas las afrentas que se les hicieron. Cuando Tovar o Laín se apartaron de la Victoria que se lo dio todo, habían pasado ya muchos años. De ese todo, a unos el régimen les incautó algo y otros no devolvieron nada, como si pensaran: que nos quiten lo bailado. Por lo mismo, algunos escritores republicanos le deben mucho a la derrota. Y al revés, están aquellos a los que la literatura les debe mucho, pese al exilio, pese al régimen, como Cernuda o Aub, como los Villalonga o Francisco Pino. Los mejores de una parte, Foxá, Ruano, Sánchez Mazas, Panero o D'Ors, murieron mucho antes de que se vislumbrara el final del régimen. Incluso después, algunos como García Serrano, hicieron del fascismo la sustancia literaria de sus libros. De hecho, ni siquiera es razonable meter en el mismo saco la subliteratura de éste y la de, por ejemplo, los admirables Torrente Ballester o Josep Pla, los vesánicos engrudos de Giménez Caballero y las fabulaciones de Cunqueiro, los versos de Pemán y los de Manuel Machado, y así hasta el infinito: ni eran todos de la misma derecha ni su literatura vale lo mismo. No es sencillo, desde luego, dilucidar todo eso, unas veces por exceso de palabras interesadas y otras, por ausencia de las necesarias (y cómo se echan en falta las de un Ferlosio, pongamos por caso, para ayudarnos a desenredar esa madeja que en buena medida empezó a hilarse, y enredarse, en la casa paterna).

Nadie ha dicho nunca que haya que medir a todo el mundo por el mismo rasero, porque ni todos tenían manchadas las manos de sangre ni todos fueron pésimos escritores a los que salvó la política. Y eso vale para la izquierda y la derecha. Tampoco se trata, ni mucho menos, de aplicar dos pesos y dos medidas, como a menudo vemos que sucede de modo indecoroso. La complejidad de esto pasa por la singularidad de cada persona, de cada obra, de cada circunstancia. Echa uno de menos los matices y asusta un poco ver que quiere volverse al sistema del blanco y negro, otra vez a las dos Españas, cuando puede decirse que hubo entonces tantas como españoles. Y como en este caso hablamos de literatura, recordemos: reconocer sus errores políticos y asumir sus responsabilidades fue un gesto valeroso y expuesto que tampoco hizo de Ridruejo un escritor mejor. Foxá o Sánchez Mazas, para los que ni siquiera fueron errores, no son peores escritores por ello.


Fotografías de Agustín Centelles.

22.1.16

A pesar de todo me duermo.


Sustancia transparente, un cuerpo sobre las sábanas, frías miradas, el box 19 -¿Tiene seguro médico?- El doctor se muestra erguido pero torpe, se expresa con tecnicismos confusos, con voz de espinas, no me gusta su nariz, ni como mira. Ah, soledad amiga, círculo del cirujano sobre la piel blanca, indefensa, siete círculos, bisturí en la mano diestra, nudo en el centro del miedo, donde se atan los recuerdos y los anhelos, donde se juntan las venas azules. 
Ahora no, ahora no, nunca es el tiempo, nunca es la hora, la nuestra.
De nada sirven ya las palabras de ánimo, la resignación, las palmadas en la espalda, ahora soy el enfermo y siento las cenizas subiendo por las piernas, ahora estoy soñando y un mirlo oscuro vuela dentro de mi pecho, se está bebiendo la luz. Habitación sellada, que nadie sepa, que nadie entre, bancos del miedo, máscaras verdes, materia del vientre desnudo, piel expuesta, postura vergonzosa y sin embargo admitida, oídos atentos al vuelo de la tarde, la sangre corriendo entre las uñas.
Alma que medita sobre distancia e infidelidades, sobre vanos pecados de orgullo, desencuentros, imagen de la culpa por cada vez que no, por las ocasiones en las que no supimos pedir perdón, por la obstinación., sabor de naranjas y limones, de humo. Algarabía de pájaros y grillos, animales huyendo del bosque quemado, adversos presagios, viento apaleado, riberas de hombres solos, ensimismados, deshabitados, sin nadie que se cuelgue de su brazo, contraste con los novios que se enternecen en el palmeral.
Una enfermera toma mi mano entre las suyas y dice que todo saldrá bien.

A pesar de todo me duermo.

21.1.16

Una varita mágica




En casa tenemos una varita mágica.
Se la regalaron a Conchi en una convención, no recuerdo si de brujas o de hadas.
Por supuesto realiza encantamientos, niebla de colores, cambia el agua en vino, pequeñas explosiones, esas cosas de la magia. Y habla

Al principio nos hacía ilusión, venían las visitas y presumíamos de varita mágica, con un abracadabra se movían las sillas, saludaba por su nombre a las señoras, descolocaba los cuadros del salón. Nunca nos atrevimos a convertir a ningún niño en gato, ni a don Anselmo en loro.

Con el tiempo nos aburrimos y la dejamos en la biblioteca, entre las enciclopedias encuadernadas del País y la colección de cine del siglo XX. La realidad es que nos olvidamos de ella totalmente

Hace unas noches dormíamos y comenzó a hablar, la varita, sola, no callaba, se expresaba con fluidez, lo mismo en castellano que en inglés, en polaco, en euskera, dominaba todas las lenguas. Nos hizo gracia, el lunes, el martes nos despertó a las cuatro de la madrugada, el miércoles estuve a punto de tirarla por la ventana, no callaba, el jueves la metimos en la cama, entre los dos, se durmió.

A eso de las doce ha tomado la costumbre de ronronear, entonces la colocamos sobre un almohadón de cretona y pasa la noche a nuestro lado. Ah, por su parte llena de estrellas fluorescentes el techo del dormitorio, es una varita mágica y mimosa.

Pero ahí no acaba todo, el sábado me desperté, noté que me acariciaban, una bella mujer me abrazaba, parecía un encantamiento, nos fundimos en un largo beso y no puedo describir lo que ocurrió a continuación. Justo cuando estábamos en la postura del misionero entró Conchi. “La varita, la varita…”, balbuceé, pero no me hizo caso, despidió a la mujer con un gesto serio, sin alterarse le echó la ropa a la cara. Después sacó la maleta verde y me dijo, “tienes diez minutos”.

Y aquí estoy, sentado en el felpudo del portal, atónito, con la maleta en una mano y la varita, mágica, en la otra, sin entender qué diablos ha pasado, desencantado.

Es lo que tiene la magia, 

20.1.16

París.


Marta no conocía a nadie en París. No sé cómo me localizó. Estaba pálida, parecía asustada. Dejé tres rosas sobre la cama. Le pregunté cómo estaba.

-Estoy bien, no te preocupes, esto es sencillo. Salgo al mediodía.

No supe qué decir. No quise saber con quién, el nombre de él. Me disculpé por no invitarla a comer, dije que tenía una comida de trabajo.

-Gracias, no podría, el tren para Hendaya sale a las cinco.

Me despedí, besé sus manos, las tenía muy frías. Giré la cabeza y retrocedí dos pasos para alisar la sábana allí donde había estado sentado. Una leve sonrisa alteró su rostro triste.

-No has cambiado. ¿Me llamarás cuando vuelvas a España?- dijo.

En las escaleras de la clínica pensé si mi estancia francesa no era una huida de tantas personas, de tantas historias, del compromiso. Paseando por las avenidas inundadas del sol de julio me reconcilié con la idea de retrasar varios meses mi regreso. En el metro ya me había olvidado de Marta. Salí en Hôtel de Ville, Marie me esperaba en rue Rivoli.

-Disculpa el retraso, he tenido una comida de trabajo- dije.

Y nos besamos.

19.1.16

Sombra.



Me ocurrió la primera vez.
Hoy lo he recordado.

Sole dejó a la niña con los abuelos y me invitó a tomar café, como entonces, como aquel día perdido en los recuerdos.
Acepté aunque cuando tomo café por la tarde me quita el sueño de la noche.

En el salón de su casa, nerviosos, hablábamos de muchas cosas, de nada.
Me levanté y la besé.
No opuso demasiada resistencia, tampoco demasiado entusiasmo, me dejo hacer.
Cuando acaricié sus caderas me invitó a conocer la habitación de arriba.
Se quitó la ropa sin dejar de mirarme, temblaba.
Quise aparentar seguridad pero también yo temblaba.
Fue entonces cuando la vi.
Una sombra pasó por su frente y creció y creció hasta abrazar todo su cuerpo.
Después nos amamos, los tres.
La sombra sonreía con una mueca cruel.
Mientras me duchaba se lo pregunté.

-¿La has visto?-
-¿Qué?-
-Una sombra.-
-Eh…no, no he visto nada.
-Estaba aquí.-
-Solo te he visto a ti, cariño, ¿volverás?

En nuestros siguientes encuentros no apareció la sombra, pero siempre me sentí observado, no estaba cómodo, no me concentraba.
Fuimos a un hotel pero por mi parte la sensación también era de intranquilidad.
Llegué a pensar que era un reflejo culpable de mi subconsciente.
Ella se dio cuenta, seguro que me tomó por un maniático.
Por consejo de mi psiquiatra dejé de visitarla.

Hoy me entero que la sombra se ha casado con Sole.
No somos nada.

18.1.16

Elena Francis


Distinguida Elena Francis, que le cuento. Resulta que cuando del tonteo y del usted se pasa (previa seducción por la palabra, el fuera de campo y otras artes marciales) al conocimiento personal, al tacto de manos, al beso en la mejilla y la voz en los pabellones auditivos y zass se produce eso que se llama atracción (llamémoslo como lo llamemos pero en la práctica son unas ganas de follar que te mueres y disculpe usted la franqueza) y por arte de birlibirloque esta circunstancia (follar) se produce y es como cuando la virgen con los brazos abiertos se aparece a unos pastorcillos sobre la zarza ardiendo, pues entonces, entonces, entonces. Que digo yo, tampoco es tan frecuente, que durante tiempos oscuros pensé que las mujeres tenían alma, sí, pero el cuerpo estaba ahí, inerte, que me sentía un necrófilo compulsivo y no con una ni con dos, que las advertencias de las monjas (cacho putas) han hecho mucho daño al acto que más que acto era una alharaca de manos como de palmero de Peret, de besos a labios fríos, de qué mal lo tenían que pasar aquellas mozuelas con un tío como yo en plena actividad que vi aquella película de Jane Fonda, Klute, y así las sentía (pobriñas) con gemidos fingidos y miradas al techo que, oiga, casi me vuelvo un imponente impotente, coño, que uno tiene su orgullo de macho bilbaíno y se empieza a preguntar que qué pasa que no pasa eso de que se desmayan con los ojos en blanco y gimen como la niña del exorcista pero eso fue hace mucho que ahora, ay, sí, ahora, lo de la virgen con los pastores, que tampoco voy a entrar en detalles pero, oiga, increíble. Punto. Pero resulta que del sex, al de un tiempo de sex, por mucho que se diga que a mí eso no me puede pasar y eso, se pasa al love y entonces, Doña Francis, maja, las pasas más putas (van dos) que en vendimia. Y ahí andamos, Elena, campeona, no sos vos (o sea ella) soy yo. Que aquí ando sin saber qué decir porque los adultos adúlteros piensan que esto a estas alturas ya no les pasa pero les pasa, joder si les pasa. Me ha pasado, Elen, cari, ¿qué hago? Sigo con Ama Rosa.




17.1.16

Justo ahí.



Ya, de acuerdo, es una mala fotografía, pero justo ahí, junto a ese abandonado depósito de agua, di mi primer beso.

Y aún me canta en los labios.

(Ella dice que no lo recuerda, que lo he soñado)

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Se quedaron

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tomadas de internet y puede que no conste su autor.
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