Glup 2.0

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30.6.16

Back the attack



Cariño ¿quieres desayunar?- preguntó Marie.
Sí, cielo, lo de siempre –contesté.
No estaba enfadada, al menos no lo demostró. 
Otro largo día para no hacer nada, solo pensar.
Llueve, hoy no saldré a pasear.
No vendré a comer ¿te arreglarás?- dijo antes de irse mientras me besaba en la frente.
Sí, no te preocupes- dije. 
Se fue.
Seguro que ha conocido a alguien.

29.6.16

Derelicción.

Hoy escojo la estética y arrincono lo que debo decir, lo pospongo, me escondo, me cubro con un pañuelo blanco, verde y rojo, pongo mi mano sobre la boca, anudo con fuerza la venda y no digo, no sé si derelicción está bien escogida, no sé siquiera si tengo propiedad sobre mi garganta, sobre los sonidos guturales con los que suplo la comunicación, grrr, brrrr, oh, zass, orgía de interpretación primaria, prehistórica, pintando la página/ojo/pared con los dedos manchados en mis contradicciones, ciervos que corren por las paredes, bisontes metafóricos, cuevas de murciélagos, ugg, clonk, pufff, no soy dueño de lo que digo/no digo, sé que quiero cargar los fardos desde la bodega, proteger de la luz el lúcido latido de mi alma, nada es como era y esto es el futuro, sin saberlo escribo para mañana.

Digo para no decirme.

Esta página/ojo/pared/confesionario/diván ya no me pertenece.




Derelicción.
1. f. Der. Abandono de una cosa con ánimo de poner fin a la propiedad que se ostentaba sobre ella.

28.6.16

Digo para no decir.


Bill Wasilevich, Jimmy One Eye Collins after Arraignment 1946


Esta página/hoja busca ojos que compaginen emociones, está tatuada de inocencia en los muslos del poema, en los brazos de la prosa alborotada, en la galerna de malvavisco de palabras que no encienden primaveras, que cabecean como barcas en un puerto que dormita con pescadores desplumados, con frases atropellando el binomio ojo/hoja, pagina compaginada, solo leen los ciegos, los que abandonaron el barco y queman incienso a la sombra de los grandes árboles, los que buscan arpías en las selvas de ellos mismos, los que se lanzaron al vacío con una cinta en la frente, con una oración en los labios, con una piedra negra en el pecho.

Escribo así, encadenando voces que recojo en mi propia huerta, inclinado sobre la tierra, buscando las que brillen, las que no digan, estas.

Digo para no decir.

Miedo.

27.6.16

Este es mi lunes.



Times New Roman no, escojo Georgia, cada tipo de letra tiene una historia detrás, no estoy para historias, estoy saturado de historias, de cuentos, de imaginar, de hacer gala de…¿de qué?, basta ya, se acabó la fiesta, extiendo un velo morado sobre esta página y me inclino ante mi propia mano tendida, me rebelo ante mi mendicidad, me muerdo con saña el brazo enganchado en la alambrada, me abofeteo con fuerza, con rabia, sin disimulo, no quiero engañarme, me da miedo saltar desde el trampolín, lo reconozco, temo que alguien quite el agua de la piscina, como en una película de dibujos animados, algo así como un correcaminos cruel que me cambie los carteles, que me guíe hasta el desierto, que además se burle con sus beep beep, ¿qué diablos hago en esta pantalla?, ya no me gusta el cine, me quedo dormido a mitad de la sesión, la televisión también me duerme, esto ya lo he visto, leído, escuchado, sentido, vivido ¿estaré repitiendo mi propia vida?, en cualquier caso he empezado por repetir los errores, por acumular absurdos ante la puerta verde que da a ninguna parte, lo peor es que lo sé, por supuesto que lo sé, estoy en una cornisa del Chrysler, los turistas japoneses  miran mi balanceo, delante y atrás, sin decidirme, aplauden, creen que es un atracción más, que me tiraré con una capa roja y volaré, qué cabrones, no saben que no hay ficción, que duele ser, que la verdad tiene que estar en alguna parte, que de tanto buscarla me he perdido en un bosque  con hojas verdes inundando las avenidas de mi ciudad vacía en esta mañana brumosa, los que alborotaban la noche con su triunfo por fin se han dormido, los demonios que me rondan no, bailan dentro y fuera de mi cabeza con sus cuernos brillantes y sus tridentes afilados, susurrándome obscenas invitaciones, invitándome al mal, a pasar la raya, al lado oscuro, esa zona prohibida dónde me he acostumbrado a vivir, encogido y atemorizado pero sin querer abandonarlo, disfrazándome de otros pero sin creérmelo, ¿sé quién soy?, metonimia de un aprendiz de brujo angustiado, chapoteando en el bien, en lo que antes era el bien, antes que un ejército lujurioso moviera las fronteras, invasión de Polonia, conquista de un territorio sin ejército que lo defienda, países desaparecidos bajo las aguas impetuosas de una presa rota, débil construcción de ladrillos amalgamados que apenas contenían el deseo no menguante, al contrario, corredores sin meta a la vista, jadeantes atletas de su propia negligencia, escucho el ruido de la tormenta y no tengo a la vista ningún lugar donde guarecerme, lo peor son los rayos, lo peor es que esta intensa lluvia de desilusión se puede llevar por delante sembrados y aperos de labranza, animales que mugen y las gallinas, el grano acumulado y la esperanza, es hora de partir, este es mi lunes.

26.6.16

Comprensión



Más quiero encontrar en ti comprensión, que cantaban los Mustangs, que cantaban the Animals, que cantaba Tom Jones (creo) y es que no es lo mismo escribir una opinión a las 3 de la madrugada que agradecerla, rebatirla, aplaudirla, contestarla a la hora que se pueda, si se puede porque los días son rígidos, inflexibles, insobornables, se ciñen a sus 24 horas y de ahí no hay quién los saque. Y no dan, las horas. Reloj, no marques las horas, que cantaba el trío los Panchos, que le gustaban a mi padre. No da tampoco el sistema de tanteo, que frecuentar según qué jardines es hollar un terreno pantanoso en el que a nada que pises fuera del tiesto te empiezas a hundir poquito a poquito, como en aquella película de Rod Steiger que se caía un niño indio mudo en las arenas movedizas y no le escuchaba nadie, claro. Cuando ya las aguas te llegan a la boca, es decir que te ahogas seguro, llega Manolete y sin capa ni espada, en un lance torero, pinturero, nos asegura que además de las corridas le gustan los toros y ahí empieza un sano compartir de opiniones, que si sí, que si no, ya sabes, lo de siempre. Olé (el símil taurino no es baladí, busca la polémica). Que no se puede decir amén en todas las misas, que no disparen al pianista ni al cura, que el espectáculo debe continuar, que me aburro. Ya.

25.6.16

Interacción.



Interactivo, este blog intenta ser interactivo. No sé muy bien qué significa eso y a qué me compromete, pero sí sé de ese intento.

Tengo claro que los textos se van desarrollando según la inspiración, emociones, lo que ocurre, lo que se me ocurre, lo que recuerdo, lo que ansío. ¿Mande? Pues eso que la interacción se produce entre quién escribe y quién lee. Si la transferencia va del corazón o la mente a otra mente a otro corazón o a la papelera es ya otra cuestión difícil de conocer. 

Algo más difuso está la cuestión comentarios. Es decir, la posibilidad de recibirlos y la capacidad de responderlos. En este apartado no incluiré el índice de satisfacción pero sí el convencimiento de que la interacción se produce. Nunca llueve a gusto de todos. En cuestión de gustos no hay nada escrito. Para gustos se han hecho los colores. Hay gustos que merecen palos. Vista, oído, aroma, tacto y gusto. Contra gustos no hay disputa. Y algunos dichos populares más que ahora no recuerdo ni me importan pero que me fortalecen en el entendimiento de quienes me envían comentarios y mi compromiso de responderlos dentro de mi capacidad, de la posibilidad de tiempo, espacio, absorción atómica, debilidades transitorias y demás zarandajas.

Alucino, vecino, que alguien se tome la molestia y el trabajo de comentar en esta página y por eso dejo todo mi agradecimiento al pie, no como una pira funeraria sino como un frondoso, oloroso, vistoso ramo de flores en las que se enredan mis balbuceantes palabras.

Es así.

24.6.16

Lo inmediato.



En estos tiempos de lo inmediato, de la prisa, de urgencia por conseguir todo lo conseguible, de culto al cuerpo, de exaltación de la ignorancia como valor, de narcisismo, de supremo valor del ahora, no hay tiempo para el antes, no existe, si hoy es martes el lunes ni siquiera ha pasado, la historia es algo antiguo, pasado de moda, tonterías para engañar a los crédulos, a quién le importa, la televisión es un bien supremo, sálvame, las catedrales son piedras, los museos insoportables, los viejos, los muy cabrones no se mueren, impera el vacío, lo hueco, la fachada…



…en estos tiempos  nadie recuerda que este era un país gris, atrasado, que tenía hambre, miseria, que dejaba a sus hijos buscarse la vida en Alemania, en Francia, en los bosques de Idaho, que partían con sus maletas de cartón, sus ilusiones…

Va, para, no te enrolles ¿Qué te pasa hoy?

Mecagüen todo lo que se menea


23.6.16

Faisán de oro.


...el restaurante estaba cerca de la Diputación. Su carta, sus menús eran un prodigio de creatividad, de sugerencias, de tentaciones, de sabores, de olores. Acostumbrábamos ir en nuestras celebraciones, la comida anual con la abuela, los aniversarios, los san queremos, para impresionar a mi novia, para agasajar a un buen amigo. Nunca nos defraudaba, siempre salíamos satisfechos, sorprendidos, ahítos de la buena comida, del buen trato, con el paladar vibrando, encantados…

…lo mejor, la dueña, Inés, la esposa del cocinero, atendía personalmente los salones. Era bella, elegante, alta, con una voz melodiosa, una educación exquisita, unos modales tan encantadores que te sentías afortunado por haber escogido su casa para comer. Inés era majestuosa, cuando se dirigía a ti para recibirte, para sugerirte algún plato, para tomar la comanda era como si una emperatriz estuviera dignándose a tratar con mortales… 

…ayer había quedado con unos clientes para comer en un restaurante que acaban de inaugurar en Bilbao. Llegaba tarde y apreté el paso. Esperando en un semáforo, al otro lado de la calle vi a una anciana. Al cruzarnos la reconocí, Inés. Ay, el tiempo la había acunado en demasía, era una mujer muy mayor que caminaba con cierta dificultad ayudándose de un bastón, parecía que había encogido. Impresionado pasé de largo. Los recuerdos me golpearon, aquellas comidas familiares, la alegría de entonces, ayer, di la vuelta y la busqué. Miré a uno y otro lado, no la encontraba, andaba lentamente no podía estar muy lejos. Salía de una panadería. La abordé, me presenté, no me reconoció. Estoy ciega –dijo-. Vi sus ojos azules sin brillo. Conservaba su elegancia, su belleza había cambiado, en su cuerpo encorvado había dignidad, su voz seguía siendo melodiosa, me llené de ternura, con cierto atrevimiento acaricié su brazo (me doy cuenta que últimamente acaricio el brazo de las personas mayores, quiero transmitirles mi cariño). Seguimos hablando, me agradeció que le hubiera reconocido, le dejé un atrevido beso en su mejilla y me fui, turbado…

…los clientes estaban esperándome en la barra del bar. Me disculpé por el retraso. Antes de sentarme a la mesa fui a lavarme las manos. En el espejo había un viejo que me miraba, también se estaba lavando las manos, últimamente le veo mucho ¿quién será? 


22.6.16

Aún es miércoles



Otro día interminable, otro día para rumiar, los monos no se movían a mi alrededor, me miraban fijamente, eran muchos, creo que cada vez eran más, cada cierto tiempo el que parecía ser el jefe gruñía, quizás para que no me olvidará que estaban ahí, como si pudiera, luego dejó de llover y bajé hasta el pueblo a comprar el pan.


Aún es miércoles pero ¿qué importará? 

21.6.16

Catgut



Es decir un artículo de uso común, catgut para las operaciones que se hace uno a sí mismo. Sí, ayer mismo me operé de estrabismo mental y estoy envuelto en catgut, como una momia simple, como un extravagante usuario de filamentos, que se me juntan y mezclan las emociones, que ya no sé si mi testosterona mengua o me desborda. Antes, es decir antes, todo era más sencillo, que el tiempo era de goma y lo mismo se alargaba que se encogía, que era un símil, una metáfora sin buscarla, un tránsito entre nombres, una búsqueda por los portales con pájaros negros mirándonos desde las farolas de la noche, con sentimientos subcutáneos, con ese temblor en las manos impidiéndonos brindar por los ausentes, que no los había, estábamos todos, sentados alrededor de una mesa imaginaria, mirándonos a los ojos, midiéndonos. Creíamos que el tic tac de los relojes perezosos era el lógico, el deseable, el óptimo. Un día supimos que no. Hablo en plural y estaba solo. Hábito de la soledad. Descubrimiento del espejo. Exploración de mi selva. Reparación de la brújula heredada. Indicar en los mapas el consabido usted está aquí. Pero no estaba/estábamos y el desierto era mi/nuestro hábitat, travesía con camellos sin doble sentido, que nos libramos de los mercaderes por minutos, del polvo y el humo por segundos, de la cruel enfermedad de los promiscuos por un suspiro, solo el alcohol nos arrasaba, nos transformaba y decíamos/decimos lo que nunca decíamos/decimos. Entonces apareció el catgut y todo empezó a cambiar, que supimos leer la línea que había detrás de la línea que enmascaraba otra línea, es decir tinta invisible, tinta de limón, nada, que matar al padre es un largo proceso y al final se muere él solo, de aburrimiento, que te deja de herencia su búsqueda y resulta que buscaba lo que tú buscas y así no hay manera de progresar, ya te digo. Menos mal que al suturar la conjuntiva se amplió el campo de visión y vimos que no veíamos, nos apuntamos a cursillos de calle y vida y, vida mía, descubrimos la venda, nos tapaba la mirada, el otro estrabismo, no a la vez pero sí muy seguido, así que nos ordenamos, quemamos la venda, ellas los sostenes y así, con ojos y pechos al viento desafiamos la autoridad y la gravedad hasta que la realidad nos puso en nuestro sitio, el uno por dos en el que apenas cabemos, que nos tira la sisa, que se alborotan las costuras y quizás en la próxima liquidación de almas pueda cambiar esta de ahora, con glicerol y entrelazada con tantas mentiras que no hay pinzas que puedan extirpar las espinas del desencanto, que me estoy volviendo un puercoespín, que estoy tenso como un hilo de plata entre tus ojos y mi corazón, gracias por leerme.

20.6.16

Sin viento en las velas.




Patxi es artista, hippie, aunque ya no lleva flores en la barba. No parece que ese nombre sea el de un hippie, qué cosas, cómo cambian los tiempos, las modas.
El caso es que Patxi es muy bueno en lo suyo, es minucioso y lento en sus trabajos pero un auténtico artista. Eso, y una herencia, le permiten vivir con cierta holgura económica.

Patxi tiene un velero. Es un purista y nunca ha aceptado acoplarle un motor, con lo que su navegación está sometida al puro capricho del viento.

Nuestra relación es amistosa, sin más, nos saludamos cordialmente, conversamos si procede pero tampoco somos los mejores amigos del mundo, no, ni siquiera somos amigos, conocidos.

A pesar de eso, alguna vez Patxi me invita a pasear en su velero. Solo me pone la condición del silencio, es decir no hablar más que lo imprescindible, buenos días, hace frío, disfrutar del roce de la brisa en el rostro, de la espuma deslizándose entre los dedos y mi capacidad natatoria ya que él nunca aprendió a nadar.

Es domingo, salimos de puerto y algunas señoras nos saludan agitando la mano, Patxi ni siquiera mira. La proa rompe pequeñas olas, por estribor algunos peces saltan fuera del agua. Respetando el acuerdo no hablo y miro al horizonte, es una delicia la sensación absoluta de libertad, de alegría, de comunicación con el agua, el viento, la naturaleza, la vida.

Nos hemos alejado varias millas mar adentro, estamos solos en la inmensidad de la mar. Hemos tomado unos bocadillos silenciosos y unos tragos de Rioja. De pronto cesa el viento. El velero sigue su impulso antes de detenerse. Miro al horizonte, evito mirar a Patxi. La embarcación se mueve levemente presa en esa súbita calma chicha. Pasan los minutos y comienzo a ponerme nervioso.

Llego aquí y me pregunto qué demonios hago, testarudo, escribiendo estas ásperas cosas, qué sentido tiene, no solo para quién lo lea, que también, pero sobre todo qué sentido tiene para mí, me distrae un coro de ángeles mestizos, unos niños disputándose una pelota hecha con trapos, un pescador sobre los hombros de una mujer emergiendo ambos del agua, a cámara lenta, majestuosos, Marie insistiendo en si voy a fregar hoy, sin usura, dejándome llevar por la corriente de Elantxobe y sus recuerdos, me veo a mí mismo desde una altura imaginaria, un hombre reducido a fragmentos, recolectando poemas rotos para escribir otro poema roto con generosidad que no entiendo, nada entiendo y la noche está llena de relámpagos a la vuelta de Gernika, niebla ocultando Ogoño, los muertos ocupando los puertos, se confunden con los vivos, parece Magdalenas, hay tantos muertos y vivos que muchos tienen que estar en el agua, los vivos se ahogan, resucitan como fantasmas y se unen a los muertos, todos me bañan con miradas inquisidoras, resucitan historias que juré no contaría jamás pero me oprimen en el cuello, me liberan de mordazas, me abren un baúl con disfraces y escojo un paraguas y sedales, anzuelos que mi padre dejó olvidados debajo de un armario con polilla y jerséis viejos, enmohecidos, reliquias de un tiempo en el que todo es viejo, decadente, salta el ayer de piedra en piedra por la calzada, resbala por mis lágrimas, que no sé encararlo, que no sé decirlo de otra manera, que no quiero dejar el corazón sobre una mesa, que lo picotean los pájaros, que lo pintan los violadores de recuerdos, los que no respetan, que me duele demasiado pintarme la cara y hablar para nadie, que solo quiero perderme y no decir nada, silenciar todo lo que no sea viento..

¡Eh, Pedro! ¿Estás bien?- dice Patxi- ya navegamos.
Despierto, volvemos a puerto, lentamente, surcando el agua con un suave viento del sur. Creo que no volveré a estas excursiones.

Cada día me cuesta más escribirme.

19.6.16

Sueño, creo.




Desperté en la mitad de un prado inmenso, de un verde intenso, el sol asomaba sobre una montaña negra. Miré hacia arriba sorprendido por una bandada de extraños pájaros volando en uve. Por mi cabeza pasaban tantas sensaciones que apenas podía ponerlas en orden, clasificarlas, esa absurda manía de controlarlo todo, como si pudiera, una señal más de mi inseguridad. No reparé en aquella especie de niños peludos que se movían con lentitud, que se acercaban con precaución, mirándome y mirando alrededor, temerosos. Uno de ellos, el más grande, llegó a unos dos metros de mis pies descalzos, olió el aire, emitió dos gruñidos y todos los monos se sentaron a mi alrededor. Sin atreverme a contraer ni un músculo me concentré en sus afilados colmillos, en sus ojos enrojecidos, en sus movimientos nerviosos. Así pasó el día, con mis miedos, a lo lejos rugían las fieras, un enorme animal parecido a un elefante comía hierbas a un lado del camino. Luego me dormí.

18.6.16

Discusión.



Discutimos. Fue una agria cena. Quizás la diferencia de edad nos distancia cada día un poco más. Ella mira hacia fuera y yo hacia dentro. Me aburren los otros. Ella cada día quiere conocer nuevos otros. Nunca he sido celoso, quizás es una pregunta, no una afirmación. No sé lo que he sido, sé lo que soy, un hombre que vuelve. Aun así me preocupan nuestros desencuentros, quiero paz, silencio, como mucho Bach y el viento en la cara mientras paseo por la playa, solo. Por eso me fui a dormir a otra habitación. Además ella ya no llora. Yo sí.

17.6.16

Ni pájaros ni enredaderas.




Es un día anómalo, calmado, luminoso, con un calor que no, que no es propio de esta primavera que se quiere escapar, largo, corto, no hay pájaros ni enredaderas taciturnas, se me ha escapado una idea y la busco a tientas por un jardín oscuro, no me vas a creer pero te extraño en esta tarde inútil sin playa ni gaviotas posadas en el alfeizar, sin 52 traficantes a escasos metros del portal, sin tu sonrisa como una línea que no sabría dibujar, no hay lápices, sin tu voz que me cuenta de su vida de antes, de ahora, que también ríe, pensando cuando te pensaba, imaginaba un tendedero que no existe con sábanas al viento, tus ojos tristes, esos que ahora brillan cuando el cielo es azul aunque llueva en las horas melancólicas, en las inciertas tardes de sábado, hoy, que es triste sin serlo, que tiene escarabajos y un ángel malhumorado, escribo sin mirar, sin mentir, de espaldas, sin soportar mi propia ausencia, buscando las palabras con perfume, la frase que se pose en tu lengua mientras lees, la música que cante lo que cantarás, beso tu carne resucitada, memoria frágil, no me olvides, necesito tu clarividencia entre otras cosas, podrías haber sido lo que hubieras querido, eres un ser libre que mira el futuro con alegría, casi nada, te beso las manos y cierro los ojos, Belleza.

16.6.16

Montañeros sin montaña.





Éramos ocho jóvenes que escalábamos montañas, trepábamos por pendientes escarpadas, abajo nos observaban las negras simas, el vacío.
Las cordilleras nos desafiaban, con gran compañerismo zigzagueábamos entre aristas cortantes, dándonos ayuda y colaboración en los desfallecimientos, sobre rocas inmensas, piedras singulares, oxígeno enrarecido, nieblas que ocultaban la realidad del llano, grandes pájaros que siempre estaban más arriba, con el desafío de llegar a la cima.

Aquella tarde llegamos exhaustos al refugio, la subida había sido dura, las dos últimas horas nos acompañó una fuerte lluvia. Nos descalzamos, nos pusimos ropa seca, hicimos fuego, cenamos y nos reconciliamos con la comodidad de aquel pequeño habitáculo. Aunque al día siguiente deberíamos intentar llegar a la cima bebimos y cantamos, reímos, nos contamos sueños y ambiciones, la vida estaba llena de futuro, éramos amigos, nos sentíamos afortunados. 

Amaneció, entre nieve y viento, éramos ocho, reemprendimos la marcha, en lo más alto no nos esperaban mujeres desnudas ni vestidas, pero llegamos.

La semana siguiente decidimos variar nuestros hábitos. Iríamos a un pueblo del norte de Burgos a pasar el fin de semana. Invitaríamos a algunas amigas. Todos nos disfrazaríamos, cenaríamos y después cantaríamos y bailaríamos. La idea era trasplantar el espíritu de nuestras inocentes fiestas en las alturas por diversiones a nivel del mar y de nuestras apetencias.

Las chicas se disfrazaron de princesas, de apaches con minifaldas, de los años 20, de bailarinas orientales, de vikingas, estaban todas guapísimas (menos Carmen que era muy simpática).

Los chicos nos disfrazamos con poca imaginación, la verdad. Destacaba uno de obrero con buzo y casco; otro de campesino con un sencillo sombrero de paja; Andrés de bombero con manguera y todo (diez metros); Juan de rajá hindú con la línea de los ojos pintada de negro, con pendientes y sortijas de oro; Carlos de payaso, bien maquillado, la cara blanca, los labios rojos, con zapatones y un gran reloj colgando de su cuello; yo de sabio loco con una peluca de rizos, una bata blanca, una probeta en la mano y una joroba disimulada. 

Cenamos magníficamente, bebimos pacharán, gin tonic y licores espirituosos, nos alegramos y cantamos, claro. Andrés sus romanzas de siempre. A Luis le prohibimos sus crudas coplas machistas. A coro entonamos el Asturias patria querida. Yo canté el “que me importa del mundo si tú no está muy cerca de mí”. Para entonces casi todos (Carmen no) estábamos más o menos perjudicados. Carlos se arrancó y salió al improvisado escenario. Le animamos con gritos admirativos de tío  bueno y similares. La verdad es que su disfraz era magnífico, un perfecto traje de payaso, la cara pintada, la gruesa nariz roja. Nos pidió atención y recitó. Al principio no entendimos, seguimos animándole, riendo, bromeando. Él siguió, serio, desgranado un poema que había compuesto y en el que con versos sin rima pero sinceros, declaraba entre otras cosas que nunca esperaba que en sus cumbres hubiera mujeres desnudas, que prefería que Juan le esperase allí, aunque estuviese vestido.

Éramos torpes pero nuestro silencio fue la mejor evidencia que lo habíamos entendido. Fue la primera salida del armario que vi en vivo y en directo.

A partir de aquella noche fuimos seis jóvenes que subíamos montañas, trepábamos por pendientes escarpadas, abajo nos observaban las negras simas, el vacío. Cumbre a cumbre fuimos aprendiendo a escalarnos.


15.6.16

Montañeros.



Éramos jóvenes. Escalábamos montañas, trepábamos por pendientes escarpadas. Abajo nos observaban las negras simas, el vacío.

Las cordilleras nos desafiaban. Con gran compañerismo zigzagueábamos entre aristas cortantes, dándonos ayuda y colaboración en los desfallecimientos, sobre rocas inmensas, piedras singulares, oxígeno enrarecido, nieblas que ocultaban la realidad del llano, grandes pájaros que siempre estaban más arriba, con el desafío de llegar a la cima.

Éramos jóvenes. En aquellas excursiones aventureras guardábamos la secreta ambición que en lo más alto nos esperase una mujer desnuda.

Al bajar de las cumbres, satisfechos, cansados, también ansiábamos que nos esperase una mujer desnuda.

Nunca nos esperaron.

Ni siquiera vestidas.

Por eso, entre otras cosas, cambiamos de actividad y nos lanzamos a un deporte más arriesgado, ser hombres.

Seguimos entrenando.


14.6.16

Venta a domicilio.


Antes ella jamás había mirado  por mi ventana pero aquella tarde su cara era un fragmento de luz, lo perfecto, la belleza, estoy seguro que nadie ha podido verla así, jamás, el rostro de una diosa, la emperatriz, un ser de otro mundo, más allá de los límites de aquella cama y yo, un demonio, impuro, terco, hábil quizás, aquella tarde, no otra, haciendo el amor en su cabeza, antes, deleitando sus oídos con ternura aprendida en otras camas, mintiendo con exactitud donde era preciso, un cirujano de emociones cortando los músculos del miedo, un poeta que glosaba sus caderas, ella ascendiendo sobre sí misma y el deseo, descubriéndose en las manos que acariciaban su espalda, que empujaban su resistencia, la vencían, un instante, sí, cuando fue esclava de su cuerpo, descontrolado en el goce, cuando soltó los caballos, los gorriones, las liebres, desató la cordura, sus certezas, era entonces y allí fuimos, cómplices, bien, engañándonos, no éramos pero sí, mentimos diez te quiero, encendimos hogueras, quemamos bosques, barcos, nos quemamos los muslos de deseo, mordimos el temblor, nos mordimos como perros, los gritos apenas contenidos, los vecinos, mi carpeta, la corbata, creerán que eres del seguro, dijo, sí, dije, a las tres vuelve Ángel, avisó, y ya no era, o era, su cara era la suya, yo era yo mismo, después nos vestimos y eso fue todo.

13.6.16

Octubre del sesentiocho

"La lectura consiste en ser el brazo y ser el hacha y ser el cráneo que se parte; la lectura es entregarse, rendirse, no mantenerse distante ni burlón. La verdad puede llegarnos por caminos tortuosos, llenos de misterio. "
(El maestro de Petersburgo J.M. Coetzee)






En este placer de la lectura incluyo trabajos de algunos buenos amigos que me enseñan y me llenan de regocijo.

Hoy: René Rodriguez Soriano.


Octubre del sesentiocho


PASÓ EL MAYO FRANCÉS, LA BREVE PRIMAVERA DE PRAGA, y ahora me sacude, bipolar, mi guerra fría. Qué año éste y yo aquí, sólo mirando una foto, muchas fotos; solo sin Laura que no está. Están sus fotos tristes y sonreídas, lejos de My Lai o de Varsovia, con las tropas rompiendo madres. Laura se ha ido, y están tan cerca sus latidos. Se fue con las palomitas de papel y me ha dejado mil hologramas en la sangre y los sentidos. Su olor en mi piel, su mirada perdida. Está tan cerca, y sin embargo tan distante. Laura cabalga en una nube azul; y yo no puedo. Tirado por el suelo, a seis columnas el vespertino La Noticia, desdibuja en vivo, y a todo color, descamisados lápices que desbanderan desgarrados gritos. Flor de cayena en ristre, en rojo a seis columnas, contra la infamia y el odio impunes ¡Tlatelolco! Suena Joan Manuel, en lento y larga duración, me duele adentro, muy adentro, ay, amor, sin ti no entiendo el despertar, las noches se hacen hondas, vacías, largas, desoladas. Falta alguna estrella, y no le tiembla música en el pulso a la ciudad, mientras te miro de frente y me sonríes, delgada, ausente. Me gusta, siempre me ha gustado como sonríes, y me gusta más aún cuando doy con tu sonrisa eternizada en las fotografías que, ahora en estos días, en que no estás, acompañan mi soledad y acortan, tú no sabes cuánto, mi angustia y este esperar por tu regreso, el aura que me salva de las tempestades y el tedio. © Fotos de familia, (2003)

René Rodríguez Soriano

12.6.16

Me acuerdo (3)





41
Me acuerdo de Theophanis Lamboukas más conocido como Theo Sarapo.

42
Me acuerdo del Commodore 64 y del Sinclair ZX Spectrum.

43
Me acuerdo de los libros de Editorial Losada.

44
Me acuerdo que me obligaron a asistir a tres  primeros viernes de mes al Sagrado Corazón de Jesús. 

45
Me acuerdo cuando los Beatles cantaron en el tejado de Apple Records.

46
Me acuerdo la primera vez que estuve en la tienda de Apple Records.

47
Me acuerdo cuando la familia Manson asesinó a Sharon Tate.

48
Me acuerdo que llegué hasta el libro ocho de la serie Angélica de Anne y Serge Golon.

49
Me acuerdo de Walter y la familia Corchea.

50
Me acuerdo de Ornella Muti en una película rodada en Córdoba.

51
Me acuerdo de la Bola de Cristal.

52
Me acuerdo que las películas de Joselito me parecían lo peor.

53
Me acuerdo que me reí mucho con “Los tramposos”.

54
Me acuerdo que me faltaba el cromo 156 de Ben Hur.

55
Me acuerdo de bailar la yenka.

56
Me acuerdo del día que me perdí en el parque de Bilbao.

57
Me acuerdo que “33 días” de Léon Werth me gustó.

58
Me acuerdo que entré en otro mundo cuando leí “para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas.”

59
Me acuerdo de “Amor: el diario de Daniel” de Michael Quoist.

60
Me acuerdo que terminé la colección del Coloso de Rodas.


11.6.16

No grito como antes, no hago nada como antes.




Así andamos, vamos y venimos, gemimos en medio de la nada, desconsuelo, vacío, silencio, eso es algo.

¿Qué es todo esto?
¿Tiene sentido?
¿Qué ocurre bajo los puentes del alma?
¿Quién callará los gritos?
¿Qué materia nos llenará el dolor, la ceguera, el hueco inmenso?

No grito como antes, que me duele el musgo entre los dedos, la saliva, la dorada abulia de las tardes cortas, de las noches largas, Finisterre a lo lejos, la hartura, la rabia, las ganas de bajar la persiana e irme lejos, el hospedaje del miedo entre las ramas del  sábado, el brindis al sol de estar tan vivo, tan sano, con la cabeza despejada.



No te rías, mala.

10.6.16

Pendenciero.


¿Qué pasa?

No es que esté airado, que va, estoy con un cuchillo entre los dientes, salto como un gato del monte, como un pendenciero atento a una mirada quizás más larga… 

Tú ¿qué miras?

a una voz a destiempo… 

Tú ¿qué dices?

que salto la barrera y no me paran, que no hay toros, ni gigantes, ni señores de negro, ni un paniaguado vestido de colores… 

Inténtalo y te rompo el alma.


9.6.16

Ni siquiera un desafío.




Vivo y digo y digo, pues eso, ya, aquí, en racha, que acarreo esta página y la visto como me da la gana, hoy de hilos de plata, mañana de reflejo de candelas, pasado de sierpes, al otro de frío en el costado al estar yaciendo en versos, en verdades, en saber que esto es lo que hay, no sé si piedras, vegetales, animales de fuego o es solo una absurda forma de pasar el rato, tú mismo, lee y calla (o no).

Vivo lo que digo.

Y digo.

¿Qué pasa?

8.6.16

Grito





Grito y no es falta de respeto, no, es puro orgullo, que me planto aquí, de pie y digo, o no digo, según quiera, que me sobran palabras, voces y mentiras, que me las contaron todas, de todos los colores y medidas, que me juraron verde y no era, que me pintaron tigres y eran ranas o humo o algo de lo que todavía no sé el nombre. 

Estoy en ello.

Miro a derecha, a izquierda, la vida pasa saltando en zuecos embarrados. 

Estoy aquí muriéndome de ganas.

Grito.

¡¡¡Grito!!!

7.6.16

Pactos de Letrán y Benito Mussolini.

Y alguno de ustedes puede pensar ¿Y esto?
Pues eso, los pactos de Letrán y la biografía de Benito Musolinni.
Hoy toca historia.

Todo tiene su aquel, verán, estaba escuchando la radio y recordé lo que no sabía.
Hay que ver lo que enseña la radio.

Solo para curiosos.
Que lo disfruten (después de haber temblado, ¡qué años!).


Pactos de Letrán


De Wikipedia, la enciclopedia libre

Los Pactos de Letrán o Pactos lateranenses del 11 de febrero de 1929 proporcionaron el reconocimiento mutuo entre el entonces Reino de Italia y la Santa Sede. Los Estados Pontificios, en los que había gobernado el Papa hasta 1870, habían sido absorbidos en la Reunificación italiana, el papa y la Santa Sede habían quedado forzosamente bajo la soberanía italiana. Pero tras los acuerdos de 1929, se restauraba un estado soberano para la Iglesia Católica, Los pactos fueron negociados entre elSecretario de EstadoCardenal Pietro Gasparri en nombre de la Santa Sede y Benito Mussolini, el líder fascista y primer ministroVíctor Manuel III. italiano quien gobernaba para la época en nombre del rey
Existen tres pactos diferentes:
  • Un pacto que reconoce la independencia y soberanía de la Santa Sede y que crea el Estado de la Ciudad del Vaticano.
  • Un concordato que define las relaciones civiles y religiosas entre el gobierno y la iglesia en Italia, y que se resume en el lema«Iglesia libre en Estado libre».
  • Una convención financiera que proporciona a la Santa Sede una compensación por sus pérdidas en 1870.
A través del concordato, el Papa acordó enviar a los candidatos para el obispado y el arzobispado al gobierno de Italia, requerir a los obispos que jurasen lealtad al Estado de Italia antes de tomar el cargo y prohibir al clero tomar parte en la política. Italia acordó acomodar las leyes sobre el matrimonio y el divorcioIglesia Católica Romana y declarar a los miembros del clero exentos de tomar parte en el servicio militar obligatorio. Estos pactos garantizaron a la Iglesia Católica Romana el estatus de iglesia oficial del estado de Italia, así como un poder sustancial en el sistema educativo italiano. a las reglas de la
Los pactos fueron revisados en 1984, principalmente para eliminar la religión de estado en Italia.










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