14.2.16

Cuestiones sencillas

“A veces digo en broma que el éxito es el gran riesgo de los escritores actuales, en el siglo XIX era el problema.•”. (Ricardo Piglia)



La cuestión es bien sencilla, uno/a está aquí (en el blog) por decisión propia. Lo modifica, llena o vacía al ritmo que él mismo se impone. Uno está aquí por la misma voluntad del que entra o del que sale. Nadie obliga a nada, ni a una cosa ni a otra. O eso cree. Uno, una.

A partir de estas premisas no hay quejas que valgan. Queda expuesto lo que escribes y cuelgas, lo leen los que quieren. Es más, lo leen cuándo quieren y lo interpretan cómo quieren (faltaría más).

Si no te gustan algunos comentarios siempre tienes la opción de prescindir de ellos. Si admites la posibilidad de comentar es tu responsabilidad aceptarlo. O borrar lo que no te agrade.

Si te molesta que comenten más las fotos y la música que los escritos, es tu problema, con no ponerlo, arreglado. ¿Que quedaría más triste? Sí. Por consiguiente es mejor seguir dando color y sonido a la página.

Si el día catorce te dejas los hígados con ese poema azul y no te lee nadie y en cambio arreglas un post en diez minutos y te entran hasta por la ventana, ¿qué?, ¿quién tiene la culpa?, ¿hay una confabulación judeo-masónica?, ¿es un complot?, ¿casualidad?, ¿son los titiriteros?  No, la ley del mercado, esto es voluntario, gratuito, hoy por ti mañana por mí, solo falta que quieran venir ahora a poner normas.

Es lo mismo que cuando dejas un texto que te cuesta horas (a veces días) escribir. Pueden pasar inadvertidos, no eres capaz de comunicar con ellos. ¿Y qué? solo falta que encima que te leen, te entiendan (cuando la mayoría de las veces no te entiendes ni tú). Bastante que no te insultan (o sí, pero en silencio).

La cuestión es que nos miramos mucho al ombligo - yo, mi, me conmigo-, que estamos mal acostumbrados, que dedicamos demasiada energía, tiempo e ilusión a un medio tan limitado, que nos ocurre lo que les ocurre a casi todos, que damos demasiadas vueltas a las cosas. Y más historias. Esto es lo que quería contar hoy, ya ves tú. 

Eso.


Como muchas veces me dice mi hija: y con esto ¿no aprendes nada? , adáptate al medio, sé breve, no te enrolles, no es el sitio.

Aquí ando, todavía, buscando mi sitio. 



2 comentarios :

Maribel Gs dijo...

Cada vez estoy más convencida que es el sitio el nos encuentra a nosotros; cuando menos nos lo esperamos. Amaneces sabiendo que este y ningún otro es tu lugar, que vas por la vida diciendo (sin decir), que este es mi espacio, que apretújense y háganme sitio. Ni necesitas dar voces para que te escuchen, ni saltitos estilo doingggggggggggg doinggg. Ni precisas de codazos para avanzar posiciones; ni tan solo es menester que pare de sonar la música para correr y pillar sillita. Que ya has aprendido a estar solo y carámbanos, también se está bien. La compañía no es una obligación sino un disfrute porque eliges, cómo, cuándo y dónde. Y te dices para tus adentros, que ni con lejía me sacan de lo logrado. Y empiezas a disfrutar haciendo lo que te apetece hacer. Qué hasta te sorprende el reconocimiento que ni esperabas, y qué lo agradeces, faltaría más; pero sabes que sin él, seguirías sin moverte de tu sitio.
Y qué escuchar a los hijos tiene premio. Y en el sitio que nos ocupa, aquí, también me lo he llevado yo disfrutando del maravilloso tándem que hacéis ambos. Para muestra los últimos escritos (no soporto la palabra post, dime clásica) con las fotos de Andrea.

Besets!

PD: El mío, mi hijo, aún no me ha dicho que sea breve; todo se andará. (guiño)

Pedro Martínez dijo...

Maribel Gs , muchas gracias de todo corazón.

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