25.1.16

No me pregunten.




Lunes, me miro al espejo y descubro el truco, los de siempre, con mala sombra proyectan desde el otro lado una imagen de alguien que no soy yo, de alguien que quizás seré en otra dimensión pero no ahora. Qué manía.

Lo peor es que ese individuo del otro lado del espejo se mueve como yo, más lento, tiene mis tics, se peina con mi peinado y gesticula, tiene un aire pero no soy yo. No tengo pruebas pero estoy seguro.

T cantaba en el pórtico y desde sus labios se movilizó la ternura, trajo un río con peces luminosos y libélulas verdes que sorteaban los juncos de las orillas. Se lo conté a J y ahí empezó la cosa.

La vida caminaba sobre zancos amarillos entre geranios y azafrán. La suerte era un caballo trotando sobre una cinta sin fin delante de una sábana donde se proyectaban viejas películas del Llanero Solitario en cámara rápida.

Un día disfruté de la hermosura de la traición, tú no sabes querer y la puerta se cerró, me quedé en el quicio, sin apuro, sin tocar en la madera leve, en la aldaba de bronce, en el corazón que corría y justo entonces se puso a llover.

Hice un voto de tinieblas y lo seguí con obstinación. En aquella soledad aprendí, entre otras cosas, que las ecuaciones diferenciales tienen que ver con la evolución de las estrellas y con la meteorología.

Thomas Mann sostenía que el arte es moral cuando despierta la conciencia, así se lo planteé al hada envenenada, aquella que utilizaba una varita mágica estropeada, incapaz de convertirme en príncipe azul, continuidad en los parques y en mi estado de batracio.

Quizás soy un refitolero, no lo sé.
Sé que hoy, hoy mismo, 25 de enero, es mi cumpleaños.
Qué cosas.

Mi primer recuerdo es el de un niño que caminaba de la mano de su tía Marina, bajando por las rampas de Uribitarte los gorriones volaban sobre los almacenes de grano cercanos al puerto.

Mi último recuerdo es este, tú sabes, que cumplo años aunque no quiera y que la vida corre y corre sobre zancos amarillos entre geranios y azafrán.

Tanta ambigüedad pretende ser un puente entre el caos literario y el orden que se supone debo tener por mi edad, dignidad y gobierno.

Es decir, lo de siempre.

Escribo sin saber lo que escribo. Luego, un día, me leo y sé. Es un milagro para un agnóstico que hizo los primeros viernes.

Mis abrazos y mi agradecimiento por estar ahí.

Y, por favor, no me pregunten la edad, lloro.


Foto: Alu.

1 comentarios :

Anónimo dijo...

Me gustan las fotos. Los años te los guardas en los bolsillos junto a los sobres jajaja
Años es sabiduría, virtud en recuerdos. Es más, uno a veces está más sabroso con el tiempo. Porque se come todo entero.:Cerebro, alma, corazón, sexo, piel. *(Sin desperdicio ninguno) Un deleite!

Felicidades!!!!

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