1.6.15

Bété



El pueblo Bété carece de escritura, por eso Fréderic Burly Bouabré intenta un alfabeto que contenga todas las lenguas del mundo. Por mi parte, con humildad, intento escribir cada día con la decepción de la noche del día anterior aún recostada en el paladar.

Hacía frío y en los portales se acurrucaban los testigos del fracaso y lo oscuro. Marroquíes con las manos contra la pared. Policías patrullando con perros.

Ella no era Jenna Jameson pero me escuchaba y yo dejaba anzuelos en las fortuitas aguas de sus ojos. Contamos de diez a cero y repetimos, después de cero a diez y no hubo manera, las cuentas no salían, los cuerpos no ardían.
Ella, que no era Brizna Banks, ya no me miraba, hacía señas a la japonesa que vendía rosas de papel y linternas azules, buscaba la luz verde de un taxi. Fuimos. Por casualidad, en el coche sonaba Yesterday. Volví.
La alcoba estaba silenciosa y fría a la altura de un quinto piso. En la televisión concursos absurdos. En el buzón, viento, sobre la mesa, naranjas. Mi cama, demasiado grande y fantasías aterrizando en la interminable pista de la realidad.

No es tan sencillo de entender y sin embargo todo esto pasa en Bilbao mientras en Barcelona la noche está poblada de arcángeles con rubias melenas rizadas y cocodrilos que fuman largos habanos frente a ventanales abiertos al desierto de otras noches.
He metido el teléfono en la pecera, desde ahí me mira, silencioso, con sus teclas melancólicas. ¿Qué culpa tendrá él?






2 comentarios :

virgi dijo...

Con el teléfono en la pecera no hay forma de hablar contigo, ;)
Besitos

Pedro Martínez dijo...

virgi, no te preocupes, soy un buen submarinista.

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