18.4.15

De la fidelidad y falsedades varias..





Ana María Matute considera que escribir es “siempre una forma de protesta”, no necesariamente política o social, a veces “contra uno mismo”, y también una manera “de decir las cosas que todos sabemos y, si no sabemos, intuimos”
Por eso, también, escribo y por si no lo recordaban, aquí estamos en primavera aunque no lo parezca.
Es curioso, en algunos sitios, por ahí,  están en otoño.
A veces, gracias a la técnica aeronáutica, he pasado de estación a estación en unas pocas horas. Débil límite entre ahí y aquí. ¿Será lo mismo? ¿Estaremos en un solo aquí con diferentes estaciones, sensibilidades, lenguas, colores, sabores, razas, etc?
Quise contarlo antes, pero con una cosa y otra lo he ido posponiendo.
El sábado pasado estuve invitado en una boda, magnífica, por cierto. Deseo mucha felicidad a los contrayentes.
Todo salió perfecto y fue una reunión hermosa, llena de concordia y momentos agradables. Como curiosidad, durante la ceremonia el oficiante repitió muchas veces la palabra fidelidad. Quizás sea normal -no me invitan a demasiadas bodas, ni siquiera me invitaron a la mía- pero me llamó la atención.

Fidelidad. Eso dio lugar a que durante la cena, antes, después, en algunos grupos se hablase de ello, ser fiel, qué es, cómo lo entiende cada uno, etc. Felicidad. Fidelidad. Falsedad. Lealtad. Mentiras. Verdades. Esas cosas.
La mayoría asociaba fidelidad con lealtad. Es decir, entre otras cosas, que si tu pareja se acuesta con otra persona debe contártelo al llegar a casa o a la mañana siguiente como muy tarde. (El asesinato de tu pareja, o no, depende ya de cómo te pille en ese momento).
Otros asociaban fidelidad con honradez, confianza, amistad, compañerismo y otras virtudes que adornan a los seres humanos. Es decir que la infidelidad era más cosa de dentro que corporal (aquí me enternecí). Algunos, osados, llegaron a decir que la fidelidad es algo profundo, íntimo, que tiene más que ver con el compromiso adquirido, con lo moral y que no (sólo) tiene que ver con que tu pareja se acueste con otra persona, que también, que, hombre, que sí, pero no solo, vaya, que si es un calentón, un aquí te pillo aquí te mato, que quizás. (En las bodas, con el cava, se miente mucho, incluso se dicen tonterías. Con el cava y con el disimulo).
Muchos no decían ni pío, asentían, movían la cabeza en círculos, guiñaban un ojo, sonreían, se ponían serios, negaban con gestos, estaban ahí, herméticos, sin mojarse. En algunos temas muchos no se mojan nunca. Conozco personas vírgenes de mojadura, nunca han dado una opinión en público, nunca se han significado (conozco a muchos hipócritas). Luego, con la música, nos pusimos a bailar y dejamos el tema, fuimos todos fieles y felices. A las señoras y señoritas les dolían los pies por los tacones y a los señores y señoritos nos apretaba el nudo de la corbata. Alguno quiso saltarse las normas y –que yo sepa- no hubo manera, con lo que seguimos siendo fieles y nos fuimos a la cama, solos o con nuestra lealtad. Ejemplar.

Ah, conclusión: que la única infidelidad -digan lo que digan, con cava o sin ella- es que tu pareja folle (etc) con otro/a y que tú te enteres (aunque seas el último/a en enterarte).


Admito opiniones.



6 comentarios :

Ning Jie dijo...

Buenos días. Eso vaya por delante.
Vamos a ver, voy a centrarme en el término fidelidad con respecto a la pareja, porque serle fiel a mi hija a mi madre o al vecino, no viene a cuento.
Y yo lo tengo clarísimo. Déjense de pamplinas y espiritualidad; uno le es infiel a su cónyuge cuando le pone los cuernos; cuando empieza a pensar en otra persona más de la cuenta, cuando desea estar con otra persona en concreto, cuando mensajea, escribe o telefonea al otro con fines amorosos. Y si además esos pensamientos se hacen palpables, quiero decir, que si encima hay contacto físico, apaga y vámonos, porque estás siendo un infiel de tomo y lomo.

Cuando alguien te dice "a mí lo que me importa es la lealtad, que si se la chupa a alguien, luego llegue, me lo cuente y lo hablamos"... es que no, que no funciona así, que somos personas, que tiramos a base de sentimientos, pasiones y vísceras, que si quieres lo hablamos y me das detalles, pero luego vomito y te firmo el divorcio.

En fin, que la vida es así y no la he inventado yo.

Saluditos (con la mano) ;)

Pedro Martínez dijo...

Buenos días, Ning Jie, la vida está llena de pensamientos que se hacen palpables y esto tampoco lo he inventado yo, que no sé si esto de la fidelidad se puede medir con un termómetro, una fiebre pasajera o constante, que, por ejemplo, ¿cómo controlas los pensamientos del otro/a?, pues mal, claro, excepto que se le ponga cara de lelo, ”¿en qué piensas, cari? “, que imagino que en algún momento se tiene que notar, o no, hay gente que puede estar bajo el agua sin respirar hasta cinco minutos, ¿te imaginas?, pues eso, he conocido infieles de toda la vida que se mueren y tienen parejas en Cuenca, Albacete y Coruña, por poner un caso, que no es privativo de los hombres porque…porque no (“Mamá, porqué tengo que hacer esto” – “porque te lo digo yo”) Y así.

flower dijo...

Como dice Ning, me voy a centrar en la infidelidad con respecto a la pareja.

Para mí la infidelidad es realmente un termómetro que mide la salud de la pareja y su complicidad. Aparece cuando hay una grieta en ella, si no, uno de los miembros ni mira, ni se le ocurre pensar en otra cosa que no sea su compañero. (Por supuesto, me refiero en el campo del amor).

En el momento que una palabra, un escrito, un gesto no puedas compartirlo con tu pareja, en el momento que algo se convierte en un secreto, la infidelidad empieza a gestarse

Para mí el amor y el estar enamorado es sinónimo de sentir ADMIRACIÓN por el otro. Cuando este sentimiento empieza a desaparecer o desaparece, la pareja entra en peligro de extinción. Y es entonces cuando la fidelidad puede entrar a sus anchas en esas vidas.

PD: No creas, acabo de releer esto que he escrito, y no sé si queda lo suficientemente claro. Pero como digo siempre, escribo con dos dedos y me canso. ;)

Besicos,

Pedro Martínez dijo...

flower, te ha quedado suficientemente claro hasta para un tío tan obtuso como yo. Introduce además un matiz en el que no había caído ( En el momento que una palabra, un escrito, un gesto no puedas compartirlo con tu pareja, en el momento que algo se convierte en un secreto, la infidelidad empieza a gestarse.). Pero, ay, de golpe me mete en una situación ideal y por tanto transitoria, la intimidad (su perdida, más bien), la “obligación” de compartirlo todo. Tuve una novia que frecuentemente me preguntaba “¿qué piensas?”, joder qué presión, ¿qué pienso?, que era una pesada, agobiante y cortarrollos. En un proyecto de tiempo las personas deben tener un espacio íntimo y lo compartirán o no según su criterio. Contra más tiempo de relación más espacio. El resto es colonización. Esto de la infidelidad es un tema que da para mucho y que me encanta sacar en reuniones de amigos/as sobre todo para armar polémica. En fin, conozco quién es fiel a su pareja y tiene algún que otro amante. Conozco a quién es absolutamente infiel y no tiene ninguna otra relación aparte de su pareja (es tan aburrido que no me extraña). Para todos ellos mis respetos y mis deseos de felicidad. ¿Esos besicos pueden ser señal de infidelidad? Míratelo.

flower dijo...

Comparto contigo lo del tiempo y el espacio propios en una relación. Yo mantengo una relación con un hombre que vive a 200 km de mí, aunque lo siento cerca como si viviésemos juntos.
Yo soy de las que no desean compartir su vida con su "media" naranja, sino con una bien enterita, que tenga vida propia, cuantas más amistades mejor, para así, tener una vida más rica.
Y no, no me gusta interrogar, ni que me interroguen, pero si eso ocurre alguna vez y me incomoda, será cuando "tenga que mirármelo", porque algo habrá que me fastidie...

De nuevo no sé si me estoy explicando bien.

Con respecto a los besicos, tengo que adelantarte que yo soy así, besucona, zalamera. Ning me dice moñas. Fíjate si lo soy, que hace unos años, en un juego entre un grupo de blogueros, nos intercambiamos las identidades y escribimos posts con el estilo de otro de nosotros. Cuando leí el post que escribieron con la identidad de Flower, pensé que vomitaba por empalagoso y ñoño.

A mis peques les dedico apelativos que uso con mi pareja, que luego le digo a mi hijo, y que en el blog suelto en cuanto me despisto y me dejo ir.

Nada preocupante, esto de los besicos.

Pero por si acaso, te diré que sentimentalmente soy una mujer dichosa, que tengo junto a mí al mejor hombre del mundo, que le quiero con locura y que él me hace sentir plena, feliz.

Y ahora, después de este rollazo, te dejo más besicos,

Pedro Martínez dijo...

flower lejos de infidelidades me alegro por esa vida sentimental ideal. Que dure. Te agradezco las aclaraciones. Me gusta que te enrolles. Besos no ñoños.

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