29.3.15

Intimidad de los puzzles.




Si tan solo pudiera ver el rostro de ella otra vez. Pero no, tan solo tengo una fotografía.(Pag. 40)
¿Qué es lo que me deja más perplejo? El hecho de que he batallado con las mismas preguntas y obsesiones y con las mismas repuestas torpes e inútiles durante tanto tiempo, durante los últimos diez años, sin experimentar ninguna ampliación de conocimientos, ni ninguna disminución de mi necesidad de saber; como un rata en la rueda de su jaula. ¿Cómo puedo escapar? Estoy saliendo. Una crisis es una brecha y una posibilidad de fuga. Y eso ya es algo. (Pag. 48) 
Es fascinante ver cómo en las relaciones más sólidas, incluso después de años de convivencia, determinados aspectos ocultos de las personas afloran de pronto, como en una excavación arqueológica. Hay mucho que explorar y comprender. Con el resto de la gente, en cambio, uno sólo puede darse la vuelta, aburrido. Quiero decir algo. Las cosas son así y punto. (Pag. 89) 

(Intimidad. / . Hanif Kureishi.)






Sentado junto a una mesa con un puzzle de colores, música, un bostezo. Doy una patada y las piezas saltan por el aire, se pierden por la habitación, algunas salen por la ventana, se acabó el paciente juego de construir ese paisaje.

Tumbado, en una cama, en el suelo, en las nubes, un grito, un suspiro, un esbozo de eternidad. Zapateo, salto, bailo, me retuerzo en danzas cíngaras, la boca abierta al asombro, la cabeza rozando el límite azul del cielo.

Bajo tierra, oscuridad, pasan los veloces trenes subterráneos de la locura, miedo, me encojo, grito, lloro, cierro los ojos, después llega el silencio, gotas mudas que caen del techo, pájaros negros que me miran, después nada.

Sentado junto a una mesa con un puzzle blanco, música italiana, un esbozo de sonrisa. Coloco las piezas una a una, con calma, algunas encajan, guardo en una caja amarilla las que no, es difícil.

Se acabó, no, no se acabó, el puzzle es interminable, alguien ha escondido piezas del centro del tablero, el resto se han coloreado, solas, es un paisaje que cambia, la mesa tiene música, silbo, tarareo, canto, doy volatines, río, sueño, busco, nado por un río sonriente que me lleva a un mar lejano, aún. Doy una patada al tablero y las piezas giran en el aire, caen y se encajan, algunas salen por la ventana pero no me importa, saco las de la caja amarilla. Todo está en orden desordenado.

Alto.

Escribo esto en un día feliz, no sé qué quiero decir, si lo sé, me tomo un chocolate caliente, de los de antes, humeante y delicioso, con tostadas untadas con mantequilla, bebo un vaso de agua fría y dejo en el borde la marca de mis labios manchados, estoy contento.


¿Te pongo una tacita de chocolate?


1 comentarios :

Encarna C dijo...

Buenísimo escrito y de una profundidad que no todos alcanzan. He dicho! Muy lejos de delirios. Sr escritor leo todos sus escritos y publicaciones tanto aquí como en Facebook. A ver si se confubde con un lector csnsado y nada de eso. Es que no tengo Megas. Y el Wifi aquí es un espejismo. Si podría instalarlo pero estoy en una etapa de saborear, el aire, la leña, y sus letras. Con eso un completo me doy. Feliz. en instantes. Y este kector se toma ese chocolate delicioso. Como nos cuidas preciosidad. Gracias Pedro por tus letras.

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