20.3.15

Desde la playa de la amargura.

...siento que aquel reposo será estéril
que la vida no fue, que el fervor
de cualquier despedida es un engaño.

Francisco Brines.




Hola, adiós, siempre, hasta pronto, no sé, confuso, atónito, desconcertado, con miedo, perdido en sueños, despierto, con este dolor en el pecho, con campanas golpeándome las rodillas, indefenso, inerme, pequeño, nervioso, desorientado, infeliz.

He gastado las palabras, no me sirven las que conozco, tendría que comunicarme con el silencio, con una mirada, tendría que volver a leer todos los libros, revisar los poemas, buscar un lenguaje nuevo, inventarte porque no quiero que sirva lo que hasta ayer servía, no quiero decirte lo que he dicho a tantos, tantas veces, no quiero más ayer, ni frases usadas, ni suspiros gastados, inventarme, no vale de nada lo que ya no tiene remedio, no quiero más nostalgias, otro mundo, otro paisaje, en el mismo pero nuevo, que cambien el escenario, se terminó la función, incluso esto es excesivo, porque todo es mucho más sencillo y sólo hay una historia y la nuestra la habían escrito antes de encontrarnos, antes de perdernos.
Sucede que el tiempo ha pasado y la vida nos ha ido dando y quitando y aquí estamos, sin habernos conocido, sin habernos besado nunca, deseándonos mutuamente hasta el dolor a través de los años, desde otros brazos, desde otros labios, rabiosos, frustrados, incompletos, lejanos, hambrientos de una quimera, con la obsesión de que aquello no pudo ser, que nunca, que entonces... ¡ay! Cuánto dolor inútil, cuánto tiempo malgastado, cuánto silencio, cuánto desconsuelo.

Tú eres una mujer que necesita ser amada, que necesita vivir, que no debe -¿puede?- estar sola. Porque tú, tú, eres única, es un lujo poder hablarte, mirarte, estar contigo, conocerte en tus rincones, haber podido disfrutar, aún tan tarde, de ti, de tu voz, tu rostro, tu sonrisa. Eres bella, muy bella, tu fuerza está en ti, vives en mis sueños, me magnetizas.
Soy un pobre hombre buscando, siempre buscando. Triste porque soy tan feliz que no puedo renunciar a nada. Desesperado porque el estar ciego me ha enseñado a ver en la oscuridad y sé que no, que volvería, que no puedo irme, conozco la isla en cada esquina. Muchas veces he subido a la cima del mundo, antes, cuando supe que sabía, cuando vi, entonces. Luego el mundo se volvió geométrico y lleno de archivos ocultos y ya no puedo escalar, me ahogo en la altura.

Tantas palabras por no decirlo de forma directa, descubrí el amor contigo, te he querido y llevado en mi corazón desde entonces, todos los días de mi vida, hasta hoy. En cualquier otro tiempo hubiera dejado todo, a todas, a cualquiera, me hubiera ido a pelear por ti sin dudarlo un instante, sin pensarlo siquiera.
Hoy me abrazan mis tres hijos, me besan, me llenan con su mirada desarmada; Carmen me mira y sé que si le rompo el corazón yo no tendría nunca descanso, nunca podría perdonármelo, sería un prófugo constante.

Se me ha roto la voz, este nudo en la garganta no me deja decir más.

Sólo recuérdame como soy, ahora.


Y... adiós (¿?)

1 comentarios :

Encarba c dijo...

Es muy lindo saber que usted existe!
Gracias por tus letras Pedro. Buenas noches.

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