11.3.15

Cassette






Qué te iba a decir, ah, eso, que te lo grabo en una cassette y lo escuchas cuando quieras, que sé bastantes cosas, sumo, resto y multiplico de memoria, bastante rápido, divido un poco peor, escribo sin demasiadas faltas, me atoro en los porqué, estoy bien  de cultura general que mis hijos me dicen que me presente a “saber y ganar” que siempre acierto las preguntas, será de leer, que leo bastante, de siempre, ahora cosas raras, William Gaddis y así, lo que pasa es que no se me queda, cada día se me queda menos, leo y disfruto pero al de poco tiempo no recuerdo de qué iba el libro, será la edad porque de edad voy bien servido y de recuerdos, que se me acumulan aunque más de mi infancia que de anteayer, que tengo muchas actividades o bastantes o las suficientes que creo que estoy mezclando demasiados conceptos pero si no lo escribo rápido se me van o me copian o pierde autenticidad, frescura, que se me olvidaba contar lo del deporte, que siempre he hecho deporte, digo, me hace gracia eso de yo corría y era campeón de aquí, yo nadaba y era campeón de allí, yo hacía, sí pero ¿ahora?, que lo de ahora es más bien ejercicio, camino por las orillas de los ríos, rápido eso sí, que me molesta cuando alguien me pasa y le miro con mala cara mientras escucho música con los auriculares, que de música también entiendo, un suponer eso de entender, no entiendo casi nada de casi todo pero disfruto, eso sí, de sentimiento y de sensibilidad ando sobrado, que me emociono por lo normal pero mucho, que lloro en las películas de llorar y mis hijos se ríen, papá está llorando, ¿qué quieres?, antes no lloraba nunca, no sé si por insensible, por algún problema en los lacrimales o por egoísta, que mi yo era antes que nada, vaya por dios, que ahora me he vuelto más empático ¿se dice así?, que me preocupo por los otros, y hablador, qué pesado, hablo con todo el mundo, pobres, les meto unas secadas de impresión, me basta un buenos días y les cuento mi vida, la pena de Murcia y las previsiones para las elecciones de mayo, que el personal es agradecido, les gusta que les hagan caso, que les escuchen, que cuando voy a visitar a mi tía a la residencia hablo con las señoras y con los señores ancianos, que me cuentan y les digo que en dos días estoy ahí con ellos, de compi, y se ríen, me ven todavía derecho, pero no creas que muchas mañanas, en la cama, cuando me despierto me duele la rodilla izquierda, ¡qué será?, artrosis me dijo uno que sabe de esas cosas, artrosis, artrosis, eso es de muy mayores, será un calambre o algo así, que no está uno todavía para  esperar un buen morir  y ya, enroscado en el meollo de la cuestión que es vivir ¿no?, que me estoy arrepintiendo de escribir esto que no leerá nadie excepto yo, borrando comas y frases para que no se haga largo y aun así no he hablado nada de amor, puedo hacerlo, estoy enamorado pero esa es otra historia o la única historia, verás, que andaba yo por calles reales, por plazas reales y me encontré con una mujer real, una mujer imposible de tan perfecta,  miro, me mira, nos miramos y zass, un flechazo, en mitad del corazón, que o ella es ciega o algo tiene que no es normal, que uno tiene sus carencias bien visibles y otras a nada que rasques un poco pues te das cuentas que no hay ni chicha ni limoná pero, ay madre, que hicimos el amor y lo inventamos, que fue como volver a nacer, una epifanía, un pasar la puerta de un más allá que está acá y no hagan que cuentes más porque, jo, no todo es tan bonito, que ella es extranjera o lo soy yo, no sé, no sabe, no contesta, que vivimos sin vivir pero lejos, exactamente 1.217 kilómetros, o sea en la otra punta, norte y sur, que usted mira el mapa y se marea, como cuando veo su cuerpo de diosa viviente y me evaporo, que nunca he acariciado así, tan tierno, tan dulce, tan apasionado que ya te digo, estoy como un adolescente alborotado, como un flan chino mandarín, que escucho su nombre y tiemblo, que escucho su voz cuando canta y me desmayo, no les he dicho que es cantante, ella canta y se me abren las carnes, ella abre sus carnes y me sumerjo en ella hasta que somos uno y ya no quiero morirme y no debería contar esto porque la monja se mosquea, cómo son las monjas ¿eh?, y sigo cultivando en esta ciénaga de caos y de azar, de paradoja y perversidad, de borrar del todo la idea misma de causa y efecto (Gaddis, claro) que me he dejado bastantes secretos de contar como lo del espejo, que ahora me estoy mirando y no soy, bueno sí soy yo pero no soy, que no me explico lo sé, que escribo para decir esto pero no lo que digo sino lo que tú lees que generalmente no es lo mismo porque a ti te importa poco y a mí también pero, coño, para subir cosas de otros prefiero escribirlo yo, bah, no sé qué te estaba contando, se me va ¿ves?, se me va.   



2 comentarios :

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Ah, cuánta nostalgia de las viejas cassettes.

Por cierto, más duraderas que los compact-disks.

(Obsolescencia artificial, puro mercado.)

Pedro Martínez dijo...

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.), sí, eso, claro, aparte de la foto mi texto no tiene mucho que ver pero eso importa menos o nada o yo qué sé. Para ver fotos os aconsejo esta página http://glup3.tumblr.com/ Os gustará

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