22.2.15

Retrospectacle in New York (2).

 Virgo Potens.

Segundo

Si con Noviembre un penetrante nardo ahogara los temblores de mis sábanas. Si lágrimas de lluvia diluyeran sucesos anteriores, y de mis ojos cayeran como hojas de otoño, desnudándolos. Si el tiempo desandase hasta cuando era inocente todavía y quieto y transparente. Y si, además, pudiera apresurarse, desplegar el velo que mi mirada contuviera, antes de que la suya alcanzara. Antes de que sus ojos sorprendieran en los míos el hechizo de Lucifer. (Ana Rosetti)


Francesca Woodman


Mi dulce niña del Caribe, a veces no lo controlo, se me escapa, demasiados pulsadores, demasiados mecanismos, demasiadas historias lastrando mi naturalidad, mi inocencia. Y a pesar de todo…soy otro, nuevo, débil y fuerte, ignorante y sabio, ansioso y tranquilo, no me sirven otros nombres, ni lo que ocurrió, ni tantos errores cometidos, pasaron, pasaron los nombres de los que aún no te he dicho, sus historias, mis estupideces. Este ahora no tiene nada que ver con el antes, aunque repita algún gesto, aunque nos miremos a través de esta niebla de domingo, de tus lágrimas de soledad, de detalles que antes no hubiera pasado de largo – esa foto con tus hermosas piernas desnudas, tu cuello, tu mirada, lo que no escribes - .
No te pregunto por falta de curiosidad, no, no te pregunto algunas cosas por auténtico pudor, respeto, por miedo a conocer las respuestas. Escribir es un problema, la vida corre por delante, siempre más rápido. Y diferente. Necesita más que las palabras, más que poesía, más que prosa trabajada, más que intenciones. Necesita obras, acciones, manos, piel, corazón, lo tangible, lo que se puede tocar, lo que se quiere abrazar. Y futuro. Hoy no quiero hablar, tú y yo no queremos hablar, no nos queremos preguntar, no me reproches, siempre vas a poder conmigo, me dejo, he dejado las armas en el armario, estoy desnudo, vulnerable, con las manos abiertas. No soporto algunas de mis capacidades, cambiaría todas las risas que enciendo con mis gracias tontas por una sola lágrima que haya provocado y he provocado muchas, queriendo y sin querer. Tu sabes que es complejo, que los días encadenados son complejos, que no hay coincidencia de trenes, que mucha gente se agolpa en los andenes- a ti que tanto te gustan los subterráneos- , que a pesar de los aviones, del viento, muchos caminan y caminan para llegar a ningún lado. Puedo seguir hasta la mentira y estrangular las esperanzas, puedo asomarme a esa alameda bella pero sin olor, puedo, mejor, decirte que quisiera calmar esa llovizna sobre tu frente con mis besos, con mil besos pequeños, con palabras dulces que nos hagan sentir ese lecho de voces en el que nos reclinamos, ese misterio al que deberíamos poner nombre, normas, pactos, estrategias. Y tú, que eres tan inteligente, tan variable, tan intensa, tan leve, tan bella, tienes que tener en cuenta que para mí todo esto es excitante y actúo como sé, como buenamente puedo. Seguro que me equivoco muchas veces. ¿Dónde está tu indulgencia?. Mírame alguna vez por dentro, bien dentro, estoy subido en lo alto de una torre, me sujeto al pararrayos gritando tu nombre al viento y viene una tormenta. Muchas veces me hubiese querido derrumbar por lo que ocurría dentro, hoy quisiera poderme derrumbar - solo un momento, una debilidad, unas lágrimas y ya- por tantas cosas que ocurren ahí fuera. Me está saliendo una carta triste, dominical. Y no quería. Me ha salido lamentosa y trágica. Y no. Aunque el color del mar anuncie la lluvia, aunque tantas preguntas se obstinen en tener respuesta, tú no te preocupes y vamos a reírnos porque llegará el martes, o el jueves, estas cartas que destilan sentimiento y verdad, un abrazo con nuestros nombres susurrados y la alegría nos acompañará por el jardín de lo imposible.


Cada final me parece inapropiado y continúo escribiendo y se me ocurren cosas nuevas para decirte y este beso final está lleno de deseo, saltando sobre las palabras, las preguntas y la realidad es que, ahora, quisiera perderme en los botones de tu ropa y buscarme en tu piel morena y besarte, besarte, besarte, besarte hasta el amanecer. Al despertarme ver tu sonrisa junto a mí, ahí, aquí, enfrente de New York. Llegan las enfermeras del turno de noche.

1 comentarios :

Encarna c dijo...

He llegado bien perfumada a leña. Desde esta madrugada sin parar hoy hasta hace un ratito. Sabes leerte me desconecta de tensiones. Cuanto bla, bla todo el día. Te escucho cuando escribes estoy atenta. No te exijas cuando haces el final del escrito, todo el texto era completo. Buenas niches Pedro. Gracias por tus letras

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