Glup 2.0

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31.12.14

Carta para borrarla



Esta carta no la guardes, sé egoísta, bórrala, no se la dejes leer a nadie, fugaz, para nosotros, una llamarada, tesoro y fuente, sorpresa, goteo del deseo sin verte, deseo sin tocarte, tocándote, que dices ah y te escucho, que piensas y te huelo, que ves y veo, que te inclinas sobre una mesa (¿ves cómo ves?) y te abrazo desde atrás diciendo, diciendo, acariciándote los muslos sobre la falda, bajo la falda, besándote el cuello, ciñéndome a ti hasta que me dices ven, y vamos, que bajamos las persianas y se hace el día y nos bebemos hasta la ebriedad de bebernos, de gustarnos, de cabalgarnos, de acariciarnos la espalda, de tenerte entre mis brazos y llegar hasta el cielo, más arriba, donde el aire nos falta y nos besamos, nos llenamos de besos, tanto rato, ven, abre las piernas, que no puedo aguantar más esa mirada, ese temblor, nadie llama, no despertemos, no hay nadie, ven, calla, que me pierdo en tu cuello, en las sienes, en tu pelo rubio, entre la línea que separa, que ya no separa, que nos une y nos duele, que nos hace gozar, que nos invade, que nos lleva a otros mares, que naufragamos, juntos, braceando, sacando la cabeza para respirar, un poco, ahogándonos de dulzura, de rabia, de mordiscos, ay, ven, ponte así, déjame verte, no me toques, espera, ven ¿y dices que no estamos locos? un poco sí ¿no?


Y ahora, borra esta carta.




30.12.14

La grieta.





El lugar exacto donde comenzó fue Burdeos, en Francia.

El pequeño Jean Jacques se escondía de sus amigos en unos de esos juegos que la mayoría de los niños actuales han olvidado. No quería que le descubrieran, estaba tumbado sobre una gran roca aún caliente por el sol del mediodía conteniendo la respiración. Para no aburrirse, con la uña dibujaba rayas paralelas en la superficie de piedra. Fue entonces cuando la vio. La grieta tenía apenas veinte centímetros pero en pocos segundos comenzó a ampliarse con gran rapidez. Jean Jacques se asustó y salió corriendo indiferente a los gritos de sus compañeros de juego que gritaban victoriosos que le habían pillado.

En la siguiente media hora la grieta llegó hasta el pueblo dividiendo en dos la rue Saint Catherine, allí donde se concentra todo el comercio, llenando de espanto a los abundantes compradores de sábado. Se tragó varios coches, a una señora mayor y al gato de Marcel que dormía bajo un semáforo.

Los noticiarios de las diferentes televisiones y emisoras de radio dieron la noticia del suceso llamando a la calma a la población pero advirtiendo que la grieta se adentraba ya en territorio español y que por el norte estaba llegando a París. Caprichosa, la grieta pasó a escasos metros de la torre Eiffel que desapareció en sus profundidades. Los muertos se contaban por centenares, desastres en vías de comunicación, casas y demás, las pérdidas económicas y materiales eran astronómicas.
En los tres días siguientes la grieta dio la vuelta al planeta dividiéndolo en dos caprichosas mitades que giraban por el universo al unísono con una separación de apenas medio kilómetro. Fue el momento de hacer balance, evaluar los daños, contar a los desaparecidos, reclamar a los diferentes seguros.

Han pasado varios meses y la situación se ha normalizado. La tierra sigue dividida y los habitantes de uno y otro lado se comunican por teléfono o a gritos. Se plantean diferentes problemas a resolver por los científicos, pero numerosos comités de sabios están concentrados en el tema de las mareas, de los océanos que se desparraman por los bordes, sin la sujeción de las riberas, de los ríos que fluyen directamente al infinito, etc. También grupos de juristas tratan de poner orden en la cuestión de fronteras, lindes, propiedades de las naciones o de particulares, esas cosas. Hay mucho que organizar, que actualizar.

Cariño, con todo esto no quiero poner excusas, pero es la causa por lo que hace tiempo no te escribo. No tengo momentos libres, este suceso absorbe gran parte de mi quehacer. Además la grieta me ha dejado en el aire y soy objeto de estudio por tres ingenieros rusos y uno japonés. No es que pueda volar, no, solo estoy en el aire, suspendido. Ahora estoy tecleando gracias a un complejo sistema de bluetooth. En cuanto logre estabilizar esta incómoda postura reanudaré nuestra correspondencia. Sabes que te quiero, nena.




29.12.14

Funeral.




Sé que no leerías un poema en mi funeral. 
No ahora. 
Tampoco dentro de treinta años.

Entre las violetas fui herido...

Un poema que se burlara del cielo y del infierno. 
Esas cosas no son habituales. 
No en damas como tú.

La deshora...

Sería un escándalo para mis amigos. 
Si aún quedara alguno vivo. 
Y para tus hijos.

Caído del caballo de la dicha...

Por eso léemelo ahora. 
Con voz queda. 
Luego me iré, despacio.

Y ella, suave, recita a Borges:

“Para siempre cerraste una puerta y hay un espejo que te aguarda en vano...”


JL David Les funérailles de Patrocle




28.12.14

Arriba y abajo.





Insomne, desvelado, pensando en esto y aquello.

Me asomé al balcón, detrás de las montañas llegaba el resplandor del fuego. Habían dinamitado el puente largo.

Miré al negro cielo, brillaban la luces intermitentes de un avión, yo iba dentro.
Por la ventanilla veía la ciudad iluminada, al norte un incendio, el avión apenas hacía ruido, me adormecí.
Fue entonces cuando nos dispararon, flores rojas junto a las alas.

Desde el balcón escuchaba el zumbido de los proyectiles, salían desde el puesto junto al Casino.

Tuve miedo, abajo y arriba.

Julia me dijo “duérmete”.

En el avión solo pensaba en volver a los brazos de Julia.

Así se fue la noche.

Ahora, camino del trabajo, no sé si el avión llegó.




Jose Tola (Perú, 1943)

27.12.14

Vivan mis parroquianos.



Seguro que a ustedes también les ocurre.
Saben aquel que va...
Ese momento de inspiración, que se te aparece la virgen del espino, escribes y es como si te estuvieran dictando al oído, que te dejas las tripas y el alma, que lo tocas, retocas, agotas tu léxico, tu corazón, lo dejas ahí y ese día, justo ese día, no te lee nadie. O alguno te escribe: ”no me gusta el color de la cabecera” o “qué dibujo, chico, ¿es carboncillo?”

Otro día que estás desganado, tonto, cuentas una anécdota que te parece leve, sosa, sin gracia. Y te leen de tantos sitios que tienes que poner turnos, que tienes que quedarte sin cenar para contestar.

Tengo un amigo de una amiga que me dice: “tu página está aburrida, ya no te comentan como antes. Apenas te leo, ha perdido gracia”.
Coño, pero ¿qué ocurre? el tema es lo que escribo o lo que me comentan.
Y sigue: “antes te comentaban a diario”.
Lo seguía el tío. Me habla de los comentarios. Nunca de mis textos.
Seguro que no los lee.
Joder que frustración.
Y no es el único.

Tengo otro amigo, Javi, este desde la infancia (tan cercana), que me habla de las fotos que acompañan a mis post, sobre todo las de señoras desvestidas. ¡Será salido!
Pero, bueno ¿tampoco me lee este? ¡Pero si es mi amigo del alma!

Quién me lee y me corrige: ”tienes errores gramaticales” (los tengo ¿y qué?)
Quién me aconseja: ”yo que tú escribiría sobre...” (ya, pero tú no eres yo. Y lo anoto)
Quién me ordena: “escríbeme un poema” (o un cuento, o una confesión, o las obras completas de Benito Pérez Galdós).

Hay japonesas que se cambian el nombre para comentar.

Hay un australiano que me lee cabeza abajo.

Y de África, me leen ¿entenderán algo? ¿Serán misioneros?

Hasta de Asia, no de todo Asia, no, de algunos lugares de Asia.

Suecos, alemanes, italianos, franceses, portugueses, de Andorra, etc, europeos.
América de arriba, del Centro, del Sur, americanos. Hola.

Te hace ilusión, que quieren que les diga, que así, gratis, un benefactor te deje un espacio donde colgar tus juegos de manos es una bendición. Que tíos más majos. Blogger, FB, muá, viva las USA (o de donde coño sean).

Pero esto, con ser tan bonito, tiene un problema, grande, importante: hay que escribir, hay que llenar ese espacio cada día, o de vez en cuando, o a veces, una vez al mes, dejar cosas que interesen a una persona, a dos, a alguien. Que te lean, leches, que te lean.

Terminas rogando “me lee por favor” y “oiga, léame” y acabas con ”le he dicho que me lea, ya, ahora mismo”, que te emparanoias, que miras las estadísticas, entran diez personas y dices “¿para esto escribo yo?”. Que te cabreas y escribes peor. Los mirones entran, pasean y piensan: ”que mal se expresa este pobre” y no vuelven. Y tú que ya te veías en el cortinglés firmando tus loshombresquenoamanalasmujeres te quedas con un palmo de narices, con dos, cierras la página y te dedicas a lo de antes, es decir nada, es decir televisión por un tubo (de sexo ni hablamos ¿no?).

Joder, joder, que dura es la vida de los blogeros, exblogeros, camioneros, transportistas de noticias, recogedores de albaricoques, chistosillos de profesión, camareros, tamborileros, flautistas, cuentistas, reservistas, caballeros mutilados portadores del carné oficial, vendedores de periódicos (uno llegó a presidente USA), limpiabotas, peluqueros, aceiteros, tranviarios, pintores de brocha gorda, cocineros, titiriteros, mercaderes de Venecia, lectores, traductores, informáticos, presentador de informativos en televisiones de área local, sexadores de pollos, individuos sexuados, asexuados, mi amigo el salido, Javi, habitantes de las grandes ciudades, de las pequeñas, ciudadanos afectados de sordera, de ceguera, de reuma, de migrañas, de dolor de ovarios (me refiero a ciudadanas), de dolores testiculares (me refiero ahora a ciudadanos), en estas cosas de las descripciones hay que especificar siempre ya que se forma una Asociación de Defensa de los Críticos Enfadados Permanentes (por ejemplo) y te hunden la carrera, que se manifiestan frente a tu casa con las pancartas y eso y, jo, que no te dejan ni dormir con las cacerolas y los pitos (me refiero a silbos), que chiflan sin parar los muy pesados y total para nada, que escribiendo no te haces rico (en general, trabajando no te haces rico) (y sin trabajar menos).

Puedo seguir, pero por hoy ya vale.

Qu`estoy contento hoy, ya veis, alegre. Que me dure.

Cuando era niño (uuuuuuuuh) se vendían barquillos en el Parque de los Patos.

Uno de ellos, Paco, llevaba una leyenda en el recipiente donde los guardaba (un cilindro de un metro de alto y unos 30 centímetros de diámetro, pintado de rojo y con dibujos naif, llevaba con especie de ruleta dorada en la tapa que determinaba el número de barquillos que correspondían por tirada). Decía así “Vivan mis parroquianos”. Pues eso, que vivan. Y los míos. También.


26.12.14

Rruh / Nefs






Para aquella niña del tren que leía Rayuela. (o lo que quede de ella).



¿Quién controla el flujo? Llegan mareas o no llegan. Estoy en la arena aunque no soy un gladiador, no ahora, no quiero luchar contra nadie, subir más allá de mi estatura, trepar sobre ninguna espalda, no quiero tener en mi habitación el espejo de la madrastra de Blancanieves, no es mi intención llegar a ninguna meta, ni empujar, ni intimidar, ni ser otra cosa que lo que soy. Eso, únicamente quiero ser el que soy. Y, ya que estamos, plasmar las sensaciones y emociones que recorren mi ahora 

"En las concepciones populares de África del norte se habla que dos almas habitan el cuerpo: una vegetativa, nefs, y otra sutil o soplo, rruh. A nefs corresponden las pasiones y el comportamiento emocional, circula por la sangre y su sede está en el hígado. A rruh le toca la voluntad, circula dentro de los huesos y su sede radica en el corazón.” 

Me gusta entrar a este espacio, me relaja, me libera de algunas de las sombras que pasean furtivas por la trastienda de mi cabeza. Es temporal, durará lo que dure. No quiero escribir un libro, plantar un árbol, quedarme embarazado, recibir halagos, ni que esta actividad me reste tiempo para otras. Además está claro como el vino que no tengo ningún afán de que sea nada más. Sí admito críticas. 

Y mira qué curiosidad espléndida: la unión de esas dos almas la simbolizan en el árbol-peñón como pareja. El árbol da sombra y humedad a nefs, pero es ante todo el soporte de rruh, que se posa en sus ramas como un pájaro. Neft está presente en el peñón, o en la piedra, y las fuentes que brotan son el símbolo de la fecundidad venida del mundo de "abajo".


Vano intento de perdurar, esto no tiene ninguna importancia, es un pasar  los días mientras constatamos que no hay espacio para los sueños, que somos tantos, tan intercambiables, tan prescindibles, que da igual dos que doscientos, las magnitudes son otras, están en otra parte, aquí no se juega el partido, ni siquiera hay árbitro, ni reglas, ni más camino que volver por donde hemos venido. Pues eso, que voy de vuelta, pasito a pasito (y creo que estoy llegando, porque aquel niño del final del túnel se parece mucho a mí).


25.12.14

Ya no sé cómo contarlo.


Francisco Pradilla - Under Ceres’ Tree


Nos mienten, nos engañan, intentan atemorizarnos.

Dicen que el amor es un estado transitorio, que dura no más allá de unos pocos meses.

No es cierto, yo sigo enamorado de las tres mismas mujeres desde hace muchos años.

Dicen que el tiempo no existe, que es una unidad de medida desfasada, que solo hay ahora.

No es cierto, mis alas están ajadas, mis piernas gritan cuando corro por las riberas, cuando persigo a las mozas por los prados.

Se discuten amplias teorías sobre la crisis de la edad – la de los 20, 30, 40, 50, 60, etcétera-. A estas se une ahora la del aburrimiento, ay. La vida real, formal, se queda corta ¿Esto era todo? ¿Dónde estoy yo? Incluso, ¿quién soy yo? ¿En este me he convertido? Y reflexiones sobre el que era y el que quería ser, dónde soñaba llegar. Contrastes. Olvidos. Recuerdos. Sueños rotos. Inconformismo. ¿Me he vuelto autista? ¿Soy invisible?

Hay otras vidas. Descubrirlo nos llena de excitación, miedo, inquietud, nos atrae, nos agita, conmueve, asusta, nos llama con sugerentes voces, nos avisa, interpela, abre habitaciones oscuras llenas de susurros, invitándonos a entrar, ¿dónde?, esas inmensas puertas ¿a qué sombrío territorio nos conduce?, esas escaleras ¿a qué mazmorras guían?

Y aquí estamos, inconformistas en el bostezo, temblando de inquietud, con sensaciones nuevas que abren surcos, con mariposas negras en el estómago, desbordados, anegados de sueños.

Día a día os hago testigos de mis fantasías, de mis cicatrices.
Y cómplices.


Ya no sé cómo contarlo.


24.12.14

Navidad 2014



La palabra pureza tiene un algo, no sé, decadente, un ya no, antiguo, pasado de moda, no se lleva. Tiene una connotación espiritual, negativa, a mí qué me cuentas, pureza ¿a quién le importa?

En este mundo del aire, inabarcable, se crean tribus, sin quererlo, nombres que comentan y se repiten en una y otra página formando una cadena invisible de visitantes asiduos a esta o aquel, fans de fans, simpatizantes sincronizados, muros que sigo, lectores que a veces leen, hoy por ti mañana por mí.

Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad.

Quiero felicitarnos, a todos nosotros, los que nos leemos, a todos los que de alguna manera mantenemos la pureza de apreciarnos aún sin conocernos, incluso conociéndonos.

Por fortuna para mí, la edad me está convirtiendo en una persona simple que se emociona enseguida, que está esperando la más mínima oportunidad para bajar la guardia y dar la mano al Otro, que por encima del agobio cotidiano quiere disfrutar de la amistad, de lo bello que llevamos dentro, de compartir nuestra parte luminosa.

Escribir es una manera como otra cualquiera de compartir. Dentro de la ficción de a veces, de los cuentos bien intencionados, de la imaginación no contenida, de los intentos de poesía, quiero compartir hoy la verdad de mi alegría por tantas personas a las que he conocido aquí, leyéndoles, fuera, disfrutándolas, a tantas personas que han sido tan amables y pacientes de entrar en este blog, en FB. 

Con este fuerte abrazo va mi agradecimiento y mi emoción.

Os deseo de todo corazón, una Feliz Navidad.




23.12.14

Se ve con claridad que el bigote es postizo.




Se ven los micrófonos, la trampa, no es la realidad, esos árboles están pintados, los pájaros son metálicos, las lágrimas son falsas, los gestos están forzados, la música es un plagio, la sangre no lo es, incluso la muerte tampoco es cierta, actúan, al terminar el plano se levantan los caídos y ruedan la siguiente toma.

Sin embargo, en ocasiones nos lo creemos.

Se ve el trasfondo, los alambres, las piedras de cartón, el oro falso, las sonrisas fingidas, los sentimientos simulados, las espadas de plástico, los gritos están grabados, las frases están inventadas por un arquitecto de la ficción, por un mentiroso compulsivo, el amor es de papel, nada es lo que parece.

A pesar de todo, a veces nos emocionamos.

No existen esos cuerpos, esos músculos, esos abdominales tan marcados, esos pechos desafiando las leyes de la gravedad, esos glúteos que parecen tallados por un orfebre celestial, esos gemidos al más mínimo roce, esos rostros devastados por el goce, esos orgasmos que explotan como estrellas en el confín de un universo ficticio.

El espejo nos lo confirma, pero el deseo trampea, altera el sentido común e incluso nos excitamos (vale, ya sé que tú no).

Puede ser que nos haga falta, que necesitemos un temblor ocasional, un atisbo de que aún es posible, no sabemos qué, pero algo, algo que nos conmueva, aunque sepamos que no, que nos estamos engañando, que una vez más nos estamos dejando llevar por la necesidad de una frase amable, de una mano en nuestro regazo, de una cabeza al otro lado de la almohada, de un te quiero musitado en nuestra oreja.

Con todo lo que llevamos detrás, con toda nuestra historia, con todas las ilusiones que hemos ido dejando a lo largo del camino, aún nos queda un hueco para la esperanza. (¿Es una pregunta?)

Pero se ve con claridad que el bigote es postizo.


Y los suspiros.



‘Black is beltza’, es un proyecto expositivo en torno a la novela gráfica creada por Fermín Muguruza unto al escritor Harkaitz Cano y el ilustrador Jorge Alderete.

Este proyecto tiene como punto de arranque la presencia de los gigantes de Pamplona en la Exposición Universal de Nueva York en 1965. ‘Black is beltza’ construye una historia de acción y espionaje que mezcla música, amor y revolución mediante el encuentro de distintos géneros cinematográficos y avances audiovisuales.




22.12.14

Y el miedo enorme de vivir lejos de ti

....Me acobardó la soledad y el miedo enorme de vivir lejos de ti....



Quiero escribir (te) y las frases se atoran, se me encallan en una tarde triste de obviedad y renacuajos. Y no.
Quiero decir (te), ignoro el blog y Sileno está dormido a lomos de un asno.
Me he asomado a Rayuela - y van...-. Es como abrir un arcón de tesoros "Hablar de despertarse cuando por fin se está tan bien así dormido" y leo y me maravillo y "caminar por la noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego" y, ¿ya no más desconfianza?, ¿no más miradas airadas?, ¿no más labios fruncidos?
Algún día, alguien nos verá abrazados frente a una playa de Almería, bajo un farol de la plaza Real, sobre el puente de Triana. O verá nuestra mirada cómplice, la sonrisa, la alegre y plácida charla entre el bullicio de un Madrid festivo.
Yo qué sé.
Quizás ese, y no otro, es el miedo.
Miedo a quebrar la confiada pregunta cuando regreso a las once. ¿Hace frío?
Pero si sabemos nadar en las tormentas, buscar el lado donde el sol se refleja y deslumbra, si sabemos buscarnos y encontrarnos en la luminosa estancia de vivirnos, los días estarán llenos de milagros, de fuentes, de miel en tus oídos y en los míos, de palabras como cuerdas transparentes y en la tertulia me habrán olvidado y no puedo sino escribirte, una y otra vez y enviarte frases como barcas entre las olas y llamadas a media mañana y añoro las alfombras y Mozart y "voy a besarte" abrió un mundo donde tú y yo tiritamos, estremecidos, enternecidos, agradecidos de ser uno y disfrutarlo, aunque tenga que romper mis teorías, mis viejas historias que tanto te molestan, mis citas a nombres perdidos, mi vana palabrería, mis contradicciones y esas sensaciones que te dejan mis números de teléfono , ahora que lo dices, es gracioso, eres trágica, eres tremendamente trágica, lo peor es que también eso me gusta de ti, y corro en la mañana para buscarte bajo la lluvia y sé que voy a encontrarte y acariciarte la frente y tus labios obstinados y ¿cuándo nos veremos?
Es atroz ese momento en que nos encontramos, solos, libres, nos abrazamos como quien se tira al agua, como quien encuentra a un pariente que vuelve de Argentina treinta años después, como quien tiene hambre o sed o furia de nuestros cuerpos abrazados, cálidos, tiernos, reconociéndose, gustándose, recorriendo cada esquina, cada pliegue, cada húmedo estremecimiento de tenernos.

Algo ocurre y nos tocó, no fue un ángel, por la huelga, las hadas se murieron, quizás solo fue el azar agazapado y la ventura qué, justo entonces, atravesamos esa calle, esa vereda donde viven los locos.

21.12.14

Herida.


A la estéril fuente del recuerdo entró una cuchillada de luna y en los ojos de la noche se abrió un manantial de luces derramadas.

Transparente se tornó la memoria, mudos los mirlos, campos blancos, árboles quietos -¿eran álamos?-

En la ebriedad incesante, solitaria, dije la palabra exacta -vuelve-.

Y la herida se cubrió de rosas.




20.12.14

Carta del amante olvidadizo.



Lo sé, se me olvidan nombres y rostros pero el tuyo no, nunca, solo a ti recuerdo, no ahora, en un antes que va desde la soledad al trajín de habitaciones oscuras. Sí, sí, claro que me gustaría compartir contigo más tiempo esta pasión y piel, dulzura, noches interminables, conversaciones, confidencias, esa voz tuya por teléfono que me embriaga, tan dulce como el moscatel de Chiclana y este amor que dura a través de los días y días, fíjate, llegó el cambio de fase y parecía que el mundo, ese del otro lado de la valla se iba a derrumbar, iba a convertirse en cenizas y humo y no, y seguimos a pesar de tu falta de imaginación, de que me borro cuando te vas, de que soy, me has convertido, en un hombre tan tolerante, tan comprensivo, tan enamorado, que lo soporto con una sonrisa en los labios, que lucho por ti a brazo partido, que me expongo como un torero a ser embestido, corneado, arrollado, contusionado por tu bravura de principios, por tu casta de mujer fuerte y débil y sé que si te abrazo, que si ahora nos abrazamos no harán falta tantas palabras, que sabremos, que escucharemos este rumor de río crecido que nos transita y agita.

Eres tan diferente, tan nueva, tan rica, tan variada, tan intensa, tan para leerte de corrido o entre líneas, tan de cebolla, de chocolate, de aceite, de olores de romero, de canela, eres una mujer tropical, que sí, no discutas, mira, yo no quiero saber todo, no te quiero cambiar, en nada, no tampoco me cambies, si yo ya sé, o no, déjame disfrutarte, sí te acepto a ti, como eres, con lo que eres, mujer, madre, abuela, esposa, hija, hermana, exigente, imperiosa, eres un poco trágica, bella, una mujer apasionada, apasionante. Tú.

Si algún día no puedo ya llamarte, mujer de otra dimensión, me cortaré la lengua, ¿para qué la quiero ya? Si algún día cambia tu mirada me tiraré al agua y ya no me verás, un hombre submarino, viviendo con las sirenas que antes me cantaban en las rocas, para siempre. Pasarán otra vez treinta años, pasará la vida y tú sabrás, lo sabes ahora, amor, tengo tanta pasión aquí en mi pecho que no sé cómo no te quemas, como no ardes junto a mí, mariposa de otro planeta, pájaro, golosina, mujer de cuerpo entero que me das tanto y tanto, que me has abierto una puerta por la que se me han colado tantas maravillas que estoy así, ciego, deslumbrado, llévame de la mano, guíame pero no te olvides, enséñame pero sin olvidar que con este frío en el país se multiplican los apagones de luz y las velas, como antes, el candil que te dije y no quiero decir nada que no sea te quiero, amor de otro mundo, mi vida, mi pasión, distraída o atenta, como quieras o puedas, tu balanza, tú ya sabes, tú sí que sabes, yo estaré aquí, puntillosa, formalista, tú, como eres, te enviaré fotos, un póster a todo color de tamaño natural, si aparece “otro” le mataré, lo sabes, a los chicos de barrios extremos nos quedan estos resabios antiguos de pendencia y altercados, si aparece “otra”, ¿qué harás?, tú, tan modosa, tan juiciosa, tan digna, o por eso.

Pensándote, escribo pensándote, no busques interpretaciones extrañas, digo exactamente que estoy pensándote. Y te lo escribo. Para que lo sepas y lo leas, para que respires entre autobús que llega y autobús que va -sé paciente- para que te alegres o te enfades, para que sepas, por fin, que solo no soportaría que no me supieras, que no, que puedes dejar de quererme, olvidarme, borrarme de tu recuerdo, no me importa, lucharé, llenaré de imaginación cada día de después, pero no dejes jamás de saberme, como un iceberg, no te quedes abrazada a la punta donde chocó el Voyager, eso no lo soportaría. Ya. Pues eso.  Por cierto, ¿quién eres?


19.12.14

Él se perdió en un túnel.


Hypostasis by Jeremy Geddes


Lucían las estrellas en una noche continua.

El viento de la nostalgia no le impidió volver y caminó por las calles sentimentales de su adolescencia. Allí, sentado junto a la fuente, recordó el brillo de unos ojos y el aroma, el crujido de la seda entre sus dedos, las lágrimas al partir.

No, no fue él -no directamente al menos-, pero las voces le acusaban, cuchicheos de las mujeres vestidas de negro, dedos invisibles le señalaban, los rumores y aquellos carteles colgando de los árboles del paseo nuevo.

Fue él quien se perdió en el túnel, llorando, con los brazos en cruz.

¿De qué color es la nieve?



18.12.14

Él no esparció sal en los rosales.



En su memoria se confundían jardines y conciertos de oboe, héroes y pergaminos, trágicas fábulas y confesiones ocultas bajo las piedras.

En sus sueños veía nigromantes dibujando el firmamento de los muertos y casas viejas habitadas por pintores, artistas que fabricaban mundos nuevos al Sur, siempre al Sur.

Todo siguió su curso hasta el hastío, hasta el préstamo.

No fue él quien esparció sal en los rosales.


17.12.14

Él no envenenó el arroyo.



Era viejo o no era nadie, eso parecía al menos por su hábito de ser otro, otros, actor de arrabal, alguien que jugaba sobre el escenario de cada día, emperador o tártaro, jinete o tullido mendigando en las esquinas del ocio.

Frecuentaba iglesias y lupanares, mercados griegos regidos por absurdas leyes y grandes pajareras con alondras. Se vestía de música amarilla y tambores.

No fue él quien envenenó el arroyo.


16.12.14

Él no mató al unicornio.



Era joven, tanto como el animal que se agitaba inquieto en su pecho.

El fluir de sus palabras trazaba un bosque fantástico, nuevo, ni siquiera imaginado antes, con luciérnagas enredadas en la niebla de los zarzales.

Hombre diferente que hablaba lenguas de bronce, que rasgaba con una espada de conocimiento la oscuridad de las claves, el reflejo de los espejos, el descanso de las siestas de marzo.

No fue él quién mató al unicornio.



15.12.14

Carta del amante en la Luna.





Querida selenita, si tú o yo fuéramos enanos nuestros seis ojos estarían a la misma altura, porque no nos miramos desde fuera y esos otros ojos no distinguen de estaturas y me apasiona tenerte ahí delante con tu daga afilada, sí, con tu hambrienta ansiedad de verdad, con tu determinación de no dar un paso atrás en aquello que crees y me refugio ahora en ese cálido recuerdo de tu voz mimosa, en ese lujo de tu mirada y el hilo que sale de ella conectando con ese universo oscuro en el que entro tanteando con un candil en la mano, atónito y entusiasmado, indefenso y maravillado y nunca pienso que mis gavilanes se han equivocado, que se han internado en el reflejo de mares que no hay y allí vuelan sorteando el mordisco de los hambrientos peces azules de la tristeza, de las traicioneras olas de una resaca imaginaria, porque el silencio nunca se ha hecho dueño de mis manos y esta escotilla se llena continuamente de risas, de imaginación, de rumores y gritos, de pasión desde y por ti y no hay sitio para las cortinas de la apatía, de la rutina, del aburrimiento.

Ocurre que aquí no hace frío, no hay tiempo, y caminamos ensimismados por lo cotidiano, el amor, ya sabes. Ocurren maravillas, arde el cielo y una cama, aparece una estrella en el horizonte, unos ángeles con escafandra duermen sobre regalos brillantes y tú misma estás atada por lazos amarillos.

Ay, mi lunática querida, me invitas a saltar a tu ribera sin saber que soy un explorador incansable; me animas a entender sin saber que siempre he entendido, que sé, que no quiero saber tanto, que bastante me asusta sentir tanto, tanto, tanto; me sugieres que empuje con fuerza mis sueños y no sabes que soy Sísifo, arriba y abajo y nunca llego, por suerte, y la vida es esta apasionada carrera en la que no alcanzamos la cima y luchamos y gracias, mi querida excéntrica, siempre nueva, siempre otra, deseada, sensibilidad y maestría, belleza, inteligencia y ternura, persona que debería estar en el número uno de la lista para mejorar la manera de decir, para aprender de su fondo de humanidad, profundo, y ya, que se te colorean las mejillas y eso suele preceder a explosiones en la superficie lunar, en tus palabras que raspan.

Ahora te envío un beso y esta literatura que no puede suplir la poesía de nuestros cuerpos juntos con los ritmos de las mareas, el canto de las aves marinas, el roce de las nubes y tus ojos alegres, chispeantes, cercanos, eso, que te recuerdo, no podría olvidarte, ocurre también que aquí, dentro y fuera de mí, la vida hierve, sí, hierve, y me como los días en un festín lujurioso de emociones y sentimientos, de disfrutar los minutos que nos queden, justo antes de recordar que vives en un satélite vacío, de polvo y soledad. Aun así te quiero, mujer de otro mundo.



14.12.14

Análisis.

Juan, me han llamado de la clínica Paz. Tengo que pasar el martes para repetir los análisis.


¿Si?

Tengo miedo...

Y se dan la mano.


13.12.14

De ballenas.



El ojo de la ballena me mira, malhumorado.

Enseguida sé cuándo su carácter ha virado al lado oscuro.

Increíbles esos saltos que da cuando sabe que los de National Geographic están filmando. Es una ballena pero no es nada tonta, aunque sí coqueta. Y ágil.

Esto es todo lo que tengo: un inicio con una ballena enfadada flotando en el aire, inmensa mole negra con la consistencia de la piedra, con su cola capaz de partir los mares en más mares.

Justo aquí se me ha terminado la inspiración, voy a tener que escribir de oficio.



12.12.14

No me perdono



No aquí no ayer en el pasado
sólo en el hueco del hoy que se rellena
mientras se distribuye el vacío
en la idea de qué hora es
cuando la hora ya ha pasado.

(John Ashbery)



La última vez que vi a Elisa llevaba un pañuelo verde alrededor del cuello -ese que una vez besé-.

Nos tumbamos en el borde de la escarcha, allí donde hibernan animales de hielo, donde el vaho es un lenguaje, un signo, un escozor de campanas a lo lejos.

Aquella madrugada cambiamos suspiros, contamos historias de nieve.

La verdad, no nos dijimos mucho, confidencias sin enjundia, con hueco tono de voz, quizás con miedo al roce de piel, de alma.

Luego ella se durmió bajo el manzano, la cubrí con mi jersey azul, su cabeza en mi brazo –qué ironía-.

Sentía su lenta respiración acompasada –acércate, ven-.

También me dormí, a su lado soñé que un endriago nos miraba.

Cantó el gallo, alboreaba., despertamos, llegó el día, luego... nada.


(Y en el fondo, allí, mirándome, el remordimiento, el saber que hice mal, el error. No me perdono.)


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