22.12.14

Y el miedo enorme de vivir lejos de ti

....Me acobardó la soledad y el miedo enorme de vivir lejos de ti....



Quiero escribir (te) y las frases se atoran, se me encallan en una tarde triste de obviedad y renacuajos. Y no.
Quiero decir (te), ignoro el blog y Sileno está dormido a lomos de un asno.
Me he asomado a Rayuela - y van...-. Es como abrir un arcón de tesoros "Hablar de despertarse cuando por fin se está tan bien así dormido" y leo y me maravillo y "caminar por la noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego" y, ¿ya no más desconfianza?, ¿no más miradas airadas?, ¿no más labios fruncidos?
Algún día, alguien nos verá abrazados frente a una playa de Almería, bajo un farol de la plaza Real, sobre el puente de Triana. O verá nuestra mirada cómplice, la sonrisa, la alegre y plácida charla entre el bullicio de un Madrid festivo.
Yo qué sé.
Quizás ese, y no otro, es el miedo.
Miedo a quebrar la confiada pregunta cuando regreso a las once. ¿Hace frío?
Pero si sabemos nadar en las tormentas, buscar el lado donde el sol se refleja y deslumbra, si sabemos buscarnos y encontrarnos en la luminosa estancia de vivirnos, los días estarán llenos de milagros, de fuentes, de miel en tus oídos y en los míos, de palabras como cuerdas transparentes y en la tertulia me habrán olvidado y no puedo sino escribirte, una y otra vez y enviarte frases como barcas entre las olas y llamadas a media mañana y añoro las alfombras y Mozart y "voy a besarte" abrió un mundo donde tú y yo tiritamos, estremecidos, enternecidos, agradecidos de ser uno y disfrutarlo, aunque tenga que romper mis teorías, mis viejas historias que tanto te molestan, mis citas a nombres perdidos, mi vana palabrería, mis contradicciones y esas sensaciones que te dejan mis números de teléfono , ahora que lo dices, es gracioso, eres trágica, eres tremendamente trágica, lo peor es que también eso me gusta de ti, y corro en la mañana para buscarte bajo la lluvia y sé que voy a encontrarte y acariciarte la frente y tus labios obstinados y ¿cuándo nos veremos?
Es atroz ese momento en que nos encontramos, solos, libres, nos abrazamos como quien se tira al agua, como quien encuentra a un pariente que vuelve de Argentina treinta años después, como quien tiene hambre o sed o furia de nuestros cuerpos abrazados, cálidos, tiernos, reconociéndose, gustándose, recorriendo cada esquina, cada pliegue, cada húmedo estremecimiento de tenernos.

Algo ocurre y nos tocó, no fue un ángel, por la huelga, las hadas se murieron, quizás solo fue el azar agazapado y la ventura qué, justo entonces, atravesamos esa calle, esa vereda donde viven los locos.

2 comentarios :

Encarna c dijo...

Buenas noches Pedro. Gracias por tus letras.

Pedro Martínez dijo...

Buenos días, Encarna C, muchas gracias por tu fidelidad lectora. Un beso.

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