30.9.14

Speculum.



Un espejo es una superficie pulida en la que al incidir la luz se refleja siguiendo las leyes de la reflexión.
Luz, sola en su cuarto, se mira en el espejo, ve una mujer imperfecta.

En un espejo plano, un haz de rayos de luz paralelos puede cambiar de dirección completamente en conjunto y continuar siendo un haz de rayos paralelos, pudiendo producir así una imagen virtual de un objeto con el mismo tamaño y forma que el real.
Luz, en un cuarto de hotel, se mira en un espejo, ve una mujer perfecta, feliz,  acariciada por un hombre que le susurra dulzuras al oído.

Los espejos son objetos que reflejan casi toda la luz que choca contra su superficie debido a este fenómeno podemos observar nuestra imagen en ellos.
Luz se busca en su reflejo, quiere saber quién es ella, sola, sin hombre al lado que le susurre. Ese hombre no sólo le susurra.

También existen espejos curvos que pueden ser cóncavos o convexos.
Luz gira sobre la punta de sus pies como una bailarina, se mira y remira, sonríe,  sabe quién es ella, se siente feliz, bella, dueña de su cuerpo, de su ahora.

Para una imagen formada por un espejo parabólico  se cumple que:



en la que f es la distancia del foco al espejo, s la distancia del objeto al espejo y s' la distancia de la imagen formada al espejo.

Luz pinta de negro su espejo y de colores su mirada, sale a la calle, los escaparates de las tiendas reflejan su caminar pero ella ni siquiera se mira, sonríe, ella, Luz.

(entre las comillas de Wikipedia)


Fotografías: Francesca Woodman



29.9.14

Non possumus.



Era posible, al principio, antes de las mentiras piadosas y los escarabajos de la duda, cuando nos decíamos ternuras fosforescentes al punto de incendiar las sábanas cuando los muslos ardían y nos siseaban desde los cuartos de al lado en aquel hotel del mediodía, el deseo era ese lugar ¿recuerdas qué apuro el primer día?, la señora de negro nos miraba de arriba abajo, tan jóvenes, no traen ustedes maleta, ni falta que nos hacía, llevábamos la frente de cristal, que hablábamos con la voz teñida por el apetito de rozarnos, que se nos veía hasta el último rincón de la nuca, justo allí donde dejaba mis besos de serpentinas rojas y colonias con olor a romero y enséñame, decías, pobre de mí, que me asustaba tu desnudez y tus caderas, cómo me susurrabas, cómo me abrazabas y no sabía aún si empezar por el norte o por el sur, que me desbordaba tu naturalidad, que con otras había sido pecado, triste, rápido, sucio a veces y tú eras  luminosa, tan espontánea que me sentía un tipo pequeño y para que no te dieses cuenta no dejaba de besarte, de bromear, de sujetarte las manos,  de buscar tu temblor entre las piernas que ahí te rendías y suspirabas y nunca sabía si ese torrente de gemidos y suspiros era  tu predisposición o  mi habilidad, que no, que con otras no, casi nunca, que te miraba en aquella semioscuridad y no me lo podía creer, déjame qué, decías tú, ponte así decía yo, te gusta, nos preguntábamos y nos gustaba, claro, volvíamos una y otra vez a aquel hotel del mediodía, justo antes de las mentiras y los escarabajos de la duda, de la inundación del 83, de tu largo viaje y mi impaciencia, ya, no supe esperar, tenía prisa, no sé, un ansia de lo prohibido, de lo ajeno y luego volviste y ya nada era lo mismo y la señora del hotel era otra y nosotros éramos otros y ni siquiera nos desnudamos, tú lloraste un poco, yo miré por la ventana, avergonzado y desde entonces, fíjate cuanto tiempo ha pasado, nunca  he tenido con nadie un momento tan puro, tan intenso, tan sagrado, tan íntimo como contigo, Luz, que se me vacían las palabras en la garganta y me doy lástima.     


28.9.14

Esto es un paréntesis hasta que regrese la inspiración.

Quén preservará todos os contornos da conciencia.
Quén ha de revelar o meu nome descoñecido,
o meu impúdico nome que codifica e devora.
Quén pode prescribir tantos equívocos moldes
por encima desta fiestra construída polo corpo.
Quén haberá que incorpore esta razón esta memoria
cara un ciclo impertérrito de tebras e de luz?



En un lugar de un país, entre el norte y el sur, más allá de cualquier tierra conocida, apareció un hombre nuevo, otro, parecía, pero no. Venía caminando, distraído, mirando las nubes, el cielo, las gentes. No se fijó en los hipopótamos y se lo comieron.

En otro lugar nació un niño. Le visitaron pastores, tres reyes magos y los pobres jornaleros de la zona. Hasta Herodes quería conocerle. Vivió treinta y tres años. Le crucificaron. De ahí, los listos que siempre hay montaron una empresa que lleva más de dos siglos a pleno rendimiento.

Luego se puso de moda nacer, nacían niños y niñas, en todos los países nacían, la tierra entera estaba llena de recién nacidos, ya no era original.  Crecieron y entonces cambió la moda, lo que estaba en la onda, lo chic, lo elegante, lo cool era morirse. Y se morían, a cientos, a miles, por enfermedades, por guerras, desastres varios, suicidios colectivos, por el mosquito, por ganas, se morían... esto, ¿qué estaba diciendo? se me ha ido  la inspiración, adiós, he recibido un mensaje urgente y se me ha quedado la mente en blanco y negro.

Ay, no sé cuantos de mis textos absurdos se pueden soportar antes del bostezo.





Quién preservará todos los contornos de la conciencia.
Quién ha de revelar mi nombre desconocido,
mi impúdico nombre que codifica y devora.
Quién puede prescribir tantos equívocos moldes
por encima de este balcón construído por el cuerpo.
Quién habrá que incorpore esta razón esta memoria
para un ciclo impertérrito de tinieblas y de luz?

Yolanda Castaño (Santiago de Compostela, 1977)
(Del libro Delicia, 1998)

27.9.14

Libreria


 
En su momento fue para Irma a la que no sé si conocí o era otra.

En México D. F. había una librería magnífica, la librería de Cristal, estaba en la Alameda. Sus paredes, incluido el techo, eran de vidrio. Vidrio y vigas de hierro. Allí compraba, o robaba, mis libros de entonces: la saga de Angélica, Emilio Salgari, Julio Verne, tantos. Luego salía a leerlos a la recargada avenida del Niño Perdido (1), una avenida que los mapas de hoy esconden, como si sólo hubiese existido en un recuerdo imaginario, construido.

Allí empecé a urdir los argumentos de las novelas que luego no escribía.

Como aquel de un hombre que se convierte en mujer por un mal de ojo, tiene que dejar su pueblo lleno de barro, de sangre, vacío de comida, escapar a la explotación masculina que le hará trabajar la tierra.

Aquel del último naufragio en la playa Kasune.

Los de amores gloriosos, los del refugio victorioso, los plácidos amores bajo la parra.

Tantos otros que dejo aquí.

Hasta que hoy doy fuego a la madera que acumulé en la mitad del puente.
Lanzo a las llamas muebles viejos, papeles arrugados con poemas gastados, libros prohibidos, un corazón que tenía de repuesto, palabras usadas, interjecciones, sueños rotos.

Todo arde y gira, saltan las chispas. En un momento cambia el viento y el fuego prende en la estructura del puente. Corro a apagarlo y quedo preso en el incendio.

Allí se consume lo viejo, el puente, lo que arrojamos, y yo. Final.
En México D. F. había una librería magnífica, la librería de Cristal, estaba en la Alameda.



1 Una de las avenidas más importantes de la ciudad era la que durante siglos llevó en distintos trechos, los nombres de Santa María la Redonda, San Juan de Letrán y Niño Perdido y hoy conocemos como Eje Central Lázaro Cárdenas.

26.9.14

Ahí nos veremos.



Desde aquí, salta, vamos, ocultos en los callejones de adoquines oscuros, con un rayo en el pecho, entre las ropas, con un batalla en el corazón, feroz, sin prisioneros, pasando a cuchillo a los vencidos, estéril tragedia de tanto sentir, quimera rota en el espejo roto, ingenuas aventuras en la nieve, sus manos bendiciendo, posándose en mis labios torpes, cerrando con llave la puerta del retorno, milanos en el aire y no sé dónde esconder la furia, desarraigo a la espalda de lo único posible, vivir en el insomnio, guardar el Sueño para cuando, o antes, fundar un lunes que brille, un martes rubio, un alacrán de rabia en la mirada, simular naufragios en el llano, inventarse lo inconcluso, un horizonte, y seguir, arde la selva del alma y hay una estampida de emociones, la jauría no cesa y esta vez en la nuca destacan tatuajes de ironía, quemamos los puentes en verano –qué calor ¿recuerdas?- y el retorno del otoño nos sorprendió en el centro de las colecciones, fotos amarillas, ruido, pétalos entre las páginas del único libro, ladran los perros de la duda, quieren mordernos los riñones, el hígado, husmear el triste inventario, los recuerdos, nos siguen, no tan lejos, en la huida, hasta enero –dijiste-.

Ahí nos veremos.




25.9.14

Me gusta esa foto




Salto del pescante y leo: Per Lacan addirittura "la religione è inaffondabile. La religione, soprattutto quella vera, ha risorse tali che non possiamo nemmeno immaginare". Lo stesso studioso ha spesso ricordato nei suoi scritti la centralità del "desiderio", tanto per il cattolico che per lo psicanalista, e ha fornito una lettura inedita del comandamento biblico "Amerai il prossimo tuo come te stesso". Arrivando quindi a concludere che "la 'vera' religione, la religione romana, riuscirà a ricoprire di senso il reale sempre più insistente e insopportabile che dobbiamo alla scienza". No lo entiendo, quizás si estuviese escrito en euskera… Atado al noray de un recuerdo expuesto en el escaparate de una pastelería romana, tarta de chocolate  que entra y sale del congelador, otoño, llegará el frío, aun así que no se derrita la cobertura que, tocar las guindas con el dedo y lamerlo después con los ojos en blanco, dulce golosina roja, néctar, metáfora de la piel que no, ejercicio de disolución en el trayecto entre entonces y mañana, sabiendo que, al fin y al cabo, estoy como Gulliver, atado en la playa con mil diminutos pensamientos, otros tantos goces y el dolor, luego la quietud al conocer el punto exacto donde empieza lo imposible, las riberas de un Sena pintado, la nieve de un cuento de niños abandonados en el quicio, un programa de ordenador en el que pulsas X y se llena la habitación de lágrimas de sal, pulsas Q y se proyecta la luz del pecho en otros pechos, poemas irreversibles en el umbral del deseo, terrible ejercicio de escritura sabiendo que el texto no será leído, y si sí,  no te creerán, fabulación, palabras que no son sino mi verdad, ejercicio en una sala de espejos donde lo único relevante es la obstinación de continuar andando aún a pesar del silencio, de la deserción de los espectadores de tribuna, incluso de los que patean, el teatro está cerrado y algún lector en Suecia, en Bolivia, en un punto perdido de Alemania pasan la mirada por las fotos frías, por la firma de otros y septiembre me está consumiendo las dos o tres ideas que me quedaban. 



24.9.14

Letanía.




Memoria prisionera, palabras que no sacian la sed de saber qué hay detrás de la pared del alma, música en el atrio con monaguillos de cartón y ancianos rezando el rosario como náufragos de su fe, disección, despiece, lección anatómica de las creencias.
Virgo prudentíssima.



La soledad se hunde en un abismo de relojes ondulados y torres de iglesias que sobresalen en la marea de tantas inundaciones, se han roto las presas de la esperanza y los confesores tapian su ventana de perdón.
Virgo veneranda.



Esto no es un poema, apenas un rasguño en el papel, no sé quién soy, ella es Ella y la palmera frente a su casa se ha llenado de estorninos ruidosos que peinan los cielos, sacrificio estéril de la paciencia descalza.
Virgo prædicánda.



Retrato al carboncillo de una bella mujer de faldas largas reclinada sobre un diván, piedra, papel, tijera, trabajo de un artista parisino en su última visita al psicoanalista de rue Lafayette.
Virgo potens.



Ya nunca sus labios vencidos, preludio de besos, la niebla es mentira, está pintada con sangre de tortugas, el océano se extiende en un cuadro de la pared y la humedad ha llegado a los pies de mi esperanza.
Virgo clemens.



El adiós es un puñal de jilgueros, cristales rotos y ceremonia del por siempre, manos extendidas decoran las paredes del pasillo, martirio en el convento, un crucifijo cabeza abajo adornado con ortigas.
Virgo fidélis.



Vida al margen de la vida, voz enmudecida, no hay remedio, aprendo a leer el silencio, paso los dedos sobre lo eliminado, lo borrado, lo tachado, lo ilegible, pongo rótulos sobre la nada, no llegan los mensajes y se me está durmiendo el corazón bajo el agua color Djuna Barnes.

Cada día quedamos menos.
Ora pro nobis.





23.9.14

Descreído de la ficción.


Desde entonces procuro defender/ las noches en mi casa,/ los barcos sin bandera,/ los inviernos con sol/ y las dudas que acaban resolviéndose/ en la última página.  (Luis García Montero)


Vale, me abrazo a lo que de mí recuerdo y empiezo en ese beso junto a un depósito de agua, todos los demás, que han sido muchos, son ese beso ingenuo y cálido. Insólito, no recuerdo junto a qué cuerpo desperté por primera vez, desmemoria o protección de datos, recuerdo, sí, todo el amor de después. Y la última vez, brillando.
Esto es un patio de vecinos lleno de gritos y el silencio encima, enmascarándolos,  un bosque de mentiras y simulaciones en lo que nada es lo que parece, detrás de la cortina está el desierto.
Aun así venimos a esta cita a ciegas esperando encontrar la palabras que nos rediman, la ilusión que haga brillar nuestros ojos, la esperanza, el impulso, la mentira, saber de una vez por todas que aquí no es el lugar donde ocurren las cosas, que el epicentro está, claro, en el yo.     
Lanzarnos a vivir, conozco a muchos que dejaron de vivir con veinte años, que se bajaron de todo temblor hace ya tanto que no se recuerdan. No, la cuestión es ser feliz. Para eso estamos en esta historia, es mentira lo que nos dijeron, vivir es ser feliz, cueste lo que cueste. Hay que empaparse cada día, cada uno de ellos, nunca sabemos si llegará el sábado, si lloverá en agosto, si esa mano se posará en la nuestra hoy también. No quiero perder el tiempo ahora, no lo tengo. Antes se decía, sé tú mismo, ahora se dice sé quién quisieras ser (que al final es tú mismo pero no lo sabemos hasta que lo somos).
Al lío.



22.9.14

Double bind.




Lo sé, es difícil creerlo, pero les juro que es cierto.

El monstruo estaba en mitad de la calle, en la desierta madrugada de mi ciudad vacía y negra.

Me miró con grandes ojos acuosos en el fondo de un rostro repelente.

Temblaba su cuerpo gigante en sollozos que conmovían.

Soy una mujer dura, una domadora de derrotas, una superviviente, una solitaria acostumbrada al miedo.

Le invité a mi casa.

Le veo ahí sentado, frente al televisor, llevándose patatas fritas a la boca con sus inmensos y peludos dedos.

Va para tres meses.

Estoy comenzando a preocuparme, no sé si soy un ángel salvador o una ingenua.

Pero, tiene una mirada...

¿Me estaré enamorando?



21.9.14

Hablar por no callar.



Hablar ahora por no callar,  salir desnudo a la calle a pintar los escaparates, a romper farolas. El viento se  lleva las máscaras, las puertas están selladas con cerraduras torcidas.

Ahorcar a los gatos con cascabeles, tumbarnos sobre la arena del Sena y mirar como arden las estrellas. Un perro de odio ladra allí, arriba, entre la niebla de la cordillera. Avivar la conciencia.

Sollozar al amanecer, extraer la piedra de la locura, decir la canción aunque nadie la escuche, ser la canción. Morir de desamor, gota a gota, día a día, carta a carta.

Escribir como un solitario hombre que no canta, preso de la amusia, absorto en descifrar las letras del corazón, la densa música del lenguaje en el silencio. En el pasillo bailan tres damas enlutadas.

Mirar la luz ardiendo en la ventana del alma, mirar a la niña, a su madre, mirar a través de la negación, creer en Ella aunque ya no, ya no. Ramos de flores desoladas. Nadie duerme en la larga noche de día anterior. Mi amante, esposada, camina sobre las aguas quietas de la vigilia. El día anunciado es mañana. Arrepentíos, el fin del mundo se acerca.





19.9.14

Un Sísifo cualquiera.






Hay que imaginar a Sísifo dichoso. (Camus).


Quiere atarme a su cama, absolverme de la escarcha de otros brazos.
Me mide sin medida y no lo sabe.
Inundado el recuerdo, he tapiado mi mañana.
Incansable busco debajo de las piedras.
Sé que lo encontraré.

Sísifo vive en Barcelona.





18.9.14

Predicción de otoño




Que dicen que viene el otoño pero hoy, todavía, sales a la calle y se fríen los gorriones del júbilo, la Gran Vía está llena de señores con corbata y jubilados despechugados, señoras (aparentemente) despreocupadas y señoritas como magnolias, que vas con tu periódico bajo el brazo y las gentes se hablan a voces que tal parece que sean sordos o se insultan desde los coches, tocan la bocina, se sacan mocos en los semáforos, una delicia de ciudad con sus obras, asfalto levantado y músicos en las esquinas, bajo las cornisas, congelados, que mi Conchi quiere estudiar violín y le corto los dedos, que me la imagino ahí, con su casete de respaldo orquestal y rascando las cuerdas y luego veo una foto de Anne Sophie Mutter y el contraste me puede, me aturde, me disturba como cuando me cruzo con SSS que era mi reina erótica y ahora es una señora con bastón a la que ayudo a cruzar la calle no se la vayan a llevar los coches por delante, que circulan como locos, tanto que no puedo atraparlos cuando corro por el campo de Volantín, que está lleno de turistas con viseras de béisbol y chaquetas de colores, con sus planos extendidos, jo, que dan ganas de decirles que aquí andas dos manzanas y te has salido de la ciudad, que el autobús panorámico no tiene ni tiempo, ni distancia para el panorama, que pasas por según qué calles y te han robado hasta el flequillo, un suponer, que abres el periódico y tienes cuatro páginas de contactos con tacto, señorita de grandes pechos necesita niño crecido, soy zorrita viciosa, ven, soy Caperucita ¿quiere ser mi lobo?, folla bien y mira con quién, que debe ser un negocio con muchos clientes, que algo falla que no follan con quién quieren o que solo follan con quien pueden (y pagan) o por ejemplo que “pones” la radio y suena ...cualquiera, un grupo, un solista, cuatro notas, va, lo escuchas, puede que hasta te guste, ahora “pones” a Bach y no entiendes nada, demasiadas notas, y mezcladas o, por ejemplo, que entras a un museo y miras los cuadros, si hay una vaca pintada ves una vaca pintada, en el Guggenheim si hay una mancha ves una mancha, es que no entiendo de pintura moderna, de qué leches entiendes tú, tío, que te comes un huevo frito con patatas y te sabe a gloria, que pagas 36 € por un Carpaccio de cigalas y vinagreta de bacón y ¿qué quieres que te diga? que la nueva cocina no me va, demasiado sofisticado y yo mismo, que para no escribir sobre lo que escribo de cuando escribía dejo estos post que algunos dicen que no se entienden y con los que me ahorro una pasta en confidencias a señoritas de clubs nocturnos, a confesores modernos con sotanas a rayas o terapeutas desocupados a tiempo parcial. Os quiero, guapos (a ti no, fea).





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