12.6.14

India, Carla Andrade, lo mutuo y la obstinación en la palabra mujer.


Empecemos por el principio.
Fin.
The end.

Es un juego, uno escribe mujer y otro deja pasar la vista por encima como quién va a buscar caracoles después de la lluvia. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. . Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. Etcétera. Hasta que una lee mujer y sabe, lo siente, lo sabe en su sangre, en la aorta, en los nervios entrelazados al músculo, ahí donde los antiguos decían que convergían la emoción y lo desconocido, puede palpar la palabra y su cuerpo, identificarse. Mujer, ahí es nada, el todo, el principio, amaso con mis torpes manos el barro de no saber pero lo sigo intentando hasta romper la cáscara del que soy. Joder, que emocionante.  



Van y vienen las caravanas cargadas de voces que no entiendo, las desmenuzo y pronuncio mujer y ahora ¿qué?, no se rasga el cielo de casi verano, no vuelve, ella, ni siquiera recuerdo quién es/era ella, ni siquiera recuerdo el contorno de sus caderas. Escribo mis principios y termino en nada. Sé para qué escribo, sin duda para mí, me, conmigo, para mirarme al espejo y reconocer al/el que era, para tocarme la nariz y los pómulos, las cejas, ¿ese soy? Escribir (me) hasta saberlo con certeza, apartar con cuidado el trágico, “lo que de mí queda”, literario pero incierto, porque apenas he empezado a saber de qué va la fiesta aunque sé que en un momento termina, un súbito dolor en el pecho, un Audi 6 en dirección contraria, un tiesto con geranios que cae desde un quinto piso, ya, sí, bueno, pero mientras tanto bailaré el tango hasta que enmudezca el bandoneón y la pandereta o me quede sordo, pareja del aire y este fantasma que da vueltas a mi lado y a veces me abraza.

Lo repito, India: mujer.


Algo ocurre, transmisión, superstición, comunicación, una sensación de ahogo cuando  que sube toda la tribu, hechicero incluido, cuando siento que están subiendo gritando y apartando la maleza, todos, con pinturas de guerra y plumas en el pelo. Unos bichitos van y vienen por mi nuca, me llenan de una mezcla de ansiedad, inquietud, cosquillas y me aflora una risa tonta, je, que lograr esto, lo del puente, lo del abrazo interpuesto con Carla Andrade en medio, es erótico, mágico, místico, anecdótico, simbólico, paradójico, lindo, tan lindo que me viste de sonrisas amarillas el día y ahí voy, a bebérmelo porque hay nubes, o no, o estar vivo es una obligación de buscar, encima o debajo, arriba, en el subsuelo, donde esté, ¿ves? una india/India allí y con mi aquí todo se queda en nada y estamos en este limbo dulce hasta que, otra vez, un cónclave de obispos decida que no hay limbo y nos joda la fiesta. Y es que, cómo son… apartémonos que viene el séptimo de caballería.



Todo esto no es una contestación, no contesto, no puedo, no sé, es una constatación de momentos de arrebato, un zass, un viento súbito  en el que uno entiende de qué va esto (esto, que alguien sienta un texto) y se queda sin palabras, seco, agostado, para qué hablar/escribir si hay un pájaro posado en alguna parte del pecho, aquí dentro, donde se forman las emociones a veces plácidas, a veces tormentosas, así no se escribe, no se entiende, qué dice, no hay coherencia, qué desparrame de metáforas, qué c. quiere decir, pero a veces llega, debe ser un tema de frecuencia, no de repetir, no, de frecuencia, de cierta intensidad perceptible a partir de un índice sonoro, bzzzzzzzzzzz, ese no lo escuchará jamás, aquel no sabe qué es eso, tú lo sabes (no sé si es una pregunta o un afirmación), coño pon un punto de vez en cuando, no, que se me va la idea, durante años solo he tenido una idea (sexo), creo que ahora también la tengo pero he añadido otra (muerte), tan elemental, tan primitivo, cuando bebía podía recitar poemas enteros, larguísimos, un marinero argentino se mosqueó conmigo porque recité un poema de Dávalos y le pareció un sacrilegio ¿viste?, en mis condiciones no podía defenderme a puñetazos y algún amigo le dio una paliza en una rincón oscuro (yo le pegué al día siguiente, por flojo y abusón de mi faceta rapsoda, habrase visto) cuando amaba podía llorar de emoción sobre/junto/entre/bajo la mujer a la que idolatraba tanto como para romperme el alma y el cerebro y el corazón y dejarme llevar por un río melancólico de sensaciones y porqué cuento todo esto, fácil, llevo ni sé los años, cada día, dejando humildes intentos de ceniza y voces secas mezcladas con azafrán por los rincones de esta red de aire y soledad, a veces surge el milagro, vos que entendiste/sentiste, y me alegro, me alegro tanto, aún hay esperanza aunque alguien me diga, esto de hoy lo repetiste, qué listo, qué pavo, pues claro, no se puede dilapidar el agua, que hay sequía, que se mueren de sed las golondrinas, que hay un hombre bajo mi ventana vestido de negro y cantando en un idioma que no conozco, tantas cosas no conozco, ya, pero  leo a India y aunque no entienda, siento, se me vuelve la tráquea terciopelo y acabo de abrir la jaula de las palomas, desactivo la trampa para los jabalíes y que corran los mastines de mis dudas por el cieno, este es un club para muy pocos, un día se apagarán las luces y no quedará ni rastro de quién fuimos, ya ves, este es un agradecimiento, otro más, a lo que me dice esta mujer,  a lo que entiendo o a lo que me ayuda o a mi estupidez, me emociono, leches, me emociono.





Todas las fotografías son de Carla Andrade
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2 comentarios :

India dijo...

Sartre, La Náusea,... "Y en realidad se ha empezado por el fin..." qué libro, Pedro... qué libro!

Me alegra si le gustó la muestra de Carla Andrade (lleva un Fernández de primer apellido pero se llega como CarlaAndrade). Sé que mil voces pensarán (no todas dirán) que qué pinta una pava al otro lado del mundo encontrando exposiciones que ni verá ni visitará ni nada de nada... repito, no busco nada, encuentro y siempre me sorprendo. Pero es un ejercicio que se hizo desde siempre, no me importa ver lugares que seguramente no visitaré, conciertos que seguramente no disfrutaré, teatro que seguramente no aplaudiré desde gallinero o butaca, ... y así... largo etcétera de cosas que no serán realmente nada en mí y sin embrago, lo son en mí en cierta forma, inexplicable... no les sé decir a quienes piensen (no todos dicen) qué pinto mirando todo lo que no... ni les discutiré si tienen razón o no, porque mis argumentos poco de razonables desde la lógica podrían resultar...
Mirando imágenes para llenar vacíos, tropecé con la obra de esta chiquilla... me atrajo... imán... no sé... yo no sé nada, Pedro. Atracción es curiosidad, hambre. Y así que vi que exponía en su ciudad, en la que no estoy. Pero qué si yo no estoy! Usted sí... y quién sabe, igual merecía la pena decirle... Si Geometría de ecos se hizo un eco en usted, el que yo no lo vea es lo de menos, porque para mí ya es lo más.... y tan agradecida y emocionada en su compartir, que no soy nadie pero algo crece dentro y simula estar viva, sentirse, vaya.

Anoche empecé el Zweig que encontré (no busco nada y de todo me sorprendo) en el viaje de fin de semana... "24 horas de una mujer" se titula, ni miré el título, la verdad... ya le dije... imán en la yemita de los dedos, parada en seco en el acariciar los ejemplares expuestos, Zweig... usted... lo tomo. Anoche lo empecé y de nuevo sorpresa, mujer... pues sí, joder, qué emocionante... Mujer es una palabra a la que le doy importancia en el pronunciar... también le diría de hombre y/o persona... pero mujer, por circunstancias que no vienen al caso, no es palabra que yo use vacía de contenido... porque la creo cargada de todo, por eso no me la autopongo, aunque mi género sea femenino (femenino tampoco me va jeje)... para 'mujer' hay que caminar mucho, tropezar mucho, levantarse mucho, ... en búsqueda, ahí andamos,...

'Pareja del aire' menciona usted, y a mí me lleva a visualizar un Kokoschka... y llevo semanas zambulléndome en él, de nuevo algo que seguramente no veré en la totalidad de su textura... pero que como hago me calma el hambre y algo más por dentro que no sé qué es, porque no sé de nada. Pero así, trato de adivinar el recorrido de sus pinceladas, seguir el movimiento intuído de su mano, esa mano unida a un brazo que se hace vehículo de expresión de algo que llevaba dentro... y preguntarme si él (ellos) sabían o no... y esa necesidad de expresar y esa manera de llegarnos...

Y así, Pedro... su entrada es una emoción para un jueves que está lejos de todo y que acaricia el limbo, que tampoco sé lo que es pero me sorprende como emoción...

Mil gracias por compartir su visita a Geometría de ecos (en un libro sobre Bacon que acabo de terminar y que, curiosamente he terminada para reempezarlo y que me atraviese por entero antes de separarme de él... menciona frases sobre la geometría... de nuevo sin buscar me sorprendí)

Un abrazo enorme, disfrute del jueves que en cierta manera es un puente hacia la libertad del fin de semana (jeje)

India dijo...

Perdón... se cortó el título o se meneó el cursor... "24 horas de la vida de una mujer" es en su totalidad... el libro de Zweig... ya... perdón el borrón... ay! torpe...

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