31.1.14

Silencio




Escribano en la alberca del sentir,
el silencio es óxido que en mi se posa,
que me acusa de no saber morir.

Sentí el alminar que rompe la niebla.

Anegar esa tierra seca es dejar los ojos
sobre la repisa que la dulce muchacha recorre
con dedos untados en melancolía y cangrejos.

Vi girar la doble hélice del ADN.

El pájaro que atraviesa el silencioso agosto
emboza la magnitud de ser, la amnesia de aquel
que dulcemente llora en la espesura de si mismo.

Entré, por fin, en el sosiego de los mansos días.






30.1.14

Memoria sobre el opaco cristal del amor.





Sentado bajo el alcanforero, después de la cosecha,

el minotauro del miedo olisquea la mano de una mujer dormida
sobre cuyo cuerpo escribe sus más bellos poemas.


Lastimado,
sabe que está perdido, nadador en un mar sin orillas
deslizándose hacia el centro de la tormenta.


Aunque intenta meter cuñas en el mecanismo del tiempo,
llega la noche, cambia la piel del cielo
y no hay días detenidos, hay la espera.


Vigilante, mira al pez merodeando en la fuente de aquella
a la que ama. Como un pintor ciego reparte colores al azar,
deja la huella de sus dedos en las paredes blancas.


Obstinado,
se obceca en este torpe viaje hacia sí mismo, todo ojos,
con un dolor en la oquedad del pecho.


Quiere borrar con las uñas la certeza de que ahí tiembla
el amor, desnudo, vigoroso, inoportuno, arrasando
desde la raíz del viento, desde el hálito triste de saberlo.


Temeroso, desde un murmullo esférico busca las palabras
precisas, indaga en el secreto en lo oscuro,
acumula indicios, una prueba, teje la figura en el tapiz.


Y hay un abismo de sed en sus pupilas.


29.1.14

La consunción del halo.

Sobre mi vida cae
enorme sueño negro.
Dormid, esperanzas,
dormid, dormid, deseos.

(Verlaine)





La voz, la mirada del consentimiento, la desnudez del alma, la puerta sin llave, la caricia prolongada, sin sábanas, los cuerpos tendidos, el cuerpo, el placer retenido, el tiempo eterno, los ojos cerrados, en la oscuridad lo sincero aparecía como un fantasma de luz, la esencia, una, el instante de la comunión *, las lágrimas, el goce del corazón y los muslos, la simiente derramada, la calma, la nostalgia después, el desconsuelo de la partida.

El frío del no. El tiempo. Hoy. Nada.*****




(* comunión, momento supremo, juntarnos, compartir la intimidad, abrir de par en par lo nuestro, estar en nosotros, uno, acariciar la lágrima, el grito detenido del éxtasis **, vernos enteros en ese instante de luz fugaz, ser).

(** éxtasis, sus susurros de madre, hija, mujer ***, anciana, niña, amada, amante, principio, final, compendio del todo, eternidad, allá de donde vengo, donde voy, concepción, nacimiento, vida, muerte, ella, lo sublime, el amor).

(*** mujer, esa, jamás, nunca, nadie, hasta ella, compendio, universo, todo****)

(**** todo, contraste, el frío del no, el tiempo, hoy, nada*****).



28.1.14

Confesión.




Rodeamos el núcleo de plutonio
desde treinta y dos puntos
equidistantes en torno a su superficie
los treinta y dos puntos
son los centros de
las veinte caras triangulares
de un icosaedro
intercaladas con
las doce caras pentagonales

de un dodecaedro.


(J. Adams)





Quiero agradecer la sinceridad de mi amiga J. Siempre me ha gustado su franqueza contándome su peculiar situación sin rodeos, enumerándome sus amantes, compartiendo confidencias, cama, tres secretos.
Correspondo con la misma sinceridad y la hago extensiva a otros lectores.

Empezaré diciéndote que no me llamo Pedro Mª Martínez.
Mi verdadero nombre es Travis Walton Glup.
Soy un ser abducido y no tengo edad.




Mi historia comienza a partir del incidente de Roswell, en Nueva México.
Allí, a finales de los cuarenta del siglo pasado pude presenciar personalmente las múltiples vesanias científicas a que fueron sometidos mis compañeros grises que aterrizaron con su nave en una misión de buena voluntad espacial.

Espantado, escapé junto al venusiano Archibald al Área 51, en la zona del estado de Nevada. Allí tratamos de concienciar a la población sobre la conspiración gubernamental para acallar la Verdad recogida en el Vídeo (como recordaréis, referente a la autopsia de uno de los tripulantes de la nave de Roswell).

Meses después, perseguido por las leyes de inmigración, me exilié a España.
Me afinqué en Bilbao. Formamos aquí una comunidad bastante extensa compuesta por nórdicos, grises y otras tribus alienígenas, con boina y sin ella. Desde entonces estamos investigando un proceso intensivo de hibridación. Si bien es cierto que todavía no hemos tenido demasiado éxito, no lo es menos que lo intentamos sin descanso.


Con el tiempo, mi salud se ha resentido debido al implante habitual, lo que me impide viajar en ovni/ufo para desplazarme a otras galaxias. Concretamente se me salen los puntos del cogote lo que me obliga al uso de gorros, sombreros o viseras de plástico.

En mis experimentos con la terrícola M12JJ tuve dos fallos o errores, A11W y D09ZI. Según las leyes del lugar debemos cuidarlos hasta su emancipación (a los 50 años terrestres más o menos) y no podemos destruirlos (la verdad, hasta les tengo cariño, o lo que en la Tierra se entiende por cariño). Constantemente, por un exclusivo y puro afán científico, también intento la hibridación con otras hembras autóctonas. La paranoia de la vigilante M12JJ me impide consumarlo por su intensivo estudio de la Ufología y también de mis movimientos (eso, que no hay manera de hibridar).

Hay más cosas que ahora no puedo explicar, me zumba el chip, siento que alguien me está leyendo el módulo del bulbo raquídeo.
Corto y cierro.

Postdata.

Tenía que contarlo, no podía callar por más tiempo.
Espero que sepan comprender y compartir mi secreto.
Por favor no me denuncien, ni publiquen esta confesión.
Gracias por todo.
O como decimos en mi estrella: zrusst, weithk, qñlittf.

Travis Walton Glup.



27.1.14

Carta del amante sorprendido bajo una higuera.


8

¡qué difícil el rostro
el ademán
la altura!
¡oh qué bueno es estar
de verdad
en todo instante
conservar el bastón en la borrasca
aventar la duda
la señal aciaga
madurar
cobijar la adormidera
inocencia y vigilia en una mano!

Edgard Bayley




Mi amada, ruge el invierno y mis vísceras están ansiosas de reencontrarnos en la ribera de la primavera, sueño sin cesar que vuelves, tanto que me duele la lengua y el sentido, sueño que caminamos por un New York sin nieve, errando por las calles largas como carreteras de provincias, perdidos entre vendedores de viajes en autobuses de dos pisos y señoras con sombreros imposibles, malhumorados guías de Brooklyn que no admiten menos de tres dólares por su charla insulsa, equivocándonos de salida de metro, subway le llaman, sorteando maniacos depresivos y asesinos en serie camuflados de raperos por las esquinas de un Macy`s  con rebajas sin límite y ahí vamos tú y yo, confusos y ateridos, perdidos entre altos edificios de cristal y sangre y James Dean bajo una lluvia de petróleo, como ranas en un estanque imaginado en mitad de Bryant Park, los escaparates adornados de utopía y miseria en el fondo de un pozo Murakami, un laberinto ahí abajo, sin demonios excepto los interiores, los de cada uno, los de la desolación escavando el abismo y sigo en el sueño donde me codeo con los revolucionarios que aún no la han empezado, los habitantes de la utopía acostados a la sombra de una iglesia al final de Broadway justo antes de una señal que indica los kilómetros hasta México DF, gritan pero nadie les escucha, venden boletos para sorteos celestiales y el último afortunado está de rodillas alabando a San Georges Perec con un sombrero que le oculta el rostro y las intenciones, bendita oscuridad la del anonimato hasta que de una callejuela salen ejércitos de ancianos con carteles y peticiones y flores en sus boinas, todos están abrigados con gabardinas largas, beben en pequeños recipientes de cristal y creo que esto ya lo vi en otro sueño y te abrazo y te beso y me uno a los ancianos pero sin boina que me parezco a Gonzalo Rojas (El dragón es un animal quimérico, yo soy un dragón y te amo) y hay lugares en donde es mejor no parecerse a nadie, ser uno mismo, un detective de su propio misterio, un viajero en su desierto, un equivocado de toda la vida con sus visitas programadas al psiquiatra de turno, tengo el siete, tengo el deseo de saltar desde esa cornisa, no te tires, chato, tengo el deseo de tirarme sobre esa rubia del fondo de la barra del bar, tírate y verás qué sopapo te atiza, tengo el remordimiento de un amor roto, remendado de mala manera y una mujer muriendo en mitad de la calle, un drama que no se me va de la cabeza, como la venganza, como haber partido la cara al director del laboratorio, al sádico de Girona, al…cerrado el plazo, basta de violencia, nosotros, los que volvemos, nosotros, los que vamos, tomando clases de soledad, aprendiendo a estar solos, llevo varios cursos atrasado y esto no tiene nada que ver con el título que prometía sexo y abandono, ya te veo, que cuando crees que todo ha terminado, la sorpresa y empezar de nuevo con el ritual de la seducción y las frases entre melosas y cultas pero esto ya no es lo que era y vas perdiendo memoria y práctica, no recuerdo como se acariciaba, como era aquello de los besos y quitarse la ropa con elegancia y nunca quedarse con los calcetines puestos, ser valiente y enfrentarse como desde lo alto del acantilado de esa mujer desnuda, expectante y tú ahí, que he hecho yo para merecer esto excepto bailar de puntillas sobre la incierta línea de la sinceridad, que yo ya no, pero ni por esas, intentando no repetirme, pasando páginas, dónde íbamos, cariño, besando tu cuello y tu alma que, mira, esta historia que me cuentas es mi historia y aquí sí que has hecho añicos mi singularidad cuando ya creía que después de lo mío estaba la nada y resulta que, resulta que tú también, exacta, coño, a cuantos más  les ocurre lo mismo, que va a ser que somos todos parecidos, más o menos, desilusión, pues yo más, ¿ves?, ya no recuerdo si esto sigue siendo un sueño en New York o si estoy bajo la parra, la higuera o sobre ella. Vamos a dejarlo así no se nos vaya a complicar la cosa. Esta es la carta del amante sorprendido bajo una higuera.           




Escribo todo esto de un tirón y paro. Leo y me leo. Sonrío satisfecho. Esto de escribir es terapéutico, ahorro tiempo y dinero en acudir a especialistas. Me he quedado tan ancho, qué bien.


26.1.14

Parker y el absurdo.



Parker llora, algo absurdo, con una pena absurda subiéndole por el pecho. Sin remordimientos ella gime de placer con las piernas bien abiertas en un dulce abandono mientras él llora sobre su cuerpo desnudo, los dedos ocupados en complacerla, sin tiempo para secarse las lágrimas, sin un segundo para organizar aquel caos de emociones, sus músculos en tensión, los ojos cerrados, húmedos, las caderas bailando y un rumor indeterminado detrás de la puerta sin cerrojo.

Al terminar (nunca termina, al momento ya la vuelve a desear), ella sonríe, le besa en los párpados, se viste, llama por teléfono a un cliente, con la mano le hace un gesto urgiéndole a que también se vista.

“Anda, vete, vienen en diez minutos”.

Parker se va.


Aún es martes.







25.1.14

Muchos, no preguntes, muchos.


Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa en el
silencio de las últimas ramas.

Esto era el destino:
llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.


Antonio Gamoneda.



Hoy es mi cumpleaños.

No vaya a ser qué.

Mientras quemo el calendario, el lobo feroz del tiempo está rabia que te rabia en el bosque con estufas y erlenmeyers, con 0101010101 (etcétera) y colas de gallo embotelladas.  Si no he perdido la memoria, que sí, diría que cumplo la edad  que cumplo en plenitud de facultades físicas (dentro de un orden), las mentales un poco más dudosas pero con una decidida voluntad de aprovechar cada segundo (ya puestos).

Cada mañana, desde Bilbao a Santurce, por toda la orilla, descubro que he  olvidado rezar según los métodos tradicionales y me limito a cantar, a sonreír, feliz por tantas cosas y que me quede como estoy, si esto es posible en este periodo en el que me adentro con mirada nueva, limpia, curiosa, encantado al descubrir diferentes colores y facetas, paisajes, lugares, personas interesantes que me aportan conocimientos y sentimientos, palabras y silencios, amistad, cercanía, tanto que a veces no sé cómo he podido estar dónde estaba (sí lo sé pero es lo que hay//había).

Durante estos últimos quince meses he hecho cursillos de soledad (imprescindible), exámenes de distancia (aprobé con buena nota), contrastes en la gama infinita de la diversidad (le voy cogiendo el tranquillo), desarrollo de la memoria (para no repetir errores que repito, que repito), he fabricado recuerdos para varios meses y añoranzas, proyectos, ilusión, ganas de aprender y sé que puedo seguir contando pero no, hasta aquí, que luego todo se sabe///

Hoy es mi cumpleaños.

Brindo por todos vosotros, muchas gracias por acompañarme en estos muros.    


      


24.1.14

Palabras escondidas.

El lenguaje del sueño no está en las palabras. Está bajo ellas.

Aforismos Obras II, 2, p. 209 Walter Benjamín




José Lezama Lima lo decía, no esperaba a nadie y sin embargo insistía que alguien por fin iba a llegar. Si llegó o no es algo que no importa, importa la poesía, el poema, ahí, contagiando, sin antifaz ni disimulo, desnudo, como un amante tembloroso de deseo que no teme la desaprobación de aquella a quién ama, que presenta su pecho hundido, la mandíbula impaciente, el gesto insomne del que solo puede velar la alegría, circunvalar los límites del destino, preservar el secreto de su sonrisa.

Las palabras que se esconden detrás de las palabras dejan un gusto húmedo, un sabor de luz, un afán de estirar la curiosidad desde la rendija de la puerta hasta la ventana que se abre a un patio donde ronda la primavera en la ropa tendida, en los jilgueros enjaulados, en los ancianos que miran más allá de sus recuerdos rotos...

Detrás mis palabras hay palabras escondidas.

Nadie las encuentra.





23.1.14

Alcaraván



Hoy pisoteo los lirios y los jazmines, doy patadas a los pedestales, escupo en la sopa del menesteroso ese que canturrea entre sus greñas ¿Are you kidding me? ¿Are you looking for a fight?, empiezo a golpes y parezco un molino, esta es la batalla de Cascina y Miguel Ángel sabía lo que pintaba. Lo que no quiero es ser John Olmes (solo una parte, esa). Lo que quiero es que se asome al balcón la princesa de los cuentos del siglo pasado, ya encontraré la escala, ya subiré por sus trenzas cortadas, treparé, volaré, morderé sus labios con mi boca hoy llena de espuma rabiosa, recitaré con Mark Strand que “la puesta de sol. Los prados ardiendo./ El día perdido, perdida la luz. / ¿Por qué amo lo que huye?” y al final se casan y son infelices por siempre hasta que la muerte (del amor) los separe y se refugien en paraísos que son selvas, aquí, donde digo luz y es casi negro, digo alcaraván y se me echa a volar la imaginación hasta unas nubes pintadas y temo que todo esto sea un juego de play station (2) y este avión lo pilota un enajenado con los ojos vendados, no hay paracaídas para todos y desde el confín del universo un ángel rojo sentado en un agujero negro agita su tridente y ríe. Acojona ¿a que sí? pues verás cuando llegue el juicio final y los abogados estén en huelga, las togas sin planchar, paguen pecadores por justos y tengo el seguro caducado, sin cobrar el último recibo de la iglesia de los fieles infieles y he olvidado el salmo número diez, el que se canta cuando no queda esperanza, cuando el texto de hoy ya está y os beso a todos los que me leéis, una por una, uno por uno, en la frente, agradeciéndoos con ceniza en vuestra cabeza este esfuerzo de llegar hasta aquí, subir la cuesta de la palabrería y evitar que se destiña la tinta que sudo y un comentario en no sé dónde decía que en la mayoría de los blogs y muros se escribe para que les quieran, hoop, yo escribo porque os quiero, hermosos. Hala, vale por hoy, mañana más. Volver, revolver, envolver, entender. O no, al gusto, al vuestro.



22.1.14

Encuentro una fotografía sobre la mesa.



Encuentro una fotografía sobre la mesa.
Una mujer, bella, a su lado un hombre serio, barbado, alto, que la protege o preserva con su brazo, que la defiende o la aísla en ese posesivo acto, en esa distinción, una advertencia. Ella también está seria y mira a la cámara con ojos de espuma, al borde de la lágrima, incapaz de rebeldías ni distancias, ajena. Pero está ahí y eso deja el mañana abierto.
Quién lo iba a decir.
Sin embargo el tiempo difumina los colores, los instantes detenidos, ella saliendo de su ayer y entrando en mi hoy, sentada a mi lado en el autobús, cada día, azar o designio, suerte o desgracia, conversaciones en la mañana desganada, en el regreso de cincuenta kilómetros, tiempo suficiente para las confidencias y los anhelos, los sueños guardados en una caja de madera junto a cartas en papeles amarillos, un anillo, una tarjeta con una dirección que ya no existe, con un nombre que sí.
Ni en su casa ni en la mía, escogimos la habitación de un hotel discreto, cuando nevó, cuando se cortó la carretera, pretexto y garantía, discreta disculpa, subterfugio, aval y defensa, barrera a la suspicacia. Ese fue el principio.
Estaba escrito.
Su acento francés, sus modales suaves, su cuerpo encogido, sin hábito de besos, de caricias, con un feo color morado en el muslo. No hablamos de ello, no tuvimos tiempo, nos precipitamos en un río de esperanza, de manos y piernas, de labios, de suspiros, de un sueño fabricado después de los días de trabajo monótono. Y pensar que no me gustaba, que me pareció un fastidio su primer buenos días, la interrupción de mi lectura, mis pensamientos ensimismados. Fueron once meses.
Otra fotografía, tomada con el móvil, el último encuentro. Volvió a París. El trabajo, otro traslado, inesperado. Los dos reímos, sin ganas, quizás el sueño estaba agotado y era lo mejor. De sexo pasó al amor, del amor a la costumbre, de esta volvió al sexo y de ahí al bostezo. Se nos acabaron las disculpas, la rutina cegó las ansias del principio. Fue lo mejor, que se fuera, con su hombre barbado y su necesidad de ternura, con sus silencios prolongados y su mirada a un horizonte en el que yo apenas era una sombra bajo un árbol.
Ahora viajo solo, nadie se sienta a mi lado.



21.1.14

Rimbaud

Antaño, si bien recuerdo, mi vida era un festín en el que todos los corazones se abrían y corrían todos los vinos. Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas, y la hallé amarga, y la cubrí de insultos. (Rimbaud)



Erikah Badu canta, Yma Sumac canta, Panero habla y deja poemas como insultos a la inteligencia de los inteligentes y yo no entiendo, por eso es estimulante el diálogo aunque sea entre biombos, aunque los antifaces, aunque las distancias, aunque las mentiras empiecen a ahogarnos y nadar bajo el agua tiene el límite de la capacidad pulmonar del que se desliza entre ondas y peces, entre algas que ocultan y arrecifes que desgarran el confiado casco de cargueros surcando mares transparentes pero, desafiando olas y espumas, monstruos marinos, cachalotes y orcas agresivas, salvavidas atrofiados que miran sin ver desde su altura en playas en las que ya no caben los que no saben nadar, los desplazados, los apátridas, los diferentes, los que no se enamoran ni de sí mismos, los últimos en llegar sin haber salido y hay días que no está uno para nada aunque la lluvia siga sin traducción y la geografía de la gloria siga dentro de una incógnita de exploradores impotentes, de olas en la piscina mínima de un jardín japonés que no sabe usted con quién está hablando y ni con un zumo mañanero de orquideas rojas se dilatan las pupilas de los dormidos voluntariamente, hay que ver, que entre un insomne feo y la bella durmiente no sé con quién quedarme y aunque no estuve en Pompeya a veces me siento sepultado bajo montañas de lava aburrida, de materia gris incapaz de traducir alfabetos turbios, que los pájaros cantan siempre la misma canción, que estamos aburridos de pájaros, de los mismo pájaros, de la misma jaula, del bosque donde nos perdimos hace años, entre lobos y sacamantecas, en la oscuridad, en el silencio, en el peligro de incendios, destrucción del maná, frutos, raíces, recuerdos bajo la corteza, amo a Carmen grabado en el tronco, añoranza del deseo, de aquel deseo poderoso bajando de cumbres en las que apenas se podía respirar, repetición del miedo, vuelta de tuerca al no ser, a la inconsciencia, al punto cero, hay mañanas que divago, como esta, de cielos azules y nubes dentro del pecho, de dolor sin saber la causa, de una desesperanza tal que meto la cabeza bajo una piedra y si se cae el mundo que me pille dormido. Lástima de insomnio crónico.

Esto tiene un límite, llega desde aquí hasta aquí  (y hace el gesto con las manos).

A partir de ese punto empieza el hastío, sin vuelta atrás, sin remedio, sin otra solución que continuar como si nada hubiera pasado (o cerrar la puerta y volver al principio, o buscar nuevos horizontes, o dar fuego a la barraca y aquí paz y después gloria).



20.1.14

Steinway, número de serie 17. Desgana




Si esto es la realidad no quiero saberlo, estos textos tienen la voluntad de resistirse a ella. No ha pasado el tiempo, no han muerto los artistas En este laboratorio dilapido mi vocabulario, sin medida, esparzo ideas y ácidas imágenes, los demonios huyen por las ventanas, la sombra del exorcista se alarga por esa calle tortuosa del no creer, de la falta de fe en aquellas ideas que antes mantenían en pie el edificio de la infancia retenida, de los ideales rotos y abrázame en este amanecer que dijimos porque la niebla nos ocultará y el coro de la envidia se morderá las uñas y pueden morderse los riñones antes que golpeemos a los tenores en sus caras pasmadas con esta sensación plácida de ecos conocidos, de confiados traspasos de emociones, de caracolas marinas, de tránsitos cabalgando a lomos de un animal mitológico y antiguo, de esa paz de saber qué, por fin alguien nos ama desde tan lejos que bastaría dar la vuelta a la esquina para encontrarle.

No es exactamente esto lo que quería decir y no sólo a ti, pero no puedo escribir en serie, no todos para uno y uno para todos, no puedo imaginar tantos rostros detrás del cristal tardío. No nos queda tiempo y además un nombre eclipsa a todos los otros.

No es tu nombre.

Cómo empezar de nuevo ahora que se ha terminado esta sesión continua con dos películas más el documental, los espectadores salen de forma ordenada, cerramos las puertas del cine de barrio, el vendedor de boletos se ha dormido - no me extraña-, y los coches van formando una caravana sobre el puente camino a ninguna parte con conductores que bostezan y familias en silencio.

Te compro una idea.



19.1.14

Tendencias.


Melymelmelada









En este nuevo vídeo de Sharon Jones & the Dap-Kings quizá impacta ver a Sharon calva como resultado de la quimioterapia a la que se somete para combatir un cáncer que le detectaron en verano. Una valiente manera de mostrar con naturalidad a una mujer que combate esta terrible enfermedad con su arma más poderosa: la música.

Nota: algunos de los músicos son calvos por alopecia de toda la vida



 Indispensable para los melómanos, esta película francesa Nannerl, la soeur de Mozart, con guion y dirección de René Féret, trata el tema de la discriminación de la mujer, en este caso Marie-Anne Walburga Ignatia Mozart (1751-1829), la hermana mayor de Wolfgang Amadeus.
Clavecinista, violinista, cantante y compositora, la llamaban cariñosamente Nannerl. Ambos hermanos fueron educados por su padre Leopold, competente músico, autor de un método de violín; según él, su hija fue una intérprete tan sobresaliente como Wolfgang.
Wolfgang adoraba a su hermana mayor. Maynard Solomon escribe: “A los tres años, Mozart sin duda quiso estudiar música al mirar las clases que su padre daba a Nannerl; quería ser como ella”.
Nannerl demostró desde niña excepcional talento autoral, como consta en la correspondencia de Leopold y Wolfgang; no obstante, las convenciones sociales impedían que una mujer se dedicase a la música después de cumplir 15 años, pues ya había alcanzado la edad del matrimonio, y la obligaron a dejar el violín y no asistir más a las clases de composición que su padre y otros maestros daban a Wolfgang.
Tanto Sor Juana en la literatura como Hildegard von Bingen en la música pudieron desarrollar su creatividad al amparo de la vida religiosa. Pero lo terrible en el caso de Nannerl Mozart es que casi la totalidad de sus composiciones se perdieron, las que lograron sobrevivir aparecen signadas dentro del corpus compositivo de Wolfgang niño.
Soberbios en esta película son la fotografía, decoración, escenarios y vestuario; hay escenas filmadas en el Palacio de Versalles. Inolvidable la actuación de Marie Féret en el papel de Nannerl.
Muy reveladora resulta la recreación fílmica de la vida itinerante de la familia Mozart por las cortes europeas, vemos detalles encantadores dentro de la relación de los dos niños prodigio y se atisba lo arduo del oficio musical: ensayos interminables, gran esfuerzo y enorme concentración.
Nannerl tal vez fue tan genial como su hermano e intentó por todos los medios derrotar las convenciones imperantes en el siglo XVIII, pero no pudo escapar de su destino como tampoco pudieron la mayoría de las mujeres de esa época.
Para esta película fue necesario inventar la música que Nannerl pudo haber escrito, diferente a la de Wolfgang, con un dejo del barroco. Había de recrearla una mujer y el encargo recayó en Marie-Jeanne Séréro, quien es una compositora contemporánea.


18.1.14

Jon Txo.


Mi amigo Jon Txo, artista, 
con muchos de sus trabajos en México 
 ha preparado una extraordinaria exposición.

Aquí dejo el programa.

Seguiré ampliando esta información.






17.1.14

Conjunciones y alteraciones. Desgana

Mientras jugamos aquí con las palabras del autoengaño no hay lugar para tormentas de incomprensión y conflictos, no cabe la desesperanza, ni la insatisfacción -aunque lo cante Jagger-, no hay espacio para otra cosa que no sea mecerse en las respuestas mullidas, en la espera absurda del regreso de ella(s), en los secretos que me desveló como una cebolla incesante.

Supe de su corazón traspasado por amores rotos, por esperanzas y temores, por terremotos interiores, historias inacabables que no descomponen su gesto serio, su vida dentro de su vida. En un tiempo me paseé por su vajilla, por su perfumada ropa blanca, por los suelos de su casa brillantes de cera y tiempo, por los de su alma donde se juntan las estaciones de metro, los trenes hacia ningún lado –quizás París- y ¿qué digo? locos por hablar entonces de frutas de mercurio escondidas en el cerebro, dragones acomplejados y caricias a la luz de la luna, de lo qué sí y lo que no, de lo que importa. ¿Qué es lo que importa? ¿Dónde empieza lo importante? Es difícil definir a qué altura podemos ascender hasta que falte el oxígeno, el aliento, hasta que lleguemos a ese horizonte imposible, imaginario pero. Aún no tengo explicación del calor que se me agolpaba en la nuca cuando ella decía, o yo decía, pero estábamos cuerdos, eso sí sé.

Que no llegue el silencio aunque las hogueras han comenzado a brillar. Sólo nos queda la playa aunque el resto también es arena que va cubriéndonos como a una ciudad olvidada en el desierto olvidado de un mundo olvidado. Si esto es una metáfora vamos a ninguna parte, o hacia atrás, o esto es nada y hemos perdido la memoria. Como mínimo.



16.1.14

El catálogo Messier. Desgana.

Las palabras son necesarias
para que arda el silencio

para que ardan los actos.

(Pilar González España)



Se posaron nuestras voces en la hierba como grandes pájaros melancólicos y no ha ocurrido nada.

Salvo el silencio.

Un periodo de desgana deambulando por el extrarradio de París, un momento de agujeros por los que se escapan los desagües de la comunicación, un clic mental con fundido en negro, una espera en los muelles del río mientras los veleros atracan con noticias alegres, rutina, fuego y frutas de países al otro lado del mapa.

Pero hoy la torre Eiffel amanece puntiaguda entre la niebla y la esperanza nos despierta como un reflejo de risas y ojos, como un inmenso ramo de lirios que nos dejan en la puerta con una tarjeta en blanco, pero nosotros sabemos, sonreímos, por un momento olvidamos lo que ocurre detrás de la cortina.

Y los gritos.

Solo tengo un título, una historia en un cajón, el deseo planchado debajo de un mantel a cuadros y mi voz en equilibrio sobre una cuerda inverosímil.

Un rumor de viento extranjero entre los pinos, ladridos de perros optimistas, una jarra bajo la fuente, una mañana azul como una mañana azul.

Tiro las piedras de mis escritos y no sé si llegan al estanque dorado y pacienzudo. Tiro este hilo verde desde su ventana a la mía -o al revés- y no sé si ha enredado entre las copas de los árboles temblorosos del jardín o si vuela en laberintos misteriosos bajo el fervor de mis plegarias.

Tiro musgo y peces a los gnomos pero no es lo mismo. Me tiro yo, de cabeza, vestido, a las aguas tumultuosas de un Sena de incógnitas y salgo gloriosamente desnudo de principios, de negativos presentimientos, de lanzas clavadas en las puertas a ningún sitio.

¿Dónde estás?



15.1.14

Carta del amante desorientado.

Hay un momento por la mañana temprano, antes de que se haya derramado demasiada sangre, antes de que la crueldad de los fuertes haya alcanzado su apogeo, cuando los jugadores nocturnos caen dormidos al fin y se libran de su tristeza, hay un momento en el que el nuevo día parece casi inocente.(John Berger)





Mi amada, con esta intensa lluvia de enero, los caminos se han llenado de ranas de zarzal, los mapas están mojados y desteñidos, las brújulas, desorientadas, y yo.

Camino al azar, chapoteo en el barro, busco tu sonrisa perdida.

En el bosque se escucha el canto chillón de las urracas.

Desde la colina, una bandada de relojes desparejados baja formando gran algarabía y trapatiesta.

Las nubes continúan vestidas con faldas mojadas.

Aunque hace tanto frío, solo pienso en desvestirte.

Pero para eso debo encontrarte, mujer amada disfrazada de azul tristeza, de nieve de algodón, de barcos cargados de helechos partiendo de muelles oscuros.

Y, sin embargo, ayer mismo estuviste a mi lado.

¿O lo soñé?

Sobre el camino ruedan las percepciones habituales coronadas de berzas, serias, ceñudas, circunspectas. Me miran al pasar y se alejan ondeando pañuelos rojos, encendiendo y apagando linternas como en una película de Spielberg.

Detrás de las ramas del nogal adivino el pueblo, el temblor de los cristales, el viento llenando la calle de rumores, tú sentada frente al fuego y mi deseo se prende en el humo que sale de la chimenea de tu casa.

Me acerco y al otro lado de la calle, un hombre con pantalones negros, camisa de cuadros y un ramo de lirios entre los brazos se dirige a tu puerta.

Palpo mis bolsillos buscando una navaja, en mi boca una palabra acerada, un grito que le intimide, un exabrupto, por los suelos una piedra puntiaguda que lanzar a su cabeza de gañán.

Desde uno y otro lado nos acercamos a ti.

Él trae escrita en la frente una leyenda: París.

Yo traigo una obsesión, una incógnita, dos manzanas y este deseo como hiedra, esta sed de labios de náufrago, este miedo ya que el rústico es fornido, alto como un almendro.

Uno frente a otro, mis ojos llegan a su barbilla, las manos tiemblan, las piernas piensan por su cuenta, la mente solo trata de secar el miedo que empaña los cristales de mi dignidad.

Adivino tu mirada detrás de las cortinas.

Y entonces el rayo, la lluvia desbordando los cielos, la negrura de no verte, el lodazal, ¿qué hago aquí?, ¿cómo he llegado?, la ropa rasgada, mi nariz herida, volver al pueblo por estos caminos, las cornejas se ríen, los zorros ni siquiera huyen, los cruces están llenos de flechas, de indicaciones, por aquí, por allí, no, sí, tú no estás y en un charco, el cuerpo del labriego se desangra con mi navaja clavada en el centro del corazón.






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