31.12.13

Dragomán, trujamán, intérprete.

En la playa de Torremolinos (Málaga) A.G.M. un anciano de 72 años y con domicilio en Sevilla, se ahogó mientras se bañaba a pesar de que en esos momentos ondeaba la bandera roja que prohíbe el baño. (De la prensa). 



Allí no había reloj, estaban el sol y las mareas. Y ella.

Tanto caminar y al final terminaba en aquel lejano lugar donde confluían los ritmos de signos que apenas recordaba. También las ausencias, incluida la mía.

Todo estaba decidido. Lo primero que hice fue cambiar los cuadros en la pared, cortar la hierba para dejar libre el camino, clavar un cartel de bienvenida y preparar café. Después llené su habitación de nardos.

De mañana fui a buscarla a la estación. Nos besamos en las mejillas. En el coche apenas hablamos, emocionados, inquietos. Con voz suave tanteaba por los resquicios de su mirada curiosa, algo burlona, como si ella no supiera demasiado bien que esperar del monje milagrero en que me había convertido.

Al entrar en casa escogió sentarse en una sonrisa, yo me tumbé en una lágrima. No supimos cómo comenzar la conversación y buscamos lugares comunes: el levante, el calor del mediodía, las chicharras alborotando fuera. Al rato, el silencio nos dejó con la mirada perdida, viendo por la ventana volar los chorlitejos, las garcetas y los charranes, aves de marisma, pretexto para no mirarnos dentro, curiosidad ante esos futuros días juntos, prevención por si nos habíamos equivocado en la decisión. Miedo.

Con un gesto le indiqué cual era su cuarto y llevé allí sus dos maletas. Se sorprendió con las flores y dejó la puerta abierta mientras se cambiaba de ropa. Desde el pasillo vi su espalda desnuda. Cantaba, bajito, cantaba, lo interpreté como un buen presagio.



Salimos a pasear por la playa, donde se rompe el agua, los cielos azules, nos dimos la mano para caminar, niños jugando, señoras gruesas bajo las sombrillas, un barco a lo lejos, el mes, nuevo, diferente, para nosotros dos.

Aquella noche, solo en la cama, añoré a mis hijos. Y a S. No pude dormir.

Ella, en la habitación de al lado, tampoco dormía, lo sé.




2 comentarios :

Brisa dijo...

Que finalices el año con mucho amor, escribiendo una historia que te motive y te haga comenzar el 2014, con mucha fuerza, amor, pasión, calma, generosidad, capacidad de recibir, presencia.

Muchos besitos
Feliz noche, feliz comienzo.
Brisa

Pedro Martínez dijo...

Brisa, corazón, qué deseo es ese, finalizar el año escribiendo, pues vaya, con la cantidad de cosas que hay para hacer. Empezaremos el año con toda la ilusión del mundo. Te deseo lo mejor. Muchas gracias y muchísimos besos.

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