26.12.13

Bordados celestiales.


Hablamos de devastación cuando hay un saqueo que se extiende a todo, que no termina, que no conoce límites y es en función de esa estructura que un hombre puede ser la pareja-estrago de una mujer, para lo mejor y para lo peor, porque en la palabra ravage (estrago, devastación) hay ravie (deslumbrar)... Entonces un hombre puede ser una devastación para una mujer, pero puede ser también el modo por el que acontece su deslumbramiento. (Jacques- Alain Miller)




Hoy ya no puedo hablar, el cruel silencio esquimal me abraza con su manto blanco. Sentado en el zócalo, en el centro de la derrota, a contracorriente de aquello que amo, de aquellos que me amaban. Buscando un grito con filis que despierte al mundo qué, quieto, me mira dubitativo sin saber si continuar girando o perderse en los agujeros de otro universo, explotar o resbalar por el borde de lo infinito. Inocente, cándido mundo que daba volatines alrededor de unas ideas, absorto en su estrella única, convencido que estas ideas eran la suma de las constelaciones, el todo.
Esta es otra página de la herida. Extiendo el antídoto de la caricia, del recuerdo amoroso por sus esquinas desamparadas, con sangre seca y estéril, la carne rota, clavo una rosa espinada en lo íntimo de su latente dolor. Un serafín filósofo, filantrópico, con estrabismo y acné, toca la trompeta sentado en una cornucopia, ajeno a esta trivial debilidad humana.

Se me ha ido la cabeza a pasear y no sé si volverá para la comida. Lástima, Françoise Hardy tenía mucha ilusión de que estuviéramos todos juntos a la sombra de la luna, celebrando que ayer fue Navidad y además –noticia- mis espermatozoides negros ya han superado su complejo y chatean despreocupadamente con los blancos (o eso dicen ellos).
Sin embargo lo real es este silencio, señor airado, hueco, espacio sin nada, el vacío, lo que no es. También en él hay belleza, esperanza, melocotones, ruegos, incienso, lirios, invisibles arpones clavándose en la ballena varada en la playa de un amor agonizante.
Oh, l´amore ci cambia la vita.

Aquí estamos, es jueves y he pasado una noche con insomnio y suspiros, con oscuros pensamientos que se diluyen en la alborada.



Me sangró, madre, el otoño, me quemó la nieve;

Busqué mi corazón para que llore, encontré el aliento, ay, del verano;
era como tú...
Me vino la lágrima. Tejí el pañuelo.

(Paul Celan)

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