17.11.13

Historias pequeñas.





Andrés López Echevarría, edad indeterminada, mirada triste, camina bajo el alfeizar no se vaya a mojar, se ha parado el sonido y los transeúntes van y vienen, se cruzan, saludan llevándose la mano al sombrero o a la boina y todo va como debe ir pero en silencio.

Rosalía García Alonso baja de un taxi, llora, el taxista le dice seis euros y espera con la mano extendida, las gotas de lluvia resbalan por el cristal del parabrisas, las lágrimas por el rostro de Rosalía, es una tarde húmeda y, por lo que se ve, triste.

Andrés ha estrenado zapatos de agua pero eso a nadie le importa un pimiento, le aprietan en el juanete.

Rosalía ha estrenado la rotura de su corazón por tres costados a la vez y a su ex pareja eso no le preocupa lo más mínimo.

Llueve como llovía cuando llovía y vista desde un quinto piso la calle es un mosaico de paraguas negros que van, viene, chocan y se pierden como en una película de Hitchcock (1).
La Gran Vía, en la acera de la derecha está Rosalía que aún llora y espera que la luz del semáforo cambie a verde. En la acera de la izquierda está Andrés, nervioso porque no llega a una cita con su asesor fiscal.

Verde.

Lo bonito, lo romántico sería que ahora estas dos personas se encuentren al cruzar la calle, se miren, se intuyan, se sacudan la pereza de lo desconocido, se inviten y se tomen un café, una menta poleo, se descubran como dos almas gemelas, se identifiquen como catequistas frustrados o exploradores de túneles abovedados, se comprendan, se sientan generosos, sensibles, agudos, hasta graciosos y salgan de la cafetería agarrados del brazo y riendo como si no hubiera dios, ni juanetes, ni desamor, buscando un balcón, un lecho, un futuro, una excusa.

Pero no.

Esas cosas solo ocurren en las películas americanas y Andrés y Rosalía cruzan, ni se miran, van a lo suyo y lo suyo es nimio y a nadie le importa y esto es lo del sábado, qué cosas, qué pérdida de tiempo en vez de estar escribiendo poemas o necrológicas o metonimias que es lo mío/tuyo, cariño.



    

(1) Foreign Correspondent (1940)





2 comentarios :

Magnolio dijo...

Pero sí.

Claro que pasan.

¿Qué son todas las historias que cuentas aquí todos, todos, todos los días?

Una pequeña muestra de todas las posibilidades de cada minuto de cada una de nuestras vidas.

Gracias por ello y que tengas un domingo lleno de felices historias.

Pedro Martínez dijo...

Magnolio, la historia de esta mañana es que bajo la lluvia lenta y melancólica nos vemos de ventana a ventana y nos hacemos señas como náufragos de barcos varados en playas solitarias y hay una puerta que da paso a fantasías o a realidades y hay un punto en el que uno no sabe si va o si viene. Voy. Gracias a ti, muchos besos.

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